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Gervacio Itza

La segura firme ancla del alma

Hebrews 6:17-20
Gervacio Itza February, 11 2024 Video & Audio
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Gervacio Itza
Gervacio Itza February, 11 2024

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Bueno, en el libro de Hebreos,
capítulo 6, en los versos 17 al 20 dice así, por lo cual queriendo
Dios mostrar la masa abundante a los herederos de la promesa,
La inmutabilidad de su consejo interpuso juramento para que
por dos cosas inmutables, en los cuales es imposible que Dios
mienta, tengamos un fuertísimo consuelo los que hemos acudido
para decirnos de la esperanza puesta delante de nosotros, la
cual tenemos como segura y firme ancla del alma y que penetra
hasta dentro del velo, donde Jesús entró por nosotros como
precursor, hecho sumo sacerdote para siempre, según el orden
de Melquisedec. Vamos a orar, hermanos. Padre,
que estás en los altos cielos. Te doy gracias en que una vez
más puedo estar con mis hermanos aquí y compartir tu santa palabra
que tú nos has dejado. Pido, Señor, sabiduría a mis
hermanos también a mis palabras para poder expresar tu verdad
y que tengan oído, Señor, para que puedan asimilar las cosas
que tú nos has dejado, que son tan importantes para la vida
que nos has dado, Señor. Gracias por esa obra que tú has
hecho, que no hay otro hombre que lo pueda hacer. Todo esto
te lo ruego en Cristo Jesús. Amén. Como decía yo en la mañana
allá en la iglesia, los hermanos, No hay otra palabra que predicar,
no tenemos que buscar a otro Jesús. El Jesús que el Señor
ha enviado es el único, no hay otro. Pedro dijo, en ningún otro
hay salvación. No hay otro nombre dado a los
hombres que podamos ser salvos. La gente que no tiene a este
Jesús, hermanos, lo están buscando, pero jamás lo van a buscar. ¿Por
qué? Porque está en las Escrituras.
Y si Dios no se los revela, jamás lo van a encontrar. y así hay
muchos religiosos, hay muchos religiosos. Lo que tenemos en
esta tarde, la segura firme ancla del alma, es el tema, la segura
firme ancla del alma. Un ancla tiene que ser conectado
al barco con una cadena fuerte, porque si no vendrá aires fuertes
y lo llevará. Yo creo que es muy importante
entender, hermanos, que el ancla de un verdadero creyente debe
estar firme y su cadena también que esté conectada. Pero los
falsos no tienen esto. Ellos, su ancla son ellos mismos. Es su religión, son las tradiciones
y las imaginaciones de ellos. Allí está su seguridad. Pero
nosotros nunca estamos confiando ni por nosotros, ni por la religión,
ni por las tradiciones, ni por cosas de este mundo, sino estamos
confiando en el que hizo este mundo. Y en él estamos seguros. Como dice la palabra, es la cual
tenemos como segura y firme ancla del alma. Tenemos como segura,
es lo que dice el verso 19, la cual tenemos como segura y firme
ancla del alma, que penetra hasta dentro del velo. Él abrió, hermanos,
el camino para el creyente. Él abrió la seguridad de nosotros. No lo logramos por lo que somos,
por lo que hacemos, por lo que hemos aprendido, sino por lo
que Dios ha puesto en nuestro corazón. Es lo más importante. Nunca debe confiar uno en su
propio conocimiento, sino debemos confiar en el que nos da y nos
revela ese conocimiento de la verdad. ¿Por qué? Porque la verdad, hermanos, que
es el Señor Jesucristo, no lo revela los estudios que uno haga. no lo revela la ciencia humana,
sino lo revela Dios, y a gente inútil, a gente ignorante, a
gente que realmente no puede conocer a Dios por sí mismo,
sino solamente Él tiene que revelárselo a la persona. Y entonces tenemos
a Jesucristo, el verdadero salvador, hermanos, del creyente. Allí
nosotros debemos conectarnos con él para que, aunque vengan
vientos de doctrinas, hombres engañadores, nosotros vamos a
ser firmes allá. Nadie nos moverá. Nadie. ¿Por qué? Porque estamos seguros.
La gente, pues hay veces buscan, cuando uno está enfermo buscan.
