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JC

Parte 3 Muerto a la ley sirviendo en el Espíritu

Romans 7:4-6
Joel Coyoc September, 4 2022 Video & Audio
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JC
Joel Coyoc September, 4 2022
Estudios en Romanos

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Vamos a leer el capítulo 7 que dice, ¿Acaso
ignoráis, hermanos? Pues hablo con los que conocen
la ley, que la ley se enseñorea del hombre entre tanto que éste
vive. Porque la mujer casada está sujeta por la ley al marido
mientras éste vive, pero si el marido muere, ella queda libre
de la ley del marido. Así que si en vida del marido
se uniere a otro varón, será llamada adultera, pero si su
marido muriere, es libre de esa ley, de tal manera que si se
uniere a otro marido, no será adultera. Así también vosotros,
hermanos míos, habéis muerto a la ley mediante el cuerpo de
Cristo, para que seáis de otro, del que resucitó de los muertos,
a fin de que llevemos fruto para Dios. Porque mientras estábamos
en la carne, las pasiones pecaminosas que eran por la ley, obraban
en nuestros miembros, llevando fruto para muerte. pero ahora
estamos libres de la ley por haber muerto para aquella en
que estábamos sujetos, de modo que sirvamos bajo el régimen
nuevo del espíritu y no bajo el régimen viejo de la letra.
¿Qué diremos, pues? ¿La ley es pecado? En ninguna
manera. Pero yo no conocía el pecado
sino por la ley, porque tampoco conocía la codicia, si la ley
no dijera, no codiciaras. Mas el pecado, tomando ocasión
por el mandamiento, produjo en mí toda codicia, porque sin la
ley el pecado está muerto. Y yo sin la ley vivía en un tiempo,
pero venido el mandamiento, el pecado revivió y yo morí. Y hallé
que el mismo mandamiento que era para vida, a mí me resultó
para muerte. Porque el pecado, tomando ocasión
por el mandamiento, me engañó y por él me mató. De manera que
la ley a la verdad es santa, y el mandamiento santo, justo
y bueno. Luego lo que es bueno vino a
ser muerte para mí, en ninguna manera, sino que el pecado, para
mostrarse pecado, produjo en mí la muerte por medio de lo
que es bueno, a fin de que por el mandamiento el pecado llegase
a ser, sobremanera, pecaminoso. que sabemos que la ley es espiritual,
macioso y carnal, vendido al pecado, porque lo que hago no
lo entiendo, pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco
eso hago, y si lo que no quiero esto hago, apruebo que la ley
es buena, de manera que ya no soy yo quien hace aquello, sino
el pecado que mora en mí. Y yo sé que en mí, esto es en
mi carne, no mora el bien, porque el querer el bien está en mí,
pero no el hacerlo. Porque no hago el bien que quiero,
sino el mal que no quiero, eso hago. Y si hago lo que no quiero,
ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí. Así que queriendo
yo hacer el bien, hallo esta ley, que el mal está en mí. Porque
según el hombre interior me deleito en la ley de Dios, pero veo otra
ley en mis miembros, que se revela contra la ley de mi mente, y
me lleva cautivo a la ley del pecado, que está en mis miembros,
miserable de mí. ¿Quién me librará de este cuerpo
de muerte? Gracias doy a Dios por Jesucristo
Señor nuestro. Así que yo mismo con la mente
sirvo a la ley de Dios, más con la carne a la ley del pecado. Vamos a seguir meditando sobre
los versículos cuatro y seis, y el tema que estamos siguiendo
es muertos a la ley sirviendo en el espíritu. Muertos a la
ley sirviendo en el espíritu. El apóstol Pablo es un hombre
que Dios, después de haberlo salvado, pues es un hombre que
Dios ha colocado por su espíritu pasiones correctas, en primer
lugar, pasión por su gloria. Y cuando pensamos en la pasión
por la gloria de Dios, el apóstol Pablo, pues sin duda tiene pasión
que hace manifiesto en sus escritos, hablando del propósito por el
cual hemos sido salvados, que es conformarnos a la imagen del
Señor Jesucristo. Y ser conforme a la imagen del
Señor Jesucristo es pasión por la gloria de Dios. El Apóstol
Pablo tiene una pasión muy fuerte para con los creyentes, para
los creyentes de aquel entonces en su tiempo. Y bueno, por medio
de las epístolas, el Señor ha dejado esto para los creyentes
de todas las épocas. Y lo que apasiona el corazón
del Apóstol Pablo es que los creyentes podamos ser conocidos
por nuestro amor semejante al amor de Cristo. El Señor Jesucristo
es Dios, es uno con el Padre. Y la Escritura dice, Dios es
amor. Dice, en esto van a conocer todos
que son mis discípulos, si tuvierais amor los unos por los otros.
