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Gilberto Pech

Misericordia quiero, y no sacrificio

Gilberto Pech April, 29 2012 Video & Audio
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Gilberto Pech
Gilberto Pech April, 29 2012

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Buenos días a todos hermanos. Es un gozo estar de nuevo con
ustedes. Ya pasó como dos o tres meses
que estoy aquí, pero gracias a Dios de nuevo nos vemos otra
vez aquí. Gracias al Señor. En esta mañana, después de haber
escuchado este mensaje que trajo hermano Cody, vamos con el segundo. Y mientras él predicaba, yo estaba
pensando sobre el mensaje que voy a dar también. Y coincide con el mismo. Vamos a abrir nuestras Biblias,
hermanos, en Samateo, capítulo nueve. a los creyentes siempre congregados
es una bendición grande. Llenan nuestro corazón los que
predicamos, llenan nuestro corazón de gozo, de alegría por volver
a verlos de nuevo y siguiendo en esta congregación. Es una
bendición grande. Gracias damos al Señor por esto.
Y vamos a leer, hermanos, en el versículo, desde nueve hasta
versículo trece en este capítulo. Dice así la palabra del Señor,
Pasando Jesús de allí, vio a un hombre llamado Mateo, que estaba
sentado al banco de los tributos públicos, y le dijo, Sígueme,
y se levantó y le siguió. y aconteció que estando él sentado
a la mesa en la casa, he aquí que muchos publicanos y pecadores
que habían venido, se sentaron juntamente a la mesa con Jesús
y Sus discípulos. Cuando vieron esto los fariseos,
dijeron a los discípulos, ¿por qué come vuestro Maestro con
los publicanos y pecadores? Al oír esto Jesús les dijo, los
sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. Id, pues, y aprended lo que significa,
misericordia quiero, y no sacrificio, porque no he venido a llamar
a justos, sino a pecadores al arrepentimiento. En esta mañana quiero tratar
sobre este tema que Dios también nos ha dado para todos y gracias
por poderlo compartir con ustedes en esta mañana. Quiero hablarles
acerca de estas cosas que vemos acá en la Biblia. Nuestra predicación
lo encontramos en la Biblia. Cuando vamos a Pararnos a predicar
tenemos que encontrar antes el mensaje para la iglesia de Dios,
el mensaje para los que Cristo vino a salvar. Cristo Jesús vino
al mundo a salvar pecadores, y vino Jesús por los que el Padre
le ha dado. vino Jesús a buscar las ovejas
que estaban descarriadas, que eran Suyas desde siempre. vino
Jesús a buscar a ellos. Aquí encontramos en esta parte,
hermanos, primeramente un llamamiento, un llamamiento divino, un llamamiento
particular, un llamamiento especial, un llamamiento incondicional. Encontramos un llamamiento electivo,
encontramos un llamamiento especial vemos su llamamiento particular
o electivo cuando Cristo Jesús llamó solo a Mateo, llamó solo
a Mateo, entonces vemos allí que el llamamiento que se trata
aquí es un llamamiento soberano. Soberano significa que es un
llamamiento que no encontró condición sobre la persona
que Él vino a llamar, sino que la razón de su llamamiento es
sólo de Él, sólo de Cristo, no es de nosotros. Entonces, hermanos,
vamos a a iniciar sobre esto que es también la misericordia
soberana de Dios. Aquí encontramos una misericordia
soberana. Misericordia soberana significa
misericordia que sólo a Dios le plació tener misericordia. Sólo en el decreto de Dios tuvo misericordia de personas
que a Él no la merecían. Esto se trata de la misericordia
de Dios para salvación a los pecadores. Porque aquí vemos
que cuando pasaba Jesús por ahí, vio a Mateo sentado en el banco
de los tributos, cobrando impuestos. Jesús llamó a este hombre a seguirle. Inmediatamente este hombre se
levantó y le siguió. Esto fue algo inquietante para
los fariseos. Inquietó la atención de los fariseos
porque luego que vieron esto, entonces reclamaron a los discípulos
del Señor. y les decía, ¿por qué come vuestro
Maestro? Con publicanos y pecadores, ¿por
qué? Siempre, siempre esta clase de
gente, mira, mira lo que uno hace. mira lo que uno hace. Están atentos en los actos de
la persona, mas ellos son vacíos de la verdad. Ellos son vacíos
de la verdad, ellos son personas que se conforman en lo que ellos
mismos tienen en mente. Nunca, nunca ellos han conocido
lo que aquellos que son llamados por Cristo han conocido. Lo que nosotros, por la gracia
