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Caracter de un Pastor/ Nobleza en Actitud y Conducta/ No Pendenciero

Titus 1:7
Joel Coyoc June, 27 2021 Video & Audio
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JC
Joel Coyoc June, 27 2021
Proposito de la Iglesia

El sermon del predicador Joel Coyoc se centra en el carácter del pastor, enfatizando la importancia de ser "no pendenciero," un rasgo descrito en Tito 1:7. Coyoc expone que esta palabra no solo implica evitar la violencia física, sino también la violencia verbal, conectando este concepto con las enseñanzas de Jesucristo sobre la ira y la reconciliación. A través de conexiones con Proverbios y Santiago, argumenta que la causa raíz de los conflictos es la soberbia y la idolatría del corazón, que se manifiestan en deseos desordenados. La relevancia práctica de su enseñanza resalta que el cambio de conducta no es suficiente; se necesita un profundo arrepentimiento y una transformación que solo puede provenir del evangelio de Jesucristo.

Key Quotes

“No hay manera de crecer a la imagen del Señor Jesucristo si no es por el Evangelio.”

“El problema está en el corazón. Y básicamente el problema es en la soberbia.”

“El que se gloria, se debe gloriar en conocer y en entender quién es ese Dios que se nos ha revelado.”

“No hay posibilidad de dejar de ser pendenciero si la soberbia sigue llenando mi corazón.”

Sermon Transcript

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Vamos a abrir nuestras biblias en la carta del apóstol Pablo
a Tito en su capítulo uno. Tito, capítulo uno. Vamos a leer los versículos del
5 hasta el 16. Por esta causa te dejé en Creta, para que corrigieses lo deficiente
y establecieses ancianos en cada ciudad, así como yo te mandé. El que fuera irreprensible, marido
de una sola mujer, y tenga hijos creyentes que no estén acusados
de disolución ni de rebeldía. Porque es necesario que el obispo
sea irreprensible como administrador de Dios, no soberbio, no iracundo,
no dado al vino, no pendenciero, no codicioso de ganancias deshonestas,
sino hospedador, amante de lo bueno, sobrio, justo, santo,
dueño de sí mismo, retenedor de la palabra fiel, tal como
ha sido enseñada, para que también pueda exhortar con sana enseñanza
y convencer a los que contradicen. Porque hay aún muchos contumaces,
habladores de vanidades y engañadores, mayormente los de la circuncisión,
a los cuales es preciso tapar la boca, que trastornan casas
enteras enseñando por ganancia deshonesta lo que no conviene,
Uno de ellos, su propio profeta, dijo, los cretenses siempre mentirosos,
malas bestias, glotones, ociosos. Este testimonio es verdadero.
Por tanto, repréndelos duramente para que sean sanos en la fe,
no atendiendo a fábulas judaicas ni a mandamientos de hombres
que se apartan de la verdad. Todas las cosas son puros, puras
para los puros, mas para los corrompidos e incrédulos nada
les es puro, pues hasta su mente y su conciencia están corrompidas. Profesan conocer a Dios, pero
con los hechos lo niegan, siendo abominables y rebeldes, reprobados
en cuanto a toda buena obra. Estamos estudiando desde hace
algunas semanas este pasaje y estamos estudiando el carácter del pastor.
En la lectura que se hizo en QAM habla del pastor, del príncipe
de los pastores, del buen pastor. Y alguna de las cosas que hemos
estado estudiando es Lo que el apóstol Pablo, guiado
por el Espíritu Santo, presenta como el carácter del pastor es
una sola palabra y es irreprensible. Y después está dividido en la
moralidad sexual, una correcta y sana moralidad sexual. Está
también en un liderazgo familiar probado. Y la semana pasada estuvimos
estudiando y empezamos la última parte que está dividida en lo
que es nobleza en actitud y conducta.
Estuvimos viendo no soberbio, no iracundo, no dado al vino. Y algo que he procurado hacer
énfasis porque no hay otra manera es, hermanos, todo eso es solamente
por el Evangelio, no es para que no seas iracundo, cuenta
del uno al diez. Puedes contar hasta el mil y eso no va a arreglar
las cosas. Nuestra esperanza es el evangelio.
