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JC

Un llamado final

1 John 5:21
Joel Coyoc December, 15 2021 Video & Audio
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JC
Joel Coyoc December, 15 2021
Estudio de las Cartas de Juan

La predicación de Joel Coyoc, titulada "Un llamado final", se centra en la exhortación del apóstol Juan en 1 Juan 5:21, donde se insta a los creyentes a guardarse de los ídolos. Coyoc argumenta que este llamado, aunque brevemente expresado, tiene profundas implicaciones en la relación del creyente con Dios y con las influencias del mundo. Utiliza pasajes de la misma epístola, como los que abordan la importancia de amar a Dios y guardar Sus mandamientos, para enfatizar la necesidad de una fe que triunfa sobre el mundo y la responsabilidad personal de rechazar la idolatría, ya que esta no solo es la adoración de imágenes, sino la búsqueda de gozo y satisfacción en cualquier cosa que no sea Dios. La significancia doctrinal de este sermón radica en subrayar que el verdadero conocimiento y amor por Dios impulsan al creyente a vivir en dependenciade Su gracia, permitiéndoles así resistir las tentaciones del mundo y reflejar la luz de Cristo en sus vidas.

Key Quotes

“La idolatría es pecado, el pecado es tinieblas. El no conocer a Dios es pecado.”

“La fe que vence al mundo es nuestra fe. Él, somos sus hijitos, y Él dijo, no les voy a dejar huérfanos."

“Fuera del Señor Jesucristo no hay la posibilidad de glorificar a Dios."

“Cuando Dios nos está alumbrando, creo que la figura más clara es, la luna no tiene luz propia, pero cuando el sol alumbra la luna, la luna refleja luz."

Sermon Transcript

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Vamos a abrir nuestra Biblia
en Primera de Juan, en su capítulo cinco. Dice la Palabra de Dios, todo
aquel que cree que Jesús es el Cristo, es nacido de Dios. Y todo aquel que ama al que engendró,
ama también al que ha sido engendrado por él. En esto conocemos que
amamos a los hijos de Dios, cuando amamos a Dios y guardamos sus
mandamientos. Pues este es el amor a Dios,
que guardemos sus mandamientos. Y sus mandamientos no son gravosos. porque todo lo que es nacido
de Dios vence al mundo, y es la victoria que ha vencido al
mundo nuestra fe. ¿Quién es el que vence al mundo,
sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios? Este es Jesucristo
que vino mediante agua y sangre. No mediante agua solamente, sino
mediante agua y sangre. Y el Espíritu es el que da testimonio,
porque el Espíritu es la verdad. Porque tres son los que dan testimonio
en el cielo, el Padre, el Verbo y el Espíritu Santo, y estos
tres son uno. Y tres son los que dan testimonio
en la tierra, el Espíritu, el agua y la sangre, y estos tres
concuerdan. Si recibimos el testimonio de
los hombres, mayor es el testimonio de Dios, porque este es el testimonio
con que Dios ha testificado acerca de su Hijo. El que cree en el
Hijo de Dios, tiene el testimonio en sí mismo. El que no cree a
Dios, le ha hecho mentiroso porque no ha creído en el testimonio
que Dios ha dado acerca de su Hijo. Y es el testimonio que
Dios nos ha dado vida eterna. Y esta vida está en su Hijo.
