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Los que son de Dios

1 John 4:4-6
Joel Coyoc October, 6 2021 Video & Audio
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Joel Coyoc October, 6 2021
Estudio de las Cartas de Juan

El sermón "Los que son de Dios" del predicador Joel Coyoc explora la identidad y el carácter de los creyentes en Cristo según 1 Juan 4:4-6. Coyoc argumenta que aquellos que son de Dios son reconocidos por su victoria sobre el mundo, que se obtiene no por sus propios méritos, sino a través del poder del Espíritu Santo que habita en ellos. Se enfatiza la confesión de la fe en Jesucristo como el criterio para distinguir el verdadero creyente de aquellos que se encuentran bajo la influencia del anticristo, quien niega la encarnación de Cristo. Las referencias a Romanos 8 refuerzan la idea de que los creyentes están libres de condenación y son más que vencedores a través de Cristo. La aplicación práctica destaca la importancia de hablar y escuchar acerca del evangelio, invitando a los creyentes a examinar su vida y lenguaje, que deben reflejar su identidad en Cristo.

Key Quotes

“Hijitos, vosotros sois de Dios, y los habéis vencido, porque mayor es el que está en vosotros que el que está en el mundo.”

“Nosotros somos de Dios, el que conoce a Dios nos oye, el que no es de Dios no nos oye.”

“El hablar del creyente es algo que llena su vida; los que son de Dios tienen un idioma común, y al oírlo, se detienen a escuchar.”

“El Evangelio, el Evangelio es central; es por el Evangelio que somos de Dios.”

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Vamos a abrir nuestras Biblias
en primera de Juan, primera carta del apóstol Juan, en su capítulo cuatro. Dice la palabra de Dios, amados,
no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de
Dios. Porque muchos falsos profetas han salido por el mundo. En esto
conoced el espíritu de Dios. Todo espíritu que confiesa que
Jesucristo ha venido en carne es de Dios. Y todo espíritu que
no confiesa que Jesucristo ha venido en carne no es de Dios.
Y este es el espíritu del anticristo, el cual vosotros habéis oído
que viene, y que ahora ya está en el mundo. Hijitos, vosotros
sois de Dios, y los habéis vencido, porque mayor es el que está en
vosotros que el que está en el mundo. Ellos son del mundo, por
eso hablan del mundo, y el mundo los oye. Nosotros somos de Dios,
el que conoce a Dios nos oye, el que no es de Dios no nos oye. En esto conocemos el espíritu
de verdad y el espíritu de error. Amados, amémonos unos a otros
porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama es nacido
de Dios y conoce a Dios. El que no ama no ha conocido
a Dios porque Dios es amor. En esto se mostró el amor de
Dios para con nosotros, el que Dios envió a su Hijo unigénito
al mundo para que vivamos por él. En esto consiste el amor,
no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó
a nosotros y envió a su Hijo en propiciación por nuestros
pecados. Amados, si Dios nos ha amado
así, debemos también nosotros amarnos unos a otros. Nadie ha
visto jamás a Dios. Si nos amamos unos a otros, Dios
permanece en nosotros y su amor se ha perfeccionado en nosotros.
En esto conocemos que permanecemos en Él y Él en nosotros, en que
nos ha dado de Su Espíritu. Y nosotros hemos visto y testificamos
que el Padre ha enviado al Hijo, el Salvador del mundo. Todo aquel
que confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece
en él y él en Dios. Y nosotros hemos conocido y creído
el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor, y el
que permanece en amor permanece en Dios y Dios en él. En esto
se ha perfeccionado el amor en nosotros, para que tengamos confianza
en el día del juicio, pues como él es, así somos nosotros en
este mundo. En el amor no hay temor, sino
que el perfecto amor echa fuera el temor, porque el temor lleva
en sí castigo, de donde el que teme no ha sido perfeccionado
en el amor. Nosotros le amamos a él, porque
él nos amó primero. Si alguno dice yo amo a Dios
y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano
a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto?
