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JC

En quien estas confiando

Romans 2:17-24
Joel Coyoc May, 18 2022 Video & Audio
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JC
Joel Coyoc May, 18 2022
Estudios en Romanos

La predicación de Joel Coyoc se centra en la advertencia sobre la confianza en los privilegios religiosos, utilizando Romanos 2:17-24 como texto principal. El sermón argumenta que muchos, incluidos los judíos, pueden caer en la trampa de confiar en su estado privilegiado como pueblo de Dios, en lugar de confiar en la gracia y la obra redentora de Jesucristo. Coyoc enfatiza que tanto los que tienen conocimiento de la ley como los que no lo tienen serán juzgados según sus obras, y destaca la necesidad de una transformación interna genuina y la circuncisión del corazón, haciendo referencia al versículo 29 de Romanos 2. La aplicación práctica se centra en que los creyentes deben cuestionarse constantemente en quién están confiando, advirtiendo que la confianza en los privilegios religiosos puede llevar a la hipocresía y a la blasfemia del nombre de Dios entre los gentiles.

Key Quotes

“La primera frase que el apóstol dice aquí, y aquí tú tienes el sobrenombre de judío, y quizá nosotros hoy digamos, bueno, pues ninguno de nosotros está pensando que es judío. Pero si Pablo estuviera escribiendo hoy, tal vez diría, tú tienes el sobrenombre de bautista, o de presbiteriano, o de evangélico.”

“¿En quién estoy confiando? Porque no debemos olvidar que tenemos un corazón que es tan sutil, un corazón que es engañoso y perverso.”

“La cuestión no es simplemente oír, sino es ser hacedor. Y esa palabra es vida en aquellos que el Señor ha hecho una obra.”

“No se trata de nosotros esta vida. Esta vida se trata del Señor Jesucristo.”

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En el capítulo dos de la epístola
del apóstol Pablo a los romanos. Dice, por lo cual eres inexcusable,
oh hombre. Quien quiera que seas tú que
juzgas, pues en lo que juzgas a otro, te condenas a ti mismo. Porque tú que juzgas, haces lo
mismo. Mas sabemos que el juicio de Dios contra los que practican
tales cosas es según verdad. Y piensas esto, oh hombre, tú
que juzgas a los que tal hacen y haces lo mismo, que tú escaparás
del juicio de Dios. o menosprecias las riquezas de
su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te
guía al arrepentimiento, pero por tu dureza y por tu corazón
no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la
ira y de la revelación del justo juicio de Dios, el cual pagará
a cada uno conforme a sus obras. Vida eterna a los que, perseverando
en bienhacer, buscan gloria y honra e inmortalidad, pero ira y enojo
a los que son contenciosos y no obedecen a la verdad, sino que
obedecen a la injusticia. tribulación y angustia sobre
todo ser humano que hace lo malo al judío primeramente y también
al griego pero gloria y honra y paz a todo el que hace lo bueno
al judío primeramente y también al griego porque no hay excepción
de personas para con dios porque todos los que sin ley han pecado
sin ley también perecerán y todos los que bajo la ley han pecado
por la ley serán juzgados Pero no son los oidores de la ley
los justos ante Dios, sino los hacedores de la ley serán justificados. Porque cuando los gentiles que
no tienen ley hacen por naturaleza lo que es de la ley, éstos, aunque
no tengan ley, son ley para sí mismos. mostrando la obra de
la ley escrita en sus corazones, dando testimonio, su conciencia,
y acusándoles o defendiéndoles sus razonamientos, en el día
en que Dios juzgará por Jesucristo los secretos de los hombres conforme
a mi Evangelio. He aquí tú tienes el sobrenombre
de judío, y te apoyas en la ley, y te glorías en Dios, y conoces
su voluntad, e instruido por la ley, apruebas lo mejor, y
confías que eres guía de los ciegos, luz de los que están
en tinieblas, instructor de los inductos, maestro de niños, que
tienes en la ley la forma de la ciencia y de la verdad, ¿Tú
puedes que enseñes a otro, no te enseñas a ti mismo? ¿Tú que
predicas que no se ha de hurtar hurtas? ¿Tú que dices que no
se ha de adulterar adulteras? ¿Tú que abominas de los ídolos
cometes sacrilegio? ¿Tú que te jactas de la ley con
infracción de la ley deshonras a Dios? Porque como está escrito,
el nombre de Dios es blasfemado entre los gentiles por causa
de vosotros. Pues en verdad la circuncisión
aprovecha si guardas la ley, pero si eres transgresor de la
ley, tu circuncisión viene a ser incircuncisión. Si pues el incircunciso guardare
las ordenanzas de la ley, ¿no será tenida su incircuncisión
como circuncisión? Y el que físicamente es incircunciso,
pero guarda perfectamente la ley, te condenará a ti, que con
la letra de la ley y con la circuncisión eres transgresor de la ley. Pues
no es judío el que lo es exteriormente, ni es la circuncisión la que
se hace exteriormente en la carne, sino que es judío el que lo es
en lo interior, y la circuncisión es la del corazón en espíritu,
no en letra, la alabanza del cual no viene de los hombres,
sino de Dios. Amén. Vamos a meditar los versículos
del diecisiete al veinticuatro, y lo vamos a hacer bajo una pregunta.
