Vamos a abrir nuestras Biblias
en Romanos, la epístola del apóstol Pablo a los romanos en su capítulo
7. Dice la Palabra de Dios, ¿Acaso
ignoráis hermanos? Pues hablo con los que conocen
la ley, que la ley se enseñorea del hombre entre tanto que éste
vive. Porque la mujer casada está sujeta
por la ley al marido mientras éste vive. Pero si el marido
muere, ella queda libre de la ley del marido. Así que si en
vida del marido se uniere a otro varón, será llamada adúltera. Pero si su marido muriere, es
libre de esa ley, de tal manera que si se uniere a otro marido,
no será adúltera. Así también vosotros, hermanos
míos, habéis muerto a la ley, mediante el cuerpo de Cristo,
para que seáis de otro, del que resucitó de los muertos, a fin
de que llevemos fruto para Dios. Porque, mientras estábamos en
la carne, las pasiones pecaminosas que eran por la ley, obraban
en nuestros miembros, llevando fruto para muerte. pero ahora
estamos libres de la ley por haber muerto para aquella en
que estábamos sujetos, de modo que sirvamos bajo el régimen
nuevo del espíritu y no bajo el régimen viejo de la letra. ¿Qué diremos, pues? ¿La ley es
pecado? En ninguna manera. Pero yo no
conocí el pecado sino por la ley, porque tampoco conociera
la codicia, si la ley no dijera, no codiciarás. más el pecado
tomando ocasión por el mandamiento produjo en mí toda codicia, porque
sin la ley el pecado está muerto, y yo sin la ley vivía en un tiempo,
pero venido el mandamiento el pecado revivió y yo morí. Y ayer que el mismo mandamiento
que era para vida, a mí me resultó para muerte. porque el pecado,
tomando ocasión por el mandamiento, me engañó y por él me mató, de
manera que la ley a la verdad es santa, y el mandamiento santo,
justo y bueno. Luego lo que es bueno vino a
ser muerte para mí, en ninguna manera, sino que el pecado, para
mostrarse pecado, produjo en mí la muerte por medio de lo
que es bueno, a fin de que por el mandamiento, el pecado llegase
a ser sobremanera pecaminoso. Porque sabemos que la ley es
espiritual, mas yo soy carnal vendido al pecado. Porque lo
que hago no lo entiendo, pues no hago lo que quiero, sino lo
que aborrezco eso hago. Y si lo que no quiero esto hago,
apruebo que la ley es buena, de manera que ya no soy yo quien
hace aquello, sino el pecado que mora en mí. Y yo sé que en
mí, esto es en mi carne, no mora el bien. Porque el querer el
bien está en mí, pero no el hacerlo. Porque no hago el bien que quiero,
sino el mal que no quiero, eso hago. Y si hago lo que no quiero,
ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí. Así que queriendo
yo hacer el bien, hallo esta ley, que el mal está en mí, porque
según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios, pero
veo otra ley en mis miembros, que se revelan contra la ley
de mi mente, y que me llevan cautivo a la ley del pecado,
que está en mis miembros. miserable de mí. ¿Quién me librará
de este cuerpo de muerte? Gracias doy a Dios por Jesucristo,
Señor nuestro. Así que yo mismo con la mente
sirvo a la ley de Dios, más con la carne a la ley del pecado. El domingo estábamos haciendo
como un recorrido por los primeros capítulos de
de la de la carta Y hablando acerca de lo que significa estar
muertos a la ley, hablando de lo que es la relación del creyente
con la ley, y cuando nosotros pensamos en el Evangelio, Algo que debemos orar a Dios
es que nos guarde de pensar como quizá alguna vez pensamos. Alguna
vez pensamos que el Evangelio es como las cosas básicas, como
las cosas sencillas que hay que enseñarle a las personas nuevas. Y algunas veces uno pensaba que
después hay que estudiar cosas más profundas. La verdad es que
no hay cosa más profunda que el Evangelio. Un hermano dice que en toda la
eternidad no vamos a llegar a comprender la profundidad del Evangelio.
