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Gervacio Itza

La conversion como el primero de los pecadores

Acts 9:1-6
Gervacio Itza March, 12 2017 Video & Audio
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Gervacio Itza
Gervacio Itza March, 12 2017

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Buenos días. Estoy muy contento nuevamente
de estar con vosotros. Es para mí un gran privilegio. Gracias al Señor. Él tiene una voz fuerte. Tal vez no necesita esto, pero
vamos a probarlo. Muy bien, hermanos, gracias a
Dios que estamos una vez más. Para mí, pues, estoy muy contento
de una vez más estar y ver a nuestros hermanos también, los que años
he conocido y desde cuánto tiempo ahorita. y veo que pues varios
han permanecido hasta ahora. Gracias al Señor. Ahí vemos entonces
la perseverancia de Dios y hace que persevere también una persona. Gracias. Porque uno no persevera
por sí mismo. No tenemos fuerza ni poder alguno
para que podamos permanecer. A muchos de mis amigos les digo
gracias al Señor Hasta ahora me ha conservado estar en la
obra. A los 18 años conocí la Palabra
de Dios, pero no conocí al Señor, eso Cristo como debe haberlo
conocido. Yo creo que ahorita conocerlo, conocerlo por la Palabra
de Dios, sabiendo que Él es el único Salvador y no hay nada
que el hombre tenga que hacer, va como para 42 años creo. Pero los demás, pues uno piensa
que depende de él, depende de nosotros hacer algo para que
podamos llegar a la salvación. Eso es lo que pensamos nosotros.
Pero gracias al Señor, que pues Él es el que nos revela, nos
da este conocimiento que no viene de ningún hombre, no viene de
ningún predicador, no consiste en la preparación que tenga una
persona, no consiste también en la necesidad en la cual no
consiste en que uno que no tenga letra porque vemos de los apóstoles
hay gente que no tenían estudio pero el señor los llamó para
este ministerio no depende de nosotros aunque en esto pues
hay otros que estaban preparados pero toda esa sabiduría humana
tiene que tirarlo la persona tiene que ponerlo a la basura
para que pueda tener la sabiduría de Dios, que solamente viene
de él hermanos, no de nosotros. En el libro de Hechos, capítulo
nueve. Libro de Hechos, capítulo nueve,
verso uno hasta el seis, voy a leer en esta mañana, dice Sablo
respirando aún amenazas y muerte contra los discípulos del Señor,
vino al sumo sacerdote y le pidió cartas para las sinagogas de
Damasco, a fin de que si hallase algunos hombres o mujeres de
este camino, los trajese preso a Jerusalén. Más yendo por el
camino, aconteció que al llegar cerca de Damasco, repentinamente
le rodeó un resplandor de luz del cielo. Y cayendo en tierra,
oyó una voz que le decía, Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Él dijo, ¿quién eres, señor? Y le dijo, yo soy Jesús a quien
tú persigues. Dura cosa te es dar coces contra
el aguijón. Él temblando y temeroso dijo,
Señor, ¿qué quieres que yo haga? Y el Señor le dijo, levántate
y entra en la ciudad y así, y se te dirá lo que debes hacer. Padre, que estás en los altos
cielos, te ruego, Padre, esta mañana tú nos ayudes para poder
entender algo de tu santa palabra. Sabemos que por nosotros mismos
no hay sabiduría, Señor. sino la revelación tuya y quiero
que hagas de acuerdo a tu voluntad. Y ahí con cada uno de mis hermanos,
las hermanas también, y aquellos que no han visto esta luz que
solamente viene de ti, Señor, si es tu voluntad que se lo reveles
en esta mañana, hágase como a ti te agrada, Padre. Ayúdanos cada
día para poder entender cada enseñanza de ti, cada mensaje
de tu santa palabra. Bendice a este grupo, a estos
que se reúnen aquí, Señor. Todos los que han oído tu palabra,
Señor, que permanezcan allá siguiendo tu verdad. En el nombre de Cristo
te ruego todo. Amén. La conversión como el primero
de los pecadores. El Señor Jesucristo, hermanos,
Él vino a buscar pecadores, no a justos. y ahí pues todo el
mundo en realidad está incluido como pecador, porque en este
mundo no hay justo, el único es el Señor Jesucristo. Aunque
sí sabemos que Adán, él fue formado por Dios sin pecado, ese yo creo
es el primero y último, pero desde el momento que él cayó
en el pecado, toda la raza humana ya está incluido en el pecado. y él, por la desobediencia en
todos nosotros, también desobedecemos a Dios y por lo tanto todo el
mundo se revela contra Dios. Nadie quiere nada con Dios. El Dios que está sentado en su
trono, nadie lo quiere. El Dios que acabamos de alabar,
dice, ¿cuán grande es Él? Qué bonito, ¿verdad? ¿Cuán grande
es Él? La gente no quiere ese Dios grande. No quiere ese Dios Rey de Reyes. No lo quieren. Ellos quieren
a un Dios que lo manejen, hermanos, a su antojo, a su manera, a como
ellos les gusta. Y querían gustar también a ese
Dios que ellos quieren seguir. Y así está montones de religiones
ahora. Cuando tú les hables de este
Dios que está sentado en su trono para mandar, hermanos, no lo
quieren. No. Así no nos sirve. Pero el Dios nuestro y el Dios
que debe ser anunciado, hermanos, Él es el que decide todo lo que
se tiene que hacer y todo lo que sucede aquí en este mundo.