Una pregunta que es importante hacernos constantemente y la
pregunta es, ¿en qué estás confiando? ¿En qué estás confiando? Está llegando el punto en el
que el Apóstol Pablo va a ser mucho más directo. desde el capítulo
doce, él ha empezado a girar hacia la audiencia que tenía
un contexto judío, un contexto que el apóstol Pablo conocía
muy bien, cuando él narra su testimonio, él habla de que él
era celoso de Dios, que él tuvo el mejor de los maestros, que
fue instruido a los pies de Gamaliel, y que él era celoso de Dios en
guardar a todas las tradiciones de sus padres, y nada de lo que
él estaba diciendo era una mentira, A partir de ahora, el versículo
17, el apóstol Pablo va a ser mucho más directo y va a mostrar
a aquellos que por alguna razón no son cosa rara. Yo creo que eso es más común
que extraño. Y es que, de pronto, la confianza
empieza a estar en los privilegios. Y es una bendición ser privilegiado.
Y debemos agradecer inmensamente a Dios por los privilegios, y
deberemos valorar los privilegios. Sin embargo, que Dios nos guarde. Tal vez nosotros, digamos, pues
ni uno de nosotros aquí somos judíos. Pero esto es aplicable
a la actitud religiosa, no necesariamente de los judíos. El ser Cuando
estábamos estudiando Primera de San Juan, varias veces dijimos
que todos tenemos algo de fariseo. Y bueno, yo creo que todos tenemos
algo de judío. Y siempre debemos ser conscientes
y recordar, recuerdo que en los últimos días de la vida de nuestro
hermano Walter, él hacía una pregunta a las personas que lo
visitaban, y la pregunta era, ¿en quién estás confiando? Y
si bien él sabía que, pues, hemos oído el Evangelio, hemos, desde
niños, sido instruidos, no es fuera de lugar la pregunta que
el hermano hacía. Y es la pregunta que tenemos
que hacer todos los días de nuestra vida. ¿En quién estoy confiando? Porque no debemos olvidar que
tenemos un corazón que es tan sutil, un corazón que es engañoso
y perverso. un corazón que puede hacernos
equivocar y poner la confianza en los privilegios y no precisamente
en donde tiene que estar la confianza. Y el apóstol Pablo empieza y
dice, eh, aquí tú tienes el sobrenombre de judío. Y él ha estado está
pintando un panorama y mostrando la condición de todos los hombres
y abriendo a los hombres sus ojos a la realidad. La escritura
no es romántica cuando nos habla de la realidad. La escritura
es sumamente realista. Los que somos románticos somos
nosotros, que a veces nos medio hipnotizamos y perdemos de vista
la realidad. La realidad es que a veces se
nos hace fácil ver a ese que está allí por la esquina, y es
un mujeriego, o el otro que es un borracho, o es un drogadicto,
o es un irresponsable, o el otro que le da golpes a su esposa,
y eso lo vemos con mucha facilidad, y de pronto nosotros nos perdemos
en el privilegio, y resulta que no estamos confiando en el privilegio.
