Buenos días a todos hermanos
y hermanas del Señor Jesús. Gracias le damos al Señor por
ver a ustedes de nuevo reunidos en este lugar. Gracias a Dios
porque siempre habrá alguien que esté con ustedes. Así como
he visto estos hermanos que están de frente para dirigir el servicio
aquí en frente. Es una gran bendición del Señor.
Así que, hermanos, siempre vamos a estar con ustedes. Espero que
ustedes estén prestos para escuchar el mensaje que sigue ahora. Vamos
a abrir en nuestras Biblias, en la primera epístola del apóstol
San Pedro, capítulo uno. En el segundo párrafo de este
capítulo, el apóstol nos habla acerca de la esperanza viva que
todos los creyentes tienen en el Señor Jesucristo. esta esperanza
viva revelada tanto a los profetas en profecía y a los santos apóstoles
en su plena revelación. Ahora nos ha extraído a nosotros
también este mensaje de la esperanza viva que cada uno de nosotros
tenemos en el Señor Jesucristo. Esto dice la Biblia, anhela mirar
los ángeles, anhela mirar los ángeles. El ángel o los ángeles, ellos
no sienten las mismas convicciones que nosotros porque ellos no
son humanos, nosotros sí. de manera que los ángeles a que
se refiere aquí, tanto como los ángeles de Dios que están a su
pronto servicio, pero especialmente habla de aquellos que predican
la palabra de Dios. Porque no hay un predicador verdadero
que no anhele la salvación de los hijos de Dios. Siempre cuando
nos ponemos aquí enfrente a predicar lo que deseamos de la salvación
de todas las almas que escuchan la palabra de Dios, Entonces,
de eso se trata. Cosas que desearon mirar en ese
tiempo los profetas, pero se les dijo que no a ellos, sino
a nosotros. Y le damos gracias a Dios por
esto. Y luego, entonces, en el siguiente
párrafo, a raíz de esto, de la buena esperanza, la esperanza
viva que tenemos, a raíz de esto ahora nos hace un llamado. el apóstol para enseñarnos esa
manera de vivir, para enseñarnos acerca de esa manera de vivir. No simplemente también es una
manera de vivir que se nos ocurre enseñar, sino que es a raíz de
nuestra redención en Cristo. Por esto entonces aparece ahí
este Nuestra redención en el versículo dieciocho. Al decir ceñidos lomo de vuestro
entendimiento, nos está diciendo de aquello que tenemos ya en
el Señor Jesucristo. porque todos los que están en
Cristo en posición de fe tienen todas estas bendiciones de Dios
y tienen garantizado la palabra de Dios a todos los que creen.
Entonces, enseña la manera de vivir, por ejemplo, ahí en esa
parte que empieza del 13 hasta 17, vemos que nos está diciendo
cómo debemos nosotros vivir en este mundo lleno de pecado. Dice que seamos obedientes y
que seamos santos y que seamos perfectos y todo cristiano en
Cristo es santo. Todo cristiano en Cristo es perfecto
en Cristo. No seríamos perfectos si nuestra
mente, si nuestro corazón, si nuestra fe estuviera dividido
creyendo una y otra cosa. Pero si todos creemos en el Señor
Jesucristo, entonces No estamos divididos, estamos firmemente
sólidos en la fe de Cristo nuestro Señor. Entonces a raíz de esto
nos da estas razones por las cuales realmente debemos descubrir
en nuestra propia vida, no es una orden, no es una ley, es
consecuencia es la consecuencia de nuestra redención o resultado
de nuestra redención en Cristo. En primer lugar, tenemos por
el precio de nuestra redención, así tenemos que ser en este mundo,
por el precio de nuestra redención. ¿Cuál es el precio de nuestra
redención? Dice el versículo dieciocho. sabiendo que fuiste rescatados
de vuestra vana manera de vivir la cual recibiste de vuestros
padres no con cosas corruptibles como oro o plata sino con la
sangre preciosa de Cristo como de un cordero sin mancha y sin
contaminación. Entendemos de esta manera entonces
de que nosotros con la conciencia de que ya somos redimidos Yo
no puedo hablar redención solamente de nuestra manera de vivir. Cuando
hablamos redención, hablamos de la redención completa de cada
uno de nosotros, la redención que Jesucristo realizó en la
