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Cuando Alguno Falta al Culto

John 20:24-25
Joel Coyoc June, 27 2021 Video & Audio
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JC
Joel Coyoc June, 27 2021
Estudio del Evangelio de Juan

El sermón titulado "Cuando Alguno Falta al Culto", predicado por Joel Coyoc, aborda el importante tema de la necesidad de la congregación y la adoración cristiana, centrado en la experiencia de Tomás tras la resurrección de Jesús, según Juan 20:24-25. Coyoc argumenta que la falta de Tomás en el culto resucitado de Jesús simboliza las tentaciones y luchas de los creyentes modernos que pueden ausentarse de la comunión con la iglesia. Él fundamenta su exposición en el relato de la resurrección, destacando cómo los discípulos que se reunieron experimentaron la paz de Cristo y su gloria, a diferencia de Tomás, quien se perdió esta bendición. Este pasaje se utiliza para enfatizar la importancia de la comunidad en la fe y la necedad de juzgar a los ausentes, recordando que todos enfrentamos duda e incredulidad y que es fundamental buscar el consuelo en Cristo y compartirlo con aquellos que han faltado. La práctica de testificar sobre la experiencia del culto se presenta como un método para traer a otros a la fe viva en Cristo resucitado.

Key Quotes

“Los discípulos se regocijaron. Dice la Biblia, se regocijaron.”

“Es mejor venir y decir, Señor, estoy de esta manera, Señor, soy un miserable.”

“Hermano, clamemos al Señor que estando aquí nos regocijemos en el Señor.”

“El clamor de nuestro corazón que sea experimentar la vida de Cristo, porque Cristo vive.”

Sermon Transcript

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Vamos a abrir nuestras Biblias
en el Evangelio de San Juan. Es un capítulo veinte. San Juan, capítulo veinte. Dice la escritura así. El primer
día de la semana, María Magdalena fue de mañana, siendo aún oscuro
al sepulcro, y vio quitada la piedra del sepulcro. Entonces
corrió y fue a Simón Pedro y al otro discípulo, aquel al que
amaba Jesús. Y les dijo, se han llevado del
sepulcro al Señor y no sabemos dónde le han puesto. Y salieron
Pedro y el otro discípulo y fueron al sepulcro. Corrían los dos
juntos, pero el otro discípulo corrió más a prisa que Pedro
y llegó primero al sepulcro. y bajándose a mirar, vio los
lienzos puestos allí, pero no entró. Luego llegó Simón Pedro
tras él, y entró en el sepulcro, y vio los lienzos puestos allí,
y el sudario que había estado sobre la cabeza de Jesús, no
puesto con los lienzos, sino enrollado en un lugar aparte.
Entonces entró también el otro discípulo, que había venido primero
al sepulcro, y vio y creyó. porque aún no habían entendido
la escritura, que era necesario que él resucitase de los muertos.
Y volvieron los discípulos a los suyos. Pero María estaba afuera
llorando, junto al sepulcro, y mientras lloraba se inclinó
para mirar dentro del sepulcro. Vio a dos ángeles con vestiduras
blancas que estaban sentados, el uno a la cabecera y el otro
a los pies, donde el cuerpo de Jesús había sido puesto. Y le
dijeron, Mujer, ¿por qué lloras? Les dijo, Porque se han llevado
a mi Señor, y no sé dónde le han puesto. Cuando había dicho
esto, se volvió y vio a Jesús que estaba allí, mas no sabía
que era Jesús. Jesús le dijo, Mujer, ¿por qué
lloras? ¿A quién buscas? Ella, pensando
que era el hortelano, le dijo, Señor, si tú lo has llevado,
dime dónde lo has puesto y yo lo llevaré. Jesús le dijo, María. Volviéndose, ella le dijo, Rabón,
¿y qué quiere decir maestro? Jesús le dijo, no me toques,
porque aún no he subido a mi padre, mas ve a mis hermanos
y diles, subo a mi padre y a vuestro padre, a mi Dios y a vuestro
Dios. fue entonces María Magdalena
para dar a los discípulos las nuevas de que había visto al
Señor y que él le había dicho estas cosas. Cuando llegó la
noche de aquel mismo día, el primero de la semana, estando
las puertas cerradas en el lugar donde los discípulos estaban
