La Biblia enseña que la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, enseñándonos a renunciar a la impiedad y vivir piadosamente.
La gracia de Dios es un tema central en la Escritura, especialmente en el Nuevo Testamento. En Tito 2:11-12, Pablo afirma que 'la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres', lo que implica que esta gracia no es solo un favor inmerecido, sino un poder transformador que nos enseña a renunciar a la impiedad y a vivir de manera sobria, justa y piadosa. La manifestación de esta gracia se personifica en Jesucristo, quien es la máxima expresión de la gracia del Padre, llenando a su pueblo con una vida nueva y esperanzadora en Él. Así, la gracia no solo salva, sino que instruye y disciplina a los creyentes en su caminar diario.
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