Nuestro problema es el corazón. Nuestro problema es la idolatría
del corazón. Un corazón engañoso y perverso. Nuestra necesidad es conocer
a Dios en la faz del Señor Jesucristo. Nuestra necesidad es el evangelio. Y hoy vamos a estudiar un aspecto
que es solo uno, que es no pendenciero, no pendenciero. Y podemos considerar
esta única palabra que se usa en el Nuevo Testamento exclusivamente
en Tito capítulo uno, en su versículo siete, y se utiliza en Primera
de Timoteo, capítulo tres. Versículo tres, donde dice, no
dado el vino, no pendenciero. No pendenciero. Lo que significa esta palabra
es básicamente alguien que tiende a pelear, a pelear con las manos,
o puede ser con piedras, o con palo, o con lo que tenga a la
mano. No obstante, también el sentido de la palabra está ampliado
al hecho de pelear no solamente físicamente. Los griegos ampliaron
el significado de esta palabra para incluir no solo la violencia
en acción, sino también la violencia en el habla. La palabra vino
a significar uno que atemoriza a sus compañeros y podría muy
bien significar aquí, en este pasaje, en ese sentido, traducirse
como no sólo violencia física, sino aún la violencia verbal.
Y en ese sentido, el Señor Jesucristo habló también al respecto cuando
dijo en Mateo 5, 21, 24, dice, oísteis que fue dicho a los antiguos,
no matarás. Recuerde que fue en una pelea
que Caín mata a su hermano. la ley dice, no matarás. Y mucha
de la gente pues se sentían orgullosos de pensar que ellos nunca habían
matado. Pero el Señor Jesucristo dijo, Y cualquiera que matare
será culpable de juicio, pero yo os digo que cualquiera que
se enoje contra su hermano será culpable de juicio. Y cualquiera
que diga necio a su hermano será culpable ante el concilio. Y
cualquiera que le diga fatuo quedará expuesto al infierno
de fuego. Por tanto, si traes tu ofrenda
al altar y ahí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra
ti, deja allí tu ofrenda delante del altar y ándate, reconcíliate
primero con tu hermano y entonces ven y presenta tu ofrenda. Y
bueno, la escritura está hablando en cuestión de una cualidad,
un aspecto de lo que es ser íntegro, es no pendenciero. En nuestra
cultura se exalta mucho el hecho de la gente que no se deja, la
gente que defiende sus derechos. No obstante, la Biblia, en diferentes
culturas, es interesante que Tito está descrito a una iglesia
en una región que se menciona los cretenses, en Creta, y Timoteo
está descrito a los Efesios, a la gente de Éfeso. Y bueno,
es vigente para nosotros en Latinoamérica y en México. Y cuando nosotros
pensamos en esta cuestión, es importante que podamos mirar
en el Evangelio. No hay manera de crecer a la
imagen del Señor Jesucristo si no es por el Evangelio. La medida
no es, pues, el mejor de nosotros, no es imitar al mejor de nosotros. No es ser simplemente moralistas.
Nosotros podemos ser simplemente moralistas y abstenernos de cosas
por temor a las consecuencias, pero hay un sentido espiritual
en que somos llamados y ese sentido espiritual es algo que está descubierto
ante los ojos de Dios. Podemos no golpear a las personas
con las manos o con los puños, pero les podemos golpear y les
podemos herir con las palabras y muy probablemente eso sea mucho
más destructivo. que la violencia física. Ahora,
es una lucha, y es una lucha, y si nosotros miramos la escritura
con una pregunta, y la pregunta es, ¿cuál es frecuentemente y
bíblicamente el origen de las peleas? Si nosotros vamos mirando,
nos vamos a dar cuenta que la Biblia nos dice que el origen
de las peleas Pensando en esta pregunta, ¿cuál es el problema
principal que muchas veces produce los golpes y los pleitos y la
violencia verbal? Y mirando algunos pasajes en
la escritura, nos vamos a encontrar, por ejemplo, Proverbios 13, 10,
dice, ciertamente, la soberbia concebirá contienda. Antes el
apóstol Pablo, inspirado por el espíritu, dice que el carácter
del anciano, el carácter del diácono, como dice en Timoteo,
es no soberbio. Y uno de los problemas principales
que produce la contienda, la violencia, es, pues dice la Biblia
en Proverbios, la soberbia concebirá contienda, más con los avisados
está la sabiduría. Y una de las cosas que nos priva
de la sabiduría de lo alto es la soberbia. No hay manera de
ser sabio con sabiduría de lo alto. Hay dos clases de sabiduría,
dice Santiago. Hay una que es animal, diabólica. Y hay una sabiduría que es de
lo alto. Y la única manera de tener sabiduría de lo alto es
a través del Evangelio. Miramos otro pasaje, por ejemplo,
Proverbios 28, 25, dice, el altivo de ánimo, y otra vez está la
soberbia, suscita contiendas, más el que confía en Jehová prosperará. El altivo de ánimo suscita contiendas,
más el que confía en Jehová prosperará. Y es interesante que aquí está
el hecho de que empieza a revelar cuál es la cuestión en el corazón.
Y es que, al final de cuentas, todo es una cuestión de un corazón
que es engañoso y perverso más que todas las cosas. El altivo
de ánimo suscita contiendas, más el que confía en Jehová prosperará. Uno de nuestros ídolos favoritos,
a los que nos lleva nuestro orgullo, es querer sentir que estamos
en control, querer tener dominio y controlar todas las cosas.