Y Pablo tiene pasión en su corazón por esto, y él lo expresa en
versículos que ya hemos estado meditando. Alguien ha dicho que
la Escritura es tal que un niño puede venir a beber de sus aguas
sin temor a ahogarse, pero puede uno sumergirse y bucear sin llegar
a tocar el fondo. Y es impresionante el poder mirar
todo lo que hay en los versículos 4 y versículos 6, y cómo está
allí presente el hecho de que en el corazón de Pablo hay pasión
porque los creyentes podamos ser conocidos por tener un amor
semejante al amor de Cristo. Y ese amor semejante al amor
de Cristo, pues es un amor que exalta al Señor Jesucristo. Eso
se puede ver en las diferentes epístolas de Pablo, donde habla
de amarnos los unos a los otros, y no sólo de Pablo, sino también
del apóstol Juan, tanto en sus cartas como en el Evangelio.
Ese amor que es un amor mutuo, un amor por nuestro prójimo,
aún amor por nuestros enemigos, amor por los pueblos no alcanzados
del mundo, amor por los débiles, amor por el sufrimiento, y que
nos dediquemos a maximizar, en lugar de estar ocupados maximizando
nuestra comodidad en este mundo, poder crecer cada día a la imagen
del Señor Jesucristo. Que nuestra preocupación no sea
nuestra reputación religiosa, sino que nos dediquemos a hacer
todo el bien que podamos por los demás, tanto en el tiempo
presente como por la eternidad, debido a que ese amor Es la pasión
de Pablo por los creyentes. Él va a hacer énfasis en que
podamos entender cuál es nuestra posición con respecto a la ley. Muertos a la ley, sirviendo en
el Espíritu. Y vamos a pensar un poco ahora
en lo que es la ley. Yo no sé qué tanto nosotros pensamos
en lo que es la ley. ¿Qué es la ley de Dios? en pensar
y seguir pensando qué papel tiene en relación con el pecado y con
relación al amor cuál es el papel de la ley en relación con la
justificación y cuál es el papel de la ley con respecto a nuestro
crecimiento en la gracia y a la pregunta por qué nos Pablo ha
dicho en el versículo 4 en el versículo 6 cerca de morir a
la ley y que es una obra que Dios hace en los creyentes ¿Por
qué necesitamos morir a esta ley para ser personas amorosas?
Después de morir a ella, ¿tiene alguna autoridad y utilidad en
nuestras vidas? Y esas son las preguntas sobre
las que vamos a estar pensando. Lo primero es, ¿por qué estamos
diciendo que Pablo está apasionado? Porque los creyentes tengan un
amor como el de Cristo, y un amor que exalta al Señor Jesucristo. Y vamos a mirar en versículo
4, la parte final, Dice, para que seáis de otro del que resucitó
de los muertos a fin de que llevemos fruto para Dios. Llevar fruto
para Dios. muertos para llevar fruto para
Dios, muertos para tener una nueva relación de amor, un nuevo
matrimonio, que ya no es con la ley, sino es un matrimonio
con Cristo. Él es el que murió, dice, para
que seáis de otro, del que resucitó de los muertos, ese es el Señor
Jesucristo, a fin de que llevemos fruto para Dios. En el versículo
seis, en la segunda parte, él está diciendo lo mismo. Dice,
pero ahora estamos libres de la ley. ¿Por qué? Porque hemos
muerto a la ley. ¿Y para qué? Dice, para aquella
en que estábamos sujetos de modo que sirvamos bajo el régimen
nuevo del espíritu y no bajo el régimen viejo de la letra. Y servir en el régimen nuevo
del espíritu. llevar fruto para Dios, ambas
cosas implican justamente amor. Si usted lee el capítulo 15 del
Evangelio de Juan, el Señor Jesucristo va hablando ahí acerca de llevar
fruto, acerca de la razón por la cual Él eligió un pueblo.
Y los eligió, dice, para que llevéis fruto y vuestro fruto
permanezca para siempre. No me elegisteis vosotros a mí,
sino que yo les elegí a vosotros y les he puesto para que vayáis
y llevéis fruto. Y en ese contexto del capítulo
15 de Juan, el apóstol Juan empieza a hablar acerca de la relación
de amor. Vamos a mirar un poco el capítulo 15 de Juan. Y justamente está hablando de
esa relación de amor, de esa relación de intimidad, de estar
unidos. Desde el versículo uno, cuando
él dice, yo soy la vid verdadera y mi padre es el labrador, todo
pámpano que en mí no lleva fruto lo quitará, y todo aquel que
lleva fruto lo limpiará para que lleve más fruto. Y ahí está
llevar fruto para Dios. Hemos muerto a la ley para ya
no estar más en una relación de matrimonio, sino unidos al
Señor Jesucristo. Ya no a la ley, sino al Señor
Jesucristo. Dice, ya vosotros estáis limpios
por la palabra que os he hablado. Permanecete en mí y yo en vosotros.
