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Gervacio Itza

La deidad de Cristo

John 10:30-38
Gervacio Itza February, 14 2024 Video & Audio
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Gervacio Itza
Gervacio Itza February, 14 2024

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Evangelio Juan, capítulo 10,
los que tienen sus Biblias. El verso 30 al 33 dice así la
palabra del Señor. Evangelio Juan. Dice, yo y el
padre uno somos. Entonces los judíos volvieron
a tomar piedras para apedrearle. Jesús les respondió, muchas buenas
obras os he mostrado de mi padre. ¿Por cuál de ellas me apedreáis?
Le respondieron los judíos, diciendo, por buenas obras no te apedreamos. sino por la blasfemia, porque
tú siendo hombre te haces Dios siendo hombre. Quiénes son los
que ven a Jesús como hombre? Son gente que no tienen la revelación,
hermanos. Un verdadero creyente que Dios
le ha revelado no lo ve como cualquier hombre. Y aquí a los
judíos van. Gente de su misma nación es,
porque él es judío. El Señor Jesús es judío y son
los judíos que le están diciendo tú eres hombre y estás blasfemando
porque tú te estás pasando como Dios. Hermanos, el Señor, Él
no tiene que decir si es Dios o no es Dios. Él es Dios, hermanos,
los que creemos Él es Dios. Dios y hombre verdadero. Él tiene las dos naturalezas.
No se hace realmente Dios, sino Él es Dios, pero Él es hombre
verdadero. Gracias a Él, hermanos, que tomó
ese cuerpo para venir, pues nosotros nos ha salvado. ¿Por qué? Porque
si Él no hubiese tomado cuerpo como hombre, como nosotros, aunque
sabemos que es sin pecado, pero él tuvo ese cuerpo para que él
pudiera sufrir ese castigo que nosotros merecemos. Y él lo sufrió,
no por causa de su pecado, sino por causa de nuestros pecados,
por causa de nuestra maldad. Entonces, ¿cuánta gente niega
la Deidad de Cristo? Es lo que quiero que veamos,
la Deidad de Cristo. ¿Cuánta gente niega la Deidad
de Cristo? Cuando hablo de Deidad, estoy
hablando que es igual al Padre, no hay diferencia entre Él. Y
las Escrituras califican por las mismas verdades del Señor
Jesucristo Lo que realmente Juan está diciendo aquí, en el verso
30, yo y el Padre uno somos. Eso es lo que les molestó a ellos. Yo y el Padre uno somos. Está
hablando que es igual al Padre. No hay diferencia en el Señor
Jesucristo. Ahora, quiero que veamos los
atributos de él, los atributos que nos enseñan las Escrituras,
que es lo mismo del Padre, no hay diferencia. ¿Por qué? Porque
nosotros sabemos, hermanos, que es el mismo Padre que vino. Es
el mismo Jehová que los testigos sabemos que ellos niegan al Señor
Jesucristo, no lo quieren. Pero solamente dicen que ellos
solamente adoran a Jehová, sirven a Jehová, creen a Jehová. Y Jehová
es el que vino Recuerden cuando vino Juan, ¿qué dijo las Escrituras? Él vino a preparar camino para
Jehová. Él vino a preparar camino para
Jehová. ¿Y quién es el que vino? Es el
Señor Jesús. Es el que anunció Juan también
su venida de él. Gracias a Dios que siendo solamente
la palabra tomó carne. y vino con nosotros, y como estamos
hablando los atributos, uno, su santidad, él es santo, perfecto,
sin mancha, y él, hermanos, si tuviera un pecado, él no podía
cumplir la ley que exige perfección. ¿Por qué nosotros no podemos
cumplir la ley? Porque por el pecado que tenemos. El pecado
no lo tiene uno que hacer para que sea pecador, sino por si
las naturales lo tenemos. Uno piensa, habla con su boca,
todo lo que hablamos, todo lo que pensamos es contra Dios. Realmente no hay nada bueno en
nosotros. Aquí en el libro de Hebreos,
capítulo 7, en el libro de Hebreos, capítulo siete. Vean lo que enseña
