Bootstrap
JC

Venir a Cristo

John 6:44-46
Joel Coyoc August, 17 2022 Video & Audio
0 Comments
JC
Joel Coyoc August, 17 2022

Sermon Transcript

Auto-generated transcript • May contain errors

100%
San Juan capítulo seis dice la
palabra de Dios después de esto Jesús fue al otro lado del mar
de Galilea el de Tiberias y le seguía gran multitud porque veían
las señales que hacía en los enfermos entonces subió Jesús
a un monte y se sentó allí con sus discípulos y estaba cerca
la pascua la fiesta de los judíos Cuando alzó Jesús los ojos y
vio que había venido a él gran multitud, dijo a Felipe, ¿de
dónde compraremos pan para que coman estos? Pero esto decía
para probarle, porque él sabía lo que había de hacer. Felipe
le respondió, doscientos denarios de pan no bastarían para que
cada uno de ellos tomase un poco. Uno de sus discípulos, Andrés,
hermano de Simón Pedro, le dijo, aquí está un muchacho que tiene
cinco panes de cebada y dos pececillos, ¿más qué es esto para tantos?
Entonces Jesús dijo, haced recostar la gente. Y había mucha hierba
en aquel lugar y se recostaron como el número de cinco mil varones.
Y tomó Jesús aquellos panes, y habiendo dado gracias, los
repartió entre los discípulos. y los discípulos entre los que
estaban recostados, asimismo de los peces, cuanto querían.
Y cuando se hubieron saciado, dijo a sus discípulos, recoged
los pedazos que sobraron, para que no se pierda nada. Recogieron,
pues, y llenaron doce cestas de pedazos, que de los cinco
panes de cebada sobraron a los que habían comido. Aquellos hombres
entonces, viendo la señal que Jesús había hecho, dijeron, éste
verdaderamente es el profeta que había de venir al mundo. Pero entendiendo Jesús, que iban
a venir para apoderarse de él y hacerle rey, volvió a retirarse
al monte él solo. Al anochecer, descendieron sus
discípulos al mar, y entrando en una barca iban cruzando el
mar hacia Capernaum. Estaba ya oscuro y Jesús no había
venido a ellos. Y se levantaba el mar con gran
viento que soplaba. Cuando habían remado como veinticinco
o treinta estadios, vieron a Jesús que andaba sobre el mar y se
acercaba a la barca, y tuvieron miedo. Mas Él les dijo, Yo soy,
no temáis. Entonces con gusto le recibieron
la barca, la cual llegó enseguida a la tierra donde iban. El día
siguiente la gente que estaba al otro lado del mar vio que
no había habido allí más que una sola barca, y que Jesús no
había entrado en ella con sus discípulos, sino que éstos se
habían ido solos. Pero otras barcas habían arribado
de Tiberias junto al lugar donde habían comido el pan después
de haber dado gracias al Señor. Cuando vio, pues, la gente que
Jesús no estaba allí, ni sus discípulos, entraron en las barcas
y fueron a Capernaum buscando a Jesús. Y hallándole al otro
lado del mar, le dijeron, Rabí, ¿cuándo llegaste acá? Respondió
Jesús y les dijo, de cierto, de cierto os digo que me buscáis
no porque habéis visto las señales, sino porque comisteis el pan
y os saciasteis. Trabajad no por la comida que
perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual
el Hijo del Hombre os dará, porque a éste señaló Dios el Padre."
Entonces le dijeron, ¿qué debemos hacer para poner en práctica
las obras de Dios? Respondió Jesús y les dijo, Esta
es la obra de Dios, que creáis en el que Él ha enviado. Le dijeron
entonces, ¿qué señal pues haces tú para que veamos y te creamos? ¿Qué obra haces? Nuestros padres
comieron el maná en el desierto, como está escrito, pan del cielo
les dio a comer. Y Jesús les dijo, desierto, desierto
os digo, no os dio Moisés el pan del cielo, mas mi padre os
da el verdadero pan del cielo. porque el pan de Dios es aquel
que descendió del cielo y da vida al mundo. Le dijeron, Señor,
danos siempre este pan. Jesús les dijo, yo soy el pan
de vida, el que a mí viene nunca tendrá hambre, y el que en mí
cree no tendrá sed jamás. Mas os he dicho que aunque me
habéis visto, no creéis. Todo lo que el Padre me da vendrá
a mí, y al que a mí viene, no le echo fuera, porque he descendido
del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió.