Y nosotros tenemos este mandamiento de él, el que ama a Dios, ame
también a su hermano. Vamos a meditar los versículos desde el versículo cuatro hasta el versículo seis
que dice, hijitos, vosotros sois de Dios y los habéis vencido,
porque mayor es el que está en vosotros que el que está en el
mundo. ellos son del mundo, por eso
hablan del mundo y el mundo los oye. Nosotros somos de Dios,
el que conoce a Dios nos oye, el que no es de Dios no nos oye. En esto conocemos el espíritu
de verdad y el espíritu de error. Nuestro tema es los que son, los que son de Dios,
los que son de Dios. Cuando nosotros pensamos en la
enseñanza bíblica, y podemos pensar en diferentes lugares
de la Escritura, donde se enseña acerca de que Todos y todo es
de Dios. Dice la Biblia, tuya es, oh Jehová,
la magnificencia y el poder, la gloria, la victoria y el honor. Y dice, porque todas las cosas
que están en los cielos y en la tierra son tuyas y tú eres
excelso sobre todos. También dice la Biblia, de Jehová
es la tierra y su plenitud el mundo y los que en él habitan. Sin embargo, el apóstol Juan
está escribiendo, vosotros sois de Dios. ¿Y qué cosa más hermosa
para aquellos hijitos? Justo él empieza diciendo, hijitos,
vosotros sois de Dios. ¿Qué cosa más bella y qué cosa
que alegra nuestro corazón? El poder saber que somos de Dios,
no solo porque todos y todo es de Dios, por creación, porque
él creó todas las cosas y por su voluntad existen y fueron
creadas. sino aquí está la preciosa verdad de que somos doblemente
suyos. aquellos que el Espíritu Santo ha obrado en su corazón,
aquellos que les ha dado oídos para oír, y les ha dado fe para
creer en lo que la Escritura enseña acerca del Señor Jesucristo,
y como dice en Juan capítulo uno, versículo once al trece,
a esos Dios les ha dado derecho de ser hijos de Dios. Vosotros
sois de Dios, sois de Dios por redención, sois de Dios por adopción
dentro de su familia, porque es posible ser de Dios como creación,
pero es triste. no ser hijo de Dios, sino ser
hijo, como dijo el Señor a los judíos, vosotros de vuestro Padre
el Diablo sois, y los deseos de vuestro Padre queréis hacer.
Pero es precioso cuando a los hijitos se les dice, vosotros
sois de Dios, e implica el hecho de que Él nos ha adoptado en
su familia, y lo ha hecho por el puro afecto de su voluntad
para la alabanza de la gloria de su gracia, sin que haya mérito
alguno en el hijito. El mérito es del Padre que nos
eligió por amor eterno en Cristo Jesús desde antes de la fundación
del mundo para la alabanza de la gloria de su gracia. Es una
preciosa verdad que nos habla de la redención. Él nos creó,
pero Él nos redimió. Él nos creó y nos rebelamos y
fuimos esclavizados del enemigo de las almas, de Satanás, el
destructor, el acusador de los hermanos. Hemos sido redimidos
por la sangre preciosa del Señor Jesucristo. Vosotros sois de
Dios. Hace resonar en nuestros oídos
la escritura que dice sabiendo que fuistes rescatados de vuestra
vana manera de vivir, la cual recibisteis de vuestros padres,
no con cosas corruptibles como oro o plata, sino con la sangre
preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha y sin contaminación,
dice la Escritura ya destinado desde antes de la fundación del
mundo, pero manifestado en los posteriores tiempos por amor
de vosotros. y qué bendición que podemos escuchar. Vosotros sois de Dios y poder
escuchar y escuchar otra vez las implicaciones que significa
el que somos de Dios. Somos de Dios y qué privilegio
ser de Dios por creación, pero qué privilegio ser de Dios por
adopción. Saber que me rebelé contra Él
Pero Él me rescató, me rebelé contra Él, pero Él no sólo me
libró de la ira venidera, sino Él me puso dentro de Su familia
como un hijo adoptivo. Él me amó en el Señor Jesucristo. Él me redimió de la condenación
del pecado. vosotros sois de Dios, implica
el que él nos ha trasladado del reino de las tinieblas, de la
potestad de Satanás, al reino de su amado hijo, y qué bendición
poder escuchar, hijitos, vosotros sois de Dios. Y habiendo recordado
lo que implica esa expresión, vosotros sois de Dios, vamos
a mirar que el el pasaje nos enseña algunas cosas acerca de La primera cosa que nos enseña
el pasaje es que aquellos que son de Dios son victoriosos. Aquellos que son de Dios son
vencedores. Y son victoriosos y vencedores. Y damos gracias a Dios porque
se nos recuerda, se nos recuerda que esa victoria y ese ser vencedor
no tiene nada que ver con nosotros, sino tiene todo que ver con aquel
que está en nosotros. Dice, hijitos, vosotros sois
de Dios y los habéis vencido. Hijitos, vosotros sois de Dios
y los habéis vencido. Y en verdad que es de consuelo
para los que estamos en el Señor Jesucristo. Estamos nosotros
viviendo en un mundo que es un mundo que constantemente cambia.