Recuerdo cuando me operaron. Ellos ayudan, pero bajo una condición. Vino los católicos trayendo mercancía. Dice, don Gervasio, usted ya
no puede trabajar, le vamos a ayudar. pero quiero que aceptes que traigamos
a esta Virgen. Le dije, para mí nada es, ni
siquiera quiero la ayuda de ustedes, porque yo sé que mi Dios vive
y nunca, nunca me va a abandonar. Nunca, desde el momento que Él
me llamó y me dio este conocimiento, Ahora, después de más de 50 años,
¿cómo voy realmente a desconfiar en él? Una vida que ha pasado
uno medio siglo, más de medio siglo, ¿cómo no vas a confiar
que entre todas las pruebas que haya venido en la vida de uno,
él te hace salir en ella? Porque él es el vencedor de todo. No hay otro igual a él, hermanos. Entonces, quisiera que veamos
lo que enseña el apóstol San Pablo acerca de los eslabones
importantes que necesita el creyente. Los eslabones es para recordar,
hermanos, que allá hay seguridad. Nadie nos puede apartar de ella. ¿Por qué? Porque al poner Dios
en el creyente, estos eslabones, hermanos... Nada ni nadie en
este mundo podrá quitarlo, porque Él la pone. Y como Él mismo dice,
donde pone algo Él, no hay hombre que lo quite. Y donde Él no pone
nada, nadie se lo puede poner también a la persona. ¡Qué maravilla
era! Que tenemos un Dios maravilloso,
grande y misericordioso, y grande en amor. Entonces, aquí en el
apóstol Pablo, aquí en el capítulo 8, Quiero que veamos esto que
enseña el apóstol, un hombre predicador de tradiciones de
los padres, un hombre perseguidor de la iglesia, pero como él mismo
dijo, lo hice por ignorancia y incredulidad. Realmente eso
es. Estaba yo diciendo a los hermanos,
realmente Pablo no era un ignorante. Nosotros sabemos que un ignorante
es alguien que no tiene preparación. ¿Por qué? Porque no tiene letras.
Pero este hombre no solamente tenía letras, sino lengua. Era
un hombre que estaba bien preparado. Pero es triste, porque con su
preparación nunca iba a conocer a Cristo. Pero como estaba preparado
antes de la fundación del mundo, cuando llegó el tiempo, Dios
lo llama. Es una maravilla, hermanos, que
el hombre no está buscando a Dios, sino sí lo está buscando, pero
para destruirlo. Pero con el Señor, ¿quién puede?
Si Él es el que lo ha creado. si Él es el que le está dando
vida, si Él es el que le está dando la fuerza, si Él es el
que le está dando esa sabiduría que tiene, porque aunque Él tenga
sabiduría, aunque no para Dios, pero Dios se lo está dando. Porque
si Dios no quisiera darle esa sabiduría del mundo, tampoco
lo tendría, hermanos. Pero gracias a Dios, tanto Él
es el que da la sabiduría de este mundo, Él nos da también
su sabiduría, que es Cristo Jesús. Es el único. Todo lo da el Señor. Entonces, aquí en el capítulo
ocho, vamos a ver siete que nos enseña aquí el apóstol San Pablo. Primeramente, el amor de Dios. Dice en el verso 28, y sabemos
que a los que aman a Dios, aman a Dios. Ahora, la pregunta es
esa, ¿usted ama a Dios? ¿Ama a Dios? ¿Cuál Dios ama? ¿El Dios de su religión? ¿El Dios que, pues, uno puede
manejar a su Porque el Dios realmente del cual el apóstol San Pablo
dice que debe ser amado. Nosotros sabemos que el hombre
no puede amarlo. Todos los creyentes lo sabemos.
Ahora, la gente no sabe, piensa que ellos sí aman a Dios. Ahora,
¿por qué? Porque Dios tiene que amar a
la persona primeramente. Si Él no te ama, jamás lo vas
a poder amar. porque el amor que uno tiene
es a las cosas de este mundo. Y ese amor no, no puede, no puede
amar a Dios, hermanos, pero más gracias a Dios que Él, aunque
nosotros somos tan viles pecadores malos, como Él dice, nos ha amado,
y por lo tanto, ahora podemos amarle. Lo amamos. Él nos amó no bajo una condición,
¿Por qué? Porque no puede condicionarnos,
porque Él sabe que nadie puede responder a sí mismo, ni con
obras, ni con fuerza alguna, porque todo lo da Él. Toda esa
obra es hecha por Él, no es por el hombre. Es triste cuando esos
falsos hablan, tú puedes amar a Dios cuando tú quieras. No,
nadie puede amar a Dios, el Dios creador del cielo. El Dios que
no es manejado por los hombres, sino es el Dios, hermanos, que
ha creado al hombre, y como siendo su creador, Él puede hacer lo
que quiera, como Él mismo dijo el apóstol Pablo, recuerden que
Él lo habló, nosotros solamente somos barros. Él es el que ha
formado como Él quiere a la persona. Entonces, Él hace su obra como
es, de acuerdo a su voluntad. Entonces, nosotros amamos a Dios
porque Él nos amó primero, dijo Juan, en su primera carta, capítulo
cuatro, verso diecinueve. Él nos amó primero. Ahora, eso es, yo creo que lo
más importante, el primer eslabón, hermanos, que tenemos es el amor. En todo, En toda la obra, el
amor es lo primordial. Si no hay amor, todo lo demás
que hagas de nada sirve. Por eso está puesto primeramente
el amor. Dios amó a los que Él escogió desde antes. Él los amó. Por eso, ¿cómo van
malos bajo una condición cuando ni siquiera lo había creado?
No lo había creado. ¿Qué puede decir una persona? Porque me vio que yo voy a hacer
esto, voy a ser buen hombre, voy a ser buena mujer. Por eso
me escogió. Si ni siquiera habías nacido.
