Romanos capítulo siete dice la palabra de Dios acaso
ignoráis hermanos pues hablo con los que conocen la ley que
la ley se enseñorea del hombre entre tanto que éste vive porque
la mujer casada está sujeta por la ley al marido mientras éste
vive, pero si el marido muere, ella queda libre de la ley del
marido. Así que si en vida del marido
se uniere a otro varón, será llamada adúltera, pero si su
marido muriere, es libre de esa ley, de tal manera que si se
uniere a otro marido, no será adúltera. Así también vosotros,
hermanos míos, habéis muerto a la ley mediante el cuerpo de
Cristo, para que seáis de otro, del que resucitó de los muertos,
a fin de que llevemos fruto para Dios. Porque mientras estábamos
en la carne, las pasiones pecaminosas que eran por la ley, obraban
en nuestros miembros, llevando fruto para muerte. pero ahora
estamos libres de la ley por haber muerto para aquella en
que estábamos sujetos, de modo que sirvamos bajo el régimen
nuevo del espíritu, y no bajo el régimen viejo de la letra. ¿Qué diremos, pues? La ley es
pecado, en ninguna manera, pero yo no conocí el pecado sino por
la ley, porque tampoco conociera la codicia, si la ley no dijera,
no codiciarás. más el pecado tomando ocasión
por el mandamiento produjo en mí toda codicia, porque sin la
ley el pecado está muerto. Y yo sin la ley vivía en un tiempo,
pero venido el mandamiento, el pecado revivió y yo morí. Y ayer
que el mismo mandamiento que era para vida, a mí me resultó
para muerte, porque el pecado tomando ocasión por el mandamiento
me engañó y por él me mató. De manera que la ley a la verdad
es santa, y el mandamiento santo, justo y bueno. Luego lo que es
bueno vino a ser muerte para mí, en ninguna manera, sino que
el pecado, para mostrarse pecado, produjo en mí la muerte, por
medio de lo que es bueno, a fin de que por el mandamiento el
pecado llegase a ser, sobremanera, pecaminoso. Porque sabemos que
la ley es espiritual, mas yo soy carnal, vendido al pecado. Porque lo que hago no lo entiendo,
pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago. Y
si lo que no quiero esto hago, apruebo que la ley es buena,
de manera que ya no soy yo quien hace aquello, sino el pecado
que mora en mí. Yo sé que en mí, esto es en mi
carne, no mora el bien, porque el querer el bien está en mí,
pero no el hacerlo. Porque no hago el bien que quiero,
sino el mal que no quiero, eso hago. Y si hago lo que no quiero,
ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí. Así que queriendo
yo hacer el bien, hallo esta ley, que el mal está en mí, porque
según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios, pero
veo otra ley en mis miembros, que se revela contra la ley de
mi mente, y me lleva cautivo a la ley del pecado que está
en mis miembros. miserable de mí, ¿Quién me librará
de este cuerpo de muerte? Gracias doy a Dios por Jesucristo
Señor nuestro, así que yo, así que yo mismo con la mente sirvo
a la ley de Dios, más con la carne a la ley del pecado Vamos a a meditar los versículos en más de una predicación. Este es un pasaje donde a lo
largo de los tiempos, de mucho tiempo, ha habido Preguntas en cuestión de quién
es este hombre que está descrito en los versículos 14 al 25. Si
este hombre es un creyente o si no es un creyente. Hay personas
que han sostenido a lo largo del tiempo que está describiendo
a Pablo antes de ser creyente. y otros creen que esa es la realidad
del creyente y antes de yo creo que que varias veces he dicho
que es lo que yo creo porque es la realidad que muestra la
escritura y Hay varias cosas importantes
que nosotros necesitamos mirar acá para entender el pasaje y
recordar cosas que son fundamentales en cuanto a nuestra salvación. Cuando Pablo está presentando
el Evangelio, y Pablo está haciendo énfasis en toda la carta, empezando
desde el capítulo 1, mostrando a todos como culpables delante
de Dios, Él va a presentar primero a los judíos y después a los
gentiles, a aquellos paganos que están sin una revelación,
y después va a hablar acerca de los judíos y ponerlos a todos
en el banco de los acusados. Mostrarle a todos que la justicia
de Dios se ha revelado aparte de la ley. Y el Apóstol Pablo
está siendo consciente de cosas que a lo largo del tiempo el