Y esa es la voluntad del Padre el que me envió, que todo el
que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día
postrero. Y esa es la voluntad del que
me ha enviado, que todo aquel que vea al Hijo y cree en Él,
tenga vida eterna, y yo le resucitaré en el día postrero. Murmuraban
entonces de él los judíos, porque había dicho, yo soy el pan que
descendió del cielo. Y decían, ¿no es este Jesús,
el hijo de José, cuyo padre y madre nosotros conocemos? ¿Cómo pues
dice este, del cielo he descendido? Jesús respondió y les dijo, no
murmuréis entre vosotros. Ninguno puede venir a mí, si
el Padre que me envió no le trajere, y yo le resucitaré en el día
postrero. Escrito está en los profetas,
y serán todos enseñados por Dios. Así que todo aquel que oyó al
Padre, y aprendió de él, viene a mí. No que alguno haya visto
al Padre, sino aquel que vino de Dios, éste ha visto al Padre. De cierto, de cierto os digo,
el que cree en mí tiene vida eterna. Yo soy el pan de vida. Nuestros padres comieron el maná
en el desierto y murieron. Este es el pan que desciende
del cielo, para que el que de él come no muera. Yo soy el pan
vivo que descendió del cielo. Si alguno comiere de este pan,
vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne,
la cual yo daré por la vida del mundo." Entonces los judíos contendían
entre sí diciendo, ¿cómo puede éste darnos a comer su carne?
Jesús les dijo, de cierto, de cierto os digo, si no coméis
la carne del Hijo del Hombre y bebéis su sangre, no tenéis
vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi
sangre tiene vida eterna, y yo le resucitaré en el día postrero.
Porque mi carne es verdadera comida, y mi sangre es verdadera
bebida. El que come mi carne y bebe mi
sangre en mí permanece, y yo en él. Como me envió el Padre
viviente, yo vivo por el Padre. Asimismo, el que me come, él
también vivirá por mí. Este es el pan que descendió
del cielo. No como vuestros padres comieron el maná y murieron.
El que come de este pan vivirá eternamente. Estas cosas dijo
en la sinagoga enseñando en Capernaum. Al oírlas, muchos de sus discípulos
dijeron, muchos de sus discípulos dijeron, dura es esta palabra,
¿quién la puede oír? Sabiendo Jesús en sí mismo, que
sus discípulos murmuraban de esto, les dijo, ¿esto os ofende? Pues, ¿qué si vierais al Hijo
del Hombre subir a donde estaba primero? El Espíritu es el que
da vida. La carne para nada aprovecha.