reunidos por miedo de los judíos, vino Jesús y puesto en medio
les dijo, paz a vosotros. y cuando les hubo dicho esto,
les mostró las manos y el costado, y los discípulos se regocijaron
viendo al Señor. Entonces Jesús les dijo otra
vez, paz a vosotros. Como me envió el Padre, así también
yo os envío. Y habiendo dicho esto, sopló
y les dijo, recibid el Espíritu Santo. A quienes remitierais
los pecados, les son remitidos, y a quienes los retuvierais,
les son retenidos. Pero Tomás, uno de los doce,
llamado Didimo, no estaba con ellos cuando Jesús vino. Le dijeron,
pues, los otros discípulos, al Señor hemos visto. Él les dijo,
si no viera en sus manos la señal de los clavos, y metiera mi dedo
en el lugar de los clavos, y metiera mi mano en su costado, no creeré. Ocho días después, estaban otra
vez sus discípulos dentro y con ellos Tomás. Llegó Jesús estando
las puertas cerradas, y se puso en medio y les dijo, paz a vosotros. Luego dijo a Tomás, pon aquí
tu dedo, y mira mis manos, y acerca tu mano y métela en mi costado,
y no seas incrédulo, sino creyente. Entonces Tomás respondió y le
dijo, Señor mío y Dios mío. Jesús le dijo, ¿Por qué me has
visto Tomás creíste? Bienaventurados los que no vieron
y creyeron. hizo además Jesús muchas otras
señales en presencia de sus discípulos, las cuales no están escritas
en este libro, pero éstas se han escrito para que creáis que
Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis
vida en su nombre. Vamos a meditar los versículos
del 24 al 25. pero Tomás uno de los doce llamado
Didimo no estaba con ellos cuando Jesús vino. Le dijeron pues los
otros discípulos, al Señor hemos visto. Él les dijo, si no viera
en sus manos la señal de los clavos, y metiera mi dedo en
el lugar de los clavos, y metiera mi mano en su costado, no creeré. Nuestro tema esta noche es, ¿Cuándo
alguno falta al culto? El miércoles estuvimos estudiando
el domingo por la noche y este es el contexto en que se establece
el hecho de que la iglesia adora el primer día de la semana. Ellos
estaban, como estudiamos el miércoles, reunidos con miedo y habían puesto
cerrojos, tuvieron su culto a puertas cerradas, no por causa del aire
acondicionado, sino porque tenían miedo. El Salmo 133 dice que mirad cuán
bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía.
Dice porque es allí donde envía Jehová bendición y vida eterna. Y ahí estaban ellos juntos. Y era bueno que estuvieran juntos
aunque encerrados y con las puertas cerradas por miedo. Y ahí damos
gracias a Dios porque ni uno de los cerrojos que podemos poner
pueden impedir que el Señor venga. y el Señor viene y se pone en
medio de ellos y la predicación fue del príncipe de los pastores
y fue paz a vosotros. Después él les mostró su gloria
y es lo que tiene que ocurrir cada vez que la iglesia se reúne
para celebrar la resurrección gloriosa del Señor Jesucristo,
el poder escuchar la proclamación del Evangelio, el que es nuestra
paz, el que de ambos pueblos hizo uno y derribó la pared intermedia
de separación, aquel por el cual podemos ser justificados para
con Dios por medio de la fe y tener paz para con Dios por medio de
nuestro Señor Jesucristo, estaba ahí en medio de ellos. Cuando
Él les mostró su gloria, se mostró como el glorioso Hijo de Dios
resucitado, que había satisfecho la justicia del Padre. Los discípulos
se regocijaron. Dice la Biblia, se regocijaron.
Pero ocurrió algo, y es que hubo alguien que faltó a ese culto.
Y es lo que vamos a meditar en estos versículos. Y suele ser
que de pronto alguien falta al culto. Y en este último año,
pues de pronto muchos faltan al culto. Y es importante el
poder recordar algunas cosas. Hermanos, nosotros no actuamos
ante los hechos, somos intérpretes y siempre actuamos ante la interpretación
que damos a los hechos. Es la razón por la que Santiago
dice que no juzguemos unos a otros, porque uno es el juez. Ese que
es el juez es Dios porque él tiene siempre todos los elementos.