Y eso no lo entiende la gente, que son predicadores falsos. Se molestan cuando oyen esta
enseñanza, hermanos. Porque ellos piensan que sí pueden
amar a Dios cuando ellos quieran. ¿Pueden escoger a Dios cuando
ellos quieran? No, no está en nosotros. No hay nadie que pueda
así hacerlo. Es triste cuando esas personas
hablan de esa manera. ¿Por qué? Porque Dios, hermanos,
Él es el que hace la obra que nosotros no merecemos. Por eso
dice, sabemos que a los que aman a Dios, si tú amas a Dios es
porque Él te amó primero. Él te amó primero. Y a la Marte,
¿desde cuándo te amó? Con amor eterno. Desde antes
de la fundación del mundo. Ahora, ¿en dónde nos amó? En
Cristo. En Cristo, hermanos. No había
otro. ¿Por qué? Porque el Padre, el
Hijo y el Espíritu Santo, ahí estaban cuando estaban haciendo
este pacto. se comprometió esas personas
en la Trinidad para esta obra de salvación que nadie merece. Gracias a Dios que es grande
de misericordia, hermanos, en que Él realmente nos amó. ¿Por qué? Porque ¿qué podemos
darle a Él? Nada, nada podemos dar, porque
somos solamente, somos barros, como dice la palabra de Dios.
Dice Jeremías, Jehová se manifestó a mí hace ya mucho tiempo, diciendo,
con amor eterno te he amado. con amor eterno, un amor eterno. Jeremías 31, verso 3. Ahí está hablando este profeta
Jeremías. Quiere decir que él, él no había
nacido cuando él fue amado. Por eso, ¿qué hizo él para que
lo amara Dios? Nada. ¿Qué hizo esa persona? ¿Qué hicimos nosotros? Siempre
cuando recuerdo, hermanos, nosotros adorábamos. Bueno, uno está contento
cuando estaba allá. Pero es triste rechazar la mentira,
porque pues uno dice, hay veces la carne es débil, puede ser
que sea la verdad, pero si Dios te ha puesto, te vas a poner
fuerte. Recuerdo la final de mi mamá
cuando dijo, ya es tiempo de adorar otra vez, ya traen ese
niño. Ella, yo no quiero nada con eso.
Y me dice, hijo, cumple con este último. Ya luego, pues no, porque
es la promesa. Le digo, ¿qué me puede hacer
si es pared? Es hecha de pared, ¿qué puede
hacer? Ahora, al que debo tener temor es al Creador. Porque Él
es el que me está dando la vida. Aunque tenemos una vida en este
cuerpo, nunca debemos reclamar, porque muchas cosas, este cuerpo,
hermanos, de por sí está enfermo. Este cuerpo que tenemos es un
cuerpo enfermo. No tiene la culpa Dios, la culpa es nuestra. Recuerden,
¿por qué vino la enfermedad? Por el pecado. Es por el pecado
que tenemos un cuerpo enfermo. ¿Por qué? Porque Adán tenía un
cuerpo perfecto, hermanos. Ese es el primer hombre que tenía
un cuerpo perfecto, sin pecado, sin mancha. Entonces, cuando
desobedeció a Dios, ese cuerpo se llenó de pecado. y ahí está
la enfermedad. A veces uno reclama y dice, tú
tienes culpa, le dice adiós, pero realmente la culpa es nuestra,
es de nosotros. Pero gracias a Dios, que aún
así somos Dios nos amó. Dios nos amó, como dice Efesios
2, 4. Pero Dios que es rico en misericordia,
vean, es grande en misericordia. En el libro de Efesios, si lo
quieren, en el capítulo 2, verso 4, a mí me gusta lo que habla
el apóstol San Pablo, porque realmente, si no fuera por esta
misericordia, hermanos, no estuviéramos en esta tarde aquí. no estuviera
yo predicando la palabra de Dios porque gracias a él dice capítulo
dos verso cuatro pero Dios que es rico y misericordia por su
gran amor vean eso por su gran amor con que nos amó aún estando
nosotros muertos en donde en pecado muertos en pecado dice
aquí nos dio vida juntamente con Cristo. Por gracia soy salvos. Nada tuve que hacer. Nada tuvo usted que hacer. Nada. Todo lo ha hecho Dios. Todo lo
ha hecho Dios. Lo hizo por su misericordia tan
grande que nosotros no merecemos. Ahora, el segundo es su propósito
en el libro de Romanos está hablando aquí el apóstol San Pablo cuando
habla. Capítulo. Ocho. Y sabemos que a los que aman
a Dios, todas las cosas les ayudan bien. Esto es, a los que conforme
a su propósito son llamados. Propósito. Quiere decir, esto
es conforme al propósito de Dios. En segunda de Timoteo, capítulo
uno, vean. Segunda de Timoteo, capítulo uno. El verso nueve. Que nos salvó y llamó con llamamiento
santo. no conforme a nuestras obras,
ahí está. Pablo está diciéndole a Timoteo,
nos llamó, dice el Señor que nos salvó y llamó con llamamiento
santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito
suyo y la gracia que nos fue dado en Cristo Jesús. No hay
otro lugar, ¿verdad? En Cristo está todo, la gracia
está allá, no hay. Por eso que él se comprometió,
hermanos, a salvar ese pueblo escogido.
