Gracias le damos al Señor por
darnos otra vez esta ocasión para estar con ustedes, hermanos.
Es un gran placer volver a ver a ustedes. que Dios les bendiga
a todos. Vamos en este momento a compartir
la palabra de Dios, la enseñanza de la palabra de Dios. En esta ocasión, mis hermanos,
en Cristo vamos a abrir nuestras Biblias en el libro de Isaías,
el profeta. Profeta Isaías, capítulo cuarenta
y cinco. Ya se está. Bueno, espero en la gracia del
Espíritu Santo poder hablar a ustedes en esta mañana porque me afecta
un poco el catar. Dice desde el versículo uno,
este capítulo, versículo uno, Así dice Jehová a su ungido,
a Ciro, al cual tomé yo por su mano derecha para sujetar naciones
delante de él y desatar lomos de reyes para abrir delante
de él puertas, y las puertas no se cerrarán. Este Ciro viene siendo como un
tipo de Jesucristo nuestro Señor. Por entonces, Jehová se declara
Creador de Israel, así como el Redentor de Israel. Pero en esta
parte donde vamos a estudiar en esta mañana, iniciamos desde
el versículo 20. Dice el versículo 20 así, Reuníos
y venid, juntaos todos los sobrevivientes de entre las naciones. No tienen
conocimiento aquellos que erigen el madero de su ídolo y los que
ruegan a un Dios que nos salva. Proclamad, y hacedlos acercarse,
y entren todos en consulta. ¿Quién hizo oír esto desde el
principio y lo tiene dicho desde entonces, sino yo Jehová? Y no
hay más Dios que yo, Dios justo y salvador, ninguno otro fuera
de mí. Mirad a mí y sed salvos todos
los términos de la tierra, porque yo soy Dios y no hay más. Por mí mismo hice juramento,
de mi boca salió palabra en justicia, y no será revocada, que a mí
se doblará toda rodilla y todo Todo jurará, o sea, jurará toda
lengua. Y se dirá de mí ciertamente en
Jehová está la justicia y la fuerza. A él vendrán y todos
los que contra él se enardecen serán avergonzados. En Jehová
será justificada y se gloriará toda la descendencia de Israel. Amén. Bueno. Recordemos de que el libro del
profeta Isaías es todo el evangelio en la profecía. Es todo el evangelio
en la profecía. Así que este libro es un libro
muy especial que siempre abrimos para estudiarla, para mirar al
evangelio allá en la profecía. Perfectamente conforme a lo que
el Nuevo Testamento también nos mostrará. Hay siempre un título que escogemos. Y ese título escogemos en un
versículo de la Biblia. Aquí la palabra es la mirada
necesaria. La mirada necesaria. El Señor dice a su pueblo. mirad a mi y sed salvos todos
los términos de la tierra porque yo soy Dios y no hay más en el inicio de este versículo
Dios es el que dice mirad a mi y sed salvos mirad a mi y sed salvos en esto
podemos entonces Entender primeramente, y especialmente en todo el discurso,
estas tres cosas. La primera cosa es una orden
necesaria para una mirada necesaria. Y la segunda, una persona necesaria
que hay que mirar. Y la tercera, una salvación necesaria
de obtener. Esta mirada no se trata de cualquiera
mirada o mirada común como nosotros miramos con los ojos de la carne.
