Buenos días, hermanos. Gracias
a Dios le doy a él y a ustedes también. Y a veces el privilegio nuevamente
de estar con ustedes es para mí un gozo. Pues estoy muy contento
nuevamente de estar para compartir las cosas del Señor. que son muy importantes para
cada uno de nosotros, ¿verdad? Y pues, para aquellos también
que Dios no les ha concedido sabiduría, pedimos siempre Dios
le revele que pueda entender la verdad que solamente está
en el Señor Jesucristo. Aquí en esta mañana quiero que
abran sus Biblias en el Evangelio 1, capítulo 6. El hermano acaba
de leer este capítulo, unos versículos del 25 al 44, donde el mismísimo
Señor Jesús es el que está hablando, cuando pues Él estuvo en cuerpo
aquí en este mundo, la gente no lo recibió, la gente no aceptó
y como pues vemos hay gente que pues le gusta ver milagros pero
no porque cree la verdad, no porque cree a Jesús y hay pues
los que Dios llama ellos no les interesan milagros y realmente
un verdadero creyente no le interesa a milagros porque cuando alguien
le interesa a milagros va atrás de gentes que están haciendo
milagros y no va a la verdad y también hermanos el señor habló
aquí en este capítulo acerca de la verdadera comida Pero hay
mucha gente que no lo entiende, pero la verdadera comida es él. Los padres comieron el maná que
les fue dado en el desierto y aún así murieron, dice la palabra
de Dios. Y hay mucha gente que dice ustedes,
entonces dicen que no van a morir. En el cuerpo sí, un día vamos
a morir o va a ser transformado, no lo sabemos. Pero la promesa
que Dios nos da, vamos a vivir con él por toda la eternidad.
Esa es la comida que el creyente pues asimila cuando está comiendo. Pero en el verso 44, hermanos,
es el que quiero que toquemos en esta mañana, la incapacidad
humana. Dice así en Verso 44, ninguno,
son palabras del Señor Jesús, dice ninguno puede venir a mí,
si el Padre que me envió no le trajere y yo le resistiré en
el día postrero, ninguno, nadie, no importa ¿Quién es esa persona? No importa la preparación que
tenga esa persona. Nadie puede venir. Aunque uno
que no esté preparado. Aunque uno que no tenga letras.
Aunque uno que esté lleno de letras. No importa la incapacidad
del hombre. ¿Por qué habló estas palabras
el Señor? Porque como les digo, mucha gente
estaba siguiendo al Señor. pero como religiosos. Como religiosos
por lo que ven, por lo que reciben. Entonces, ellos están por las
cosas materiales. Pero un verdadero creyente, una
persona que de veras, hermanos, viene al Señor Jesucristo, no
ve las cosas de este mundo, sino solamente tiene su mira, como
dijo el hermano, en Cristo Jesús. Y ahí debemos poner en su oración
que pongamos nuestra mira en el Señor. Porque Él es el único,
hermanos. No poner la mira en los hombres,
en las religiones, en lo que hacen los hombres. No, no hay
que poner. Allá está la incapacidad del
hombre para venir. Ahora, la persona no viene porque
está viendo a un hombre. No pueden ver a Dios en esa persona
que estaba ahí hablando. no lo podían ver. El que lo ve
es aquel que se le ha sido revelado. Eso es porque es una persona
cualquiera, es un hombre cualquiera como nosotros. Y él pues está
predicando y los hombres sabios, aquellos que son gente preparada,
¿qué les importa a esa persona? Ellos quieren ver a Dios pero
a su manera de ellos. Pero Dios no se puede ver, hermanos.
La Biblia dice que Dios es Espíritu. Entonces, para que lo podamos
ver, ya vino. Él vino en cuerpo. Pero la gente
no lo puede aceptar, hermanos. Si viniera otra vez, se tendría
que ver para que lo veamos. Tenía que venir en cuerpo. Ahora,
la incapacidad humana. Venir a Cristo es dejar todo. Abandonar totalmente nuestra
propia justicia. Abandonar nuestros pecados. Negarse a sí mismo y creer toda
la verdad que el Señor Jesucristo enseña. Hacer lo que Cristo diga,
no hacer lo que digan los hombres. No hacer lo que diga un pastor,
un misionero, un predicador, no. No tenemos que hacer lo que
ellos digan. Ni lo que ellos hacen. sino lo
que dice, si es la verdad. Si Él está diciendo la verdad,
como dijo el Señor, no hagan lo que ellos hacen, sino hagan
lo que ellos dicen. Si están diciendo la verdad,
hay que seguirlo. Porque hay gente que puede, que
esté hablando la verdad, hermanos, pero no lo está ejerciendo. Yo
he oído a muchos que hablan de la depravación total, de la incapacidad
total del hombre, pero no lo ejerce. Porque de último le dice
a la persona, está en ti, si tú quieres, puedes ser salvo. Pero si tú no quieres, no. Realmente
el hombre al decir que está incapacitado para venir a Cristo, es que no
hay, no hay nada por medio de él para que venga al Señor Jesucristo. El venir a Cristo, el primer