Y por lo tanto, entonces, este Dios, Él es el que tuvo que humillarse,
imagínense, siendo Rey el Todopoderoso, el Soberano, el Señor de señores. Él es el que tuvo que humillarse
a nosotros. Nosotros somos muy vanidosos,
orgullosos. No queremos inclinarnos a Él. Nadie. Nos vemos en los apóstoles. ¿Quién quería ser servidor? Nadie
quiere, hermano. Cuando le dicen a uno que sirva,
no, no. ¿Qué van a decir de mí? Se van
a burlar. Y el mismo Señor tuvo que ser servidor, y es lo que
dice Él. Yo no vine para ser servido,
sino para servirles. Y rescatarles, dice la Palabra
de Dios. A eso vino el Señor Jesucristo.
Vino a buscar pecadores. Y eso es lo que estamos viendo
en esta mañana. Aquí tenemos a un Saulo de Tarso. un hombre entregado a las tradiciones
de sus padres y por lo tanto él estudió mucho de esto, él
tenía un conocimiento muy excelente, según él, porque él superaba
a todos los estudiantes, a todos los que habían sido preparados,
era el más grande de todos ellos. ¿Quién podía contra él? Nadie.
siempre sobresalía en todos, encima. Pero hermanos, esa sabiduría
es del mundo, es del hombre. Yo creo que el que es más sabio
es el que Dios le ha hecho sabio. Y gracias a Él, porque no hay
nada en nosotros mismos para que nosotros seamos dignos de
esta sabiduría, sino solamente Dios lo da por su gracia a cada
uno de nosotros. Entonces, este hombre, Saulo,
él tenía una preparación y con toda su preparación era muy necio. Era muy necio. Él, según él,
conocía a Dios. Él, según él, él estaba adorando
a Dios. Él, según él, él estaba haciendo
bien para ayudar a Dios. Eso es lo que piensa uno. Cuando
tú le hablas a una persona de lo que hace su religión, piensa
que estamos mal nosotros. esa es la naturaleza de nosotros
nadie quiere reconocer porque todavía esa persona está muerto
en sus pecados y no puede él entender las cosas de Dios aunque
tenía una preparación de letras pero de nada sirve es como les
decía yo a los hermanos aunque tú sepas de Génesis hasta Apocalipsis
y así es esa gente de los fariseos. Ellos hermanos saben bien, lo
tienen en la planta de su mano toda la escritura del Antiguo
Testamento. Pero ¿de qué sirve? No hay provecho. No hay provecho en esto. El provecho
es que uno lo entienda y que realmente reconozca al Dios único,
el Creador del Cielo y de la Tierra. Y en verdad, hermanos, yo he
visto, como yo trabajo en el mototaxi, me dice un señor que
está ayudando, ¿dónde está Dios? Le digo, usted hace que caiga
la lluvia, usted lo hace. O el Presidente de la República.
¿Quién lo hace? Y me queda viendo. ¿Quién hace
los truenos? ¿Quién hace los cambios? y se
quedó callado. Es que Dios es espíritu. Eso
no lo ve nadie. Ahora, ¿cree que ese Dios que
sentamos o cargamos, ese lo hace? Si no nosotros mismos que andamos,
que hablamos, no lo podemos hacer, ¿qué será eso que tenemos que
manejarlo? No puede hacer nada. Y eso es verdad, hermanos. Si
nosotros mismos no podemos hacer que truene. Mucha gente se queja
cuando, por ejemplo, siembran y no hay cosecha. ¿Por qué no
hacen entonces que caiga la lluvia? Si, como dicen, que no hay Dios.
Ahora se dan cuenta que, en realidad, es el único Dios que da la lluvia,
es el que está en el cielo, está en la tierra, y Él es el soberano. y hace todo como él quiere. Nadie
puede detenerlo ni nadie puede obligarlo a hacer una cosa que
no quiera hacer, hermanos. Nadie. La gente lamenta ahora. Muchos dicen, sí, es porque no
hacen la comida como hacían antes. El Dios, Creador del Cielo y
de la Tierra, no necesita comida. La comida la necesito yo, no
él. El agua lo necesito yo para beber,
no él. En mi suspiro, él es el que me
lo da. No tengo que darle yo nada. Él
no está esperanzado de nosotros. Él no quiere nada de nosotros.