Y la primera frase que el apóstol dice aquí, y aquí tú tienes el
sobrenombre de judío, Y quizá nosotros hoy digamos, bueno,
pues ninguno de nosotros está pensando que es judío. Pero si
Pablo estuviera escribiendo hoy, tal vez diría, tú tienes el sobrenombre
de bautista, o de presbiteriano, o de evangélico, tú tienes el
sobrenombre de judío, dice, y te apoyas en la ley, y te glorías
en Dios. Y aquí Pablo está hablando aquella
comunidad que efectivamente era una comunidad de privilegio.
Era una comunidad que Dios por gracia. Un punto que nosotros
no debemos olvidar es el hecho de que Dios nos privilegie. no
tiene nada que ver con nosotros. No es porque somos ni más inteligentes,
ni más bonitos, ni menos malos. Es porque simplemente Dios ha
querido hacerlo así por el puro afecto de su voluntad. No tiene
absolutamente nada que ver. Clamemos a Dios que eso nos lo
recuerde, porque si no, es fácil que nosotros traslademos nuestra
confianza al privilegio, que no a donde tiene que estar. Cuando
yo soy consciente de que el privilegio es algo que es de pura gracia,
es de pura misericordia. Dice, tienes el sobrenombre de
judío y te apoyas en la ley, y te glorías en Dios, y conoces
su voluntad, e instruido por la ley, apruebas lo mejor, y
confías en que eres guía de los ciegos y luz de los que están
en tinieblas. Y hermanos, nosotros podemos ver de pronto y ver y
decir, bueno, esa gente que está teniendo allá afuera y tienen
un evangelio que no es el verdadero evangelio. Y de pronto a nosotros
nos es claro y nos podemos embriagar de eso y sentir y empezar a confiar
en el privilegio. Ellos tenían la ley. Ellos se
gloriaban en Dios. Y bueno, no es tan mal gloriarmos
en Dios. en Dios, sin embargo, el apóstol Pablo está llamando
toda la atención al hecho de que si nosotros lo transportamos
a este tiempo, nosotros podríamos decir, bueno, pues yo tengo la
teología correcta, yo entiendo perfectamente a las doctrinas
de la gracia. Yo te puedo citar las cinco solas,
te puedo decir el significado del... bueno, en español alguien
lo puso como sí Jesús, en inglés es el tulip, pero Todo eso uno
puede aprender y expresar cosas. Ellos eran ortodoxos. Ellos hablaban
correctamente de Dios. Ellos era verdad todo lo que
decían. Sin embargo, el asunto estaba en que ellos confiaban
en sí mismos. Ellos estaban confiando en su
privilegio. lejos de estar confiando en el
Señor. Quizá alguien pueda decir, bueno, pues yo me sé la confesión
bautista de 1689. Y está muy bien que lo sepas. Qué bueno que lo sabes. Qué bendición
que Dios te ha dejado saberlo. Qué bendición que puedes leer
la Biblia en griego, en hebreo. Qué bendición que rápidamente
sabes quién está predicando un evangelio que no es el evangelio
verdadero. Pero Que Dios nos guarde de que
nuestra confianza esté en el privilegio, porque yo creo que
no hay palabras más terribles que nos deben hacer temblar que
las palabras del Señor Jesús cuando dijo, no todo el que me
dice, Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino
el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.
Dice, muchos me dirán en aquel día, Señor, Señor, no profetizamos
en tu nombre. y en tu nombre hicimos muchos
milagros y en tu nombre echamos fuera demonios y eso significa
sencillamente algo que mucha gente que está predicando va
a terminar en el infierno por estar confiando en el privilegio
que no en el Señor Jesucristo Quizá mucha gente que puede saber
rápidamente, ah, ese está predicando, ese no es el evangelio verdadero.
Y sentirnos mejor porque nosotros entendemos el evangelio verdadero,
olvidando que una vez no lo entendimos, olvidando que no es tan claro.
Claro que es claro, pero es claro porque Dios nos lo ha hecho claro,
pero no es así de claro para todos. Y debemos recordar cómo
Dios tuvo misericordia con nosotros. y quizá una de las cosas tristes
y que nos debe hacer reflexionar es mucha gente probablemente
está yendo al infierno bajo la sombra de un púlpito con los
privilegios, el privilegio de escuchar cada semana predicación
correcta, el privilegio de escuchar teología correcta, el privilegio
de poder saber poder tomar buenas decisiones porque tienes la palabra
de Dios y al final quien tiene la palabra de Dios pues tiene
sabiduría para tomar decisiones pero cuidado con nuestra confianza
en el privilegio la confianza tiene que estar no en el privilegio
en recordar el privilegio es de pura gracia y de pura misericordia
dice y con Aquí habla de cómo el punto se pierde y dice, y
confías en que eres guía de los ciegos y luz de los que están
en tinieblas, instructor de los inductos y maestro de niños,
que tienes la ley en la forma de la ciencia y de la verdad.