No se trata, esta mirada no se trata de cualquiera mirada. Esta
mirada es una mirada especial. Es una mirada necesaria. Por
esa razón, no es igual como cuando vemos alguna cosa con nuestros
ojos. Dios no nos llama simplemente
a verlo a Él, no se trata de eso. Esta mirada debemos entender
de que es una mirada de los ojos de fe, la mirada de los ojos
del corazón, no de la carne, sino de la fe, una mirada de
fe. Entonces, Esta orden o mandato
o llamamiento es para cada uno de aquellos a quienes Dios ha
llamado para salvación. Esto es un llamamiento particular,
es un llamamiento especial. Hay un llamamiento necesario
y ese llamamiento es lo que todos los pecadores que Cristo vino
a salvar necesitan. Cuando Dios haga este llamamiento,
aquel que es destinado por Dios para ser salvo en Cristo Jesús,
esa persona obedecerá, mirará, mirará. Bueno, pero tenemos que entender también
que esta mirada no está causada por algo atractivo. no es causado por algo emocional, está causado por el llamamiento,
no por algo emocional. Alguien me dijo el lunes pasado,
no hermano, si es algo que emociona no queremos nada emocionante, porque las emociones muchas veces
confunde la fe de la gente y los vuelve religiosos en vez de ser
cristianos. Pues les digo que esta mirada
de lo que trata aquí no es una mirada causada por emociones
ni por atractivos. Es una llamada, es una mirada
urgente. No es una mirada como solamente
hacer un parpadeo y ver lo que nos llaman a ver. Lo que vamos
a mirar es algo importante y lo que vamos a obtener en ello es
algo importante. Bueno, la palabra mirar a mí
es la palabra del Evangelio que dice cree en el Señor Jesucristo
y será salvo. Esa palabra mirar a mí es el
evangelio que dice cree en el Señor Jesucristo y será salvo.
En este llamamiento no existe ninguna condición. En este llamamiento
a mirar no existe ninguna condición. No hay ningún obstáculo. No está
interpuesto un canal que hay que cruzar, simplemente nos llama
a mirar, pero no es con estos ojos, sino con los ojos del corazón,
los ojos de fe en el Señor Jesucristo. Dios ha dado y ha señalado el
único recurso para cada pecador que Cristo vino a salvar. Si me entienden, Dios lo ha puesto. Dios lo ha dado. Dios lo ha señalado. Y ahora no te da condiciones,
simplemente te dice, mirad a mí y sed salvos. No interviene ninguna
obra nuestra. No interviene ningún sacrificio
nuestro. No interviene ningún cumplimiento.
Sólo es mirar. La pregunta que podemos y debemos
hacer es, ¿mirar es una obra? No. ¿Y mirar es una carga? No. Todo está libre de obstáculos. No hay traves. ¿Pero quién mirará? Vamos a ver más adelante. Dios ha dado el único recurso
para el hombre, para que el hombre sea salvo. No hay otro, el cual
es Jesucristo. No nos llama a mirar ídolos,
como vemos en el primer versículo, el verso 20. No nos llama a mirar
ídolos. No nos llama a mirar organizaciones. No nos llama a mirar filosofía. Nos llama a mirar a Él. Para
venir a Dios no tenemos que ser filósofos. Para venir a Dios
no tenemos que ser científicos. Para venir a Dios solamente hay
que mirarlo a Él. Y venir a Él. Porque Él llama. En primer lugar vamos a ver esto,
lo que significa la palabra mirar. Significa una mirada exclusiva
hacia la persona indicada, la persona necesaria. La persona
propicia por nuestros pecados, el cual sólo es Cristo nuestro
Señor. Por eso dijo, mirad a mí. No
hay otra dirección. No hay otro lugar. No hay otra
persona. No hay otro medio. Dios lo ha
señalado. Es Cristo Jesús nuestro Salvador. Esta palabra, mirad, lo juntamos
con lo que Jesucristo nos dice en San Juan capítulo 3 desde
su versículo 14 y 15. Dice ahí, Y como Moisés levantó la serpiente
en el desierto, así es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado,
para que todo aquel que en él cree no se pierda, mas tenga
vida eterna. El Evangelio es uno solo. Su
claridad está en el nuevo. Su anuncio está en el antiguo.