En el pacto él se comprometió. Él cuando vino, él no vino solamente
para divertir a la gente con sus milagros. No vino para llenar
estas cosas, no, hermanos. Él, su propósito de su venida
es de por sí para entregar su vida. Y él nadie se lo tiene
que quitar, de por sí él se entregó. Porque si él quisiera liberarse,
no hay poder alguno que lo detenga. Porque él es el creador, solo
con una palabra derrota a toda la gente. Pero como es su propósito
de dar su vida por nosotros, por los escogidos, Él se entregó. Por eso dice la palabra de Dios,
todo lo que es Él se despojó. Todo lo que es, es Dios, es Dios. No van a, es como dicen los fariseos, Tú te pasas, tú te estás pasando
como Dios. No se está pasando, si Él es
Dios. Ellos no pueden creerlo, ¿por
qué? Porque no se los ha sido revelado. Cuando a una persona se revela
Él, entonces Él va a decir a esa persona, tú eres Dios mío, tú
eres, porque se revela Él. Pero cuando Él no se ha revelado,
ellos van a verlo solamente como un hombre cualquiera. y es verdaderamente
hombre. Por eso dice en Juan 3, 16, porque
de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito. ¿Para qué? Para que todo aquel,
aquel, ahí está la diferencia, aquel que crea, no se pierda,
más tenga vida eterna. Ahí vemos, entonces, el amor
de Dios a nosotros. Él, no lo obligaron, él voluntariamente. Al contrario, Pedro no quería
que vaya a la muerte. ¿Y quién va a desear que muera
una persona que está ayudando? No solamente hermanos estaba
allá con ellos, comían gratis, sanaban gratis, no les costaba. Por eso cuando hablaba de la
muerte, Pedro dijo, Señor, nunca debes hablar así, de esa manera.
¿Cómo va a ser que tú mueras? Y el Señor le dijo, apártate
de mí, Satanás. Y yo les hago la pregunta a los
hermanos, ¿realmente Pedro era Satanás? No. Las palabras que
estaba hablando son palabras de Satanás, porque Satanás no
quiere que vaya en la cruz. ¿Para qué? Para que todos se
pierdan. ¿Por qué? Porque él de por sí
con su propósito al venir a este mundo es ir a la cruz para salvar
a su pueblo de la condenación. Porque todo el mundo en la caída
de Adán, todos vinieron a la condenación. Ahí están condenados
hasta los escogidos. Pero como son gente preparado,
entonces fue enviado el Hijo para salvar a los que están condenados,
levantarlos donde están condenados para que tengan vida. Y no solamente
es una vida física, sino la vida eterna que está en Cristo Jesús. Es una maravilla, hermanos, porque
no hay dinero, aunque un hombre sea tan rico, nunca lo va a poder
comprar, porque lo está dando por gracia. Lo está dando por
gracia, para que nadie se jacte delante. Él dice, solo porque
lo pagué, por eso tengo. O solo porque soy buena gente,
lo tengo. No, nadie se va a jactar delante,
porque no lo merecemos, hermanos. nadie merece. Qué bueno cuando
Dios da su vida, hermanos, por nosotros. El propósito entonces,
el Dios eterno envió a su Hijo para dar su vida por nosotros.
Ahora, el tercero, el elegido de Dios, es elegido en Cristo
Jesús. desde antes de la fundación del
mundo. Aquí en el libro de Efesios,
vemos en el capítulo uno, dice aquí, capítulo uno, verso
cuatro, según nos escogió en él, en Cristo. Ahí está. Según lo que se escogió en él,
dice, antes de la fundación del mundo, antes de que haga este
universo. Por eso, ¿dónde estábamos nosotros? Ni siquiera lo sabíamos. Ni siquiera
sabíamos que íbamos a venir a la existencia. Pero ya estábamos
preparados. A veces me pongo a pensar, ¿Por
qué Dios no llama a una persona de ese genazgo y empieza a tener
conocimiento? Eso propuesto él. Él tiene su
tiempo. Todos los que son llamados es
tiempo de Dios. Yo lo veo con este Saulo, un
hombre que se preparó según las tradiciones de sus padres. Y
él empezó a predicar esas tradiciones. Y él estuvo en contra de los
apóstoles, de todos los predicadores, los mensajeros del Señor. Él los trató de forzar que maldigan
el mensaje que están predicando. Fíjense, fue terrible, por eso
le tenían miedo. Hasta en ese momento cuando el
Señor le dijo a Anías, Anías, anda, en tal lugar ahí está un
tal hombre que está orando, pidiendo por ayuda. Él dijo, yo lo conozco. No lo conocía, solamente oía
de él. Porque conocer a una persona
es verlo y ver cómo es esa persona, aunque no lo conocemos totalmente,
porque el corazón no lo vas a conocer. ¿Hasta cuándo se va a conocer
el corazón de la persona? Dios lo tiene que manifestar. Porque Dios sí conoce a uno.