Y es que los judíos de aquel tiempo, pues ellos se sentían
mejor que toda la demás gente. Recuerde cómo trataron al ciego
de nacimiento y le dijeron, tú que naciste del todo en pecado,
¿nos vas a enseñar? a un menosprecio por las otras
personas. Este es un pobre niño que no
sabe. Y hermanos, en realidad, mucho
de lo que ellos sabían era ortodoxo. Mucho de lo que ellos sabían
era correcto. El problema es que eso correcto, eso ortodoxo,
pues era algo que era solamente en su cabeza. Era solamente algo
académico, algo intelectual, pero no era algo que estaba dando
vida a sus corazones. Y tenían toda la confianza en
los privilegios. Ellos se jactaban en oraciones
donde daban gracias a Dios porque Dios no los hizo nacer gentiles.
Daban gracias a Dios porque Dios no lo hizo nacer mujer y se jactaban. Y el Señor Jesús mismo les dijo
una parábola porque ellos confiaban en sí mismos y en sus privilegios.
Muchos de ellos pensaban que por el simple hecho de ser judíos,
pues ya todo estaba resuelto. Con el simple hecho de que ellos
pudieran trazar su genealogía y ver que venían de Abraham,
pues ya estaba todo bien. Y hermanos, ¡Gocémonos de que
tenemos privilegio! ¡Alegrémonos! ¡Tengamos gratitud! ¡Gloriémonos! Si hay algo en
que nos debemos gloriar, dice el profeta, no se alabe el fuerte
en su fuerza, ni el sabio en su sabiduría, ni el rico en su
riqueza, sino alabes en eso el que hubiere de alabarse. ¿Pero
en qué nos debemos alabar o gloriar? En conocerme y en entenderme.
Y el clamor de nuestro corazón pueda que sea Señor, que te conozcamos
en Cristo, que el Espíritu Santo produzca en nuestro corazón entendimiento
de tu persona, entendimiento verdadero de tu palabra, de esa
palabra que da vida. después de de presentar todo
esto, el apóstol Pablo va a tomar una actitud de de de un fiscal
haciendo preguntas retóricas. Dice, tú puedes que enseñas a
otros, no te enseñas a ti mismo, tú que predicas que no sea de
hurtar, tú que dices que no sea de adulterar, adulteras, tú que
abominas de los ídolos, cometes sacrilegio, tú que te jactas
de la ley con infracción de la ley de de alguna u otra manera, hemos
tenido el privilegio de enseñar. Y una de las cosas importantes
es, yo creo que estamos de acuerdo los que somos padres, a veces
ponemos énfasis en el hecho, en una cosa tan simple, el poder
pensar que decimos a nuestros hijos, escúchame, o podemos llegar
a decir, ¿sabes qué hijo? Deja ese celular y préstame atención.
Y la pregunta es, ¿nos decimos lo mismo a nosotros con nuestra
actitud hacia la Palabra de Dios? O sea, el Padre Celestial nos
dice también, ¿me escuchaste hoy? Y con eso no estamos hablando
de sencillamente tener 15 o 20 minutos de hora quieta, sino
de de verdad, escúchame, porque soy tu padre y te estoy hablando.
