Bootstrap
Austin Cody Groover

La memoria de Dios

Psalm 13
Austin Cody Groover June, 5 2022 Video & Audio
0 Comments

The central theological topic of Austin Cody Groover's sermon, "La memoria de Dios," is the nature of God’s memory in relation to His people, particularly as expressed in Psalm 13. Groover argues that, contrary to human experiences of feeling forgotten or distant from God, divine forgetfulness is impossible due to God's immutable nature. He uses Psalm 13 to illustrate David’s lamentation, where David’s feelings of abandonment prompt a call for revival through divine light. Scripture references, including Isaiah 49:15-16 and Hebrews 10:16, support the assertion that God eternally remembers His people, having chosen them in Christ before the foundation of the world and promising never to forget their sins through the redemptive work of Christ. Practically, the sermon underscores the importance of relying on God's faithfulness and mercy for believers who feel desolate, emphasizing that they should remember God's past acts of salvation and His continual guidance.

Key Quotes

“Dios no olvida uno de los suyos.”

“Alúmbrame los ojos para que yo pueda ver... que es en Cristo.”

“Más yo en tu misericordia he confiado, mi corazón se alegrará en tu salvación.”

“La sangre del Señor Jesucristo... hizo perfectos para siempre los santificados.”

Sermon Transcript

Auto-generated transcript • May contain errors

100%
mañana quiero que leamos este
salmo capítulo trece hasta cuando Jehová me olvidarás
para siempre hasta cuando esconderás tu rostro
de mí hasta cuando pondré consejos en mi alma con tristezas en mi
corazón cada día ¿Hasta cuándo será enaltecido mi enemigo sobre
mí? Mira. Respóndeme, oh Jehová,
Dios mío. Alumbra mis ojos para que no
duerma de muerte, para que no diga mi enemigo lo vencí. Mis enemigos se alegrarían si
yo resbalara. Mas yo en tu misericordia he
confiado. Mi corazón se alegrará en tu
salvación. Cantaré a Jehová porque me ha
hecho bien. No creo que haya algún creyente
que en algún momento de su vida no se haya sentido así como David. Este salmo tiene seis versículos
y vemos que David empieza en una posición muy baja y termina
en una posición muy alta en la confianza de Cristo. Pero no
creo que algún creyente no haya estado en esta condición o se
ha sentido de esta manera. ¿Hasta cuándo, Jehová? ¿Me olvidarás
para siempre? Y estoy usando la palabra sentir,
porque claro que Dios nunca olvida uno de los suyos. Dios no olvida
uno de los suyos. Y este quiero que sea el tema
principal de que vamos a ver el día de hoy, esto de la memoria
de Dios. ¿Qué es lo que olvida Dios? ¿Qué
es lo que no olvida Dios? Pero, como dije, quiero considerar
esto más al final del mensaje, pero vamos a ver el resto del
Salmo y volvemos a este pensamiento. Pero dice David, ¿Hasta cuándo
Jehová me olvidarás para siempre? ¿Hasta cuándo esconderás tu rostro
de mí? Mientras Dios no olvida a su
pueblo, esta frase de esconder su rostro lo vemos muchas veces
en los salmos. ¿Hasta cuándo esconderás tu rostro
o no escondas tu rostro de mí? ¿Qué significa esto, cuando Dios
esconde su rostro? Esa es una frase que nosotros
usamos para describir el estado en el cual el creyente no siente
la presencia de Dios. Cuando nosotros no nos sentimos
cerca de Cristo, no sentimos su presencia. Por ejemplo, Yo,
el venir a escuchar la Palabra de Dios, yo estando aquí a escuchar
el Evangelio, es cuando yo me siento más cerca de Dios, ¿verdad? Cuando tú estás aquí y el predicador
te está hablando la Palabra de Dios, Y algo dentro de ti dice,
