y recuerden que Pablo uno de
los grandes apóstoles que fue de último su llamado hermanos
aunque sabemos que las personas nunca
están deseando pues ser predicadores de la gracia de Dios lo debe desear. Aquellas personas
que lo desean es bueno, pero si es Dios quien le ha puesto
en su corazón. Porque hay gente que desea, pero
por otras cosas que piensan lograr en la obra. Pero la gracia de
Dios cuando obra en nosotros, hermanos, eso nos intima a desear,
y lo hacemos con amor, a Dios y a la gente que necesita de
este alimento espiritual que Dios nos ha dejado en su palabra.
Y el apóstol Pablo, recuerden que él era un hombre que está
lleno de tradiciones. Él había estudiado y era un hombre
celoso en las tradiciones de sus padres. Pero un día el Señor
le llama. Y él, al ser llamado, él tuvo
que despojarse. Y eso es lo que debe pasar en
la persona, despojarse de todo lo que tiene en su corazón para
que pueda entrar la verdadera palabra en nuestros corazones.
Porque si solamente es una parte no puede servir en manos. Necesitamos
estar realmente toda la confianza en el Señor Jesucristo. Y aquí en este capítulo 13, el
apóstol está hablando acerca de la importancia del amor de
Dios, del amor realmente que necesita cada persona que el
Señor ha salvado. Hay un amor, pero ese amor es
del mundo, es de la religión, es de este mundo. Pero el amor,
hermanos, que es de Dios, No cualquiera lo tiene, sino para
aquellos que Dios amó desde antes de la fundación del mundo. Este
amor, Él lo ha dado y lo está dando, hermanos, mostrándonos
realmente en el Señor Jesucristo, como dice la palabra de Dios,
con amor eterno te ha amado. Es un amor eterno. el amor que
tenemos es amor temporal, pero el amor de Dios es un amor eterno. Y aquí, en el verso 13, dice
aquí en el verso 13, y ahora permanece la fe, la esperanza
y el amor, estos tres, pero el mayor de ellos es el amor, el
mayor de ellos es el amor. ¿Por qué? Porque, hermanos, todo
lo que hagamos, la base principal es el amor. Es el amor. Sin el amor de Dios, todo lo
que haga uno es en vano, hermanos. Porque necesitamos que hagamos
todo de acuerdo al amor de Dios que nos da en Cristo Jesús. En
este capítulo tenemos tres cosas de mucha importancia como creyentes
y también para que uno crea solamente Dios pone en el corazón de estas
personas. Este capítulo nos enseña muchas
cosas de mucha importancia, pero antes de todas las cosas, como
dijo Pablo, si no tengo amor, nada soy y todo lo que haga de
nada sirve de nada sirve dice el apóstol ahora antes de entrar
en el libro de mateo capítulo 7 quiero que que lean hermanos
este capítulo capítulo 7 en el verso veintiuno al veintitrés, dice
no todo el que me dice señor, señor entrará en el reino de
los cielos, sino el que hace la voluntad de mi padre que está
en los cielos. Muchos me dirán en aquel día, y en tu nombre echamos fuera
demonios y en tu nombre hicimos muchos milagros y entonces les
declararé nunca os conocí apartados de mí hacedores de maldad hay mucha gente como ya les dije
hay mucha gente que predica y no predica con amor Y la Biblia dice, hermanos, que
hay muchos predicadores falsos. Y el Señor Jesucristo habló a
sus apóstoles que hay que tener cuidado de esa gente, hermanos,
que en vez de que enseñe la verdad, le está haciendo a la gente dos
veces hijos del infierno. porque no le está dando el mensaje
de salvación que ellos necesitan. Ahora, muchos dirán, Señor, Señor,
profeticé en tu nombre, eso quiere decir que prediqué en tu nombre.