El que tiene al Hijo, tiene la vida. El que no tiene al Hijo
de Dios, no tiene la vida. Estas cosas os he escrito a vosotros,
que creéis en el nombre del Hijo de Dios, para que sepáis que
tenéis vida eterna, y para que creáis en el nombre del Hijo
de Dios. Y esta es la confianza que tenemos
en Él, que si pedimos alguna cosa conforme a Su voluntad,
Él nos oye. Y si sabemos que Él nos oye,
en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones
que le hayamos hecho. Si alguno viene a su hermano
cometer pecado que no sea de muerte, pedirá y Dios le dará
vida. Esto es para los que cometen
pecado que no sea de muerte. Hay pecado de muerte por el cual
yo no digo que se pida. Toda injusticia es pecado, pero
hay pecado no de muerte. Sabemos que todo aquel que ha
nacido de Dios no practica el pecado, pues aquel que fue engendrado
por Dios le guarda y el maligno no le toca. Sabemos que somos
de Dios y el mundo entero está bajo el maligno. Pero sabemos
que el Hijo de Dios ha venido y nos ha dado entendimiento para
conocer al que es verdadero. Y estamos en el verdadero, en
su Hijo Jesucristo. Este es el verdadero Dios y la
vida eterna. Hijitos, guardaos de los ídolos. Amén. Vamos a meditar el último versículo
de primera de Juan, ya, gracias a Dios, después de algún tiempo
de estar meditando, y el versículo es bastante corto, sin embargo,
que es de mucho aliento para los creyentes. El versículo dice,
hijitos, guardados de los ídolos, amén. Otra traducción del versículo
dice, hijitos, manténganse apartados de los ídolos. Amén. Y el tema
es un llamado final. Un llamado final. Quizá para
muchas personas pudiera parecer un final inesperado. Quizá muchas
personas dentro de la cultura, pues nuestra cultura evangélica
de muchos años, quizá algunos pudieran pensar que es un poco
extraño que Juan termine con hijitos guardados de los ídolos,
porque muchas veces la gente en una cultura evangélica, pues
piensa que los idólatras son otros. Normalmente tendemos a
pensar que quizá los católicos son idólatras. Y bueno, es evidente
y bastante obvio. Pero cuando nosotros vamos a
la Escritura y vamos comprendiendo de la Palabra de Dios, nos vamos
a dar cuenta que tiene todo el sentido el que el apóstolo Juan
haga este llamado, Hijitos, guardaos de los ídolos. Y lo primero que
él repite, es un término que él ha estado utilizando en el
cual Es importante meditar lo que es de este título, esta forma
de referirse a su audiencia, que es hijitos. Él ha hablado
muchas veces de hijitos, y al cerrar la epístola, él está cerrando
otra vez con hijitos, hijitos. evidentemente está escribiendo
con una expresión que denota, en primer lugar, cariño, una
expresión de cariño. Y nosotros podemos entender que,
si bien es el resultado de la obra del Espíritu Santo transformando
la vida del apóstol Juan, que sale de él una expresión de este
tipo, hijitos, Y es la obra del Espíritu Santo
que lo está a Él conformando a la imagen del Señor Jesucristo. Es interesante que muchas veces
personas que Dios nos da la bendición de estar en posiciones de autoridad,
ya sea como padres, quizá en el liderazgo de una iglesia,
A veces se pierde el punto de recordar que no importa si estamos
corrigiendo o disciplinando, nunca debemos de perder las expresiones
de cariño, porque el Padre Celestial se refiere a sus hijos con cariño.
Este escrito, si bien el Señor al inspirar hombres para escribir
su palabra, respetaba la personalidad del individuo, es evidente que
esto no es parte de la personalidad natural de Juan. Juan era, cuando
lo vemos en los primeros pasajes, queriendo un lugar de importancia
al lado del Señor. Cuando lo vemos pidiendo fuego
del cielo, es evidente que, pues, algo el Espíritu Santo ha hecho
en Él, y es que Él ama a Dios, porque Dios lo ha amado primero.
Y como consecuencia, ese amor se refleja aún en la forma en
que Él se expresa para los creyentes. Pero tengamos en cuenta que esta
es palabra de Dios, y entonces también es la manera en que Dios
se refiere a los Suyos. También es la manera en que Cristo
habla a Su pueblo, porque al final de cuentas, Dios ha salvado
a los suyos para que sean conformados a la imagen del Señor Jesucristo.
Y es que es interesante que no es el único que se refiere a
los creyentes con cariño. Es probable que cuando vemos
en la Escritura lo que se ha escrito y el desempeño del apóstol
Pablo, pues podemos pensar un hombre de carácter fuerte, Sin
embargo, el apóstol Pablo, que dijo, sean imitadores de mí,
como yo de Cristo, cuando él escribe a los creyentes, por
ejemplo, que estaban en Tesalónica, él dice, antes fuimos tiernos
entre vosotros, como la nodriza que cuida con ternura a sus propios
hijos. Y qué interesante es que estos
hombres apóstoles, pastores de la Grey, estaban representando
entre la Iglesia al Padre Celestial, y mostrando en su lenguaje el
cariño con el que el Padre Celestial, ese amor, ese cariño que el Padre,
el Hijo y el Espíritu Santo tienen para aquellos que por la fe en
Cristo han sido hechos hijos de Dios. Y es interesante que
no sólo a los tesalonicenses Pablo los trata así con cariño.