ser humano es el mismo ser humano de todo el tiempo. En el mismo
tiempo en que el Apóstol Pablo vivía había hombres que Se negaban
a predicar la verdad del evangelio pensando en que representaba
ciertos peligros. Pero no hay ningún peligro en
presentar el evangelio. Lo peligroso es no predicar el
evangelio como Dios lo ha revelado. Hay gente que se niega a predicar
el evangelio sólo por la fe. solo por la gracia, solo por
la obra de Cristo, pensando en que eso va a hacer que la gente
viva, pues, de una manera que no es correcta. Pero eso es algo
que está muy lejos de la realidad. El apóstol Pablo, después de
haber hablado de que la justicia de Dios se ha revelado a parte
de la ley, y que es por fe y es para fe, Y el Apóstol Pablo va
presentando cuál es la condición real del creyente ante la ley,
el hecho de que el creyente, en capítulo 6 se le ha hablado
y ha dicho que el creyente ha muerto al pecado, pero en capítulo
7 dice muerto a la ley, y él siendo consciente de la depravación
del corazón engañoso y perverso que tuerce la escritura para
su propia perdición, él va abordando las posibles preguntas para torcer
la verdad como la pregunta pues vamos a perseverar en el pecado
para que la gracia abunde y él ha contestado rotundamente no. Después de hablar acerca de que
hemos muerto a la ley dice versículo 4 del capítulo 7 dice así también
vosotros hermanos míos habéis muerto a la ley mediante el cuerpo
de cristo para que seáis de otro del que resucitó de los muertos
a fin de que llevemos fruto para dios Y uno pudiera pensar, y
seguramente hubo gente que argumentó acusando a Pablo, pues todo eso
que estás diciendo está diciendo entonces que la ley es mala,
que hay algo malo con la ley. Y el domingo estábamos meditando
y Pablo contesta con un rotundo no, no hay nada malo con la ley. Pero es importante que nosotros,
para poder entender lo que Pablo está explicando del capítulo,
versículo catorce al veinticinco, el poder recordar que la salvación
es aparte de la ley, que no es nunca como un camino de salvación.
Muy por el contrario, la ley se dio para mostrarnos la realidad
de nuestra incapacidad de cumplir la ley. El apóstol Pablo dice, porque
sabemos que la ley es espiritual. Definitivamente aquí se nos presenta
el primer asunto que no es el asunto de alguien que no es creyente. Alguien que no es creyente no
entiende que hay un aspecto espiritual de la ley. Definitivamente aquí
este hombre dividido, este hombre miserable, es un creyente porque lo primero
que está diciendo es la ley es espiritual ya sea que sea una
persona no creyente que no conoce para nada la ley no piensa que
es espiritual y aquellos que se creían creyentes que tenían
la ley no veían el aspecto espiritual de la ley y ellos pensaban que
pues cumpliendo externamente la ley habían cumplido la ley
por eso el señor Jesús les dijo Oíste que fue dicho a los antiguos,
no matarás, pero yo te digo que cualquiera que se enoje contra
su hermano, pues es equivalente a matarlo. El que le diga fato
va a quedar expuesto al infierno de fuego. Mostrando el aspecto
espiritual de la ley, que es más allá de simplemente, pues
no he matado porque no lo he tocado, ni le he golpeado, ni
he hecho lo que Caín hizo. Y es interesante que el pecado
en el corazón es exactamente a los ojos de Dios igual que
el pecado que se ha consumado de manera externa. El Señor Jesús
se encargó de explicar a esta gente el aspecto espiritual de
la ley. Él les dijo, oíste que fue dicho a los antiguos, no
cometerás adulterio, pero yo les digo que cualquiera que mira
a una mujer para codiciarla ya adulteró en su corazón. El hecho de que hay un aspecto
espiritual de la ley, la ley fue dada a través del Espíritu
de Dios, y Pablo dice, sabemos que la ley es espiritual, mas
yo soy carnal vendido al pecado. Y aquí Pablo lo que está hablando
es el hecho de que nosotros vivimos en una naturaleza humana de carne. en una naturaleza humana caída,
que no es nuestra habitación adecuada para la vida nueva espiritual. Cuando nosotros nacimos, el hombre
que no es creyente, pues el apóstol Pablo también dice el hombre
natural, en algunas traducciones más antiguas dice el hombre animal,
no comprende las cosas del espíritu, porque se han de discernir espiritualmente. Y evidentemente aquí Pablo está