esto es verdad. Esto es verdad. Y no solamente
esto es verdad, esto es algo que tú amas. Esto es algo que
algo dentro de tu corazón te dice, esto es verdad. Y no solamente
es un sistema de doctrinas lógicas que dices, sino que esto es algo
que le da gloria a Dios. Y porque le da gloria a Dios,
esto te da ánimo y sientes la conexión. Es como dijo Pablo
en Tesalonicenses, dice, por lo cual también nosotros sin
cesar damos gracias a Dios de cuando recibiste la palabra de
Dios que oíste de nosotros, la recibiste como, no la recibiste
como palabra de hombre, sino según es verdad la palabra de
Dios la cual actúa en vosotros los creyentes. Pero de mismo
modo que es aquí en los servicios donde yo me siento, siento la
presencia más de Cristo, es también aquí en estos momentos cuando
siento más cuando Dios esconde su rostro. Porque cuando yo vengo
y no puedo oír la palabra. Cuando vengo y las palabras me
entran en un oído y salen del otro. O cuando sí físicamente
estoy presente, pero mi corazón está lejos. Y las palabras del
predicador no me entran. Y no puedo orar ni leer la palabra
de Dios. ¿Alguien se ha sentido así? ¿Hay
alguien más que ha tenido esta experiencia? Eso es lo que está
hablando David. ¿Hasta cuándo? Esa es la circunstancia
que no quiere el creyente. ¿Verdad? Leemos en Hebreos que
no debemos de menospreciar la disciplina del Señor. Ahí la
gente lee esos versículos y piensa, ay, la disciplina del Señor es
que me va a pasar esta cosa mal o esta otra cosa mal. Dios usa
circunstancias para disciplinar a su pueblo, pero esta es la
disciplina que nos duele, ¿verdad? Esto es porque no queremos sentirnos
que no podemos alabar a nuestro Señor. Y Dios usa esta circunstancia
porque somos rebeldes, porque somos rebeldes. Yo leí una cosa
que escribió Charles Spurgeon, que se me pareció bien. Dijo
que, cuando Dios esconde su rostro de su pueblo, es casi siempre
detrás de una nube de polvo que ellos mismos han creado. No es eso, ¿verdad? Bueno, de esto está hablando
aquí David. ¿Hasta cuándo esconderás tu rostro
de mí? ¿Hasta cuándo pondré consejos
en mi alma con tristezas en mi corazón cada día? ¿Qué está diciendo
David? Dice acá, pondré consejos en
mi alma. David está haciendo la situación
peor, ¿verdad? Porque él se está mirando a sí
mismo. está agarrando consejos de sí
mismo. No está viendo la palabra de
Dios. Él está viendo su propio consejo, lo que él percibe, lo
que él siente. Y este es el problema. Y David
lo sabe. Dice, ¿hasta cuándo voy a seguir con estos pensamientos
que yo mismo estoy teniendo que me hacen ser más triste? Eso,
por mi experiencia, son cosas así. Pues tal vez no eres creyente. Tal vez no eres creyente. Después
de todo lo que ha hecho Dios por ti, así eres. Si realmente fueres creyente,
no tendrías este problema. Este duele. ¿Realmente amas a
Dios? ¿O qué tal cuando te acusa tu
conciencia? ¿Dónde está tu fe? Eso es lo que está sintiendo
David ahorita. Con tristezas en mi corazón cada día. ¿Hasta
cuándo será enaltecido mi enemigo sobre mí? ¿De qué enemigo está
hablando David? David tenía muchos enemigos,
¿verdad? Él era rey. Había, este, en tiempo de guerra. Pero, ¿qué enemigo? ¿De qué enemigo
está hablando David? De su pecado. Ese es nuestro,
ese es nuestro enemigo verdadero. Está hablando de sus pecados,
está hablando del viejo hombre. Ese hombre que vamos a tener
toda esta vida. Esta es una de las cosas más
difíciles de la vida del creyente, ¿verdad? El viejo hombre. Nosotros
no queremos pecar. Si pudiéramos, nunca pecaríamos. No pecaríamos jamás. Como dijo
Pablo en Romanos, dice, así que queriendo yo hacer el bien, yo