Y frecuentemente, si uno analiza su corazón, si uno empieza a
hacer memoria de las veces en que ha estado involucrado en
una contienda, podemos mirar que normalmente es porque se
nos va el control y no podemos confiar en Jehová. No confiamos
en que el Señor es soberano y que las cosas muchas veces no salen
como nosotros las planeamos o nosotros queremos, pero poder estar confiando
en el Señor, poder recordar que Él es soberano y Él gobierna
todas las cosas. Él gobierna el tráfico. de la
ciudad que me puede impedir llegar a una cita que para mí sea importante.
Y empiezo a pelear con los otros conductores porque no estoy confiando
en que Dios soberano tiene que ver con eso. Y todo eso está
reflejando un corazón altivo que pelea por tener el control. Y ese pleito por el control es
pelear aún mismo por lo que peleó Satanás que es querer subir al
trono de Dios. Dice la escritura Aún más cuando llegamos a Santiago
capítulo 4, versículo 1 al 10, ahí va directamente al corazón.
Y ahí nos dice de dónde viene la cuestión de ser pendenciero,
de estar en contiendas constantemente. Santiago capítulo 4, versículo
1 al 10, empieza con una pregunta y dice, ¿de dónde vienen las
guerras y los pleitos entre vosotros? Y contesta, bueno, otra pregunta. Y son preguntas retóricas que
dicen, no es de vuestras pasiones. No es de vuestras pasiones las
cuales combaten vuestros miembros. No es de vuestras pasiones las
cuales combaten vuestros miembros. Y aquí quisiera hacer mención
a lo que he mencionado, pasiones. No necesariamente significa malas
pasiones. La palabra puede ser traducida
también como la palabra deseos. No es de vuestros deseos. Hay
deseos que en sí mismos son malos, son pecaminosos, pero hay deseos
que no necesariamente son pecaminosos, pero cuando los deseamos más
que a Dios, se convierten en ídolos del corazón. Y cuando
se convierte en un ídolo del corazón, gobierna mi corazón.
Y yo no estoy amando a Dios con toda mi alma, con toda mi mente.
Entonces, no puedo amar a mi prójimo como a mí mismo. Y me
voy a ver envuelto en peleas. Y es interesante poder pensar
deseos. Por ejemplo, imagine un domingo
por la noche. Usualmente, los domingos son
los días que los pastores más trabajan. Muchos predican en
la mañana, predican en la tarde, en la noche. Alguien viene a
pedir consejo. Y ustedes pueden imaginar al
pastor regresando a casa y empezando a pensar, bueno, ahorita que
llegue voy a poner mi ventilador, una limonada y me seremen la
maquita. Eso es un mal deseo. No es un
mal deseo. Y de pronto la esposa del pastor
se acuerda de que hacen falta muchas cosas en la despensa.
Entonces ella quiere que se complete la despensa y le dice que hay
que ir al súper. Ni uno de esos deseos es un deseo
en sí pecaminoso. Y sin embargo, si elevamos esos
deseos a otra categoría, nos vamos a ver envueltos en contiendas.
Y tenemos a dos personas con un deseo, y de pronto la esposa
insiste, y de pronto el pastor dice, todo el día he estado trabajando. Y ya no dice la palabra deseo,
pero dice, ¿no crees que tengo derecho de descansar? Y ya el
deseo subió a la categoría de demanda. Y entonces ocurre una
guerra. Y si pensamos que al final el
pastor se impone, pues no se van al súper, se va a su casa,
prepara su limonada, se acuesta y piensa que va a descansar,
y de pronto no hay descanso, aunque tiene lo que quería. Y
Santiago está hablando cuando dice aquí, No es de vuestras
pasiones las cuales combaten en vuestros miembros. Codiciáis
y no tenéis. Matáis y ardéis de envidia y
no podéis alcanzar. Combatís y lucháis, pero no tenéis
lo que deseáis porque no pedís. Pedís y no recibís porque pedís
mal para gastar en vuestros deleites. Y aquí usa otra imagen de la
idolatría que es el adulterio espiritual. Dice, oh almas adúlteras,
¿no sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios?
Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo
se constituye enemigo de Dios. ¿O pensáis que la Escritura dice
en vano, el espíritu que le ha hecho morar en nosotros nos anhela
celosamente? Y aquí empieza la imagen, otra
vez, de la soberbia. Dice, pero Él da mayor gracia.
Por esto dice, Dios resiste a los soberbios y da gracia a los humildes. Someteos, pues, a Dios. Resistid
al diablo y huirá de vosotros. Acercaos a Dios y Él se acercará
a vosotros. Pecadores, limpiad las manos.