Pablo dice, como lo hagan, pero hay muchos que están predicando
la palabra, porque hay por envidia, hay que se vanaglorían, Pero
lo más importante, por eso tenemos que lo hagas con amor. Y ese
amor no se compra. Dios no los da. Ese amor Dios
no los da, hermanos. Es regalo del Señor. Muchos predicadores
que se aman a sí mismos y no aman ni a Dios ni a las personas. ¿Por qué? Porque no les da el
alimento necesario para su alma, para esa vida espiritual que
el Señor le ha dado. Es lo que necesitamos. Ahora,
tres preguntas. ¿Tengo yo la fe de los escogidos
de Dios? ¿Cuál es la fe de los escogidos
de Dios? Es el don de Dios, hermanos. Es el don. Pablo dijo, por gracias
soy salvos por medio de la fe y esto no es de vosotros, pues
es don de Dios. Esa es la fe que necesita cada
persona. Esa fe no se compra, no se gana. No, hermanos, no hay nada que
el hombre tenga que hacer para que esta fe tenga. No, no hay
nada que tenga que hacer. No debe pensar voy a estar orando
para que yo tenga la fe, no. El Señor te lo regala cuando
llega el tiempo. Si eres uno de los escogidos.
Pero si no, tampoco vas a tener esta fe. Tienes una fe. Una fe
de la religión. Una fe del mundo, hermanos. Pero
la fe que es don de Dios es un regalo de Él. Se lo regala a
las personas. que no merecen, que no son dignos, que no tengan que gloriarse,
yo lo obtuve porque soy una buena persona, porque yo soy un trabajador,
porque yo soy un religioso, yo hago oraciones, yo ayuno, yo
hago todas esas cosas. Es bueno, no quiero decir que
no, pero hágalo con fe, que sea fe que es don de Dios. Y eso
es lo importante. Ahora, ¿tengo yo la esperanza
en el Evangelio verdadero de Dios? ¿Cuál es nuestra esperanza
de gloria? Es Cristo. Es Cristo, hermanos. En Él nos gloriamos. Ahí está
nuestra esperanza segura. Ahí está. Ahora, ¿tengo yo el amor verdadero
de Cristo? lo tengo en mi corazón, debemos
analizar realmente nuestras vidas, lo que realmente tenemos, hermanos,
porque es necesario saber lo que uno tiene, qué clase de fe,
de clase de esperanza y de clase de amor realmente lo que tiene
en su corazón, porque amar a Cristo es dejar todo, hermanos, es dejar
todo para seguirle a Él. No debe uno decir, ay, tengo
que hacer esto. Es más importante que esto, ¿no?
Primeramente es Cristo en todas las cosas. Primeramente es Cristo. Ahora, primero, ¿tengo yo la
fe de los escogidos? ¿Qué dijo Pablo aquí en Segunda
de Corintios, capítulo 13? Vean. Verso cinco, hermanos, a mí me
gusta que todos puedan ver, dice así, examinaos, oigan bien esto,
examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe, ahí está, examinaos
a vosotros mismos si estáis en la fe. ¿Qué fe? Que es el don
de Dios, hermanos. Si todavía no sigo la fe de la
religión, la fe de las imaginaciones del hombre, la fe de las tradiciones
que enseña el grupo, no. La fe que necesitamos, como ya
vimos, es el don de Dios. es lo que debe haber en nuestro
corazón, y por eso Pablo nos dice, examinaos, esto se lo está
hablando a la iglesia de Corinto, a los hermanos, no a cualquier
agente, así como estamos nosotros, nos está hablando a nosotros
el apóstol, pero siendo guiado por el Espíritu Santo, hermanos,
para que nosotros podamos entender realmente lo que debemos hacer
en nuestra vida, examinar si realmente esa es la fe que tengo,
que es la fe del Señor, que todo lo que estoy haciendo sea de
la fe verdadera que Dios da. No la fe como la que tienen los
demonios. ¿Recuerden por qué? Porque nuestro
corazón, como dice Jeremías en 17, engañoso es el corazón. más que todas las cosas y perversas,
tu propio corazón te puede engañar, tu propio corazón. Yo tengo esa
fe, yo tengo, lo estoy ejerciendo, pero hay que saber si ese es
el don de Dios, es lo que nos regala en verdad. Ahora, vean,
¿quién es el autor de esa fe que tiene? Es lo que tenemos
que ver cuando examinamos, hermanos. ¿Quién es el autor de esa fe?