Nosotros no siempre tenemos todos los elementos. Históricamente
somos dados a juzgar, por eso Santiago dice, no juzguéis, no
tengamos, seamos jueces con malos pensamientos. Y sin embargo,
es típico en la tradición cristiana que se suele hablar demasiado
de la incredulidad de Tomás. Pero vamos a mirar un poco de
esta persona que faltó a ese culto, a esa reunión de los discípulos. Y si miramos qué es lo que el Espíritu Santo guía al apóstol
Juan a escribir acerca de Tomás, es el que más escribe acerca
de Tomás. Y la primera vez que se menciona a Tomás es en el capítulo once. Recordan un poco qué fue lo que
ocurrió en el capítulo once. El capítulo once habla de que
Jesús estaba por la región de Galilea y se había ido ahí porque
había habido intentos de que lo mataran los líderes judíos. Habían querido apedrearlo. Y
él estuvo allí en esa región y fue una de las etapas más prósperas
del ministerio, donde la gente estaba creyendo, y lejos del
peligro de los líderes judíos. De pronto, Lázaro, aquel a quien
Jesús amaba, enferma, y le llega el aviso al Señor de que estaba
enfermo. Y el Señor dice, bueno, esta enfermedad no es para muerte,
sino para la gloria de Dios. Y deliberadamente el Señor tarda
tiempo suficiente para que Lázaro muera. Después Él dice a sus
discípulos, a nuestro amigo Lázaro, duerme, mas voy para despertarle.
Y ellos, dice la Biblia, que pensaron que dormía pues del
sueño de reposar. Y pues ellos le preguntaron,
si duerme, ¿sanará? Y Jesús les dijo, bueno, en realidad
Lázaro ha muerto. y voy para resucitarle. Y los
discípulos evidentemente entraron en preocupación porque decían,
señor otra vez vas a regresar allí, te querían apedrear y ahora
vas a ir otra vez allí. Y estaba la preocupación y la
tensión en los discípulos. Y hay algo que era una debilidad
en el carácter de Tomás y es que Tomás era muy pesimista. Él siempre veía el peor lado
de las cosas. Él solía ver siempre aquello
que era, pues, el peor final. Sin embargo, había un amor para
el Señor Jesucristo en el corazón de Tomás. Se hace evidente en
la vida de Tomás que aquel que comenzó la buena obra la iba
a perfeccionar hasta el día de Jesucristo. Y Tomás dice ahí
en el versículo 14 y 16 del capítulo 11, entonces Jesús les dijo claramente,
Lázaro ha muerto, y me alegro por vosotros de no haber estado
allí para que creáis, mas vamos a él. Dijo entonces Tomás, llamado
Didimo, a sus condisciplos, vamos también nosotros para que muramos
con él. Lo que él veía era una tragedia.
Pero hay una obra de Dios, porque a pesar de su pesimismo, él estaba
dispuesto y él estaba como diciendo a los demás discípulos, bueno,
despavílense y vámonos, pero vamos con Cristo, no importa
que muramos con Cristo, es mejor estar con Cristo que quedarnos
aquí. Y para él, a pesar de... la obra de Dios le hacía vencer
su pesimismo. Y en verdad que es difícil ser
pesimista. El que es optimista pues piensa,
bueno, estamos con el Señor, nada nos va a pasar, y vámonos.
Pero había un amor y él prefería estar con el Señor. No importa
si eso significaba morir, era mejor estar con el Señor y morir
con el Señor. Y él, pues, anima a los demás
y él era leal al Señor, que él va, no importa si hay que morir
con el Señor. A propósito, un poco en cuestión
de su nombre. Su nombre, ahí Juan dice que es Tomás y es llamado
el Didimo. Y en realidad es la forma hebrea
y la forma griega de lo mismo que es el gemelo o el mellizo. Algunos piensan que tenía algún
hermano, que la Biblia no dice quién era, que era su gemelo.