este apóstolo aquí. Siete, el verso veintiséis. Porque tal sumo sacerdote, ¿Quién
es? Es el Señor Jesucristo. Tal sumo
sacerdote nos convenía santo, inocente, sin mancha, apartado
de los pecadores y hecho más sublime que los cielos. Hecho
más sublime, porque él es el creador. Él es el creador. Y el apóstol San Pablo, ¿qué
dijo en su carta a los corintios? Vean, aquí en la segunda carta
a corintios. Ese es importante que nosotros,
siendo un hombre que rechazó antes la palabra, ahora vean
cómo él expresa de él, en el capítulo cinco de segundo de
Corintios, verso veintiuno, al que no conoció pecado, dice Pablo. Por nosotros, dice Pablo, por
nosotros. dice, lo hizo pecado. ¿Quién
lo hizo pecado? Hermanos, el Señor. El Señor
le cargó los pecados nuestros sobre Él. Él tuvo que llevar
nuestros pecados. Por eso dice, lo hizo pecado,
para que nosotros fuésemos hechos justicia de Dios en Él. O sea
que nuestros pecados fueron imputados a Él. y su justicia nos lo imputó
el Padre a nosotros. ¡Qué maravilla, hermanos! Nadie
merece esa justicia, pero gracias a Dios que ese Señor se entregó
por amor a nosotros, no lo merecemos. Nadie merece nada de lo que Él
ha hecho, pero lo hizo por amor, porque Él Desde antes de la fundación
del mundo, él se comprometió a dar su vida, hermanos. Por
eso, cuando vino su muerte, no fue casual. No es que de por
sí él vino con ese propósito de morir por su pueblo. Y ese
pueblo somos nosotros. ¿Cómo lo llegamos a saber? Por
la revelación de su palabra. Y gracias a Dios, porque uno
siente en su corazón, en verdad, que sí ama al Señor. Porque hay muchos que solamente,
pues, es emocionalmente lo que tienen. Hay mucha gente, como
acabamos de decir, hay mucha gente que se emociona por otros,
y hasta se bautizan, hace muchas cosas. Pero... Realmente el que
va más lento es obra del Señor. Porque hay gente que, como dice
la palabra de Dios, cuando da el ejemplo de aquellos que reciben
la semilla, están emocionados, vamos a hacer esto, vamos a hacer
lo otro, y luego cuando les das cuenta ya no están. Pero aquel
donde cae la buena semilla, ese permanece. Aunque se cae, se
levanta, se cae, se levanta, pero es por la naturaleza de
nosotros. Porque todavía tenemos el corazón que tiene pecado. No puede uno decir que no. Entonces,
el Señor Jesucristo jamás, jamás tuvo pecado. Y Él, en que fue
a la cruz, Él no fue por ser malo. Y la gente, los judíos
que decían, estás blasfemando porque tú eres hombre y te haces
Dios. Él no se está haciendo Dios,
Él es Dios. Él es Dios, hermanos. Y nadie
le hace Dios porque Él es Dios. Él todo lo que es Él, hermanos,
nadie, ningún hombre lo ha hecho, lo que es Él, sino de por sí
es su naturaleza, hermanos. Él es Dios, gracias a Dios. Entonces,
por su santidad, nosotros somos santos. Si no fuera por Él así,
nadie sería santo. Pero gracias a Él, porque siendo
santo, a nosotros nos dio esto. Entonces, también, su eternidad. Recuerden que el Señor Jesucristo
al que creemos nosotros, no es un Cristo que no es eterno. Aquí en el libro de Hebreos capítulo
13, vean lo que dice aquí este apóstol, Hebreos capítulo 13,
el verso 8, Jesucristo es el mismo ayer y
hoy y por los siglos. Jesucristo es el mismo ayer y
hoy y por los siglos. Gracias a Dios. En la profecía
de Isaías, hermanos, aquí en el capítulo nueve, ven, es eh
me gusta esto para que nos demos cuenta aún de este cuando él
fue profetizado por Isaías aquí en el capítulo nueve en el verso seis Dice aquí, porque
un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre
su hombro, y se llamará su nombre admirable, consejero, Dios fuerte,
padre eterno, príncipe de paz. Ese es el que dijo los judíos,
te haces Dios. Ahí está la profecía de Isaías.
