Buenas noches a todos, hermanos.
Es un gusto estar de nuevo aquí con ustedes. Estamos siempre
en la bendición de Dios, orando siempre por que el Señor asigne
otro pastor. Pero mientras que no haiga, siempre
cuando ustedes nos llamen, aquí estaremos, si Dios lo permite
también. Bueno, es un placer tan grande
poder estar otra vez y asimismo compartir la Palabra de Dios
de nuevo con ustedes. En esta ocasión vamos a abrir
nuestras Biblias en el libro de San Mateo capítulo nueve En esta preciosa noche quiero
hablar a ustedes un poco de milagro. Un poco de milagro. Realmente
nuestra vida en este mundo siempre es un milagro. Siempre ha sido
milagro. Todo es milagro. A lo que me refiero es al milagro
que el Señor hizo. Ahí vemos el milagro que Jesucristo
Nuestro Señor hizo al paralítico. Quiero entonces que conozcamos
las lecciones que Jesús Nuestro Señor nos muestra, nos enseña
por medio de este milagro. Ustedes ya saben cómo es un paralítico. Un paralítico es una persona
que no se puede mover, no puede caminar, no puede mover las manos. Recuerdo que nuestro hermano
Cody, que está con el señor ahora, nos dijo que la persona que traduce
las escrituras del hermano Charles Portion es de México, de Efe. y que él es paralítico. Y se dedicó solamente a traducir
esos cuadernos que nos daban cada mes. Y este, realmente un
paralítico no puede caminar. Su cuerpo está todo paralizado. Algunos pueden mover sólo la
cabeza y otros totalmente nada. Bueno, entonces sucede que Jesús,
nuestro Señor, sanó a este paralítico. Pero veamos en esta preciosa
noche acerca de este hecho que nuestro Señor hizo en aquel día. Dice la Biblia de este versículo
uno, Entonces entrando Jesús en la barca, pasó al otro lado
y vino a su ciudad. y sucedió que le trajeron un
paralítico tendido sobre una cama y al ver Jesús la fe de
ellos dijo al paralítico ten ánimo hijo tus pecados te son
perdonados. Entonces algunos de los escribas decían dentro de sí este blasfema
blasfema. Y conociendo Jesús los pensamientos
de ellos, dijo, ¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones? ¿Por
qué es más fácil decir, los pecados te son perdonados, o decir, levántate
y anda? Pues para que sepáis que el Hijo
del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados,
dice entonces, al paralitico levantate toma tu cama y vete
a tu casa entonces el se levanto y se fue a su casa y la gente
al verlo dice la biblia se maravillo y glorifico a dios que habia
dado tal potestad a los hombres es una maravilla tan grande verdad
que un paralitico ya pueda caminar, ya pueda levantarse, puede ir
a su casa solo. Bueno, pero tenemos que aprender
lecciones muy maravillosas en este pequeño discurso. Primero veamos la condición del
paralítico. La condición física del paralítico
es completamente impotente. No puede venir solo a Jesús,
no puede. Igual el otro que fue sanado
en el estanque de Siloé, también dijo que cuando Jesús le preguntó
si quiere ser sanado, él lo que dijo era, Señor, todas las veces
que yo quiero acercarme, otro se acerca primero que yo. desde
hace 30 años no he podido entrar al agua para quedar sano porque
no tengo a nadie que me lleve allá un paralítico tiene que
ser llevado así que hermanos es lo que Jesús nuestro Señor
está enseñando a nosotros aquí en esta preciosa noche el paralítico
no puede venir a Jesús solo una persona así Es triste porque
lo vemos totalmente dependiendo de otras personas. Si no de sus
hijos, pues de otras personas buenas. En este caso, las personas
que vieron a este paralítico, ellos también habían escuchado
antes que Jesucristo es el Hijo de Dios. Son personas que también
creen en la Palabra del Señor y creyeron en Jesucristo. Ellos
saben de que Jesús estaba en ese lugar. Entonces ellos por
compasión, ellos por compasión Fueron ellos los que llevaron
al paralítico, llegando donde está la reunión de la gente.