Hijitos es una expresión que implica cariño. Está explícito
el hecho de que Dios nos mira con ese cariño paternal a una
iglesia que era muy problemática. que uno pudiera pensar había
que darles una reprensión. Aún en la reprensión, el apóstol
Pablo escribe y dice en Segunda de Corintios 10.1, yo, Pablo,
os ruego por la mansedumbre, y aquí deja claro algo, y ternura
de Cristo. Ternura de Cristo. Aquí ya el
Apóstol Pablo no está hablando como anteriormente en Tesalonicenses
que dice, fuimos tiernos entre vosotros como la nodriza que
cuida a sus propios hijos con ternura, sino específicamente
está diciendo que Cristo es tierno para con los suyos. Antes fuimos
tiernos, dice, yo Pablo os ruego por la mansedumbre y ternura
de Cristo y después él dice yo que estando presente ciertamente
soy humilde entre vosotros más ausente soy osado para con vosotros
y bueno hay una represión fuerte pero aún en la represión fuerte
el apóstol Pablo mantiene el hecho de que se está haciendo
con cariño porque al final no es para hacer pagar a los hermanos
la disciplina la amonestación es para volverlos a traer es
para traerlos el señor disciplina a sus hijos para traerlos cerca
de él Ahora, esa expresión, hijitos, también implica regeneración
y relación familiar. Cuando escuchemos que el Señor
se refiere a hijitos, aquellos que podemos escuchar esas voces,
porque por su gracia, hemos nacido de nuevo. Recuerde que dice,
de modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es. ¿Y qué es una nueva criatura?
Es un recién nacido. Claro que no todo el tiempo somos
recién nacidos. Debemos ir a la madurez en Cristo.
Pero implica. Y allá lo que está implícito
y es regeneración, nuevo nacimiento, una relación familiar. Es interesante
que yo creo que Quizá más para las madres, pero a veces un poco
también para los padres. De pronto hablamos de nuestros
hijos, que aunque están más altos que nosotros, los seguimos viendo
como hijitos, como niños. A veces las mamás suelen hablar
de un niño que tiene 23 años y como que ya no es muy niño,
pero es la relación familiar. es el hecho de que implica que
pues los vimos nacer en la familia y este término de hijitos es
de ánimo porque nos recuerda que el Señor por su gracia nos
dio fe para creer en Cristo y por esa fe nos dio el derecho de
ser sus hijos nos hizo nacer de nuevo y también es un título
que implica humildad hijitos niños pequeños dice en Mateo
18 1 al 5 dice el Señor Jesús En aquel tiempo, los discípulos
vinieron a Jesús diciendo, ¿Quién es el mayor en el reino de los
cielos? Y llamando a Jesús a un niño, lo puso en medio de ellos
y dijo, de ciertos digo, que si no os volvéis y os hacéis
como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Así que
cualquiera que se humille como este niño, ese es el mayor en
el reino de los cielos. Y cualquiera que reciba en mi
nombre a un niño como este, a mí me recibe. Y cuando el Señor
dice, hijitos, Y no nos olvidemos, implica humildad. Implica, de
hecho en la escritura dice que debemos ser niños en la malicia,
pero maduros en el modo de pensar. La humildad. La humildad, recuerde
que no sólo la figura es de hijitos, también de ovejas que necesitan
ser guiados. Y una de las cosas que nos priva
de la dirección del Señor, y nos hace de repente darnos de topes,
es la falta de humildad. esa humildad está de cerca con
algo que implica el término hijitos, la facilidad de aprender, la
facilidad de ser enseñado. Alguien dijo, y yo creo que muy
acertadamente, que una de las cosas que los padres deben conquistar
primero en los hijos es la voluntad, y cuando la voluntad de los niños
no se conquista, mucha de la energía que se puede invertir
en el aprendizaje se desperdicia en horas incesantes de corrección
de un niño que no sabe estar en sujeción, de un niño que por
lo mismo no hay humildad. Es interesante que la cuestión
de la obediencia y la humildad están directamente relacionadas.