Él es el Padre eterno. Todavía está anunciando su nacimiento
de este niño. Él es el Padre eterno, el Dios
fuerte. ¡Qué maravilla, hermanos! No
solamente nosotros, pues, lo ensalzamos como Dios, sino todos
los profetas, los apóstoles, todas aquellas personas que Dios
les reveló, ellos lo ensalzaron y no trataron de decir, el creyente
verdadero trata de decir, él se está pasando de Dios, sino
siempre vamos a decir, él es Dios. Y tenemos que aceptarlo
creyendo con todo nuestro corazón esta fe que Él nos ha dado en verdad
para creer que Él es Dios, no hay no hay diferencia con el
Padre. Él es el creador, Él es el que
ha hecho todas las cosas que vemos. Aquí en el libro de Colosenses
capítulo uno, libro de Colosenses capítulo uno, en el verso diecisiete Y Él es antes de todas las cosas. Y Él es antes. Vean eso. Y Él es antes de todas las cosas. Cuando está hablando, todas las
cosas, todo lo que está creado. Él es antes, porque Él es el
que lo creó. Él es eterno. Él es eterno. Él es antes de todas las cosas. Y todas las cosas en Él sufriste. No hay nada, hermanos, fuera
de Él. todo lo que está pasando, todo
es su propósito, no hay nada que sea casual, como estaba diciendo
la hermana, lo que pasa no es algo que realmente Dios no está
allá, todo es su propósito lo que está pasando. Los que salvan
es su propósito, los que nos salvan se hacen ellos creyentes,
porque realmente es la palabra, se hacen creyentes o los hacen
creyentes por hombres, porque el creyente no es hecho por el
hombre sino es hecho por Dios, es Dios quien le hace, Él es
el que tiene que abrir ese corazón, no el hombre, nosotros no podemos
abrir, eso es tan difícil que uno No debe creer que puede abrir
el corazón de la persona o él mismo puede abrir su propio corazón.
Nadie puede hacer eso. Es únicamente Dios que lo hace.
Lo vemos mucho en la palabra de Dios. Lidia es un ejemplo.
Seguramente no estaba atendiendo a Pablo, pero Dios abrió su corazón
y estuvo atento. ¿Por qué? Porque hay veces cuando
una persona está predicando, hermanos. Recuerden que había
mucha gente que estaba predicando de ese Pablo. Y seguramente se
están pinchando, están hablando mal entre ellos. Así es la persona. Lo digo por experiencia, porque
nosotros, cuando había campañas, uno habla mal del que está predicando.
¿Por qué? Porque no lo entiende uno. Pero
cuando Dios nos reveló, lo estamos valorizando nosotros, no por
nosotros mismos, sino por la gracia de Dios, por esa fe que
nos ha dado. Si no fuera así, realmente seguiríamos
nosotros también burlándonos. Y así le pasó a Pablo, a todos
los apóstoles y todos los hombres de Dios que de veras fueron levantados
para que anunciaran la verdad, La gente no puede recibir. ¿Por
qué? Hasta que Dios se lo revele. Yo lo digo por experiencia, porque
nosotros predicamos antes de, como les estoy yo platicando,
creo una familia en Teco. Ahorita, cuando fui ordenado
a los 48 años, en la verdad, Pero antes yo predicaba con trucos
para cambiar o hacer que la persona sea salvo. Usamos temas para
ponerle a la pared a la persona que crea a Cristo Jesús. Y ahora
me doy cuenta que todo eso es en vano. Recuerdo, llegó una familia en
el templo, dice, Cuando vamos a venir acá, todo Teco va a ser
salvo. ¿Para qué le digo? Si todo Teco
es salvo. Cuando estaba en el otro grupo,
hacíamos conferencias de casa en casa, y todos los que viven
en la familia recibían a Cristo, pero jamás llegaron al templo.
