En el sermón titulado "Los Bienaventurados," el predicador Jose Dzul aborda la doctrina de la bienaventuranza, basada en el Salmo 112:1, que establece que “bienaventurado el hombre que teme a Jehová”. Dzul argumenta que este temor no es de miedo, sino un respeto filial que se traduce en deleite por los mandamientos de Dios. Él utiliza diversas escrituras, incluyendo Salmos 65:4 y Juan 10:26-27, para respaldar la idea de que las personas verdaderamente bienaventuradas son las que han sido elegidas por Dios, conocidas por Cristo y cuyo pecado ha sido perdonado completamente. La significancia práctica de este concepto radica en la comprensión de que la verdadera felicidad no proviene de las posesiones materiales, sino de una relación restaurada con Dios, lo que otorga paz y esperanza eterna a los creyentes, incluso en medio de las adversidades.
“El temor de los hijos de Dios no es miedo, no es terror a Dios. El miedo a Dios o el temor a Dios es amor, es obediencia, es respeto a Dios, un temor filial.”
“Las personas bienaventuradas son las personas que tienen todo para la otra vida.”
“El perdón de pecados está en el Señor Jesucristo. No está en la religión. No está por tu obediencia.”
“Bienaventurado el hombre que puso en Jehová su confianza.”
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