Un niño que es desobediente Un niño que no está formado en obediencia,
es un niño que está mostrando la condición natural de soberbia,
y sobre todo soberbia contra Dios. Cuando el niño no se somete
a la autoridad, dice la Escritura, el que resiste a la autoridad,
a lo establecido por Dios resiste, porque no hay autoridad sino
a la establecida por parte de Dios. y eso debe movernos como
padres en compasión a rescatar a un niño que está obstinado
en hacer su voluntad, porque está rechazando el Señorío de
Cristo por falta de obediencia, por falta de humildad. Y vuelve
infructuoso el aprendizaje. Ahora, también es un título que
implica fe. Es interesante que los niños
creen en sus padres, los niños confían en papá, Y el Señor habló
de esto también en Mateo 18, 6, dice, y cualquiera que haga
tropezar alguno de esos pequeños que creen en mí. Y el niño tiene
una capacidad de confiar. Este asunto implica el hecho
de que Dios obre en nosotros y recordemos constantemente cómo
el Señor nos trata y sobre todo algo que Juan ha estado repitiendo.
El que no acepta la Palabra de Dios como es, está implicando
que Dios es mentiroso. Entonces, pues no es un creyente. Estamos actuando, o puede ser
un creyente que en debilidad está actuando en incredulidad.
Pero Dios es el único digno de confianza. Él es el verdadero.
Y ese que es verdadero, y que estamos en el verdadero, y en
su Hijo Jesucristo, Los hijitos confían en Él, confían en Él. Hermano, cuando de pronto notemos
nuestra incredulidad, clamar al Señor por arrepentimiento
y fe y volver en verdad como hijitos ante el Padre Celestial,
ante aquel Padre que es digno de toda nuestra confianza, aquel
que dice en la Biblia que no es catimón y es Su propio Hijo,
cómo no nos dará con Él también todas las cosas. Y también es
un título que implica debilidad. Hermanos, no se nos olvide, aunque
de pronto parece que somos fuertes, de pronto pensamos ser capaces,
recordemos, separados de mí, nada podéis hacer. Somos hijitos.
Hijitos. En el mundo vamos a tener aflicciones.
Nuestra confianza no esté en nosotros. Nuestra confianza esté
en el Señor, porque la fe que vence al mundo es nuestra fe.
Él, somos sus hijitos, y Él dijo, no les voy a dejar huérfanos.
Yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo.
Hermanos, nunca, que Dios nos guarde de confiar que nosotros
somos fuertes. Nuestra competencia, dice el
apóstol Pablo, no está en nosotros. nuestra competencia proviene
de Dios. El apóstol Pablo constantemente podía reconocer debilidad y dar
gloria a Dios. Y él decía, tenemos este tesoro
en vasos de barro para que la excelencia del poder sea de Dios
y no de nosotros. Y recordar, cuando recordemos
el cariño del Señor, poder recordar todo lo que implica. Implica
cariño, implica relación familiar, implica nuevo nacimiento, implica
confianza, implica debilidad. Recordemos, mi fortaleza está
en el Señor. No es que yo soy competente por
mí mismo. Yo soy débil. Yo soy su hijito. Yo necesito
confiar en Él. Tememos. Aún David, que era un
rey y un militar, él dijo, en el día que temo, yo en ti confío. Él podía reconocer en debilidad
que su fortaleza era el Señor. Ahora, después de hablarnos acerca
de, con este término de cariño, con este término de hijitos, el apóstol Juan dice, guardaos,
y la otra traducción dice, manténgase apartados, guardaos. Hay algo que es una verdad importante
y es la soberanía divina, y es toda la verdad que nuestra salvación
depende totalmente del Señor. No obstante, hay la responsabilidad
humana. Es interesante que en versículos
anteriores, dice, versículo 20, perdón, versículo 18, dice, sabemos
que todo aquel que es nacido desde Dios no practica el pecado,
pues aquel que fue engendrado por Dios le guarda y el maligno
no le toca. el Señor nos guarda. Y esa es
la soberanía de Dios y la obra completa de su salvación. Pero
también implica, el llamado aquí implica responsabilidad humana.