Y vosotros, los de doble ánimo, purificad vuestros corazones.
afligidos, lamentad y llorad. Vuestra risa se convertirá en
lloro y vuestro gozo en tristeza. Humillaos delante del Señor y
Él los exaltará. Dice pecadores, limpiad las manos,
y vosotros los de doble ánimo, purificad vuestros corazones.
Y aquí está mostrando de dónde viene esta cuestión. Viene de
la idolatría del corazón, de un corazón engañoso y perverso.
Y tenemos que entender el que quiere ser amigo del mundo. Yo
no podría pensar, bueno, el pastor se la pasó todo el día predicando,
aconsejando. Pero al tener idolatría en su
corazón, muchas veces pensamos que el mundo es la discoteca
o estar en cosas, pero el concepto de
mundo implica el hecho de la idolatría del corazón. El escritor bíblico aquí nos presenta
la necesidad del evangelio, porque él dice purificar, dice limpiar
las manos. El Señor Jesucristo siempre habló
de las cosas no sólo externas, Y cuando dice limpiar las manos,
está hablando de lo que se ve por la gente. Pero después dice,
purificate el corazón. El Señor, la Escritura es consistente. El Señor siempre condenó un cambio
de conducta sin un cambio del corazón. Y el llamado de Santiago
es, limpia tus manos. pero purifica el corazón. No
es simplemente algo externo. Lo que él está diciendo aquí,
arrepiéntete en tu corazón de haber quebrantado el primer mandamiento
y entonces puedes arrepentirse de haber quebrantado el segundo
mandamiento. Y el primer mandamiento es, amarás
al Señor tu Dios con toda tu alma, con toda tu mente, con
todas tus fuerzas. Y nuestra necesidad en situaciones
de ese tipo es clamar al Señor Jesucristo cuando somos tentados
a que Él traiga por el Espíritu Santo y me recuerde quién es
Cristo en esta circunstancia. ¿Quién es Cristo cuando estoy
cansado, muy cansado? ¿Quién es Cristo cuando yo deseo
ir a descansar y mi esposa desea ir al súper? ¿Qué aspecto del
carácter de Cristo es relevante? ¿Qué verdad de Dios es importante
en este momento y cuáles mentiras estoy creyendo que me van a llevar
a estar involucrado en una contienda. Y cuando pensamos en eso, clamar
al Señor, que Él pueda hablar a nuestro corazón y podamos ver
a Cristo en esa circunstancia. Y cuando pensamos en eso, vamos
a recordar la mentira que yo estoy pensando es que el descanso
está en ir y en acostarme en mi hamaca y hacer lo que yo quiera.
Pero la verdad bíblica es, venid a mí, los que estáis trabajados
y cargados, y yo os haré descansar. La verdad bíblica es, aprended
de mí, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso
y paz para vuestras almas. El descanso no se encuentra en
una maca y un ventilador y una limonada y el libro que yo quiero.
El descanso se encuentra en el Señor Jesucristo. Él dice, si
vienes a mí, si aprendes de mí, que soy manso y humilde de corazón,
vas a hallar descanso y paz para tu alma. Y al final, arrebatamos
y hacemos todo, y todo lo que dice Santiago está ahí. Pides
y no recibes. Y forcejeas y todo, y no tienes
lo que quieres. Al final estás en tu hamaca,
pero no hay paz. Estás en conflicto. Bueno, si
eres creyente en el Señor, vienes al Señor en arrepentimiento y
fe. El problema nuestro está en el
corazón. Y básicamente el problema es
en la soberbia. Hermanos, nacemos en soberbia. Pero hay toda una esperanza.
Y esa esperanza es el evangelio. Cuando nosotros pensamos, por
ejemplo, en el apóstol Juan. Hemos estado estudiando el evangelio
de Juan. Cuando nosotros pensamos en Juan, en verdad que Juan era
un hombre bastante similar a nosotros. que lo transformó el Evangelio.