Aún cuando pensamos en la Escritura, la Escritura pues es, alguien
dijo que la Escritura es es tal que un niño se puede venir
a beber de sus aguas sin temor a ahogarse, pero es tan profunda
que los teólogos se pueden sumergir y bucear y nunca llegar a tocar
el fondo. Y cuando pensamos en la salvación,
cuando pensamos en la obra de salvación, nos encontramos ante
un algo que nos puede ayudar a pensar en algo grande es justamente
el océano, un océano de profundidad y de majestuosidad y en especial
cuando pensamos en estos primeros seis versículos del 1 al 6 pensar
en lo que hay en el versículo 6 que dice y quisiera leer en
una Expliqué anteriormente que varios de los verbos que están
aquí, tanto en el capítulo siete como en el capítulo seis, están
en modo pasivo y hablan de que es una acción que es hecha por
otra persona, en este caso por el Señor. Y hay una traducción
que traduce los verbos y dice, o no sabéis, hermanos, porque
hablo con los que conocen la ley, que la ley tiene jurisdicción
sobre una persona mientras vive, porque la mujer casada está ligada
por la ley a su marido mientras éste vive, pero si su marido
muere queda libre de la ley del marido. Así, que si viviendo
su marido ella se uniere a otro hombre será llamada adúltera,
pero si su marido muere queda libre de la ley, de modo que
no es adúltera aunque se une a otro hombre. Por tanto, hermanos
míos, también a vosotros se os hizo morir a la ley mediante
el cuerpo de Cristo. Dice, por tanto, hermanos míos,
también a vosotros se os hizo morir a la ley mediante el cuerpo
de Cristo, para que os unáis a otros, a otro, aquel que resucitó
de los muertos, a fin de que llevemos fruto para Dios, porque
mientras estábamos en la carne, las pasiones pecaminosas que
eran provocadas por la ley obraban en los miembros de nuestro cuerpo
para dar fruto de muerte. pero ahora hemos sido liberados
de la ley, habiendo muerto a aquello a lo que estábamos sujetos. Hemos
sido liberados de la ley, habiendo muerto a aquello a lo que estábamos
sujetos, de modo que sirvamos en novedad del espíritu y no
en vejez de la letra. En especial en el versículo seis,
hay una profundidad, una majestuosidad, que Dios nos ayude a poder sumergirnos
y mirar lo maravilloso que Dios está mostrando ahí en cuanto
a la obra de salvación. ¿Qué es lo que estoy tratando
de decir con esto? Es que si hemos creído en el
Señor Jesucristo, si Él es nuestro preciado Salvador y Señor, entonces
estamos en algo que no es pequeño, ni es insignificante, sino que
es profundo y majestuoso. Comenzando en la eternidad, cuando
Dios planeó nuestra salvación. Dice la Biblia, con amor eterno
te he amado. Fuimos elegidos en Cristo desde
antes de la fundación del mundo. Y fue preparado para nosotros
a lo largo de miles de años de historia, antes de la encarnación
de Jesús. Dios estaba haciendo cosas grandes.
a grandes cosas en la historia para que pudiéramos ser salvos.
¿Qué sucedió para hacernos cristianos? ¿Para quitar todos nuestros pecados?
¿Para quitar nuestra condenación? ¿Para hacernos hijos de Dios?