Como el pámpano no puede llevar fruto por sí mismo si no permanece
en la vid, así tampoco vosotros si no permanecéis en mí. Yo soy
la vid, vosotros los pámpanos. El que permanece en mí y yo en
él, este lleva mucho fruto. No hay manera de llevar fruto
para Dios si no es muerto a la ley y en unión con el Señor Jesucristo. Dice, Yo soy la vid vosotros
los pámpanos. Versículo 5. El que permanece
en mí y yo en él, este lleva mucho fruto, porque separados
de mí nada podéis hacer. El que en mí no permanece será
echado fuera como pámpano, y se secará y lo recogen, y los echan
en el fuego y arden. Si permanecéis en mí y mis palabras
permanecen en vosotros, pedid todo lo que queréis y os será
hecho. En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho
fruto. Hemos muerto a la ley para ser
de otro, del que resucitó de los muertos, para llevar fruto
para Dios. En esto es glorificado mi Padre,
en que bebéis mucho fruto y seáis así mis discípulos. Como el Padre
me ha amado, así también yo os he amado. Permanecete en mi amor. Si guardaréis mis mandamientos,
permaneceréis en mi amor, así como yo he guardado los mandamientos
de mi Padre y permanezco en su amor. Estas cosas os he hablado,
para que mi gozo esté en vosotros y vuestro gozo sea cumplido.
Este es mi mandamiento, que os améis unos a otros, como yo os
he amado. Y primeramente, el fruto es amor. Amor como el de Cristo. Nadie
tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos.
Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. Ya
no os llamaré siervos, porque el siervo no sabe lo que hace
su Señor, pero os he llamado amigos. Porque todas las cosas
que oí de mi Padre, os las he dado a conocer. No me elegisteis
vosotros a mí, sino que yo os elegí a vosotros, y os he puesto
para que vayáis y llevéis fruto, y vuestro fruto permanezca, para
que todo lo que pidierais al Padre en mi nombre, Él os lo
dé. Estos mando que os améis unos a otros, el fruto del amor. Y Pablo va a explicar esto, por
ejemplo, él está hablando de lo mismo en Gálatas, cuando dice Gálatas 5.22 habla del fruto
del Espíritu y en el versículo 6 él está diciendo esto que ha
dicho en el versículo 4 incluyendo hablar sobre el Espíritu a fin
de que ya no vivamos en el régimen viejo de la letra sino en el
régimen nuevo del Espíritu y ¿Qué es esto de dar fruto? Pues es
el fruto del Espíritu. Y lo primero que se menciona
como fruto del Espíritu en Gálatas 5.22 es el fruto del Espíritu
es amor. El fruto del Espíritu es amor. Bueno, ya hemos notado que Pablo
lo está expresando tanto en el final del capítulo 4 como en
el final del versículo 4 como en el final del versículo 6. Podemos mirar también en Gálatas,
capítulo 5, versículo 1, donde Pablo está reforzando esta idea
de muertos a la ley, vivos para el Señor Jesucristo, de ya no
una relación de unidad ni de intimidad con la ley, sino una
unidad, una relación de unidad y de intimidad con el Señor Jesucristo.
El apóstol Pablo dice ahí, Estad pues firmes en la libertad con
que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo
de la esclavitud, es decir, la esclavitud a la ley. Y aquí yo,
Pablo, os digo que si os circuncidáis, de nada os aprovecha Cristo.
Y otra vez testifico a todo hombre que se circuncida, que está obligado
a guardar toda la ley. De Cristo os desligasteis, los
que por la ley os justificáis, de la gracia habéis caído. Así
que, si nosotros miramos, es el mismo tema, y es, si vamos
a ser personas que podemos amar auténticamente, no es algo que
nosotros podemos hacer. El pastor Elio decía en la mañana,
no nos podemos hacer cristianos. los cristianos están creciendo
a la imagen del Señor Jesucristo. Es Dios que los hace cristianos. Es Dios que nos hace crecer a
la imagen del Señor Jesucristo. No es algo que nosotros podemos
hacer a nosotros mismos, es algo que ocurre por nuestra unión
con el Señor Jesucristo. Dice el Gálatas 5.2.4 Ahí se está hablando de la libertad,
de la liberación de la ley, de la misma que está hablando en
Romanos, versículos 4 y 6 del capítulo 7. Y si nosotros vamos
a Gálatas, capítulo 5, versículo 13, allí se escribe sobre la
relación entre el amor y esta libertad de la ley. Dice, porque
vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados, que es el
versículo que leí, solamente que no uséis la libertad como
ocasión para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros. ¿No estamos bajo la ley? Pero
nuestra unión con Cristo nos capacita para llevar fruto, y
el fruto es el amor. En Gálatas 5.18 dice, pero si
sois guiados por el Espíritu, no estáis bajo la ley, que es
exactamente lo que Pablo está diciendo en Romanos 7.6. De modo
que sirvamos bajo el régimen nuevo del Espíritu y no bajo
el régimen viejo de la letra. Luego viene el listado. del fruto
del Espíritu que empieza con el amor y en el versículo 23
Pablo agrega una frase interesante que dice contra tales cosas vamos