Confiando en que Él me guarda, soy llamado también a guardarme. En dependencia del Señor Jesucristo. En dependencia de saber de que,
pues, tengo una responsabilidad. y la responsabilidad es hacer
uso de lo que Dios ha provisto en Cristo. Eso es lo que me va
a llevar a poder guardarme, porque yo dependo para guardarme, no
de lo capaz que yo soy, no de la confianza en mí porque soy
débil, porque necesito confiar en el Señor. Me guardo de los
ídolos cuando yo busco la fortaleza en el Espíritu Santo, cuando
yo estoy confiado en la obra completa del Señor Jesucristo.
Y después dice, ¿De qué nos vamos a guardar? Y es de los ídolos.
Y no es un tema extraño, porque desde el principio, Juan está
hablando, el Evangelio, y Juan está hablando de, dice, por ejemplo,
dice, Dios es luz, dice, ese es el mensaje que hemos recibido
de él y os anunciamos, Dios es luz y no hay ningunas tinieblas
en él. Dios es luz y no hay tinieblas en él. Y la la idolatría es tinieblas. La esencia, de hecho, la esencia
del pecado es idolatría. Así que cuando Juan ha dicho
todo aquel que practica el pecado, está hablando todo aquel que
está constantemente adorando Los verbos que nos deben relacionar
con Dios es confiar y tenemos que reconocer que de pronto confiamos
y no precisamente en Dios. Otro verbo que debe relacionarnos
con Dios es el verbo buscar y muchas veces estamos buscando lo que
necesitamos y no en Dios. Una de las cosas que en verdad
nosotros requerimos es el gozo. Y el gozo, muchas veces lo estamos
buscando adonde no está. Muchas veces buscamos el gozo
en que las cosas salgan como nosotros queremos que salgan.
Muchas veces creemos que el gozo lo tiene alguna persona. A veces
pensamos que el gozo nuestro está en nuestros hijos. Y pensamos,
bueno, cuando mis hijos se porten siempre bien, me respeten siempre,
cuando mis hijos sean ejemplares, voy a estar gozoso. Y resulta
que, pues, no está allá. Es un lugar muy frágil donde
poner y buscar el gozo. O a veces pensamos, y no es que
sea malo desear esas cosas de nuestros hijos, pero no está
el gozo allá. Y el escritor bíblico nos recuerda,
en tu presencia hay plenitud de gozo. Delicias a tu diestra
para siempre. Y el gozo, hermanos, está en
glorificar a Dios. Cuando yo glorifico a Dios, yo
gozo de Él. Y entre más gozo de Él, más le
glorifico. Y Juan ha estado hablando de
esto porque, aun cuando empieza el capítulo 5, habla de amar
a Dios. Y dice... Y cuando alguien distinto a Dios
me dice qué hacer, qué pensar, qué decir, Es muy difícil que yo ame, porque
el único que dice cómo debo de tratar al prójimo de la manera
recta y correcta es Dios, porque es de acuerdo a su carácter.
Pero cuando lo que me está diciendo que pensar es, por ejemplo, mi
reputación, cuando yo estoy preocupado por mi reputación, yo no voy
a hablar como habla el padre a sus hijos con ternura, como
la nodriza. Cuando mi reputación es la máxima
preocupación, yo voy a herir a mi hijo, yo voy a hablar violentamente
a mi hijo, a mi esposa, a quien sea, porque no es el Dios del
cielo quien está gobernando mi corazón, sino es un ídolo, mi
prestigio. mi reputación, o en otras palabras,
lo que Juan ya dijo en el capítulo 2, la vanagloria de la vida.
Para mí es importante lo que el mundo piense de mí. Y a veces
lo decimos, a veces decimos, ¿qué va a pensar de mí el director
o los demás padres de familia que dijeron en la junta la grosería
que dijiste? estamos más preocupados por lo
que piensan los padres, el director, la junta de padres de familia,
que por lo que Dios piensa. Y si vamos con ese control en
nuestro corazón, pues está muy difícil que nosotros digamos,
hijitos, guardados de los ídolos. Es muy probable que tal vez lo
que digamos es, Señor, van a fuego del cielo que consuma este chiquito.
