Gracias a Dios, hermanos, que
nos permite otra vez visitarles a ustedes. Está conmigo hermano
José Denis, que me trae siempre, y hermano Walter, allá de Calcutá,
y hoy viene conmigo hermano Franklin también. es la creo que la primera
vez que viene aquí con nosotros aquí en este lugar gracias al
señor porque en los pueblos hay muchos problemas de la enfermedad
pero ahí vemos la bendición del señor cuando está uno curado
de esas cosas nos ha bendecido el señor porque nos permite estar
siempre de pie en esta gracia a lo que él nos ha llamado. Y hermanos, en esta preciosa
mañana, voy a invitarles a leer conmigo aquí en el libro del
profeta Joel. Libro del profeta Joel. Espero que en esta mañana ustedes
también hayan venido con el corazón sediento de escuchar la palabra
de Dios. Aunque mi manera de expresión
no es tan igual como lo de ustedes acá en Mérida, sin embargo, trato
de hacerlo como lo dicta el Espíritu de Dios. en esta mañana vamos
a leer en esta parte de la escritura vamos a leer desde versículo
once hasta versículo trece dice así la santa biblia y jehová dará su orden delante
de su ejército porque muy grande es su campamento Fuerte es el
que ejecuta su orden, porque grande es el día de Jehová y
muy terrible. ¿Quién podrá soportarlo? Por
eso, pues, ahora dice Jehová, convertíos a mí con todo vuestro
corazón, con ayuno y lloro y lamento. Rasgad vuestro corazón y no vuestros
vestidos. Y convertíos a Jehová, vuestro
Dios, porque misericordioso es y clemente. Tardo para la ira
y grande en misericordia, que se duele del castigo. Alabo el nombre del Señor por
esto. este en esta mañana pues vamos a estar meditando especialmente
del versículo trece estamos aquí estamos aquí con
un firme propósito y ese propósito es un propósito que siempre les hemos visto a ustedes
aquí congregándose y eso es para mí una gran bendición. Alegra
nuestro corazón los pastores ver siempre a los hermanos activos
en la iglesia del señor y es un gran gozo para nosotros ver
eso. Pero hermanos, realmente La mente carnal, la mente de
la carne, de la carnalidad, no le ha gustado nunca eso de ser
fiel en su devoción, en su entrega a las cosas de Dios. La mente carnal siempre le ha
gustado ser simplemente un religioso. Damos gracias a Dios de que nos
ha tocado a nosotros este don de su gracia, lo cual es el único
que obra en nuestras vidas desde lo interior de nosotros, en nuestro
corazón, esa gracia de poder creer a él y de poder venir a
él con la certidumbre puesto aquí dentro. Pero déjenme decirles
que la mayoría de las religiones que son religiones de verdad
no están acercándose a Dios así como Dios quiere. Por esto Quiero que ustedes compartan
conmigo esta enseñanza. El profeta Joel, según su historia,
es el profeta que tuvo más éxito que los demás profetas en su
mensaje. El profeta Joel, mientras él
meditaba por el castigo actual en el pueblo de Israel, le vino la palabra de Jehová y Joel declara al pueblo castigado. Estaban en un tiempo de sufrimiento
por la plaga. Esa plaga es comparable con sus
enemigos que entraban a destruir. Entonces él, además de eso, el
castigo presente, Joel, les anunció de que todavía no ha venido el
juicio, ese no es el juicio. Todavía ese no es la revelación
de la ira de Dios para juicio final. Además de su castigo presente,
se le anunció de que está viniendo el día grande de Jehová, que
es grande y temible. Bueno, pero además, en base de esto, a través del profeta, Llama entonces
al pueblo a convertir su corazón a Dios. A veces los castigos, los azotes
no causan eficacia de tal manera que convierte al corazón. Y lo probamos nosotros con nuestros
hijos a veces que no nos obedecieron, aunque lo pegábamos. Pero la naturaleza de la predicación
de la palabra de Dios es anunciar primeramente al hombre su pecabilidad. El castigo y el juicio de Dios
que acarrea su pecado. Y luego el llamado de Dios que
llama al hombre aunque así siendo pecadores como dice la Biblia
siendo aún pecadores Cristo murió por nosotros siendo aún pecadores
y estaban viviendo en pleno castigo se les anuncia el juicio venidero
entonces en base de esto el profeta a través de él, Dios llama al
pueblo castigado al arrepentimiento. Y también declara al pueblo la
misericordia de Dios. También declara al pueblo la
misericordia de Dios. Entonces, es ahí donde nosotros
debemos meditar la condición de cada pecador
delante de Dios. Eso es lo mismo. Es lo mismo. Eso es la condición de cada pecador
delante de Dios. Entonces viene la predicación.