Y cómo en cosas tan sencillas el hecho de poder recordar, Señor,
yo no puedo simplemente estar confiando en mi privilegio. Mi
privilegio no me ha hecho... no me ha hecho inmune al pecado
con el privilegio yo insisto en que mi hijo me presta atención
y me escuche pero con todo mi privilegio yo encuentro una carne
que de pronto le dice al otro y nos es más muy fácil decirle
al otro mira tienes que hacer esto así así así así y de pronto
nos cuesta mucho el hecho de que se nos tenga que decir a
nosotros o decirnos a nosotros mismos tienes que hacer esto
esto y esto Y el simple hecho de llamar y clamar por la atención
a nuestros hijos es algo que nos debe hacer reflexionar qué
tal mi actitud hacia el Señor. El hecho de prestarle en verdad
atención a su voz y el hecho de que esté atendiendo a su voz
significa que por el Espíritu Santo se produce obediencia porque
al final regresamos a lo que dijo Pablo, pues, la cuestión
no es simplemente oír, sino es ser hacedor. Y esa palabra es
vida en aquellos que el Señor ha hecho una obra. Y él está
haciendo estas preguntas retóricas y llevando el asunto a la cuestión,
a la cuestión del corazón. Él ya ha dicho, hermanos, una
de las cosas que no tenemos que olvidar es, no es cuestión de
formas, es cuestión de fondo. delante de la gente pues las
formas son importantes pero no olvidemos Pablo ha insistido
en decir eres inexcusable quien quiera que tú seas ha dicho ha
trabajado bastante en hacernos dejar claro, todos somos iguales,
aunque tu pecado se presente de una manera más respetable. Aunque tu pecado, por ejemplo,
los demás no lo noten, no te olvides, no importa que ellos
no lo noten, eso no es problema. Al final, los que no lo notaron,
tampoco son a los que tú tienes que dar cuentas. Al que tienes
que dar cuentas es aquel que lo nota, porque lo sabe incluso
antes que lo hagas. Antes que digas la grosería que
vas a decir el Señor, ya lo sabe. Antes que actúes de una manera
impropia, el Señor lo sabe. Él los ha rodeado detrás y delante.
Y el apóstol Pablo con estas preguntas se está llevando al
punto de hacernos reflexionar en el sentido del espíritu de
la ley. Por ejemplo, una de las cosas
que nos apuramos en decir y creo que casi todo el mundo defiende
es, todo el mundo habla de ser honorable. Yo soy honesto y todos
clamamos por nuestra honestidad. Sin embargo, dice Pablo, tú que
predicas que no se da de hurtar, hurtas. Cuando pensamos en hurtar,
pues, no es necesariamente que descuidemos a alguien y agarremos
algo que no nos pertenece. Hay infinidad de maneras en que
nosotros podemos robar, y que el Señor, por Su Espíritu, obre
nuestro corazón y nos haga ver maneras en que, al final, robamos. Porque la verdad es que es muy
fácil ver a otro que agarró algo y traer un juicio condenatorio.
Y quizá la forma en que yo robo no es exactamente como el que
está allá en el mercado que descuida a una señora y le saca algo de
su cartera y sale corriendo. Pero algunos tenemos formas más
respetables y sofisticadas de hacer cosas que delante de Dios
es exactamente robo. Por ejemplo, después la misma
pregunta acerca del adulterio dice, tú que dices que no se
ha de adulterar, adulteras. Tú que abominas de los ídolos
cometes sacrilegio. Hermanos, el corazón humano es
el mismo, engañoso y perverso. Cuando pensamos, por ejemplo,
en los judíos, los judíos vivieron constantemente en problema con
la idolatría, serios problemas en toda la historia del Antiguo
Testamento con la idolatría, hasta que Dios hace que se los
lleven cautivos a Babilonia, y cuando salen de Babilonia salieron
aparentemente curados de la idolatría. Aparentemente digo, ¿por qué?
Porque ellos se burlaban de otras naciones ya con sus ídolos. Quedaron
hasta aquí de los ídolos en Babilonia y ellos se burlaban de los ídolos
en los cuales los otros pueblos confiaban y menospreciaban los
ídolos. Sin embargo, dice Pablo, tú que
te jactas de la ley Dice, tú que abominas de los ídolos cometes
sacrilegio. Y hay algo que la ley mandaba
y es que aquellos ídolos que estaban hechos de oro, de plata,
lo que se debía hacer con ellos era quemarlos. Y de pronto ellos
ya no tenían aparentemente un problema con la idolatría. Pero
ellos estaban felices cuando alguien traía un ídolo porque
podían, ah, qué bueno que lo trajeron, lo podemos moler y
sacar el oro y usarlo. Y la cuestión es, hermanos, el
espíritu de la ley. Somos muy rápidos, la gente y
yo me incluyo. Y Dios es quien está obrando
en mí y abriendo mis ojos. somos muy rápidos para ver la
idolatría de los católicos. Y uno puede ver, por ejemplo,
la gente del privilegio, la gente que ha tenido toda su vida acceso
a predicaciones de sana doctrina, acceso a la escritura, haciendo
comentarios sumamente duros y crueles de juicio contra la idolatría
de los católicos. Y en verdad, está mal esa idolatría. Pero fallamos y pensamos a veces,
yo no soy idólatra. Y la verdad es que cualquiera
cosa que ocupa el lugar de Dios, el hecho de buscar el gozo y
no en Dios, es idolatría. El hecho de confiar y sentir
mi seguridad en otro lugar que no es Dios, es idolatría. Cualquiera
cosa que me está diciendo qué pensar, qué sentir, qué decir,
qué hacer, es alguien que está ejerciendo control sobre mi corazón.