Porque no es Dios que está gobernando el corazón. En todo momento está
Esa expresión con la que Juan está cerrando. Y sobre todo porque
él ha dicho algo. Hermanos, no estamos en cualquier
lugar. Estamos en el verdadero. Estamos en el que es digno de
confianza. Estamos en aquel que ha consumado
toda tu salvación. Estamos en aquel que abrió el
camino al trono de la gracia donde está su presencia y donde
hay plenitud de gozo. No es en cualquier lugar donde
estamos, hermano. No nos equivoquemos. Por eso
Juan está diciendo Dios es luz, y cuando Dios nos está alumbrando,
creo que la figura más clara es, la luna no tiene luz propia,
pero cuando el sol alumbra la luna, la luna refleja luz. Hermano,
si lo que nos alumbra es un ídolo, no va a haber mucha luz. Pero
si Dios es el que nos alumbra, Dios que es luz nos alumbra,
nuestros hijos van a ver la gloria de Dios en nosotros. Y aun cuando
fracasemos van a ver la gloria de Dios. Hay algo grandioso en
poder venir y decirle a mi hijo, hijo perdóname, he pecado contra
ti. Porque al final mi hijo no tiene
que vivir viendo mi brillo, porque yo no tengo brillo. Así como
la luna no tiene brillo, yo no tengo brillo. Y cuando yo vengo
y le digo a mi hijo, sabes que he pecado. Y lo que he hecho,
lo hice porque yo no amé a Dios y no te pude amar. empezamos
a hablar de la bondad de Dios y cómo Dios me perdona y puedo
venir y reconocerlo. Mi hijo va a ver algo que brilla
y ese no soy yo. Va a ver el brillo del Señor.
Va a ver que su papá no es un papá perfecto, que su papá se
confunde, peca, no solo comete errores, sino peca, pero que
su papá confía en Cristo y viene y se arrepiente. Y su papá confía
en Cristo que dice que que debemos confesarnos las las ofensas,
no no solo no sólo entre adultos, aún con el que es más pequeño
que yo, y vamos mostrando la gloria de Dios, vamos mostrando
humildad porque estamos reflejando, se refleja en nosotros, Dios
es luz y no hay ninguna tinieblas en Él. No olvidemos, hermanos,
no yo soy luz, no yo tengo que alumbrar a mi esposa y a mis
hijos, yo soy como la luna, yo no brillo para nada, pero si
Él es luz y yo estoy bajo su luz, Vamos a hacer lo que la
luna hace. Cuando hay luna llena, se ve
la luz. y aún estamos batallando con
un cuerpo que no es adecuado para la vida espiritual, y pues
algunas veces estamos medio en eclipse, algunas veces estamos
en menguante, pero clamemos al Señor para que cada vez, por
Su Espíritu, por la obra de Cristo, por el Evangelio, cada vez estemos
más como luna llena. ¡Qué hermosos días de luna llena,
cuando esa luna se ve hermosa y no importa si se fue la luz!
Hay luz y se ve hermoso. Que Dios nos ayude a los que
somos varones, para que seamos lunas llenas en nuestra casa,
para nuestras esposas, para nuestros hijos, a las hermanas que son
esposas también, porque al final es cada uno de nosotros con el
Señor. Y Dios es luz, no hay finieblas en Él. Ni un ídolo
va a alumbrar para que nosotros reflejemos y lo que se vea sea
luz. Si lo que nos alumbra es un ídolo, Lo que vamos a proyectar
son tinieblas. La idolatría es pecado, el pecado
es tinieblas. El no conocer a Dios es pecado. Él se ha dado a conocer y aquellos
que ya estamos en Cristo tenemos la bendición porque Cristo nos
ha dado entendimiento para conocer al que es verdadero. Hermanos,
hemos sido bendecidos y se nos habla con cariño de toda la bendición
que tenemos en Cristo. y humildemente reconozcamos cuando
fracasamos. Clamemos al Señor que el Espíritu
Santo constantemente nos redargulla. Damos gracias a Dios por la bendición
de entender lo que es idolatría. La idolatría no es tener necesariamente
algo material allí. Esas cosas materiales que algunas
personas tienen, que es lo más común que llamamos idolatría,