cruz del Calvario por cada uno de sus elegidos. Así que hermanos,
allá nos dice de nuestra vana manera de vivir. Y esta vana
manera de vivir de la que somos rescatados o redimidos, de ahí
también consiste de nuestra redención completa. Porque las causas por
las que vivimos anteriormente en una vana manera de vivir realmente,
era consecuencia de nuestro pecado. Todavía no hemos sido redimidos. Todavía no hemos sido rescatados
de nuestros pecados. Pero fíjense bien que al ser
redimidos de nuestros pecados, aquellos frutos ya no quedarán
a reinar en nuestro corazón. Porque ya somos redimidos de
nuestros pecados por cuya causa vivimos tantas cosas. Esto se
refiere especialmente, particularmente de la religiosidad. la vana manera
de vivir. Así que, hermanos, la palabra
de Dios nos dice que esta vana manera de vivir lo recibimos
de nuestros padres. Primeramente, el pecado por naturaleza
lo recibimos de nuestros primeros padres, Adán y Eva. En el transcurso
del tiempo viene la ley de Dios y lo siguiente lo recibimos de
nuestros padres biológicos en religión. Porque cada persona en este mundo,
aunque no conozca a Dios, aunque no haya oído el Evangelio de
Jesucristo, Pero ellos siempre trataron de buscar a un Dios
para adorar. Sienten dentro de lo más hondo
de ellos la necesidad de un Dios que los proteja, que los oiga
y que esté con ellos. Esa es la naturaleza que el hombre
tiene. Por naturaleza somos pecadores. Y esto lo recibimos de nuestros
primeros padres a Daniela. Y por religiosidad lo recibimos
de nuestros padres biológicos. Aquellos que empieza desde Abraham
y Moisés y todos los profetas, los patriarcas y todos el pueblo
de Israel que recibió la ley de Dios para vivir. Así que entonces
todas esas cosas son a los que se refiere aquí la vana manera
de vivir. Pero como les decía, si no somos
rescatados de nuestros pecados, entonces no somos rescatados
de nada, ni de la mala manera de vivir, sino que vamos a seguir
viviendo. Porque según la Biblia, vemos
como enseña la Palabra de Dios de que algunas personas después
de convertirse, por ejemplo, los gálatas, los corintios, después
que escucharon el Evangelio de Jesucristo, volvieron otra vez
a retomar esa vana manera de vivir. Podemos enumerar esas
vanas maneras de vivir. Esa vana manera de vivir se trata
cuando nosotros en religiosidad creíamos que la circuncisión
puede salvarnos, puede justificarnos. Creíamos que el guardar día de
reposo, que es sábado, también serviría para nuestra salvación.
y los ayunos y muchas cosas más. Las comidas, las bebidas, los
vestidos, tantas cosas, tantas vanidades. Costumbres y tradiciones
de los padres. Pero gracias le damos al Señor
que por Jesucristo nuestro Salvador, ahora ya somos redimidos de esa
vana manera de vivir. Ahora no vamos a vivir vanamente. Ahora vamos a vivir conforme
a la Palabra de Dios, como resultado o consecuencia de nuestra redención. Ya no es una cosa que piensen. Hace una semana ahorita viene
una hermana y le dice al hermano Rogelio, oiga hermano Rogelio
es verdad que que así como yo no sé leer y no tengo Biblia,
es cierto que no es bueno no tener Biblia. ¿Es verdad que
si no tengo Biblia voy a ir a perdición? Era una hermana que no habla
español, no entiende español, no lee ni nada. Pero entonces
nosotros tenemos que traducirles el mensaje en maya. Y le dijimos
que no es cierto. No es cierto. La pobrecita se
quedó asustada. Andó preguntando y preguntando
si eso era cierto. Y le dijimos que nada de eso
es cierto. Así que muchas cosas se les ocurre
a la gente hasta hoy en día. Casi en la mayoría de las religiones,
entras allá, escuchan qué es lo que están diciendo. Escuchas
qué es lo que creen. En dónde están basando su fe
y su esperanza. Nosotros, como les decía, tenemos
una esperanza inmarcesible, incontaminada, incorruptible, allá en los cielos
con Dios. Cristo lo tiene guardado. Esto
se nos revelará al fin. Ese es el final de nuestra salvación,
o sea, de nuestra fe, que es la salvación de nuestras almas.