Las palabras que yo os he hablado son espíritu y son vida. Pero
hay algunos de vosotros que no creen, porque Jesús sabía desde
el principio quiénes eran los que no creían y quién le había
de entregar. Y dijo, por eso os he dicho que
ninguno puede venir a mí si no le fuere dado del Padre. Desde
entonces muchos de sus discípulos volvieron atrás y ya no andaban
con Él. Dijo entonces Jesús a los doce,
¿Creéis acaso iros también vosotros? Le respondió Simón Pedro, Señor,
¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida eterna,
y nosotros hemos creído y conocemos que tú eres el Cristo, el Hijo
del Dios viviente. Jesús le respondió, no os he
escogido yo a vosotros los doce, ¿y uno de vosotros es diablo? Hablaba de Judas Iscariote, hijo
de Simón, porque este era el que le iba a entregar, y era
uno de los doce. Vamos a meditar los versículos
44 al 46. Ninguno puede venir a mí si el
Padre que me envió no le trajere, y yo le resucitaré en el día
postrero. Escrito está en los profetas,
serán todos enseñados por Dios, así que todo aquel que oyó al
Padre y aprendió de Él viene a mí. No que alguno haya visto
al Padre, sino aquel que vino de Dios, éste ha visto al Padre. Y nuestro tema es venir a Cristo. ¿Qué significa venir a Cristo? ¿Quiénes pueden venir a Cristo? Es interesante que este versículo
está en un contexto de personas que habían venido al Señor Jesucristo. En el versículo uno dice, después
de esto, Jesús fue al otro lado del mar de Galilea, el de Tiberias,
y le seguía gran multitud porque veían las señales que hacían
los enfermos. Después nos encontramos a personas
que después de haber comido pan y haberse saciado, estaban buscando
a Jesús y vinieron a Jesús. Dice, Versículo veinticinco,
y hallándole al otro lado del mar, le dijeron, Raví, ¿cuándo
llegaste acá? Respondió Jesús, y les dijo,
de cierto, de cierto os digo, que me buscáis, no porque habéis
visto las señales, sino porque comisteis el pan, y os saciasteis. Trabajad no por la comida que
perece, sino por la comida que a vida eterna permanece, la cual
el Hijo del Hombre os dará, porque a este señaló Dios el Padre. personas que estaban aparentemente
viniendo a Jesús y en todo tiempo ha habido personas que van a
Jesús y por diferentes motivos. Jesús estaba haciendo señales,
en especial señales de sanidad. El apóstol Juan registra 10 milagros
que muestran el carácter sobrenatural del Señor Jesucristo, mostrando
la realidad de que Él es el eterno Hijo de Dios que tomó forma humana,
que Él es Dios hecho carne. Pasajes, situaciones, señales
que ilustran la Deidad del Señor Jesucristo. Recuerde que el punto
es el capítulo que leyó el hermano Eduardo. Empieza dando por hecho
la deidad del Señor Jesucristo y su coexistencia eterna con
el Padre. Dice, en el principio era el
verbo y el verbo era con Dios y el verbo era Dios. Todas las
cosas por él fueron hechas y sin él nada de lo que ha sido hecho
fue hecho. Y habla de cómo Él vino a los
suyo vino, y los suyos no le recibieron, mas a todos los que
le recibieron. A los que creen en su nombre,
les dio potestad de ser hechos hijos de Dios. Y a pesar de que
había personas que físicamente seguían a Jesús porque hallaban
algún bien temporal, No es distinto hoy día. Hoy día
hay gente que pretende venir a Jesús esperando sanidades de
su cuerpo. Es común que haya personas que
hagan concentraciones de gente en la cual ofrecen salud temporal. Es verdad que cuando el Señor
Jesucristo estuvo en esta tierra, Él sanó enfermos. Sin embargo,
eran simples señales que indicaban su naturaleza divina, su carácter
sobrenatural, su deidad, y no eran en realidad el propósito
por el cual el Señor Jesús vino. Él sanó enfermos, pero no sanó
a todos los enfermos que habían en ese tiempo. Él alimentó a
personas hambrientas, pero tampoco alimentó a todos los hambrientos
que habían en ese tiempo. Él dejó claro que esas eran señales
para mostrar a su deidad, y no obstante de ver señales y regocijarse
en señales temporales, todas las señales temporales apuntan
a una realidad eterna, y esa, en especial el pasaje que estamos
estudiando, enfatiza una realidad temporal con la satisfacción
del alma, la realidad temporal de nuestra necesidad de alimento
físico. cómo el Señor multiplicó panes
y peces y les dio de comer, y sin embargo, no era el propósito
del Señor Jesús el hecho de satisfacer simplemente nuestras necesidades
físicas y temporales como la comida. Aún más, la comida apunta
a una realidad mayor. El Señor después habla cómo en
otro tiempo anterior Dios sacó al pueblo de Egipto al pueblo
judío de Egipto y fueron caminando por el desierto y el Señor suplió
su necesidad de pan a través del maná y no obstante tuvieron
satisfacción de su necesidad temporal comieron maná en el
desierto, pan milagroso. Y eso nos hace recordar aún que,
aún el milagro, aún el milagro llega a fastidiar al corazón
engañoso y perverso. Los israelitas no tenían que
trabajar para comer, pero se fastidiaron del pan milagroso
y se quejaron. Ahora, no obstante, ellos murieron. Dice que sus padres, ustedes,
comieron pan, el maná, en el desierto, pero murieron. Y el
Señor dice, yo soy el verdadero pan. Y Él está hablando acerca
de lo que significa venir al Señor Jesucristo. Y venir al
Señor Jesucristo es mucho más que simplemente buscarle por
algún beneficio temporal. Cualquier beneficio temporal
que pudiéramos recibir del Señor Jesús en última instancia es
temporal. Es maravilloso y quizá nos emocionaría
el pensar que el Señor pudiera levantar a un paralítico. Y en verdad que el Señor lo puede
hacer porque Él sigue siendo el mismo ayer, hoy y siempre.