Ahora yo sí quiero. Porque él nos da todo, hermanos.
Pero aún así, la gente se revela, no lo quiere. Y eso es la naturaleza. Es por natural, hermanos, que
el hombre no quiere nada con ese Dios. ¿Por qué? Porque ellos
quieren los Dios que manejen a su manera de ellos. Aquí en este capítulo, primeramente
vamos a ver la rebelión ante Dios. El hombre que está lleno
de pecado es un hombre rebelde ante Dios, hermanos. Este Sábalo
era un hombre rebelde. Él tenía una preparación, como
ya les dije. Pero él está contra de los mensajeros
del Señor que anunciaban el Evangelio del Señor Jesús. Y él estaba
contra, ¿por qué? Porque así había sido enseñado. Que lo que enseñan estos hombres
es maldad, no es la verdad. Y entonces él está tan celoso
de la tradición, de las costumbres, y por lo tanto él pues se reveló
contra Dios, no quiere nada con él. Y él quiere destruirlo a
la cabecilla, pues es a eso. Se tiene que llegar a uno. En
cualquier motín, hermanos, tiene una cabecilla. Quitando la cabecilla
se acabó todo. ¿Por qué? Porque esa cabeza es
el que está pinchando a los demás. Entonces, si no hay eso, ya se
acabó. Y así sucede, hermanos, con la
religión. Pero con el Señor Jesucristo
siendo nuestra cabeza, ¿qué nos va a quitar? Nadie. Nadie nos
puede destruir, hermanos, nadie. No hay fuego que lo destruya,
no hay muerte que lo destruya. Ya estuvo, ya lo venció todo.
Gracias a él, ya lo venció todo. Y el que es de él, ya lo venció
también, juntamente con él. Gracias, hermanos. Entonces,
nosotros nos rebelamos. Todo el mundo es rebelde ante
Dios. En el libro de Tito, capítulo
3, libro de Tito, Capítulo 3. Verso 3 dice, porque nosotros
también, hablando Pablo a Tito, dice, porque nosotros, Pablo
se está incluyendo, porque nosotros también éramos en otro tiempo
incesatos, rebeldes, extraviados, esclavos de concupiscencias y
deleites diversos. viviendo en malicia, envidia,
aborrecibles, aborreciéndonos unos a otros. Vean lo que dice
el apóstol a Tito. Éramos. ¿Qué significa? Que ya no somos. El creyente
ya no es. Ya no se revela contigo. Por
eso dice aquí, porque nosotros también éramos en tiempo pasado. Todos los creyentes, hermanos,
fuimos rebeldes ante Dios, no queríamos nada con Él. Cuando le hablan de la Palabra
del Señor, es una mentira eso, es del diablo. Pero cuando Dios
le revela, se va a olvidar usted de lo que usted decía antes.
Entonces ya viene encima de ti. Viene encima de ti todo. Todo el mundo, hermanos, está
rebelándose contra la verdad. Su rebeldía le lleva a hacer
lo que quiere por sí mismo en el mundo. Y recuerden que la
rebelión destruye. Toda maldad destruye a la persona. Destruye a su familia. Destruye
a sus hijos. Y a la misma religión, hermanos,
nos destruye. El pecado nos destruye. En el libro de Jeremías, capítulo
2. Libro de Jeremías. Capítulo 2, verso 19. Dice, tu
maldad te castigará. y tu rebeldía te condenará. Vean lo que dice Jeremías aquí,
el profeta. Tu maldad te castigará, tus rebeldías
te condenará. ¿Por qué, hermanos, el pueblo
del Señor, el pueblo de Israel, ellos, hermanos, vieron con qué
mano poderosa el Señor los libró? pero aún ellos, aún estando en
el desierto, cuántas veces rebelaron contra Dios. Y hay veces, nosotros aunque
vemos maravillas, aunque vemos, realmente uno no consiste en
esas cosas. Decía yo anoche, hay gente que
dice, voy a aprovechar ahora que está enfermo este, para decirle
que debe creer a Cristo Jesús. Y esa persona cree, pero creyó
por milagros, si usted crece va a sanar y hay veces sana pero
no es salvación no hay salvación en estas cosas que hacen la persona
cree por algo que recibió pero nosotros hermanos debemos entender
que no hay nada que venga de milagros porque la maldad solamente
Dios lo quita y Él lo hace con su poder no con alguna obra que
el hombre haga en este mundo. Entonces, el pecado destruye
la persona, separa de todo, toda persona y todos los que lo rodean. Como acabamos de leer en el libro
de Lucas, ese joven eran hermanos. Pero siempre en
la familia tiene que salir alguien, ¿verdad? Muchas veces uno dice,
yo quiero vivir solo, hacer mi vida. Yo creo que eso es lo que
había pensado este muchacho. No quiero estar siempre colgado
a mi padre, entonces yo voy a agarrar lo que me pertenece a mí y voy
a hacer mi vida. Pero muchas veces, hermanos,
cuando ve uno el dinero, se olvidó de lo que tiene que hacer. Este
hombre se fue de su casa, llevando sus bienes y uno piensa pues
no se va a gastar el dinero mientras que no venga otro se va y él
lo desperdició sin tener ningún provecho hermanos no aprovechó
él y cuando fue el último de su centavo ya le empezó a hacer
falta ya tenía hambre Y ahora sí tenía que trabajar, quizás
en su casa no trabajaba, quién sabe. Muchas veces nosotros amamos
a nuestros hijos, no queremos que hagan los trabajos. Pero
él allá tenía que trabajar porque de otra manera, ¿quién le iba
a dar comida? Los amigos con quienes gastó,
las mujeres con quienes gastó su dinero, no van a decirle,
mira, ahora tienes un pedazo de pan. cuando tenías, no los
diste, ¿no? Al contrario, se olvidan. Se
olvidan de uno. Tienes que pasar hambre. Y este
hombre, entonces, él, en ese momento, en su necesidad, ya
tenía hambre, no aguantaba, quería comer la comida de esos animales.