¿Para darnos una comunión personal con el Cristo viviente y guardarnos
para la vida eterna? ¿Qué sucedió para que podamos
disfrutar de todo esto? Eso es algo tan profundo y grande
como el océano. y que Dios nos ayude a meditar
y a profundizar en esto, porque eso va a obrar en nuestro corazón
de tal forma que nosotros podamos crecer en confiar en Dios, que
podamos crecer en amar más al Señor Jesucristo. Si conocemos
algo de este océano profundo y majestuoso sobre el cual descansa
nuestra salvación, pues por eso es justamente que vamos a detenernos
en el versículo 6, porque hay mucho que necesitamos mirar para
que podamos crecer en confiar y en amar más al señor para que podamos estar siempre
descansando en que él es no sólo que ha concretado nuestra salvación
eterna sino él es que suple todas nuestras necesidades y llevarnos
al punto en que él sea nuestro tesoro que él sea lo único que
nosotros necesitamos Y cuando pensamos en esto, tenemos
que pensar en que la libertad, mucha gente tiene miedo a proclamar
el Evangelio de la gracia, el Evangelio de la justificación
sólo por la fe, porque la gente que Dios no le ha dado entendimiento
cree que la libertad va a producir anarquía, desorden,
caos, pero la verdad es que la libertad produce, produce amor. Algunas veces he comentado acerca
de la ilustración de algo que sucedía y que ilustra lo que
es la redención que realizó el Señor Jesucristo, que es Cuando
personas iban al mercado de esclavos y compraban a un esclavo y después
de sacarlo del mercado, rompían el título de propiedad y le decían,
te compré para que seas libre. Y normalmente lo que ocurría
es que esos esclavos no se iban, sino se quedaban con aquella
persona que los compró y servían justamente por amor y por gratitud. Y la libertad por haber sido
justificados, lejos de producir desorden y anarquía, produce
amor. Si usted recuerda, estábamos
pensando en la pregunta del apóstol Pablo que surge, pues, ¿qué es
lo que va a ocurrir si no estamos bajo la ley, sino bajo la gracia?
Y la verdad es que lo que va a ocurrir es que se va a producir
amor. Está siempre pendiente de la
pregunta, ¿pecaremos porque no estamos bajo la ley, sino bajo
la gracia? Y Pablo ha contestado, dice que nunca sea así. ¿Pero
cuál es la razón por la que no es así? Y es porque la libertad
de la ley no resulta en anarquía, sino en un servicio sacrificial
de amor. Pablo empieza estableciendo una
comparación en la relación del matrimonio. ¿Y qué es lo que,
cómo la ley obliga Y en el caso de que el marido viva, pues no
es válido un segundo matrimonio porque habría adulterio. Y lo
que Pablo está mostrando, haciendo la comparación de cómo nosotros
hemos sido muertos a la ley en el cuerpo del Señor Jesucristo,
y la idea es que hemos sido muertos en Cristo, pero no para quedar
muertos a la ley en el cuerpo del Señor Jesucristo, pero no
para quedar flotando allí nada más así, sino para, dice el versículo
4, dice, así también vosotros, hermanos, habéis muerto a la
ley mediante el cuerpo de Cristo, para que seáis de otro, del que
resucitó de los muertos, a fin de que llevemos fruto para Dios.
Y está hablando de, estamos casados con el Señor Jesucristo, para
que su muerte se convierta en nuestra muerte. Por tanto, dice
Pablo, hemos muerto a la ley. Cristo soportó el castigo que
exigía la ley, y Cristo cumplió la obediencia perfecta que exigía
la ley. Así que en Cristo estoy libre. Estoy libre de la ley. Pero no hemos ido deslibrados
de la ley, habiendo muerto a lo que nos unía. En el versículo
cuatro, él continúa y dice el propósito de Dios al disponer
esta muerte para nosotros en Cristo. Por tanto, hermanos míos,
también a vosotros se os hizo morir la ley mediante el cuerpo
de Cristo, para que os unáis a otro. Entonces somos liberados
de la ley, dice Pablo, como la mujer en el matrimonio, para
que podamos volver a casarnos sin quebrantar la ley. Y el matrimonio
que tiene en mente es la unión con Jesucristo vivo y resucitado,
para que vos unáis a otro, a aquel que resucitó de los muertos.
Entonces su salvación es una liberación de la ley y la unificación
con una persona viva, Jesucristo. quien según Romanos 6, 9, nunca
más morirá. Y esto es maravilloso, porque
si él nunca más morirá, entonces nuestra salvación es eterna y
es segura. Él va un paso más adelante y
explica no sólo por qué morimos a la ley, es decir, para unirnos
al Cristo vivo, sino también por qué estamos unidos al Cristo
vivo, a fin de que podamos dar fruto para Dios. ¿Por qué estamos
unidos al Cristo vivo? Para poder dar fruto para Dios.