hablando de su experiencia como creyente, Él, como creyentes,
ve que la ley de Dios es buena. De hecho, Él lo ha dicho antes,
ya varias veces, que la ley es buena. Y Él sigue diciendo aquí,
la ley es espiritual. Después, Él dice, en el versículo dieciséis, dice,
lo que no quiero, y si lo que no quiero, esto hago, apruebo
que la ley es buena. De manera que ya no soy yo quien
hace aquello, sino el pecado que mora en mí. Y varias veces
él va hablando acerca de deleitarse en la ley de Dios, que definitivamente
es, pues esa es la realidad de un creyente. Un creyente ya no
ve la ley simplemente como restricciones. Un creyente ha aprendido a ver
que la ley es la manifestación del carácter de Dios, pero el
creyente justamente ha llegado a la conclusión de que él no
está esperando obtener ninguna bendición por el cumplimiento
de la ley, porque para empezar, el Espíritu Santo le ha mostrado
que él es incapaz de cumplir la ley. De cumplir la ley no
sólo de manera externa, sino de manera espiritual, de manera
íntegra, de poder cumplir la ley, como dice, con toda el alma,
con toda la mente, con todas las fuerzas. Él va mostrando
aquí en varias ocasiones, dice, versículo 19, dice, porque no
hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago,
y si lo que no hago, y si hago lo que no quiero, ya no lo hago
yo, sino el pecado que mora en mí. Así que queriendo yo hacer
el bien, hayo esta ley que el mal está en mí, porque según
el hombre interior me deleito en la ley de Dios. Pero veo otra
ley en mis miembros que se revela contra la ley de mi mente. Hermano,
sólo el creyente haya deleite en la ley de Dios. En la palabra
revelada de Dios, en los mandamientos de Dios, está su deleite. Ahora, él dice, la ley es espiritual,
macioso y carnal, vendido al pecado. Y está hablando de esta
naturaleza, este cuerpo caído, que es una fuente en sí mismo.
No es que nuestro cuerpo sea malo, como los griegos pensaban,
que este cuerpo es una prisión del espíritu, y el estado ideal
es que estemos sin cuerpo. No obstante, este cuerpo no es
el cuerpo adecuado para la vida espiritual que tenemos habiendo
nacido de nuevo. Este cuerpo se constituye muchas
veces en una fuente de tentación y dice, yo soy carnal vendido
al pecado. Y esa es la Aquí Pablo está hablando
de, no de un estado permanente, sino de momentos en que el creyente,
en que el creyente es derrotado. Es la experiencia que podemos
ver, por ejemplo, en el mismo apóstol Pedro, había creído,
y pues él no quería negar al maestro, en su hombre interior,
pues él dijo, si es necesario, yo voy a morir contigo. Sin embargo,
en su, este cuerpo carnal, experimentó temor al hombre, en lugar de
temor a Dios, y él negó al maestro. Y es muy probable que en el llanto
del apóstol Pedro estuvo también la exclamación miserable de mí.
¿Quién me va a librar de este cuerpo de pecado? Y uno pudiera
pensar y argumentar, bueno, es que cuando eso sucedió el Espíritu
Santo aún no había venido. Pero Pedro tuvo otro momento
así después de que ya había venido el Espíritu Santo. Cuando el
mismo apóstol Pablo tuvo que reprenderlo duramente porque
volvió a tener temor al hombre. Cuando él estaba comportándose
con libertad delante de creyentes judíos y de pronto delante de
los hermanos gentiles. Cuando vinieron personas de cierto
prestigio y autoridad de los judíos, pues él empezó a a guardarse
de ciertas cosas, y dice la Biblia que hasta Bernabé cayó en semejante
ejemplo de hipocresía. Y Pablo dice que él lo tuvo que
confrontar, y él volvió a experimentar eso.
Ahora, el apóstol Pablo está hablándonos aquí No de que el
creyente anda siempre como un miserable caído, arrastrado y
siempre derrotado. Pero lo que sí nos está mostrando
es que el creyente no siempre anda victorioso. El creyente
enfrenta momentos de lucha, enfrenta momentos de fracaso. Y el creyente
recuerda algo, que así como su salvación eterna es por gracia,
sólo por medio de la fe, sólo por la obra de Cristo, también
su crecimiento para conformarse a la imagen del Señor Jesucristo
ocurre de la misma manera. Lo que Pablo nos está diciendo
acá es, esta es la realidad del creyente. El creyente tiene un
deleite en la ley de Dios. El creyente ama la ley de Dios.