¿Cuál es la finalidad de esas obras? esa manera de vivir su finalidad
es cero no lleva a nada porque las cosas que Dios hizo los hizo
para que para que llegue el Evangelio hasta nosotros por ejemplo vamos
a pensar en aquello de los dones aquello de los dones sirven ahora
sirven ahora y son muy útiles no las rechazamos son útiles
Dios lo ha dado así pero todo esto va a pasar cuando venga
lo perfecto todo esto va a pasar se va a quedar atrás como un
juguete de niños así también las cosas que fueron dadas en
la ley de Dios no eran para salvar no eran para justificar era para
encerrar al hombre en el pecado muchos pensaron de que con eso
serían salvos pero eso no es cierto la ley controla el pecado
y recordemos pero no quita pecado lo controla encierra a los creyentes
para cristo la ley nos lleva a cristo es como un buen maestro
una buena nana que lleva a los niños al kinder. La ley de Dios
es buena, es santa, es perfecta. Sólo que las personas se basaron
en la letra y pensaron que cumplirla los haría justos y los haría
salvos. Resultó que todo es válido. ¿Por qué? Porque pasó su tiempo
por la llegada de Cristo. Cristo vino al mundo para salvar
pecadores. ¿Quiénes son estos pecadores?
Los que viven bajo la ley. ¿Quién es el que señala el pecado
como pecado? La ley de Dios. Sin la ley no
habría pecado. Pero por la ley hay pecado. Y
la ley no pasa por alto. Ninguna falla tiene que ser cumplida
perfectamente. Y nosotros no lo pudimos cumplir.
Lo que hicimos con la ley era desobedecerla. era violarlo. ¿Qué pasó con los pactos de Dios
en el antiguo pacto? Cada tiempo es violado, cada
tiempo es desobedecido y ese pacto tenía que pasar y pasó. y era el pacto de Dios, pero
pasó. Así lo hizo Dios de por sí. Es
para que se revele un nuevo pacto. Es el pacto eterno de la gracia
bajo cuyo pacto nosotros alcanzamos salvación por Cristo nuestro
Señor. Así que, antes de esto, hermanos,
memoricemos. Nosotros somos, éramos esclavos. éramos sujetos bajo ley, estábamos
viviendo en delitos y pecados, éramos hijos de ira, no sólo porque hacemos el mal
sino porque somos pecadores, porque también ahí hay un poco
de confusión, muchos piensan que Son pecadores cuando hacen
un acto malo. Y si no hacen ningún acto malo,
no son pecadores. Y es una equivocación, porque
somos pecadores por naturaleza. Por esa razón obramos mal, no
solamente en el mal que tiene un aspecto tan feo o tan malo,
sino también en el solo pensar, en el solo mirar, en hablar y
todo, pecamos. Somos pecadores por naturaleza. Entonces, hermanos, esa vana
manera de vivir no tenía valor ninguna para salvarnos. No tenía valor ninguna para hacer
que seamos justos delante de los ojos de Dios. No tenía valor para hacer que seamos santos. No nos santificó. No hizo nada
de eso para con nosotros. No hubo nada de cambio. ¿Por
qué? Porque la redención de cada uno
de los escogidos de Dios no tiene el precio de cosas corruptibles
como las obras, como nuestras obras. Nuestras obras son corruptibles. Nuestras justicias son corruptibles.