son expresiones de una idolatría interna. Y la idolatría puede
ser Guardarnos en los ídolos habla
contra los ídolos visibles y evidentes, por supuesto. Habla de esa idolatría
que a los evangélicos les hace fácil ver en otras gentes. Pero
también habla de esa idolatría que no es tan evidente. Habla
en contra de adorar algún pasatiempo o adorar nuestra profesión. Esto
habla en contra de adorar amigos o familiares. ¿Y cómo se adora
a los amigos o familiares? normalmente pues no es que le
prendemos la pedaladora a alguien o le estamos cantando, rezando
o cosas de ese tipo, pero normalmente nuestro problema con relación
a la gente es queremos su aprobación y tememos su desaprobación y
de pronto algunas maneras de poder ver que tememos a la gente
es Cuando cometemos algún error, es correcto disculparnos. Pero cuando las disculpas son
exageradas, exageramos con las disculpas. ahí se está mostrando
un asunto de idolatría, un temor al hombre en lugar de temor a
Dios. Cuando nos hace demasiado mal saber que alguien querido
hizo la fiesta y no nos invitó y estamos lamentando que no nos
invitó a la fiesta, es una medida de temor al hombre, de idolatría,
porque pues queremos agradarle, queremos y nos afecta tanto que
no nos haya invitado o que de pronto nos haya ignorado. Y hay
maneras de poder saber cómo es esa relación con los demás. Y
Jeremías 17, 6 al 10 dice, maldito el varón que confía en el hombre,
dice, y pone carne por su brazo y su corazón se aparta de Jehová.
Y es interesante que, por ejemplo, es esa cuestión de agradar y
esa cuestión de desagradar. que Dios nos ayude a poder, uno
de los asuntos, una de las narraciones más claras de esto en la escritura
es cuando Daniel pues evidentemente Dios lo salvó y Dios lo enseñó
a vivir guardándose de los ídolos y eso no sólo fue evidente cuando
Nabucodonosor hizo esa gran estatua sino fue evidente en todo momento
que él quería agradar sólo a una persona, a Dios La parte más evidente fue esa
ocasión de la estatua. Pero él mostró allí que él confiaba
en el Señor totalmente. Y, pues, él no tuvo temor de
caerle mal al Rey. Él estaba en una posición donde,
pues, seguramente pudo haber sido atentado. Pues, si yo no
hago eso, pues, ¿dónde me voy a esconder? Y, además, pues,
tengo un buen puesto. Si no lo hago, le voy a caer
mal al Rey. Pero él tenía muy claro algo. Y él tenía claro
¡Hijito, guárdate de los siglos! ¡Hijito, yo soy tu fortaleza!
¡Hijito, tú eres débil y te pueden cocinar en el horno! Pero él
tenía claro, Dios le había dejado claro. Y él fue claro cuando
le dijo, ¿sabes qué rey? ni tenemos que discutir eso.
Yo no me voy a inclinar y tú puedes echarme al horno y Dios
en quien confío me puede salvar. Pero algo maravilloso es Si eso
es lo que le da mayor gloria, me va a salvar. Y si no me salva,
de todos modos, no esperes que yo me incline. Aunque Dios deje
que me cocine allá adentro, yo no me voy a postrar. Bueno, Dios
quiso glorificarse. Ya sabemos, no se quemaron, ni
siquiera olieron a humo. Pero Daniel tenía en su corazón
la convicción de que Dios, de que Él estaba en el verdadero.
Tal vez no tenía toda la claridad como tenemos en cuanto a que
era en Jesucristo, pero siempre fue por la fe y él estaba confiando
en la promesa que Dios había hecho. Y el Señor lo guardó,
y él estaba seguro de que estaba en el verdadero, y que ese Dios
verdadero es la vida eterna. Y a él no le importaba si su
vida temporal terminaba dentro del horno, él sabía que estaba
en el verdadero, en su Hijo Jesucristo. Y por la gracia de Dios, él se
guardó de los ídolos. Hermanos, Daniel no era alguien
superhombre. Daniel, Elías y todos los otros
hombres eran hombres con pasiones semejantes a las nuestras. Eran
hombres conscientes de su debilidad, de su necesidad de permanencia.