efecto, hermanos, es la regeneración. La persona tiene que ser regenerado
o tiene que ser hecho una nueva criatura. Y ahí comienza porque
es la vida misma del Señor Jesucristo. Tan pronto cuando obra vida el
Señor Jesucristo en la persona, esa persona, hermanos, descubre
la verdad. y ya esa persona va a saber quién
es la verdad y viene, viene al Señor Jesucristo, puesto los
ojos en Él. Ya no va a mirar las cosas de
este mundo, ya no va a mirar la religión, ya se le olvida
todo lo que las sociedades, su familia, todo se le olvida porque
está mirando solamente al Señor Jesucristo. Eso es lo que tenemos
que ver. Entonces, El hombre realmente
es imposible que venga al Señor Jesucristo. Y claramente lo dice
el texto. Ninguno puede venir a mí si el
Padre que me envió no lo trajere. Ninguno puede venir. Tiene que
ser traído por el Padre. Primeramente, ¿en qué consiste
la incapacidad del hombre para venir a Cristo? El defecto, hermanos,
está en la naturaleza de nosotros. Por naturaleza nosotros, hermanos,
estamos sujetos a las religiones, a las tradiciones, a todo pecado,
a toda maldad. Nos gusta todo lo que nos ofrece
este mundo y por eso eso es lo que nos hace imposible para venir
al Señor Jesucristo. Y también Para que uno venga
al Señor Jesucristo tiene que mover los pies. Eso no puede
hacerlo. Es inútil. Esa persona está inútil,
incapacitada en cuanto a sus pies para venir al Señor Jesucristo. Y tampoco la sabiduría no le
ayuda. No le ayuda su propia sabiduría
porque venir a Cristo no es por ser sabio. No. Si Dios no se
ha revelado a usted, aunque sea sabio en este mundo, aunque usted
sea realmente un buen estudiante, tenga mucho conocimiento de letra,
no puede venir uno a Cristo. Tampoco debe uno pensar por oración,
tampoco, hermanos. Claro que todo eso es bueno.
Pero ya debes venir en el Señor Jesucristo. Tiene que ser de
Él. Tiene que tener uno este conocimiento. El hombre rebelde no quiere venir
a Cristo, dice Juan capítulo 5, verso 40 dice aquí. Y no queréis venir a mí para
que tengáis vida. Y no queréis venir a mí. Está
diciendo el Señor que no quiere de por sí la persona. No quiere
venir al Señor Jesucristo. Es una persona que se revela. El apóstol Pablo, cuando era
saulo, él se estaba revelando. Era un enemigo. Estaba en contra
del Señor. Pero apenas cuando la luz penetró
en su corazón, su rebeldía, hermanos, se acabó. Y eso le dijo al Rey,
yo no pude ser rebelde a la visión celestial. Nadie resiste, hermanos,
a la luz verdadera del Señor Jesucristo. Entonces, aquí el
Señor está afirmando de que el hombre no puede venir al Señor
Jesucristo, porque es un rebelde, Él está entregado al pecado,
tiene que ser traído por el Padre. Ahora, la enseñanza de los arminianos,
estamos hablando de gente que pone facilidad a las personas
en cuanto a su salvación. Tú puedes venir a Cristo si quieres. Realmente, hermanos, nadie quiere
venir a Cristo. nadie le está buscando a Cristo. Claro que muchas dicen, sí lo
estamos buscando, pero lo buscan a su manera, buscar a nuestra
manera nunca vamos a hallarlo. Él es el que tuvo que venir a
buscarnos, gracias a Él, porque de seguro por nuestro orgullo
nosotros no buscaríamos a Él, pero Él tuvo que humillarse hermanos,
Él vino a humillarse hacia nosotros ¿Para qué? Para que Él los pudiera
salvar. En el libro de Lucas, capítulo
19, vean lo que dice aquí la palabra del Señor. Lucas, capítulo
19, verso 10. Porque el Hijo del Hombre vino
a buscar y a salvar lo que se había perdido. el Hijo del Hombre
vino a buscar y a salvar lo que se había perdido. Él no solamente
vino por casualidad, a ver quién quiere ser salvo, a ver quién
de veras quiere venir a Él. No, hermanos, el propósito de
su venida aquí en este mundo, Él vino porque ya perdió su pueblo. Y ese pueblo perdido es el que
vino a rescatar, es el que vino a salvar con toda seguridad y
ninguno se va a quedar en la perdición. ¿Por qué? Porque el
Señor vino a salvarlo. Si alguno del pueblo escogido
de Dios no se salva, entonces no hay salvación para nadie.
Se puede decir que la obra del Señor no sirvió para nada. Es en vano. Pero gracias a Dios
que estamos seguros, hermanos, que el Señor, su obra que Él
vino a hacer es con seguridad para salvar a su pueblo. Y por
lo tanto, entonces, Él está buscando a sus ovejas. Lo está buscando
por medio de las personas que Él ha levantado, por medio de
la gente que Él está salvando, está dándoles conocimiento de
la verdad. Lo que el hombre con su propia
incapacidad, hermanos, Él nunca lo va a alcanzar. Su naturaleza
le impide esto. No quiere nada con el Señor.
