El sermón titulado "Dios nunca olvida", predicado por José Dzul, se centra en la inmutable fidelidad de Dios hacia Su pueblo, un tema que resuena profundamente en la teología reformada. El predicador expone que, aunque la humanidad es propensa a olvidar, Dios nunca olvida a Su pueblo, haciendo hincapié en la promesa divina expresada en Isaías 49:15, donde se utiliza la imagen de una madre que puede olvidar a su hijo, pero Dios asegura que nunca olvidará a Su pueblo. Al explorar Génesis 35, Dzul señala cómo Dios llama a Jacob a regresar a Betel, recordándole que Su promesa de estar con él está vigente. Este retorno a Betel se interpreta como un acto de adoración y una invitación a los creyentes para despojarse de ídolos y purificarse en preparación para adorar al único Dios verdadero, resaltando la importancia de permanecer en la comunidad de creyentes. La implicación es clara: la fidelidad de Dios en cumplir Su obra de redención es una fuente de esperanza y seguridad para todos los que creen en Cristo, quien asegura que ninguna de Sus ovejas será perdida.
“Dios nunca se va a olvidar de nosotros, hermanos, nunca. Dios dice en la palma de mi mano está escrito ustedes, por esa razón nunca los voy a olvidar.”
“La promesa que empieza con Dios también termina con Dios. Eso es una garantía, es una seguridad, de que lo que Dios nos promete, Él lo va a cumplir a su tiempo.”
“En el corazón del creyente no puede haber dos altares. Solamente debe haber un altar. Un altar para Cristo nada más.”
“Todo aquel que en él creyere no será condenado. Todo aquel que creyere en el Señor Jesucristo será salvo para siempre.”
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