Este fruto es el fruto del Espíritu Santo, y el fruto del Espíritu
Santo, en primer lugar, dice, el fruto del Espíritu es amor,
es gozo, es paz, dignidad. Así que ahora tenemos la respuesta
de Pablo, de por qué estar libre de la ley no produce anarquía,
sino produce amor. Es por esta nueva unión con Jesús.
No estamos libres de la ley para que podamos flotar en el aire
libres de toda guía y ayuda. Somos libres de la ley precisamente
para unirnos a Jesús. Nuestra relación con Jesús se
convierte en todo. Pablo dijo, el vivir es Cristo. El vivir no es guardar la ley,
el vivir es Cristo. Cuando miramos el versículo seis,
simplemente dice lo mismo que el versículo cuatro, pero con
palabras diferentes. Y nos lleva a otro aspecto de
este gran mar, este gran océano, que es lo que la escritura llama
el nuevo pacto. Dice en el versículo seis, en
la última parte, dice, pero ahora estamos libres de la ley por
haber muerto para aquella en que estamos sujetos, de modo
que sirvamos bajo el régimen nuevo del espíritu y no bajo
el régimen viejo de la letra. Y aquí está poniendo en contraste
lo que es el antiguo pacto y el nuevo pacto. Ahora, cuando nosotros
pensamos en cuál es el señor diseñó de tal forma que su propósito
era que el antiguo pacto pues tenía una caducidad, en hebreos constantemente se nos habla y
se hace un contraste entre la superioridad del nuevo pacto
y Vamos a mirar los pasajes en
el 2 Corintios 3, versículos 5 al 6. Dice, no que seamos competentes
por nosotros mismos para pensar algo como de nosotros mismos,
sino que nuestra competencia proviene de Dios, el cual asimismo
nos hizo ministros competentes de un nuevo pacto, no de letra,
sino del espíritu, porque la letra mata más el espíritu vivifica. y aquí este este pasaje es una
conexión directa mostrando que hay una referencia entre los
dos los dos pactos en lo que está hablando en el versículo
seis del capítulo siete ahora que cuando nosotros pensamos
en el nuevo el nuevo pacto anunciado por los profetas y hay dos pasajes
que vamos a mirar uno está en jeremías 31 versículos 31 al 34. Dice, he aquí vienen días, dice
Jehová, en los cuales haré un nuevo pacto con la casa de Israel
y con la casa de Judá. No como el pacto que hice con
sus padres el día que los tomé, el día que tomé su mano para
sacarlos de la tierra de Egipto, porque ellos invalidaron mi pacto,
aunque fui yo un marido para ellos, dice Jehová. Pero ese
es el pacto que haré con la casa de Israel después de aquellos
días. Ese es el pacto que haré con
la casa de Israel después de aquellos días. Una cosa importante que recordar
es, hermanos, recordar quién es el verdadero Israel. El verdadero
Israel no son necesariamente los descendientes físicos de
Abraham. Él es padre de aquellos que tienen fe en el Señor Jesucristo. Entonces, el verdadero Israel
son los creyentes. Pero ese es el pacto que haré
con la casa de Israel después de aquellos días, dice Jehová.