A veces el hombre se acerca a Dios sin hacer caso, sin hacer caso. a la causa de que ha de venir
juicio de Dios sobre él, se acerca a confesar su fe sin hacer caso
nada de lo que es el pecado. O si no, a veces a través de
la predicación que oye, vas a confesar su fe para huir
del castigo. del infierno porque dice que
va a ser horrible, entonces yo tengo que confesar mi fe. Hay otros que tal vez para ganar
el cielo o el perdón de Dios hace esa confesión de fe, dice
que cree. y no es verdad porque no hace
caso primero a la causa por lo cual ha de ir ante el juicio
y ha de ser castigado. Por esta razón entonces esos
dos versículos parece que son repetidos casi lo mismo porque
dice versículo doce, por eso pues ahora, por eso, ¿qué es
eso? por eso del día grande de Jehová. Por eso, pues, ahora dice Jehová,
dice Jehová, convertíos a mí con todo vuestro corazón, con
todo vuestro corazón, con ayuno, con lloro y con lamento. Parece que aquí este versículo
se especifica más con el versículo trece, que parece repetirlo,
porque dice, rasgad vuestro corazón, no vuestros vestidos. Convertíos a Jehová, vuestro
Dios, porque misericordioso es y clemente. Tardo para la ira
y grande misericordia y que se duele del castigo. El primer
versículo nos presenta el llamado de Dios a la conversión, a una
conversión genuina, a una conversión verdadera del corazón. Y el siguiente versículo especifica
cómo es esto, cómo es esa conversión. por eso dice rasgar vuestro corazón eso significa que el primer la
palabra del primer versículo no es un llamado para ser religioso
es un llamado para convertirse a cristo es un llamamiento para
convertir el corazón se trata de conversión no se trata de
practicar religión, sino de convertir su corazón y garantiza la misericordia
de Dios como la base fundamental para la esperanza del pecador
penitente, es decir, penitente, el arrepentido pecador. Entonces,
hermanos, por esto el mensaje de Joel es el mensaje de llamamiento a la verdadera piedad. El mensaje de Joel es el llamamiento
a la verdadera conversión y es mensaje de Dios. Esto es una
exhortación al castigado pueblo para volver su corazón a Jehová. Yo sé que ustedes aquí son creyentes,
también yo y los que vienen conmigo son creyentes, pero hay una lección
que estamos aprendiendo nosotros aquí en este discurso. Y esto es lo que todo ser humano
debe saber, de que su piedad, su conversión sea real, no sea
religioso, sino sea genuino hacia Cristo, nuestro Salvador. En primer lugar, tenemos la exhortación
a la conversión. Esta exhortación es para convertirse. Dice Ayá Conyoro,
ayuno y lamento. Ayuno significa hambre. hambre. Regresa, retorna tu corazón. Retorna tu corazón, tu voluntad con hambre. ¿Quién, quién no se rinde delante
del poder del hambre? Así que, cuando esto ocurre en
nuestro corazón, por esa profunda necesidad que tenemos de venir
a Dios, entonces vendremos a Dios con todo nuestro corazón. Con
ayuno, dice, con hambre. También dice con sed. El sediento
necesita agua, el hambriento necesita pan. Pero en esta ocasión,
esta es una figura de la profunda necesidad de salvación del pecador
que acaba de oír cuál es el juicio de Dios, cuál es la consecuencia
de su pecado y cuál es su castigo. Y lo que lo espera es el día
de la ira de Dios. Entonces este llamado no se trata,
un llamamiento a la religión. ¿Cómo llaman ustedes aquí en
Mérida eso de la fe en Cristo? De estar con Cristo, estar en
este culto. ¿Ustedes lo llaman religión?