Algunos otros creen que se le decía el gemelo porque tenía
mucho parecido físico al Señor Jesucristo. Y si él se parecía
mucho a Cristo y los líderes judíos estaban buscando a Cristo
para pedrearlo, pues era uno de los que corría más peligro
porque lo podían confundir con el Señor Jesucristo. Pero a pesar
de fuera lo que fuera, si es que se parecía físicamente a
Jesús, pues él era leal y él quería estar con el Señor Jesucristo. Después podemos ver otra vez
a Tomás cuando el Señor Jesús empieza a hablar en capítulo
catorce y empieza a hablar de que él se va a ir y está hablando
de su muerte. Y el Señor empieza diciendo, no
se tuve vuestro corazón, creéis en Dios, creed también en mí.
En la casa de mi padre muchas moradas hay. Si así no fuera,
yo os lo hubiera dicho, voy pues a preparar lugar para vosotros,
para que donde yo estoy vosotros también estéis. Y el amor que
él sentía por el Señor Jesucristo, el deseo de estar con el Señor
Jesucristo se hace evidente. Para ellos no era totalmente
aún claro el Evangelio. Había cierta claridad y él entra
otra vez en un momento de pánico y sus temores pesimistas se hacen
presentes y él dice, Señor, no sabemos a dónde vas. ¿Cómo vamos
a saber el camino? Señor, lo peor que me puede pasar
es que tú te vayas y que yo no sepa cómo volver a encontrarte.
Era la preocupación de Tomás y el Señor le dice, yo soy el
camino, yo soy la verdad, yo soy la vida. Sin embargo, todas
esas cosas no eran realmente todavía claras para Tomás, pero
él tenía amor por el Señor Jesucristo y de pronto todos sus temores
se hacen realidad. De pronto aquel a quien él amaba
tan intensamente como le amaban los otros discípulos, muere. Y es probable que la muerte del
Señor Jesucristo lo haya hecho aislarse. Es probable que esa
sea la razón por la cual él no estaba con los otros discípulos,
él no estaba de humor para estar con alguien más. Él estaba luchando
en su corazón, en su corazón pesimista, pensando que él nunca
más volvería a ver al Señor Jesucristo. Pensando que aquello que él pensó,
pues vamos ahí, a Betania, tan cerca de los líderes judíos.
Y si morimos con Cristo, pues es mejor morir con Cristo. Pero
ahora Cristo murió y yo estoy vivo. Y era una agonía, una tristeza
tremenda para él. Y no era simplemente que era
un incrédulo, como se suele pensar de él, y hacer énfasis solamente
en su incredulidad. Y cuando pensamos en esto, tenemos
que pensar ¿Qué es lo que ocurrió en el culto con aquellos que
estuvieron en el culto? Aquellos que estuvieron en ese
culto vieron al Cristo resucitado. Se regocijaron en el Señor Jesucristo. Y es Tomás el que no asistió
a ese culto y se perdió de esa gran bendición. Él estaba en
su dolor por causa de aquel a quien él amaba, no estaba, y él no
tenía claro, a pesar de que Jesús ya le había dicho que él era
el camino, que él era la verdad y él era la vida, y era una angustia
en su corazón. Hermanos, una de las cosas bien
importantes es clamemos al Señor para que ocurra lo que ocurrió
ese día. La Biblia dice que llegó Jesús
y se puso en medio de ellos. Y yo explicaba el miércoles se
puso en medio de ellos físicamente. Pero después sabemos que el Señor
se puso en medio de ellos, no sólo físicamente. Hoy el Señor
está aquí en medio porque Él ha dicho, donde están dos o tres
congregados en mi nombre, ahí estoy yo en medio de ellos. Pero
que el clamor de nuestro corazón sea que Cristo no sólo sea real
porque Él lo ha prometido que está aquí, sino que Él pueda
hacer una experiencia en medio de mí espiritualmente. Y que
pueda verse porque me regocijo como ellos se regocijaron. Pablo
dice a los hermanos de Filipos, regocijados en el Señor. Otra
vez les digo regocijados. Y en medio de su tristeza, de
su miedo y de su dolor, vieron al Cristo resucitado. Vieron
las marcas, el Señor les mostró las marcas en sus manos y en
su costado, y se regocijaron. Y habiéndose regocijado, hay
algo que ocurrió y que es necesario que ocurra. Dice, ellos se regocijaron. María, cuando comprendió que
Cristo estaba resucitado, se regocijó y regresó corriendo
para decirle a los otros lo que Jesús le había dicho. Aquellos
que estaban yendo a Emaús, cuando vieron al Señor, se regocijaron
y regresaron a esa reunión donde Cristo después se les presenta.