Y esto es su claridad, la realidad de su revelación. Es como decir,
en el antiguo vemos el capullo, pero en el nuevo ya vemos la
flor abierta de la verdad. No es otra cosa, sino los antitipos
de lo que eran tipos. Bueno, entonces dijo el Señor,
como Moisés levantó la serpiente, así es necesario que el Hijo
del Hombre sea levantado. Entonces la palabra, mirad a
mí y creed y sed salvos, es la misma palabra que el Señor dijo,
que es necesario que el Hijo del Hombre sea levantado, como
la serpiente fue levantada en el desierto, y mandó Dios que
la gente mirase a la serpiente, pero fíjense bien que sólo fue
ordenado para aquellos que ya habían sido mordidos. Y una persona que es mordido por
la serpiente corre en busca de remedio. porque sabe que va a
morir. Porque mientras que los minutos
pasan, él sabe que el veneno del Aspi lo va dominando hasta
matarlo. Y está dentro de su ser, de su
cuerpo. Tenemos el ejemplo hermano Faustino
cuando lo mordió esa serpiente mala, la más venenosa de Yucatán. Esa serpiente que lo picó a él
es como la cobra del desierto. Lo llamamos hermano de la cobra.
Apenas que lo picaron, él no se dio cuenta que era. Y cuando
se dio cuenta, estaba cerquita de él ese volpocho. Y ahí lo
llevan entonces al doctor. Empezó a torcerse, gritando y
llorando porque el dolor es fuerte. El veneno causa dolor ardiente
en el cuerpo. Tiene que acudir rápido al doctor.
¿Por qué? Porque sabe que ya está mordido. Sabe, es consciente de que ya
está llevando dentro de su cuerpo el veneno del asfixia. Así también el hombre llamado
aquí para allá. Tanto como es el remedio del
mal verdadero, que es necesario, así es también
de necesario que el hombre primeramente entienda el poder del pecado
que lo domina, el veneno del pecado que lo invade, nunca lo
va a dejar, nunca lo va a dejar, el remedio sólo es Cristo. solamente es Cristo. Así es lo
que significa la palabra mirar a mí. Significa creer a Cristo,
confiar en Cristo como único justo y salvador de pecadores. Significa venir a Él con confianza
del corazón en su búsqueda y búsqueda de misericordia y gracia. porque
nada merecido tenemos delante de Dios. No podemos lograrlo
por méritos propios. Tenemos que obtenerlo por la
vía que Dios nos da, por la vía de su misericordia y su gracia. No hay otro modo de obtenerlo. Esta mirada es el acto de la
fe que cree y confía. No es un acto de obras, es un
acto de confianza y es un acto de una persona necesitada, que
tiene hambre y sed de lo que busca hasta encontrarlo. Y si Dios llama, entonces esa
es nuestra salvación. Recordemos también de que El Evangelio se predica por todo
el mundo. Y el texto dice, sed salvos,
todos los términos de la tierra. La salvación no solamente es
para mí y para ustedes acá, son para todos los que están en todas
partes a quienes Cristo ha elegido para salvación. Llegará el Evangelio
allá, si no ha llegado ahora, pero llegará. Llegar a todos,
porque dice la Biblia, id por todo el mundo y predicar el Evangelio.
Escuchenlo bien, por todo el mundo. La segunda cosa, predicar
el Evangelio a toda criatura, a todas las personas. Prediquenlo
a todos. Sepan, mis hermanos, que la predicación
es para todos. Todos lo deben oír, pero la salvación
solamente es para el que cree. Igual los mordidos por la serpiente. Fueron llamados a mirar. Dios
les ordenó mirar. Pero ordenó esto a los que son
mordidos, porque la vida dice, y los que son mordidos mirará
a la serpiente y vivirán. Igual nosotros. Si realmente hemos enterido nuestro
pecado, entonces allí está puesto por Dios, en la cruz del Calvario,
el remedio, Cristo el Señor, nuestra única salvación, nuestro
único recurso. Cristo levantado en la cruz es
para salvación a los que creen. Así como la salvación solamente
es para los que miraban a la serpiente. También Cristo es
para aquel que cree en Él. Nuestra mirada siempre debe ser
un verdadero sentido. No debemos mirar sin sentido.