Nuestras prácticas religiosas todas son corruptibles. Sea más
bonita la religión pero es corruptible. No tiene ningún valor para llevarnos
a Dios. No tiene ningún valor para que
por medio de los cuales seamos aceptables ante los ojos de aquel
que es tres veces santo. No tenía valor. Por más grande
que sea el sacrificio que uno piense hacer por su salvación,
no tendrá ningún valor. No tendrá ningún valor. El precio
de nuestra redención, hermanos, no es plata, no es oro, no es
dinero. El precio de nuestra redención
es la sangre preciosa de Cristo. Como de un cordero sin mancha
y sin contaminación. Si hay algo sin mancha, es el
sacrificio de Cristo. Si hay algo sin contaminación
solo es el sacrificio de Cristo. Todo lo que nosotros podemos
dar es corruptible y ante los ojos de Dios esto no es meritorio
para nuestra salvación. No nos da derecho a la salvación. Así que la sangre preciosa de
Jesucristo es el precio de nuestro rescate, de nuestra redención.
Cuando somos rescatados de nuestros pecados, somos rescatados de
la esclavitud del pecado, del poder del pecado, del poder de
la muerte y de las costumbres también que es la vana manera
de vivir. Todos somos rescatados y cuando
hablamos de rescate Cuando se realiza un rescate, el que estaba
preso o el que estaba bajo esclavitud, en ese momento, en este instante,
él queda completamente libre. Y en nuestro caso, libres somos
porque Cristo nos hizo libres. Libres de culpas, libres de delitos,
libres de castigo, Libres de acusación porque los que están
en Cristo nadie los va a poder acusar. Libres de condenación
porque los que están en Cristo nadie los va a condenar porque
están en Cristo. La sangre preciosa de Cristo
es el precio de nuestra redención. Recordemos que la Biblia nos
enseña que la sangre de los toros de los machos cabríos no pudieron
quitar pecado. Entonces preparó a su hijo Jesucristo
dice así, más me preparaste cuerpo, quien habla el Hijo de Dios. ¿Cuál cuerpo? Su humanidad. Entonces de aquí que vengo Dios
para hacer tu voluntad. Esa voluntad cumplida es la voluntad
del Padre. Esa voluntad satisficiada es
la voluntad del Padre. Sus demandas y exigencias fueron
cumplidas todas en el sacrificio de Su Hijo Jesucristo. La Biblia
dice claramente que nuestros pecados fueron cargados sobre
Él. Él llevó nuestros pecados. Nuestras
debilidades y flaquezas fueron puestas sobre Él. Y Él murió
por nuestros pecados. Para que nosotros pudiesen ser
libres de todas esas cosas. De manera que, hermanos, nuestra
vida en este mundo es una vida de libertad, una vida de libertad. Si podemos llamar condición,
llámenlo como quiera, pero realmente el que ha sido convertido a Cristo,
su vida es producido por el Espíritu Santo. Y no hay otra ley más
grande que la ley del amor. Amor, ahí se consuma todo lo
que es la ley, ahí se cumple todo lo que es la ley. El apóstol San Pablo cuando hablaba
de los dones dijo también, si yo tuviera toda profecía, toda
ciencia, toda filosofía, y pero si no tengo amor, de nada me
sirve. De manera que la vida del cristiano
no es una vida que se basa en cumplimiento, sino que es obra
del Espíritu Santo. Dios va produciendo en nuestra
vida lo que es su voluntad, produce en nosotros así el querer como
el hacer por su buena voluntad. Hay personas que al hablarlos, a veces al hablarlos
sienten que son obligados, pero realmente decimos que no estamos
obligando. Nuestro deber es predicar la
palabra del Señor, y aquel que ama a Jesucristo, que ama a Dios,
aquel que ha sido redimido de sus pecados, aquel que está redimido
de su vana manera de vivir, ahora la nueva dirección que está llevando
es hacia Cristo nuestro Señor. No en otro rumbo, es solamente
a Cristo. Puesto los ojos en Él, que es
el autor y consumador de nuestra fe. Bueno, en segundo lugar,
Él es el medio por el cual creemos a Dios, Cristo el Señor. Él es el medio por el cual creemos
a Dios. La Biblia dice, Jesús dijo, creéis
en Dios, creed también en mí. Y luego también en Filipe se
nos dice que, nos dice que este, Tiene que
ser glorificado Dios en su Hijo Jesucristo. Todos se arrodillará
ante Cristo para dar la gloria a Dios. Si uno no cree a Cristo,
no cree a Dios. Pero si uno cree a Cristo, ha
creído a Dios, porque Dios está en Cristo nuestro Señor. Está en Cristo nuestro Señor.