¿Cómo lo llaman ustedes? ¿Lo llaman religión? Aunque llamaríamoslo así, religión,
porque es seguimiento, religión es el
seguimiento hacia una persona. Nosotros seguimos a Cristo. Aunque
lo llamemos religión, pero es una religión muy distinta, única,
y es verdadera. Es verdadera. Entonces, pero
este llamamiento no es a la religión, no a profesar, no a ejercer,
no a cambiar formas de vida externa, no a cambiar conductas morales,
no a esto llama. El llamamiento es un llamamiento
fiel al arrepentimiento y el que se convierta a Dios tiene
que ser también fiel. y para ser fiel no podemos serlo. Y si podemos ser fieles para
venir a Cristo, esto es obra divina en nuestro corazón. No
es eso grandioso, es obra divina en nuestro corazón. ¿Cuánta libertad
siente el hombre para venir a Cristo? Cada día, ¿no es cierto? Pero
¿cuánta hambre tiene para hacerlo? También, ¿cuánta sed siente para
venir a Cristo? También tiene sed de Cristo.
Porque esto es obra de la gracia divina de Dios en nuestro corazón.
Entonces, esto no se trata de cambiar conductas, vidas externas,
la moralidad, sino aquí demanda la conversión del corazón. Para
que sea verdadera piedad, tiene que ser la conversión del mismo
corazón. ¿Dónde está arraigado el pecado?
¿En la mente? No. ¿En las manos, en los hechos? No. En el corazón. Sale de un lugar el pecado. Esta
es la naturaleza pecaminosa en el corazón. Ahí está arraigado
el pecado. Entonces, ¿qué es lo que se tiene
que quitar? ¿Las obras o la raíz? La raíz. La raíz. Por esa razón llama a convertir
el corazón, a convertirse de todo corazón a Cristo Nuestro
Señor. El arraigo del pecado tiene que
ser convertido, donde se arraiga el pecado tiene que ser convertido
a Cristo. a Jehová. ¿Qué es lo que Dios
ve de nosotros? Nuestras obras, no. Antes, lo que ve es nuestro corazón. ¿Dónde escudriña Dios al hombre? Es en el corazón. Entonces, Dios
ve que el pecado está ahí. Viene Viene Caín y hace su altar
sin hacer memoria ni conciencia de que él es pecador y de que
así sin sacrificio no se acerca uno a Dios. Viene olvidando todo
eso que es pecado. Pero viene Abel, lo primero que
hace es sacrificio por su pecado. para darnos a entender de que
no nos acercaremos a Dios sin sacrificio nos acercamos a Dios
nosotros por el sacrificio de nuestro Señor Jesucristo así
nos acercamos a Dios no tratamos de hacer obras para hacer bonita
la religiosidad la religiosidad siempre es externa no es interna
nunca dice la verdad la religión Así que donde está arraigado
el pecado tiene que ser roto. Tiene que ser roto. Imagínese
arrancar raíz en un lugar. Si arrancas un árbol desde la
raíz vas a romper la tierra. Pero es una figura nada más.
Hay que romper el corazón. Hay que rasgarlo. y nada lo puede hacer. Eso nos explica entonces el versículo
13 y nos dice que esto que acabo de decir, que es el versículo
12, no se trata de práctica, no es algo posible de practicar,
no se puede practicar. No se puede practicar, está muy
lejos de nuestro alcance hacer esto, producirlo en nosotros
por nuestras obras. Si esto no es producido en nuestro
corazón, jamás lo mostraremos para afuera hasta que sea producido
por la gracia de Dios en el poder del Espíritu Santo. Así que tiene
que ser convertido a Cristo, a Jehová, lo que Dios está escudriñando. La verdadera conversión es lo
que demanda entonces Dios a todos. Los que todavía no han creído,
los que creen, nos da la ocasión para hacer conciencia de nuestra
fe en el Señor Jesucristo. Nos da motivo para pensar y preguntar
verdaderamente, ¿he venido a Cristo o he venido a la religión? ¿Verdaderamente estoy hambriento de Cristo? ¿Es a Cristo
a quien vengo? ¿O estoy practicando nada más venir
a Él? Lo que dijo el versículo 12 verdaderamente,
si se queda así, resulta como que Dios nos manda a practicar
esto, ¿no es cierto? Pero lo especifica en el versículo
13, entonces, ahí no dice que eso no es una práctica. No es
una práctica. Una práctica religiosa es muy
fácil. Todos lo pueden hacer. ¿Qué dice
la Biblia? La Biblia verdaderamente dice
que hasta los demonios creen, ¿o no? ¿Sí lo dice? ¿Dice la Biblia que hasta los
demonios creen? Sí. Sí lo dice. Hasta los demonios
creen. Es una práctica fácil. Yo lo
practiqué. Yo lo practiqué. Muchas veces
lo practiqué. Yo sé de todas esas prácticas.