No solamente afuera, sino dentro de nosotros nos conoce. Lo que
pensamos ahorita, lo que piensa uno, lo que está diciendo uno,
lo piensa. Lo sabe Dios, hermanos. En cambio
nosotros no lo sabemos. Uno no sabe lo que piensa la
persona, pero gracias a Dios que Él sí lo sabe. Entonces,
Él nos escogió desde antes de la fundación del mundo y lo hizo
en Cristo. Por eso, como les dije, el Padre,
el Hijo y el Espíritu Santo son las tres personas que estaban
en el pacto, hermanos, en un compromiso El padre escoge y
el hijo, él se comprometió en dar su vida. Y el Espíritu Santo
es el que va a convencer a la persona y traerlo a Cristo. Yo
no estoy, ni debo buscar una manera de convencer a la persona,
sino de predicarles la verdad. Aunque pues uno con sus astucias
puede convencerlo, ¿pero de qué sirve? ¿De qué sirve, hermanos? Porque el Espíritu, que es la
tercera persona de la trinidad, es el que tiene que convencer
a la persona para que pueda ir a Cristo. Por eso, cuando estamos
predicando la verdad, el Espíritu, hermanos, es el que está hablando
a la persona en sus corazones. para mostrarles la verdad que
solamente está en Cristo Jesús no hay otro lugar donde buscar
sino en Cristo solamente antes de la fundación del mundo antes
de la fundación del mundo ha escogido las personas y por lo
tanto el Señor Jesucristo dijo en Juan capítulo diez vean lo
que dice aquí verso 14, yo soy el buen pastor,
eso quiere decir que es el pastor de los pastores, yo soy el buen
pastor y conozco mis ovejas y las mías me conocen, yo conozco a
mis ovejas y las mías me conocen, La persona, ¿cómo lo conoce? Cuando Dios lo haya conocido.
Es como el amor. Si Dios no te ama, jamás lo vas
a amar. Si Él no te ha conocido, jamás tú lo vas a conocer. Pero
gracias a Dios que Él los ha conocido y se ha revelado en
nosotros para conocerlo. lo conocemos, y por qué vamos
a adorar otra cosa si conocemos al que es la verdad, que es Cristo
Jesús. Si usted lo conoce, lo debe conocer
con todo su corazón, como dice. La palabra de Dios dice en Pedro,
elegido según la presencia de Dios. Dios presente cuando nos
eligió. Que en primera de Pedro, capítulo
uno, vamos a verlo, primera de Pedro. capítulo uno, verso dos, elegidos
según la presencia de Dios, presente, Dios está presente cuando Él
los eligió, Dios, el Padre, dice, elegidos según la presencia de
Dios Padre en santificación del Espíritu, para obedecer y ser
rociados con la sangre de Jesucristo, gracia y paz, o sean multiplicadas. Gracias a Dios, hermanos, por
la obra que Él hace. Él nos amó y nos escogió en Cristo
Jesús. No hay otro lugar, no hay otra
persona al cual nosotros tenemos que creer, sino solamente en
el Señor Jesucristo. Por eso Pedro le habló al concilio,
en ningún otro hay salvación. En ningún otro. El concilio,
hermanos, que estaba presente para juzgar a Pedro, por lo que
está haciendo, la obra que está haciendo. Ellos están diciendo,
¿dónde está su autoridad? Nuestra autoridad no es de este
mundo. Es del cielo. Está en el cielo
sentado. Es el Señor Jesucristo. Es nuestra
autoridad. Aquí en el mundo no hay autoridad
de nosotros. No hay cabeza, no hay nadie que
nos debe mandar. El Señor es el que manda a cada
uno de los creyentes, los directamente al corazón de la persona. Nosotros
como pastores, predicadores, predicamos la verdad, pero no
estamos para ordenar a la gente lo que tiene que hacer. Es Dios
quien le va a poner en su corazón el deseo que va a hacer usted,
y lo va a hacer con amor. no por obligación, sino por amor.