Pero qué bueno, ¿verdad? Volvió en sí. ¿Qué quiere decir
eso? Pues como que estaba un borracho. Estaba emborrachado por la maldad.
Estaba emborrachado por la maldad. Eso es lo que pasa con la gente,
hermanos. Con el pecado. No están en sí. Entonces, recapacitó en la casa
de mi padre. Ahí hay mucha comida. Ese es
el pecador cuando reconoce su necesidad, hermanos. Cuando un
pecador reconoce su necesidad, tiene que reconocer dónde hay
comida. Pero si esa persona no reconoce
su necesidad de pecado y que hay un lugar donde hay mucha
comida, nunca va a volver allá. Va a seguir, va a seguir su propio
camino, su propio camino de rebeldía. Entonces, no es que está en el
poder de él, no está en el poder de la persona, sino en Dios,
hermanos, que obra en el corazón de una persona. Entonces, este
Sablo, un hombre rebelde, un hombre que estaba contra la verdad,
contra los que predican el Evangelio y los sacerdotes y todas aquellas
gentes religiosas, aquellos grandes hombres predicadores, también
ellos estaban contra porque pues les gustaba tener a la gente
bajo su abrigo obligándoles a hacer algo que ellos no quieren hacer.
Esa es la ley de esos religiosos hermanos. No hay libertad ni
para servir ni para hacer nada, hermanos. ¿Por qué? Porque todo
es esclavizado, las personas, para que hagan algo que agrade
a Dios, según ellos. Pero todo lo que hacemos nosotros
no es agradable a Dios, hermanos. Y este Saulo, entonces, él se
rebeló contra el Señor y es cuando él pidió cartas para que vaya
a otro lugar donde se está predicando el Evangelio, hermanos. Y Él,
dice aquí, siguió su propio camino. ¿Qué es el camino que sigue Él?
Es, hermanos, el camino de la rebeldía, el rebelde contra Dios. El camino que nosotros tenemos
por nosotros mismos, ¿a qué nos llega? A la muerte, hermanos.
Es lo que dice Proverios 14, 12, vean. y de seguro que ya lo saben ustedes
de memoria pero es yo creo que es muy importante hermanos que
lo veamos dice aquí en proverbios capítulo 14 verso 12 hay camino
que al hombre le parece derecho pero su fin es camino de muerte
el fin del camino del hombre que piensa que es derecho es
el mejor camino, es camino de muerte. Es el camino preparado
por los padres. Es el camino que enseñan los
padres que no conocen a Dios, hermanos. Es el camino que nos
enseñan que debemos llevar Pero gracias al Señor, cuando Él nos
revela, hermanos, el verdadero camino, entonces dejamos este
camino. El camino de la religión. Aquí
en el libro de Hechos, capítulo 22, vean. Hechos, capítulo 22. Verso 4. Vean lo que dice aquí
el apóstol. Perseguía yo este camino. ¿Qué
camino? El Señor Jesucristo, hermanos.
Ese es el camino que él estaba persiguiendo. Perseguía yo este
camino hasta la muerte. Yo lo quiero matar. Quiero matar
a todos los que anuncian este camino. prendiendo y entregando
en cárceles a hombres y a mujeres. Eso, hermanos, le estaba diciendo
al Rey. Él estaba hablando de lo que
él estaba en su pensamiento, estaba
en su camino, en lo que él quería hacer, exterminar con todo, pero
lo hacía, hermanos, por causa de la mala enseñanza que él tiene.