Yo sé golpear mi pecho y decir que he pecado y no era cierto,
no era verdad. También dije que he pecado y
no era verdaderamente el pecado que dije, son otras cosas. Dije también estoy arrepentido
y en realidad no tengo la idea que es el arrepentimiento. Todo
eso fue falsedad porque era religión. Lo mismo puede suceder a cualquiera persona que venga
a Cristo sin pensar esto. Su piedad hacia a Dios, a venir
a Dios, tiene que ser genuina. Bueno, ahora, el segundo, el
segundo lugar, vamos a ver entonces la verdadera piedad. Rasgad vuestro
corazón, no vuestro vestido. Aquí nos da el detalle. cuál
es el detalle que nos está dando, no cambio exterior, no es cambio
exterior. La verdadera piedad inicia en
el corazón roto, la verdadera piedad inicia en el corazón quebrantado,
inicia en el corazón contrito y profundamente humillado, no
una humildad practicada también, porque hay quienes se hacen humillados
aunque no son humillados por nada, pero esto es lo que es
la verdadera piedad. que inicia en el corazón roto,
quebrantado, contricto, profundamente humillado. ¿Dice la Biblia esto? ¿Sí o no? ¿Ya lo leyeron? Salmo 51, ¿lo leyeron? Versículo 17, ¿ya lo leyeron? Tiene que ser así. Eso no es práctica religiosa,
es el efecto Es el efecto causado dentro del corazón por la convicción
de los delitos y pecados vistos dentro del corazón por el hombre
mismo. Dios lo ha visto, siempre lo
ha visto, siempre está delante de sus ojos. Pero el hombre va
a ver, solo va a poder ver esa maldad que está dentro de su
corazón cuando sea humillado. Cuando sea humillado. por la
luz del mensaje de la cruz de Jesucristo, iluminando el corazón,
mostrándole al hombre su pecabilidad. Sólo así va a poder mirar la
maldad de su corazón, por la luz del mensaje de la cruz. Cuando
uno es iluminado por esa luz del mensaje del Evangelio de
Cristo, Entonces el hombre va a poder mirar qué es lo que hay
dentro de su corazón. Yo en verdad he vivido, toda mi
vida he visto gentes que después de una borrachera terminan en
el bote. Mi papá era así. Cuando yo era
chamaquito como de 12 años, mi dinerito que yo ganaba lo guardé
siempre, lo guardé. Y un día amaneció y nos avisaron
que mi papá ya lo habían traído a Mérida, hace muchos años esto,
como 50 años ahorita de que él está en la cárcel. Tuvimos que
vender cada cosa, hermanos, porque él está ya en la cárcel. Está
llorando. Dijo, por favor, sáquenme, hijo,
por favor. ¿Y qué voy a hacer yo con mi
edad tan pequeña? Mi pobre mamá tenía que buscar
cosas que vender. Lo vendimos y ella vino. Buscó a alguien. un abogado para
que la asesore para ver cómo hacer eso. Entonces dijo mi mamá que mi papá estaba
angustiado allá y gritaba que se arrepentía por haber hecho
tal cosa. Cometió un delito y lo trajeron. Tuvo que pagarlo y dice, por
favor, por favor, estoy pereciendo dentro de esta cárcel, no es
mi lugar, no me gusta, me siento angustiado y necesito salir pronto. Entonces pagaron su cautión,
la multa, y luego entonces salió. Ahora, ¿qué diremos a esto? ¿De qué tenía miedo él? del castigo, pero no tuvo miedo de la causa
que lo llevó allá. La causa que lo llevó allá es
el pecado, el delito que cometió. Más teme al castigo que al delito. Hermanos, no les estoy engañando.