Y la razón por la que yo de pronto puedo ofender a mi hijo es porque
pone en peligro mi reputación. Y mi deseo de reputación es lo
que me dice qué pensar, qué decir, qué hacer. Estoy amando con toda
mi alma, mi mente y mis fuerzas mi reputación en lugar de la
reputación de Dios. Estoy preocupado por mi reputación
en lugar de la gloria de Dios. Y el resultado es pecado contra
mi hijo, pecado contra mi esposa. Y eso es es idolatría y eso nos
tiene que recordar constantemente en quién estoy confiando, en
quién estoy confiando. Si yo puedo seguir y se me hace
fácil irle diciendo a los demás qué tienen que hacer, y se me
hace fácil cuestionar a los demás con lo que tienen que hacer e
incluso ser falto de misericordia cuando le digo a los demás lo
que tienen que hacer casi tronándoles el dedo esperando que hagan lo
que se supone que tienen que hacer eso es una muestra de que
muy probablemente yo estoy confiando en mi privilegio y la confianza
en mi privilegio no me está permitiendo ver el problema, y el problema
es mi confianza tiene que estar en el Señor Jesucristo, mi confianza
tiene que estar en lo que Cristo ha hecho, mi confianza no tiene
que estar en el hecho, no, yo predicaba el miércoles, todos
los miércoles, yo predicaba en la iglesia bautista todos los
domingos en la mañana y en la tarde, Señor, pues, pues tienes
que recibirme y el señor va a decir pues aparte de mí hacedor de
maldad no sirvió de nada estás confiando en lo que hacías y
lo que yo la mejor predicación que pueda predicar jamás va a
satisfacer la justicia de Dios lo único que puede satisfacer
la justicia de Dios es lo que Cristo ha hecho y que Dios nos
guarde porque nuestro corazón es engañoso y perverso Y de pronto
podemos desviarnos estas preguntas, si bien ninguno de nosotros se
ha puesto el sobrenombre de judío, pero que Dios nos guarde de tener
un nuevo sobrenombre. Porque esa actitud de los judíos
es peligro que, si somos vigilantes, de pronto aflora en nosotros.
De pronto nos es fácil querer que los demás obedezcan a Dios
como yo ya lo entendí. Y la verdad es que no es tan
mal desearlo. ¿Pero qué es lo que debo de hacer?
Orar para que Dios guíe su corazón. Yo no puedo jalarlo así como
un títere. Yo ya lo instruí, yo ya le compartí,
yo ya le presenté el evangelio, ya prediqué. Dice... La Escritura
yo sembré, Apolos regó. El crecimiento lo da el Señor.
O sea, no intentémonos meter en cómo tiene que vivir después
de haber escuchado. Después de haber escuchado, si
Dios le está hablando, lo que tenemos que hacer es orar, amarlo,
si pide consejo, aconsejarlo. Pero después de aconsejarlo,
es esperar que Dios obre. Porque de lo contrario, Muy posiblemente
estoy evidenciando que hay una falta de misericordia, una falta
de entendimiento, el poder entender que hay cosas que nosotros hemos
llegado a practicar y a hacer, pero ¿cuánto tiempo pasó Dios
siendo paciente hasta que empezamos a entender? Cuando yo empiezo
a hablar, por ejemplo, de lo que he notado acerca de la idolatría,
yo tengo que reconocer que no siempre pensé así. Muchas veces
yo pensé que era mejor que los católicos. Muchas veces pensé
que era mejor que muchas otras personas. Y muchas veces de pronto
me encuentro pensándolo otra vez y doy gracias a Dios porque
pasajes como este me hacen recordar, me hacen recordar, cuidado, Cada
vez que te estás poniendo así es que te estás yendo al privilegio.