a mirarlo gálatas 5 22 23 Dice, mas el fruto del Espíritu
es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre,
templanza, contra tales cosas, contra tales cosas no hay ley. Sí queda claro cuál es la pasión
del apóstol Pablo, porque los creyentes podamos tener un amor
como el de Cristo que exalta al Señor Jesucristo, que es la
marca de sus vidas. y eso es lo que sucede cuando
damos fruto para Dios cuando servimos en el régimen nuevo
del espíritu y no en el de la letra que es el de la ley ahora
vamos a mirar algunos otros pasajes que nos expresan de manera muy
clara algo que Dios ha revelado al apóstol Pablo al respecto
del amor y vamos a mirar Romanos capítulo 13 versículo 8 donde
el apóstol Pablo expresa lo que es, he dicho otras veces que
en realidad la ley es el carácter de Dios. Romanos capítulo 13 versículo
8 La segunda parte, bueno, dice primero, no debáis a nadie nada,
sino el amaros unos a otros, porque el que ama al prójimo,
¿qué ha hecho? El que ama al prójimo ha cumplido,
ha cumplido la ley. Pablo dice que el que ama a su
prójimo ha cumplido la ley. Y en el versículo 10 de este
mismo capítulo 3 dice, el amor no hace mal al prójimo, así que
el cumplimiento de la ley es el amor. El cumplimiento de la
ley es el amor. Si leemos desde el versículo
ocho, la segunda parte del versículo, pasando por el nueve, dice, porque
el que ama al prójimo ha cumplido la ley, porque no adulterarás,
no matarás, no hurtarás, no dirás falso testimonio, no codicerás,
y cualquier otro mandamiento en esta sentencia se resume,
amarás a tu prójimo como a ti mismo. El amor no hace mal al
prójimo, así que el cumplimiento de la ley es el amor. Ahora, el amor, el amor requiere, como Pablo
ya lo está expresando, requiere la muerte a la ley. Sin morir
a la ley, no hay esperanza de poder vivir una vida de amor. Y es lo mismo que estaba expresando
el hermano, es algo que es la obra de Dios. Dios nos hace morir
juntamente con Cristo. si miramos otra vez el versículo
cuatro dice así también vosotros hermanos míos habéis muerto a
la ley mediante el cuerpo de cristo para que seáis de otro
del que resucitó resucitó de los muertos a fin de que llevemos
fruto para dios morir a la ley es el medio de dar fruto para
dios debemos morir a la ley que exige amor para poder dar el
fruto del amor a dios debemos morir a la ley que exige el amor
para poder dar el fruto del amor que es la obra de Dios de su
Espíritu en nuestro corazón. En el versículo 6, pero ahora
estamos libres de la ley por haber muerto para aquella en
que estábamos sujetos, de modo que sirvamos bajo el régimen
nuevo del Espíritu y no bajo el viejo régimen de la letra. ¿Para qué? Es la pregunta. Y
este es el medio para que podamos servir en el régimen nuevo del
Espíritu. Es decir, servirnos los unos a los otros en el amor.
La muerte a la ley es esencial al amor. Ahora, ¿por qué es así? Porque la Escritura misma lo
dice. Es lo que está diciendo dos veces el apóstol Pablo, tanto
en el versículo cuatro como en el versículo seis, enfatizando
la muerte, la muerte a la ley. con nosotros pensamos en otra
pregunta es... ¿Por qué debemos morir a la ley?
¿Por qué debemos estar unidos a Cristo en la semejanza de su
muerte, como dicen romanos 6, 5, y así morir a la ley? Y la respuesta es en el versículo
5, que dice, porque si fuimos plantados, capítulo 6, versículo
5 de romanos, porque si fuimos plantados juntamente con él en
la semejanza de su muerte, así también lo seremos en la de su
resurrección. Y aquí está Pablo, en este versículo
5, hablando de lo mismo que el Señor Jesucristo dijo en Juan
capítulo 15, versículo 1, cuando dice, Yo soy la vid, vosotros
los pámpanos. Ahora, en el versículo 5 del
capítulo 7, Dice, porque mientras estábamos
en la carne, las pasiones pecaminosas que eran por la ley, obraban
en nuestros miembros, llevando fruto para muerte. Esa es la respuesta natural de
nosotros que nacemos, y nacemos con una naturaleza carnal y no
espiritual. La Biblia dice que el hombre
natural, o el hombre carnal, algunas traducciones dicen el
hombre animal, no percibe las cosas del espíritu, porque se
han de discernir espiritualmente. Y antes de tener vida espiritual,
Lo que dice el versículo 5 es la respuesta natural, es porque
hasta que no estemos unidos a Cristo en su muerte y resucitemos con
Él a una vida nueva, no tenemos el Espíritu de Dios y somos meramente
carne. No es algo que nosotros podemos
producir. Podemos hacer la gente que no
tiene al Señor, la gente que no es salva, tampoco es capaz
de amar, la gente actúa por conveniencia. Pero amor verdadero es solamente
el fruto del Espíritu, que se produce en aquellos que Dios
ha dado su Espíritu. Tenemos sólo una naturaleza humana. Cuando nacemos de Adán, en nuestro
primer nacimiento, sólo tenemos una naturaleza pecaminosa y caída,
sin la obra transformadora del Espíritu Santo en nuestras vidas.