Toda la obra de Dios, hermanos, se hace con amor. Por eso tenemos
el primer eslabón del amor de Dios. Todo, en todo, es el amor
primordial. Recuerden cuando habló de la
obra, el amor, y luego viene todo lo que hay que hacer. Ahí
está todo, la paz y todo lo que tenemos que hacer. Pero lo primero
es el amor. Fuera del amor no hay. Aunque
hagas obras, si no lo haces con amor, es pura vanidad. Pero lo que se hace con amor,
hermanos, nunca vamos a ser vanidosos. Igualmente en la predicación
no debemos ser vanidosos creyendo que somos mejores. Somos iguales,
estamos aprendiendo. Cada uno de nosotros, hermanos,
al escuchar la Palabra de Dios, estamos aprendiendo de Él. Él
es nuestro maestro. Él es el que nos enseña. El Espíritu
Santo vino siempre y para revelar su verdad a cada uno de nosotros. Si Dios no enseña, nosotros no
podemos enseñar nada. Ahora, en el Evangelio 4, la
predetí. predestinación es en amor la
predestinación en amor como dice el apóstol San Pablo cuando habló
aquí es es una gran maravilla hermanos esto que enseñó el apóstol
aquí a los hermanos en en Roma verso veintinueve capítulo ocho
porque a los que antes conoció como ya les dije en donde nos
conoció en Cristo Jesús no nos conoció por nosotros mismos no
nos conoció porque no habíamos nacido, nos conoció en Cristo. Y ese Dios Todopoderoso nos conoció
en Cristo y también nos predestinó, quiere decir que nos escogió
la predestinación, es decir, escoger para que fuésemos hechos
conforme a la imagen ¿de quién? De su Hijo. Por eso en su Hijo
le agradamos. No le agradamos a nosotros mismos,
sino a su hijo, el Señor Jesucristo. Fuera de él, nadie puede agradarle
a él, sólo por el Señor Jesucristo. Los gentiles, cuando escucharon
a Pedro acerca de la predicación de la elección, hermanos, ellos
estaban gozosos. Y sabemos que los que creyeron
son los elegidos. Allá en el libro de Hechos, capítulo
13, vean lo que dice Hechos, capítulo 13. Dice 48, los gentiles oyendo,
¿qué oyeron? Oyeron hermanos la predicación
de Pedro acerca del Señor Jesucristo. porque él estaba predicando a
Cristo que la salvación está únicamente allá. Y todos los
que, dice, oyeron los gentiles, éstos se regocijaron, glorificaron
la palabra del Señor, porque ellos oyeron la palabra del Señor,
no la palabra de Pedro, no la palabra de ninguno de los apóstoles,
sino la palabra del Señor oyeron. Cuando estamos predicando la
Palabra del Señor. La Palabra debemos oír, hermanos,
no el hombre. Pero hay gente que juzga al hombre
como habló, que habló mal o habló esto. Debemos oír la Palabra
de Dios. porque a eso hemos venido, para
oír la palabra de Dios. Y eso fue lo que oyeron estos
gentiles. Los gentiles, oyendo eso, se
regocijaron, estaban contentos y glorificaban la palabra del
Señor y creyeron, dice, todos los que estaban ordenados para
vida eterna. Se dieron cuenta, creyeron. Había
quizá mucha gente más allá, pero solamente creyeron los que estaban
ordenados para vida eterna. en todas las predicaciones que
hacían los apóstoles, aunque había multitudes, hermanos, pero
algunos creen. Otros se burlaban, como pasó
con Pablo cuando estaba predicando en Atenas, recuerden. Y después de que habló su mensaje,
el último, hablaban de la resurrección, dice que algunos se burlaban
de él, se burlaban entre ellos mismos. Yo recuerdo que lo hacía
yo antes, cuando yo escuchaba eso, que uno cree uno, hasta
que tú no vas a morir. Empieza uno a hablar así, de
lo que dice la persona. Por eso, a mí, no me envergüenzco
cuando oigo que la gente como habla, porque sé que lo habló
uno. Lo hablé así también. Pero ahora,
uno valoriza estas cosas sabiendo que por esa fe que nos ha dado,
hermanos, y dice la palabra de Dios, algunos creyeron y se juntaron
con Pablo. Y los demás ya no quisieron,
hasta huyeremos otro día. Hay algunos que dicen por las
muchas letras. El rey, por ejemplo, dijo, estás
loco, ¿eh? Lo que pasa es que tienes muchas
letras, por eso estás hablando. Pero él dijo, yo estoy hablando
palabras de verdad. Esa es la enseñanza que estaba
dando. Pero la gracia de Dios, hermanos,
cuando obra, las personas van a glorificar, van realmente a ensalzar al Señor Jesucristo,
porque Él es la Palabra. Ese es lo que tenemos que escuchar.
Entonces, Él, Él preparó la persona desde antes de la fundación del
mundo, y ellos van a creer. Lo hizo en amor, en el amor del
Señor Jesucristo, en el amor que Él mostró para nosotros.
Y a los que Él predecinó y llamó, Él no va a llamar a cualquiera
persona, sino él llama a los que él ha preparado desde antes
de la fundación del mundo, hermanos. En el libro de Hechos, capítulo
dos. Capítulo dos. En el verso. Treinta y nueve. Dice, porque para vosotros es la promesa,
y para vuestros hijos, y para todos los que están lejos, para
cuantos el Señor nuestro Dios llamare. En el verso 38, Pedro
les dijo, arrepentíos y bautícese cada uno de vosotros en el nombre
de Jesucristo para perdón de los pecados, y recibiréis el
don del Espíritu Santo, porque para vosotros es la promesa. ¿Le está dando qué promesa? La
promesa de salvación, la promesa de justificación, la promesa
de redención, la promesa, hermanos, de todo lo que Dios ha prometido
para el escogido. Y ahora ellos son los que son
llamados para que ellos, hermanos, sigan, sigan al Señor Jesucristo. Por eso, predicamos y Dios llama
a la persona. Como ya les dije, el espíritu
es el que tiene que convencer. Es lo que es lo que dijo el al mundo del pecado. Él va a
convencer que tú eres pecador y debemos creer, si creemos que
somos pecadores, creer al que perdona los pecados. ¿Quién es?