No estás confiando en mí. Yo soy quien te hice entender.
Si tú estás haciendo eso es porque yo te hice entender. Es porque
yo alumbré tus ojos. Confía en mí. Confía en mí. No confíes en nada. No confiemos
en lo que sabemos. Confiemos solamente en el Señor
Jesucristo. Y el versículo 24 termina con,
dice, porque como está escrito, el nombre de Dios es blasfemado
entre los gentiles por causa de vosotros. Hermanos, en verdad
que no hay Nadie tiene excusa. Nadie. Sin embargo, muchas veces
damos excusa. Y esto ha sido así por lo visto
en toda la historia. La gente siempre de pronto dice
cosas acerca de Dios por causa de esos que tenemos privilegios.
Y justamente el problema se agrava. porque es muy chocante cuando
el que tiene privilegios se pavonea de sus privilegios y de pronto
hay una contradicción, una inconsistencia. Cuando nosotros comprendemos
el Evangelio por la gracia de Dios, no permitimos que la gente
se la pase pensando que nosotros somos buenas personas. No permitimos
que la gente hable de nosotros y de nuestra bondad y les recordamos.
Y que Dios nos ayude si no lo hacemos a recordarles. ¿Sabes
qué? Cuando ves algo en mí, no soy
yo. Esa es la gracia de Dios. Porque
si nosotros vamos permitiendo y vamos porque confiamos en el
privilegio, cuando la gente de pronto... Algo es seguro, hermanos. Los creyentes pecamos. Los creyentes
pecamos aún, pero los creyentes venimos humildemente reconociendo
nuestro pecado. Los creyentes no estamos buscando
ponernos en un pedestal para que nos admiren. Los creyentes
recordamos, yo confío en Cristo, no se trata de mi gloria, no
es Él quien tiene que brillar. Y Él brilla cuando yo hago algo
que no está correcto y Dios me lo muestra y voy y pido perdón.
Y recordarle, ¿sabes qué? No, no soy yo cuando hago algo
correcto. Y decirles, ese día que hice
ese, me enojé a la primera y dije lo que no debía decir. Ese soy.
Ese soy yo. Cuando has visto otra cosa distinta,
esa es la vida de Cristo en mí. Ese es el poder del Espíritu
Santo. Ese es el Evangelio. Yo no soy mejor que tú. Es la
gracia de Dios. Me gusta recordar cuando les
compartí el otro día, y creo que es algo que también el hermano
Cody hizo algunas veces, y es que hubo una discusión teológica
y el teólogo que Dios utilizó para defender la verdad pues
había acordado no presentar la defensa y su oponente se paró y en lugar
de presentar su punto con argumentos lo que hizo fue empezar a hablar
en contra de ese teólogo y a decir que pues él había tenido un hijo
fuera de matrimonio y todos sus pecados y que él estuvo metido
en una en una secta herética y Se sentó y este teólogo se
puso después de pie y le dijo, había dicho que yo no iba a participar,
pero dado que he sido el punto de tu argumento, pues voy a participar.
Y él se puso de pie y le dijo, quedaste corto. No dijiste todo
lo que tenías que decir. Soy peor de lo que dijiste. Y
alguna vez el hermano Cody, alguien le dijo algunas cosas y cuando
terminó le dijo, ya terminaste, porque te faltó decir mucho más.