No quiere. Pero gracias a Dios que Él Él
da la sabiduría. Él da la vida, la fuerza. Él
da la capacidad, hermanos, para venir a Él. Él nos da esa capacidad. Él mueve los pies, las manos,
la boca, todo, para poder venir y hablar y confesarlo a Él, hermanos,
con todo nuestro corazón. Eso tiene que obrar en nosotros
el Señor. El Hijo del Hombre entonces vino
a buscar al que está perdido. Tiene que sentir uno que está
perdido, pero ¿cuándo? Cuando tenga vida. El Señor va
a dar cuenta, va a reaccionar, va a darse cuenta, hermanos,
que está en una condición perdida y no puede hacer nada, pero gracias
a Él. Como aquel hijo pródigo, ¿verdad?
Volviendo en sí. Es como que estuviese borracho.
volviendo en sí. Estaba en una situación terrible. No aguantó, no soportó más, hermanos. Y volvió en sí, de su sentido,
lo que estaba haciendo. Dijo, en la casa de mi padre
hay mucha comida y yo aquí estoy pereciendo. Ya reconoció su condición. Entonces,
eso es lo importante, hermanos, que la persona cuando obra vida
en la persona, el Señor, enseguida se va a dar cuenta de dónde está. Y entonces ya se da cuenta dónde
está la comida verdadera. Y enseguida esa persona se levanta
y viene a Él. Pero a menos que Dios obra, hermanos,
en Él, no va a haber. es imposible para él. Y esas
gentes que predican diciendo que tú si quieres puedes ser
salvo, si tú quieres puedes venir. Eso es imposible. Eso es imposible,
hermanos. De por sí el hombre no quiere
nada con Dios. No quiere nada con el Señor Jesucristo.
No quiere nada con Él. ¿Por qué? Porque para Él es una
locura. Para Él es una locura. El hombre
Su voluntad, hermanos, está oscurecido, está en tinieblas, es un hombre
ciego, no entiende las cosas de Dios, como dice el apóstol
San Pablo aquí en la primera carta, Corintios capítulo 2. Dice así la Palabra de Dios en
el verso 14, Pero el hombre natural no percibe
las cosas que son del Espíritu de Dios porque para él son locura. Eso es verdad, ¿verdad? Cuando
Nicodemus le dijo, es necesario nacer de nuevo. Oiga, ¿cómo puede
ser eso? Ese sí está loco, esta persona.
Está loco, ¿cómo voy a nacer de nuevo? Si yo estoy viejo. Hasta le dijo al Señor, ¿acaso
puedo entrar otra vez en el vientre de mi madre y nacer? Es una locura
lo que usted está diciendo. Es lo que dice, hermano. Y es
un hombre sabio, es un maestro. Hasta le dijo el Señor, tú eres
maestro, ¿y qué enseñas? ¿Qué enseñas? ¿Qué enseñas a tus discípulos?
Es triste, hermanos, cuando a Dios no le da reverencia. Yo no sé
si ya les conté, hubo allá en Tejón un tal sacerdote, se llamó
Estrella, Padre Estrella, dice. Llegué un tiempo y platiqué con
él porque estaba yo de pastor en la otra iglesia, donde predicamos
que tú, si quieres, puedes ser salvo. Está en ti. El Señor está golpeando. Si tú
quieres, le abres, si no, Él no va a entrar, es un caballero.
Hasta le ponen mal a uno así. Es triste. Gracias a Dios cuando
me dio el entendimiento que eso está mal. ¿Cuánta gente engañamos? Y me di cuenta que era mentira
todo eso. Engañar, le estás haciendo dos
veces Hijo del Infierno a esa gente así. Es un engaño, porque
el hombre no quiere. Ahí lo estamos viendo. No puede
el hombre, hermanos, natural, percibir las cosas del Espíritu
de Dios, porque para él es una locura. Es una locura en verdad,
no lo puede entender. Y ese hombre dijo, después de
haber platicado, le dijo a la familia, están en la verdad,
deben seguir la Biblia. deben seguirlo, esa es la verdad
aquí no se está predicando ni se está leyendo en eso entonces
como les decía yo a muchos en las misas se hacía en latín uno
solamente dice amén ni siquiera sabes lo que están diciendo necesitas
saber ese arreglo en latín para que lo entiendas pero uno dice amén si amén estás
diciendo que estás de acuerdo Pero si no lo entiendes, ¿por
qué estás de acuerdo con algo que no entiendes? Es como que
si estoy hablando de una cosa y no lo entiendes y dices amén,
¿de qué te sirve? Si estás aprobando una cosa,
si no lo entiendes. Ahora, si lo estás entendiendo,
dice, sí, es verdad. Entonces, dilo. No nos dé vergüenza
decir amén cuando realmente uno lo está entendiendo. ¿Por qué? Porque esa es la verdad, hermanos.