Es interesante que De 1988 a la fecha, el mundo ha cambiado tanto
y es irreconocible. Pero de 2018 a la fecha, el mundo
ha cambiado dramáticamente. Y es un mundo que pudiera asustar
a cualquier persona que sea consciente de lo que está ocurriendo en
el mundo. el espíritu del anticristo se
hace cada vez más patente, y donde el sistema está apuntando hacia
una falsa religiosidad, el sistema está apuntando hacia un adoctrinamiento. Y, no obstante, qué maravilla
es que aquellos que el Señor creó, aquellos que el Señor redimió,
aquellos que el Señor adoptó dentro de su familia, son victoriosos,
hemos vencido, y hemos vencido no por causa de nosotros, sino
por causa de aquel que está en nosotros, dice, vosotros habéis
vencido, dice, porque mayor es el que está en vosotros que el
que está en el mundo, y el que está en nosotros por su santo
espíritu, es nada más y nada menos que el señor Dios Todopoderoso,
aquel que creó todo cuanto y sobre toda su creación, aquel
que quita y que pone reyes, aquel que hace toda su voluntad en
el cielo y en la tierra, él mora por su espíritu en aquellos que
él ha adoptado en su familia. En aquellos que él ha adoptado
en su familia son victoriosos. Y no importa cuán amenazante
parezca lo que sucede a nuestro alrededor, no importa cuán aterrador
parezca lo que está viniendo, el Señor se reirá de ellos. Y
el Señor se está riendo de ellos. Las naciones, como en aquel tiempo,
se juntaron contra el ungido del Señor. Y es exactamente lo
que continuamente el ser humano ha estado haciendo, pero el Señor
se reirá de ellos. El Señor los va a regir con vara
de hierro. El Señor ha triunfado. Dice en
Apocalipsis que el pueblo de Dios ha vencido, y ha vencido
porque ha confiado en la sangre del Cordero. La victoria que
vence al mundo es nuestra fe, y la fe es la fe del Señor Jesucristo,
y esa es la victoria que ha vencido al mundo. En Romanos capítulo
8 habla de la victoria. En casa lea todo el capítulo
8 de Romanos, y usted va a ver que es un pasaje que habla triunfalmente
acerca de aquellos que el Señor ha adoptado en su familia. Y
justamente habla, y leímos versículos ahorita, que dice que por el
Espíritu que Él ha hecho morar en nosotros, que es el Espíritu
de Cristo, y si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es
de Él. Y ahí habla de la victoria, el que tiene el espíritu es victorioso
sobre la carne, es victorioso sobre el mundo, es victorioso
sobre el diablo, es victorioso sobre el pecado, y también ha
vencido la muerte. La muerte no nos puede hacer
daño. La muerte nos hace decir como el apóstol Pablo, para mí
el vivir es Cristo y el morir es ganancia. Hermanos, es la
victoria que ha vencido al mundo, es nuestra fe, es mayor el que
está en nosotros que el que está en el mundo, es el espíritu santo
de Dios que mora en nosotros, y es ese espíritu que nos lleva
de triunfo en triunfo. Dice la Biblia y vamos a buscar
en Romanos capítulo ocho algunos versículos que nos hablan
no vamos a leer todo el capítulo en casa, de la victoria del creyente justo
porque es mayor el que está en nosotros que el que está en el
mundo de hecho en su biblia está titulado ahí dice viviendo en
el espíritu y lo primero que nos habla de triunfo y de haber
vencido dice ahora pues ninguna condenación hay para los que
están en cristo jesús los que no andan conforme a la carne
sino conforme al espíritu y no hay ninguna condenación Y después,
si nosotros vamos avanzando, va a hablar, por ejemplo, el
versículo nueve. Y después va a empezar a describir
lo que es la vida en el espíritu, una vida que no está derrotada
por el pecado. Una vida que, si bien el creyente
peca, no es la práctica constante el pecado. Él no practica el pecado como
un modo habitual de vida. Y dice, cuando usted sigue avanzando,
va hablando acerca de la victoria y al final cierra el capítulo. Versículo treinta y tres dice,
¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica,
¿Quién es el que condenará? Cristo es el que murió, más aún,
el que también resucitó, y esto es victoria, esto es triunfo,
dice, el que además estás a la diestra de Dios, el que también
intercede por nosotros, ¿Quién nos separará del amor de Cristo?
Tribulación, o angustia, o persecución, o hambre, o desnudez, peligro,
o espada. Como está escrito, Por causa
de ti somos muertos todo el tiempo, somos contados como ovejas de
matadero. Antes, en todas estas cosas,
somos más que vencedores por medio de Aquel que nos amó. Por lo cual estoy seguro de que
ni la muerte ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades,
ni lo presente ni lo porvenir, ni lo alto ni lo profundo, NINGUNA
OTRA COSA CREADA PODRÁ SEPARARNOS DEL AMOR DE DIOS QUE ES EN CRISTO
JESÚS SEÑOR NUESTRO. aquellos que son de Dios. Los
que son de Dios son victoriosos, son vencedores por causa del
espíritu. Hermanos, no pensemos que es
por nosotros. No, no, no es por nosotros. No es nuestra habilidad,
no es nuestra capacidad, no es nuestra inteligencia. Nosotros
no somos competentes. La lucha que estamos enfrentando
no es lucha contra carne y sangre. No nos peleemos con gente, no
nos vayamos a discutir con personas. No tenemos lucha contra carne
y sangre, y no es con espada ni es con ejército, más es con
su Santo Espíritu, dice la Escritura. Hermanos, no es por nosotros,
eso debe hacernos andar humildemente, sabiendo que somos vasos de barro
para que la excelencia del poder sea de Dios y no de nosotros.