Realmente, el inicio, cuando uno oye el Evangelio, cuando
uno es llamado por Dios, cuando todavía no ha creído el
Evangelio, trata de imitar a los demás, Y miran a Cristo como
un objeto religioso. Y eso es lo mismo ser católico. Es lo mismo ser idólatra. Es lo mismo ser de cualquiera
de las denominaciones. Es lo mismo, no hay diferencia. Pero el que ha sido revelado
Jesucristo a su corazón, ya las cosas cambian. Ahora tiene un
verdadero sentido su fe. El verdadero sentido de nuestra
mirada es que realmente seamos conocedores de nuestra situación,
de nuestro problema, del pecado, y seamos conocedores del objeto
de nuestra fe garantizado para nuestra salvación, el cual es
Jesucristo. El verdadero sentido o La mirada
positiva, mirad a mí, dijo el Señor. Mirar a Él como único
Dios y único Salvador. Como único Dios que puede perdonar
nuestros pecados. Tiene sentido mirar a Cristo
y este es el verdadero sentido para mirarlo. Mirarlo como nuestro
único Dios que puede perdonar nuestros pecados. Mirar a Él
como el único de quien necesitamos ser perdonados. Tal vez deba yo algo a alguien
en mi pueblo, pero no necesito su perdón. Si no le he pagado mi cuenta,
lo voy a estar pagando poco a poco. Pero mi cuenta con Dios, ¿quién
lo pagará? Entonces miramos a Cristo con
una mirada positiva, mirándolo a Él como único Dios que nos
puede perdonar y de quien necesitamos ser perdonados. Es por Él. Por eso dijo que no nos confesemos
a hombres, porque lo que necesitamos es el perdón de Dios. Mirarlo
a Él como único y necesario Salvador, el único justo, mirar a Aquel
quien puede justificarnos por la fe de su Hijo Jesucristo. Mirarlo a Él por justificación. Búscalo a Él por justificación. Necesitamos su justificación.
Y no puedo encontrar en otro lugar sino solamente en Él, porque
es a quien Dios ha señalado. Mirarlo a Él por nuestra salvación,
éste sí tiene sentido, como único que necesito. No es nuestra mirada
a Él el que nos va a salvar, sino Él Él, el mismo que manda,
que miremos, Él es nuestro Salvador. Él es el que nos salvará. No
nuestra mirada. No vamos a convertir nuestra
mirada como un mérito o como una condición para alcanzarlo. No alcanzamos nada. Recuerden
que Dios le mandó, o sea, el profeta le mandó a Namán lavarse
en el río Jordán, en un río sucio, pero él no creyó esto, hasta
que sus compañeros le dieron el mensaje, si el Señor te mandara
una gran cosa, ¿no lo harías? Claro que sí, por mi condición
sí lo haré. Entonces, ¿cuánto más puedes
hacer esto si no te está mandando que hagas un trabajo, una carga?
Sólo te mandó que te laves. ¿Eso es trabajo? No. No es trabajo,
pero Dios lo mandó. No es el Jordán el que lo limpió.
Sino Dios. El agua no tiene poder. Dios
lo limpió. Así también nosotros. No nuestra
mirada nos salva. sino al que miramos es el que
nos salva. Bueno, el verdadero sentido de
nuestra mirada. Tercero, lo que nos motiva a
mirar. Lo que nos motiva a mirar Primeramente podemos darnos cuenta
de que somos motivados a mirar cuando somos llamados. Cuando
somos llamados. Entonces, lo que nos motiva a
mirar es su llamamiento. Porque nos llama a mirar. Eso
es motivo para mirarlo a él. Ha mandado que miremos a él y
eso es lo que nos motiva. Su llamamiento nos motiva. ¿Quién
movilizó a Lázaro en la tumba? No hubo nada que le hubiera causado movimiento
en su ser porque estaba muerto durante cuatro días en la tumba. Más bien Jesús lo llama y le
dice, Lázaro ven fuera. Y este Lázaro que ha estado muerto
durante cuatro días se levanta ¿Qué es lo que le dio motivo
para levantarse? El llamamiento que da vida. Y
este llamamiento es lo que da vida. El llamamiento de Dios
a mirarle es llamamiento que da vida. Da vida al que no tiene
vida. Y nosotros estábamos muertos
en delitos y pecados. Somos personas resucitadas de
los muertos. Tenemos la primera resurrección.