Dentro de muy pocos días cometió otro y volvió a ir. Y así crecimos,
todos mis hermanitos y yo. Así pasamos la vida hasta que
somos grandes. Siempre dijo que se arrepintió
de haber hecho eso, pero no era verdad. Lo mismo pasa con la mente carnal
imaginando de que sí está en verdad con Cristo. si ha venido
realmente a Cristo, cuando ha venido simplemente a ser religioso,
a seguir a Cristo nada más. Muchos siguieron a Cristo aquel
día, ¿no es cierto? Pero cuando Cristo declaró la
verdad ante ellos, que come mi cuerpo y bebe mi sangre, a muchos
no les pareció esto. Luego la Biblia dice, todos los
que lo seguían, muchos retrocedieron atrás. Solo perseveraron aquellos
que Él ha escogido. ¿Entienden? Y así pasa también,
realmente así pasa. A los que Dios ha llamado, también
Dios les da la gracia para que suceda este proceso en su corazón. Aquello que demanda rasgar vuestro
corazón y no vuestro vestido. Esto es el efecto de la convicción
de los delitos y pecados vistos dentro del corazón del hombre.
Como les dije, les vuelvo a repetir, cuando el corazón es iluminado
por el mensaje de la cruz de Cristo. La verdadera piedad es el principio
interno, no es el vestido, ni la obra. Es el principio interno,
todo lo que la vida dice acerca de la conversión no es una práctica,
es una verdad necesaria. Es una realidad que debe acontecer
en el corazón del penitente. Así que hermanos, la palabra
de la cruz de Cristo ilumina nuestro corazón. La Palabra de
la Cruz de Cristo persuade nuestro corazón. El Espíritu Santo que
habla al creyente, el Espíritu Santo que aplica la verdad en
el corazón del creyente, produce en el creyente, lleva en el corazón
del creyente esta gracia de la conversión. Ustedes se acuerdan
cuando el apóstol San Pedro estaba predicando Ante la multitud,
su primer mensaje en Hechos Apostólicos se localiza en capítulo dos.
Mientras él predicaba, dijo, este Jesús a quien ustedes habéis
sido matadores, entregadores y matadores, Dios lo ha levantado,
ha resucitado a los muertos. ¿Qué sucedió en el corazón de
aquella gente al escuchar esto? Ustedes que lo entregaron y lo
mataron. A este que ustedes entregaron
y mataron ya resucitó. Dios lo levantó a los muertos. Ahora, ¿qué van a decir? ¿Qué
dice la Biblia respecto a esta gente? Dice la Biblia, se compugieron
de corazón. Se compugieron de corazón. ¿Qué
es eso de compugir el corazón? Fueron quebrantados sus corazones
por ese mensaje. El corazón rebelde y duro ha
sido roto bajo la luz de este mensaje que escucharon. Y preguntaron
a los apóstoles y dijeron, varones hermanos, ¿qué haremos? No tenemos escape. ¿Qué significa
esto? Aceptación de culpa. aceptación
de culpa, reconocimiento de delito. Ahora, ¿cuál es el remedio? ¿Cuál es el escape? No hay. Solo se les dijo una. Arrepentíos. Arrepentíos. Un Dios justo, santo,
fiel. Un Dios verdadero. Es nuestro
Dios, es el único, justo y verdadero. Ese Dios nuestro no solamente
es misericordioso, también es Dios de ira, pero está lleno
de misericordia. Nunca castiga al hombre sin llamarlo
primero y decir convertiós. Y esto es lo que estamos viendo
en esta mañana en la Biblia. Ahí está entonces ese quebrantamiento
del corazón cuando se les dijo esto. ¿Qué nos dicen las escrituras
acerca de esto? Y muchos fueron añadidos en aquel
día. Muchos fueron añadidos aquel
día. ¿Creyeron al Señor? Sí, creyeron al Señor. ¿Fueron
bautizados? Sí, fueron bautizados. Ahora
predica el otro apóstol, Esteban. Esteban predicó también. Esteban
declaró el pecado en los hombres. Pero ellos no se conjugaron de
corazón, fueron endurecidos y crujían sus dientes porque les decía
que no obedecieron la ley ni se convirtieron su corazón. Ustedes
son incircuncisos de corazón, eso significa no está convertido
su corazón. Aunque están practicando las
cosas ordenadas en la ley, sin embargo su corazón siempre queda
ahí con sus delitos y pecados. Eso no les gusta oír. ¿A quién
les gusta oír esto? La religión es la religión muy
bonita. Mira qué bonito que está adornado.