Somos más que vencedores por aquel, por medio de aquel, dice,
antes en todas estas cosas, somos más que vencedores por medio
de aquel que nos amó. Y es lo que Pablo siempre dijo,
no yo, sino la gracia de Dios conmigo. Y podemos gozarnos de
esa victoria, pero estar seguros es la victoria del Señor Jesucristo,
es la victoria que vence al mundo, es nuestra fe, es el que mora
en nosotros, es el Espíritu Santo que es mayor que el que está
en el mundo. Y ese es el primer asunto que
deja claro y que debe regocijar nuestro corazón. Hermanos, si
has creído, eres victorioso, victorioso sobre el pecado, sobre
la muerte, victorioso. No hay condenación. Cristo ha
vencido la muerte. Hemos vencido con Él. Cristo
ha cumplido la ley por nosotros. Nosotros no tenemos necesidad
de circuncidarnos, porque Cristo fue circuncidado. Él cumplió
la ley a favor de su pueblo. Y hermanos, Él conquistó el pecado,
conquistó la muerte, y es algo que caracteriza a sus hijos.
Y pueden estar atribulados, pero no derribados. pueden estar afligidos,
más siempre gozosos. Y todo es por causa del espíritu
que él ha hecho morar en nosotros, porque mayor es el que está en
nosotros que el que está en el mundo. Otra cosa que nos enseña nuestro
pasaje es algo que distingue a los que son de Dios. Y dice,
después de hablar de la victoria y la razón de la victoria, Dice,
ellos son del mundo, por eso hablan del mundo y el mundo los
oye. Nosotros somos de Dios, el que conoce a Dios nos oye. Y algo que distingue, algo que
distingue a los que son de Dios es su manera de hablar. ¿Cómo
es nuestro hablar? La Biblia dice claramente a aquellos
que están en Cristo, si comes o bebes o haces cualquier otra
cosa, hazlo todo para la gloria de Dios. Y allá lo que es distintivo
de aquellos que pertenecen a Dios. Aquellos que pertenecen a Dios
tienen una manera de hablar que los identifica. Y los identifica
al punto de que el mundo no nos quiere oír. El mundo no nos quiere
oír porque no entiende nuestro lenguaje. Al igual que Jesús
le dijo a los judíos, ustedes no me quieren oír porque no entienden
mi lenguaje. Y el lenguaje de los hijos de
Dios es la verdad. Y esa verdad es el Evangelio.
El lenguaje que proclaman los hijos de Dios es el lenguaje
que caracteriza al apóstol Juan. Usted lee el Evangelio de Juan.
¿Y de qué está hablando Juan en el Evangelio? El Evangelio.
En el Evangelio de Juan, él está hablando justamente ese lenguaje
que le caracteriza, hablar el Evangelio verdadero, hablar acerca
de quién es el Señor Jesucristo, el Evangelio verdadero que habla
de Aquel que es el eterno Verbo de Dios, el eterno Hijo de Dios
que fue el único engendrado del Padre, que coexistió con Él desde
la eternidad, Aquel que es Creador, dice la Biblia, todas las cosas
por Él fueron hechas y sin Él nada de lo que ha sido hecho
fue hecho. Es el hablar del pueblo de Dios, hablar constantemente
acerca de su Salvador y proclamar ese evangelio precioso que nos
ha hecho ser libres. Ese evangelio por el cual hemos
creído y hemos sido redimidos por la obra del Señor Jesucristo.
Y el apóstol Juan sigue avanzando en el Evangelio y está hablando
y habla de cómo es que una persona puede ser hecho hijo de Dios
cuando uno cree y recibe al Señor Jesucristo y además a todos los
que le recibieron, los que creen en su nombre. Y también enseña
y dice, bueno, no es asunto de una decisión del hombre, es asunto
de la voluntad de Dios que los eligió en Cristo desde antes
de la fundación del mundo por el puro afecto de su voluntad
para el avance de la gloria de su gracia. Es el evangelio que
él está proclamando cuando él dice, he aquí el Cordero de Dios
que quita el pecado del mundo. Es el evangelio que él está proclamando
cuando dice, a Dios nadie le vio jamás, dando, repitiendo
el testimonio de Juan el Bautista, cuando dice, el unigénito Hijo
que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer. Y él
está constantemente proclamando el evangelio, hablando de que
el que cree en el Hijo tiene la vida, el que rehúsa creer
en el Hijo de Dios no verá la vida, sino la ira de Dios está
sobre él. Es el propósito por el cual él escribe el Evangelio
de Juan cuando él dice, hizo además muchas otras señales en
presencia de sus discípulos, las cuales no están escritas
en este libro, pero las que se han escrito, se han escrito para
que sepan que Jesús es el Hijo de Dios y para que creyendo tengan
vida en su nombre. Y es el Evangelio. Él está hablando.
Es la forma cotidiana de hablar. El apóstol Juan escribe la primera
epístola y cuando escribe empieza diciendo lo que hemos visto y
oído. ¿Y qué es lo que él vio y oyó a Jesucristo? El cumplimiento
de las profecías. Lo que hemos palpado. Él vino
en carne. Él tomó forma humana. Él es cien
por ciento Dios. Es cien por ciento hombre. Y
como hombre murió en una cruz cargando los pecados de su pueblo.