No obstante, Él nos mandó a orar y orar para que sea hecha Su
voluntad. No oramos para obligar al Señor
a que haga lo que nosotros queremos. Nos manda a orar por los enfermos
y hacerlo conforme la oración. No es para obligar al Señor a
hacer nada, sino para alinear nuestro corazón con su voluntad.
Y si eso es lo que trae mayor gloria a su nombre, Dios puede
sanar al enfermo. Dios puede levantar al paralítico.
Pero En última instancia, va a suceder algo. Está establecido
para los hombres que mueran una sola vez y después de esto el
juicio. Y no importa que él pueda sanar de alguna enfermedad, de
todos modos va a llegar a fin su vida física. Lo más grandioso
que el Señor vino a hacer es atraer a aquellos que el Padre
le había dado, que ellos pudieran en verdad venir al Señor Jesucristo,
no simplemente por un bien temporal, sino venir al Señor Jesucristo
por el mayor bien que es el poder hallar aquel que es el sumo bien,
aquel que puede dar satisfacción a las más profundas necesidades
del alma. En primer lugar, La más profunda
necesidad del alma humana es la necesidad de perdón, la necesidad
de estar en paz con Dios, la necesidad de tener vida espiritual
y no simplemente vida física. Y en el versículo 37, el Señor
empieza a hablar acerca de lo que es venir al Señor Jesucristo. Dice, versículo 36, Mas os he
dicho que aunque me habéis visto no creéis, Habían visto a Cristo,
habían visto las señales, y no obstante, se rehusaban a creer.
¿Y por qué se rehusaban a creer? Porque estaban espiritualmente
muertos. El muerto no puede hacer absolutamente
nada. Y dice el Señor Jesús después,
versículo 37, Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí, y al
que a mí viene, no le echo fuera. Todo lo que el Padre me da, vendrá
a mí. Y aquí empieza él a hablar de
lo que significa venir, venir al Señor Jesucristo. Venir al
Señor Jesucristo no es venir por algún bien temporal. versículo
44 dice ninguno puede venir a mí si el padre que me envió no le
trajere y podemos pensar algunas veces Dios trae a personas al
Señor Jesucristo de una manera impresionante y espectacular
como fue el caso del apóstol Pablo que iba persiguiendo a
la iglesia camino a Damasco y el Señor lo trajo al Señor Jesucristo
el padre lo tiró del caballo a los pies del Señor Jesucristo.
Y él ahí preguntó, ¿Quién eres, Señor? Y el Señor Jesús le dijo,
Yo soy Jesús a quien tú persigues. Podemos pensar en el eunuco que iba en camino por
el desierto regresando de Jerusalén, y la manera en que Dios lo trajo
al Señor Jesucristo no fue con una luz brillante al mediodía
mayor que la luz del sol, ni tampoco lo derribó del caballo.