Es Dios únicamente. No hay otro lugar donde ser perdonado,
solamente en el Señor Jesucristo. El número seis es la justificación,
o somos justificados. En el verso 30, aquí, en el libro
de Romanos 8, verso 30. Y a los que predestinó a éstos
también llamó, y a los que llamó a éstos también justificó. A él, él es el que justifica,
porque él es el justo. Una persona que no es justo no
puede justificar a otro. porque te pueden acusar de lo
que eres. Entonces no podemos justificar.
El único que puede justificar y no es, hermanos, ofendido,
¿qué vas a justificar si tú eres lo mismo? Como dice el apóstol,
si predicas que no se debe adulterar, tú lo primero tienes que no hacerlo. Porque si tú lo haces, te lo
van a reclamar. Entonces, si vas a... por eso
no podemos justificar a nadie. Entonces, el que justifica, él
es justo. Y no hay pecado en él, hermanos. No hay nadie que le diga, ah,
tú eres así. No hay nadie que le juzgue. Por eso, el que justifica es
justo. ¿Y quién es ese justo? Es el Señor Jesucristo. Porque
Él no tuvo pecado. no hizo ningún pecado hermanos
al contrario todo lo que hizo es para nuestro bien y toda la
obra está hecha en él vean lo que dice aquí en la primera carta
a corintios vean lo que dice el apóstol de san pablo en su
primera carta capítulo 5 el verso es es segunda de Corintios perdón
debe ser segunda de Corintios verso veintiuno segunda de corintios
capítulo cinco verso veintiocho al que no conoció pecado por
los otros lo hizo pecado para que nosotros fuésemos hecho justicia
de dios en él para que fuésemos hecho justicia de dios en él
él es justo y por él somos justificados tú no puedes reclamarle nada,
porque él es justo. Una persona así, por eso pudo
cumplir la ley, hermanos. Yo no puedo cumplir la ley. Yo
no puedo, porque al mirar, ya pequé. Al pensar, ya pequé. Por eso es triste las personas
que dicen, nosotros sí estamos cumpliendo la ley. Nadie puede
cumplir la ley, hermanos, sino solamente el Señor Jesucristo,
porque la ley exige, exige, hermanos, perfección. Y nosotros no podemos. Si a Adán le dieron solamente
un mandato y no lo pudo cumplir, Imagínense cómo van a cumplir
los diez mandamientos, y ni siquiera solo son diez. Hay muchos mandamientos
de la palabra de Dios que hay que cumplir, y todo eso lo pasó
el Señor Jesucristo. Por eso están, hermanos, en Cristo
los oficios. O sea, Él es el profeta, Él es
el sacerdote, y Él es el rey. y toda esa obra está en la ley,
hermanos. Y es lo que tenemos que cumplir,
no lo podemos cumplir, pero el Señor lo cumplió porque él, él
no sacrificó otra cosa, sino él sacrificó su vida. Él no tuvo
necesidad de sacrificar un animal para su gente, él mismo se entregó
a sí mismo. Como me gusta ver acerca de Daniel,
el amigo del rey. Cuando vinieron las personas,
eso es lo que les digo, hermanos, uno cuando es ensalzado a un
hombre, no ve lo que va a pasar a sus lados, entre la gente que
ama, de la gente que está con él. Él lo están ensalzando, es
muy orgulloso uno. Vinieron, queremos que tú hagas
una ley sobre 30 días. Él no estaba pensando por su
amigo, por otras personas, porque seguramente él sabía lo que hacía
Daniel. Pero esos hombres querían buscar
cómo que este hombre sea eliminado. Y entonces él hizo esa ley sobre
30 días. Y hay veces me pongo a pensar,
¿Por qué? Si no tenía que poner 30 días. Ese es mucho. Un verdadero creyente
no va a aguantar no adorar al Señor, hermanos, un día. Usted
no puede aguantar no comer un día. Entonces, si necesitamos
a Cristo, vamos a desear comer de Él. Pero esos hombres sobre
30 días. les lo firma, lo sella, y al
momento ahí le dicen, ahí está esa persona que está a tu lado,
tu gran amigo, ya quebrantó esa ley. Y vino Dios, amigo, ni modo,
qué más puedo hacer. Ahora, si quiere salvar a Daniel,
él tiene que ir en el foso de los legones. Él tiene que ir
allá. Él es el que firmó los sello,
él mismo tiene que ser condenado por esa ley, si no lo cumple.
Entonces, si él tuvo que cumplirlo con esa persona, castigándolo. Ni modos, dice, no hay manera
de que yo te libre, porque para que yo te libre, yo tengo que
ir allá. Es lo que hizo Cristo con nosotros, hermanos. Él, para
que no nos quedemos en la condenación, él tuvo que condenar condenarse
así por la ley. La misma ley que puso, es lo
que lo condenó para que nosotros seamos libres, porque él ya cumplió
con toda la ley que exige a nosotros, hermanos. Él puso la ley, él
dio la ley, que la cumple la gente, pero nadie la cumple.
