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Temor del Señor

Psalm 111:5-10
Joel Coyoc May, 3 2023 Video & Audio
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Joel Coyoc May, 3 2023

El sermón titulado "Temor del Señor," predicado por Joel Coyoc, se centra en la reverencia y el respeto debido a Dios, como se establece en Salmo 111:5-10. Coyoc argumenta que el principio de la sabiduría es el "temor del Señor," el cual no debe ser entendido simplemente como miedo, sino como un profundo respeto que resulta del reconocimiento de la santidad y justicia de Dios. Las referencias bíblicas, incluido Mateo 10:28, subrayan la seriedad de la relación del ser humano con Dios, quien es descrito como "santo y temible." Coyoc relaciona este temor reverente con la comprensión de la redención que se recibe a través de Jesucristo, destacando que aunque Dios es justo y exige justicia, también es misericordioso y ha provisto un camino de salvación para su pueblo. La aplicación práctica de este mensaje resalta que, en la obra de redención, los creyentes pueden encontrar satisfacción plena y vivir en un gozo que supera las circunstancias temporales.

Key Quotes

“El principio de la sabiduría es el temor de Jehová.”

“Santo y temible es su nombre, santo porque él aborrece el pecado.”

“Dios en su misericordia, en su clemencia, envió redención a su pueblo.”

“Si Cristo te es revelado, hay un temor reverente, un respeto hacia su gran nombre, hacia su gran bondad.”