Pero el hombre no puede entender las cosas de Dios, porque Él
la quiere hacer material. La quiere hacer material. Está
como en la lectura. El Señor dijo, el verdadero pan
lo ha dado mi Padre. Pero para ellos es una locura.
porque el pan de la cual está hablando es su persona es él
hermanos es el pan de vida pero él está hablando realmente de
la vida eterna cuando uno come las cosas espirituales de él
entonces estamos nosotros recibiendo la vida eterna en el Señor Jesucristo
él no estaba hablando del pan material pero la gente lo estaba
entendiendo de esa manera ese sí está loco hasta está diciendo
del cielo descendió, si lo conocemos, ¿no es hijo de José? Así me dicen en el pueblo, conocemos
a esa persona, conocemos quiénes son sus padres, hasta son, es
una familia mala. Pero gracias a Dios, hermanos,
que cuando Él pone en el corazón de la persona la verdad, damos
testimonio. Y queremos también que otros
lleguen a este conocimiento y tiene que ser por la gracia de Dios.
No es por nosotros. No es. Su incapacidad es, hermanos,
en su amor al mundo. Nosotros amamos el mundo. El
hombre ama todas las cosas que hay en el mundo. Y como dice
Juan aquí en su primera carta, vean, Y eso es lo que necesitamos también
entender, hermanos. Primera carta de Juan. Capítulo 2. Dice aquí en el verso 15, no
améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Dice,
si alguno ama el mundo, el amor del Padre no está en él. No améis el mundo ni las cosas
que están en el mundo. O sea, todo lo que llegamos a
tener, hermanos, nunca debe uno poner su amor ahí. Si tú amas
a Dios, ámalo a Él. Claro que todo lo demás lo necesitamos.
No podemos decir que no necesitamos casa, no necesitamos dinero,
todo eso lo necesita el cuerpo. Pero el Espíritu lo que necesita
es la Palabra de Dios. Es la Palabra del Señor. El cuerpo
necesita todas esas cosas, pero no pongamos nuestro amor a estas
cosas. Si amamos al Señor, debemos amarlo
a Él totalmente. Claro que las tinieblas, eso
ciega al hombre. Por eso no puede venir, hermanos.
El hombre, lo primero que pone es su confianza en esas cosas
materiales. Ahí piensa que ellos, ahí está
su seguridad. Pero yo le he dicho a mucha gente,
aunque está amontonado nuestro dinero, hay una familia allá
que su hijo trató de bajar su peso por sí solo y su hermana
era una doctora, ni siquiera le preguntó. Y ahí le dio una
enfermedad y ahí el hijo estaba muriendo. Y su papá dijo, no
importa los miles que cueste, quiero que usted salve a mi hijo.
Digo, oiga señor, nosotros no somos Dios. Si él quiere que
este muchacho se salve, se va a salvar, pero si no... Lo único
que digo, ya se perdió la esperanza. No importa que esté amontonado
su dinero allá, no se puede salvar. Eso está en las manos de ese
que está en los cielos. Y esa es la verdad, hermanos.
El dinero no puede salvar a nadie de ninguna enfermedad, de ninguna
muerte que venga en nosotros. Pero por eso es necesario prepararnos
para que nos encontremos con el Dios de justicia, el Dios
verdadero, el Dios eterno, para poder estar con Él por toda la
eternidad. Pero nadie quiere, como les digo,
el hombre está incapacitado por su amor al mundo, porque está
en tinieblas, está en la maldad, le gusta estar en la maldad. Lo primero que dice uno, allá
donde voy a ir no hay, sólo gozo a ver y solamente condenación. Aquí piensa uno que está gozando,
pero es un gozo temporal. el gozo eterno es con el Señor.
El gozo eterno es con el Señor. Por eso debemos prepararnos para
estar delante del Señor Jesucristo. Por eso la gente no quiere, hermanos,
nada con el Señor Jesucristo, no quiere nada con su palabra,
no quiere nada con los predicadores que están predicando la verdad,
Porque su amor al mundo es para él lo más importante. Y así el
Señor recuerda en Mateo 6, 24. No puedes amar a dos señores, dice. En Mateo 6, 24. No puedes
amar a dos señores. Si amas a Dios, a Él solamente. Si amas el dinero, amas la maldad,
solo a Él vas a amar. No puedes amar. Y no vayas a pensar y decir también,
yo si estoy guardando todo, no lo debe uno decir. Así Dios va
a tener misericordia en mí, no. Hagas lo que hagas, desde el
principio, hagas lo que hagas. Si no abandonas tu propia justicia,
de nada sirve todo lo que hagas. No améis al mundo ni las cosas
que hay en el mundo. Uno dice que está siguiendo a
Cristo, pero ¿cuál Cristo está siguiendo? ¿Al Cristo que le
deja hacer las cosas como a Él le gusta? ¿Al Cristo que puede
ordenar lo que tiene que hacer y lo que no tiene que hacer?