¿Y qué es lo que sucede con esa naturaleza y con la ley? ¿Qué
hace la ley cuando se encuentra con esta carne, o con esta naturaleza
humana caída, no redimida? Se convierte en el poder del
pecado, en un instrumento real para derrotar sus propias demandas. Lo mismo que la ley demanda al
encontrarse con alguien que sólo es carne, con alguien que es
aborrecedor de Dios, con alguien que no se sujeta a la ley de
Dios, que no quiere y que no puede, pues hace pues que seamos
totalmente derrotados. De hecho, el versículo 5 dice,
porque mientras estábamos en la carne, o sea, con pura naturaleza
humana caída, no redimida, las pasiones pecaminosas que eran
despertadas por la ley, obraban en los miembros de nuestro cuerpo,
dando fruto para muerte. La misma ley que es santa, justa
y buena, Pero que cuando nos encontramos con la ley mientras
estamos en la carne, nuestro pecado se une a la ley para dar
fruto para muerte. La ley misma se convierte en
un instrumento para multiplicar los mismos pecados que la misma
ley condena. Vamos a mirar Romanos capítulo
13, versículo 9 al 10. Es el pasaje que ya leímos, que
justamente está hablando lo contrario a estar en la carne. Es el listado
de los mandamientos, y es aquello que la mente carnal no puede
cumplir. Ahora, la ley es buena, sin embargo,
cuando somos carnales, cuando no hemos nacido de nuevo, es
compañera del pecado. ¿Cómo podemos entender esta muerte
a la ley? ¿Cómo la ley que es buena se
convierte en un socio con el pecado para producir las mismas
cosas que la ley condena? Y vamos a mirar lo que dice el
versículo 5 explicado en el capítulo 8, versículo 7 al 9. El versículo
5 del capítulo 7 que dice, porque mientras estábamos en la carne,
las pasiones pecaminosas que eran por la ley, obraban en nuestros
miembros, llevando fruto para muerte. En capítulo 8, el apóstol
Pablo va a explicar lo que es estar en la carne. Versículo
7 al 9 dice, por cuanto los designios de la carne son en necesidad
contra Dios, porque no se sujetan a la ley de Dios, ni tampoco
pueden. y los que viven según la carne no pueden agradar a
Dios. Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el Espíritu. Si es que el Espíritu de Dios
mora en vosotros, y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo,
no es de él. Y aquí Pablo está explicando
en cuatro, cuatro formas, cuatro aspectos de lo que significa
la mente carnal o estar en la carne. explicando lo que dice
en el versículo 7 de 5 del capítulo 7 porque mientras estábamos en
la carne y primeramente lo que Pablo nos dice es la mente estar
en la carne es la mente puesta en la carne es enemigo de Dios
la mente puesta en la carne es enemigo de Dios la mente puesta
en la carne o estar en la carne es no sujetarse a la ley de Dios
también es que ni siquiera hay la capacidad dice que no solamente
dice porque no se sujeta a la ley de dios ni tampoco ni tampoco
puede incapaz de sujetarse a la ley de dios en el versículo 8
dice que los que están en la carne no pueden agradar a dios
y es todo lo contrario de estar en la carne es estar en el espíritu
Más vosotros, versículo nueve, no vivís según la carne, sino
según el Espíritu. Si es que el Espíritu de Dios
mora en vosotros, y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo,
no es de él. Quisiera que pudiéramos pensar
un poco en cuál es la esencia de nuestra condición pecaminosa
antes de nuestra conversión. La esencia de nuestra condición
pecaminosa antes de que el Señor nos salvara, antes de morir con
Cristo, antes de recibir el Espíritu Santo, no es que rompamos leyes
específicas. La esencia del pecado, Pablo
dice en el capítulo siete, versículo nueve, dice, yo sin ley vivía
en un tiempo, pero venido el mandamiento, el pecado revivió
y yo morí. Cuando pensamos en esto, ¿cuál
es la esencia del pecado? No es específicamente el quebrantar
mandamientos específicos, sino es la rebelión contra Dios en
nuestro corazón. No es que rompamos leyes específicas.
La esencia de nuestra condición es que somos hostiles a Dios.