Y así lo hace mucha gente, por la mala enseñanza que hacemos,
que tenemos. En el verso 9, aquí en este mismo
capítulo, dice, y los que estaban conmigo, dice, vieron a la verdad
a la luz y se espantaron, pero no entendieron la voz del que
me hablaba, hablaba conmigo. Y dije, ¿qué haré, Señor? Y el Señor le dijo, levántate
y ve a Damasco y ahí se te dirá todo lo que te está ordenado
que hagas. Ahí el apóstol, vemos entonces
cómo es que él estaba hablando de la religión. Aquí en el capítulo
26, vean. Verso 9, dice, yo ciertamente
había creído mi deber hacer muchas cosas. Eso está allá, me confundí
con lo que leí. Verso 9, capítulo 26, dice, yo
ciertamente había creído. Eso es lo que cree cualquier
religioso. Yo ciertamente, o sea, en verdad, dice al Rey, en verdad había creído mi deber
hacer muchas cosas contra el nombre de Jesús de Nazaret. Ese es lo que me habían enseñado
y ese es mi deber. Qué bueno cuando un predicador
dice mi deber es anunciar la verdad. Si eso piensa un religioso,
su deber de hacer esto, estar contra la verdad. Entonces nosotros,
hermanos, debemos de también estar contra la mentira. Anunciar
la verdad con todo nuestro corazón, derramando toda nuestra alma,
hermanos. ¿Para qué? Para que aquellos
oigan, hermanos, que no hay nada en la religión que pueda hacer
para cambiar a un hombre. No hay. No hay nada, hermanos. Y eso es lo que está diciendo
el apóstol aquí. Yo ciertamente había creído.
Eso es lo que hizo cuando él pidió carta a los sacerdotes,
a las autoridades. Si ustedes me dan ese poder,
yo iré con algunos y voy a acabar con esa gente. Si es posible,
si está la cabecilla, lo agarro y lo destruyo. Lo destruyo. Ese es lo que creía yo, dice
aquí. Ciertamente había creído mi deber
hacer muchas cosas contra el nombre de Jesús de Nazaret. Lo
cual, dice, no solamente lo creía, dicen, lo cual también hice en
Jerusalén. Lo hice en Jerusalén. Yo encerré
en cárceles a muchos de los santos habiendo recibido poderes de
los principales sacerdotes y aún los mataron y yo di mi voto. Yo estaba yo de acuerdo, que
se acabe todo. Qué triste hermanos. Qué triste. Recuerdo cuando su maestro, porque
su maestro de él era el gran maestro Gamaliel. Eso que están haciendo me parece
que está mal", dijo a aquellos hombres del concilio. Porque
si esta obra es de Dios, no la pueden destruir. Ahora si es
de los hombres, déjenlo. Muere la cabecilla, se acabó
todo. Pero la cabecilla de nosotros,
hermanos, fue crucificado, fue sepultado y se levantó el tercer
día y para nunca morir más. ¡Gloria al Señor, hermanos! Y
todos los creyentes, nosotros también viviremos con Él eternamente,
hermanos, por la gracia de Él, no por nosotros mismos. Gracias
al Señor por lo que Él ha hecho, aunque no lo merecemos, hermanos.
Aún así como estamos, podemos decir que no somos dignos. Nada
de lo que Él nos da somos dignos. Pero por su gracia, como dijo
Pablo, soy lo que soy. Por su gracia. Entonces, él no
solamente lo creyó, sino lo hizo, hermanos. Pero ese es el pensamiento
de él. Ese es el consejo que él había
recibido. Dichoso, como dice el salmista,
dichoso el hombre que no anda en consejos de malos. Pero eso
no hay hermanos, todos, hasta que lleguemos a conocer a Dios.
Pero todos hemos nacido y hemos crecido en el consejo malo. Ahí crece uno. Pero llegará el
momento en que Dios ha escogido, le revela el consejo bueno, que
es el Señor Jesucristo. y a él debemos seguir porque
él es el único camino que Dios preparó para llegar al Padre. No hay otro camino. Deben olvidar,
a mí me han dicho mucha gente, la religión es un camino para
ir al Padre. O sea, cuantas religiones, cada
religión es un camino que lleva al Padre. No hay. Solamente hay
un solo camino. para ir. Juan 14.6 dijo el Señor, yo soy
el camino, yo soy la verdad, yo soy la vida, ahí está en el
todo hermanos. No hay otro lugar donde nosotros
encontremos para llegar al Padre sino en el Señor Jesucristo. Dios nos alcanza en nuestro propio
camino y pensamientos de maldad, hermanos. Allí nos alcanza Él.