de Dios, conocemos ahora, ellos no la pudieron conocer. Como
lo que vimos ahí, ellos tienen los ojos cegados por su religiosidad. Ellos tienen sus ojos cegados
por su propia justicia. tiene los ojos cegados por su
propia tradición. Ellos no pueden ver lo que Jesús
vino a hacer. Entonces Jesús, cuando los oyó,
les dijo, los sanos no tienen necesidad de médico. Los que
tienen necesidad de médico son los enfermos. Esto es para que para que ellos
se dieran cuenta de que ellos que no necesitan de Cristo, ellos
que no necesitan, se consideran salvos, se consideran justos,
se consideran buenos por su religiosidad, ellos no sabían esto, y son ellos
los que no necesitaban de Jesús. y todo hombre que se considera
justo por sí mismo. Toda persona que se considera
justo o bueno por sus propias ideas, siguiendo las ideas que
tiene, siguiendo sus determinaciones propias en una religión, estos
hombres no tienen necesidad de Cristo porque se justifican por
ellos mismos, y son conformes por su propia justicia. Entonces
ellos no tienen necesidad de Cristo. A ellos les dolió porque
los pecadores, óiganlo bien, los pecadores y los publicanos
se juntaron con Jesús, y a la mesa. Cuando ya están a la mesa,
¿qué se hace? A comer. A comer. Imagínense
eso. Publicanos y pecadores a la mesa
con Jesús. Pero fariseos a un lado. están
viendo con la lupa qué es lo que van a hacer, para que así
ellos tengan un argumento para juzgar o para acusar, y eso es
lo que hicieron. Ellos no tienen necesidad de
esto, y realmente el que está enfermo es el que necesita médico,
más el que está sano no necesita nada de médico. Hace poco una
persona me decía, voy a ir al templo, voy a asistir al templo
para escuchar la Palabra de Dios, lo he decidido, pero lo que me
pasa es que tengo muchos problemas que no puedo, no he dejado, y
tengo que dejarlas todas. Le dije, no decidas nada, no
decidas nada, tú no puedes decidir nada, solo asiste, escucha ¿Sabes
quién va a decidir? Cristo. Cristo va a decidir. Tú no tienes que estar pensando
en esas cosas. Si vas a venir, vente. Escucha
mensaje. Sólo entra y escucha mensaje.
Nadie te va a sacar. No porque uno es vicioso, es
borracho, es de todo, es adúltero, que no vaya a ser aceptable en
la congregación. Viene y entra, escucha mensaje,
porque para ellos es el mensaje de Cristo. Porque para ellos
vino Cristo. Si uno no es pecador, Cristo
no vino por ellos. No necesitan a Cristo. Los que
vino Cristo por los que Cristo vino son pecadores. Después de
decir entonces esto, entonces Jesús les dijo, vayan, vayan,
ustedes vayan, aprendan, lo que significa, misericordia quiero,
y no sacrificio. Vayan y aprendan. Es maravillosa
esa lección para nosotros, pero para los fariseos no lo es. Esto
es maravilloso. Esta misericordia de lo que el
Señor habló es la misericordia de Dios para salvar pecadores. Esto es el querer de Jesucristo,
misericordia. Esto es el placer de Cristo,
misericordia. Esto es Su gozo, misericordia. Dijo, misericordia quiero. y
no sacrificio." Entonces esto se trata de la misericordia de
Dios por pecadores, no por los justos. Esta misericordia viene
a través del pacto eterno de la gracia de Dios por la mediación
de nuestro Señor Jesucristo. Viene a nosotros por medio de
nuestro Señor Jesucristo. Vamos a pensar que, vamos a decir
que hay tres tipos de misericordia, digámoslo así. Una es misericordia
en general, en la que Dios bendice y hace Sus favores encima de
toda la creación. Hay otra misericordia especial
en la que Dios temporalmente siente compasión y bendice a
la persona temporalmente. Pero esto se trata de la misericordia
eterna de gracia. Se trata de la misericordia eterna
de gracia para salvación a los pecadores. El Mediador es Jesucristo nuestro
Señor. Se trata de la misericordia que
es el único recurso para pecadores. Un pecador despertado, como la
acaban de escuchar, un pecador despertado. Me refiero al pecador
que ya le ha sido revelado por el Espíritu Santo dónde está
el pecado, y qué es el pecado, cuál es la gravedad de ese pecado. Cuando uno es despertado por
el Espíritu Santo de Dios, entonces se da cuenta la gravedad de su
pecado. Se da cuenta la gravedad de su
pecado. Entonces no le queda nada dentro de él, dentro de
sí mismos, no pudimos encontrar porque todos somos pecadores.