Tus buenas obras son tan buenas, seguramente que puede servir
como méritos para que ganes el perdón de Dios, porque son muy
grandes tus obras. Eso podría uno decir. Pero no
está convertido su corazón. ¿Qué va a ganar con esto? completamente
nada. Es inútil para la salvación. Es inútil para la justificación. Todo es inútil cuando es solamente
obras, sin la conversión del corazón. Es lo que vemos en las
escrituras. Tiene que haber este quebrantamiento. La verada piedad y la conversión
es un acto interno del corazón quebrantado, profundamente humillado. David es uno de esos. En Salmo cincuenta y uno, podemos
leer el uno hasta diecisiete después de de confesar y de demostrar
su necesidad de son el corazón quebrantado, el corazón contrito, el corazón
humillado. Este no lo despreciarás, oh Jehová. Y esto es lo que Dios demanda
aquí, la conversión de nuestro corazón, no nuestra práctica
religiosa. Esto lo declaró en el libro de
Isaías capítulo uno. Ya me cansé de todo esto. ¿Por
qué me van a traer más vanas ofrendas? Sus obras ya tienen
abominado mi alma. Conviertan sus corazones. Dejen
de hacer el mal. Vengan a mí. Entremos en cuenta
para ver quién viene confesando la profundidad de su pecado lo
horrible de su pecado, lo intenso de su pecabilidad, y si fueran
tan rojos como la grana, serán emblanquecidos como la nieve. Si vienes así reconociéndolo
con arrepentimiento, Dios está dispuesto a perdonarlo. Pero
¿quién vendrá? Vendrá aquel a quien ha sido
aplicado esta gracia. ¿Cómo se aplica? Ahorita lo está
aplicando Dios a nuestro corazón. Conforme el hombre, la mujer
escucha la palabra de Dios, va abriendo su corazón. Cada palabra
que hoy oye de la palabra de Dios va abriendo su corazón.
Como una hermosa flor ya plenamente abierta, dispuesta a entregarse
a Cristo nuestro Señor. Así que hermanos, la verdadera
conversión es el acto interno de un corazón quebrantado. Nos
muestra el apóstol San Pablo las dos cosas. Vean 2 Corintios
7, 8 y 9. Dice la Santa Virgen aquí, porque aunque os contriste con
la carta, no me pesa, aunque entonces lo lamente. Porque veo
que aquella carta, aunque por algún tiempo os contristó, ahora
me gozo no porque hayáis sido contristados, sino porque fuisteis
contristados para arrepentimiento. Porque habéis sido contristados
según Dios para que ninguna pérdida padeciéseis por nuestra parte. Porque la tristeza que es según
Dios produce arrepentimiento para salvación. de que no hay
que arrepentirse, pero la tristeza del mundo produce muerte. Me alegro, dice San Pablo, porque
cuando fuisteis habéis sido conquistados ahora para salvación. Eso es el proceso de la obra
de la gracia de Dios que obra en nuestro interior Cuando les
pide, Dios aplica su palabra a nuestro corazón. Es lo que
hace. ¿Qué es lo que quebrantó el corazón
de David? ¿Ya lo habrán leído antes? Podemos
verlo rápidamente, en el diálogo de sus Biblias, en Samuel. Primeramente, podemos ver solamente
dos. David fue contristado su corazón
cuando se le declaró su pecado. Él cuando se le declaró su pecado
contestó y dijo, he pecado contra Jehová. Y él se puso muy triste
porque lo reconoció cuando le dijo, aquel hombre que acabas
de condenar, oh rey, eres tú. Entonces se dio cuenta, pudo
darse cuenta entonces así al instante de que él es aquel pecador
de quien hablaba el profeta. Y se le declaró el castigo que
le vendrá. Afligió su alma, su corazón con
ayunas Y dice la Biblia se acostó en
la tierra, no se levantó. Fue contristado por esto. Supo
ese pecado a través del profeta. De que había asesinado al esposo
de Bézabé para poderse casar con Bézabé. Y de esa unión con
Bezabé nació un niño, pero este niño se murió. Eso se lo dijo
el profeta, de que el niño va a morir. Porque tus pecados también
han sido ya perdonados, pero el niño va a morir. Y murió el
niño. Otra vez se contristó cuando
supo que su hijo Absalón se levantó en contra de él. Y finalmente,