La Biblia dice que somos aborrecedores de Dios. No hay quien busque
a Dios. Rebeldes contra Dios. Y eso es
antes de que nosotros podamos leer la ley. Un bebé de ocho
días o de quince días no ha leído la ley. Y si se la han leído
probablemente ha escuchado, pero no hay una comprensión propia
de los mandamientos de la ley, sin embargo él es hostil a Dios,
él es obstinado, nacemos con una obstinación, con una resistencia
a que alguien nos gobierne desde afuera, el auto, el auto, la
autodeterminación del individuo, el querer hacer su propia voluntad,
de hecho un padre amoroso y creyente va a orar y va a trabajar pronto
para enseñar a sus hijos obediencia y poder enseñarlos en el contexto
del evangelio porque entiende la gravedad de esa actitud de
rebeldía cuando nosotros pensamos en el bebé no precisamente está
quebrantando un mandamiento específico que entiende Pero yo he hablado
otras veces de cuando la mamá está intentando cubrir al bebé
porque lo quiere proteger y el bebé obstinadamente es incobernable
y no quiere que alguien lo gobierne fuera y mamá pone el gorrito
y el bebé quita el gorrito. Y mamá lo vuelve a poner y él
lo vuelve a quitar. Y cada vez la situación va siendo
más tensa. Al principio el niño no está
tan rebelde, pero llega un momento en que el niño está rebelde.
O recuerde, por ejemplo, cuando usted abraza un bebé que quiere
quitarle los lentes o cosas de ese tipo. Y alguien ha dicho,
gracias a Dios, que ese bebé no tiene la fuerza de un joven
de 18 años, porque si no, usted no quiere saber cómo terminaría
la escena. Dios, en su sabiduría, ha hecho
las cosas de esa manera, pero ese bebé es incobernable, y es
el hecho de constituirse Dios para sí mismo. Cuando uno mira
a un hijo en desobediencia, ¿qué es lo que hay allí? ¿Es alguien
que está resistiendo a Dios porque el que resiste a la autoridad,
a lo establecido por Dios, resiste y el que resiste acarrea condenación? Hermanos, no es algo gracioso,
por ejemplo, el mirar a un niño obstinado en desobediencia. Lo
que un niño obstinado en desobediencia está haciendo es decir, yo soy
Dios. Yo hago lo que quiero. Nuestra
cultura lo expresa de diferentes maneras. Alguien hizo una poesía
que dice ahí que cada quien es arquitecto de su propio destino. Pero no hay nada más lejos de
la realidad y es obstinación. Y cuando nosotros captamos eso,
esa es la esencia del pecado. Y eso es algo sumamente grave.
Usted piense en las maneras en que Dios trató con personas que
se atribuyeron ser Dios. Uno de ellos fue Herodes y expiró
comido por gusanos. porque bueno el primero de ellos
fue satanás que intentó subir al trono de dios y eso es lo
que se manifiesta en un corazón que no está precisamente en edades
tiernas quebrantando un mandamiento que ha leído y que entiende pero
que nace con una obstinación con el hecho de no ser gobernado
de manera externa y esa es la esencia de nuestra condición
pecaminosa Y eso es la esencia del pecado. Somos hostiles a Dios y por eso
no nos sometemos ni podemos someternos a la voluntad de Dios, a la ley
de Dios. La esencia de nuestra condición
pecaminosa es la falta de voluntad para que se nos diga qué hacer.
La esencia del pecado es una pasión por el autogobierno. Decidiremos
por nosotros mismos dónde encontrar la alegría. No admitiremos ningún
poder o autoridad final y decisiva por encima de nosotros mismos.
En resumen, la esencia del pecado es la autodeificación, la pasión
de ser nuestro propio Dios. Eso es lo que significa estar
en la carne. el buscar la alegría donde yo
quiero querer hacer lo que yo quiero porque pienso que cuando
algo lo que quiero voy a ser la persona más feliz cuántos
jóvenes que están de pronto esperando llegar a 18 años para irse de
sus casas y según ellos para que nadie más tenga que decirles
qué hacer y esa es la esencia del pecado ese es estar en la
carne así que el pecado no es primero quebrantar la ley primero
es el odio a la ley, e incluso antes de eso, es amante del autogobierno. Estar en la carne significa que
no se nos dirá qué hacer, seremos nuestro propio Dios. Ahora estamos,
ahora podemos entender Romanos 7.5, cómo la ley misma se convierte
en socia de nuestra naturaleza pecaminosa para producir las
mismas cosas que la ley condena. Y, como ejemplo, piense en cuántas
veces, por ejemplo, si usted es alguien normal como yo, cuántas
veces que nos dicen algo que debemos hacer y de pronto sientes
que algo te hierve por dentro porque a veces piensas que ya
lo sabes o piense por ejemplo imagínese a una persona o usted
puede recordar algún tiempo antes de ser creyente pero imagínese
a una persona que no es creyente pero que es muy tolerante y siempre
es pacífico y busca estar en paz y dialoga y trata de llevar
las cosas en paz Pero él nunca se ha enterado que la Biblia
habla al respecto y que la Biblia dice de hacer bien a sus enemigos. Y de pronto la persona se entera
que eso está en la Biblia. Y de pronto empieza a actuar
de una manera distinta como lo hacía antes. como la ley incita
su naturaleza de rebelión y ahora no está contento porque sabe
que ya sea en la escritura o en algún otro libro de alguna otra
manera él se ha enterado de algo que debe de hacer y que él hacía
y de pronto su carne es excitada a hacer pues lo contrario a lo
que venía haciendo. Ese es el papel de la ley cuando
estamos en la carne. Entonces vino la ley y el pecado
se asoció con la ley y tuvo ocasión en la ley. Fue despertado por
la ley para hacer precisamente lo que la ley condena. La ley
misma suscitó la desobediencia activa a lo que la ley exigía.