Ninguno de nosotros pudimos encontrar dentro de nosotros, con esos
ojos abiertos por el Espíritu Santo, no pudimos ver dentro
de nosotros alguna razón por lo que podemos ser salvos. O
dicen Isaías, ¿podemos acaso ser salvos? Pues no. No, viéndolo
nosotros, conforme a la justicia de Dios, no. Conforme a la ley
de Dios, no. Sólo hay un recurso. este recurso,
la misericordia de Dios. Entonces el hombre busca. ¿Qué es lo que va a buscar? Misericordia. ¿Qué dijo David, en el Salmo
51, 1? Ten misericordia de mí, oh Dios,
conforme a tu misericordia. Porque no hayo en mí una razón
para lograrlo. Quiero tu perdón, pero no encuentro
cómo lograrlo. En mí no hay. En mí encuentro
pecado. En mí encuentro corrupción. En mí encuentro putrefacción. Y la muerte está segura para
mí, porque la paga del pecado es la muerte." Entonces o no,
un hombre ha abierto sus ojos por el Espíritu Santo, esto es
lo que ve. Ya sabe dónde está el pecado,
ya sabe cómo es su pecado, cuál es la gravedad, ya entiende cuál
es su urgencia de acudir a la misericordia de Dios. Esto lo
enseña nuestro Señor Jesucristo cuando Él dijo, ir y aprender
lo que significa misericordia, quiero, y no sacrificio. La segunda
cosa que quiero que ustedes se den cuenta es que Cristo Jesús
lo que quiere es misericordia, y Él quiere misericordia por
los pecadores. Y luego dijo, no sacrificio. Dios no envió a Su Hijo porque
nosotros podemos dar el sacrificio necesario por nuestros pecados.
Cristo no vino, no vino porque podemos dar el mejor sacrificio
para lograr salvación. No. No, dice la Biblia, no sacrificio. Es decir, los sacrificios, no. Hay un solo sacrificio con que somos salvos. El sacrificio
es de Cristo nuestro Señor. El único sacrificio aceptable
a Dios es el sacrificio de Cristo. El único sacrificio por el cual
Dios quita nuestros pecados es el sacrificio de Cristo, no el
sacrificio de la religión, no el sacrificio de la ceremonia
y costumbres o tradiciones, no, porque los fariseos es lo que
creían, que sus buenas obras les servirían para merecer o
tener derecho a la salvación o al perdón. pero no. Cuando uno piensa que por sus
sacrificios, por sus esfuerzos, va a acercarse a Dios, esto está
mal, porque Cristo lo que quiere es misericordia, no sacrificio. Ningún sacrificio de nuestra
parte puede complacer a Dios, porque nuestro sacrificio no
puede cumplir a la ley de Dios. Ese sacrificio que Cristo dio
cumplió la ley de Dios, cumplió la justicia de Dios. Todas las
demandas de la ley que caía sobre nosotros en el sacrificio de
Jesucristo fue cumplido todo. Y Dios tiene misericordia de
los pecadores que Él representó en el sacrificio, y Él quiere
la salvación de ellos en el sacrificio. Ustedes se acuerdan cuando Jesús
estaba en la cruz crucificado, Él dijo, SED TENGO. No era sed
de agua, sino sed de justicia, sed de la salvación de Su pueblo,
sed por la salvación de Su pueblo, sed por la justificación de Su
pueblo, porque Él vino a dar Su vida en rescate por muchos. y esos muchos son su pueblo,
que ha sido siempre su pueblo. Cristo murió por los pecadores,
y por esa razón Cristo lo que quiere es misericordia, no los
sacrificios de los hombres, sino misericordia, porque Él sabía
que el sacrificio Suyo era por la salvación de los pecadores.