Y Él resucitó al tercer día. Y es el Evangelio que está llenando
primera, segunda, tercera de Juan y el Apocalipsis. Es el
Evangelio. El Evangelio que nos muestra
la gloria de Dios, que nos muestra a Dios en la faz del Señor Jesucristo. el hablar del creyente es algo
que llena su vida y hermanos es es interesante que ha llegado
tiempo sin que de pronto el mundo evangélico inventó tantas cosas
como y no quiere decir que necesariamente sean malas pero cosas como campañas
evangelísticas y tantas cosas que hemos inventado pero en el
primer siglo no sólo Juan no sólo Pablo que dice hay de mí
sino predicar el evangelio porque me es impuesta necesidad sino
cada creyente eran perseguidos y el Evangelio se extendió porque
los sacaban de un lugar e iban a otro lugar y ¿sabe de qué hablaban?
de lo que habían visto y oído. Estaban como Juan, lo que hemos
visto y oído, esos anunciamos para que también vosotros tengáis
comunión con nosotros, y nuestra comunión verdaderamente es con
el Padre y con su Hijo Jesucristo, y estaban llenos de gozo de la
salvación de Dios, y estaban como Juan, hablando lo que hemos
visto y oído, eso les anunciamos para que ustedes tengan comunión
con nosotros, para que vuestro gozo sea cumplido, el gozo de
la salvación, y estaban por todos lados, los corrían de un lugar
y se iban a otro lugar, pensando extinguir el Evangelio. Lo que
estaban haciendo eran los mismos enemigos. Estaban haciendo que
se propagara más rápido de lo que ellos habían pensado. Y todo
por el Espíritu que Dios había hecho morar en ellos. Eso caracteriza
el hablar de aquel que es de Dios. Y eso nos tiene que hacer
pensar cómo es nuestro hablar. Hermanos, las palabras no son
nuestras. Las palabras son prestadas, son
de Dios. Hablamos porque Dios habla. Y,
hermanos, ser conscientes de algo. Uno, ese evangelio debe
llenar nuestra vida y debemos estar así. Yo veo al apóstol
Juan, al apóstol Pablo, estaban como una olla de presión y había
que aliviar la presión y él estaba deseoso de llegar a Roma y después
estaba deseoso de llegar a España y Dios le concedió llegar a España
y él estaba deseoso de proclamar en cada lugar el evangelio de
la gracia de Dios en el Señor Jesucristo. Hermanos, que esa
sea la pasión de nuestro corazón porque Una cosa dice la escritura,
de la abundancia del corazón, habla la boca. Y una cosa interesante
que estaba pensando es, Juan es el discípulo amado, Juan conoció
a Dios. Imagínese la carta de primera
de Juan, e imagínese que en lugar de decir, hijitos, queridos,
hermanos, dijera una carta como respetable, cuando se sirven
cartas de negocios. Sabe que no va con el carácter.
el evangelio es el evangelio de la verdad de Dios y si bien
el evangelio molesta al mundo. El evangelio ofende. Eso no quiere
decir que nosotros procuremos necesariamente ser ofensivos.
De por sí el evangelio ofende, porque el evangelio quita el
mérito al hombre. Pero qué interesante que es la consistencia en cómo
se habla el evangelio. No sólo simplemente hablar el
evangelio, sino que el evangelio modela la manera en que se habla
el evangelio. El apóstol Pablo dice, siguiendo
la verdad en amor, Y muchas veces hay gente que proclama la verdad
sin amor. Y hay gente que quiere hablar
de puro amor cuando lo que está hablando ni siquiera es amor.
No es amor el apapachar todo y aceptar todo y hacer de cuenta
que no pasa nada. Eso no se llama amor. El amor
es el carácter de Dios. El amor es el carácter de Dios
que a veces decimos que el amor de Dios es incondicional. Pero
hermanos, el amor de Dios es mejor que incondicional. Yo creo
que incondicional no es una palabra adecuada para describir el amor
de Dios. Incondicional, el amor de Dios es mejor que incondicional. Porque es un amor que te ama
tal y como eres, perdido, pero te ama y te toma para transformarte
a la imagen del Señor Jesucristo. Porque incondicional, la gente
piensa que es, bueno, te amo y te acepto así como estás. y
te sigo amando aunque estás como estás. Y no es así el amor de
Dios. Él nos ha amado y nos ha atraído
hacia sí y nos está transformando a la imagen del Señor Jesucristo. Está transformándonos, haciéndonos
crecer de gloria en gloria en la medida que vemos al Señor
Jesucristo. El amor de Dios es mejor, mejor
que un amor incondicional. transforma la manera en que comunicamos
el mensaje y eso nos tiene que hacer reflexionar. Hermanos,
estamos hablando el evangelio, ese evangelio que el apóstol
Pablo resume cuando dice, primeramente les he enseñado lo que sí mismo
recibí, que Cristo murió por nuestros pecados conforme a las
escrituras y que fue sepultado y que murió al tercer día conforme
a las escrituras y que más de quinientos hermanos le vieron