Él nos viene buscando, como comenzamos, Él vino a buscar y a salvar lo
que está perdido, dijo Lucas 10. Ahora, la persona tiene que
sentir que está perdido, vagando sin Cristo. Como dicen hebreos,
vagando sin Cristo. Lucas 19 dice, verso 10, vino a buscar y a salvar lo que
está perdido. Y en Hebreos 3.10, vagando, estamos
vagando en nuestra maldad, haciendo cosas que no agradan a Dios,
siguiendo nuestro propio camino. Pero Cristo viene con su poder,
hermanos. El apóstol, antes de ser apóstol,
Siendo Saulo perseguidor de este camino, hermanos. Él está siguiendo
su camino. Fue a Damasco, como acabamos
de leer, para exterminar. Exterminar el evangelio que se
está predicando. Dice aquí, vamos a volver a Hechos
9. y le pidió cartas para las señoras
de Damasco, a fin de que se hallase algunos hombres o mujeres de
este camino, los trajese presos a Jerusalén. Mas yendo por el
camino, aconteció que al llegar cerca de Damasco, repentinamente
le rodeó un resplandor de luz del cielo. Una luz, hermanos,
alumbró a esta persona, una luz mucho más fuerte que el sol,
imagínense. Imagínense que tan fuerte está
esa luz del Señor. El sol no pudo, pues, botar a
Saulo, pero la luz que le dio a las manos del Señor hasta cayó. Imagínense que tan fuerte está
la luz del Señor. Cuando leo esto empiezo a pensar
Saulo, ahí está ese hombre que debes destruir. Ahí está ese
hombre, ese de la cabecilla. Acaba con él y se acabó. Pedro
se acabó, Juan se acabaron todos los apóstoles que están predicando.
Era su oportunidad cuando esa luz se le dio, hermanos. Era ese momento que puede decir,
nada, quiero contigo. Nada, quiero contigo. una luz fuerte que no pudo, hermanos,
vencerlo, que no pudo vencerlo. Esta luz, esta luz verdadera,
hermanos, y esta luz que tumba a todos los creyentes, antes
de ser creyente un pecador, le tiene que tumbar, humillarlo,
para que reconozca su condición ante Dios, de imposibilidad de
conocer esta luz sin él. ¿Por qué? Porque la luz tiene
que matar a uno, hermanos. Matar a la persona y hacerle
vivo otra vez. ¡Qué maravilla! Al instante que
te mata, te da vida. Es como el Señor murió, a su
muerte nos dio vida a nosotros. ¡Qué maravilla, hermanos! Es una gran bendición la muerte
del Señor. Por eso le dijo, pero aparte
de mí, Satanás, no hables así. Son palabras de Satanás. ¿Cómo
te vas a salvar? Era necesario que yo vaya a la
cruz. Era necesario que yo muera. La necesidad, hermanos, de la
muerte del Señor por nosotros. Y la luz que iluminó a Saulo,
como dice aquí, cayendo en tierra Mas yendo por el camino, dice
verso 3, aconteció que al llegar cerca de Damasco, repentinamente,
le rodeó un resplandor de luz del cielo. Y cayendo en tierra,
oyó una voz que le decía, Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? ¿Por qué me persigues? Dice. Y él le dijo, ahora, él
le dice a Jesús, ¿quién eres Señor? ¿Quién eres Señor? Le dice aquí. Y le dijo, yo soy
Jesús. Yo soy Jesús. A quien tú estás
persiguiendo. Ya se presentó el Señor. Ahí
se presentó a Él. Yo soy Jesús. Yo soy Jesús a
quien tú quieres destruir. Sólo es tu oportunidad. Acábalo. Es tu oportunidad. En esta mañana,
si alguien quiere acabar con él, es su oportunidad de acabar
con él. Pero no podemos, hermanos. No
podemos acabar con él. ¿Qué dijo él? Él le dijo, ¿Quién
eres Señor? Y le dijo, yo soy Jesús a quien
tú persigues, dura cosa te dar cosas contra el aguijón. Él temblando,
él temblando hermanos y temeroso dijo, Señor, ¿qué quieres que
yo haga? ¿Qué pasó con sus poderes? ¿Qué pasó con las cartas que
tenía en su mano, firmado por los sacerdotes, firmado por los
gobernantes, por las autoridades, por la religión, hermanos. ¿Qué
hizo con eso? ¿Por qué ahora le está diciendo
qué quieres que yo haga? ¿No es su pensamiento destruirlo?