quiero hacer el bien, hallo esta ley, que el mal está en mí. Ese es mi problema. Porque según
el hombre interior, me deleito en la ley de Dios. Ustedes se
deleitan en la ley de Dios, ¿verdad? En el hombre interior, Pero veo
otra ley en mis miembros que se revela contra la ley de mi
mente y me lleva cautivo a la ley del pecado que está en mis
miembros. En esta vida siempre vamos a
tener esta batalla. Como dice aquí, ¿Hasta cuándo
será enaltecido mi...? ¿Te has sentido así? ¿Hasta cuándo
será enaltecido mi enemigo sobre mí? ¿Sabes qué son las buenas
noticias para el creyente? Va a llegar el día en que esto
ya no va a ser la situación, ¿verdad? Cuando nosotros nos
vayamos de este mundo y nos despertemos en gloria y no tenemos este cuerpo
de muerte, este cuerpo que parece que está enaltecido sobre nosotros. Parece, porque no es, pero sí
parece. Mira, respóndeme, oh Jehová,
Dios mío, alumbra mis ojos para que no duerma de muerte. ¿Has orado esto? ¿Alumbra mis
ojos? Claro que sí. Es la primera vez
que Dios te dio vida, ¿verdad? Te alumbró los ojos. ¿Tú no podías
ver la gloria de Dios en la faz de Jesucristo? ¿Quién te dio
esa luz? Dios te la dio. Si hoy en esta mañana tú tienes
fe, si tú tienes entendimiento en cualquier área, Dios te dio
esa luz. Dios te alumbró los ojos. es
lo que está diciendo David aquí, yo sé que estoy viendo las cosas
mal, sé que me estoy viendo a mí mismo, sé que no tengo el entendimiento,
Dios, alúmbrame los ojos, ábrame los ojos para que yo pueda ver,
yo lo único que veo es mi pecado, lo único que veo es el viejo
hombre, dame la fe, alúmbrame los ojos para que yo me pueda
ver a mí mismo como tú me ves, que es en Cristo. ¿Verdad? Eso únicamente lo podemos ver
por la fe. Por la fe que nos da Dios. Alúmbrame
los ojos. No es como... Eso es algo que
diario pedimos, ¿verdad? No es como que Dios nos da vida
y entendemos todas las cosas. No, nosotros vamos aprendiendo.
Ustedes que predican la Palabra, ustedes saben, cada vez que abrimos,
o ustedes que leen su Biblia, cuando leen, ¿quién te va a dar
entendimiento? ¿Se te va a ocurrir a ti nada
más, estando ahí veinte horas estudiando los mismos versículos?
No. Dios te tiene que abrir la Palabra. Dios te tiene que alumbrar los
ojos. Eso es cierto en cosas espirituales, pero también pedimos
a Dios que nos alumbre los ojos en cosas de este mundo, ¿no? Tenemos decisiones que tomar.
Yo tengo tres bebés pequeños. Yo siempre le pido a Dios que
alumbreme los ojos, enséñame cómo ser buen padre, cómo ser
buen esposo, cómo Necesitamos de que Él continuamente nos alumbre
los ojos. Pero especialmente en las cosas
espirituales. Y de eso está hablando David aquí. Alúmbrame mis ojos
para que no duerma de muerte, para que no diga mi enemigo lo
vencí. Mis enemigos se alegrarían si
yo resbalara. El mundo cómo odia a los creyentes,
¿verdad? Este mundo no es amigo del evangelio. Si un creyente está pasando por
una situación difícil, como que se alegra el mundo. de que te
está yendo mal. ¿Dónde está tu Dios? Como le
dijeron a David. ¿Dónde está nuestro Dios? En
los cielos. Pero, es lo que está diciendo aquí. Para que no diga
mi enemigo lo vencí. Mis enemigos se alegrarían si
yo resbalara. Ahora, qué rápido cambian las
cosas aquí en este Salmo, ¿verdad? Vemos, David está en una situación
muy, muy deprimido, muy, muy bajo. Y de una vez, Dios como
que le da vida otra vez, le da ánimo otra vez. Dice, mas yo
en tu misericordia he confiado, mi corazón se alegrará en tu
salvación. Palabra clave, tú. Tu misericordia,
tu salvación. No estoy confiando en mis obras,