Daré mi ley en su mente y la escribiré en su corazón, y yo
seré a ellos por Dios y ellos me serán por pueblo. Y no enseñará
más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo,
Conoce a Jehová, porque todos me conocerán, desde el más pequeño
de ellos hasta el más grande, dice Jehová, porque perdonaré
la maldad de ellos, y no me acordaré de sus pecados. ¿Qué es lo que nos muestra este
pasaje? Este pasaje está hablando del
nuevo régimen, que no es de la letra, sino del Espíritu, y está
marcando el contraste. ¿Y qué es el régimen nuevo? Que
por estar en Cristo, nosotros estamos en este régimen nuevo
que es por el Espíritu. Lo que la Biblia nos enseña es
que en el nuevo pacto, la ley no será principalmente externa,
no va a estar escrita en piedra, sino será principalmente interna,
dice, escrita en el corazón, dice, escribiré, versículo treinta
y tres, dice, y la escribiré en su corazón, dice, daré mi
ley en su mente y la escribiré en su corazón, y yo seré a ellos
por Dios. En otras palabras, lo decisivo
de la ley ya no será que sea una demanda de afuera, sino que
será un deseo de adentro. En el versículo 34 dice, Y no enseñara más ninguno a su
prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo, Conoce a Dios, porque
todos me conocerán. Conocer a Dios no será tanto
un mandato externo como una experiencia interna. Después el versículo
34 también dice cuál es el fundamento, cuál es el fundamento de que la ley no va a ser algo
externo, de que conocer a Dios no va a ser un mandato externo
sino una experiencia interna. En la última parte del versículo
34 dice que el fundamento es porque perdonaré su iniquidad
y no me acordaré más de sus pecados. Entonces, en el nuevo pacto,
Dios proporcionará una manera de borrar todos nuestros pecados,
nos da la experiencia de conocerlo personalmente, y escribe la ley
en nuestro corazón para que amemos complacerlo. Recuerde que Él
nos ha salvado para hacernos cada vez más como el Señor Jesucristo.
Y el Señor Jesucristo, justamente Él se complacía de complacer
al Padre. Él decía, el Salmo cuarenta ocho,
que habla del Señor Jesucristo, dice, el hacer tu voluntad, Dios
mío, me ha agradado, y tu ley está en medio de mi corazón. Ahora, una pregunta Sería, ¿pero
qué hay del espíritu? Dice, veo el contraste entre
la demanda externa o la letra y el deseo interno, pero ¿dónde
está el régimen nuevo del espíritu? Bueno, Ezequiel, el profeta Ezequiel,
habla del mismo pacto, y hay, pues, algunas palabras
diferentes, y él menciona el espíritu, Ezequiel 11, versículos
19 y 20, Dice, y les daré un corazón y
un espíritu nuevo y pondré dentro de ellos y un espíritu nuevo
pondré dentro de ellos y quitaré el corazón de piedra en medio
de su carne y les daré un corazón de carne para que anden en mis
ordenanzas y guarden mis decretos y los cumplan y me sean por pueblo
y yo sea a ellos por Dios. Y les daré un corazón y un espíritu
nuevo. Un corazón y un espíritu nuevo. El versículo 20 dice, para que
anden en mis ordenanzas, y guarden mis decretos, y los cumplan,
y me sean por pueblo, y yo sea ellos por Dios. Y aquí está hablando de la misma
promesa que menciona Jeremías, el nuevo pacto, y lo que Dios
va a hacer en su pueblo, que le va a dar un nuevo corazón,
que le va a dar su Espíritu Santo, Y ahora la pregunta es, ¿cuándo
se inaugura este pacto? Y bueno, Lucas veintidós veinte dice justamente en las la cena del
señor Dice, de igual manera, después
que hubo Senado, tomó la copa diciendo, esta copa es el nuevo
pacto en mi sangre que por vosotros se derrama. Esa es la inauguración del Nuevo
Pacto. Esta copa que se derrama por
vosotros es el Nuevo Pacto en mi sangre. ¿Y qué es lo que esto
significa? Significa que la muerte de Cristo
es el derramamiento de la sangre de Jesús, es el fundamento de
las bendiciones del Nuevo Pacto. Cuando Jesús dice que el Nuevo
Pacto está en mi sangre, quiere decir que todo lo que el Nuevo
Pacto prometió es provisto por la sangre de Cristo. Por la sangre
de Cristo es que nuestros pecados son perdonados. La última parte
de Jeremías 31, 34 dice, porque perdonaré todos sus pecados.