Un hombre que después es tierno cuando escribe, que un lenguaje
muy tierno, hijitos, estas cosas les escribo. Pero él no siempre
fue así. Él tuvo un corazón lleno de deseos
que hicieron que hubiera contiendas entre los discípulos. Él y su
hermano Jacobo querían sobresalir entre los demás discípulos y
para colmo no tuvieron el valor de ir sino pues su mamá fue a
abogar por ellos al Señor y se armó una contienda entre los
discípulos. Ellos estaban llenos de soberbia. Ellos eran pendencieros. En la definición de la palabra
pendenciero se habla de golpear con piedra, con palo, pero ellos
estando cerca de Jesús habían aprendido a pelear y a golpear
con cosas más fuertes. Le dicen al Señor Jesús, no quieres
que pidamos fuego del cielo. Ya el carácter de estos hombres
no eran hombres distintos que nosotros. Y en verdad es una
lucha, pero si estamos en Cristo, no podemos estar contentos de
decir, bueno, todo mundo falla. Si estamos en Cristo, la Biblia
dice que la gracia de Dios se ha manifestado para salvación
y que nos enseña a decir no a los deseos pecaminosos. Y si Cristo
te está enseñando a decir no, debes estar aprendiendo, porque
Cristo es el maestro de los maestros, porque Cristo es el pastor de
los pastores. Podemos mirar la transformación que ocurrió
en el Apóstol Juan por el Evangelio, por mirar al Señor Jesucristo,
porque el Señor Jesucristo se le reveló. Hermanos, el llamado
es aclamar al Señor Jesucristo. No hay posibilidad de dejar de
ser pendenciero si no vengo reconociendo que soy el primer pecador. No
hay posibilidad de dejar de ser pendenciero si la soberbia sigue
llenando mi corazón. Pero qué maravilloso es el Evangelio,
lo primero que hace es humillar. Y necesitamos ser humillados
y volver a ser humillados. Cuando no tenemos en claro el
Evangelio, lo que llena el corazón es la soberbia. El Señor Jesús
dijo que aquellos que confiaban en sí mismos y se sentían, se
miraban a los demás por debajo porque ellos se creían justos.
Y él oraba con los ojos levantados al cielo, en tanto que el pecador,
que el Señor, el Espíritu Santo había convencido de su condición,
estaba triste, sin levantar los ojos, se propicio a mí el pecador. Y es lo mismo que ocurre en el
apóstol. El apóstol Pablo se presenta y dice, palabra fiel
es esta y digna de ser recibida por todos, que Cristo Jesús vino
al mundo a salvar a los pecadores de los cuales yo soy el primero.
Y yo he dicho en este lugar, y lo vuelvo a repetir, hermano,
es necesario, es necesario que si tenemos claridad del Evangelio
en casa, podamos vivir con la conciencia, el primer pecador
en casa no es mi esposa, el primer pecador en casa no es mi hijo,
el primer pecador en casa soy yo. Yo soy el primer pecador. Poder mirarse como el apóstol
Pablo, que no se miraba como alguien que lo había logrado,
pero que podía decir, miserable de mí, ¿quién me va a librar?
Y mi confianza está en el Señor Jesucristo, no en mí. El poder
clamar, estábamos estudiando el miércoles, cómo el Señor Jesucristo
se presenta y le dice a sus discípulos, paz a vosotros, y les mostró
las marcas de su sufrimiento, y dice, los discípulos se regocijaron. Y es una necesidad que el Señor
nos haga hallar el regocijo en ver al Señor Jesucristo, que
podamos mirar al Señor Jesucristo para no caer en soberbia, porque
si caemos en soberbia, seguramente vamos a caer en pleitos, vamos
a ser pendencieros. Cuando nosotros miramos Hay varios pasajes que no los
voy a explicar, pero si tiene oportunidad de apuntarlos y leerlos
en su casa. Todo está relacionado con adoración,
con idolatría en el corazón, con un corazón engañoso y perverso.
Hermanos, clamemos al Señor que nos haga conocerle y entenderle. El que se gloria, se debe gloriar
en conocer y en entender quién es ese Dios que se nos ha revelado. Cuando nosotros podamos conocer
y entender quién es Dios, vamos a dejar de confiar en que nos
conocemos. El que confía en que se conoce,
está engañado. La Biblia dice, engañoso y perverso
es el corazón del hombre más que todas las cosas. ¿Quién lo
conocerá? y sabe quién lo conoce, el Señor
es el que lo conoce. Por eso el salmista dice después,
examíname oh Dios y conoce mi corazón, pruébame y conoce mis
pensamientos, porque él no estaba confiado ni siquiera en el conocimiento
que tenía de sí mismo, examíname oh Dios y conoce mi corazón.
Cuando pensamos en el primer asesinato que fue de Caín, que
mata a su hermano Abel, es toda una cuestión de adoración. Ahí
en Génesis 4, 3 al 18, había un desorden en la adoración,
y él quería tener una manera de adorar que no era como la
manera que Dios había establecido. Proveros 10, 12 dice que es el
odio que despierta rencillas, pero el amor cubrirá todas las
faltas. Proverios 18, 6 dice, los labios del necio traen contienda,
y su boca los azotes llama. La boca del necio es quebrantamiento
para sí, y sus labios son lazos para el alma. Los labios del
necio traen contienda. Hermanos, hemos estado estudiando
el Evangelio de Juan, y ahí vimos algo del Señor Jesucristo, de
aquel que es el buen pastor. Dijo, yo no hablo nada por mi
propia cuenta. Y eso nos debe llevar a examinar.