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vamos a a buscar el salmo ciento
once dice la palabra de Dios aleluya
a la verea que oba con todo el corazón en la Grandes son las obras de Jehová,
buscadas de todos los que las quieren. Gloria y hermosura es
su obra, y su justicia permanece para siempre. Ha hecho memorables
sus maravillas. Clemente y misericordioso es
Jehová. Ha alimentado a los que le temen.
Para siempre se acordará de su pacto. El poder de sus obras
manifestó a su pueblo, dándole la heredad de las naciones. Las
obras de sus manos son verdad y juicio. Fieles son todos sus
mandamientos, afirmados eternamente y para siempre. Hechos en verdad
y en rectitud, redención ha enviado a su pueblo. Para siempre ha
ordenado su pacto. Santo y temible es su nombre. El principio de la sabiduría
es el temor de Jehová. Buen entendimiento tienen todos
los que practican sus mandamientos. Su lor permanece para siempre. El miércoles pasado meditamos
los primeros cinco versículos y estábamos con el tema obras
para recordar. Las obras del Señor son obras
para recordar y hoy vamos a meditar los versículos del cinco hasta
el versículo once hay hay tanto en el salmo que
vamos a meditar sobre sobre algo que está allí en el salmo que
es algo que probablemente es el tiempo en que quizá vivimos
en más escasez de el temor del señor y nuestro tema es justo
temor del Señor. El versículo 5 nos empieza ya
hablando del temor del Señor y lo afirma en el versículo 9,
santo y temible es su nombre. Versículo 10, el principio de
la sabiduría es el temor de Jehová, el temor del Señor. Una de las
cosas que Dios ha puesto en nosotros es el temor, que en cierto modo
es sentir miedo y que puede ser
algo bueno para protegernos de peligro. Sin embargo, una de
las cosas que es necesario es conocer al Señor para poder tener
un temor adecuado del Señor. un temor adecuado que debe ser,
primeramente, cuando Dios se revela a nosotros
y Dios empieza a hacernos entender la realidad de quién es Él, pues
es correcto, en cierto modo, que pueda ser incluso un terror,
tener terror del Señor, porque la Biblia nos habla en diferentes
lugares de que es horrenda cosa caer en manos del Dios vivo. La Biblia también nos da algunas
expresiones a modo de relato de hechos en los cuales Dios
mostró que Él es fuego consumidor. Podemos recordar cuando Usa tocó
el arca del pacto, el Señor lo fulminó. Podemos recordar cuando hubo robo de las cosas que Dios
había dicho que no se tocaran, el Señor pues mostró su juicio. Podemos recordar a la tribu de
Coré que la tierra se abrió y los tragó. Podemos recordar cuando
el Señor hablaba desde el monte Sinaí y el pueblo tenía temor
del Señor. Podemos recordar a Ananías y
Zafira y dice la Biblia que hubo temor del Señor. Ellos pretendieron
hacer algo que no era auténtico en su corazón. Ellos estaban
más interesados en la aprobación de la gente que en la aprobación
de Dios. Procuraron hacer algo no precisamente para la gloria
de Dios, sino para la gloria de ellos mismos. Y el Señor obró. Podemos pensar en Herodes cuando
aceptó que se dijera que su voz era voz de Dios y no de hombre.
Y podemos pensar en varios lugares en la Escritura donde Dios mostró
juicio inmediato, el temor del Señor. El temor del Señor, cuando
miramos este Salmo, podemos ver que es primeramente por su nombre. el versículo nueve, la última
línea del versículo nueve dice, santo y temible es su nombre,
santo y temible es su nombre. A lo largo de del tiempo, Dios obró en el corazón de personas
que llegaron a estar aterrorizados con su persona. era entendible
el hecho de que algunas de esas personas jamás habían escuchado
el Evangelio como había sido revelado. Ellos... era correcto
que tuvieran terror de Dios porque sin el Evangelio es la respuesta
adecuada. Aparte del Señor Jesucristo, lo mejor que puede sucedernos
es no encontrarnos con el Señor, porque fuera del Señor Jesucristo
el Señor es fuego consumidor. Él es el que no va a dar por
inocente al culpable, y siendo culpables, pues deberíamos de
temer. A lo largo de la historia ha
habido predicadores que han predicado sermones acerca del temor del
Señor. Uno de esos sermones fue pecadores
en las manos de un Dios airado. Y es necesario que nosotros podamos
reflexionar en su nombre y en su persona, como es revelado
en la Escritura. cuando pensamos en palabras del
mismo Señor Jesucristo en Mateo capítulo diez versículo veintiocho dice el Señor El Señor Jesucristo
dice, y no temáis a los que matan el cuerpo, mas el alma no pueden
matar, temed más bien a aquel que puede destruir el alma y
el cuerpo en el infierno. No temáis a los que matan el
cuerpo. Y el Señor Jesucristo nos está llamando la atención
hacia quién es a quien se debe de temer. y está hablando de
temer a Dios porque Dios es el que puede no solo matar el cuerpo,
es que la tribu de Corea no simplemente murió físicamente, sino También
la muerte espiritual, el juicio de Dios. Dice, no temas a los
que matan el cuerpo más el alma no pueden matar, temed más bien
aquel que puede destruir el alma y el cuerpo en el infierno. Y