¿Es el hombre? ¿Es como la salvación? ¿Quién te salvó? ¿El predicador, el pastor, el
otro hermano? Si es el Señor, entonces Él te
ha dado la fe. Y Él, como dice la Palabra de
Dios, hermanos, Él es el Autor en el Libro de Hebreos. Libro
de Hebreos, capítulo doce. Capítulo doce. Verso dos. Puesto los ojos en
Jesús, dice, puesto los ojos en Jesús, el autor y consumador
de la fe. Ahí está. Qué claro, ¿verdad?,
la enseñanza de este apóstol. Puesto los ojos en Jesús, el
autor y consumador de la fe. el cual por el gozo puesto delante
de él sufrió la cruz. Él sufrió nuestro lugar, hermanos,
menospreciando el oprobio y se sentó a la diestra del trono
de Dios. Entonces, en esto debemos analizar. Esa fe que tiene, ¿quién es su
autor? Si es Dios el autor de esta fe,
es la fe verdadera, hermanos. Pero si es del hombre, como dijo el gran maestro Gamaliel,
señores, si esta obra es de los hombres, ¿qué den a esas personas? Sí, pero si es de Dios, no pueden
hacer nada. No lo pueden destruir. ¿Por qué?
Porque lo que es de Dios nadie lo puede destruir. Ah, lo que
es del hombre, déjenlo. Se muere aquella persona, se
acabó todo. En cambio en Cristo no hay muerte,
hermanos. Cristo vive eternamente. Él está
a la diestra de Dios, Padre. Sentado, esperando que todos
sus enemigos se han puesto por estrado de sus pies. Gracias
a Él, hermanos. ¿Quién lo hace? El Espíritu Santo.
Es el Espíritu quien está obrando los corazones, trayendo a las
personas a los pies de Cristo, poniéndoles la fe verdadera que
nos habla la Palabra de Dios. Entonces, este es, hermanos,
el autor. Debe ser lo que necesitamos.
Es el autor ¿Quién es el objeto de la fe que tiene? Debe ser
realmente Cristo. Si es Cristo, esa es la verdad. ¿Quién es el consumador de la
fe? Ya lo vimos, es el mismo Señor,
el que comienza la perfeccionada hasta el día de Jesucristo. Nada
lo puede destruir aquí en este mundo. Entonces, la fe esta viene
por oír la palabra de Dios, dice Pablo en Romanos. Si dice, qué bonito habló ese
hombre. Este hombre está preparado. Este
hombre está hablando de todo. Ni siquiera puede mencionar eso. Estás escuchando al hombre, no
estás escuchando a Dios. Qué bueno que digamos, como dijo
Cornelio, todos estamos aquí para oír lo que Dios tiene para
nosotros. No es una maravilla, hermanos,
que estamos aquí para oír a Dios, no al hombre. El hombre no te
va a enseñar nada, pero Dios, el Espíritu, hermanos, Él te
va a poner en tu corazón la verdad, la fe verdadera. Tenemos entonces
que mirar sólo a Cristo, el Dios verdadero y hombre verdadero,
hermanos. puesto los ojos en él y en su
poder, en ese evangelio verdadero. ¿Por qué? Porque es el único,
hermanos, que nos da la luz verdadera. Él es el único. No hay otro lugar
donde usted y yo encontramos esto. Solamente en el Señor Jesucristo. Es el único, hermanos, que nos
da esto. Ahora, ¿tengo yo la esperanza
verdadera? Recuerden que la esperanza, hermanos,
verdadera, no avergüenza. Ahora lo que avergüenza cuando
usted está esperando en alguien que no te va a dar nada. Pero
tener esperanza en Cristo, hermanos, ahí está nuestra seguridad. Esperar en Cristo, ahí está nuestra
seguridad. ¿Por qué? Porque Él jamás va
a morir, hermanos. Eso es lo que nos da seguridad. Tener esperanza en él. Ahora
esperar en los hombres, en las religiones. Hay mucha gente que
dice, cada religión da una esperanza. No, hermanos. Todas las personas,
como se llame su religión, necesitan a Cristo. Que pongan solamente
su confianza en él. Es lo que necesitan, hermanos.