¿Cuál Cristo está siguiendo? ¿Al Cristo rojo, al Cristo negro? Al Cristo de la Santa Biblia,
hermanos, está sentado a la diestra de Dios con poder para salvar
a todos aquellos que vienen a sus pies. Ese es el Cristo que nosotros
debemos seguir y debemos amar, hermanos. ¿Por qué? Porque Él
no va a fallar por nada. Él es la verdad. Entonces, seguir a Cristo tiene
que uno saber a quién Cristo está siguiendo. Tiene uno que
saberlo. porque hay muchos Cristos, pero
el Cristo de la verdad es uno solo. Dice, esta es la vida eterna
que te conozca al único Dios verdadero y a Jesucristo a quien
has enviado. Para conocer a Jesucristo a quien
has sido enviado por el Padre. Él vino, Él vino a buscar. La
incapacidad La conciencia de una persona está totalmente depravada,
no puede analizar nada de lo que es bueno y lo que es malo. ¿Por qué? Porque hermano, su
conciencia está sujeta. Es un esclavo, dice la Palabra
de Dios en Juan capítulo 8, verso 34. Esos hombres Ellos decían que eran creyentes. Decían que ellos eran creyentes,
pero vean, aquí el Señor les habló claramente en el verso
34 capítulo 6, o sea, capítulo 8 del Evangelio 1. Jesús le respondió, de cierto,
de cierto os digo, que todo aquel que hace pecado, esclavo es del
pecado. Es un esclavo, está esclavizado.
En otras palabras, no está libre para hacer y decidir lo que quiere
y lo que va a hacer, hermanos. Ahí está la incapacidad del hombre. Ahí está su naturaleza. Es solamente
pecar, cometer pecados y estar contra la verdad. No quiere nada
con la verdad. Eso es lo que hace la naturaleza
del hombre. Es lo que hace. No quiere nada con el Señor Jesucristo. ¿Cuál es la forma entonces de
el Padre que trae a la persona? para que venga el Señor Jesucristo
por la predicación del Evangelio. Por la predicación del Evangelio.
Ese es el medio que el Padre está usando, hermanos. Ahora
hay que predicar el Evangelio. Ir y predicar el Evangelio a
toda criatura. Ese es lo que tiene que ser usado. Y por medio de la predicación,
hermanos, de la verdad, las personas son hechos una nueva criatura
y vienen al Señor Jesucristo. Dice Pablo en Romanos 10, 17,
la fe viene por el oír, el oír la palabra de Dios. No la palabra
de cualquier hombre, la palabra de Dios. Es la palabra de Dios al cual
nosotros tenemos que oír, no por milagro, porque el Señor
hizo muchos milagros y la gente si los siguió si los siguió hermanos
pero ellos siguieron por lo que están viendo y por lo que están
recibiendo, comiendo en otras palabras los siguen por el beneficio
pero no siguen por la verdad porque se están beneficiando
recuerdo hasta un día dijo Pedro Señor no hables de muerte ¿Cómo
va a ser posible que tú te mueras siendo un buen hombre, una buena
persona? Está pensando, ¿por qué? Porque
está recibiendo, hermanos, todo lo material. Pero el Señor, si
no, no eso vino a hacer. Él no vino a mantener a la gente
de comida, no vino a mantener a la gente de sanidades de las
enfermedades. Él no vino para eso. Él vino
para dar su vida, para rescatar a su pueblo que está perdido,
que está muerto, condenado. Eso vino a ser el Señor Jesucristo.
¿Pero quién no quiere, hermanos, beneficiarse? Aquí es fácil. A la hora que tengo hambre, me
da comida. A la hora que estoy enfermo,
me sana de mi enfermedad. Es todo fácil. Hermano, ojalá que no estemos
siguiendo de esa manera. Siga al Señor Jesucristo con
fe. Sígalo, si ya está viniendo con él, sígalo. La manera que
el Padre entonces trae a las personas, él por la predicación
del Evangelio, es una atracción divina. En el libro de Salmos
110, dice, en el día del poder, Salmos 110, Verso 3 Tu pueblo se te ofrecerá
voluntariamente en el día de tu poder. Ese pueblo se va a
ofrecer voluntario, viene voluntariamente. No lo van a obligar, ni lo van
a asustar. porque muchas veces los malos
predicadores asustan. No quieres ir al cielo, ¿quieres
ir en el infierno? Y la persona, como no quiere
ir al infierno, dice, a lo recibo. Ay, vengo a Cristo, a lo creo.
Para que salga de ese susto que le están dando. Pero no queremos
asustar a nadie. Y hay otro, le dicen a la persona,
si usted llega a venir a Cristo, Se acabó sus problemas. En cambio
yo le digo a la gente, más problemas está buscando. Porque su problema
comienza en su casa. Ahí está su problema en su casa.
Los que no son creyentes, es su problema de usted. Es su problema,
hermanos. Entonces ya tiene más problemas,
porque de seguro cuando te pase algo, te lo va a hinchar en cara.
Ahí está, ¿dónde está ese Dios que tú estás adorando? ¿No lo
dijo la esposa de Joko? Mujeres necias, así hablan. Le dijo Joko, y él está sufriendo
hermanos, ya perdió todo. Ya no tenía nada, ni sus hijos
siquiera. Y ya hasta perdió su salud. No, su vida, no. Pero ya perdió
su salud. Y su esposa todavía está gozando
de salud. Está gozando, entonces no tenía
nada. Pero ahí está. ¿Dónde está ese Dios? Ese Jehová
que tú dices que sí vive, que Él es tu ayuda, es tu socorro. ¿Dónde está? ¡Maldícelo y muérete! Eso es lo que dicen tus enemigos
que están en tu casa. Por eso, hermanos, yo les digo
a las personas, ni les digo recibe a Cristo y se acabó todo, no.