Esto es lo que está sucediendo en lo que explica Romanos, capítulo
7, versículo 5, porque mientras estábamos en la carne, mientras
amábamos ser Dios y odiábamos que nos dijeran qué hacer, las
pasiones pecaminosas que eran provocadas por la ley, obraban
en los miembros de nuestro cuerpo para dar fruto para muerte. Ahora, la novedad, la novedad
del espíritu. Pablo dice, por amor debes morir
a la ley, lo cual se resume en dejar de existir para la ley.
La solución que presenta Pablo es justamente el Evangelio, es
morir juntamente con Cristo, es morir a tus esfuerzos por
cumplir la ley, es el propósito de la ley en realidad es encerrarte
y mostrarte cuán incapaz eres de en verdad cumplir la ley,
el poder experimentar en tu corazón incluso cuánto aborrecimiento
hay en tu corazón por la misma ley que te lleva justamente a
hacer lo contrario que la ley que la ley demanda. Y la solución
no es el seguir esforzándote. La solución no es seguir tratando
de manera externa de cumplir una ley porque el cumplimiento
de la ley no es simplemente externo. Eso simplemente lo que va a hacer
es hacer algo que en verdad Dios condena. El Señor Jesucristo
jamás estuvo de acuerdo en un cumplimiento externo de la ley,
y Él encaró públicamente a la gente y les dijo que eran hipócritas
porque lavaban lo de afuera del vaso y del plato, porque se presentaban
como sepulcros blanqueados, porque aparentemente ellos cumplían
la ley, pero en verdad el cumplimiento de la ley demanda el hecho de
un cumplimiento perfecto de la ley no sólo de manera externa
sino aún en manera interna en el espíritu mismo de la ley y
la solución es venir a Dios clamando para que nos haga morir a la
ley y morir porque no soy capaz de cumplir esa ley porque en
mí no hay la capacidad de cumplir la ley venir reconociendo que
sólo hay alguien que ha sido capaz de cumplir la ley, que
es el Señor Jesucristo. La solución que Pablo presenta
a la conspiración catastrófica de la carne y la ley, uniéndose
para multiplicar los pecados, debemos morir a través del cuerpo
de Cristo. Por la fe en Cristo, morimos
con Cristo. En Gálatas 5.24. Dice, los que son de Cristo,
los que son de Cristo Jesús han crucificado la carne con sus
pasiones y deseos. Nuestro yo viejo y subordinado,
rebelde, endiosador y aborrecedor de la ley, muere con Cristo y
nos levantamos para andar en vida nueva. Y esta es la novedad
de vida que menciona el versículo seis para servir en el régimen
nuevo del espíritu y no en el régimen viejo de la letra. Ahora
estamos en condiciones de amar, dice Pablo, y el amor cumple
toda la ley. Quisiera que pudiéramos pensar
en tres aplicaciones. Uno, clamar al Señor que nos
haga dar cuenta de cuán obstinados y rebeldes somos por naturaleza
aparte de Cristo y la obra de su Espíritu. Que Dios nos ayude
a ser conscientes de la corrupción que queda dentro de nosotros.
que podamos sentirnos humillados por el resto
de residuo, de rebelión, de resistencia, de esos momentos, como yo decía,
cuando de pronto alguien, ni siquiera pensando hacernos mal,
nos dice algo que debemos hacer y sentir esa irritabilidad, ser
humildes y reconocer, venir humildes delante de Dios, reconociendo
que eso es el residuo de nuestra maldad, y venir en confesión
humilde delante del Señor, no intentando, pues, hacer como
que no es cierto, o simplemente reprimirlo, sino en verdad reconocerlo
y venir ante el Señor, reconociendo que hemos muerto con Cristo y
estamos muertos a la ley, confiar en el Señor Jesucristo, clamar
al Señor Jesucristo para que pueda ser quitado ese
remanente cada vez disminuido y no alimentarlo. Resistencia,
esa resistencia a que nos diga lo que es bueno para nosotros.