El creyente sabe que su crecimiento en gracia no es mérito propio. Él sabe que es un miserable y
todo lo que el creyente tiene es porque él está con sus manos
extendidas justamente como un miserable esperando recibir todo
del Señor, su relación con la ley ya no es de procurar obtener
mérito, de obtener bendición por mérito. Recuerde el apóstol
Pablo, en el Antiguo Testamento, mucha
gente en la actualidad Hace cosas como, por ejemplo, hay gente
que se propone hacer gente que es diezmadora. Y no hay nada
de mal en ser diezmadora. Lo que hay de mal es pretender
hacer transacciones con Dios y esperar que voy a diezmar para
que Dios me dé bendición. Si esa es la motivación, hay
algo equivocado, hay un trato, hemos muerto a la ley, y la cuestión
es, yo voy a ofrendar porque Dios ya me ha bendecido con toda
bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo. O sea,
la bendición de Dios para el creyente no está en función,
el creyente no está actuando para que Dios le dé, sino porque
Dios ya nos ha dado todo en Cristo. agradamos a Dios porque estamos
en Cristo. Nuestra obediencia es aceptada
simplemente por la realidad de enorme peso que es estamos en
Cristo. De lo contrario, nuestra obediencia
no sería acepta porque no es perfecta. Y Pablo está mostrando
él realmente esta descripción de un hombre con un corazón dividido.
con una batalla constante contra el pecado, es la realidad del
creyente. El creyente se mantiene humilde
porque sabe que no está, no es en sus fuerzas, no es en su capacidad,
él sabe, él sabe que la realidad de que nosotros somos, somos
pecadores, no simplemente somos pecadores porque pecamos, sino
pecamos porque somos pecadores. Porque a veces también tendemos
a equivocarnos en pensar que lo que nos hace pecadores es
lo que hacemos, ¿no? Pero hacemos lo que hacemos porque
ya somos pecadores. Nacemos Como dice la escritura,
he aquí en maldad he sido formado y en pecado me concibió mi madre.
Nacemos con una naturaleza pecaminosa, con una naturaleza que es rebelde
contra Dios, con una naturaleza que ante la ley que es buena,
lo que ocurre es que se excita nuestra rebelión contra la ley,
el querer no tener límites, el querer hacer lo que nosotros
queremos hacer, Y esa es la naturaleza que ha sido cambiada cuando hemos
muerto a la ley. Y es necesario morir a la ley
si nosotros vamos a llevar fruto para Dios. Dice en el versículo
seis del capítulo siete pero ahora estamos libres de la ley
por haber muerto para aquella en que estaba sujetos de modo
que sirvamos bajo el régimen nuevo del espíritu y no bajo
el régimen viejo de la letra hermanos la la La gran lección espiritual
de este pasaje es la realidad del creyente es que el creyente
entre más conoce a Dios, más conoce quién es y cuán peligroso
es. Entre más conocemos a Dios, podemos
ver cuán propensos somos a desviarnos de la obediencia a Dios, a llegar
a momentos en los cuales nos sujetamos otra vez a una esclavitud,
sin embargo damos gracias a Dios porque toda nuestra esperanza
de que podemos temporalmente estar ahí en esa esclavitud al
pecado pero que si hemos creído si recordamos constantemente
que hemos muerto a la ley, y que toda bendición procede de la
obra del Señor Jesucristo, del hecho de que Él ha cumplido perfectamente
la ley, de que Él ha provisto la manera en que yo puedo ser
limpio de mi fracaso, de mi pecado, y venir al Señor Jesucristo. El creyente no es alguien que
se siente que ya no peca, El creyente no es alguien que tiene
orgullo en sí mismo. El creyente es alguien que no
se la pasa diciendo, yo no he pecado. Porque si alguno dice
que no ha pecado, hace a Dios mentiroso y la verdad no está
en él. Y es alguien que ve todo el mérito en el Señor Jesucristo. Es alguien que se regocija y
su gozo está en el Señor Jesucristo. Y evidentemente, este hombre
que está hablando aquí es el hombre que Dios ha transformado
de de Saulo de Tarso en el apóstol Pablo. Su hablar acerca de la
ley no es nada parecido a lo que él era cuando estaba en la
carne, cuando antes que el Señor lo salvara, y lo podemos ver
en Filipenses. En Filipenses capítulo tres, el apóstol Pablo no no se ve
como un miserable dice porque nosotros versículo tres
del capítulo tres somos la circuncisión los que en espíritu servimos
a Dios y nos gloriamos en Cristo Jesús no teniendo confianza en
la carne aunque yo tengo también de que confiar en la carne si
alguno piensa que tiene de que confiar en la carne yo más circuncidado
al octavo día, del linaje de Israel, de la tribu de Benjamín,
hebreo de hebreos en cuanto a la ley fariseo, en cuanto a celo
perseguidor de la iglesia, en cuanto a la justicia que es en
la ley irreprensible. Pero cuantas cosas eran para
mi ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo.