Dice la Santa Biblia que Dios los amó y envió a Su Hijo en
propiciación por nuestros pecados. Ahí está el sacrificio por nuestros
pecados. Esta misericordia se trata de
la misericordia del pacto eterno que se cumple en la salvación
de los escogidos de Dios. Esto estaba pactado en el Antiguo
Testamento. Dios lo había pactado desde antes. las misericordias firmes a David."
Lo vemos en Isaías cincuenta y cinco, uno hasta tres, ahí
no dice la Santa Biblia, venid y hagamos pacto, las misericordias
firmes a David. Es esa misericordia que llegó
con Jesucristo nuestro Señor, y se cumple en la salvación de
los que Él vino a salvar. La salvación de aquellos por
los cuales fue hecho este pacto. Llegó a nosotros a través de
Jesucristo nuestro Señor. Esta misericordia se trata de
la misericordia eterna y electiva. No es temporal. Esta misericordia
no se cansa. Esta misericordia no se agota. Es la misericordia de Dios el
que desde antes de que nosotros fuésemos salvos por la gracia
de Dios, nos soportó. Nos soportó. Todo el tiempo de
nuestra perdición, Dios nos soportó, por Su misericordia. ¿Cómo nos
soportó? ¿Cuántas faltas teníamos? qué
tan pecadores éramos, sin embargo todo ese tiempo Dios nos soportó
por Su misericordia. Dicen lamentaciones por las misericordias
de Jehová no hemos sido consumidos. Porque cuando yo era pecador
debí ser eliminado, debí ser castigado, pero no fui castigado. Dios tuvo paciencia y soportó
todo ese pecado, hasta que llegó el día en que Dios me llamó,
entonces manifestó Su misericordia a mí personalmente, dándome salvación
en Cristo Jesús. Todo ese tiempo lo soportó por
misericordia. No perecí por misericordia. Lo hubiera hecho, ¿verdad?, pero
no lo hizo por misericordia. por misericordia. No hemos sido
consumidos, dice Hemalaquías, sino que Dios nos soportó. Hay personas que creen en el
Señor Jesucristo cuando ya son más ancianos. Todo ese tiempo
de su vida fue soportado por la misericordia de Dios. Es la
misericordia de Dios el que no dejó que sea que perezca, o que
quede bajo condenación, por la misericordia de Dios que lo sostuvo. Y luego de esto, después de salvarnos
por Su misericordia, y luego nos sigue soportando por misericordia. porque ahora creyendo en el Señor
Jesucristo, conociéndonos y conociendo a nuestro Salvador, conociendo
ahora la vida que Dios ha implantado en nuestro corazón por el Espíritu
Santo, ahora también estamos cada día flacos, débiles, en
la carne, y cuántas fallas no cometemos, sin embargo la misericordia
sigue con nosotros. Porque dice la Biblia, nunca
decayeron tus misericordias. Por eso no hemos perecido, dice
la palabra de Dios. Así que esta misericordia se
trata de la misericordia soberana de Dios. Porque vemos lo que
nos dice en el libro de Romanos capítulo nueve, quince y dieciséis, Dijo a Jacob, Amé, a Esaú, Aburrecí. Luego dice, no depende del que
quiere, ni del que corre, sino de Dios, que tiene misericordia. Dijo antes, tendré misericordia
del que yo tenga misericordia, y me compadeceré del que yo me
compadezca." ¡Qué dicha tan grande, qué gozo tan grande, qué consuelo
tan grande es saber de que hemos encontrado por la gracia de Dios
misericordia! ¿Verdad? Es un gozo tan grande