Gracias a Dios por esto. Cuando escuchamos la voz de Cristo,
los que estábamos en la tumba de la perdición, oímos Su voz
y salimos. Ahora Dios nos ha dado vida eterna
en Él. Entonces ese llamamiento es el llamamiento que da vida,
da motivo para levantarse y venir a él. Llamamiento que da vida,
que levanta muertos, levanta ánimos, habilita al hombre, le
da fortalecimiento para que pueda darse por entero a Dios. Porque
por sí mismo nadie puede hasta que Dios haga esta obra en su
corazón. Llamamiento, su llamamiento que
produce buena voluntad. Su llamamiento produce en nosotros
buena voluntad. Esa buena voluntad no es un mandato,
sino es una obra de Dios. Esa es obra de Dios, eso es fruto
de su llamamiento. Ese llamamiento es el que produce
buena voluntad, da fe, da arrepentimiento al corazón, da nueva vida al
pecador y ahora confía totalmente en el Señor Jesucristo. ¿Qué
más nos llama? ¿Qué más nos motiva a mirar?
Su divinidad. Ha declarado Porque yo soy Dios
y no hay más. Y fuera de mí no hay quien salve. Isaías 43, 11. Fuera de mí no
hay quien salve. No hay. ¿Y qué dice en Hechos
4, 12? En ninguno otro hay salvación. Porque no hay otro nombre dado
bajo el cielo en quien podamos ser salvos. Este solamente es
Jesucristo Nuestro Señor. Entonces, Su Divinidad también
nos motiva a creer. Vamos a creer en un Dios Todopoderoso. El que creó cielo y tierra. El que hace temblar las montañas. El que trae tinieblas. El que hace la luz. El que abre
camino en el mar. Él es el Dios Todopoderoso. Él
es nuestro Salvador. Es el que nos llama para salvación. Y nosotros debemos venir a Él
por salvación. Nosotros debemos mirarlo a Él
por Salvador de nuestras almas. Así que, hermanos, su divinidad
también nos llama. En cuarto lugar, que es el último,
para que no nos durmamos. Cuarto lugar. Ahora siempre hay
un tiempo para mirar, ¿verdad? Hay un tiempo para mirar. Realmente
no les engaño, les digo la verdad. Cuando yo era católico fui muy
fiel a la iglesia católica. La semana que íbamos a ir a Roma
para continuar nuestro estudio tenía yo como catorce años. fue el día cuando cuando uno
de mis tíos me trajo un Nuevo Testamento y mi tío me convenció del Evangelio
que él predicaba yo creí lo que estaba diciendo pero realmente
no creí Evangelio viví un tiempo sin conversión viví un tiempo
sin Cristo aunque lo estaba yo leyendo Y dije, decido dejar
esto y dejar esto. Mi mirada era en dejar y dejar
cosas malas. Y seguir lo que está siguiendo
mi tío. Fui corriendo en pos de él y
lo seguí. Eso no es salvación. Eso no es
conversión. Porque miren, para ser salvo
no lo decidiremos nosotros. No lo decidiremos nosotros. No
es como decir, decido este día voy a pasar enfrente a confesar
mis pecados. Eso es obra nuestra, no es de
Dios. Por eso hay un tiempo para mirar. Ese tiempo para mirar, hermanos,
véanlo en el mismo texto, regresen allá y van a verlo. El tiempo
para mirar o el día para creer y confiar en Cristo Jesús es
ahora. Porque el llamamiento no está
en tiempo futuro, ni está en tiempo pasado. El llamamiento
está en tiempo presente. Dice la Biblia, Mirad a mí y sed salvos. No está
en tiempo pasado, ni en tiempo futuro. Está en tiempo presente. Así que el tiempo es ahora. Y
el tiempo que es ahora, tú no lo has escogido. Tú no lo escogiste. El tiempo, Dios lo ha escogido
para ti. Amén. Dios lo escogió para ti. Dios escogió para mí un día que
voy a creer en Él. Él lo destinó así. Llegó ese
día, entonces el Señor reveló a Su Hijo Jesucristo en mí. Vino
y hizo Su voluntad en mi corazón y voluntariamente creí entonces
en Él. Me di cuenta que toda esa religiosidad,
la forma como seguía, era basura. No sirvió para nada. Así que
hermanos, el tiempo para mirar es ahora. Ese tiempo es el tiempo
de Dios. No es nuestro tiempo. La Biblia
dice, tu pueblo se te ofrecerá voluntariamente en el día de
tu poder. No es cuando el hombre quiera,
es cuando Dios lo llame. Y este es el llamado de Dios.