Así no creemos a Él, pues no creemos a Dios. y por su medio
o su mediación creemos a Dios. Pero no sólo eso, por medio de
Él fuimos elegidos desde antes de la fundación del mundo. Según
Efesios 1, 3 y 4, fuimos elegidos desde antes de la fundación por
medio de Cristo. Por medio de Cristo Jesús podemos
conocer a Dios. y por medio de Cristo Jesús somos
justificados, por medio de Cristo Jesús somos redimidos y somos
perdonados, por medio de Cristo Jesús somos aceptos delante del
Padre, nos acepta como sus hijos, por medio de Cristo Jesús somos
adoptados hijos suyos, por medio de Cristo Jesús somos perdonados. Y por su medio seremos guardados
en toda nuestra peregrinación en este mundo por medio de Cristo
somos guardados. Y por su medio seremos glorificados
al final. Por su medio recibiremos esa
promesa que tenemos en la Sagrada Escritura que son la esperanza
viva guardada para cada creyente. por medio de Cristo. No podemos
alcanzar nada de Dios por otro medio. Dios resucitó de los muertos
a Cristo, es verdad esto, ¿verdad? Dios resucitó de los muertos
a Cristo, y Dios le ha dado gloria a Cristo, El que exaltó al Hijo
hasta lo sumo fue el Padre. El que resucitó a Cristo de la
tumba fue el Padre. El que le dio gloria ahora al
lado de Él en el trono es el Padre. Es el Padre. Así que Cristo es exaltado. Nuestro gran Dios y Salvador
está a la fiesta de la Majestad en las alturas. y Él está intercediendo
por cada uno de los que creen. A ninguno de los que creen en
Él descuida. Él lo tiene todo en cuenta porque
nos conoce. La Biblia dice que Jesús, nuestro
Señor, nuestro gran Pastor, conoce a sus ovejas y sus ovejas le
conocen a Él. Imagínense eso. Yo que soy tan
insignificante Dios me conoce, Cristo me conoce, me conoce. No solamente me conoce de vista,
sino a cada, a todos los que creemos a Él, escúchelo bien,
nos conoce en pacto eterno. ¿Puedes imaginar eso? Nos conoce
en pacto eterno, y pacto eterno de gracia. ¡Qué bendición tan
grande! Si Cristo me conoce en pacto
eterno, entonces esto envuelve una gran seguridad, una gran
solidaridad para cada uno de los que confían en Él. No los
suelta, no los descuida, sino que los tiene bien vistos delante
de Él. Los conoce en pacto eterno de
gracia. Nuestro Gran Pastor nos conoce
en elección, nos conoce en llamamiento, nos conoce en propiciación porque
antes de morir en la cruz, Él sabía por quién derrama cada
gota de su sangre. Y este conocimiento es demasiado
grande y maravilloso para nosotros. Pero esto es la verdad. Cristo
nos conoce, nos conoce en propiciación. nos conoce en llamamiento sabe
por quienes vino y el vino a llamar a aquellos por quienes vino y
aquellos por quienes vino al llamarlos acuden a el escuchamos
esa ese como se llama es un verso del canto dijo acepta acepta en el popular dice acude, acude,
tienes que venir. Porque tenemos una salvación
tan grande y un Salvador poderoso, todopoderoso, y su obra es eficaz. Él no hace una invitación para
venir. Él no está suplicando a nadie. Como les decía, Él vino a salvar
y va a salvar. Tú no vas a hacer ninguna obra
para que hagas posible tu salvación. Él lo hizo todo en la cruz. Él
lo hizo todo en la cruz. Ahora es lo que tienes que creer.