¿Y por qué? Por la sangre de Cristo. Sin
derramamiento de sangre no hay remisión de pecados. a la sangre
de Jesucristo Su Hijo nos limpia de todo pecado por la sangre
de Cristo es que se nos da el Espíritu Santo como dice Ezequiel
36 en el versículo 27 es por la sangre de Cristo por la sangre
de Cristo es que Ya nadie va a decir, conoce a Dios. Es por
la sangre de Cristo que podemos conocer a Dios de manera personal. Es por la sangre de Cristo que
la ley va a ser escrita en nuestros corazones, no en tablas de piedras,
sino en las tablas de nuestro corazón. Y todo está fundamentado
en la sangre de Cristo, recordando que nosotros fuimos rescatados
de nuestra vana manera de vivir, no con cosas corruptibles como
oro o plata, sino con la sangre preciosa del Señor Jesucristo. Pero ahora hemos sido liberados
de la ley habiendo muerto aquello a lo que estábamos sujetos para
que sirvamos en novedad del espíritu y no en vejez de la letra. Ahora
vemos que estar muerto a la ley, a la letra y servir en la novedad
del espíritu significa servir como beneficiarios. Somos beneficiarios
del nuevo pacto. Dios planeó que el antiguo pacto
pues tuviera caducidad, que fuera inferior al nuevo pacto, el nuevo
pacto es majestuoso. Para que Cristo obtuviera mayor
gloria, el antiguo pacto fue diseñado para llevarnos a Cristo
y a su espíritu y a la fe. Si queremos honrar a Cristo como
debemos y disfrutarlo como debemos, entonces necesitamos ver la grandeza
de la obra de Dios en el nuevo pacto, debajo de nuestra salvación,
como un océano profundo y majestuoso. Hebreos capítulo 13, versículo
20. El nuevo pacto es el fundamento
de nuestra salvación. Ahí es donde descansan todos
los beneficios. Somos beneficiarios de un nuevo
pacto. Hebreos 13, 20. Dice, y el Dios de paz que resucitó
de los muertos a nuestro Señor Jesucristo, el gran pastor de
las ovejas, por la sangre del pacto eterno, por la sangre del
pacto eterno. Dice, hay algo que nunca debemos
olvidar, y nunca debemos olvidar Lo que dice en primera de Pedro,
cuando dice, sabiendo que fuiste rescatados de nuestra vana manera
de vivir, no con cosas corruptibles como oro o plata, sino con la
sangre preciosa de Cristo, como un cordero, sin manches, sin
contaminación. Nunca olvidar que hemos sido
comprados con sangre. Debemos pensar constantemente
en el sacrificio de Cristo en la cruz. que Dios nos guarde
de nunca alejarnos del Señor Jesús, porque Él es nuestra sabiduría,
y es nuestra sabiduría en la vida y nuestro consuelo en la
muerte. Todo, toda nuestra porción es comprado con la sangre del
Señor Jesucristo. Si no es por la sangre del pacto
eterno, pues no hay remisión de pecados. Si no es por la sangre
de Jesucristo, nosotros pues no podemos gozar de saber que
si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar
nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad. Esto significa
que nuestra libertad de la ley se debe a lo que Cristo hizo
en la cruz. Cristo soportó el castigo de la ley y cumplió la
demanda de la ley para todos los que creen. La condenación
de la ley y la demanda de perfección han sido satisfechas para todos
los que están en Cristo. Entonces, como dice el versículo
6, hemos sido liberados de la ley. Esta es una bendición del
nuevo pacto comprada con sangre. Si hay algo en que gloriarnos
es gloriarnos en la sangre del Señor Jesucristo. Por tanto,
todos nuestros pecados han sido perdonados. Dice, perdonaré su
iniquidad y no me acordaré más de sus pecados. Eso es algo que
nosotros debemos predicarnos constantemente a nosotros mismos,
cada semana. va a haber momentos en que vamos
a ser tentados por Satanás con sus acusaciones. Sin embargo,
poder recordar que Dios ha dicho, basado en la sangre de Cristo,
que es el fundamento del nuevo pacto, perdonaré todos tus pecados
y todas tus rebeliones y no me acordaré más de tus pecados.