Había mucha gente, el lugar era repleto con gente y no había
lugar donde pasar. Ellos querían llevar al paralítico
a la persona donde es necesario llevarlo. Ellos querían llevar
al paralítico directamente a la persona inequivocada, a la persona
única con quien debe ser llevado. Entonces, viendo que no había
lugar para pasar, no había camino despejado, ¿saben qué hicieron? Subieron al techo. No sabemos de qué es el techo,
pero hay muchos que dicen que son techos de tea, techo que
se puede quitar. Entonces, Abrieron el techo,
miren fíjense bien el movimiento de la fe. Ellos lo llevaron,
lo tuvieron que cargar entre cuatro. Hay tres citas más allá
en la cabecera si ustedes pueden ver. Está en San Marcos 2, 1
al 12 y San Lucas 5, 17 al 26. Leyendo las tres partes pueden
ver que así fue, abrieron el techo. Miren la fe hasta donde
va, hacia donde va. Con el fin de llegar a la persona,
tenían que abrir el techo. Imagínense que entre cuatro alzaron
al paralítico y luego lo bajaron exactamente enfrente del Señor. Entonces esto, Jesús lo vio. Lo vio Jesús. Jesús vio la fe
de ellos. Entonces, Jesús, nuestro Señor, hizo lo primero que vemos que
la Biblia dice que hizo. Entonces, le dijo, viendo la
fe de ellos, Ten ánimo, hijo, tus pecados
te son perdonados." Inmediatamente los enemigos de la verdad se
levantaron en contra y dijeron que Jesús blasfemaba, porque
dijo esa palabra, tus pecados te son perdonados. Para ese tipo
de gente como los fariseos, saduceos y escribas, para ellos, Cuando
una persona dice que es Dios o es Hijo de Dios, para ellos
es una blasfemia. Porque está blasfemando el nombre
de Dios. Porque un hombre para ellos no
puede ser Dios. Pero nosotros entendemos por
la Biblia que Jesucristo mismo es Dios. Es el Hijo del Dios
viviente, venido en carne para salvar pecadores. Jesucristo
mismo es Dios, entonces ellos aunque habían estudiado las escrituras
pero no han encontrado esto, no han entendido de que Jesucristo
es Dios. Ustedes se acordarán cuando Jesús
los habló en el capítulo cinco de San Juan desde verso treinta
y nueve, ustedes están escudriñando las escrituras y a ustedes les
parece que en ellas tenéis vida eterna. Mas al leerlas, no queréis
venir a mí para que tengáis vida. Porque el que da vida no es la
letra, sino el contenido. Jesucristo el Señor. Entonces
si a uno les parece que en ellas tenemos vida eterna, pero sólo
leyéndola no tenemos vida eterna, tenemos que venir a aquel que
es la vida eterna, es Cristo el Señor. Así que ellos también
estudian las escrituras, son estrictos en sus estudios ellos. Parece que ellos, cada hoja que
ojeaban la Biblia, tienen que lavarse la mano, luego puede
ojear otro, son estrictos, y cuida mucho la escritura. Así que,
ellos confiaron en la letra de la Biblia, no en la persona de
quien la Biblia habla. Por esta razón, hasta ese momento,
ellos creyeron que Jesucristo estaba blasfemando a Dios porque
se hace pasar por Dios. en el hecho de que Jesús dijo,
ten ánimo, hijo, tus pecados te son perdonados. Así que pensamos
entonces de que un paralítico nada puede hacer por sí mismo,
nada puede hacer para que mejore su condición física, él tiene
que vivir dependiendo de alguien más. Y este Se acercaron las cuatro personas
que le tuvieron compasión, le tuvieron misericordia. Ellos
lo alzaron entre cuatro y lo llevaron al Señor para que el
Señor los sanase. Imagínense cuánta misericordia,
¿verdad? Eso es el uso de la misericordia. Cuando hay personas que pueden
hacer esos favores, lo llamamos personas de misericordia porque
no podemos llamarlo de otra manera porque uno que no puede hacer
nada tampoco puede dar nada como recompensa entonces totalmente
tiene que ser por misericordia entonces hermanos esto en el
primer paso nos muestra el paralítico nuestra condición cuando éramos
perdidos en el pecado Éramos así como este paralítico, no
pudimos venir a Cristo solos. No tuvimos la capacidad de venir
o de buscar a Jesucristo nuestro Señor por sí mismos, aunque muchos
dijeron antes que yo sí lo pude buscar. No dudo de que sí buscamos
a Cristo, pero hasta que Él nos buscó a nosotros. hasta que Él