Él iba en el carro leyendo al profeta Isaías. Y él iba leyendo
cuando Dios, el Espíritu Santo, envió a Felipe. Y Felipe se acercó
y le preguntó si entendía lo que leía. Y él dijo, ¿cómo puedo
entender si no hay quien me explique? Y Felipe subió al carro y empezó
a explicarle. Y él tenía preguntas acerca de
quién hablaba el profeta Isaías. Y ahí, caminando y escuchando
el Evangelio, él dijo, ¿qué impide que sea bautizado? El Padre lo
trajo al Señor Jesucristo. No hubo una luz espectacular,
ni una voz que otros hayan escuchado sin entender, pero Dios lo trajo
de esa manera. ¿Cómo vino Lidia, la vendedora
de púrpura? ella salió a la hora de oración
y Pablo estaba predicando el evangelio y Dios, dice la Biblia,
abrió el corazón de Lidia para que creyera lo que Pablo estaba
predicando. Ahora, en Romanos capítulo uno,
versículo treinta, dice, describe al ser humano, todos los descendientes
de Adán nacemos murmuradores, detractores, aborrecedores de
Dios, incuriosos, soberbios, altivos, inventores de males,
desobedientes a los padres. Y la frase sobresaliente ahí
es aborrecedores de Dios. ¿Cómo puede uno venir al Señor
Jesucristo que es Dios hecho carne? Dice el profeta, le vimos
sin atractivo para que le deseemos. Dice, me aborrecieron sin causa.
No había ni una razón por la cual aborrecer al Señor Jesucristo.
Dice Juan capítulo uno, versículo, versículos once, dice, a lo suyo
vino y los suyos los suyos no le recibieron, los suyos no le
recibieron, a los suyos vino y los suyos no le recibieron,
y en lugar de recibirle, le crucificaron. El pueblo judío, la nación escogida
de Dios, gritó, crucifícale. fue desechado, fue menospreciado. ¿Por qué? Porque el ser humano
es aborrecedor de Dios. El capítulo 1 de Juan, ahí va
explicando, dice que es la luz verdadera que alumbra a los hombres,
pero el mundo no le conoció y los hombres amaron más las tinieblas
que la luz. El hombre no puede venir al Señor
Jesucristo, porque aborrece al Señor Jesucristo. Romanos capítulo
3, versículo 10 al 12 dice, como está escrito, no hay justo ni
a un uno, no hay quien entienda, y dice, no hay quien busque a
Dios. Ellos estaban buscando, pero
a un Dios a un Dios de su imaginación. El Dios de su imaginación, el
Mesías de su imaginación, era uno que iba a venir y ellos pensaban
iba a echar a los romanos, iba a instaurar el reino en aquel
momento. Pero ese no es el Dios que está revelado en el Antiguo
Testamento. El Dios revelado era uno que iba a venir y iba
a ser despreciado. Uno que iba a cargar nuestros
pecados, iba a ser molido por nuestros pecados. Iba a morir
en una cruz siendo maldito. a ese es al que estaban buscando,
pero al Dios que se ha revelado en la Escritura, no hay quien
busque a Dios. Así que el hombre no viene a
Dios, no puede venir a Cristo porque no hay quien busque a
Dios. Juan capítulo seis, versículo treinta y siete, que ya leímos,
dice, todo lo que el Padre me da, vendrá a mí, y al que a mí
viene, no le echo fuera. Vienen, ¿quiénes vienen a Cristo? Vienen aquellos que el Padre
vienen aquellos que el Padre trae, porque el Padre se los
ha dado. El Padre se los ha dado. Dice Juan capítulo seis, versículo
cuarenta y cinco, dice, escrito está en los profetas y serán
todos enseñados por Dios, así que todo aquel que oyó al Padre
y aprendió de él, viene a mí. ¿Quiénes son los que vienen?
Vienen aquellos que han sido enseñados por el Padre. Aquellos
que Dios los ha dado al Señor Jesucristo desde antes de la
fundación del mundo. Vienen aquellos que son el pueblo
de Dios Recuerde que dice, llamará su nombre Jesús porque Él salvará
a su pueblo de sus pecados. Vienen aquellos que la Escritura
dice fueron escogidos en Cristo desde antes de la fundación del
mundo para la alabanza de la gloria de su gracia. Y en verdad,
hermanos, gracias a Dios que es así, porque si no hubiera
sido así, sencillamente nadie habría venido al Señor Jesucristo.