este hombre que se levantó contra su padre, se quedó colgado y
murió. Murió. Y lloró mucho. Y dijo, ¿cuánto desearía yo morir
en tu lugar, hijo mío? Me parece que fueron tres veces
dijo, hijo mío, hijo mío, hijo mío. Porque lo amaba mucho. ¿Entienden? Imagínense. Y él
se entristeció. Por esto vemos sus salmos, ¿verdad? Donde lo está confesando. Y hay
dos lugares más, aparte del 51 de salmo, por ejemplo, el 42
y el 63, nos muestra el carácter de su palabra cuando
dijo, tengo sed de Dios. Eso es una verdadera expresión
genuina hacia Dios en verdad. Ahí podemos nosotros aprender
entonces nuestra piedad verdadera, los que somos creyentes en Cristo,
y no estar pasando tiempos falsificando, imaginando cosas que no son así. Tenemos que ser sinceros porque
el llamado de Dios es también sincero, es verdad, es fiel. Así que hermanos, eso es lo que
entristeció a David. No fue su miedo del infierno
o del castigo, sino de su delito, de su delito. No fue porque él
quería ganar el cielo, sino por su delito, por su delito y por
su pecado. En la expresión de su oración
allá, sus ruegos en el 51, nunca aparece y dice que así merecería
algo. No. Siempre rogaba. siempre rogaba y buscaba siempre
la misericordia de Dios. Así que, hermanos, aprendamos
todos nosotros esta lección. Aprendámoslo y, en verdad, que
nuestro corazón sea sincero en nuestro venir a Cristo. El tercer lugar, tenemos la conversión
positiva para la salvación. La conversión positiva demandada
aquí es a Jehová. A Jehová. Es nuestro corazón
a Cristo. Nuestra conversión es a Cristo. De nuestros pecados, a Cristo. No es a la religión, sino a Cristo.
volver con todo el corazón. Volver a Dios, mirando a Dios. Mirando a Dios. Esto no es ninguna
práctica religiosa. Las prácticas religiosas no nos
llevan a salvación, nunca nos darán salvación. Esta obra es
obra del Espíritu Santo en nuestro corazón. y dichosos. Es una dicha para cada uno de
ustedes, para nosotros también. Es una dicha tan grande esa obra
que el profeta Ezequiel pronuncia en su libro. Esparciré sobre
ellos agua limpia y quitaré todas sus inmundicias, sus idolatrías
y todo. y dos, pondré dentro de ellos
un nuevo corazón. Les quitaré aquel corazón endurecido
y les pondré un corazón suave para que me conozcan. Además
de esto, dijo Jehová nuestro Dios, pondré mi espíritu entre
ellos y haré que anden en mis estatutos y guarden mis mandamientos. La obra prometida Por el profeta,
esto es la obra que ahora se cumple en el corazón de cada
individuo que se convierte a Cristo verdaderamente. No tiene intención
de ser religioso, no viene con esa intención, sino viene realmente
llamado por Dios. viene porque es traído por el
Padre a Cristo nuestro Señor. Y si así viene a Cristo, dice
el Señor que no lo perderá jamás. ¡Qué seguridad tan grande! ¡Qué
consuelo tan grande que llena nuestro corazón. El que viene
así a Cristo no se perderá jamás. Su Salvador es fiel, nunca lo
va a perder. Así que, hermanos, la conversión
positiva del corazón es venir a Cristo. Un corazón pobre. Pobre, ¿verdad? Un corazón pobre. En nuestro trabajo pastoral nos
toca ver cosas duras y dolorosas. Hemos tratado con parejas que
se separaron porque uno se volvió adúltero
o sino porque una se volvió adúltera. Y cuando se da cuenta de que
fracasa con su nuevo marido y la sacan a patadas, regresa de nuevo
a su esposo, pero con una vergüenza tan grande, con un dolor tan
grande, porque su marido permanece fiel en su lugar. Eso es lo que Dios hace con nosotros. Después de pecar, después de
caminar en pecado, después de todo, Dios nos llama a volver
a él. ¿Cómo puede ser esto? Dice Jeremías
que nadie lo puede hacer, pero Dios sí lo hace. Bendito sea
su nombre. Porque eso es la oportunidad
de todo hombre que oye. que oye a Cristo, que viene a
Cristo en arrepentimiento verdadero. Eso es, hermanos. Bueno, la obra