nos ayudó a nosotros, entonces nos hizo buscarlo a Él también,
porque nos encontró a nosotros. A menos que suceda eso, nosotros
no tenemos la capacidad. Y como es llevado este paralítico
junto al Señor para ser curado, para ser sanado de su parálisis,
es así como el Espíritu Santo de Dios nos conduce a nosotros,
nos trae a nosotros a Cristo, a los pies de Jesucristo, para
que Cristo nos salve. Cuando Él hizo esta obra con
nosotros, nosotros sentimos esa voluntad de venir a Cristo el
Señor. Porque venimos voluntariamente cuando Él actuó. Dice la Biblia
eso en el Salmo. Así que hermanos, cuando éramos
así, perdidos en el pecado, nuestra condición es lo mismo que la
del paralítico. No pudimos venir, no pudimos
cooperar para nuestra salvación. Cuando entendemos bien las escrituras
de que nos hablan de nuestro pecado, nos hablan de nuestro
único sustituto y nuestro único salvador que es Cristo el Señor,
cuando no entendemos todo esto, pensamos un tiempo de que realmente
voy a tener que cooperar para que Cristo me salve. Pero eso
no fue cierto. No fue cierto porque ninguna
cooperación nuestra puede servir para que Dios nos salve. Este
hombre fue llevado ante el único salvador de pecadores, ante el
único que tanto nos redime de nuestros pecados, nos salva,
nos justifica, nos santifica, a cambio de que cosa, que hacemos
nosotros para que Él haga con nosotros esto. Nosotros nada,
todo lo que recibimos de Él, lo recibimos por Su gracia y
por Su misericordia, sin que nosotros cooperemos. No cooperamos
con Él cuando nos salva. No cooperamos con Él ni cuando
nos salvó, ni después de ser salvados. No cooperamos con Su
obra. Su obra es de pura gracia. La gracia de Dios que va adelante
nos guía. La gracia de Dios que viene después
nos sostiene, nos mantiene. La gracia de Dios que viene más
adelante ese nos guarda hasta el final para que no caigamos. Toda nuestra vida es por la gracia
de Dios. Toda la vida de un paralítico
tiene que depender de alguien más, porque él no puede. Pero cuando fue sanado, cuando
fue sanado, entonces pudo levantarse. Pero primeramente lo que quiero
que veamos es esto, la lección del paralítico. que fue llevado
a Cristo por misericordia. Así fuimos traídos a Cristo por
misericordia. No pudimos venir solos hasta
que el Espíritu Santo de Dios nos trajo a Él. Porque recuerden
ustedes siempre que la obra de nuestra salvación pertenece al
Padre en propósito. pertenece al Hijo en ejecución,
pertenece al Espíritu Santo en aplicación. Así que totalmente dependemos
de esta obra bendita de Dios. No es de nosotros, sino es de
Él. La gloria es de Él, no de nosotros. Para que ninguno se exalte, se
vanagloríe, sino que glorifique a Dios. Creo que cada alma que
se convierte a Cristo, Cristo es glorificado en esa alma, en
ese corazón que viene a Cristo. Bueno, veamos la segunda cosa,
la fe de los que lo trajeron, la fe actúa, la fe actúa porque
ya está puesto en el corazón del hombre. La fe cuando ya puede
actuar ya está puesta en el corazón del hombre. No va a decir yo
actué porque tuve más fe que otros. Yo lo pude hacer porque
yo tengo mucha fe, muchísima fe tengo. Por esto lo hice. El apóstol San Pablo dijo que
trabajó más que todos los demás apóstoles. Pero luego dice, pero
no yo, sino la gracia de Dios conmigo. No él, no él, sino que
la gracia de Dios. Hay muchas personas que tienen
muchos dones y son dones recibidos de Dios. Es Dios el que lo asigna
a la persona a quien él quiere, tal como lo quiere repartir a
cada quien. Pero él es el que obra en nosotros,
siempre el querer hacer por su buena voluntad. Así que la fe
de estos hombres lo vemos actuando. Así también la fe del cristiano
después de ser convertido a Jesucristo, su fe actúa. Actúa en conformidad
a su origen, el don de Dios, para que no se gloríe. Porque
si creemos que lo producimos por nuestra propia capacidad
entonces ya no obramos conforme a la voluntad de Dios. Por cualquier
cosa que hagamos para la gloria de Cristo debemos dar gracias
a Dios que nos dio ese poder para hacerlo. Así que hermanos
la fe de los que lo trajeron como actuaron primero lo fueron