Porque el hombre siempre actúa de acuerdo a su naturaleza, y
la naturaleza del hombre es aborrecer a Dios. Si Dios hubiera dejado
al apóstol Pablo, él iba a terminar sus días haciendo lo que estaba
haciendo, aborreciendo a Dios y persiguiendo a la iglesia.
Si Dios hubiera dejado al eunuco, por su cuenta, él hubiera seguido
lejos de Dios, siguiendo a un Dios de su imaginación. El apóstol
Pablo creía en el Dios hasta cierto punto de su imaginación,
hasta que Dios abrió sus ojos y se reveló en el Señor Jesucristo. Y damos gracias a Dios que es
así, que Dios es quien trae. Porque si Dios no trajera a nadie,
nadie vendría. Siempre hemos compartido la ilustración
del del león. Imagine que traemos un león hambriento
y nosotros traemos dos canastas, una canasta de las mejores frutas
y verduras, lo fresco, lo mejor, y traemos una canasta de carne
y soltamos al león hambriento. No hay nada fuera del león que
lo obligue a elegir pero el león va a elegir de acuerdo a su naturaleza
y la naturaleza del león es tal que pues de ninguna manera él
va a elegir la canasta de frutas y verduras, él va a elegir la
canasta de carne. De igual manera, si Dios no obra
un cambio en nuestra naturaleza, si Dios no nos hace una nueva
criatura, nosotros hacemos algo, y es no buscar a Dios, es aborrecer
a Dios. ¿Cuándo es que nosotros buscamos
a Dios? Es cuando Dios nos busca. Dios cambia nuestra naturaleza.
Cuando Dios cambia nuestra naturaleza, nos da oídos para oírle y Él
nos enseña. Dice, escrito están los profetas
y serán todos enseñados por Dios. ¿Todos quiénes? Todos los que
el Padre le ha dado al Señor Jesucristo. Ellos van a ser enseñados
porque Él les ha dado una nueva naturaleza. Ellos tienen un oído
que puede oír la voz de Dios. Ellos, por esa obra del Señor,
Dios el Padre los trae al Señor Jesucristo. El Señor les da vida
y ellos escuchan la voz del Buen Pastor, como dice el Señor Jesús
en el capítulo 10 de Juan, dice, yo soy el Buen Pastor, dice el
Buen Pastor su vida da por las ovejas, dice, mis ovejas oyen
mi voz y yo las conozco y me siguen, y yo les doy vida eterna
y no perecerán jamás ni nadie las arrebatará de mi mano. Entonces,
los que vienen a Cristo? Está explicado mismo en los versículos
que hemos leído, dice, Dios los enseña. Dice, escrito está en
los profetas y serán todos enseñados por Dios. Se proclama el Evangelio. No hay otra manera de venir al
Señor Jesucristo si no es por la proclamación del Evangelio. Dice la Escritura, dice, así
que la fe es por el oír y por oír la Palabra de Dios y es a
través de la proclamación del Evangelio del Señor Jesucristo.
y que fue sepultado y que Dios hablando a través de su
palabra. Dios enseñando a aquellos que
ya le ha dado al Señor Jesucristo. Versículo cuarenta y cinco en
la segunda parte dice así que todo aquel que oyó al Padre y
aprendió de él viene a mí. El Señor enseña y todos escuchan. El Señor hizo señales y de pronto
había muchos discípulos pero no todos fueron enseñados por
Dios. Dice Versículos sesenta y seis. Versículos sesenta, dice al oírla,
muchos de sus discípulos dieron, dijeron, dura es esta palabra,
¿quién la puede oír? Sabiendo Jesús en sí mismo que
sus discípulos murmuraban de esto, les dijo, esto os ofende.