predicarnoslo, recordarlo constantemente, que esta es la promesa del nuevo
pacto en Jeremías 31-34, y el pago suficiente es la sangre
del Señor Jesucristo. Otra cosa que recordar es que
se nos ha dado un espíritu nuevo. Dios ha puesto su propio espíritu
dentro de cada uno de quienes hemos creído. La Biblia dice,
en él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el
evangelio de vuestra salvación, fuiste sellados con el espíritu
santo de la promesa. Dice la Biblia también, si alguno
no tiene el espíritu de Cristo, pues no es de él. Nuestro cuerpo,
dice también la escritura, es templo del espíritu santo. El Espíritu Santo es el Espíritu
de Cristo y el Espíritu del Padre. Y dice la Escritura, O ignoráis
que vuestro cuerpo es templo del Espíritu, el cual está en
vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros. ¿Y por
qué es que tenemos un Espíritu nuevo? Por la sangre del Señor
Jesucristo. No olvidara que conocemos al
Padre, no sólo como el primer gran mandamiento, sino como una
experiencia dada por el Espíritu, y tenemos comunión con el Hijo
por su Espíritu. Morimos a la ley para que pudiéramos
unirnos a otro, para que pudiéramos unirnos al Señor Jesucristo,
Aquel que murió y resucitó. Le conocemos y caminamos con
Él y tenemos comunión con Él. Vivir es Cristo. Vivir no es
la ley. Vivir es Cristo. Y finalmente
la ley de Dios está siendo escrita en nuestros corazones. La voluntad
de Dios no es algo que nos aplasta desde afuera con sus exigencias
de perfección inalcanzable. Esa ley se cumple en Jesús. Ahora
la voluntad de Dios surge en nuestro corazón mientras el Espíritu
transforma nuestros deseos y nos hace libres para agradar a Dios.
¡Qué bendición todo lo que Dios nos ha dado como beneficio en
el nuevo pacto! y no olvidar, somos parte de
ese nuevo pacto solamente por la sangre del Señor Jesucristo.
Hemos sido comprados por sangre. Pensar constantemente en la obra
del Señor Jesucristo en la cruz, recordar constantemente nuestra
necesidad de estar siempre cerca de nuestro Salvador, de tenerle
como nuestro tesoro, de crecer cada día en confianza, Dice un pensamiento cristiano
comprado con sangre, conoce tus bendiciones, conoce tus privilegios,
conoce lo que es ser beneficiario del nuevo pacto. Y para aquellos
que aún no han creído, recordarles que esto es gratis para todos
los que creen. Es tiempo de dejar de ser autosuficiente
y mirar que lo que hay que hacer es rendirse y confiar en el Señor
Jesucristo, es recibirle como el mayor tesoro de tu vida, tener
toda tu confianza en su obra, recordar que no hay posibilidad
de ser libre de la ley, de ser justificado si no es solamente
por la fe en el Señor Jesucristo. Y quisiera terminar con un versículo,
unos versículos que están en Deuteronomio 30, Versículos 5 al 6 dice, Y te
hará volver Jehová tu Dios a la tierra que heredaron tus padres,
y será tuya, y te hará bien, y te multiplicará más que a tus
padres. Circunsiderá Jehová tu Dios tu
corazón y el corazón de tu descendencia, para que ames a Jehová tu Dios
con todo tu corazón y con toda tu alma, a fin de que vivas.
Y qué bendición de que está hablando del verdadero Israel. Qué bendición
de saber que aquellos que Dios amó con amor eterno. pues el
Señor nos va a dar toda la bendición que corresponde al nuevo pacto,
el ser circuncidados del corazón, el tener un corazón nuevo, un
corazón que ama al Señor, un corazón que sirve con alegría,
porque no es una imposición externa, sino es gratitud por lo que el
Señor Jesucristo hizo por nosotros al comprarnos con su sangre,
al recibir el castigo que demandaba nuestro pecado, nuestra falta
de conformidad a la ley de Dios, y al recordar que Él vivió lo
que nosotros no podemos vivir. Él murió por nosotros, Él vivió
por nosotros. Vamos a orar.
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