Jamás siguieron. Al contrario, una persona, cuando
fuimos a visitarlo, Dijo, el americano me dijo que yo reciba
a Cristo, pero si yo ni siquiera sé nada de eso. Como él lo dijo,
yo lo hice, con tal de que yo salga, que no me siga hablando
nada, dice. ¿Por qué? Porque él está siguiendo
su vida y no quiere ir al templo. Entonces, le digo, ¿qué más quieres,
salvar a la gente? Si ya todos son salvos. Ahora,
son salvos, pero por los hombres. No es por Dios, porque el que
es salvo por el Señor Jesucristo, eso va a permanecer y va a seguir
al Señor. No va a rechazar su palabra,
sino va a obedecer su palabra, haciendo lo que es su voluntad. Porque nadie te va a obligar
a hacer lo que Dios quiere que uno haga. Entonces, Él es eterno. antes de todas las cosas, que
quiere decir que él es el creador, él es el omnipotente, que todo
lo puede, dice la palabra de Dios en Mateo 28, 18, toda potestad
me es dada en el cielo y en la tierra, por tanto ir a ser discípulos
a todas las naciones. Es importante entonces que nosotros
prediquemos el evangelio. ¿Cómo vamos a ser discípulos?
Predicando el evangelio, hermanos. No es obra de nosotros. Es es
importante que Mateo veintiocho. El Señor Jesucristo está enviando
a sus discípulos y a nosotros los que nos ha llamado porque
él es el que levanta a todos. Veintiocho verso dieciocho. Y Jesús se acercó y les habló,
diciendo, Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. Por tanto, id y haced discípulos
a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del
Hijo, y del Espíritu Santo. Ahora, cuando habla de todas
las naciones, recuerden qué dice la palabra de Dios. La iglesia
va a salir de toda nación, lengua, tribu, de todos va a salir de
iglesia. No está, pero hay gente que malinterpreta
diciendo que a ver, todos se tienen que salvar. No, hermanos,
de todas las... Y lo estamos viendo. ¿Por qué
los judíos rechazaron? Y hay judíos que creyeron en
él. Y claramente lo dice la palabra
de Dios. A los judíos vino y los judíos
no lo recibieron. O sea, a su familia vino. ¿Quién
es su familia? Los judíos, porque él ahí nació,
hermanos. El Señor Jesucristo, él es judío.
Y cada persona que ha creído también es judío, pero es judío
espiritual. No es judío que haya nacido en
Judea. Todos nosotros, por eso no debemos
avergonzarnos, hermanos, de llamarnos judíos, porque nuestro Señor
El Dios que nosotros adoramos, él es judío, ahí nació en Judea. Y gracias por esto que hizo,
nos ha dado a nosotros esa salvación que no merecemos en verdad. Aquí
en el libro de Lucas capítulo 3, verso 16. Lucas capítulo 3. Lucas 3 verso 16 dice así, respondió
Juan diciendo a todos, yo a la verdad os bautizo en agua, dice
Juan, pero viene uno más poderoso que yo, de quien no soy digno. de desatar la correa de su calzado. Él los bautizará en espíritu
santo y fuego. Ahí está. Más poderoso, Juan,
su primo. Como he estado platicando, hermano
José, aquel día en la escuela, él estuvo jugando con su primo. Crecieron casi juntos. Pero él,
No lo conocía si era Dios hasta que el Señor le reveló diciendo
ese a quien veas descender el espíritu o Paloma ese es el que
va a bautizar con el Espíritu Santo. Entonces él no lo conoció
hasta que Dios se lo reveló. Tal vez lo conoció como un primo. Porque son parientes. Pero él
no lo tomó como primo, ni lo confesó como primo, sino él lo
confesó como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.