Pues, ¿qué es si vierais al Hijo del Hombre subir a donde estaba
primero? El Espíritu es el que da vida, la carne para nada aprovecha. Las palabras que os he hablado
son espíritu y son vida, pero hay algunos de vosotros que no
creen, porque Jesús sabía desde el principio quiénes eran los
que no creían. De tanta gente que escuchó, tanta
gente que oyó, que vio la señal, aún dentro de ellos estaba Judas
Iscariote. Y no obstante, él pues no fue
enseñado por el Padre. Él se mantuvo de acuerdo a su
naturaleza. Él murió aborrecedor de Dios. Sin embargo, hay un grupo aquí
que fue enseñado por el Padre. Dice Jesús, Vuelve a repetir
en el versículo 65, y dijo, Por esto os he dicho que ninguno
puede venir a mí si no le fuera dado del Padre. Desde entonces,
muchos de sus discípulos volvieron atrás y ya no andaban con él.
¿Razón? El Padre no los trajo. Ellos
vinieron por sí mismos, pero vinieron siguiendo a un Cristo
de su imaginación. Pero el Padre se reveló, y vemos
ahí que dice el Señor, el versículo sesenta y seis, sesenta y siete,
dijo entonces Jesús a los doce, ¿queréis acaso oiros también
vosotros? Y aquí están las ovejas, aquellos que el Padre los ha
traído al Señor Jesucristo, aquellos que el Padre los ha enseñado,
aquellos que han oído la voz del Padre, y ellos dicen, respondió
simón pedro señor a quien iremos tú tienes palabras de vida eterna
y nosotros hemos creído y conocemos que tú eres el cristo el hijo
del dios viviente Y aquí una persona que haya satisfacción
en venir al Señor Jesucristo, en creer en el Señor Jesucristo. Una persona que come de su carne
y bebe su sangre. Y aquí no estaba hablando acerca
de lo que muchas personas pretenden decir que es en la cena del Señor
que el pan se convierte en carne y la copa se convierte en sangre. El pan de la cena del Señor sigue
siendo pan, es simplemente un símbolo. Y la sangre, la copa
de vino sigue siendo vino. No hay tal cosa como una transubstanciación
aquí. Jesús no estaba hablando de la
cena del Señor porque aún era desconocido para sus discípulos,
aún no había sido instituida la cena. Aquí está hablando de
venir a Cristo es hallar la satisfacción de mi alma, hallar el alimento
de mi alma. Es el hecho de que comer al Señor
Jesucristo y Él viene a ser parte de mí y uno viene a ser parte
del Señor Jesucristo. Es lo que el Señor Jesucristo
ha hablado en tantos pasajes del Evangelio de Juan, como cuando
dice, yo soy la vid verdadera, mi Padre es el Labrador, y habla
de cómo el Padre ha injertado a los pámpanos en la vid verdadera
y es uno con el pámpano está hablando de venir al señor jesucristo
es creer venir al señor jesucristo es alimentarme del señor jesucristo
venir al señor jesucristo es encontrar la satisfacción a necesidades
más profundas en el señor jesucristo es hallar en él el gozo En tu
presencia hay plenitud de gozo, delicias a tu diestra para siempre.
Es hallar en Él la paz, porque Él dice, mi pasos doy, mi pasos
dejo, yo no los la doy como el mundo la da. Él mismo es nuestra
paz, dice el Apóstol Pablo, porque Él es nuestra paz, dice que de
ambos pueblos hizo uno, derribando la pared intermedia de separación.
Él es la paz con Dios. Él es el que nos lleva a terminar
todo conflicto con Dios, a dejar de aborrecer a Dios y venir y
ser atraídos hacia Él con lazos de amor. Ahora, el Señor dice cuál es
la bendición de venir a Cristo. Dice, versículo cuarenta y seis,
no que alguno haya visto al Padre, sino aquel que vino de Dios,
este le ha visto. La bendición, la bendición de
venir a Cristo es ver al Padre. Es que el Padre te sea revelado.