Al contrario, más problemas te estás buscando. Porque al que
tú estás siguiendo es perseguido. Al que tú estás creyendo nadie
lo quiere. Nadie lo cree en verdad. Solamente
quieren un Cristo que lo llevan en sus manos y lo manejan como a su antojo,
hermanos. Ese Cristo sí lo ama el mundo,
lo ama la gente, pero el Cristo de la Santa Vida es Soberano,
Rey del Cielo. El que hace lo que quiere y nadie
puede impedirle. Nadie lo quiere, hermanos. Nadie
quiere este Señor. Entonces su atracción divina
es la manera en que trae las personas. Él trae el Altísimo,
como dice en nuestro texto, ninguno puede venir a mí, dijo el Señor,
si el Padre que me envió no lo trajere. Está diciéndole a la gente porque
ellos pensaron que Él no es nada, no es Dios. Por eso el Señor
les dijo ninguno. Por eso ellos dijeron, ¿cómo
va a ser posible? Diciendo que Él vino del cielo,
¿no? No lo pueden aceptar, hermanos, porque están viendo a un simple
hombre como ellos. Pero sí está Dios en él. En ese cuerpo está presente.
Es un misterio, yo no lo sé. Y ni lo puedo decir verdaderamente. Pero creo que, en realidad, Él
dijo, el que me vea a mí, vea al Padre. si tú ves al hijo estás
viendo al mismo padre el padre está en él por eso el hombre
sabio no lo puede entender se vuelve más necio un hombre sabio
porque con su propia sabiduría se queda loco no puede conocer
a Dios entonces la obra del padre es el que trae hermanos al hombre,
al Señor Jesucristo. La obra del Espíritu Santo es
el que trae también al hombre al Señor Jesucristo. En otras palabras, el Espíritu
Santo es el que controla la voluntad cuando dé vida. Por eso ves que
la persona viene voluntariamente, porque ya su voluntad, hermanos,
ya está, obró el Señor en él. y esa persona viene voluntariamente
al Señor Jesucristo. El Espíritu dice, obra en el
corazón de nosotros y produce así el querer y el hacer la buena
voluntad. Dios pone el corazón que ame
al Señor y reconozca que en Él está el Padre, el Todopoderoso. Está la salvación, está la vida
eterna, está todo en el Señor Jesucristo. Esa es lo que está
en nuestra justicia verdadera. Porque con la justicia que tenemos,
por eso les dije al principio, tienes que dejar tu propia justicia,
piensas que por lo que haces puedes ser justificado por Dios. La justicia verdadera está en
el Señor Jesucristo. Y es por eso que dijo el Señor,
no tengan la justicia de los fariseos, que tengan la verdadera
justicia. Y eso está en el Señor Jesucristo.
no está en lo que haga uno, no está en nosotros. Y necesitamos
un corazón nuevo, como dice Ezequiel 36, 26, un nuevo corazón. Es lo que necesita uno. El corazón
que tiene uno es un corazón de piedra, no siente nada. y necesitamos el corazón nuevo
que Dios da. Es por eso, hermanos, que ese
predicador, pobre predicador, no puede hacer nada. Aunque grite
uno, aunque brinque uno, no puedes quitarle el corazón que tiene
esa persona. Eso es obra de Dios. Él dice
lo que Dios dice, que Él quitaré el corazón de piedra y pondré
uno de carne. Ese es el cambio, es lo que tiene
que hacer, no va a remendar ese corazón, no va a remendar al
hombre. No hermanos, totalmente es un
cambio, quita y pone el Señor. Es su obra hermanos, esa es obra
de Él. Nosotros no podemos quitar ni
poner, no podemos hacer nada. Es obra de Dios. Para mí es imposible. para ustedes es imposible. Venir
a Cristo, estamos incapacitados. Pero gracias, cuando Él obra,
venimos en nosotros. Tan pronto como obra en el corazón,
venimos a Él y hacemos lo que Él nos dice. Como dijo Saulo,
Señor, ¿qué quieres que yo haga? Él tenía un querer, ¿verdad?
Destruirlo. Pero ahora está diciendo, Señor,
¿qué quieres que yo haga? Su querer fue obra de Dios, hermanos. La luz que penetró en su corazón.
Esto nos consuela saber que lo que hacemos no sirve, sino lo
que Dios hace. Quizá uno se hace la pregunta,
¿y qué voy a hacer con mi religión? ¿Qué voy a hacer con mis amigos?
¿Qué voy a hacer con mi familia? Una persona que ya es nueva criatura
se olvida de todo esto. Se olvida porque está mirando
a Cristo. Ya ni le hace caso a estas cosas,
hermanos. Ya no tiene en mente su religión,
ya no tiene en mente su familia, ya no tiene en mente la sociedad,
ya no tiene en mente sus amigos en el mundo, toda la gente así.