Es el llamado de Dios. Ese llamado es para ahora. Este tiempo para oír es ahora. Este tiempo para oír es el tiempo
del Evangelio. El tiempo del Evangelio es el
día de la gracia de Dios. Es el tiempo oportuno para salvación
en que Dios está llamando pecadores al arrepentimiento. No es para
otro tiempo, sino es para el tiempo presente. Veanlo conmigo,
2 Corintios 6, versículos 1 y 2. Dice así la palabra de Dios,
así pues nosotros como colaboradores suyos, os exhortamos también
que no recibáis en vano la gracia de Dios, porque dice, en tiempo
aceptable te he oído y en día de salvación te he socorrido. Y aquí ahora, el tiempo aceptable,
y aquí ahora, el día de salvación. todo el tiempo de la gracia todo
el tiempo que predicamos evangelio es el día de salvación es el
día de salvación pero quien tendrá esa salvación no todo el mundo
sino aquel que cree toda la gente hubiera mirado a la serpiente
allá en el desierto pero no son mordidos eso fue puesto para
remediar la muerte de aquellos que ya tienen el veneno dentro
de ellos el evangelio es para pecadores no es para gente buena
es para gente pecadora para gente que ya está invadido por el poder
del pecado que lo está destruyendo y lo seguirá destruyendo y destruyendo
después de destruir la carne va a destruir el cuerpo y la
tumba después va a seguir comiéndolo en el infierno No dejará al pecador,
porque eso será su castigo eterno. Pero gracias le damos al Señor
que nos llamó un día para salvación. Y todos ustedes son creyentes,
¿verdad? Que bueno, aleluya. Eso si vale
la pena decir aleluya, si son salvos todos. Gloria al Señor. La predicación del Evangelio
es el día de salvación. Esto es lo que estoy predicando. Lo predican todos los pastores
que tienen Evangelio. Los que no lo tienen, como aquellos
que ven televisión. No sé si lo vieron ustedes que
tienen televisión. Vieron a Cachito Luna como pone sus manos así
y la gente siempre cae atrás. Le digo a mi esposa, son tontos,
son locos esas personas. Creen que no se da uno cuenta
de que pone su mano. La gente, ¿por dónde cae siempre? Atrás. ¿Por qué nunca caen así
de frente? ¿Por qué nunca caen? Porque es
la, ¿cómo se llama? Es la táctica que usan. siempre atrás porque nunca allá
adelante lo tienen practicado totalmente por esa razón así
sucede pero hermanos este evangelio es el evangelio
de salvación solo mediante el evangelio Dios trae la salvación
al corazón del pecador donde se predica evangelio la gente
es salva porque donde se predica el evangelio ahí están los escogidos
de Dios donde se predica el evangelio ahí la gente son la gente más
viva una vez alguien me dijo ¿te sientes vivo? sí ¿y por qué? ¿pero te sientes libre? sí ¿y
por qué? porque no bailas como bailamos Y le dije, yo soy libre de no
hacerlo. Si tú estás libre para hacerlo,
hazlo. Pero yo estoy libre para no hacerlo,
le digo. Porque donde está el Evangelio,
ahí están los hijos de Dios. Ahí están los creyentes de verdad. Ahí está la gente que son salvos
por la gracia de Dios. Son gentes vivos, son gentes
inteligentes, son personas que saben ya distinguir dónde está
la falsedad y dónde está la verdad. Por eso les dije, donde se predica
el Evangelio. El hermano Walter predica el
Evangelio. José predica Evangelio. Herbacio
predica Evangelio. Y yo lo que predico es el Evangelio
de Jesucristo. Y el Evangelio es el único que
Dios ha mandado. ¿No dice claramente en las escrituras?
