En el sermón titulado "Dios es Imparcial" basado en Romanos 2:11-16, el predicador Joel Coyoc expone la doctrina de la imparcialidad de Dios. Coyoc argumenta que Dios no hace acepción de personas, lo que significa que todos, independientemente de su estatus, raza o conocimiento de la ley, son iguales ante Él. Utiliza el texto de Romanos para resaltar que tanto judíos como gentiles serán juzgados por sus obras, y que es la condición del corazón lo que determina la justicia divina. Este concepto es respaldado por pasajes en Hebreos, Santiago y Efesios, que enfatizan que el juicio de Dios se basa en la obediencia a la verdad. La importancia práctica de este mensaje radica en la urgencia de arrepentimiento y la necesidad de acercarse a Dios en humildad, reconociendo que todos somos igualmente culpables y dependemos de la gracia salvadora de Cristo.
“Dios no hace acepción de personas. Para Dios todas las personas son iguales.”
“La ley de Dios es una expresión de su carácter.”
“Hacer acepción de personas es hacer pecado.”
“El hecho de que haya dado su ley a los judíos no habla absolutamente de parcialidad.”
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