a buscar Luego prepararon la camilla. Luego lo alzaron entre
cuatro. Luego abren el techo. Luego lo
bajan hasta enfrente de la persona indicada. La persona exactamente
donde puede recibir toda bendición de gracia a cambio de nada. Eso es misericordia. Esto es salvación por gracia. La tercera cosa, la palabra de
Jesús al paralítico. Vamos a dividirlo para que podamos
entenderlo bien. La palabra de Jesús al paralítico. Vemos en el versículo dos esta
palabra que el Señor dijo. Esta palabra que el Señor dice
al paralítico es la misma palabra que nos dice a nosotros. cuando nuestro corazón ya está
herido, cuando la realidad de nuestros pecados al ser convictos
y sin escape a consecuencia de la verdad que escuchamos, entonces
lloramos. Cuando Dios abre la llaga es
cuando el hombre le va a doler le va a doler las heridas de
su pecado. Como estaba el paralítico, impotente,
imposibilitado, es así como nos dejó nuestro pecado antes de
venir a Cristo. Éramos inábiles, éramos impotentes,
hasta que de Él recibimos vida. La Santa Vida dice que Él nos
dio vida cuando estábamos muertos en delitos y pecados. Eso significa que Cristo dio
vida a este cadáver y entonces pudo responder. Entonces me pude
levantar, entonces pude caminar, entonces pude venir a Él. Pero
Él me dio vida. Él le dio vida a cada uno de
ustedes. Por esta razón están ahorita
con Cristo. el Señor. Así que hermanos, estas
palabras que Jesús le dijo, miren qué maravilla, primero le da
la palabra de consuelo, ten ánimo, ten ánimo. Esto es palabra que
consuela. ¿Cómo es posible que puede? o que fuera aquella persona paralítica. Ha pasado años y años, está siempre
acostado, nunca se levantó durante esos años. Pero viene alguien
y le dice, ten ánimo. ¿Ustedes creen que puede tener
uno ánimo así na más? No, hermanos. Esa palabra es
de poder. Cuando dijo, ten ánimo, es una
palabra de Dios. el ánimo el ánimo entró en el
corazón de aquel hombre no sabemos si sonrió al señor no lo sé pero
uno que recibe esta palabra sonríe y se goza inicia en su corazón
una nueva esperanza que no esperaba así que le dice ten ánimo esto
es palabra de consuelo y luego La siguiente palabra que le dijo,
hijo mío, hijo mío, esta es palabra de afecto. Imagínense ahora. Ahora no sabemos si su papá le
dijo eso, pero ahora el Señor le dice esto, hijo mío, palabra
de afecto. Grande afecto tiene esta palabra
cuando una persona trata como hijo a otra persona y lo trata
con amor. Esto es lo que va llenando, va
levantando el ánimo del que está acostado, del que es paralítico. Su ánimo va levantándose y la
tercera palabra que le dice así, palabra de autoridad, o de salvación. Le dice, tus pecados te son perdonados. ¡Qué grande! ¡Qué grande es este
poder! ¡Qué maravilloso es esta palabra! Que el Señor dijo al paralítico,
tus pecados te son perdonados. Vamos a decirle en esta noche
a un preso en la cárcel que sacó la lotería de 20 años de prisión
y 30 años de prisión. Vamos a ir ahorita a decirle
que todas sus deudas, sus delitos ya son pagados. ¿Cómo crees que
se va a sentir? Tan contento. Saltaría de gozo. Gritaría de gozo. Porque ha escuchado
palabras que nunca esperaba escuchar. Pero el paralítico escuchó esto.
palabra de autoridad, de salvación. Tus pecados te son perdonados. Ahora tenemos que ver algo aquí
también Porque les dije que les hablaría de un poco de milagro
aunque realmente vivimos en el milagro de Dios cada minuto de
nuestra vida. Todo es milagro. Pero la gente
religiosa también esta bendita obra lo han convertido en maldad. ¿Saben por qué? Porque en vez
de predicar el Evangelio para que el alma del hombre y de la
mujer encuentre primero la salvación de su alma, entonces dicen que
andan y pueden hacer cualquier milagro, sanar cualquier enfermo
y no les importa si su alma fue salvo. Pero vemos las cosas aquí
ordenadamente que el Señor hizo. Quiero que ustedes examinen todas
las cosas que voy hablando. Vemos que la sanidad todavía
no ha entrado aquí. Lo que hay primero aquí son estas
palabras de gracia. Ten ánimo, consolación. Hijo mío, afecto. Tus pecados te son perdonados.