Pero no hagamos sobre énfasis en la incredulidad de Tomás,
porque en verdad todos compartieron incredulidad. Jesús les dijo,
tardos de corazón para creer. Todos ellos batallaron con la
incredulidad en su corazón. Y hermanos, algo maravilloso
que ocurre y es que Si Cristo está en medio de nosotros y la
oración de nuestro corazón es que Cristo obre en medio de nosotros
de una manera espiritual, ser llenos por la verdad del Evangelio,
tener una fresca visión de quién es el Señor Jesucristo, poder
comprender en las marcas de los clavos y su costado traspasado
quién es Cristo y qué es lo que ha hecho por mí. y que eso sea
un motivo de gozo y saber que Cristo resucitado es la prueba
de que la justicia divina que debería caer sobre mí ha sido
satisfecha y he sido librado de la ira venidera y entonces
poder experimentar tal regocijo que cuando yo salga del culto
lo que yo haga no es pensar a esos hermanos no vienen al culto porque
porque tienen miedo pueden tener muchas cosas los hermanos Pero
hay algo que hicieron los hermanos que sí estuvieron en el culto.
¿Y qué es lo que ellos hicieron? Dice la Biblia, después de decir,
pero Tomás, uno de los doce, llamado Didimo, no estaba con
ellos cuando Jesús vino. ¿Y qué es lo que hicieron los
hermanos que sí estuvieron? Yo creo que con mucha emoción
le dijeron, al Señor hemos visto. Hermano, ¿cuál es nuestra actitud
después de ver los que no están en el culto? Si yo he visto a
Cristo en el culto y me he regocijado en Cristo, el motivo primero
es ir y orar por mis hermanos que no han estado en el culto.
El siguiente es, dice Juan, en primera de Juan, lo que hemos
visto y oído. Eso os anunciamos para que también
vosotros tengáis comunión con nosotros y nuestra comunión verdaderamente
es con el Padre y con su Hijo Jesucristo. Y ellos vieron a
Cristo, se regocijaron, y ellos hicieron evangelismo con Tomás.
Alguien dijo que evangelismo, basado en lo que dice Juan, allá
en primera de Juan capítulo uno, es entrar y ver a Cristo, y después
salir y decirle a otros lo que has visto. Y salir y decir a
nuestros hermanos que no están, al Señor hemos visto. Hemos visto
al Señor y nos regocijamos de su presencia. Estamos gozosos
de que Cristo ha resucitado de los muertos y que a pesar de
que soy un miserable, que estoy lejos de la medida, estoy gozoso
en Cristo porque toda mi confianza está en lo que Él ha hecho, porque
Él me ha vestido de su justicia, porque Él es mi paz, porque estoy
en paz con Dios, porque he creído en el Señor Jesucristo. Evangelismo
no es ir y salir y tratar de discutir con la gente las doctrinas
de la gracia y tratar de convencerlos teológicamente y muchas veces
lo único que logramos es hacer enemigos. es ver a Cristo, que Cristo obre
en medio de nuestro corazón, oír que Él es nuestra paz, confiar
plenamente en el Señor Jesucristo, regocijarme en Cristo, y después
salir y decir a otros lo que hemos visto. Esa fue la actitud
de aquellos que sí estuvieron en el culto, salieron a contarle,
salieron con regocijo a contar lo que ellos habían visto. Y
por supuesto que es correcto que tengamos definiciones correctas
y ser ortodoxos en la teología. Claro que es correcto, pero el
evangelio en sí no es simplemente la ortodoxia en la teología.