Hermano, hablamos por propia cuenta. ¿Qué es lo que produce
tu hablar? Nosotros somos conscientes de
qué produce. Incluso, muchas veces tenemos intención cuando
hablamos. Produce tu hablar contiendas. El Señor llama y dice, sean vuestras
palabras sazonadas, con sal. Dice que es vuestro hablar de
gracia a los oyentes. Pero la boca de, dice, los labios
del necio traen contienda. Y el necio, evidentemente, sabe
que está falto de sabiduría. Si estamos en Cristo, no podemos
estar faltos de sabiduría porque Cristo nos ha sido hecho sabiduría.
Dice, echa fuera al escarnecedor y saldrá la contienda y cesará
el pleito y la afrenta. El escarnecedor es el que es
burlador. Hermanos, una cosa es tener sentido
del humor y otra cosa es pasarse la vida burlando y burlando y
siempre hablar para burlar. Si esa es la realidad, arrepiéntete,
hermano. Estás lleno de necedad. No estás
mostrando sabiduría de lo alto. Dice Proverius 23, 29 al 30,
¿para quién será el hay? ¿Para quién el dolor? ¿Para quién
las rencillas? ¿Para quién las quejas? ¿Para
quién las heridas en balde? ¿Para quién lo amoratado de los
ojos? Para los que se detienen mucho en el vino, para los que
van buscando la mistura. Y vuelve a relacionar no dado
al vino. Tenemos libertad en Cristo. La
Biblia no enseña una abstinencia total, pero cuidado con que seamos
promotores de la bebida. No puede ser que nuestra plática
y nuestro hablar esté siempre lleno y estemos siendo promotores
de algo que no es correcto. Arrepiéntete si es tu realidad.
Dice la escritura también, el hombre iracundo levanta contiendas,
no iracundo, y todo gira en torno a la idolatría del corazón. Proverbios 29, 22, 23, el hombre
iracundo levanta contiendas y el furioso muchas veces peca. La
soberbia del hombre le abate. Y otra vez está la soberbia.
Pero el humilde de espíritu sustenta la honra. Primero en Corintios
3, 3, 4, dice, porque aún sois carnales, pues habiendo entre
vosotros celos, contiendas y disensiones. ¿No sois carnales? ¿Y andáis como hombres? Porque diciendo
el 1, Yo ciertamente soy de Pablo y el otro yo soy de Apolo. No
sois carnales. Y es una evidencia de andar en la carne, incluso
de no estar redimido por el Señor Jesucristo. Y dice, Gálatas 5,
19 al 21, dice, manifiestas son las obras de la carne que son
adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, idolatría, hechicería,
enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas. es disensiones,
herejías, envidias, homicidios, borracheras, orgías y cosas semejantes
a estas, acerca de las cuales os amonesto, como ya os lo he
dicho antes, que los que practican tales cosas no heredarán el reino
de Dios. Después dice en Gálatas mismo,
más el fruto del espíritu es gozo, paz, paciencia, benignidad,
bondad, fe, mansedumbre, templanza. Contra tales cosas no hay ley,
pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus
pasiones y deseos. Si vivimos por el espíritu, andemos
también por el espíritu. No nos hagamos vanagloriosos.
Y otra vez está la soberbia, irritándonos unos a otros, envidiándonos
unos a otros. Hermano, cuidado con venir y
hablar en tu casa, en la iglesia, con la intención de irritar a
alguien. A veces es mejor que haya silencio a decir cosas. La Biblia dice claramente, en
las muchas palabras, no falta pecado. Y venir y hablar algo
a algún hermano con la intención de irritarlo es pecaminoso y
es parte de lo que luego llega a contiendas. Santiago 5.3.13 al 18 dice, ¿Quién
es sabio y entendido entre vosotros? Muestre por la buena conducta
sus obras en sabia mansedumbre. Pero si tenéis celos amargos
y contención en vuestro corazón, no os actéis ni mintáis contra
la verdad, porque esta sabiduría no es Porque esa sabiduría no
es la que desciende de lo alto, sino terrenal, animal, diabólica. Porque donde hay celos y contención,
allá hay perturbación y toda obra perversa. Pero la sabiduría
que es de lo alto es primeramente pura, después pacífica, amable,
benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, sin incertidumbre
ni hipocresía. Y el fruto de justicia se siembra
en paz para aquellos que hacen la paz. Y hay un contraste entre
el ser un guerrero, el ser un pleitista, el ser un pendenciero,
y el hecho de la paz, y el ser hacedores de la paz. Y es interesante
que el Señor Jesucristo dice, bienaventurados los pobres en
espíritu, y acá es lo contrario a ser soberbio. Dice Job, a pesar