No hay otro lugar. No hay otro lugar donde nosotros
realmente estemos esperando en él. Ahora, Romanos capítulo 5. Romanos en el capítulo 5. Verso 5 dice, y la esperanza,
dice, no avergüenza. porque el amor de Dios ha sido
derramado en vuestros corazones por el Espíritu Santo que nos
fue dado. Dice aquí el apóstol, y la esperanza
no avergüenza. Fíjense, la gente no se avergüenza,
no se avergüenza, hermanos, de cargar su ídolo para andar. ¿Y
qué les da? ¿Qué le da a la persona cargando
su Dios? No hay esperanza allá. El Dios
en nosotros no tenemos que cargarlo, hermanos. Él vive. Y por eso vivimos nosotros. Si
Él no viviera, ¿quién va a vivir? Nadie. Ni siquiera va a existir
este mundo, hermano. Pero gracias a Dios. Por eso
ponga su única esperanza en Él. No hay otro lugar. Aquí en el
libro de Efesios, capítulo uno. Efesios uno, verso dieciocho. Dice, alumbrando los ojos de
vuestro entendimiento para que sepáis cuál es la esperanza al
que os ha llamado y cuáles son las riquezas de la gloria de
su herencia en los santos. ¿Cuál es la esperanza? Alumbrando,
es lo que hace la palabra, alumbra los ojos y el corazón. para que
usted sepa cuál es realmente la esperanza en la cual nosotros
tenemos. Sólo en la gracia de Dios nos
da la confianza, hermanos, para confiar únicamente en Cristo. Por eso debemos de estar en el
Evangelio verdadero, que sólo hay uno. No hay otro evangelio. Aunque algunos están predicando
un evangelio diferente, como dice el apóstol Pablo en su libro
de Gálatas. Si lo quieren ver, es el capítulo
1. Dice así el apóstol San Pablo,
después de haber enseñado a los hermanos allá en Galacia, ahora
regresa y dice, estoy maravillado, verso 6, de que tan pronto os
hayáis alejado del que os llamó por la gracia de Cristo para
seguir un evangelio diferente donde no hay esperanza, hermanos.
En un evangelio diferente no hay esperanza, no hay seguridad.
No que haya otro. sino que hay algunos que os perturban,
quieren pervertir el Evangelio de Cristo. Ese es lo que pasa. El Evangelio único y verdadero
es el Evangelio de Cristo. Es Cristo único, hermanos. No
hay. Aunque hay muchos predicadores, por eso leí el Mateo, hay muchos
en aquel día me van a decir, yo prediqué en tu nombre. Dijo
el Señor, que los dejen, que hagan lo que quieran ellos. Al
fin y al cabo, con el tiempo vamos a ver si son verdaderos.