Tienes que creer, pero tienes que venir a Él. Él dijo que vengas. Y tú tienes que venir. A quienes
dijo que venga, a sus escogidos, a sus ovejas que estaban perdidos
en el mundo. Así que hermanos, el Señor Jesús
no es un triste suplicante. Por esa razón, si te digo que
acéptalo, ahora de quien es la decisión? Mío. Yo decido si acepto o no porque
me dijeron que yo acepte. ¿Y qué tal si no lo quiero aceptar?
Pero Cristo no es de ese tipo de salvador. El salvador no pide
permiso. Llama, salva, sana y guarda. Glorificará en el final. Así
que hermanos, Dios le ha dado gloria a Cristo. El Cristo exaltado. Dios ha hecho Señor y Cristo
hasta lo sumo. Dios ha sido puesto a la diestra
del Padre. Por esto sabemos y creemos que
Cristo está sentado a la diestra de Dios para siempre. Y es el
que intercede por nosotros. Por lo cual nuestra fe está firme. firmemente fundado en esa persona,
que es la roca de nuestra fe. Está firmemente fundado en la
roca de nuestra fe, que es Cristo Jesús. Y estamos tan seguros
de esto. No lo digo para que imitemos
a San Pablo, pero si lo imitamos, eso es correcto. Es correcto. Él dijo, yo sé a quien he creído
Y yo estoy seguro de que Él es poderoso para guardar mi depósito
en aquel día. Como soy ahora, como seré mañana,
donde estaré, donde quiera, pero Cristo guarda nuestro depósito. Nuestro lugar, nuestra posición
en Él, Él lo está guardando. Así que, nuestra fe está fundada
en Él. no en nuestra vana manera de
vivir. Muchos después de creer aún este
mensaje, muchos después de escuchar esta palabra insisten en pensar
de que su comportamiento lo va a recomendar a Dios. Nuestro
comportamiento debe ser todo sano y debe ser todo para la
gloria de Dios. Pero en ningún instante de nuestra
vida vamos a confiar que esa esa manera de vivir nos recomiende
a Dios, porque eso no sucederá jamás. El que nos recomienda
es la obra de Cristo. Es la obra de Cristo, no es el
nuestro. Hay la tercera razón por la cual
vivimos en este mundo. Esto es la purificación de nuestras
almas. Cristo el Señor nos purificó. Todo el que está en Cristo es
puro, porque por medio de Él somos purificados. Su palabra
nos purifica. Su persona nos purifica. Su comunión
nos purifica. Así que hermanos, todos los creyentes
son purificados en Cristo. En otras palabras, el Espíritu
Santo de Dios ya nos capacitó. Ya nos hizo capaces ahora. De
antes no éramos capaces. No queríamos el Evangelio. No
queríamos ni siquiera ver a los que predican. No queremos oír
nada de ese libro. Completamente no queremos nada. No queríamos nada completamente. Éramos como los muertos en la
tumba. Llévales comida, pero no lo van
a querer. No lo desean. No lo desean. Mas si ahora ya venimos a Cristo,
ya somos creyentes en Cristo, creemos al Señor, es porque Dios
ya nos capacitó. Ya hemos sido capacitados, lo
que significa purificados. Ya hemos sido capacitados para
venir, para creer. Somos capacitados para arrepentirnos
de nuestros pecados. Ahora somos capacitados para
vivir lo siguiente que es nueva vida en el Señor Jesucristo. Ya somos capacitados para esto. Lo hizo el Espíritu Santo y lo
hace cada día. El Espíritu Santo sin que nadie
Te de órdenes sin que nadie te pegue. El Espíritu Santo, su
bendito trabajo es esto. Esto disparejo. El Espíritu Santo
va cincelando, va cincelando hasta dejarlo al final perfecto
para Cristo nuestro Señor. Su obra para con nosotros es
una obra gloriosa y maravillosa. Y a veces no queremos esa obra. Nos está cincelando, pero a veces
nos duele, pero es la obra del Señor. y así tiene que ser porque
obras iguales. El Espíritu Santo no hace nada
fuera del propósito del Padre ni fuera del propósito del Hijo.