Es la experiencia de haber estado con Jesús. Es la experiencia
de ver al Cristo resucitado. Es la experiencia de que Cristo
infunda vida. Dice, les volvió a decir, paz
a vosotros, y sopló. Y esa es una figura de cuando
Dios creó al hombre y sopló aliento de vida. Les dijo, recibid el
espíritu, la obra de Cristo en nuestros corazones. Hermanos,
clamar al Señor, que estemos en el culto y no estemos contentos
con nada más que con ver al Señor Jesucristo, que con regocijarnos
en el Señor Jesucristo, que nada más nos distraiga, que Podamos
escuchar y el clamor de nuestro corazón sea que podamos vivir
la exhortación bíblica, puesto los ojos en Jesús, el autor y
consumador de la fe. Que cuando vengamos al culto
y en cualquier lugar donde estemos, tengamos los ojos puestos en
el Señor Jesucristo. Muchas veces somos distraídos
por nuestro corazón engañoso y perverso y tendemos a fijarnos
en otras cosas. Si queremos ver pecados en nuestros
hermanos, seguro que los hay. Pongamos los ojos en Cristo y
experimentemos regocijo. Si buscamos pecado en nuestros
hijos, seguro que hay pecado en nuestros hijos. Si buscamos
pecado en nuestras esposas, seguro que hay. Si buscamos pecado en
los esposos, seguro que hay pecado. Por supuesto que hay pecado.
pongamos los ojos en el Señor Jesucristo, de tal forma que
podemos mirar nuestra necesidad de Él, de tal forma que al mirar
cómo Él provee nuestra necesidad, podamos regocijarnos de su obra
completa, de su triunfo sobre el pecado, de su triunfo sobre
la muerte. Cristo ha resucitado y que se
puede hacer el gozo y la expectativa nuestra al venir al culto. La
otra cosa que nos enseña este pasaje es en cuanto a Tomás.
Tomás estaba en verdad herido en su corazón. Pero hay algo
que es precioso aquí de Tomás. No tenía toda la claridad. Estaba
batallando en su corazón. En verdad había incredulidad. Sin embargo, hay algo grandioso. Tomás no intentó mostrarse mejor
de lo que realmente era. Tomás no intentó ponerse hojas
de higuera. Él no intentó aparentar que creía.
aunque no creía. Él habló claramente, y esto es
por causa de que Dios había empezado una obra en él. Y él dice con
toda claridad, dice, después de que ellos le dijeron, al Señor
hemos visto, él les dijo, si no viene en sus manos la señal
de los clavos, y metiera mi dedo en el lugar de los clavos, y
metiera mi mano en su costado, no creeré. Y es mejor decir, él dijo, no creeré, Hubo otro
que el Señor le dijo, ¿Crees? Y él no se apuró a decir, Señor,
claro que creo. Se dijo, Señor, creo. Ayuda mi
incredulidad. Y qué mejor que venir a Cristo
y poder decir, Señor, no creo. O, Señor, estoy lidiando duramente
por creer. Ayuda mi incredulidad. No hay
otra cosa que decir que lo que en verdad está ocurriendo, porque
todas las cosas están desnudas ante los ojos de aquel a quien
tenemos que dar cuenta. Podemos engañar a las personas,
pero el Señor ve todas las cosas. El hombre mira lo que está delante
de sus ojos, pero Dios mira el corazón. Engañoso y perverso
es el corazón del hombre más que todas las cosas, pero el
Señor lo conoce. No está la palabra en mi boca
y tú la sabes toda. detrás y delante me rodeas en
tal conocimiento es demasiado maravilloso para mí, alto es,
no lo puedo comprender. Es mejor venir y decir, Señor,
estoy de esta manera, Señor, soy un miserable. Es mejor venir
y decir, examíname, oh Dios, y conoce mi corazón, no me conozco. Prueba y conoce mis pensamientos
y ve si hay en mí camino de perversidad y guíame en el camino eterno. Y la obra del Señor se estaba
realizando en él. Y él dijo, si no veo, si no toco,
no voy a creer. Y qué maravilloso es mirar cómo
el Señor utilizó el testimonio de los otros discípulos para
atraerlo hacia sí mismo con lazos de amor. Batallando en su incredulidad,
en su dolor, en su pesimismo, pensando que la peor tragedia