Es ver al Padre en la faz de Jesucristo. Dice, el pasaje que
leyó el hermano, dice, a Dios nadie le vio jamás. El unigénito
Hijo que está en el seno del Padre, Él le ha dado a conocer. Qué bendición de poder tener
acceso al trono de la gracia y ver al Padre. Antes sólo podía
entrar el sumo sacerdote una vez al año, trayendo sangre de
un sacrificio por sus propios pecados. Pero cuando el Padre
te trae al Señor Jesucristo, Dios se revela a ti en el Señor
Jesucristo. Vimos su gloria, gloria como
del unigénito del Padre lleno de gracia y de verdad. la bendición
de poder ver al Padre, de poder entrar sin temor a la presencia
del Padre, de saber que gozamos de paz con Dios. Dice, justificado
después por la fe, tenemos paz para con Dios, por medio de nuestro
Señor Jesucristo. El saber que mi vida puede terminar,
a lo mejor termina por falta de pan, a lo mejor me muero de
hambre. Pero he hallado la comida que a vida eterna permanece,
el hallar el rostro de Dios, el hecho de recibir esa gran
bendición que dice el Señor te bendiga y te guarda y haga resplandecer
su rostro sobre ti y tenga de ti misericordia y te conceda
la paz. ¿Y todo por qué? Porque podemos
ver al Señor Jesucristo. Ver al Padre en la faz del Señor
Jesucristo. Recuerde que Él es la imagen
misma de su substancia. Él es el resplandor de su gloria.
Y que toda bendición se encuentra en Dios. Recuerde que el gozo
no está en que las cosas salgan como hemos pensado. El gozo está
en la presencia de Dios. En tu presencia hay plenitud
de gozo. Delices a tu diestra para siempre. La bendición de
venir a Cristo es que tenemos garantía de vida eterna, dice el Señor Jesús. Versículo cuarenta y cuatro,
ninguno puede venir a mí si el padre que me envió no le traquere
y yo le resucitaré en el día postrero. Versículo cuarenta
y ocho, dice, yo soy el pan de vida, vuestros padres comieron
el maná en el desierto y murieron. Este es el pan que desciende
del cielo, para que el que de él come no muera. Yo soy el pan
vivo que descendió del cielo. Si alguno comiera de este pan,
vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne,
la cual yo daré por la vida del mundo. Hermanos, qué bendición
de poder saber. Venir a Cristo significa tener
vida eterna. Tener vida eterna. Él garantiza,
yo te voy a resucitar en el día postrero. Y el versículo cuarenta y siete,
Jesús diciendo y enfatizando, de cierto, de cierto os digo,
el que en mí cree, el que en mí cree, tiene vida eterna. Venir
a Cristo es creer en el Señor Jesucristo, es confiar en él,
es confiar en que él es el sacrificio que quita el pecado del mundo.
Es confiar en que él es la satisfacción de la justicia del padre. Es
confiar en que él es quien ha cumplido la ley que yo no puedo
cumplir, es confiar en que Él es aquel que ha vivido la vida
que yo no puedo vivir, y es hallar toda satisfacción en el Señor
Jesucristo. Es la garantía de vida eterna.
Venir al Señor Jesucristo. Nadie viene a mí si el Padre
que me envió no le trajere. Nadie viene a mí si el Padre
que me envió no le trajere. Y yo le resucitaré en el día
postrero. Y una Una promesa que inspira confianza
en nuestro corazón si Él te está hablando y te está atrayendo
es en el versículo 37, todo lo que el Padre me da vendrá a mí
y al que en mí viene no le echo fuera. Nadie que venga al Señor
Jesucristo podrá decir que fue rechazado. Si el Señor te está
llamando, ven con confianza al Señor Jesucristo. Si Él está
hablando a tu corazón, clama que te conceda arrepentimiento
para vida. Clama que te dé el don de la
fe. Clama que te atraiga con lazos de amor hacia el Señor
Jesucristo. Hazlo sin temor, porque el Señor
Jesucristo dice, al que a mí viene, no le echo fuera. Nadie que venga al Señor Jesucristo
será rechazado. Ven al Señor Jesucristo. Vamos
a orar.

Comments

0 / 2000 characters
Comments are moderated before appearing.

Be the first to comment!