del Espíritu Santo en nuestro corazón nos convierte nos hace
ser lo que no somos y venimos entonces positivamente a la salvación
de Cristo nuestro Señor. Quien hizo nuestra salvación
en la cruz es Cristo el Señor. Cuando el dio su vida por nosotros
lo dio y por su fe nos salvó. Ahora muchos pueden pensar que
entonces ahora vamos a ser justificados por la fe. de Cristo. Sí. Sí vamos a ser justificados
por la fe de Cristo. Por lo que él dio e hizo por
nuestros pecados para propiciarnos Ahora regala ese don de su fe,
de su gracia a nuestro corazón. Ahora, ¿Con qué fe vamos a creer? Eso es el corazón genuino que
viene a Cristo. Viene en busca de él para mirar
el poder más alto, no de sus manos, no de su esfuerzo, sino
a mirar a Cristo el poder más alto y obtener de él lo que es
imposible lograr por sí mismo, por sus propias obras. Y es lo
que le dijo a Nicodemo. Como Moisés levantó la serpiente
en el desierto, así será levantado el Hijo del Hombre, para que
todo aquel que en él creyere, no se pierda, mas tenga vida
eterna. Vamos, venimos mirando a Cristo
todo poder. Venimos con sed y hambre para
encontrar en la fuente de la gracia que es Cristo todas nuestras
necesidades. Todo, toda gracia Dios lo ha
dado para nosotros en Cristo. En Cristo todo es suyo, hermano.
Todo es nuestro. Bueno, ¿cuál es la mirada del
creyente? O sea, así es del creyente, el
penitente, el que viene con el corazón roto, ¿cuál es su mirada? Es lo que le dijo el profeta.
Porque Jehová es misericordioso. Y esta es la mirada del penitente. Viene y mira esa misericordia. Entonces, viene en plena confianza
porque Jehová es misericordioso. Dijo David, ten misericordia
de mí. Y dijo también el profeta en
Oseas, haz declarado lo que Jehová pide, el hacer justicia y amar
misericordia. Dijo también Jesucristo, cuando
los judíos y fariseos lo acusaron, de estar sentado en la mesa con
pecadores con publicanos y con todos él dijo vayan y aprendan
de qué lo que significa de que lo que quiero es misericordia
esto es lo que Dios quiere misericordia y esto es lo que demanda busca
misericordia porque esa lo encontrarás Pero si vienes a Cristo creyendo
que por tus hechos vas a merecer salvación, que por rectificar
tu vida primero y vas a pensar que con esto Dios te va a aceptar,
no. Tienes que venir en busca de
la justicia en Él. Tienes que venir en busca de
la salvación en Él. Tienes que venir en busca de
perdón en Él. ¿Por qué venimos a Cristo? Porque
Dios es misericordioso, lo ha demandado. Y esto es nuestro
clamor, perdón, perdón. Es el clamor de Cristo también,
¿verdad? El primer clamor del Señor en la cruz, perdónalos
Padre. Y esto es lo que hacemos cuando
venimos a Cristo nuestro Salvador. así que mis hermanos en Cristo
todos somos llamados a una verdadera conversión de corazón al Señor
no una religión simplemente no nos vistamos de obras no nos
vistamos de justicia propia porque eso resultaría como como los
soldados que que pusieron el vestido de Cristo
Puedo llevar el mismo vestido de Cristo, su mismo túnica. Puedo
ponérmelo encima. Pero si mi corazón no está convertido,
esa túnica no me va a hacer nada. No me va a salvar. Si cualquiera
obra religiosa, podemos apreciarlo, pero no nos va a salvar. Si nuestro
corazón no está convertido, permanece aún la mancha del pecado. ¿Esto
cómo se quita? No vistiéndonos exteriormente,
sino tenemos que buscarlo en la sangre preciosa de Cristo.
Es el que nos limpia de todo pecado, hermanos. Así que, hermanos,
el castigo por el pecado es irrevocable. El juicio final contra el pecado
es verdad que no se puede tachar, no se puede remediar. Pero la
misericordia de Dios está garantizada para aquel que verdaderamente
viene en conversión a Cristo. Encontrará misericordia. Está
seguro. Lo garantiza la Santa Biblia.
Gracias a Dios, hermanos, por su atención. Que Dios los bendiga
a todos.
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