Todo lo que el Espíritu Santo enseña es de Cristo nuestro Señor. Así que hermanos, esto significa
que ya hemos sido capacitados para conocer, para hacernos de
Cristo, y para caminar como Su voluntad quiere, para comportarnos
como es digno de Él, ya somos capacitados. Somos capacitados,
especialmente aquí nos dice, para el amor fraternal, para
el amor fraternal. ¿Qué significa amor fraternal? Amor de hermanos. Amén. Amor
de hermanos en Cristo. ¿Dónde está el Espíritu de Dios?
Ahí, ahí, ahí. En todos está. Y es un mismo
Espíritu. Y no nos lleva a otra dirección,
sino al amor fraternal. Y ese amor no es fingido. Es amor verdadero. Porque este
amor que tenemos entre hermanos en Cristo no proviene de la carne. No es el producto de la carne.
Ese amor se origina en Dios. Dios es la fuente de amor, y
de su fuente nosotros recibimos ese amor, y por eso damos también
amor. ¿Quién nos amó primero? Dios. Nosotros no le amamos a Él primero,
Él nos amó primero a nosotros, luego nosotros lo amamos entonces. Así que este, todo esto Principia
en Dios. El instrumento de nuestra capacitación
fue la palabra del Evangelio. El medio es la predicación de
la palabra de Dios. El poder es del Espíritu Santo.
Cuando el Espíritu Santo revela a Jesucristo al corazón de sus
escogidos por la predicación del Evangelio, entonces el creyente
ya es listo para una vida nueva. no volver otra vez a la vana
manera de vivir como vivíamos antes, embanecidos en nuestro
razonamiento. A raíz de lo cual se nos exhorta
ahora amarnos unos a otros como señal, porque ese es el mandato
de nuestro Señor Jesucristo. Vean lo que nos dice en San Juan
13, 34 y 35. Ahí lo tenemos, dice así. Un
mandamiento nuevo os doy, que os améis unos a otros, como yo
os he amado. Que también os améis unos a otros.
En esto conocemos todos que sois mis discípulos, si tuvierais
amor los unos con los otros. En esto es identificado el que
ya ha sido redimido. Que tenga amor verdadero. en su corazón. El amor es lo
que da sentido a la vida del creyente, no otra cosa. Antes
que las obras debe estar el amor. Bueno, también somos renacidos,
la cuarta cosa, también somos renacidos, es la cuarta razón
por la que nuestra vida debe ser libre de costumbres. debe ser libre de vana manera
de vivir. Somos renacidos. Renacimiento
significa regeneración o nuevo nacimiento. Esa regeneración,
este nuevo nacimiento no es de origen corruptible,
es de origen incorruptible. Incorruptible significa que no
se corrompe. no se deshace, sino permanece
para siempre. Permanece siempre puro porque
es de origen que no se corrumpe jamás. Es algo que permanece
para siempre. Y esto lo recibimos por la palabra
de Dios, que vive y permanece para siempre. Si leemos en Santiago
capítulo uno, versículo dieciocho, nos da este detalle. Versículo dieciocho nos dice,
Él de su voluntad nos hizo nacer por la palabra de verdad para
que seamos primicia de sus criaturas. Él de su voluntad nos hizo nacer
de nuevo. Sabemos que, sabemos nosotros
que para que, para que uno sea hijo tiene que nacer y para que
uno sea padre también tiene que engendar hijos. Tiene hijos que
le digan padre. También el hijo debe nacer para
que entonces se entienda de que tiene padre y tiene madre. Así
también nosotros hemos renacido. Esto es lo que preguntó entonces
Nicodemo cuando le dijeron es necesario nacer de nuevo. No
te maravilles de que te lo dije, no te asustes, porque de por
sí es necesario nacer de nuevo. Luego nos dice, los que son nacidos
del Espíritu, son del Espíritu, los que son de la carne, pues