Y ciertamente aún estimo todas las cosas como pérdida por la
excelencia del conocimiento de Cristo Jesús mi Señor, por amor
del cual lo he perdido todo y lo tengo por basura para ganar a
Cristo. Y aquí está la figura, el miserable,
que no tiene nada, sino espera, dice, y ser hallado en él, no
teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que
es por la fe de Cristo, la justicia que es de Dios por la fe. Y hermanos,
es el deleite del creyente, de aquel que ha experimentado, vive
en humildad, porque sabe que ¿Sabe que Él es propenso a caer? Esa es la humildad que se refleja
cuando dice el apóstol Pablo, si alguno es sorprendido en una
falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre.
Considerándote a ti mismo, no sea que también seas tentado.
Y hermanos, qué importante es que el Señor obre nuestro corazón
y nos dé comprensión de nuestra relación con la ley. Nuestra
relación con la ley va a marcar nuestra relación primeramente
con Dios y después en la manera como practicamos nuestra comunión
con los creyentes. Si yo no tengo una comprensión
correcta de cuál es el papel de la ley y que yo estoy muerto
a la ley porque soy incapaz de cumplir la ley y estoy confiando
en que Cristo la ha cumplido por mí, que Cristo ha muerto
porque yo soy un fracaso en cumplir la ley y que mi esperanza de
poder imitar a Dios como hijo amado es en la obra del Señor
Jesucristo, en el poder del Espíritu Santo, pues difícilmente yo me
voy a acercar a alguien que es tentado con humildad porque yo
me voy a sentir Como aquellos que le dijeron, mira, esa mujer
fue sorprendida en el acto mismo del adulterio. ¿Qué hay que hacer
con ella? Pues, la ley dice, apedrearla.
Y el Señor dice, pues, el que esté libre de pecado, que tire
la primera piedra. Y dice, considerándote a ti mismo,
no sea que también seas tentado. El recordar nos sostiene la gracia
de Dios. En verdad, no está hablando aquí
de andar a Esa expresión de miserable no es de que el creyente está
todo el tiempo derrotado, pero es haciendo el énfasis, no andamos
siempre en la victoria como quisiéramos, porque estamos aún en una batalla
con un cuerpo que no es adecuado para la vida espiritual, en un
cuerpo que es sujeto a pasiones que tientan nuestro espíritu.
Y es por eso Pablo dice, pues, yo me deleito en la ley de Dios,
pero hay otra ley en mis miembros que se revela. Y es necesario poder recordar
eso, recordar el Evangelio, recordar que somos salvos por gracia,
somos salvos por medio de la fe, somos salvos sólo por el
Señor Jesucristo, somos salvos sólo para la gloria de Dios. Recordar esto y recordar constantemente
para que seamos guardados. Y recordemos que, ¿qué es la
ley? La ley es la expresión del carácter
de Dios, pero no es medio de salvación. Sin el Señor Jesucristo,
yo soy incapaz de expresar el carácter de Dios. Mi cuerpo mismo
me tienta a expresar y a vivir para, no para la gloria de Dios,
sino para lo temporal. y que el Señor nos haga recordar
constantemente el hecho de que las realidades espirituales son
tan reales como las materiales. Uno de los problemas es que pues
tendemos a pensar que lo que es real es lo que podemos ver
y tocar. Pero el mundo, la dimensión espiritual
es tan real como la dimensión física. y este cuerpo tristemente
nos lleva a fijarnos demasiado y a pensar en real en las cuestiones
materiales hay una realidad espiritual la ley tiene una dimensión espiritual
el cumplimiento de la ley no es sólo lo que podemos hacer
externamente sino es el cumplimiento el cumplimiento pleno de la ley
no sólo en la manera externa sino en el hecho de internamente
en lo que dios puede ver Y sólo es en Cristo que nosotros podemos
tener una correcta relación con la ley. Cuando venimos a Cristo,
morimos a la ley. No porque la ley sea mala en
sí misma. Lo malo está en mí. Lo malo es mi naturaleza. que
batalla la carne, dice Pablo en Gálatas, que batalla esa batalla
del espíritu y la carne, que es en Gálatas 5.17, es el mismo
lenguaje que está usando en romanos. Dice, porque el deseo de la carne
es contra el espíritu y el del espíritu es contra la carne y
estos oponen entre sí para que no hagáis lo que quisierais.