Él los conoce, no les impida que hagan. El Señor conoce a
sus verdaderos mensajeros hermanos. ¿Por qué? Porque Él los levanta
hermanos. Él los levanta, el apóstol dijo,
Él levantó a los profetas, Él levantó a los apóstoles, Él está
levantando a pastores, Él está levantando a maestros, a todos
evangelistas, a todos. El Señor los levanta, y al levantarlo,
Él le pone el mensaje, hermanos, que deben predicar. No vamos
a predicar lo que queramos, porque el Señor que nos llamó tiene
un mensaje para nosotros y ese mensaje es el Evangelio y eso
es lo que necesitan las personas que Él ha llamado, que Él, hermanos,
les ha puesto en su corazón ese deseo ese deseo y tenemos allá entonces
la seguridad por eso Ahí está nuestra esperanza única, hermanos,
no hay. Sólo hay un verdadero evangelio,
el de Cristo. Ahí debe estar nuestra esperanza
segura. Cristo es nuestra esperanza de
gloria, dice Pablo aquí en el libro de Colosenses, capítulo
uno, verso veintisiete, si lo quieren ver. Colosenses, capítulo
el apóstol. Habla aquí a los hermanos en
Colosa, capítulo uno, el verso veintisiete, a quien Dios quiso dar a conocer
las riquezas de la gloria de este ministerio entre los gentiles,
que es Cristo en vosotros la esperanza de gloria. Es Cristo,
no hay. Gracias a Dios, hermanos, que
tenemos esta seguridad en Él. Y nos deleitamos, en verdad,
de esta gracia que Dios nos ha dado. Dice el apóstol San Pablo,
vean aquí en el libro de Hebreos. Me gustaría que todos lo puedan
ver. Libro de Hebreos, capítulo 6,
en el verso 18. Dice, para que por dos cosas
inmutables, en las cuales es imposible que Dios mienta, tengamos
un fortísimo consuelo los que hemos acudido para hacernos de
la esperanza puesta delante de nosotros, la cual tenemos como
segura y firme ancla del alma y que penetra hasta dentro del
velo. donde Jesús entró por nosotros
como precursor, hecho sumo sacerdote para siempre según el orden de
Melquisedec. Ahí está nuestra seguridad, hermanos. Asirnos. Esto es importante,
agarrarnos en Cristo. Ahí está nuestra seguridad. No se suelte de Cristo. No se
suelte. Siga al Señor Jesucristo. Esa
es nuestra esperanza, hermanos. Es agarrarse a Él porque hay
seguridad allá. Es como que cuando alguien se
está cayendo, pues si no hay donde que se agarre, se tiene
que ir abajo. Pero si está algo seguro para
que se agarre, no se cae. Así en Cristo, hermanos. Si estamos
en Cristo, nos agarramos de Él, no nos caemos. Porque Él es firme
y por eso estamos firmes. Tú no puedes estar firme solo,
sino en Cristo somos firmes en verdad. Sólo Él, hermanos, es
nuestra seguridad. Ahora, para terminar, tengo yo
el amor verdadero, el amor de Cristo, Ahora, oigan esto, en
Juan no tenemos realmente el amor si Dios no nos los ha dado. El amor de Dios, Él lo tiene
que dar. Él nos tuvo que amar primeramente
porque Él es amor, hermanos. Él es todo amor. Aquí en 1 de
Juan capítulo 4, 1 de Juan capítulo 4, En el verso 10, en esto consiste
el amor, no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él
nos amó a nosotros y envió a su Hijo en propiciación por nuestros
pecados, en que Él nos amó. Él no solamente dijo yo les amo,
Él lo mostró, hermanos. Él lo mostró. Ahora, nosotros
hay veces decimos, yo te amo, pero muchas veces mostramos lo
contrario. Pero Dios no, así es, hermanos.