Así fue necesario que Cristo padeciese. Que Cristo
muiese y que Cristo resucitase al tercer día. Para que en su
nombre se predicase, ¿qué cosa? El arrepentimiento. ¿Para qué
cosa? Para perdón de los pecados. ¿Qué
hay que predicar? El Evangelio. Dicen San Marcos,
id por todo el mundo y predicar el Evangelio a toda criatura.
El que creyera y fuere salvo, y fuere bautizado, será salvo. ¿Qué hay que predicar? Sólo el
Evangelio. No hay otra cosa que predicar
sino el Evangelio. Y esto que estoy abrigando es
el Evangelio. Lo que necesita el hombre para su salvación.
Porque lo que necesita es Cristo. Y el Evangelio está lleno de
Jesucristo. ¿Entienden? La sustancia del
Evangelio es Cristo el Señor. No es otra cosa. Y lo que trae
es salvación para el pecador. ¿Qué es lo que predicamos? Lo
que necesita el pecador. Cristo, ¿cómo? Levantado en el
madero. Como la serpiente de bronce fue
levantado en una asta. Muy alto. Donde pueda ser visto. Así también Jesucristo. Levantado
en la cruz. Muy alto. Donde pueda ser visto
por todos. Lo que están lejos, los que están
cerca, lo mirarán. Y serán salvos. Creerán y serán
salvos. donde Dios levantó a su Hijo
en la Cruz del Calvario por nuestros pecados, Cristo Jesús murió. Por nuestros pecados, Cristo
Jesús fue sepultado y por nuestra salvación, Cristo Jesús fue resucitado. Por nuestra eterna salvación,
Cristo está en gloria en el trono del Padre. Ahora, ahí está nuestra
salvación. Si la Biblia ha dicho, mirad
a mí y sed salvos, todos términos de la tierra. Ahora, la pregunta
que debemos hacer, ¿qué debo hacer yo para ser salvo? ¿Qué
hay que hacer? ¿Quién podría huir de ese llamamiento? Que es tan simple. ¿Quién podría
huir? ¿Quién podría renunciar a un
llamamiento así? Vas con los religiosos y dicen,
no entras aquí, tienes que traerme tus documentos y todo tu credencial
y todo para pertenecer con nosotros. No estamos llamando gente a pertenecer
con nosotros, estamos llamando gente a creer a Jesucristo como
su Señor y como su único Salvador. Para que sea salvo lo llamamos.
Así que hermanos, ¿qué tienes que hacer por tu salvación? Nada. Nada, porque mirar no es un trabajo,
no es una obra. Mirar es un acto. Y ese acto es un acto de una persona sedienta. Es el acto de la sed de salvación. Júntenlo con lo que Jesucristo
nuestro Señor dijo. Sed tengo. ¿Tuvo Jesús sed de
nuestra salvación? ¿Si tuvo Jesús sed por nuestra
salvación? ¿Si o no? ¿Tiene miedo de decirlo? Si,
porque faltaba. Hasta que entonces bebió todo,
todo y entonces dijo consumadores, ahora la salvación ya está hecha.