Y hermanos, efectivamente es la experiencia de un creyente.
No es la experiencia de Pablo antes que fuera un creyente.
Es la experiencia real del creyente. El creyente está cada día más
y más consciente. Necesito de Cristo. Cada vez
más y más consciente yo soy un peligro. Soy un peligro por eso
Jesús dijo separados de mí nada podéis hacer y que lo recordemos
constantemente y me gusta recordar un un amigo compartía que estaba
en una ocasión muchos muchachos como de veinte años y habían
escuchado predicar durante una semana a un anciano como de ochenta
años y al final hicieron una reunión de oración y Cuando le preguntaron al predicador
sus motivos de oración, él pidió que oraran para que Dios los
sostuviera y él pudiera terminar bien la carrera. Y los jóvenes
de 20 años se preguntaban, pues, ¿qué pecado puede cometer? Y
bueno, que Dios nos guarde de hacer esa clase de preguntas
porque... No importa cuántos años pase,
si bien el Apóstol Pablo le dice a Timoteo, huye de las pasiones
juveniles, eso no quiere decir que haya pasiones seniles y pasiones
infantiles. Y en cada etapa de nuestra vida,
y yo creo que con el correr del tiempo, Cada vez vamos a ser
más conscientes de que tenemos que clamar a Dios para que podamos
terminar bien la carrera. Porque no es por los años que
hemos estado en el Evangelio, sino es los años en el Evangelio
nos deben hacer cada vez más conscientes. Soy un peligro si
no me mantengo con los ojos en Cristo. sino me mantengo mirando
que aparte de Cristo soy un miserable. Si no me mantengo con esa actitud,
pues justamente el miserable ¿qué está haciendo? Pues esperando
que le den todo. Y necesitamos mantener todos
los días en nuestra vida esa actitud, pero no con una actitud
de arrastrarnos por el piso, sino con la actitud que termina
Pablo diciendo, porque no solo dice miserable, después dice,
¿dónde está toda su esperanza? Y él dice, miserable de mí, que me librará
de este cuerpo de muerte. Y después hay un canto de triunfo,
hay una expresión de gozo. Gracias doy a Dios por Jesucristo,
Señor nuestro. Gracias doy a Dios por Jesucristo,
Señor nuestro. Y ahí está nuestra esperanza.
Que Dios nos guarde de esperanza en la carne. Cuando nuestra esperanza
esté toda en Cristo, vamos a poder ayudar a los hermanos con humildad,
con espíritu de mansedumbre. Porque mi tesoro es Cristo. Mi
tesoro no es lo que yo he logrado. Mi tesoro es Cristo Jesús. Es su obra perfecta en la cruz.
Es su cumplimiento de la ley. Es que Él vivió, no sólo murió
por mí, sino Él vivió la vida que no soy capaz de vivir. Dice,
gracias doy a Dios por Jesucristo Señor nuestro, hace que yo mismo
con la mente sirva la ley de Dios, más con la carne a la ley
del pecado. vivir como un miserable pero
agradecido como un miserable que su victoria está en el señor
y recordar lo que está mostrando aquí no es que el cristiano anda
siempre en fracaso sino que no siempre anda en la victoria que
quisiera andar tenemos momentos de debilidad como los tuvo el
mismo apóstol pablo por eso él dice esto de sí mismo como los
tuvo el apóstol pedro es la experiencia del creyente. El creyente no
se vuelve un santurrón que de pronto incluso cae mal a toda
la gente. El creyente vive consciente de
que es pecador, de que está batallando todavía con el pecado, de que
al final, pues como Pablo dice, no que lo haya logrado ya, ni
que ya sea perfecto, pero una cosa hago, prosigo a la meta,
al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús. Vamos
a Ahora...
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