como el Cristo Hay amor y dulzura en mi corazón. Hay en mi corazón el deseo y
la compasión por los perdidos. En verdad hay en mi corazón deseo
de que ellos experimenten y tengan un gozo cumplido. O de pronto
lo hablamos y queremos convencer a las personas, olvidando que
no somos llamados a convencer, somos llamados a proclamar. El
poder hacerlo incluso con dulzura. Y de por sí, si es el Evangelio
verdadero, pues aquellos que no son de Dios no los van a oír,
y se van a ofender, y a lo mejor nos apedrean, y a lo mejor nos
matan por causa del Evangelio. y si debe si debemos estar contentos
cuando de pronto estamos proclamando el evangelio y la gente nos presta
atención debemos estar contentos pero a la vez cuando nos presten
demasiada atención también debemos revisar si de veras estamos siendo
fieles al evangelio o no será que nos están prestando atención
porque hemos dejado un poco aguado el mensaje y lo hemos hecho inofensivo
no tenemos que tener el afán de ser ofensivos porque si pero
debemos ser fieles en predicarlo como Dios lo ha expuesto, un
evangelio que quita todo mérito al hombre, que no habla de ninguna
bondad en el hombre, que habla del hombre no como malo, sino
como depravado, con un hombre que constantemente todos los
designios de su corazón son solamente el mal, de un hombre que su mayor
problema está dentro en su corazón y que lo que él necesita solamente
Dios lo ha provisto en el Señor Jesucristo y que todo el mérito
en la salvación del pecador es de Dios. Y cuando seguimos pensando
en la cuestión del hablar, que es característico del creyente,
el hablar del creyente es edificante. Hermanos, nos reunimos para adorar
y cantamos, leemos, predicamos, todo eso es adoración por la
edificación mutua. Y la pregunta es, hermano, los
que son de Dios te quieren escuchar cuando hablas. Es agradable porque
dice el apóstol Pablo, sean vuestras palabras sazonadas con sal, dice,
a fin de dar gracia a los oyentes. Ninguna palabra corrompida salga
de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación,
a fin de dar gracia a los oyentes. Es entre el pueblo de Dios y
los que son de Dios nuestro hablar que es para edificación de los
creyentes. ¿En verdad los que son de Dios
quieren escuchar lo que nosotros tenemos que decir? o de pronto
quizá ya no es muy soportable lo que tenemos que decir, que
el Señor nos llame a examinar cómo es nuestro hablar, porque
de la abundancia del corazón habla la boca. De la abundancia
del corazón habla la boca. Lo que nosotros hablamos es un
reflejo de lo que gobierna nuestro corazón. Y la Escritura nos llama
a poder hablar conforme al Evangelio, que el Evangelio modela nuestra
vida. Si usted lee Efesios capítulo 4, nos da algunas pautas. Y note algo interesante que el
apóstol Pablo hace siempre. El apóstol Pablo siempre empieza
las cartas hablando primero acerca de lo que somos en Cristo y después
llamando a la manera de vivir por causa de quienes somos en
Cristo. Y dice, por ejemplo, Efesios capítulo 4, Versículo 15 dice, sino que siguiendo
la verdad en amor, crezcamos en todo en aquel que es la cabeza,
esto es Cristo. La importancia de hablar la verdad,
de hablar el Evangelio, de hablarlo con amor. Dice, de quien todo
el cuerpo bien concertado y unido entre sí, por todas las coyunturas
que se ayudan mutuamente, según la actividad propia de cada miembro,
recibe su crecimiento para ir edificándose, ¿en qué? En amor.
Después dice, esto pues digo y requiero en el Señor, que ya
no andéis como los otros gentiles que andan en la vanidad de su
mente, teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida
de Dios, por la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de
su corazón, los cuales después que perdieron toda sensibilidad,
se entregaron a la lascivia para cometer con avidez toda clase
de impurezas. Y dice después, mas vosotros no habéis aprendido
así a Cristo, si en verdad le habéis oído y habéis sido por
él enseñados, conforme a la verdad que está en Jesús, en cuanto
a la pasada manera de vivir, despojaos del viejo hombre que
está viciado conforme a los deseos engañosos, y renovaos en el espíritu
de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre creado según Dios
en la justicia y santidad de la verdad. Por lo cual, Y aquí
empieza a hablar de aquellos que son de Dios. Desechando la
mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo, porque somos
miembros los unos de los otros. Dice después, airaos, pero no
pequeis. No se ponga el sol sobre vuestro enojo, ni deis lugar
al diablo. El que hurtaba, no hurte más. Versículo 29. Ninguna
palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para
la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes.