Él es el único, no hay otro. Entonces, esto vemos diciendo
Juan, él es más poderoso que yo. Quiere decir que él es el
Dios Todopoderoso, hermanos. No hay igualdad en él. Es el
Dios que no hay nadie que detenga su mano. Recuerden, a mí me gusta
lo que le pasó a este náhuatl con los zorros. Sí, mejor vamos
a verlo en el libro de Daniel, es muy importante lo que nos
enseña. Capítulo Capítulo 4, en el capítulo 4,
miren lo que pasó aquí. dice aquí, comenzando en el verso
33, en la misma hora se cumplió la palabra sobre Nahuaconozor
y fue echado de entre los hombres y comía hierba como los bueyes
y su cuerpo se mojaba con el rocío del cielo hasta que su
pelo creció como plumas de águila y sus uñas como las de las aves. Mas al fin del tiempo, yo, náhuaconosor,
alcé mis ojos al cielo y miré y mi razón me fue devuelta, mi
razón me fue devuelta, y bendije al Altísimo, y alabé y glorifiqué
al que vive para siempre, cuyo dominio es eterno y su reino
por todas las edades". Todos los habitantes, ahora,
ese rey va a reconocer aquí, según la palabra, todos los habitantes
de la tierra son considerados como nada. ¿Eso quiere decir
hasta él? Todos los habitantes de allá
son considerados como nada, dice aquí este hombre. Y Él hace según su voluntad en
el ejército del cielo. Es el verso 35. Y Él hace según
su voluntad en el ejército del cielo y en los habitantes de
la tierra. Y no hay, dice, quien detenga
su mano y le diga, ¿qué haces? No hay nadie en que le pueda
detener. ¡Qué maravilla, hermanos! que ese Dios que adoramos es
una persona que nadie puede detenerlo porque es el que crea todas las
cosas. ¿Quién puede detener siendo él
creado por él? Nada, podemos hacer nosotros
y eso está tan claro como dice aquí este hombre. Él se jactaba,
yo hice esta gran Babilonia, pero Dios le dijo Si no fuera
por Dios, tú no harías nada. Tú eres nada. Y realmente así
es, hermano. Porque la vida primero es lo
que recibimos de Él. La fuerza, el poder de hacer
las cosas que hacemos. Sin él nada puede uno hacer,
no se puede mover sin él. Gracias a Dios que no podemos
nosotros por nosotros mismos, sino es por él, por su poder,
por lo que él ha hecho. Por eso su omnipotencia, él todo
lo puede hacer y nadie puede detenerle de todo. lo que él
quiera hacer. Nuestro Dios, como dice el salmista,
él está en el cielo y en la tierra, no hay quien le detenga, él hace
lo que él quiere, según su voluntad. Es muy importante ese Salmo 115,
¿verdad? Está muy hermoso el Salmo 115,
donde habla de las imágenes. Dice, no a nosotros, oye Jehová,
capítulo 15, 115, verso 1. No a nosotros, oye Jehová, no
a nosotros, sino a tu nombre da gloria, por tu misericordia,
por tu verdad. Porque acaban de decir las gentes,
¿dónde está ahora tu Dios? Nuestro Dios está en los cielos
y todo lo que quiso, ha hecho. Todo lo que quiso, ha hecho.
¿Quién puede detenerle? ¿El barro? Él construye del barro
como Él quiere hacer algo. Y no puede reclamarle, hermanos.
Nosotros no podemos reclamarle nada a nuestro Creador. Él hace
como Él quiere de nosotros. Él es el que salva. Él es el
que deja que la persona siga en la condenación. Porque Él
no vino para condenar. Recuerden que la condenación
ya vino por causa del pecado. El pecado que hizo Adán es cuando
vino la condenación del pecado. Ahora, ¿para qué va a venir Jesús
a condenar lo que ya está condenado? Él vino a salvar. ¿Pero a quiénes
va a salvar? Aquellos que creen que son pecadores
y necesitan de este Salvador. Pero las personas que no creen
en eso lo rechazan, hermanos, jamás. Mayormente digo los testigos,
ellos nada quieren con el Señor Jesús, solamente Jehová. Creer
solamente Jehová y no creer al Hijo, que Él es el Salvador,
no tienen salvación. Una vez les dije, ¿qué mensaje
predican? El mensaje que se debe predicar
es Cristo, porque Él es el Evangelio, Él es la Palabra. es el que debemos
predicar. Ahora, hablar de guerras, hablar
de otras cosas que están sucediendo en este mundo, no tiene ningún
valor, ya lo sabe todo el mundo. En las noticias lo estamos viendo.