¿No has probado esto incluso la semana pasada? lo vemos en
otros, lo vemos alrededor de nosotros, pero lo más doloroso
es, pero que es bueno, que lo miremos en nosotros mismos. En
segundo lugar, el considerarnos muertos a esta vieja naturaleza,
recuerde, recordarnos cada día, si hemos creído en el Señor Jesucristo
y hemos confiado para nuestra salvación, necesitamos hacerlo
también para nuestro crecimiento en la gracia. No hay manera de
crecer en la gracia si no es considerarnos muertos a la ley,
muertos al pecado, considerarnos como el apóstol Pablo se consideraba
con Cristo, estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo,
más vive Cristo en mí, y lo que ahora vivo en la carne lo vivo
en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí
mismo por mí. El predicarnos constantemente el Evangelio,
Usted viene y escucha una predicación el domingo en la mañana, otra
el domingo en la noche, quizá el miércoles. Pero usted tiene
un predicador que constantemente está escuchando y al que más
escucha. Y ese predicador es usted mismo. ¿Y qué clase de
evangelio se está predicando usted toda la semana? ¿Se está
predicando otra vez a sí mismo el evangelio donde es necesario
morir juntamente con Cristo a la ley? el Evangelio donde se nos
recuerda que hemos sido comprados por la sangre del Señor Jesucristo.
el Señor conceda que cada vez que nosotros nos proclamemos
el Evangelio esta semana y seamos intencionales en recordarnos
el Evangelio, en recordar que la única manera de poder crecer
en amor que es ser como Cristo, es considerarnos muertos a la
ley, muertos al pecado, pero vivos para el Señor Jesucristo.
El recordar cada vez que lo que en verdad me hace acepto delante
de Dios no es el hecho de mi cumplimiento de la ley sino es
estar en aquel que ha cumplido perfectamente la ley y estar
en aquel que ha llevado el castigo infinito por la ley que yo he
quebrantado que es estar vestido de la justicia del Señor Jesucristo
que Dios nos guarde de la tentación de intentar mostrarnos mejor
de lo que realmente somos porque eso Dios lo aborrece y poder
venir confiados en la justicia del Señor Jesucristo. Que esta semana cuando tropecemos
o fracasemos en el camino del amor, no busquemos el remedio
en la ley. La ley no está diseñada por Dios
para proveer la justicia para nuestra justificación y para
nuestro crecimiento en gracia. El versículo cuatro dice que
hemos muerto a la ley, para que seas unido a otro, aquel que
resucitó de los muertos. La ley no es la respuesta a nuestros
fracasos en el amor. Cristo es la respuesta. Hermano,
la ley no es la respuesta. Sin duda, fracasamos. ¿A dónde
vamos a ir esta semana con nuestro fracaso? ¿A la ley? La ley no
tiene misericordia y la ley no tiene poder para ayudarnos. La
ley simplemente exige la pena por no haber podido conformarse
a la ley. ¿Dónde vamos a ir? Al Señor Jesucristo. El poder estar, como dice, el
que permanece en mí y yo en él. De Cristo os desligasteis, los
que por la ley os justificáis. Hermanos, que Dios nos guarde
en nuestro fracaso de correr a la ley. Si nos busquemos intimidad
con el Señor Jesucristo, el permanecer en el Señor Jesucristo, el venir
al Señor Jesucristo y decirle, he fracasado, he pecado, perdóname. Lávame con tu sangre. He pecado
contra ti, he pecado contra mi prójimo. No he amado como es
debido. Pero tú eres mi esperanza. Mi
esperanza no es mi esfuerzo en la ley. Mi esperanza es estar
en el Señor Jesucristo. Así es para nuestra salvación
eterna. De igual manera es para nuestro
crecimiento en la gracia. Nuestra esperanza está en el
Cristo resucitado vivo y poderoso. en ese Cristo que está presente
y la clave es conocerlo cada día y confiar en él, atesorarlo. La clave es lo que Pablo decía,
todo lo demás es basura, lo único es, él hizo un análisis contable
Y Él hizo su balance y después Él dijo que todo lo demás lo
había dejado porque por el incomparable valor de conocer a Cristo Jesús. Hermano, Cristo es nuestra necesidad,
estar unido al Señor Jesucristo, estar confiando en el Señor Jesucristo.
Asegurarnos de que en verdad hemos sido injertados por el
Padre. Dice, yo soy la vid verdadera,
mi Padre es el Orador. Que Dios nos guarde de querer
vivir y crecer en una vida cristiana con una mala relación con la
ley. no es la ley la solución la solución es hemos muerto a
la ley ya no estamos en una relación dominio con la ley la solución
es el matrimonio con cristo ya hemos muerto a la ley para ser
de otro del que resucitó de los muertos ya hemos muerto a la
ley y si no has muerto la ley clama al señor que te mate Es
obra de Dios. Los verbos que están en ese pasaje
que estamos estudiando son todos verbos que son pasivos, que hablan
de que es la acción de otro. Y es Dios quien hace esa obra,
la obra de hacernos morir juntamente con Cristo. Vamos a orar.

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