Y entonces él tuvo que venir a cumplir, por eso dice que ni
una jota ni una tilde dio de ahí la ley para que nosotros
fuéramos libres. No nos dejó nada que te diga,
esto tienes que hacerlo para que puedas ser salvo. No hay. Solamente cree al Señor Jesucristo
y serás salvo. que es una gran maravilla hermanos
por eso es que gracias a él que dio su vida por nosotros y él
es el justo por eso él pudo cumplir toda la ley hermanos porque no
tiene pecado no tiene nada nosotros no podemos porque como ya les
dije pensar hablar todo lo que uno diga es pecado no hay nada
de bueno en nosotros Ahora, si hay algo de bueno, es por la
gracia de Dios. Es por Cristo que nosotros tenemos.
Ahora, para terminar, la obra que Dios ha hecho, como dice
el apóstolo Pablo, a los que Él llamó, a esos justificó y
a estos también glorificó, obra completa. El último, esto es
obra que Dios ha hecho, que Él comienza y lo termina. Filipenses,
Filipenses capítulo uno, vean lo que dice el apóstol San Pablo. Filipenses capítulo uno, en el
verso seis. estando persuadido, dice Pablo,
a los filipenses, a los creyentes. Esto es para nosotros, hermanos.
Estamos persuadidos de esto, que el que comenzó en vosotros
la buena obra. ¿Quién es el que medita? ¿Quién
comenzó la obra en usted? ¿Un misionero, un pastor o un
hombre? Sabemos que el pastor que lo
comienza es Jesús. y es el que debe comenzarlo.
Ahora, debe estar persuadido de la persona que le haya comenzado,
hermanos, la buena obra. Entonces, esto Como dice el apóstolo
San Pablo, estando persuadido de esto, que el que comenzó en
vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo. Ahora,
si lo comienza el hombre, no lo puede perfeccionar. ¿Por qué? Porque el hombre no es perfecto.
Y hay muchos que comienzan una obra en la persona y se termina
con el hombre. Recuerdo cuando este Gamaliel
estaba en el concilio, cuando estaban juzgando a Pedro. Dijo, que saquen a esos hombres,
vamos a platicar un rato. Porque ellos lo estaban tratando,
quién es el autor de ustedes. Entonces, le sacó y dijo, está
mal lo que están haciendo. Mira, si esta obra es de Dios,
esta obra que están haciendo, si es de Dios, me parece que
ustedes están luchando contra Dios. Pero si es de los hombres,
que lo dejen. Que lo dejen, ¿por qué? Porque
lo que es de Dios va a permanecer, aunque se muera este, Dios levanta
a otro. Ahora, si es del hombre, con
el hombre se acabó. Muere y se acabó todo. Y Él dio
ejemplo de dos personas. que levantaron un grupo y murió
la cabecilla, murieron todos. Por eso les digo, que lo dejen,
que hagan ellos. Porque si es de Dios, ustedes
no van a poder con Él, porque es el Dios del cielo, del Creador. Nadie puede con Él porque Él
nos ha creado. Él hace con su creación como
Él quiere. Lo sabe Él. Entonces, hermanos,
esa es la verdad. Como dice el apóstol San Pablo,
si Dios comienza la obra en usted, va a permanecer. Muera quien
muera de los predicadores, vamos a seguir. Vamos a seguir adorando,
sirviendo al Señor, porque es lo que tenemos en nuestro corazón.
Hasta la muerte o hasta que venga Cristo. Y eso es lo que dice
aquí, estando persuadido, deben de estar convencidos de la persona. ¿Quién es el que comenzó la obra
en usted? ¿Por qué? Porque la obra de Dios,
hermanos, es victorioso. Nadie lo puede vencer. Nada de
este mundo lo puede vencer. ¿Por qué? Porque Él ya venció
todo. Ya venció todo y no hay nadie. Como dice el apóstol Pablo. Y
aquí os digo un misterio en el libro de primera de Corintios,
capítulo 15. Quiero. Vamos a verlo. Primera
de Corintios, capítulo 15. Capítulo 15, el verso 51, dice
así, y aquí os digo un misterio, no todos dormiremos. pero todos
seremos transformados. Todos seremos transformados. Dice, en un momento, en un abrir
y cerrar de ojos, vean, qué rápido hermanos, en un abrir y cerrar
de ojos, dice la palabra de Dios, al final de la trompeta, porque
se tocará la trompeta y los muertos serán resucitados incorruptibles. Y nosotros seremos transformados. ¿Por qué? Porque es necesario
que esto corruptible se vista de incorruptible, incorruptible. Y esto mortal se vista de inmortalidad. Es necesario, hermanos. Y gracias
a Dios que Él es el que ha hecho esta obra que nosotros. Por eso,
si Él comienza la obra, la perfeccionará. Ahora, si Él no hizo la obra,
nadie lo puede perfeccionar. Si usted tiene a Cristo Jesús
como el ancla seguro en manos de nuestra alma, Él es el Salvador. Él es el que nos ha de llevar
porque Él viene. ¿Cuándo? Nadie lo sabe, pero
Él lo ha prometido y sabemos que todo lo que Él promete se
cumple, hermanos. Y en Él tenemos que confiar únicamente
en este Cristo de la Santa Biblia, el que está sentado a la diestra
del Padre con poder para salvar a todos aquellos que Él haya
escogido. Y Él va a llevar su palabra en
sus corazones. que Dios les bendiga. Amén.

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