no estoy confiando en mi entendimiento de las escrituras, no estoy confiando
en mi fe, no estoy confiando en ninguna otra cosa que yo pueda
hacer, más yo en tu misericordia he confiado. Mi corazón se alegrará
en tu salvación. ¿Qué tipo de salvación alegra
a tu corazón? ¿Esa salvación del que hablan
en el mundo de que Dios hizo el 90%, ahora tú tienes que ser
el 10%? ¿Eso te alegra a tu corazón? No. ¿Eso le va a dar consuelo
a David en este momento que él solo ve que su enemigo está enaltecido
sobre él? No. La salvación que le da gozo
es la salvación de Dios, tu salvación, la cual es completa, ¿verdad? La cual en la que Dios hace todo. Nosotros somos los recibidores
nada más. Esa es la salvación que le da
ánimo y gozo a David. ¿David no? No tiene que recomendarle
de sí mismo a Dios o ofrecer algo. Yo necesito una salvación
completa, porque si la salvación no es completa, yo no voy a ser
salvo. Cantaré a Jehová porque me ha
hecho bien. Me ha hecho bien. Ese es el testigo
de cada creyente. ¿Verdad? Me ha hecho bien. ¿Con cuántos bienes te ha bendecido
Dios? Ese es el testigo de todos los
creyentes. Este mundo siempre quiere más, busca más. Y no es
que nosotros no estemos buscando cosas en esta vida. Queremos
tener una vida comfortable. Queremos tener vida
cómoda, ¿no? Perseguimos estas cosas. Pero
eso no es de lo que estamos hablando. Dios me ha hecho bien las cosas
espirituales, ¿verdad? Además de eso, sabemos que todos
los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien. No es
que entendamos todas las cosas. Yo, ciertamente, en mi vida hay
cosas que no puedo explicar, ciertas cosas que yo no puedo
entender. Pero esto es verdad. Yo lo entienda
o no lo entienda. Esa es la palabra de Dios. Y
yo sé que en su infinita sabiduría, todas las cosas que Él está haciendo
las está haciendo por mi bien y por el bien de su pueblo. Ahora,
ese es el salmo en resumen. Ahora, quiero pasar unos momentos
considerando este versículo uno que dice, hasta cuando Jehová,
me olvidarás para siempre. Me olvidarás para siempre. Nosotros
olvidamos las cosas todo el tiempo. Yo tengo un calendario electrónico
para intentar ayudarme a no olvidar las cosas. Y tengo varias alarmas
que pongo durante el día para darme mi medicamento, para hacer
esto, lo otro. Y con todas esas cosas y tecnología
aún así, olvidamos las cosas. Estábamos por venir hoy a la
iglesia y me preguntó mi mamá, ¿te acuerdas cómo llegar a la
iglesia? Y yo puse a pensar, creo que sí, pero puse mi GPS
porque no confiaba en mi memoria. Eso, así somos, ¿no? Nosotros
no tenemos, es la capacidad que tenemos. Qué tan nuestra mente
fue en la caída, también se dañó, ¿verdad? Pero Dios del otro lado
es infinito. Dios es infinito. Dios nunca
aprende algo. Increíble eso, ¿verdad? El Dios
que servimos nosotros, el Dios de la Biblia, es un Dios maravilloso,
¿verdad? Dios no aprende, nunca aprende
algo, Dios. Dios sabe todas las cosas. Y
entonces, obviamente, es una imposibilidad que Dios olvide
a uno de los suyos. Dios lo dijo de esta manera. Vean aquí en Isaías 49. Así lo doy. Dios usa conceptos que nosotros
entendemos para explicar Isaías cuarenta y nueve versículo
catorce pero Sion dijo me dejó Jehová
y el Señor se olvidó de mí se olvidará la mujer de lo que dio
a luz para dejar de compadecerse del hijo de su vientre aunque
olvide ella Yo nunca me olvidaré de ti. usa cosas que nosotros
entendemos, ¿no? Yo tengo tres bebés. Y Cody,
mi esposa Sara está cansada con los tres. Y al nacer Cody, a
medianoche, tres de la mañana, cualquier tiempo de la mañana,
se despierta, Cody llora, y Sara, cansada que esté, se levanta