Palabra de autoridad y de salvación. Porque ahí está la salvación
de este paralítico. Ahora el paralítico ya es perdonado. ¿Quién se lo dijo? Cristo el
Señor. Él es el que quita pecados. Porque
Él es el que vino a salvar pecadores. El apóstol San Pablo nos dice
que Esto es el testimonio de que Cristo vino al mundo para
salvar pecadores y de esos pecadores yo soy el primero, dijo San Pablo. Ese es el testimonio que damos
siempre, que Cristo vino al mundo para salvar pecadores. Díganme
ustedes, ¿el paralítico es pecador? Sí, por naturaleza. Es pecador. Por eso lo primero que Jesús
hace es perdonar su pecado. Tus pecados te son perdonados. Ahora, ¿quién hablará en contra
de esto? Nadie puede. Si Jesús ha dicho
que sus pecados han sido perdonados, entonces es que ya han sido perdonados. Ya han sido perdonados. Y es
ahí donde podemos ver también nosotros de que cuando uno es
justificado por Cristo, nadie lo puede condenar más. No hay
nada que decir a contra de lo que Dios ha dicho en su palabra. Tus pecados te son perdonados
es la palabra que queremos escuchar cada momento, cada instante de
nuestra vida, porque somos pecadores. Vivimos juntamente con la naturaleza
pecaminosa. La diferencia, la diferencia
es que hay un nuevo hombre entre nosotros dentro de nuestra personalidad
creado en la justicia y santidad de la verdad. Por esta razón
los dos se oponen, los dos se oponen. El que prevalece es la
nueva vida que hemos recibido de Cristo. Entonces, hermanos,
aquí podemos ver estas palabras del Señor que le dijo al paralítico. La palabra de Jesús para pecadores
es esto que estamos escuchando en este momento. Cuando uno declara
que los pecados de una persona es perdonado aunque no ha creído,
está engañando. Y cuando otros hacen milagros,
dicen que hacen milagros, dicen que fueron enviados a sanar,
sanan a los enfermos dicen ellos sanan a los enfermos ponen la
mano sobre el enfermo y los que no caminaban pueden caminar pueden
caminar como sucede esto de por si lo van a hacer lo van a hacer
y lo van a decir un día en el juicio de Dios no hicimos milagro
en tu nombre no sanamos muchos enfermos en tu nombre no profetizamos
en tu nombre Sí, pero su corazón de ellos
no fue salvo, no fue convertido. Entonces la palabra de juicio
será, apartados de mí, hacedores de maldad, no os conozco. Así que estos milagros Pensaron
de que uno puede hacer negocio con el poder de Dios, con los
milagros. Y hacen milagros. ¿Cuánta gente se amontona? Imaginando
de que también son salvos porque fueron sanados. El ánimo de la
gente que trae a sus enfermos después de que ven que hay sanidad,
entonces vienen mayormente por la sanidad y nunca vienen por
la verdad. Nunca vienen por la palabra de
Dios. Nunca vienen por la salvación de sus almas, vienen por el milagro
que den. Los milagros sirven para el testimonio
del Evangelio. Para confirmar el testimonio
del Evangelio sirven los milagros. Por eso el Señor hizo estos milagros
y le dijo también a sus Apóstoles que ponga sus manos sobre los
enfermos para que se sanen. Pero no los envió a sanar, los
envió a predicar. Ir por todo el mundo y predicar
el Evangelio. Así que, si no vemos bien las
cosas, también nosotros nos vamos a perder. Porque el milagro de
Dios sigue hasta ahora. Jesucristo es el mismo ayer. Hoy, y por los siglos. Sólo que nuestro Dios no es Dios
de confusión, es de verdad y de orden, de orden perfecta. Por esta razón, ¿qué es lo que
necesita el hombre, la mujer? ¿Qué es lo que necesita primero? La salvación de su alma Y la
sanidad de su cuerpo físico, si Dios así lo quiere, su voluntad
también le será concedida. Pero busca primeramente su reino
y su justicia, para que las demás cosas te sean añadidas. No hay
enfermedades difíciles para el Señor sanarlo. El que curaba
a los enfermos, el que sanó a este paralítico, no murió. No está
muerto. Está vivo. Está en la diestra
de Dios Padre. Ahí está. Ahí está para responder
por nosotros. Ahí está para darnos toda gracia. Y acudimos a Él todos los días
en busca de esta gracia. Y la gracia no la encontramos
en ninguna otra parte. Porque en San Juan nos lo dijo. Y de su plenitud todos tomamos
gracia sobre gracia. Acerquémonos a Él para buscar
gracia, para el oportuno socorro. Eso quiere decir en tiempo de
nuestras necesidades. Sigue siendo el mismo Dios. ¿Cómo
no va a sanar? Dios sigue sanando, pero no nos
envió a sanar, nos envió a predicar. A los enfermos también los sigue
sanando. Sabemos que el enfermo necesita,
necesita, necesita que oremos por él, oramos por él. Y Dios
también los va a sanar. Veamos el milagro de Dios correctamente. ¿Para qué sirve la oración? La
oración es para que busquemos a Dios. Entonces tenemos que
buscarlo. Ahora, ¿para qué sirve la fe?