Él es firme su palabra. Y su palabra es segura. Yo les amo. Y ahora, Él al decir
que les amo, Él lo mostró dando a su hijo. dando a su hijo, sacrificándolo
allá en la cruz por nosotros. Cuando ese lugar a usted y a
mí nos pertenece ese lugar. Es lo que merecemos. Y no hay con qué pagarlo. No
hay con qué pagar este amor tan grande, hermanos, que Dios nos
ha dado en Cristo. Y tan sencillamente Él nos dijo
Para que sepan que son mis hijos, deben amarse el uno al otro. Así van a saber que sí son mis
hijos. Porque si no se aman el uno al
otro, ¿cómo van a saber si son hijos de Dios? El amor de Dios
es mucho más fuerte, hermanos, que el amor del mundo, el amor
de hermanos. Porque realmente el amor de Dios
que pone en cada corazón de sus hijos, hermanos. Realmente debe
haber una unidad en ella, amándonos el uno al otro, como Cristo nos
amó a nosotros. Ahora, en la carne, cuando dice
uno, yo te amo, hermano, hay veces puros problemas con los
hermanos carnales. Pero aquí, en el amor espiritual,
hermanos, eso nos une al Señor Jesucristo, porque es diferente
al amor que hay en este mundo. Aquí en el Evangelio Juan, capítulo
13, vean lo que nos dice el Señor Jesucristo. Evangelio Juan, capítulo
13. Dice, verso 35, en esto conocerán
todos Que sois mis discípulos, si tuvierais amor los unos con
los otros. Si tuvierais amor los unos con
los otros. Pero no todos tienen este mismo
amor. No todos, hermanos. Y el Señor claramente dice, yo
conozco a los que aman y conozco a los que no me aman. Yo conozco
a mis ovejas, yo conozco a los que me van a entregar. hermanos,
en un grupo, en una iglesia, siempre hay gente que todavía
no tiene este amor pero rogamos al señor siempre, siga su voluntad
que se lo revele, que se lo ponga en su corazón y que esto sea
una muestra amándonos en verdad como él nos amó hasta dar su
vida por nosotros si tienes este amor conoces a Dios Aquí en Dios,
al Dios creador del cielo y de la tierra, el Dios que nos ha
creado, el Dios que nos está dando vida, el Dios que nos está
dando fuerza, el Dios que nos dio el poder estar en esta mañana. Es el único. Aquí en el primero
de Juan, vean lo que dice aquí. Este es el primero de Juan, capítulo
cuatro. En el verso 7 y 8. Amados, amémonos unos a otros,
porque el amor es de Dios. Ahora, él está diciendo, Juan
está diciendo, el amor es de Dios. ¿Por qué está diciendo
así? Porque está hablando a hermanos.
No está hablando a cualquier agente, sino está hablando a
hermanos, a gente que realmente tiene el amor de Dios. Amados,
es la palabra, amados hermanos, está diciendo. Amados, amémonos
unos a otros. El amor es de Dios. Todo aquel
que ama, esa persona es nacido de Dios y conoce a Dios. ¿Cómo le llegamos a conocer?
Él se revela. ¿Por qué? Porque tú no lo vas
a conocer por ti mismo. No, hermano. Nadie va a conocer
a Dios por sí mismo. Nadie. Dios tiene que revelarse
a ti. Como lo hizo con el ciego, ¿verdad?
Tú crees en el Hijo de Dios. Y el ciego dijo, Señor, ¿quién
es? ¿Qué dijo Él? El que habla contigo es Él. y enseguida se le creyó y lo
adoró. Él tiene que rebelarse. Si él
no se revela, entonces usted no puede conocerlo. Por eso necesitamos
que Dios se revele a una persona. Eso hizo con todos los apóstoles,
con todos los profetas y con todos los otros hermanos, los
que verdaderamente tenemos el amor de Dios. Él se ha revelado
amándonos Así como estamos. Como dijo el apóstol Pablo en
Romanos, más Dios muestra su amor para con nosotros, en que
si andamos pecadores, Cristo murió por nosotros. ¿Se dieron
cuenta? Cristo murió. Eso tanto, hermano,
nos amó, dando su vida por nosotros. Está en Romanos capítulo 5, verso
8, lo quieren apuntar, quieren verlo, es importante. Entonces,
Dios mostró ese amor Ahora, vemos lo que el apóstol San Pablo enseña
aquí en nuestro capítulo, en el capítulo trece de Corintios,
hermanos, si quieren abrir nuevamente. Primero de Corintios, capítulo
trece, El verso cuatro dice así, el
amor es sufrido, ahí está, el amor es benigno, el amor no tiene
envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece, no hace nada
indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor,
No se goza de la injusticia, más se goza de la verdad. Todo
lo sufre, todo lo cree, todo lo espera y todo lo soporta. El amor nunca deja de ser. Es eterno. Es eterno el amor
de Dios. Ya se dieron cuenta. Esa es la
enseñanza que nos da el apóstol Pablo. ¿Tenía él el amor antes?