Pero lo que debemos saber es lo que enseña la palabra del
Señor Jesucristo. Si no hubiese venido, realmente
no hay salvación para nadie. Pero gracias a Dios que envió
a este hijo y vino con ese propósito de salvar a su pueblo de sus
pecados, como dice la palabra de Dios. Su omnisciencia, el
Señor Jesucristo todo lo sabe, no hay nada que no sepa, no hay
nada que se pueda ocultar de él. Muchas veces, siempre me
gusta decir que muchas veces uno piensa que solamente con
el pensamiento del Señor uno lo llega a saber. Todo lo sabe,
hermanos. No hay nada que le podamos ocultar
a Él. Aunque parezca que no lo vemos,
nosotros, entre nosotros mismos, podemos ocultar las cosas. Porque
uno puede pensar mal y yo no lo sé. También yo puedo pensar
mal de usted, tampoco usted lo sabe. Pero el Señor, Él mira
el corazón de la persona. Él no solamente mira lo que se
ve afuera, sino Él hasta dentro, hermanos. Y eso es lo que hace
Él en nosotros. Nosotros no podemos hacerlo. Por eso las personas que son
salvas, No es solamente afuera, no solamente es verlos limpio
aquí, sino debe estar limpio directamente en el corazón, porque
de ahí comienza la obra, hermanos, en el corazón de la persona.
Si no hay obra en el corazón, aunque se ve bonito afuera, de
nada sirve, de nada sirve. El corazón es lo principal y
es lo que Dios hace, quita el corazón de piedra. y pone uno
de carne para que nosotros le adoremos, le creamos y le sigamos
a él. Y es el Señor Jesucristo, él
conoce todo de nosotros. Dice Mateo, vamos a ver unos
textos que nos hablan en el libro de Mateo. Capítulo doce, verso veinticinco. Dice, sabiendo Jesús los pensamientos
de ellos. Ahí está. Sabiendo Jesús los
pensamientos de ellos. O sea, que quiere decir que lo
que estaban pensando, el Señor ya lo sabe. No le tienen que
decir por otros, esto piensa de ti esta persona, ¿no? Ahora,
¿quién es que le puede saber los pensamientos? Sólo Dios.
Eso quiere decir que Él es Dios, hermanos. Porque si no fuera
así, Él no va a saber nada de lo que pensamos. Gracias a Él,
de veras. Y nosotros creemos que Él es
Dios y hombre verdadero. Dios, en Él están las dos naturalezas. El eterno Padre y el hombre verdadero. Gracias al Señor que él vino.
En el libro de Marcos, capítulo 2. Libro de Marcos. Vean lo que nos dice aquí. Marcos,
capítulo 2. En los versos 6. Estaban ahí sentados algunos
de los escribas, los cuales cavilaban en sus corazones. Ahí está. ¿Por
qué habla éste así? Blasfemas dice, ¿Quién puede
perdonar pecado sino sólo Dios? Y conociendo luego Jesús en su
espíritu, que cavilaban de esta manera dentro de sí mismo, les
dijo, ¿Por qué caviláis así en vuestros corazones? ¿Quién se
lo dijo? Él lo está viendo, hermanos. Él lo está viendo todo. Para
Él estamos desnudos. Todo. No hay nada que le pueda
uno ocultar. ¿Quieres hacer algo? ¿Dónde se
vas a guardar para hacerlo? En todo lugar está el Señor.