para que tengamos paciencia y esperemos su voluntad. No se canse nuestra
paciencia pero Dios va a dar su bendición. Este hermano allá
en nuestro pueblo hay dos jóvenes que se enfermaron y así pues
ellos confían en el Señor y también les dijimos Dios hará su voluntad,
no la nuestra. Y si la voluntad de Dios es que
vuelvas otra vez a tu casa, bendito sea su nombre, porque tiene que
ser conforme a su voluntad. Si demandaremos alguna cosa conforme
a su voluntad, Él nos oye. y si sabemos que nos oyen entonces
las peticiones que le hicimos sabemos también que vendrá. Ahí
está. Este muchacho antes de ir a cirugía
le dicen los médicos las palabras vamos a atrevernos a hacerte
esta cirugía pero no te garantizamos, no te garantizamos que volverás
otra vez para contarlo. Y el muchacho dijo algo que hasta
ahora pues este domina nuestro corazón esa palabra dijo no le
hace doctor no le hace nosotros somos solo somos barro en las
manos del alfarero y lo llevaron después de la cirugía los doctores
esperaban y esperaban que el muchacho no reaccionaba Mi esposa
empezó a llorar allá en el hospital y siguió rogando a Dios su bendición. De repente salen los médicos
y le dicen, el muchacho ya reaccionó. Ella saltó de alegría, alabó
en nombre de Dios. Me dice ella que habían dos personas
junto a ella también que están esperando a su paciente, que
está también grave. y entonces ella dijo grande es
el milagro de Dios porque es milagro de Dios es milagro de
Dios realmente todo es milagro de Dios así que hermanos pues
cuando reaccionó bien y le dice los doctores hijo tu alfarero
te compuso. Bendito sea Dios. Tu alfarero
te compuso. ¿Qué? ¿Qué testimonio tan grande? ¿Eso no es milagro? Sí. Sí. Pero no le dijimos, ven por acá
Gamaliel, voy a hacerte un milagro, voy a poner mis manos sobre ti
y vas a recibir el milagro y todo aquello que te afecta se te quitará. No, yo no soy Dios. Dios nos
dijo que pidamos en el nombre de Cristo y es lo que hacemos. No hacemos milagros porque Dios
nos envió a predicar, pero Dios no ha quitado sus milagros, siempre
ha hecho milagros en nosotros. Mi esposa, por ejemplo, tres
veces fue operada y la última fue para muerte. Pero allá está
ella, bendito sea Dios. Es milagro de Dios. Como decía
nuestro hermano, que está descansando en la gloria del Padre. Él dijo,
hermanos, uno no tiene que enfermarse para morir, dice. No es necesario
que te enfermes para que te mueras. Solo que te atragantes un pedacito
de papas. Con esto te vas. Es lo que dijo
ese hermano. Y luego dijo otro. No cuando el hombre se enferme
piense que va a morir. Eso no va a pasar. La enfermedad
es natural. Dijo él. Y esto nos influyó ánimo
en nosotros. Realmente porque el ser humano
así es. Así que no todas las veces que te enfermes, mi hermano,
que pienses, y vas a morir porque te enfermaste. No. Te enfermas,
Dios te levanta otra vez. Bendito sea su nombre. Te enfermas
otra vez, Dios te vuelve a levantar de nuevo. y seguimos alabando
su nombre. Hay quienes que tres veces han
estado en estado de gravedad, pero luego vuelven otra vez.
Por ejemplo este, el segundo muchacho, porque son dos, el
segundo muchacho tiene una condición más, su condición física, su
enfermedad es más peligrosa que el del otro. Sin embargo esta,
hermanos, esta es la cuarta vez que otra vez se levanta. Uno
tiene que preguntarse ¿Por qué? Porque Dios tiene propósito.
Es propósito de Dios. Dios está enseñando a todos nosotros
de que nuestras vidas están en su mano realmente como nuestro
alfarero. ¿Qué le vamos a decir? Nada. Él es nuestro alfarero. No podemos
discutir con nuestro Dios porque Él es nuestro alfarero. viene otro muchacho cosas que
les estoy platicando que son son reales el muchacho lloraba
día y noche lloraba lloraba lloraba y dice su esposa todos son hermanos
eh este vino su esposa y nos dice así pastor por favor que
voy a hacer este mi valeriano casi ni duerme todas las noches
todos los días está llorando ¿Pero por qué, hermana? Dice
que porque le da tanta pena, tanta tristeza de su condición
física. Porque toda esta frente se le
quedó todo de blanco, blanco. ¿Cómo llamaríamos esa enfermedad?
Toda su frente, sus manos así. Ahí está. ¿Qué vamos a hacer nosotros?
Me pregunta la hermana, ¿qué vamos a hacer? No podemos hacer
nada, lo que Dios nos dijo que hagamos, eso haremos. Vámonos,
vamos a orar por él. Oramos por ese muchacho, este
hermano Carlos. Oramos por él. La Biblia dice,
llame a los ancianos y oren por él ungiéndole con el aceite. Les dije, aquí está en las escrituras
esto. Esto es lo que Dios dice, la Palabra de Dios dice, vamos
a hacer esto. Haremos esto. Oramos por él, lo ungimos, y
a los quince días vuelve el muchacho. Hermanos, completamente no tienen
nada. Y él saltó de alegría. Eso es
algo que nos impresiona, nos asusta mucho, porque no hemos
visto algo semejante así. Rápidamente se le quitó. Ahorita
ya no lo tienen, ahora vive contento. Alaba mucho al Señor, él y su
esposa, a raíz de que murió su primer niño
de ellos. Y después de esto, seguimos orando
a Dios por su nuevo nene, y ya Dios le regaló otro nuevo nene. Grandes cosas que Dios manifiesta
entre sus hijos. Así es Dios, sigue siendo el
mismo. Aquel que hizo los milagros en
ese tiempo de los apóstoles sigue siendo el mismo de hoy, a quien
estamos creyendo, a quien estamos acercándonos cada día. Pero los
milagros no hay que llevarlos en el extremo de mentir a la
gente y usar el milagro, juntar a la gente para anunciar que
hay sanidad, hay sanidad. Conozco la voluntad de Dios.