eso. Pero la misericordia temporal
es cuando Dios bendice a la persona temporalmente, y la vida también
nos enseña acerca de esto. Por ejemplo, sana, sana verdaderamente,
sanó a diez leprosos, ¿verdad? Pero no los diez fueron salvos,
sólo uno, el que regresó para dar gracias. es una misericordia
temporal. La misericordia en lo que Cristo
habla es misericordia eterna, misericordia electiva, porque
Él tiene de quien quiere misericordia. Así que, hermanos, por la misericordia
de Dios, nosotros estamos, seguimos, estables en esta gracia. Es la
misericordia el que nos sostiene y nos sustenta todos los días
de nuestra vida, de nuestra vida de peregrinaje en este mundo. Caminamos por el mundo, en un
mundo que no es nuestro ambiente, pero tenemos que caminar en ello
guardados por la misericordia de Dios. Bien dijo David en el
capítulo veintitrés de Salmos, él dijo, el bien y la misericordia
me seguirán todos los días de mi vida. Y ahí está el creyente,
pero ahí es la misericordia para sostenerlo, para sustentarlo,
para llevarlo siempre, y no dejar que perezca, no dejar que caiga. La misericordia de Dios nos sostiene. Se trata de la misericordia para
los necesitados. Se trata de una misericordia
oportuna, porque dice la Biblia, misericordia quiero, y no sacrificio. Esta misericordia es oportuna,
esta misericordia es la mejor buena nueva del Evangelio de
Jesucristo. Porque dice, y no vine a llamar
justos sino a pecadores al arrepentimiento." ¿A quién Cristo vino a llamar?
A pecadores. ¿No es oportuno? Sí, ¿verdad? Es oportuno. ¿Esto
no trae un gozo? Sí. ¿No trae fortaleza? Sí. ¿No trae alegría en nuestro
corazón? Sí. ¿Dónde está el pecador? Aquí
está la oportunidad. Cristo vino a llamarle. Cristo
vino a llamar al pecador, y yo soy pecador, y eso es oportuno
para mí. Es oportuno para todos. Así que,
hermanos, esta misericordia, esta misericordia, hermanos,
salva, perdona y preserva. Misericordia. No vine a llamar justo sino a
pecadores." Aquí hay una esperanza para necesitados, aquí hay esperanza
para necesitados, y los necesitados son los pecadores. ¿A quiénes
Cristo vino a llamar? A pecadores. ¿Con quién se juntaba? Con pecadores y con publicanos.
Los fariseos siempre se mantuvieron lejos, siempre se mantuvieron
separados de Jesús, porque hacía esas cosas, porque no se juntaba
con ellos. La naturaleza es que vino a llamar
pecadores, y Cristo vino a salvar pecadores. Es la naturaleza de
Su venida. Vino a salvar pecadores. Y aquel
que es pecador esto es su esperanza. Esto es su única oportunidad. vino en beneficio para pecadores,
no para los que son justos. Los beneficiarios de esta misericordia
deben ser pecadores, no justos. Deben ser humildes, no justos, no gentes jactanciosos
de su religión, sino que vino a buscar aquellos que Él vino
a buscar. Son pecadores. Así que los objetos
de Su misericordia son los míseros, pecadores. Yo tengo pecado, todos
tenemos pecado, pero haré aquí la buena nueva para todos. Cristo
vino a llamar pecadores. Y, si tú eres un pecador, te
has dado cuenta de que eres pecador, de verdad eres pecador, te has
dado cuenta, este llamamiento es suyo. Es suyo. El llamamiento de Cristo es tuyo.