En todo. Si solamente pensar, ya sabes
lo que piensas. Si solamente lo que está en tu
corazón ya lo sabe Él, Es como les dije, nosotros entre nosotros
no podemos saberlo, pero él lo conoce, hermanos. Él es, él es
Dios verdadero, el Señor Jesucristo. Nada se le puede ocultar en el
libro de Juan capítulo dos. Evangelio Juan. Capítulo dos. Vean lo que nos enseña aquí el
apóstol San Juan, capítulo 2, verso 24. Dice aquí, pero Jesús mismo no
se fijaba de ellos porque conocía a todos y no tenía necesidad,
dice, de que nadie le diese testimonio del hombre, pues él sabía lo
que había en el hombre. Nadie, nadie, no es como nosotros. Este te está diciendo algo malo. Pero tú tienes que decirle. En
cambio, él no le tiene que decir a alguien, esto es lo que piensa
la gente, es lo que dicen de ti. Él ya lo sabe, hermanos. Nadie tiene que decirle lo que
hay en el hombre. Él ya lo sabe. Nadie puede decirle
qué piensa el hombre. Él lo sabe. Nadie tiene que decirle
qué quiere hacer el hombre. Él ya lo sabe lo que quieren
hacer las personas. no hay nada oculto ante sus ojos,
ante su conocimiento, hermanos. Por eso, él es omnisciente, él
sabe todo, no hay nada imposible. Él es omnipresente, que está
presente en todas partes. Yo estoy acá, no puedo estar
en Tecó, pero él está en todo el mundo, hermanos. Él está donde
quiera que alguien le esté ensalzando, está presente él. En el libro
de Juan, recuerden aquí, vean lo
que dice aquí. Capítulo uno, verso cuarenta
y ocho. Evangelio Juan. Evangelio Juan, capítulo uno. Verso 8, le dijo Natanael, ¿de
dónde me conoces? Respondió Jesús y le dijo, antes
que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera,
te vi. Antes, ¿dónde? Él no lo vio,
pero el Señor ya lo había visto. Es una maravilla, hermanos, de
eso. Y dice Mateo, ¿dónde están dos o tres congregados? Estoy
en medio. Él está con nosotros, hermanos.
Está en medio de nosotros y está en cada corazón de los que lo
creen. No solamente está en medio de
nosotros, sino en el corazón de cada uno, revelándole la verdad,
revelándole lo que se está predicando, que es su palabra verdadera,
no la palabra del hombre. ¿Qué bueno cuando dice uno, estoy
oyendo la palabra de Dios, no la palabra del hombre? Porque
en verdad, hermanos, no estamos aquí para escuchar la palabra
del pastor o de cualquier pedigrán, sino la palabra de Dios, porque
es lo que necesita nuestro espíritu para alimentarnos en este conocimiento
que nosotros realmente, sin él, Realmente no somos nada. Gracias
a Dios por lo que Él hace. Y como dice, donde están congregados
dos o tres en mi nombre, yo estoy en medio, aprobando que sí se
está predicando la verdad. Y también cuando no se está predicando,
Él, hermanos, no va a aprobar algo así. La inmutabilidad, que
no puede cambiar. Él jamás va a cambiar y nadie
lo va a cambiar. Nadie va a cambiarle. Nosotros,
yo he oído predicadores diciendo, vamos a orar para cambiar. Las
oraciones no es para cambiar a Dios. Pero hay gente que lo piensa
así. Y hay gente que hasta lo obliga. Es triste. Es triste, hermanos. A mí me
ha tocado. Recuerdo cuando estuve en Ochil,
en una de las haciendas donde pues estuve predicando, en que me enfermé, entró otro pastor,
y entonces un día me invitaron y fui y llegó el pastor de ellos
otra vez, y entonces nos invitaron a orar por un enfermo, y el pastor,
él es el primero que oró, y empezó a orar y decir Señor, levántalo,
que lo pido, que lo levantes, que tienes que hacer que él vuelva a caminar y esto empezó, sus
oraciones estaban. Y yo me empecé a irizar, dijo,
¿qué le pasa a este hombre? Es solamente mi pensamiento.
¿Está en sus manos para que le ordenen lo que tiene que hacer?