hermanos, es necesario que si somos de Dios, estemos examinando. Es claro cuando dice Juan, el
que es de Dios nos oye. Está estoy siendo intencional
de hablar para edificar el cuerpo de Cristo. Producen mis hermanos
cuando abro mi boca un deseo que ellos me escuchen. Es algo
importante según la palabra de Dios que dice mucho acerca de
nuestro hablar y dice La otra cosa que nos enseña el
pasaje es, bueno, antes un versículo en el capítulo 5, versículo 1
al 4 de Efesios, dice, Sed pues imitadores de Dios como hijos
amados, y andad en amor como también Cristo nos amó, y se
entregó a sí mismos por nosotros. Ofrenda y sacrificio a Dios en
dolor fragante. pero fornicación y toda inmundicia
o avaricia, y tiene que ver con el hablar, ni aun se nombre entre
vosotros como conviene a santos, ni palabras deshonestas, ni necedades,
ni truanerías que no convienen, sino antes bien acciones de gracias. La tercera cosa que nos enseña
el pasaje es, los que somos de Dios, o los que son de Dios,
tienen un idioma común, y al oírlo, se detienen a escuchar. Nuestra traducción sesenta usa
solo la palabra oír. Algunas otras traducciones, hay
una que dice, hay una que dice, nosotros, dice, ellos son del
mundo, por eso hablan del mundo y el mundo los oye. Hay una traducción
que dice, ellos hablan del mundo y el mundo les hace caso. Dice,
a nosotros, los que son de Dios, nos hacen caso. Y hay una traducción
que usa la palabra escuchar. Y bueno, hago una distinción
porque oír es involuntario. Nadie de nosotros se deleita
de oír eso que está sonando ahí, pero lo oímos. O sea, no podemos
cerrar el oído y no oírlo. Nosotros de pronto estamos por
algún lugar y oímos y estamos oyendo. Pero de pronto, imagínese
usted en el extranjero. Imagínese en un país donde Casi
nadie habla español. Y de pronto, entre todo lo que
está oyendo, de pronto usted escucha español. seguramente
va a suceder algo en usted. Usted se va a detener y va a
dejar de oír y va a tratar de comenzar a escuchar. Y yo creo
que las hermanas también, si están de pronto y escuchan algo
en inglés, yo creo que nuestro idioma materno tiene algo especial
y dejamos de simplemente oír. Y algo interesante con los creyentes,
dicen los que somos de Dios, tenemos un idioma en común, al
oírlo nos quedamos a escuchar. para ser mutuamente edificados. Y hermanos, en verdad, el Evangelio
a los que son de Dios, no sólo lo oyen, lo escuchan. El que es de Dios se deleita
en el Evangelio. El que no es de Dios, a lo mejor
no le queda de otra que oír, porque a lo mejor si el que está
predicando está en el metro, pues hasta que llegues a tu estación
te bajas, pero oyes. Pero el creyente se deleita de
escuchar el Evangelio. Tenemos un idioma común. Y aún
los que son de Dios son... Hay momentos en que los que son
de Dios están aún perdidos. Pero de pronto, el Señor obra
en ellos. Porque es el tiempo de que vengan
a la salvación. Y de pronto, dentro de todos
los que rechazan, hay alguien que viene y oye. Porque empieza
huyendo y de pronto empieza a escuchar. Porque resulta que es una oveja
del buen pastor y le empieza a sonar a campanitas en su oído. Y hay un ejemplo de esto en la
Biblia, ahí dice en Hechos 16, 14, dice... Entonces una mujer llamada Lidia,
vendedora de púrpura de la ciudad de Teatira, que adoraba a Dios,
estaba oyendo, y el Señor abrió el corazón de ella para que estuviese
atenta. Estaba oyendo, y el Espíritu
obró, y ella empezó a escuchar. Dice para que estuviera atenta
a lo que Pablo decía. Y ya no es simplemente algo que
sucede, sino es algo en lo que hay intención. Y el Señor obró
en el corazón de esta mujer por el Espíritu Santo y hubo la intención
de escuchar. Ella era de Dios y de pronto
escuchó un idioma familiar, el Evangelio. Y entonces dejó de
simplemente oír y empezó a prestar atención. Estaba escuchando y
su corazón se estaba deleitando. Y hermanos, el Espíritu Santo
obra así en aquellos que son de Dios. Es lo que sucedió con
María. Seguramente Marta oía, pero María
dejó de simplemente oír y se sentó y estaba escuchando. Hermanos,
los que son de Dios, los que son de Dios tienen un idioma
común. Y es interesante que uno puede
irse a cualquier otro lugar del mundo y de pronto Dios pone en
tu corazón el deseo de adorar y encuentras a los hermanos,
y a pesar de que no los conoces, de pronto hay algo que entre
hermanos es distinto y pareciera a veces que los conocemos de
muchos años, y es el Evangelio. El idioma, el lenguaje común
de los creyentes es el Evangelio, es la voz del Buen Pastor. Hablamos
distinto a cómo habla el mundo. Ahora, la cuarta cosa es, los
que son de Dios pues justamente se distinguen por su hablar y
su escuchar. Su hablar y su escuchar. Hermanos,
dice, ellos son del mundo, por eso hablan del mundo y el mundo
los oye. Nosotros somos de Dios, el que conoce a Dios nos oye,
el que no es de Dios no nos oye. En esto conocemos el espíritu
de verdad y el espíritu de error. Hermanos, que Dios nos ayude
a que Podamos ser, dice la Biblia,
que en esto se reconoce, se distingue el espíritu de verdad y el espíritu