La voluntad de Dios es que creamos en Él. Eso es lo que conozco. Más de esto no conozco. Yo, yo
no sé si este enfermo va a ser sanado. ¿Cómo le voy a garantizar?
Vas a quedar sano. No. La voluntad de Dios hará. Si así lo dispuso Dios, mañana
o pasado, mañana sigue confiando en Dios y sigue esperando con
paciencia la sanidad de tu cuerpo, porque la fe para eso es, para
que esperes en su voluntad. Porque el ejercicio de la fe
es eso, actúa en esperanza y paciencia. Así que hermanos, Jesús le declaró
al hombre paralítico, tus pecados te son perdonados. Las palabras
de Jesús son palabras de poder, son palabras de autoridad. La
crítica también fue contestado por Jesús, porque Jesús manifiesta
en este caso de que Él conoce nuestros pensamientos. sabe las
intenciones de nuestro corazón. No podemos engañar a Dios. Nosotros
nos engañamos cuando engañamos. Pero a Dios no lo podemos engañar
porque Él nos está viendo. Lo que miró aquí, miró directo
al corazón. ¿Qué hay en el corazón de esta
gente? Discusión. Discusión. Hay maldición en el
corazón de esta gente. Y por esa razón les preguntó,
¿qué es más fácil decir? ¿Tus pecados son perdonados?
O decirle, levántate. Todavía el milagro no se había
realizado todavía. El primer milagro fue su salvación. ¿Amén? El primer milagro fue
la salvación de su propia alma. Luego, a continuación, Dios no
va a dejarlo así como está. Ya lo salvó. Y Él lo seguirá
salvando. La siguiente salvación fue cuando
Cristo nuestro Señor dijo, ¿Qué es más fácil decir? ¿Tus pecados
te son perdonados? O decir, levántate. Así que para
que ustedes se enteren, para que ustedes se den cuenta de
que el Hijo del Hombre tiene potestad sobre la tierra para
perdonar pecados, ahora te lo mostraré. Te mostraré que tengo
autoridad, tengo poder para perdonar pecados, entonces para confirmarlo
le dice al paralítico levántate, levántate, además que le dijo
levántate toma ahora tu lecho, es decir la camilla donde lo
llevaron, toma ahora tu lecho y vete a tu casa, que maravilla. Es una gran maravilla eso. Levántate. Ahora la gente, toda la gente,
los fariseos, los escribas, y todos estaban allá. Y lo vieron todos. Y la otra parte de gente se maravillaban
y glorificaban el nombre de Dios. ¿Hay acaso alguna cosa difícil
para Dios? No hay. No hay nada difícil para
Dios. Completamente no hay. Como les
decía en la mañana, cuando Dios decidió salvar a un pecador,
lo salva sin que interfiera algún otro poder para impedirlo. No
le puede ser impedido a Dios salvar el alma a quien Él mismo
ha destinado para salvación. Esa alma va a ser salva. Pablo
no era para imaginarle que iba a ser salvo este hombre porque
está malo. lo sabemos con la Biblia. Cómo apresaba a los hermanos
que predicaban el mensaje de Jesucristo, cómo los amarraba
y los llevaba para que sean puestos en la cárcel. Todo eso hacía
Pablo. Cuando fue apedrado Esteban,
la ropa de Esteban fue puesto a los pies de ese joven que es
Pablo y fue cúmplice con la muerte de Esteban. Pero era escogido
de Dios. Nada impidió que sea salvo. Así
que no hay ningún impedimento para Dios, tanto para salvarnos
de nuestros pecados, no hay impedimento para Dios. No hay pecado que
Dios no pueda perdonarme. Dios lo puede perdonar. No hay ningún pecador que no
puede ser perdonado por Dios cuando Dios lo haya decidido.