carne no cambia para nada. Lo que es carnal, siempre va
a ser carnal. Y ahí tenemos entonces la razón de la religiosidad,
donde hay mucha carnalidad. Porque no hay un nuevo nacimiento
allá. Solamente sigue las indicaciones de la carne y los gustos de la
carne. Es lo que hacen. Es lo que procuran hacer. Pero
todos los que estamos en Cristo hemos nacido de nuevo. Lo que
no entendió entonces Nicodemo. ¿Cómo puede hacerse esto? Es
que aquí nos habla de un nacimiento espiritual. No de un nacimiento
físico. Dos cosas. Si nazco de nuevo
físicamente, seré siempre lo mismo. ¿No es verdad? Seré siempre
pecador. Tengo que nacer de algo más allá
de eso, no de la misma naturaleza, sino de otro. Ahora, si muero
y voy a resucitar en la misma condición que estaba yo, antes
de morir, seré siempre pecador. No cambia nada. Pero todos los
que Dios ha regenerado han nacido de nuevo. ¿Saben cuándo nacimos? ¿Dónde nacimos? ¿De quién nacimos? Nacimos de Su Palabra. Su Palabra
nos hizo. Ahora ya nos hizo Sus hijos.
Ahora ya somos Sus hijos. Su Palabra nos hizo Sus hijos. ¿Cómo hace el novio a la novia?
Con sus palabras, con sus palabras. Dios, ¿cómo nos hizo? Con su
palabra, nos hizo nacer de su palabra. Y ahora aquí estamos,
somos sus hijos, nacidos de nuevo por la palabra de su poder. Bien le dijo, le dijo a sus apóstoles,
Bien dice el evangelista San Juan, Él vino a los suyos, pero
aquellos que son suyos, sus parientes, su gente, su pueblo, no lo recibieron. Pero fíjense bien, dice el Señor,
más a todos los que le recibieron, todos los que creen en su nombre,
¿qué les dio? potestad para ser hechos hijos
de Dios. Así que, hermanos, tan precioso
es pensar y sentir esta realidad en nuestro corazón de que Dios
nos haya hecho sus hijos. ¿Cómo nos hizo sus hijos? ¿Cómo
nos hizo nacer de nuevo? Por su palabra. Y esa palabra
no solamente lo oímos, no solamente lo leímos, esa palabra lo trajo
el Espíritu Santo a nuestro corazón. Eso es lo incorruptible. Lo reveló
Dios a nuestro corazón. Eso es lo incorruptible. Porque
no es un capricho de nosotros y dijimos, creo que voy a creer. No. sino que hasta que Dios lo
reveló a nuestro corazón hasta que el Espíritu Santo iluminó
nuestro corazón nos hizo mirar entonces creemos ahora somos
hijos de Dios hemos nacido de nuevo y por estas cuatro cosas
que les he dicho por estas cuatro cosas que les he dicho esas nos
dan la razón de que nuestra vida ahora en Cristo son la consecuencia
de nuestra redención, consecuencia de nuestra redención, no es ley,
es la consecuencia de nuestra redención en Cristo. La palabra
de Dios sólo la palabra de Dios vive y permanece para siempre. Para terminar quiero decirles,
toda la gente que se gloría en sus obras, en sus propias obras
de justicia Todas las personas que se van a glorían en esas
cosas, en sus haceres, en sus cumplimientos, en sus rituales
y ceremoniales, todas las personas que confían que está su gloria
sobre esas cosas, van a acabar sin esperanza, sin salvación
y sin Dios. Porque toda esa, la gloria del
hombre en esas cosas, dice la Santa Biblia, es como la flor
de la hierba. Todo es como la flor de la hierba.
¿Qué le pasa a la flor? Por más bonita que sea, pero
se marchita luego a quemar. Así es los que se glorían en
la vana manera de vivir. Por esto, mis hermanos en Cristo,
espero que todos ustedes, cada día, estén aprendiendo estas
cosas y vivan en amor, en paz, en gozo, y buena esperanza en
Cristo. Que el Señor les bendiga.
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