Él no tenía que decir qué quieres, no tenía que decir, hacerle pregunta,
qué tienes que hacer. su propósito es destruirlo. A
eso estaba yendo. Y ahora que tiene la oportunidad,
¿por qué no lo destruye? Acabando con eso, se acabó. Yo
he visto, hermanos, una gría cuando una cabecilla lo destruye,
se acabó. Allá en el pueblo así es. Hay
una gasolinera que querían poner, hubo una cabecilla. Y al pasarle
dinero a la cabecilla, se acabó. Allá se va hacia la gasolinera. Es que la cabecilla, una vez
que lo derrumen, se derrumba todo. Y este momento era la oportunidad
de Saulo de destruir. Ya se presentó el Señor. Yo soy
Jesús a quien tú estás persiguiendo. Yo soy Jesús a quien tú quieres
matar. Quieres clavarme otra vez en
la cruz. Yo soy. Yo soy Jesús. Jehová, el Eterno Dios. el Eterno Creador, el Padre Eterno. Yo soy, yo soy Jesús. Es el nombre de Él. Es el nombre
del Todopoderoso. Yo soy Jesús. Eso fue lo que
dijo a Moisés. Yo soy el que soy. Yo soy te
enviado. El Todopoderoso La luz que viene
del cielo es el Señor Jesús mismo. Yo soy la luz del mundo. Yo soy
la luz del mundo. El que tiene esta luz no andará
en tinieblas. Ahí tenemos la luz verdadera.
No como la religión, hermanos, es una luz de mentiras. No, es la verdad. Dios es la
luz verdadera. Es la luz que da vida. Esta luz,
hermanos, que nos da la eternidad, es la luz que nos hace vivir
por toda la eternidad. Es la luz con la cual dice Pablo,
en el libro de Corintios, capítulo 2, o sea, segunda de Corintios,
capítulo 4, verso 6, dice... Vean lo que dice aquí. Capítulo 4, verso 6. Porque Dios que mandó que de
las tinieblas resplandece la luz, es el que resplandeció en
nuestros corazones para iluminación del conocimiento de la gloria
de Dios en la faz de Jesucristo. Esa es la luz, hermanos, que
debe resplandecer en el corazón de cada uno de nosotros. Es el
Señor Jesucristo. Si no resplandece esta luz, hermanos,
no podemos conocerlo, no lo podemos conocer. Es la luz verdadera,
es la luz que necesita cada persona, cada joven, cada adulto, cada
persona que Dios ha escogido para la salvación por su gracia. Dios entonces, Él llama, Él llama. Y qué, hermanos, qué bueno, ¿verdad? Dios conoce a los suyos, Dios
conoce. Vean cómo le dijo, Saulo, Saulo. ¿Él conocía a Saulo? Él conocía
a Saulo. Nada le tuvo que decir que él
era Saulo, pero él lo conocía, Saulo, Saulo. Le habló en su
nombre. ¿Por qué me persigues? El Señor,
cuando llama a los suyos hermanos, Él conoce a esas personas. Él los conoce en su nombre. Gracias
a Él. Aquí en el libro de Lucas, capítulo
19, el llamado del Señor, 19, verso 5, dice, cuando Jesús llegó
a aquel lugar, mirando hacia arriba, le vio y le dijo, saqueo,
date prisa, desciende porque es necesario que pose yo en tu
casa, saqueo. Él estaba viniendo, el saqueo
ni siquiera se había acercado junto a esos. Él quería acercarse,
pero no podía porque había una gran multitud y él lo que hizo
es adelantarse y subir a una mata y dirá pues aquí va a pasar
y voy a ver cómo es esa persona. Él quería ver esa persona, cómo
es él, largo de cabello qué vestido lleva quién sabe qué tantos pensamientos
tiene qué tantas cosas hace muchas veces hermanos nosotros así queremos
ver cómo es esa persona para o alabarlo o criticarlo pero
no estamos con el propósito de decir yo quiero creer a esa persona
él era curioso nada más así son muchas personas curiosos pero
Dios, hermanos, tiene su pueblo preparado. Y aquí vemos entonces
llamando a saqueo en su nombre. Así como le llamó a Saulo, Saulo,
Saulo, ¿por qué me persigues? ¿Quién le habrá dicho si ese
que se subió allá era saqueo? Y de seguro que no estaba solo
saqueo, ahí había otros niños. Todos los niños son siempre curiosos,
quieren ver algo de las personas, como oyen milagros y tantas cosas
que hacía el Señor, querían ver qué fachaba tenía el Señor Jesús. Porque no lo conocían en verdad. Pero Dios conoce a cada persona,