Ahora lo nuestro. También nosotros ahora sentimos
sed de Dios todos los días hasta el fin de nuestra vida. Viniendo
a Él, en busca de Él, para confiar en Él, venimos a Él con sed de
salvación. Venimos a Él con sed de justicia. Necesitamos ser salvos. Necesitamos
la justificación porque somos injustos. Delante de Dios caemos
condenados porque somos injustos. Mas en Jesucristo encontramos
justificación por gracia, por misericordia, sin pagar y sin
hacer nada a cambio. Dios nos justifica gratuitamente
por su gracia en Cristo Jesús. No hay que hacer nada por nuestra
salvación. Todo es de Dios, nuestra salvación. Ninguna parte pertenece a nosotros. Cristo crucificado por una salvación
necesaria para su pueblo. Esa salvación estaba todo predeterminado
por Dios y fue cumplido perfectamente conforme a las Escrituras y el
hombre va a venir a Cristo conforme a las Escrituras sin que se dé
cuenta porque al escuchar el Evangelio va a venir como está
determinado en la Biblia. No va a mirar otra dirección
sino solamente a Cristo nuestro Señor. los que eran mordidos
por la serpiente venían en busca de remedio hasta que Moisés oró
y Dios le mandó que mirasen la serpiente entonces Moisés transmitió
este mensaje a los hijos de Israel entonces empezaron a mirar y
los que lo miraban no murieron no murieron los que rehusaron
mirar murieron Los que creen en Cristo son salvos, pero los
que no creen son condenados. Es algo parecido y es el Evangelio,
la profecía. Hermanos, me imagino, para terminar,
yo realmente me imagino cuál era la sed de David el Rey. cuando Él escribió el Salmo 51. ¿Verdad? Podemos entender allá
qué tan grande es su sed de perdón, qué tan intenso es su hambre
de justicia, qué tan intensamente es grande su necesidad de Dios. Cuando Dios crea en Dios, un
corazón nuevo, un espíritu recto, porque no lo tengo. Confesaba
el pobrecito sus pecados. Así venimos nosotros mirando
a Jesucristo nuestro Señor por nuestra salvación. No venimos
simplemente y dijimos Señor hoy decidí venir a ti, de modo que
Padre te entrego mi corazón, aquí estoy por entero para tu
servicio. Cristo le contestaría, no vine
para ser servido, sino para servir, así que tu servicio no lo necesito. A mis amados hermanos, para terminar
quiero aclararles de que este llamado es para mirar a Cristo
nuestro Señor, es para mirar a Cristo nuestro Señor. La gente
idólatra Han vivido mirando y mirando y mirando todos los años, todos
los días, todos los días festivos a sus ídolos, pero hasta ahora
continúan en perdición eterna. Nunca serán salvos hasta que
no miren a Cristo, hasta que no crean a Cristo nuestro Señor.
Otros están confiando en su filosofía, en su ciencia, en su teología
y todo. Otros confían en organizaciones
y todo. Todos buscan esas cosas. Su mirada
está puesta en aquella parte. Hay una pequeña historia que
yo sé una persona que estaba necesitada. Era él un religioso. Buscaba
consuelo en todas partes y no lo encontró. y se puso a sentar
abajo de un ídolo. Pero ese ídolo, por el paso de
los años, ya no tiene un brazo, y el brazo derecho. Y él estaba
pidiendo consuelo a ese ídolo. La historia dice, si el ídolo
hubiera podido hablar, lo que le diría al pobre es que le siente
compasión. que le siente compasión, porque
no te das cuenta, me estás pidiendo salvación. ¿Cómo te lo voy a
dar? No tengo un brazo. Eso diría. ¿Cómo son pintados los ídolos? ¿Cómo son hechos los ídolos?
Siempre aparecen con una cara triste. Pero en ellos confía
la gente. A ellos miraba la gente. Pero
nosotros debemos mirar al único Dios Todopoderoso, que no hay
obstáculo delante de Él que le impida salvar al pecador que
vino a salvar. Así que Cristo es tu Salvador. Cristo es mi Salvador. Y el que
no ha creído todavía, ahora es el día para creer. Ahora es el
día de su salvación. Este es el día de su socorro
que ha venido de Dios. Así que hermanos, les dejo con
la bendición del Señor. Que Dios les bendiga.
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