¿Qué le importa eso? Él sigue al Señor Jesucristo.
y todo lo demás para él es basura. Porque ya tiene un mejor lugar,
una mejor posesión en el Señor Jesucristo. Ahí está todo. En Él no te hace falta nada.
Aunque soy pobre, lo tengo todo. El rico tiene, pero le falta
todo. porque un día va a decir Señor
di que se levante el muerto para que diga a mis hermanos para
que no vengan a este lugar, lo va a decir es triste ahí están
los predicadores que lo oigan oigan el mensaje que se está
predicando hoy es día de salvación no mañana, no espere mañana hoy
es el día que debemos venir al Señor Jesucristo pero cómo va
a venir si no puede ya obró Dios en usted, ya hizo la obra de
la nueva creación, venga, está oyendo a él, está entendiendo
esa verdad, ya volvió en su sentido para que se dé cuenta que está
usted perdido, porque es lo primero que uno tiene que darse cuenta.
Estoy perdido en la religión, en la tradición, en mi propia
sabiduría, Pero ahora, gracias a Dios que me ha dado esa luz,
ahora puedo mirarlo a él. Y ya va a querer seguir al Señor
Jesucristo. Yo estoy muchas veces sujeto
a la religión. Hay mucha gente que está sujeto
a su religión, a sus tradiciones, pensando que ahí va a lograr
algo delante de Dios. No hay nada, hermanos. Haga lo
que haga, crea lo que crea, está bajo condenación si no tiene
a Cristo. Haga lo que haga, crea lo que
crea, siga lo que siga y piense que es la verdad, si no es Cristo,
es sus hermanos. Está bajo condenación. ¿Por qué? Porque todo lo que
hacemos, Isaías, vean, todo lo que hacemos el profeta Isaías
está hablando aquí. Capítulo sesenta y cuatro. Verso seis. Dice, si bien todos nosotros
somos Somos como sociedad. Todos nosotros somos como sociedad.
Se está incluyendo Isaías. Todos nosotros. No está diciendo
todos ustedes. Un fariseo solamente dice eso.
No soy como éste. Él está pasando como Dios. No
soy como éste. Esa es nuestra palabra, hermanos.
Yo no soy como él. No debe uno decir, todos somos
iguales. No importa la categoría que usted
tenga, todos somos iguales. No importa que sea uno negro,
blanco, lo que sea, delante de Dios es igual la persona. No
hay justo sin el Señor Jesucristo. No hay. Y eso es lo que está
diciendo aquí Isaías, si bien todos nosotros somos como sociedad
y toda nuestra justicia, dice, como trapo de inmundicia. Es
como trapo de inmundicia delante de Dios. Suciedad. O sea, ante
los ojos del Señor, todo lo que hacemos está sucio. Nada, de
nada sirve, hermanos. No le agrada. Aunque usted diga,
si estoy haciendo la mejor obra. Pero no porque usted lo está
mirando así bueno, que diga, Dios lo va a mirar. No. La obra
buena, hermanos, lo mira en el Señor Jesucristo. Todo lo que
hagas en el Señor Jesucristo es agradable al Señor. Pero fuera de Él, nada es agradable
a Él. Si lo está haciendo uno por sí
mismo. Ahora, es muy importante. Quiero ver una ilustración para
terminar aquí en el libro de Mateo. Es para todos los que
oyen. Todos los que oyen. El Señor
Jesucristo habló en ese tiempo cuando él estuvo, hermanos, aquí.
En el capítulo siete. En el verso veinticuatro. Dice,
cualquiera pues que me oyere estas palabras. Dice cualquiera. No, no estás diciendo, ¿sabes
tú leer? ¿Tienes tú, no tienes tú conocimiento
de letra? ¿No estudiaste? Cualquiera. Y eso es para nosotros, cualquiera
de nosotros. Dice, cualquiera pues que me
oye estas palabras. O sea, quiere decir, todos oyen. Pero no todos creen, ni todos
obedecen. ¿Por qué? Porque una persona
rebelde hace a su manera. hace a su manera, hermanos. Y
es triste cuando una persona cuando le dicen y no acepta el
consejo verdadero. Es triste. Bienaventurado el hombre que
no anduve en consejo de malos. Dichoso el hombre cuando sigue
un buen consejo. Esa persona va a llegar a algo.
Mucho más si es la verdad, la palabra de Dios, va a tener vida
eterna. Entonces, este señor dice que
habló estas palabras, ilustrando hermanos, cuando él dice, el que me oye,
le compararé a un hombre prudente que edificó su casa sobre la
roca. descendió lluvia y vinieron ríos
y soplaron vientos y golpearon contra aquella casa y no cayó
porque estaba fundada sobre la roca. Y la roca es Cristo. El creyente ahí debe estar fundada,
hermanos. Nada, nada de vientos, de doctrinas,
de problemas, de nada. Nada en este mundo puede separarle
de esta roca, no le puede destruir a nadie, pero es triste cuando uno oye
y no lo hace hermanos, porque como les digo todos oyen. lo
que se le habla a una persona. El Señor dijo, todos los que
oyen y no lo hacen, porque lo están oyendo. La gente a la que
le estamos hablando, lo están oyendo. Pero cuando Dios no le
revela a la persona, hermanos, es como si no estuviera oyendo.