¡Qué alegría, qué gozo! ¡Qué grande es este mensaje,
verdad, del llamamiento de Dios que vino a llamar pecadores! A llamar pecadores. Esto creo que no molesta. sino que alegra el corazón. Esto
trae a nosotros alegría. Lo que Él dijo, aprendan. Misericordia quiero, no sacrificio. Los que son justos, no es para
ellos. Los que son injustos, es para
ellos. Así que, fariseos, ustedes no
tienen parte con esto. A la mesa no vengan, vayan. Aprendan esto. Porque a los que
vine a llamar son los que están conmigo. Vine a llamar a ellos,
por eso están conmigo y yo con ellos también. Vine a llamar
pecadores. Esto, hermanos, da alegría a
nuestro corazón. La misericordia y el querer de
Dios van juntos. quiere salvación para el pecador,
y lo salva por misericordia, lo salva por misericordia. En la misericordia está su querer. Él no vino a buscar bondad, vino
a traer bondad. Él no vino a buscar justicia,
vino a traer justicia. Él no vino a buscar lo correcto,
vino a convertir los corazones los hombres. Vino a traerlos
a Él a la salvación. Dice la Biblia, vine a llamar
pecadores al arrepentimiento. El llamamiento al arrepentimiento
es el llamamiento a la salvación. Si Dios te llama a arrepentirte,
es que te ha llamado para salvación. Como lo que oímos en el primer
mensaje, lo llamó, lo mandó llamar. Aquí llama pecadores al arrepentimiento,
los llama a arrepentirse, y esto es para salvación. ¿Por qué llama
al arrepentimiento? Porque llama a los que son pecadores
y necesitan arrepentirse de sus pecados. para venir a Cristo
y encontrar en Él salvación. Porque Él quiere con misericordia
salvar. Porque Él quiere con misericordia
justificar y perdonar, Él llama a los que vino a llamar, los
llama a arrepentirse, como dijo también en San Marcos, y creer
el Evangelio. Porque la salvación nos viene
a través del Evangelio, por la misericordia de Dios. Esta misericordia,
hermanos, es concedida a nosotros por la gracia de Dios. La misericordia
que procede del corazón de Dios le ha placido traer salvación
a los pecadores por la locura de la predicación. ¿Por qué predicamos
Evangelio? Porque el Evangelio es para salvación
a todo aquel que cree. Por eso predicamos Evangelio.
Los que no conocen este Evangelio predicarían la historia, simplemente
una historia. Pero éste no es simplemente una
historia, es una realidad, necesaria de creer. Y Cristo vino a llamar
pecadores al arrepentimiento. Y los que son pecadores vendrán,
vendrán, y Él los salvará. Los perdonará, y por Su gracia
lo hará, no porque merecemos. Todos los que estamos ahora creyendo
en Cristo, venimos por medio de la fe, por la gracia de Dios. Fue el don de Su gracia el que
nos hizo creer, como escuchamos hace un rato. La fe que declara
aquí, que nos salva, eso no significa la fe como causa, sino la fe
como el medio de nuestra salvación. La fe es el medio, pero la causa
de la salvación es Cristo mismo, el objeto en quien está puesta
la fe, en Cristo Jesús nuestro Señor. Así que, hermanos, si nosotros entendemos esto nos alegra el corazón, porque
trae para nosotros gozo, paz, reposo y alegría. Cada uno que viene a Dios por
fe, a Cristo nuestro Señor, encuentra salvación, porque eso quiere
Cristo, misericordia, misericordia para salvar. Eso quiere el Señor,
y es Su gozo, salvar pecadores. Ese es Su placer, salvar a los
pecadores. Esto es para nosotros una bendición
muy grande, una bendición muy grande. ¿Qué preferiríamos nosotros
entre estas dos cosas, nuestras obras, o Cristo? Cristo, ¿Qué preferimos, nuestros
sacrificios? No, mejor es la misericordia. También lo dijo David, mejor
es la misericordia que la vida. Diez vidas no vale nada como
vale la misericordia de Dios. Y si la misericordia de Dios,
hermano, te ha sonreído, la misericordia de Dios te ha sonreído, eres
afortunado. sé que vendrás a Cristo. Sé que estás con Él, y sé que
te ha salvado. Y debes saber que Su misericordia
es nueva cada mañana para ti y para todos los que creemos
en Él. no cesa, no se agota, por eso
no pereceremos jamás. Esa es alegría grande para cada
uno de nosotros. No pereceremos jamás, a pesar
de estas debilidades que cargamos cada día, pero no pereceremos
jamás. Por la misericordia de Dios.
Grande es Su misericordia. Grande es Su misericordia. Preferimos
encontrar lugar en la misericordia de Dios que otros lugares. Es mejor la misericordia de Dios. Hermanos, gracias al Señor por
esto. Que el Señor les bendiga. Es
todo lo que quiero compartir con ustedes.

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