y lo va a agarrar a ese niño, ¿verdad? y porque lo ama, porque
es suyo. Y dice acá el Señor, ¿es posible
que una mujer deja de compadecerse del hijo
de su vientre? Desafortunadamente, por nuestra
naturaleza, es posible, ¿verdad? Porque nuestro amor tiene límites.
Pero en cuanto a conexiones humanas, yo no creo que haya una conexión
más fuerte que la de una mujer y la de su bebé que acaba de
nacer, ¿no? Pero aún así es posible que alguien
olvide a su hijo. Pero Dios no. Pero Dios no. Pero a pesar de esto, nosotros
a veces en nuestra experiencia nos sentimos así. Aunque esto,
como dijimos, no es posible que Dios nos olvide, en nuestra experiencia
a veces nos sentimos así. Y tal vez alguien en esta mañana
se sienta de esta manera. Entonces, quiero darnos cinco
cosas que considerar si estás en esta condición el día de hoy. Y si no estás hoy, tal vez mañana
estamos en esta condición. Cinco cosas de qué acordarnos. Primeramente, no nos olvidó cuando
nos eligió en Cristo antes de la fundación del mundo. La palabra de Dios nos enseña
que Dios amó a su pueblo desde la eternidad y eligió a su pueblo
en Cristo antes de la fundación del mundo. ¿Dónde estabas tú? ¿Dónde estaba yo cuando esto
sucedió? Nosotros no estábamos ahí, pero
Él nos olvidó de ti. Él nos olvidó a nosotros, como
en 1 Corintios 1.30 dice, más por Él estáis vosotros en Cristo. Por Él. Porque Él lo hizo. Esto
no es algo que... Yo no puedo poner una persona
en Cristo. Yo no puedo... Tú no te puedes
poner en Cristo. No hay un sistema de palabras
que tienes que decir o obras que tienes que hacer para estar
en Cristo. La única manera de que una persona pueda estar en
Cristo es porque Dios puso a esa persona en Cristo. Y Dios puso
a su pueblo en Cristo antes de la fundación del mundo. nos olvidó
de nosotros en la eternidad, el cual nos ha sido hecho por Dios
sabiduría, justificación, santificación y redención. Número dos, no nos
olvidó cuando mandó a su hijo a este mundo a ser nacido de
una virgen. Indiscutiblemente grande es el
misterio de la piedad. Dios fue manifestado en la carne. Yo sé que este punto es tal vez
de más porque, déjame me explico, Dios todo lo que ha hecho lo
hizo en eternidad, ¿no? Y desde que Dios nos puso en
Cristo, Cristo iba a venir. Eso nunca no iba a pasar. Pero
de todos modos, llegó el tiempo en que Dios tuvo que mandar a
su Hijo. Eso no es teórico. Dios vino
en la carne. Y esta doctrina es fundamental. Porque el Señor Jesucristo no
es como Dios. El Señor Jesucristo no es parecido
a Dios. El Señor Jesucristo es Dios. Él es Dios. Él vino. Él vino
a este mundo. ¡Qué maravilla! Vean esto en Isaías capítulo
cuarenta. Versículo 12. ¿Quién midió las aguas con el
hueco de su mano y los cielos con su palmo? ¿Con tres dedos
juntó el polvo de la tierra y pesó los montes con balanza y con
pesas los colados? ¿Qué palabras usa Dios en este
versículo para intentar explicarnos a nosotros qué tan grande Él
es y qué insignificantes somos nosotros? ¿Quién? Estábamos el
otro día, estamos en la playa y estamos viendo el mar. Dice Dios, ¿quién midió las aguas
en la palma de su mano? Así como vas a la piscina para
mojarte la cara. Es lo que nos da Dios para que
tengamos una idea de qué tan grande él es. ¿Quién midió las
aguas en la palma de su mano? o con tres dedos junto al polvo
de la tierra. Estábamos comiendo los días,
ay, pásame la sal. Es así. Todo el polvo del mundo
para Dios. No es nada. ¿A quién, quién enseñó al Espíritu
de Jehová o la aconsejó enseñándole? Eso que dijimos antes, Dios no
aprende nada. ¿Quién le dio consejo a Dios?
¿Quién le enseñó? a construir este universo. ¿A