había pasado y que él no sabía bien el camino. y que pensaba
que aquel a quien amaba jamás iba a volver a ver, sin embargo
ver el gozo. Los discípulos no intentaron
hacer un libro de evidencias que exija un veredicto, no intentaron
razonar con él, simple y sencillamente le contaron lo que habían visto
y oído. y el Evangelio, hermanos, que
Dios nos haga experimentar la realidad del Evangelio. A no
contentarnos con simplemente tener conceptos correctos en
nuestra cabeza, sino el obrar del Espíritu Santo en nuestro
corazón. El poder escuchar la voz del
Señor que está diciendo, yo soy tu paz. Y podamos ser instrumentos de
redención. El Señor había comenzado una
obra y Él atrae a aquellos que Él ha elegido, los atrae así
con lazos de amor. Y ese testimonio maravilloso
al Señor hemos visto hizo que en el siguiente culto Tomás estuviera
ahí. Hermano, clamemos al Señor que
estando aquí nos regocijemos en el Señor. Clamemos al Señor
que nos enseñe cómo ser de bendición a aquellos que no han podido
estar. Que Dios nos guarde de emitir juicios, porque nosotros
no tenemos todos los elementos para decir, el hermano que no
está aquí está mal. No lo sabemos. Hay hermanos que
tienen condiciones que los hacen vulnerables. Hay hermanos que
puede ser que no sean vulnerables, hay hermanos que experimentan
temor y no es nuestro papel a sentirnos más que aquellos que tienen temor,
es nuestro papel clamar a Dios que fortalezca su fe, es nuestro
papel regocijarnos en el Señor y salir y contarles al Señor
hemos visto. El Señor es nuestra paz, Él es
nuestra seguridad, Él es nuestra confianza. clamar al Señor y
el Señor hará su obra, a su manera y en su tiempo. Y qué bendición
que el Señor pueda usarnos como usó a los otros discípulos, porque
en el siguiente culto Tomás estuvo presente. Es nuestra esperanza
Cristo resucitado. Hermanos, Cristo vive. Y el clamor
de nuestro corazón que sea experimentar la vida de Cristo, porque Cristo
vive. Tenemos un Salvador victorioso,
exitoso, uno que completó nuestra obra de salvación, uno que se
levantó al tercer día. Tenemos la esperanza de que Él
viene pronto, porque Él se levantó de entre los muertos. Él es el
cumplimiento de las profecías del Antiguo Testamento. Él es
nuestra Pascua. Él es el Cordero de Dios que
quita el pecado del mundo. No hay ninguna esperanza de quitar
nuestros pecados, sino solamente Cristo. No hay ninguna esperanza
de quitar nuestra incredulidad, sino solamente Cristo. que Dios nos haga tales como
aquellos que vieron al Señor Jesucristo nunca intentaron mostrarse
mejor de lo que realmente eran. Juan, Pedro, Pablo, cada uno de ellos
hablaron acerca de lo que en realidad eran a parte de Cristo. Pablo dice, miserable de mí.
Pablo dice, soy el primer pecador. Y no hay necesidad de intentar
taparnos. Tomás dice, si no veo y no toco,
no creeré. Y es mejor declarar, porque al
final Dios sabe verdaderamente nuestra condición. Y si en verdad
estamos entendiendo quién es el Señor Jesucristo, Él ha provisto
justicia. Lo que nos hace aceptos delante
de Él no es lo que nosotros somos en nosotros mismos. En nosotros
mismos, por muy bien que podamos parecer delante de los demás,
en nosotros mismos somos trapos de inmundicia. Pero lo hermoso,
lo bello que debe regocijar nuestro corazón es que Cristo ganó justicia
para su pueblo. y nos viste con su justicia.
Que nuestros pecados han sido castigados en su cuerpo sobre
el madero y su justicia nos ha sido dada. Él nos ha vestido
de su justicia. Dice el himno, maravilloso es
el gran amor que Cristo demostró en mí. Dice, no temo nunca la
condenación. voy vestido en su justicia y
ese es el gozo de nuestro corazón saber que hay una justicia que
satisface a la justicia divina y es la justicia del Señor Jesucristo.

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Joshua

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