de error. Entre si uno habla y de pronto
hay alguien que viene y dice que él es profeta, o que es misionero,
que es pastor, o que es evangélico, o lo que quiera decir, pero si
de pronto no está contento con el mensaje que se está predicando
acerca de Cristo, con la verdad de Dios, de quién es el Señor
Jesucristo, De que Él es el eterno Verbo de Dios. De que Él es la
única propiciación por los pecados. De que Él es el camino, la verdad
y la vida. De que Él es la única manera en que un hombre puede
ser justificado cuando confía en su persona y en su obra en
la cruz. Esa persona, si no está muy feliz
de eso, es que pues sencillamente está indicando algo. Esa persona
está impulsada por el espíritu del error. No importa cuán respetable
sea la denominación de que viene. No importa si es histórica o
no es histórica, porque a veces la gente cree que por ser histórica
la denominación, entonces ya todo está bien. La verdad es
que Gente puede tener conceptos correctos y puede tener dogmas
correctos, pero el Evangelio, la verdad que Dios ha revelado,
si le molesta que el Evangelio verdadero quite mérito del hombre,
es espíritu de error. Si él cree que hay una participación
o una contribución del hombre en la salvación, ese es el espíritu
del error. pero el creyente se deleita habla
eso cuando escucha eso se deleita y eso identifica hermanos en
consideraciones prácticas también recordemos algunas cosas prácticas cuando escuchamos cómo es nuestra respuesta a lo
que escuchamos qué cosas Nos puede ocurrir que oímos, pero
¿qué cosas somos movidos a escuchar? Que Dios nos guarde de ser movidos
a escuchar cosas que no son edificantes. Puedes oír accidentalmente algo,
pero que Dios me guarde de prestar oídos a murmuración, a hablar
mal de otras personas. Hablar mal de otras personas
es la medida de cuan bueno yo me siento. Yo hablo siempre mal
de aquellos que yo me siento mejor. Y eso habla mal de mi
realidad con el Evangelio. Estoy perdiendo la ubicación
con el Evangelio porque yo no soy mejor que nadie. Es la gracia
de Dios y es su misericordia en mí. clamar al Señor que si
somos de Cristo, realmente podamos vivir por el Espíritu y negarnos
a escuchar lo que no tenemos que escuchar. Y cuando escuchamos
cosas como, por ejemplo, personas que se desvían de la
verdad, no debe producir alegría en nuestro corazón, debe producir
dolor en nuestro corazón. El pensar, y algo es cierto,
hermano, El que aparentemente se desvía de la verdad, no se
ha desviado de la verdad. Sencillamente nunca estuvo en
la verdad. Pero debe doler en nuestro corazón
el pensar que alguien que estuvo se ha descarriado o ha manifestado
lo descarriado que siempre estuvo. Debe causar tristeza más que
alguna satisfacción. ¿Por qué? Yo entiendo por qué. Por la gracia de Dios. Yo he
sido encarrilado, he sido humillado por la gracia de Dios. No hay
mérito en mí. Hermanos, el Espíritu va obrando
y el Evangelio va moldeando nuestras vidas. Pensar que hay mérito
en nosotros, menospreciar a otros, es un mal entendimiento del Evangelio. El entender el Evangelio quita
todo mérito en mí. Y siempre va a haber compasión
hacia otras personas que quizá 30, 40 años estuvieron descarriadas. ¡Qué triste! Yo podría haber
sido Él. Pero Dios ha sido bueno. Yo estuve
en iglesias por muchos años, y rechazaba el Evangelio verdadero. Y ahora que lo creo, Dios me
ha hecho entender que no es por mí. Si Dios me hubiera dejado,
seguiría igual de soberbio que en ese tiempo, e igual de descarriado. Y que eso nos lleve a clamar
por la Iglesia de Dios. Que Dios salve a aquellos que
trae. y que Dios guarde y va a guardar,
pero es nuestro deber orar los unos por los otros y ser compasivos
por aquellos que en un momento dado evidencian lo que ya traían. Hermanos, el Evangelio, el Evangelio
es central. Es por el Evangelio que somos
de Dios. Y si somos de Dios, La Biblia habla y nos va mostrando
cómo es en una manera práctica la afectación del Evangelio a
nuestras vidas. Y que Dios nos haga ser intencionales.
Si oyes el Evangelio, detente y escúchalo. Si oyes por ahí
a alguien apropiado, huyamos, no nos quedemos. que Dios nos
ayude de vez en cuando nos puede salir decir algo que no debemos
decir porque el que dice que no tiene pecado hace Dios mentiroso
pero estar todo el tiempo diciendo la misma cosa la misma necedad
vez tras vez y cada plática la misma cosa desencaminada no apropiada
para el pueblo de Dios hermanos vengamos en arrepentimiento y
fe si estamos en Cristo debemos estar creciendo en la gracia
y no quiere decir que no hay pecado pero no es posible decir
que estamos en la gracia y es una vez y otra vez y el hablar
no parece el hablar del creyente sino parece el hablar del mundo
y no es para edificación Clamemos al Señor. Clamemos al Señor que
obre en nosotros, que nos dé arrepentimiento y fe y, sobre
todo, que si estamos y somos de Él, hemos vencido. Porque
mayor es el que está en nosotros que el que está en el mundo.
Vamos a orar.

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Joshua

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