Hermanos, esas actitudes son actitudes de no confiar en nosotros. Son las actitudes de confiar
en el Señor Jesucristo. Agradezcamos el privilegio, qué
bendición, qué privilegio que Dios nos ha concedido congregarnos
en esta iglesia y por su gracia Dios trajo hombres que predican
el evangelio verdadero y que insistieron hasta el último momento
que no perdamos el evangelio verdadero qué bendición que podemos
tener la palabra qué bendición que podemos recordar constantemente
la teología correcta pero clamar al señor que esa teología correcta
no sea simplemente algo académico sino que Dios lo aplique a nuestro
corazón que sea la vida de nuestro corazón y no confiemos en nada
de lo que Dios nos ha hecho entender sino confiemos en el Señor Jesucristo,
que clamemos al Señor para que siempre, en todo momento, exaltemos
al Señor Jesucristo, que Dios nos guarde de que nosotros nos
pongamos en el lugar. Una de las cosas que no quiero
cansarme de decir, y no sólo a ustedes, a mí mismo, No se
trata de nosotros esta vida. Esta vida se trata del Señor
Jesucristo. No es mi fama, mi honor. No es que me reconozcan y me
respeten a mí. No es que me conozcan a mí. No importa si a mí no me
conocen nunca. Nadie va a ser salvo por conocerme
a mí. Pero se trata de que conozcan al Señor Jesucristo. Y se trata
de que confíen en el Señor Jesucristo. Y se trata de que constantemente
nos hagamos, en cada momento, ante cada situación, yo pueda
preguntarme en quién estoy confiando. Después de que hables con tu
hijo, pregúntate, esa manera en que hablé refleja que yo estoy
confiando en Cristo. No será que esa manera en que
estoy hablando es porque hoy estoy medio despistado y estoy
confiando en el privilegio. en cada situación, en cada momento,
cada vez que hacemos algo, cada fin del día, poder preguntarme,
no importa los años, no importa los años que tengamos en la iglesia,
seguir preguntando, ¿en quién estoy confiando? Yo creo que
el apóstol Pablo se hacía esta pregunta, porque el apóstol decía,
no es que ya lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto, Una
cosa hago, olvido lo que queda atrás y prosigo a la meta. Y
después él decía con claridad, yo quiero ser hallado no en mi
propia justicia, que es por la ley. O sea, no en ser ortodoxo. Yo no quiero confiar en todo
lo que sé de la ley. No quiero confiar de quién aprendí.
Yo quiero confiar en la justicia del Señor Jesucristo. y nada
más en la justicia del Señor Jesucristo. A no olvidar que
la salvación es sólo por gracia, es sólo por la fe, es sólo por
la obra del Señor Jesucristo, y que Dios nos guarde de llegar
a esos puntos donde por causa de nosotros el nombre del Señor
sea blasfemado. Y es que mucho de eso ha sucedido
justo en los lugares donde ha habido mucho privilegio. De pronto
uno escucha a personas, y por supuesto que no tienen excusa,
sin embargo uno escucha a personas que cuestionan muchas de las
cosas que ocurren en el mundo y se escudan en decir, no, y
es que esos son los hermanos. escuchan cosas mal de los hermanos
pero es que muchas veces los hermanos han dado la idea de
que ellos son de otra clase de que ellos son mejores que todos
y entonces pues de pronto pues resulta que se nos olvidó que
si hay algo que nos hace diferente es que Dios es rico en misericordia
y es lo único fuera hermanos fuera de eso vamos a ser muy
chocantes a la gente va a haber gente que quizá nos admire como
admiraron a los fariseos, había mucha gente que impresionaron
pero por otro lado va a haber mucha gente con la cual va a
ser muy chocante porque al final no se puede tapar el sol con
un dedo por sus frutos los conoceréis y no intentemos tapar el sol
con un dedo, las cosas salen Y si salen, qué bueno que salen,
porque Dios es misericordioso. Recuerde cómo David tapó nueve
meses, pero incluso no nueve, el niño ya había nacido cuando
Dios mandó a Natán. Pero en su amor Dios lo confrontó
y Dios lo hizo volver en sí. Dios lo hizo ver la necesidad
de confiar. Esos son los puntos graves de
confiar en el privilegio. David llegó a confiar en el privilegio.
y la caída fue terrible pero la gracia de Dios y la misericordia
de Dios y que Dios nos guarde y siempre estemos recordando
gratitud por el privilegio pero confianza en el Señor Jesucristo
gratitud por el privilegio confianza en el Señor Jesucristo porque
no es ni por hacer milagros ni por echar fuera demonios ni por
ser ortodoxo ni por Cosas espectaculares dijo Jesús que dijeron haber
hecho en su nombre. Nadie es salvo por lo que hacen
en el nombre del Señor Jesús. El que es salvo es quien confía
en el Señor Jesucristo y su obra de redención. Vamos ahora.

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Joshua

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