No, hermanos. No tenía el amor, pero Dios se
lo dio. Cuando se reveló a él, se lo
dio. Él ama, se ama a sí mismo, ama sus tradiciones y era celoso
en eso. Nadie le llevaba ventaja de todas
sus generaciones. Según él, era muy sabio. Pero
todo eso, hermanos, tuvo que despojarse. Es como quitar toda
la ropa que tiene usted. Así Dios quita todo lo que tenemos. Todas las tradiciones, todo el
lío, todo lo que es la persona. Para amar a Dios. Y amar al prójimo
también, como dice la palabra de Dios. El amor, hermanos, es
de Dios. El hombre no puede amar a Dios
si Dios no le hubiera amado primero. Y ese amor con el cual nos amó
primeramente es amor eterno. Y en este amor, la enseñanza
del apóstol San Pablo, en su carta a Romanos 8, dice, nada nos podrá separar del amor
de Dios que es en Cristo Jesús. Nada, nada los puede separar. Porque vendrán necesidades, enfermedades,
problemas, hermanos. Todas las aflicciones que vendrán
en la vida del creyente no te va a separar. no te va a separar,
porque ese amor es amor eterno. El único que lo puede quitar
es Dios, pero sabemos que al poner su amor, Él te ha amado
eternamente. Porque no es un Dios que te ama
hoy y mañana te deja, no. Al ponerte ese amor, es eterno. Es eterno hasta ya estar con
Él. ya nos comienza a amar aquí en
este mundo, mostrándonos, revelándonos, porque ya nos amó desde antes
de la fundación del mundo. Ya nos amó. Sólo nos está revelando
que nos amó desde antes. Nos escogió, hermanos, y nos
amó en Cristo. Ahora nos lo está revelando que
sí nos ha amado a nosotros. Ahora ya todos aquellos que ya
lo tienen ya saben que ya ha sido amado desde antes de la
fundación del mundo. Pero antes no lo sabe uno, porque
nadie sabe si es uno de los que Dios ha escogido, si uno de las
ovejas. Pero cuando Dios te lo revela,
cuando Dios te lo muestra, hermanos, entonces vas a aprender, como
dijo Pablo, desde el vientre de mi madre. me llamó. A veces me pongo a pensar, digo,
si él fue llamado desde el vientre, ¿por qué encerró? ¿Por qué hizo
esas cosas forzando a gente que maldiga a Dios? Porque no había
llegado el momento que Dios le revele lo que era desde antes
de la fundación del mundo, ¿no, hermanos? Así éramos, pero más
gracias a Dios que ya nos lo reveló. tiene la fe verdadera,
tiene la esperanza única en Cristo, tiene este amor verdadero que
solamente está en Cristo, muéstrelo y siga el uno al otro como dice
la palabra del Señor, siga a Cristo, puesto los ojos en Él como el
autor de lo que hemos visto, la fe La esperanza y el amor. Él es el autor. Y el mayor de
ellos es el amor. Porque sin el amor, hermanos,
no hay fe verdadera. Sin el amor no hay esperanza.
Todo, todo es amor. Por eso la ley, como dijo el
Señor, la ley solamente está en dos. Amar a Dios sobre todas
las cosas. Y amar a tu Pórfimo como a ti
mismo. Eso encierra toda la ley. Si
no amas, es que no tienes el amor. Pero desde que tengas el
amor, estás cumpliendo la ley. Estás cumpliendo la ley. Y toda
la ley, no solamente es una parte, por el amor que Dios nos ha dado.
Gracias a Dios, hermanos, por dar su atención por la palabra
del Señor. Que Dios les bendiga.
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