Es como si no estuviera oyendo. Y hay gente que está preparada.
Recuerdo ese misionero donde me quité. Estaban haciendo un
cuarto para oficina y esos trabajadores ya habían llegado dos metros
abajo, están yendo, no había llegado al lado. Y digo, oiga,
¿cuánto material me va a llevar aquí? Se levanta la casa. No respondemos. Usted lo predica, que necesita
el fundamento. No, pero aquí va a llevar mucho
dinero. Está bien. Y se hizo, hermanos. Ya estaba
nivelado. Ni siquiera había techado la
pieza. Vino un aguacero. Pero el aguacero
se inundó el lugar. Y las piedras empezaron a irse.
Y las esquinas se empezaron a abrir. Cuando pasara yo y salió, dio
que ya. ya están abiertas las esquinas
y fue corriendo a hablar a él. Ya no sé si se fue el, el muro
abajo. ¿Y qué vamos a hacer? Pues hay
que tirarlo. Lo que no quiso perder, lo perdió doble. Tuvieron
que bajar todo y volver a ver qué hacer. Y le pusieron una
cadena entonces. Porque él ni siquiera eso quiso
aceptar. porque es mucho dinero, hay que
poner una cadena para que esté bien, para que tenga que ir parejo. Pero él no quiso. Entonces, lo
están viendo, le están diciendo. Pero no lo quiso hacer, hermanos.
Ese es el hombre natural. Le hablan. ¿Dónde está el fundamento,
el Señor Jesucristo? No lo quieren. No, está mejor
mi religión, estoy mejor donde estoy. Aquí nadie me quita nada. Y el Señor no le quita nada también,
le deja en libertad. Usted es el que tiene, si tiene
amor a Él, a Él vas a obedecer. Si no tienes amor a Él, pues
vas a hacer lo que quieras. El que ama al Señor, va a obedecerlo
a Él. No va a obedecer a los predicadores.
Por eso está diciendo, esta persona hizo su casa en el buen fundamento
y no cayó. Pero dice, pero cualquiera que
me oye estas palabras y no las hace, le compare a un hombre
insensato, necio. Lo está oyendo y no quiere hacerlo,
no. De nada sirve eso. No, esa es mentira. Lo que están
predicando es mentira, no es la verdad. Pero un día lo va
a recordar. Un día lo va a recordar. Dice, edificó su casa sobre la arena
y descendió lluvia y vinieron ríos y soplaron vientos y dieron
con ímpeto contra cada casa y cayó y fue grande su ruina. Fue grande su ruina. Perdió todo. Hermanos, el Señor habló estas
palabras para ilustrar Tenemos un fundamento firme. ¿Quién es
ese fundamento? Es el Señor Jesucristo. Dice
el apóstol San Pablo, nadie puede poner otro fundamento que el
que está puesto, el cual es Jesucristo. Y sobre este fundamento debemos
de estar edificados, hermanos. Y dice San Pablo otra vez, en
Romanos, Nada, ni la muerte, nada de lo que está creado nos
podrá separar del amor de Dios que es en Cristo Jesús. Nada. Es bueno, hermanos, nada de esto.
Aunque vea montones de dinero, no se va tras eso. Aunque tenga
muchas posesiones, no ponga su mira en eso. Siga al Señor Jesucristo,
porque un día de eso va a pasar todo esto. Pero el Señor permanece
para siempre. Entonces, confiar en las obras,
confiar en palabras de hombres, confiar en la religión, no es
la verdad. Confiar en el Señor Jesucristo,
Él es el único. Ninguno puede venir a mí, si
el Padre que me envió no lo requiere. El Padre es el que tiene que
convencerle a usted. Yo no puedo convencerle. Quizá
si quiero lo hago. pero de nada sirve. Yo estoy
pidiendo al Señor que le convenza, que Dios le ilumine y venga Él únicamente,
porque Él es el que da vida eterna, Él es el que da la salvación.
es el único salvador de pecadores. Necesitamos creer que somos pecadores
y no merecemos nada sin la obra del Señor Jesucristo. Ya vino
verdaderamente el Señor, sígalo, ponga sus ojos en Él. Su fe debe
estar puesta únicamente en Él. No le distraiga falsos predicadores
con sus tradiciones, con sus milagros, con su religión, con
lo mejor que ellos están haciendo. No hermanos, aquí en este mundo
no hay mejor manera de adorar a Dios, es hacerlo con el Espíritu
y la verdad, porque esa es la manera de adorar a Dios, porque
Dios es Espíritu. Ahora, no debemos buscar otra
manera que deleite nuestra carne, sino lo que buscamos es deleitar
nuestro espíritu que Dios le ha dado vida. para poder entender. Ya vino en verdad a Él, si no,
hoy es el día. Acuda al Señor, es nuestra esperanza
de gloria. Ahí tenemos la vida eterna. Ojalá el Señor les conceda entendimiento. Gracias a Él por darme esta oportunidad
de compartir esta enseñanza. Que Dios les bendiga, hermanos.
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