de que Dios da testimonio de que era justo, al final él estaba
entrando en autojusticia. Y después él es humillado y él
dice, de oídas te había oído. Dios lo hizo comprender la pobreza
de su espíritu. Dice, mas ahora mis ojos te ven,
por tanto me aborrezco y me arrepiento en polvo y ceniza. No hay ninguna
justicia que pueda satisfacer la demanda de Dios. sino solamente
la del Señor Jesucristo. ¿Y cuándo reconocemos eso? Cuando
el Señor nos hace mirar que somos pobres en espíritu, que somos
miserables. Bienaventurados los pobres en
espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados
los que lloran, porque ellos recibirán consolación. Bienaventurados
los mansos, porque ellos recibirán la tierra por heredad. Bienaventurados
los que tienen hambre y sed de justicia, porque ellos serán
saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos
alcanzarán misericordia. Bienaventurados los de limpio
corazón, porque ellos verán a Dios. Los que han sido limpiados sus
corazones de ídolos, hijitos, guardados de los ídolos. Y el
único que puede limpiar nuestro corazón de ídolos es el Señor
Jesucristo. Dice, Bueno, no termina el sermón del
monte ahí, pero en el versículo 9 dice, bienaventurados, los
pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bueno,
no es que solo el pastor no tiene que ser pendenciero y tiene que
ser un pacificador. Cada hermano es llamado a ser
un pacificador y no a hacer paz aparente, porque podemos hacer
paces aparentes. Hermanos, Dios no se agrada de
las cosas aparentes. Él constantemente llamó la atención
hacia aquellos que hacían cosas de manera externa. El Señor nos
llama a hacer paz duradera, en especial porque a aquellos que
hemos creído en el Señor Jesucristo se nos ha encargado el Ministerio
de la Reconciliación. Bienaventurados los pacificadores,
somos llamados a ser hacedores de la paz en lugar de ser hacedores
de la guerra. El siervo del Señor no debe ser
contencioso, que es un sinónimo de de pendenciero, sino amable
para con todos, apto para enseñar sufrido, que con mansedumbre
corrija a los que se oponen, y dice, por si quizás Dios les
conceda que escapen de los lazos del diablo en que están cautivos. Y aquí hay una realidad. Hermanos,
en verdad hay una guerra, pero una de las cosas que no tenemos
que equivocar es, muchas veces equivocamos quién es el enemigo. Y el enemigo se ríe mientras
nosotros peleamos entre nosotros. Mientras el esposo pelea con
su esposa, el diablo está muerto de la risa, porque nos ha engañado
rotundamente. Dice la Biblia, no tenemos lucha
contra carne y sangre, sino contra huesos espirituales de maldad
en las regiones celestes. Y el enemigo no es la esposa,
el enemigo no es el hijo, el enemigo no son los hermanos,
no es el patrón. Ese no es el enemigo. Y muchas veces estamos
enfrascados en pleitos en lugar de pelear el pleito que debemos
de pelear, que es una lucha, que es en oración, una lucha
que es en arrepentimiento y fe, una lucha que es de constantemente
mirar cuán necesitado estoy del Señor Jesucristo, una lucha que
es de mirar cuán miserable soy y que no hay nada en mí que pueda
satisfacer a Dios, sino solamente ser hallado en el Señor Jesucristo.
El poder mirar en mí cuán increíble soy de las promesas del Señor,
el poder mirar cuánto amor le debo al Señor y que no le amo
como es debido, y poder venir constantemente en arrepentimiento
y fe. Y es interesante que todo esto que estamos viendo hace
lo que en primer lugar menciona el Apóstol Pablo, cuando habla
de la pureza sexual y habla del del liderazgo familiar probado. Hermanos, el primer lugar donde
todo eso se refleja es en la familia. Es el primer lugar. Hermanos, lo que estoy diciendo
es para mí igual. El primer lugar donde tenemos
que estar ministrando es en casa, amando a nuestras esposas, buscando
del Evangelio del Señor Jesucristo. En verdad, ser esposo, como dice
la Biblia, Algo que Dios me ha estado mostrando en estudiar
Juan es, en el Antiguo Testamento dice, amarás al Señor tu Dios
con toda tu alma, con toda tu mente, con todas tus fuerzas,
y a tu prójimo como a ti mismo. Pero en el Evangelio de Juan
se nos llama no a amar como a nosotros mismos. Dice el Señor Jesús,
un mandamiento nuevo les doy, que se amen unos a otros, y dice,
como yo les he amado. Y el poder mirar, hermano, el
Señor me está llamando a amarles a ustedes como Él me ha amado.