quién pidió consejo para ser avisado? ¿Quién le enseñó el
camino del juicio, o le enseñó ciencia, o le mostró la senda
a la prudencia? He aquí que las naciones les
son como la gota de agua que cae del cubo, y como menudo polvo
en las balanzas les son estimadas. He aquí que hace desaparecer
las islas como polvo. Ni el Líbano bastaría para el
fuego, ni todos sus animales para el sacrificio. Como nada
son todas las naciones delante de él, y en su comparación serán
estimadas en menos que nada, y que lo que no es. ¿A qué, pues, haréis semejante
a Dios, o qué imagen le compondréis? Este Dios fue el que vino. Yo
creo que a veces leemos en las Escrituras y tenemos en mente,
esto está hablando de Dios el Padre. Pero Dios es uno. ¿Esto
es cierto de Dios el Padre? ¿Esto es cierto de Dios el Hijo?
¿Esto es cierto de Dios el Espíritu Santo? Son uno. Este es el que
vino. Qué maravilla. Qué cosa. Él no se olvidó de nosotros cuando
él vino a este mundo. Y tan cierto que él es cien por
ciento Dios, él cien por ciento hombre también. Porque nosotros,
los hombres, fuimos los que rompimos la ley de Dios. Nosotros somos
los que rompimos la paz. Él, como hombre, tuvo que venir
a establecer justicia, ¿verdad? Una justicia que nosotros, para
nosotros, porque nosotros no lo podemos hacer por nuestra
propia cuenta. Alguien tenía que confiar en
Dios con todo su corazón, con todo su alma. Es como dije cuando
leemos en los Salmos, en Dios confiaré. ¿Quién realmente está
hablando ahí? Nosotros sí, pero el Señor Jesucristo
es el que realmente está hablando. Alguien tenía que creer en Dios
cien por ciento. Ese es el Señor Jesucristo por
nosotros. Número tres, no nos olvidó cuando
tomó a su hijo que no conoció pecado y por nosotros lo hizo
pecado. Esto Es la cosa más grande que ha
pasado en el universo. Es la cosa más importante que
ha pasado en el universo. Cuando Dios tomó a su hijo, que
no conoció pecado y por nosotros lo hizo pecado. ¿Qué más puedo
decir acerca de esto? Esto es algo que nosotros no
podemos entender, ¿verdad? Dios, todo el pecado de todo
su pueblo que Él eligió de todo el tiempo, en ese entonces todos
sus pecados eran futuros, pero Él tomó todos esos pecados y
los cargó a Su Hijo, y Él sufrió la justicia de Dios. Todo lo que Todo lo que merecía
nuestro pecado, Él lo pagó. Y lo pagó completo, ¿verdad? Lo pagó por completo. Ciertamente
llevó él nuestras enfermedades, y sufrió por nuestros dolores. Y nosotros le tuvimos por azotado
por herido de Dios y abatido, mas él herido fue por nuestras
rebeliones, molido por nuestros pecados. El castigo de nuestra
paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados. Número
cuatro, no nos olvidó cuando envió su evangelio a nosotros
y al Espíritu Santo a darnos vida. La fe viene por el oír
y el oír por la palabra de Dios. Y si hoy en día usted tiene fe,
es porque Dios te dio vida. Es porque Dios te dio esa fe.
No se te ocurrió a ti nada más. Él envió un hombre a predicarte
el evangelio. Tal vez, o en mi caso, yo estaba
sentado ahí, año tras año, no escuchaba nada, no entendía nada.
Dios me dio la fe. Él no se olvidó de mí. Él me
eligió en la eternidad, Su Hijo murió por mí, y en el tiempo
que Él determinó, me dio vida. Así como están ustedes hoy, me
dio vida. Él no se olvidó de ti en enviarte
el Evangelio. Y Él no se va a olvidar de ti
durante esta vida, ni en la hora de tu muerte. Vean esto en Isaías
46, si siguen allá en Isaías. Este versículo, mi abuelo David
lo lee mucho, que ya tiene varios años. Me dice que este es uno
de sus versículos favoritos. Isaías cuarenta y seis versículo