Cuando leemos el libro de Daniel, vamos a ver que Daniel era bien
consciente de que el mérito no estaba en él. Él siempre oraba
y él no permitía que los reyes le dijeran que en él había un
espíritu superior, sino él daba la gloria a Dios. Y hermanos,
Cristo es el único que puede llevarnos a aquello para lo cual
fuimos creados, glorificar a Dios. Siempre buscar el gozo donde
está. Fuera del Señor Jesucristo no
hay la posibilidad de glorificar a Dios. Podemos hacer cosas que
pueden impresionar a la gente, pero no se van a hacer con el
motivo correcto. Hay tanta gente que no es creyente,
que está haciendo cosas que están bien hacerlas, Pero a algunos
les motiva la fama, a otros les motiva su reputación, les motiva
un montón de cosas. Y qué bueno que hacen esas cosas,
que están bien. Pero dado que no se hacen con
el poder del Espíritu Santo ni para la gloria de Dios, pues
son trapos de inmundicia. No hay buena obra. La persona
que no ha confiado en Cristo, no importa cuán ejemplar sea,
no importa cuán bien se sienta, Eso que está haciendo, dado que
no ha confiado en Cristo, son trapos de inmundicia. La única
persona que puede hacer buenas obras es aquel que es un hijito
que ha nacido de nuevo. Porque ha nacido de nuevo y ha
sido hecho nueva criatura en Cristo, como dice en Efesios.
Dice, porque somos hechuras suyas, creados en Cristo Jesús para
buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano. Note que
antes Pablo dice, no por obras, pero no dice buenas. Porque no
son buenas si no están en Cristo. Si se hacen para alcanzar la
salvación, no son buenas. Las buenas obras son las que
hacen aquellos que han sido salvos ya. Aquellos que han nacido en
la familia de Dios. Las buenas obras son las que
hacen aquellos que Dios les ha dado vida juntamente con Cristo.
Aquellos que han confiado solamente en Cristo y su deleite, su confianza
está en Cristo, son los únicos que pueden hacer buenas obras. Y no porque lo decimos nosotros.
No porque lo dijo ni un hombre famoso. es porque lo dice la
Palabra de Dios. La Palabra de Dios dice, por
gracia soy salvos por medio de la fe, no por obras para que
nadie se gloríe. Y no dice buenas obras. Y cuando
sigue avanzando el pasaje dice, Dice, vosotros sois hechuras,
porque somos hechuras suyas, creados en Cristo Jesús. Y ahora
se dice, para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano
para que no viésemos en ellas. Hermano, que Dios nos lleve a
buscar nuestro gozo en Dios, a buscar nuestra provisión en
Dios, a confiar solo en Dios, a adorar solo a Dios, a amar
solo a Dios, Clamemos al Señor si hay algo que tenemos que reconocer
que le debemos es amor. Oremos para que Él haga crecer
nuestro amor por Él. En la medida que crecemos en
amor por Él, en la medida que le conocemos, le vamos a amar
más. Y en la medida que le amamos
más, nos vamos a gozar más en Él. Y en la medida que amamos
más al Señor y nos gozamos más en Él, Vamos a poder amar al
niño que se porta mal, aunque nos dejen ridículo en la escuela.
Y vamos, Dios nos va a usar para ir a la necesidad que yo no podría
haber nunca, si no sucedieran esas cosas en la escuela. Todas
esas cosas que no nos gustan que sucedan, Dios no las hace
precisamente para estropear nuestra reputación. Pero nuestra reputación
no es lo más importante. Lo hace para que podamos ser
instrumentos de redención. Y no olvidemos, esta vida no
se trata de nosotros. No es mi reputación, es la reputación
de Dios. Es la gloria, la fama y el honor
de Dios. Si de pronto nadie nos conoce
a nosotros, no nos preocupemos. Lo importante es que Él nos diga
que nos ha conocido. Porque ¿de qué sirve que todo
el mundo nos conozca y de pronto el Señor diga, apártate de mí?
Nunca te conocí. Y si ya estamos en Cristo, hermanos,
se trata de la gloria de Dios. Por eso dice Pablo, si comes,
bebes o haces cualquier otra cosa, hazlo todo para la fama,
para el honor de Dios, para que Él sea conocido y para el gozo
tuyo y el gozo de las naciones. Vamos a orar, hermanos.

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Joshua

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