hermanos. Él los ha creado. Pero el que
ha conocido con amor eterno son los que Él ha escogido antes
de la fundación del mundo. Es una maravilla, eso es un gozo,
hermanos. Saulo fue llamado, así como vemos
al saqueo que fue llamado en su nombre, esa voz es una voz
irresistible, hermanos. Lo vemos en Saulo, él no pudo
resistir. En seguidas dijo, ¿qué quieres
que yo haga? ¿Qué quieres que yo haga? Él no pudo decirle, no, yo vine
para destruirte, ya que te presentaste, ahora te voy a destruir. Ya es
mi oportunidad. Pero en vez de que lo diga, hermanos,
¿qué quieres que yo haga? Es una voz irresistible y vemos
aquí en Libro de Hechos, ¿cómo le dices su testimonio, hermanos,
capítulo? A mí me gusta cuando está hablando
con los El Rey, capítulo 26. Verso 19, dice, Hechos 26, verso
19. Por lo cual, oh Rey, dice aquí.
Por lo cual, oh Rey Agripa, no fui rebelde a la visión celestial. No me rebelé a la visión. Hasta
quizá esta ya era mi oportunidad de revelarme, de decir, quiero
destruirlo, pero no pude. No puede uno resistir. Qué triste
cuando dicen aquellos predicadores, Dios te quiere salvar, pero si
tú no le permites, Él no lo va a hacer. ¿Quién es ese Dios así
que presentan, hermanos? Hay que tomarle lástima a ese
Dios. Yo quiero hacer la creación, pero si no lo permiten, no lo
voy a hacer. Yo quiero que haya luz, pero si no lo permiten,
no lo voy a hacer. Qué triste es ese Dios así. Yo
no lo presentaría. El Dios cuando dice, sea la luz
que sea. Bien, hermanos. Así lo hace con
nosotros. Cuando Él dice que quiere ser
un creyente o una persona, tiene que creerlo. Es irresistible. La gracia de Dios, hermanos,
es irresistible. Y eso es lo que sucedió con Gonzalo. Es lo que le está diciendo al
Rey. Rey, yo no pude rebelarme a esa luz. Yo no pude hacer nada. Aunque era mi oportunidad, pero
no pude. Ahora estoy por esa luz encadenado. Ahora estoy por esa luz sufriendo. Muerte. pero siempre el Señor
está conmigo. Ese es nuestro consuelo, hermanos.
El Señor está con nosotros. Donde quiera que estemos, el
Señor está con nosotros. Entonces, eso fue lo que le dijo
al Rey, ha sido llamado por Cristo, y Cristo, cuando llama a una
persona, tiene que uno que venir. Es imposible resistir, hermanos,
al llamado del Señor. uno viene al señor. Ahora, si
la persona resiste, es porque el señor no lo está llamando.
Cuando una persona resiste, es que el señor no lo llama. Pero
el señor cuando llama a uno, él no viene a pedir permiso.
¿Quieres o no quieres? ¿Quieres seguirme o no quieres
seguirme? Cuando él dice, sígueme. Tú no
vas a poner tus excusas. No voy a hacer esto primero y
luego te sigo. Dejas todo y sigues al Señor. Ese es el llamado del Señor,
hermanos. Esto fue mi experiencia. ¿Saben por qué? Porque mis padres
no creían nada antes. Pero gracias a Dios murieron
escuchando mi predicación. Es una maravilla, hermanos. Yo
estoy muy contento. Yo salí de mi casa porque dije
voy a seguir al Señor. No puedo seguirles a ellos, porque
el Señor me da todo. Él es Él. Y después Él me dijo,
qué bueno que te negaste de lo que yo estaba diciendo. Ahora yo veo que esa es la verdad
que predicas. Gracias al Señor, hermanos. Cuando
Dios llama a una persona, dejas todo. Dejas tu familia, dejas
tu casa, dejas todo para seguir al Señor. No piensas lo que pasará
en el futuro. Porque el Señor está contigo
para librarte de todo. Hasta que el momento que Él quiera,
que te lleve con Él. Y eso no va a fallar. Puede ser hoy, puede ser mañana,
pero ya estaremos con Él y es lo mucho mejor estar con el Señor. Ha sido llamado por el Señor
Jesús, no resista a Él si Él te llama, si está escuchando
su voz, se está llamando en tu nombre como le dijo Saúl, como
le dijo a Saqueo, como le dijo a Mateo, como llamó a todos aquellos
hombres Dejaron todo y se fueron tras
el Señor, hermanos. Siguieron al Señor. Y así, yo
creo, hermanos, cada creyente que ha sido llamado por el Señor
tiene que seguirlo, siguiendo al Señor por esa voz irresistible. Nadie puede negarse a la voz
del Señor Jesucristo. Qué triste, hermanos, cuando
una persona, veras, presenta a un Dios que no puede hacer
nada. yo no presentaría a ese Dios.
Me quedaría en vergüenza. Pero el Señor que presentamos,
Él hace en el cielo y en la tierra como Él quiere y no hay nadie
que le detenga su mano y le diga que no haga eso. Todo lo hace
de acuerdo a su poder. Y lo comprobamos con un hombre
entregado en su religión, en las tradiciones, y no solamente
estaba tan celoso, hermanos, sino él quería destruir el camino
verdadero de salvación. Pero no podemos acabar con el
Señor. Él sí nos puede destruir si él
quiere. Pero por la gracia de Dios, somos
lo que somos. Gracias.

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