tres oídme o casa de Jacob y todo el resto de la casa de Israel
los que sois traídos por mí desde el vientre los que sois llevados
desde la matriz y hasta la vejez Hasta la vejez yo mismo y hasta
las canas os soportaré yo. Yo hice, yo llevaré, yo soportaré
y guardaré. Qué bonita promesa, ¿verdad?
Que nosotros, en nuestra edad avanzada, nosotros podríamos
olvidarnos de él, pero él no se va a olvidar de nosotros hasta
la vejez. Bueno, así que David, no, Dios
no te ha olvidado. Dios no te ha olvidado y creyente
lo mismo aplica para ti. Pero en cuanto al tema de olvidar,
nosotros somos los culpables. Nosotros olvidamos y quiero rápidamente,
miren estos dos versículos conmigo en Deuteronomio capítulo 6. David le está diciendo, ¿Hasta
cuándo me olvidarás? Pero vamos a ver, vamos a voltear
eso. Vamos a ver aquí en Deuteronomio
6, versículo 10. Cuando Jehová tu Dios te haya
introducido en la tierra que juró a tus padres Abraham, Isaac
y Jacob que te daría, en ciudades grandes y buenas que tú no edificaste,
Y en casas llenas de todo bien que tú no llenaste, y cisternas
cavadas que tú no cavaste, y viñas y olivares que no plantaste,
y luego que comas y te saces, cuídate de no olvidarte de Jehová
que te sacó de la tierra de Egipto de casa de servidumbre. Esos israelitas, qué malos son. ¿Qué malos son? ¿Cómo es posible
que ellos, después de todo lo que Dios hizo por ellos, se olviden
así? Pues no te olvides que esa es
una figura de nosotros. ¿Verdad? Qué triste situación
nosotros, realmente. Después de que todo lo que Dios
ha hecho por nosotros, qué primera cosa que nos pasa en nuestra
vida, y ahí estamos. Ahí estamos. ¿Qué tenemos que no hemos recibido?
¿Todo lo que tienes, algo hiciste especial? ¿O todo lo recibiste
de Dios? Todo lo recibimos de Dios. Vean
esto otro en Salmo 103. Esto es una buena oración y debería
de ser una de nuestras peticiones constantes. Bendice alma mía a Jehová y bendiga
todo mi ser su santo nombre. Bendice alma mía Jehová y no
olvides ninguno de sus beneficios. El quien perdona todos tus iniquidades,
el que sana todas tus dolencias. Es una petición que deberíamos
hacer. No olvides ninguno de sus beneficios. Yo creo que con todo esto, no
creo que existe una mejor oración que la que hizo el malhechor
en la cruz cuando dijo, acuérdate de mí cuando vengas en tu reino,
¿verdad? Bueno, ya vi que me tardé. Tengo
un pensamiento más y yo creo que dejé el mejor para el final
en cuanto al tema de olvidar. Vean esto en Hebreos capítulo
10. Es una de las cosas más asombrosas
en las Escrituras. Hebreos capítulo 10, versículo 16. Este es el pacto que haré con
ellos después de aquellos días, dice el Señor. Pondré mis leyes
en sus corazones y en sus mentes las escribiré. Añade, y nunca
más me acordaré de sus pecados y transgresiones. ¿Qué tan poderosa es la sangre
del Señor Jesucristo? Dios que no puede olvidar, ¿Cómo
es posible este versículo? la sangre del Señor Jesucristo. Qué poderoso es su sangre. Tal
vez haya alguien aquí esta mañana que no pueda olvidar uno de sus
pecados. Tal vez has hecho algo que realmente
te está molestando la conciencia. Cosas
que nosotros no podemos olvidar, pero la sangre de Cristo. La
sangre de Cristo con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre
los santificados. Dios que no puedo olvidar dice
nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones. Amén.

Comments

0 / 2000 characters
Comments are moderated before appearing.

Be the first to comment!

Joshua

Joshua

Shall we play a game? Ask me about articles, sermons, or theology from our library. I can also help you navigate the site.