No, así es la oración. Después de que oró, entonces
dice el Señor, si es tu voluntad que este enfermo se levante,
hágase de acuerdo a tu voluntad, no como nosotros queremos. Yo
sé que tú eres poderoso para hacer lo que tú quieres. Por
eso solamente queremos que hagas tu voluntad y que se vea realmente
lo que es tu obra en verdad. No podemos hacer si tú no quieres
hacerlo, pero si tú quieres hacerlo, lo puedes hacer. Así es la manera
de reconocer, hermanos, que Dios no está en nuestras manos, no
está bajo nuestros órdenes, sino nosotros estamos bajo Él para
que Él haga lo que Él quiere con nosotros. Entonces, es muy
triste, hermanos, cuando nosotros estamos ordenándole. Y hay gente
que quiere cambiar a Dios, pero Dios nadie lo puede cambiar,
hermanos. Como dice, recuerden los discípulos. Cuando esa gente
hacía muchas cosas, y dijo, pida que descienda fuego sobre ellos.
Y dijo él, yo no he venido a perder, sino a salvar. Ustedes no saben
qué espíritus son ustedes. Si fuera Dios como nosotros,
hermanos, ya hubiéramos destruido a la gente. Ya hubieras destruido,
porque no nos va a gustar lo que están haciendo. Pero vean la paciencia, hermanos
de Dios. Vean de veras que es tan paciente,
¿verdad? Que no ha exterminado a la gente
con tanta maldad que se está haciendo ahora. Claro que nosotros
sabemos, hermanos, que un día va a pagar todo lo que está haciendo
la gente. pero no el día que queremos nosotros,
sino el día que él tiene señalado. Cuando llegue ese día, nadie
va a decir también, no lo hagas, porque ya es tiempo de él. Es
tiempo, como dice, su venganza de todo lo que será hecho. Por eso dice la palabra de Dios,
hay que dejárselo a él. Dice Malaquías, recuerden ese
texto que nos habla, capítulo Tres. Verso seis. Porque yo, Jehová, no cambio. Por esto, hijos de Jacob, no
habéis sido consumidos, porque yo, Jehová, no cambio. Él jamás
va a cambiar y nadie lo va a cambiar, hermanos. Él es inmutable, no
va a ser cambiado por nada y por nadie. En el libro de Hebreos,
es el último texto, quiero que veamos. Libro de Hebreos, capítulo
uno. Hebreos capítulo uno vean lo que dice aquí en el verso
once comenzamos en el verso diez y
tú oh señor en el principio fundaste la tierra y los cielos son obra
de tus manos ellos perecerán hablando de la tierra y el cielo
y aún de nosotros mismos ellos perecerán más tú permaneces y
todos ellos se envejecerán como una vestidura y como un vestido
los envolverás y serán mudados pero tú eres el mismo y tus años
no acabarán él nunca tiene principio ni tendrá fin hermanos Él es
el Todopoderoso. Nosotros tenemos un principio
y tenemos un fin de todo. Pero gracias porque Él, el que
cree la palabra de Dios, va a estar con Él gozando por toda la eternidad.
Pero el que no, como dice Juan, va a estar condenado allí para
siempre. Por eso, crea a Cristo Jesús. Él es el único. Él es el Dios
eterno, es igual al Padre. No hay diferencia. Por eso dice
que Él vino para revelar a su Padre. El que me ha visto, ha
visto al Padre. El que me recibe, recibe al Padre.
El que no le cree a Él, no puede creer al Padre. Aunque uno diga
yo creo al Padre, necesita creer al Hijo. porque es el medio que
tenemos para que podamos conocer al Padre. Fuera de Él no hay,
no hay hermanos. Cuando una persona dice solamente
creo a Jehová, no va a poder creer, porque necesita
creer a Cristo Jesús, que Él es el que le revela todo. Ahí
tenemos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, que son las tres
personas en un solo Dios verdadero, que es el único, el Dios eterno,
que él hace todo cuando él quiere hacer todas las cosas y lo hace
de acuerdo a su voluntad. No hay nada por casual. Todo
lo que es casual es de nosotros, pero Dios no hay. Todo está hecho
de acuerdo a su propósito. Que Dios les bendiga, hermano.

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