Todo lo puede perdonar. Así que, hermanos, esto que vemos
en esta noche es algo grandioso para todos nosotros, sabiendo
de que nuestra condición era así, pero ahora ya hay un cambio
tan grande porque ahora sí podemos venir solos por la voluntad de
Dios. Ya nos habilitó el Señor para
caminar, para responder, para amar a Él y para buscarle a Él
su rostro. Pero antes de esto no pudimos
así como estaba la condición del paralítico. Entonces vemos
que no hay imposibles para Dios, no imposibles. Vamos a pensar, vamos a pensar o haciéndonos
la pregunta ¿Pudo la tumba, pudo la tumba
de Lázaro impedir que Lázaro saliese de la tumba? ¿Pudo la
tumba poderlo detener? Si Dios no lo llama, Lázaro quedará
allá. Y así, fíjense bien, el glorioso
llamamiento de Dios a nosotros, así como Lázaro hubiera quedado
en la tumba a menos que Cristo lo llamara para que salga afuera,
así hubiéramos quedado. Mas ahora estamos aquí. bendito
sea Dios el paralítico si nunca si nunca Jesucristo le hubiera
dicho levántate no se hubiera levantado ahí hubiera quedado
para siempre para siempre todo el resto de su vida y todo lo
que ya vivió hubiera quedado siempre paralítico estamos viendo
entonces como Dios con su gran misericordia como Dios con su
gracia soberana nos levantó a nosotros también nos levantó a nosotros
no hubo impedimento no hubo impedimento las heridas de nuestro corazón
las heridas de nuestro corazón nuestra llaga causado por el
pecado que habita con nosotros antes de venir a Cristo esa llaga
nadie lo hubiera curado Y no hay, no hay ninguna enfermedad,
ni una llaga que Cristo no lo pueda curar. Pero fíjense bien,
para concluir les digo esto. Para concluir les digo esto.
Si Dios no se digna levantar al paralítico, se queda ahí. Si Dios no se hubiera dignado
de levantar y llamar a Lázaro, se hubiera quedado ahí. Si Dios
no se digna, curar la llaga no será curado jamás. Pero no hay
llaga, no hay enfermedad que Cristo no pueda curar. Sólo cuando
Él se digna hacerlo, lo hace sin impedimento. Así es lo que
Dios hizo con nosotros. Cuando nos llamó, éramos muertos
en delitos y pecados. Cuando dio vida a nosotros, nosotros
estábamos muertos. Nos dio vida juntamente con Cristo
Jesús. Y ahora, lo más glorioso, no
sólo nos dio vida, sino también ya nos hizo sentarnos en lugares
celestiales con Cristo. Todas aquellas personas que se
han acercado a Cristo por fe, aunque estamos allá, ustedes
sentados y yo parado aquí, pero estamos sentados en lugares celestiales
con Cristo el Señor en representación. ¿Me entienden? Ahí está Cristo
sentado y nosotros con Él. A todos los que Él representa
ya están sentados en lugares celestiales con Cristo. Por esta
razón, mis amados hermanos, aprendemos esta gran lección de que nuestra
salvación en ningún momento va a depender de nosotros. Desde
su principio, su inicio, pertenece a Jehová. Su ejecución pertenece
a Jehová. Su glorificación pertenece a
Jehová. Todo pertenece a Jehová. Es de
Dios nuestra salvación. No lo realizaremos nosotros en
ningún momento. Por esta razón al creyente lo llamó Cristo a venir. y vino. Y a los que todavía faltan por
venir a Cristo, Jesús, como les decía en la mañana, no está rogando,
está llamando. Y su llamamiento es llamamiento
electivo, llamamiento con propósito. Aquellos que Él vino a salvar
donde quiera que estén, su llamado será escuchado y esas personas
acudirán a Él, vendrán a Él porque Él los llama a venir. Tal vez podemos pensar de que,
de que no, no es cierto, llama todo, todos los hombres llama
para que vengan a Él. No, Jesús, su llamamiento tiene
un sentido particular. llama a mucha gente pero hay
un llamamiento electivo a esos especialmente llama y sólo ellos
vendrán después de una predicación entre mil personas si se predicó
el evangelio estoy seguro que las personas elegidas para la
salvación se levantarán voluntariamente y vendrán a Cristo nuestro Señor
sin dudar y sin esperar, sin demorar, se levantan y vienen
a Jesús. Hay otros que van a venir con
ellos también juntamente, pero luego estos se irán después.
¿Por qué? Porque no fueron llamados. Por
eso se irán. ¿Por qué? Porque Jesús no los
llamó a ellos, sino a sus escogidos. Así que, hermanos, por medio
Por medio de este discurso que les acabo de dar, aprendemos esta preciosa lección. Nosotros estamos dependiendo
totalmente, completamente del poder de Dios. Dependemos todos
de la gracia de Dios. En un momento ustedes bajen su
vista y lo pongan en ustedes si no han puesto los ojos en
Jesús, el Autor y Consumador de nuestra fe. El que nos lo
dio, Él lo glorificará. Que el Señor les bendiga.
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