Y si amarles como a mí mismo, No puedo. Como Él me ha amado,
necesito el Evangelio. Yo necesito venir en arrepentimiento
hoy después de este culto y decirle, Señor, perdóname, porque yo no
he amado a mis hermanos como Tú me has amado. Yo necesito
todos los días terminar, Señor, perdóname, porque yo no he amado
a mi esposa como Tú amas a la iglesia. Esa es la medida. Y eso nos va a mantener en humildad
el hecho de mirar a Cristo y mirar cómo Él ama. Es mi necesidad
mirar al Señor Jesucristo. Es mi necesidad confiar en el
Señor Jesucristo. La esperanza de ser libre de
ídolos que me hagan pendenciero, iracundo. infiel, sin liderazgo
espiritual, es el Señor Jesucristo, ese mismo Señor Jesucristo que
transformó al apóstol Juan en un hombre que después es tierno,
que es compasivo, pero que en su momento, de hecho, su apodo
de ellos era Hijos del Trueno, por algo, por algo ha de ser
que era su apodo, Hijos del Trueno. Pero el Señor los transformó.
El Señor transformó al apóstol Pedro. Él era un pendenciero.
Él sacó la espada y le cortó la oreja al siervo del sacerdote. Y seguramente no era la oreja
lo que quería cortar. Nada más que, pues, él no estaba
entrenado en eso. Si él hubiera podido cortarle
la cabeza, no lo hubiera dudado. Pero el Señor los transformó.
Y ese mismo Señor vive. Y ese mismo Señor sigue en medio
de nosotros. Así como Él se puso en medio,
y está aquí en medio, porque Él dice donde están dos o tres
congregados sin nombre, ahí estoy en medio de ellos. Pero el Señor,
cuando estábamos estudiando la semana pasada, Él se puso no
sólo en medio de ellos geográficamente, sino Él se puso en medio de su
corazón, por eso ellos se regocijaron en el Señor. Y una cosa que necesitamos
recordar, hermanos, ¿dónde está nuestro gozo? Si nosotros pensamos
que el gozo está en mi esposa, hermano, estás equivocado. No
vas a pasar de ser pendenciero, iracundo y soberbio. Lo que tú
necesitas, tu esposa no lo tiene. Hermana, si tú piensas que el
gozo está en el amor y el cariño de tu esposa, en su fidelidad,
no está allí. El amor está, el gozo está en el Señor. No está
en que tus hijos sean obedientes y bien portados. No está en que
las cosas en iglesia ocurran como a ti te gusta. Allí no está
el gozo. Dice, en tu presencia hay plenitud
de gozo. Y Cristo se revela a sus discípulos
y les muestra las heridas y dice, se regocijaron. Y sabe, hermano,
clamar a Dios que cada vez que nos congregamos y cada vez que
estamos en casa no perdamos de vista dónde está el gozo y que
en cada momento el Señor Jesucristo pueda resplandecer a nuestros
ojos para que cuando la esposa esté cansada yo pueda recordar
que Cristo es mi reposo, no mi hamaca y mi deseo, para que cuando
La esposa tiene algún deseo, igual pueda saber que al final
de cuentas el gozo está en el Señor, la confianza está en el
hecho de que Dios haga toda su voluntad, que Él es soberano
y Él controla todas las cosas y esa necesidad es Cristo Jesús. Hermanos, no hay alguien que
deje de ser pendenciero si no es por el Evangelio. Lo único
que hacemos en el Evangelio es engañarnos. Engañarnos y pensar
que, bueno, yo jamás he tocado a una mujer ni con el pétalo
de una rosa, dicen algunos. Bueno, no hace falta con el pétalo
de la rosa. a veces muy cruel con las palabras
y somos, nuestro corazón es tan malvado que puede incluso no
ser violencia verbal. Somos tan malvados y hábiles
por nosotros mismos que podemos buscar nuevas formas de ser pendencieros
sin espada, sin palo, sin fuego del cielo. Necesitamos del Señor
Jesucristo. No sólo es limpiar las manos,
no sólo es el comportamiento externo. Purificate el corazón. Y sólo hay algo que purifica
el corazón. La sangre de Jesucristo, su Hijo,
nos limpia de todo pecado. ¿Has hallado en Cristo plena
salvación? ¿Has sido lavado en la sangre del Señor Jesucristo?
Esa es la única esperanza. No hay otra esperanza fuera de
ello. Cantamos los himnos y los himnos
son una realidad y una expresión de nuestra fe. Hay poder, poder
sin igual poder en la sangre que él vertió. Quieres ser salvo
de toda maldad, tan solo hay poder en Jesús. Quieres ser libre
de orgullo y pasión, tan solo hay poder en Jesús. Quieres vencer
toda cruel tentación, tan sólo hay poder en Jesús, hay poder,
poder, sin igual poder en la sangre que Él vertió. Clama al
Señor Jesucristo, clamemos al Señor Jesucristo. Esa es nuestra
real y verdadera necesidad y es Él el camino hacia el Padre. Me mostrarás la senda de la vida.
En tu presencia hay plenitud de gozo, delicias a tu diestra
para siempre. Oremos.

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Joshua

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