tenemos que pensar en su nombre es santo y es temible. Es santo porque él aborrece el
pecado. Él es tres veces santo. Él aborrece
a los que hacen iniquidad. Y el Señor Jesús nos está llamando
a temerle. Él es el único que es digno de
ser temido. Ahora, cuando nosotros miramos
el Salmo, nos vamos a encontrar que dice, ha dado alimento, ha dado alimento
a los que le temen. Ha dado alimento a los que le
temen. Cuando nosotros miramos en todo
el contexto del Salmo, es muy probable que el salmista tiene
en mente aquel tiempo cuando el Señor proveyó alimento de
una manera milagrosa para su pueblo en el desierto. Él está
hablando y mostrando cómo el Señor les hizo, les mostró el
poder de sus obras. Y muy probablemente él tiene
en mente esa alimentación que el Señor hizo a través del maná,
que era un milagro. Podemos pensar también que el
Señor no solo les dio el maná, sino también les dio carne, cuando
ellos pidieron carne. Sin embargo, es claro que el
pasaje dice, ha dado alimento a los que le temen. Y tendríamos
que hacer una pregunta. ¿Por qué el apóstol Pablo escribe
y dice, en Filipenses capítulo 4, versículo doce y trece el apóstol
Pablo dice sé vivir humildemente y sé tener
abundancia en todo y por todo estoy enseñado así para estar
saciado como para tener hambre así para tener abundancia como
para padecer necesidad todo lo puedo en Cristo que me fortalece no hay duda de que el apóstol
Pablo era alguien que Él vivió un tiempo sin temor
del Señor hasta que el día que el Señor se reveló a él y él
dijo, ¿Quién eres, Señor? Y él, en verdad, vivía en un
temor reverente del Señor. Él sabía que el Señor Jesucristo
era Dios hecho hombre. Y, sin embargo, él habla de tener
hambre. Otra pregunta que tendríamos
que hacer es, es que los que no temen al Señor no tienen alimento. Y, hermanos, la respuesta está... El Señor Jesucristo hizo referencia
a esto que el salmista puede estar mencionando, ha dado alimento
a los que le temen. Él habló de cómo los padres de
ellos comieron maná en el desierto, sin embargo, murieron. Y sin
duda aquí no se está refiriendo a dar, sí, Dios da alimento material
a los que le temen, Él sustenta a su pueblo, Él es la provisión
de su pueblo, pero note que Aquí está hablando no simplemente
del alimento material, está hablando de la verdadera satisfacción
del alma. El Señor da satisfacción plena
al alma de los que le temen. Una satisfacción que va más allá
de la satisfacción de la que el alimento físico y temporal
es simplemente una figura. El alimento físico y temporal,
nuestro pan, es simplemente algo que apunta a una realidad mayor
y habla de satisfacción del alma. El Señor ha dado satisfacción
al alimento, no sólo físico, sino más aún el alimento del
alma de aquellos que le temen. Recuerde que el alma de esta
gente no estaba satisfecha. Comían pan milagroso, pero un
día dijeron, nuestra alma está fastidiada de este pan. Hermanos, en realidad, algo que
es evidente con esas personas es que no había un temor reverente
del Señor. Ellos murmuraron contra el Señor,
murmuraron de las obras del Señor, estaban fastidiados del milagro
del Señor. En realidad, aunque estaban satisfechos
de su necesidad física, porque el Señor es bueno y Él sacia
a su creación, su alma no estaba satisfecha, no había en verdad
un temor de Dios. El Señor Jesús le dice, sus padres
comieron el maná, sin embargo murieron. Y él dice, yo soy el
verdadero pan que descendió del cielo. Y hay algo que es importante
y es que el alma satisfecha, el alma satisfecha, el alma que
por la gracia de Dios conoce a Dios y por tanto puede tener
un temor adecuado ante el Señor, es un alma que está satisfecha,
es un alma que puede decir que aunque no haya nada que comer,
dice, aunque las vacas sean quitadas, los corrales y las ovejas de
la majada con todo, yo me alegraré en Jehová y me gozaré en el Dios
de mi salvación. Ese está satisfecho. Dios ha
dado alimento a los que le temen. Es bueno que nosotros agradezcamos
por el pan material y seamos agradecidos, aún el pan material
Es un milagro del Señor. No demos por sentado el hecho
de que tenemos comida. Es bueno recordar a los que tenemos
hijos pequeños, recordarles que no en todas las casas hay la
comida que tenemos en casa. Hay tantas casas donde no hay
comida. comida sencillamente y es una gran misericordia y
es bueno que nosotros recordemos y agradezcamos al Señor porque
el hecho de que haya pan material es una gran misericordia del
Señor que es clemente y misericordioso pero que no nos contentemos simplemente
con que tengamos pan material Más temprano que tarde vamos
a hablar como ellos. Estamos fastidiados. Aunque esto
que da el Señor es un milagro, ya nos fastidiamos. Pero que
el Señor dé satisfacción a nuestra alma y podamos decir con Pablo,
en todo y para todo estoy enseñado, así para tener abundancia como
para padecer necesidad, así para estar satisfecho como para padecer
hambre. Todo lo puedo en Cristo que me
fortalece. Y cuando nosotros pensamos en este, que el Señor
satisface a los que le temen, es bueno que nosotros pensemos
en las palabras del Señor Jesús cuando dijo, ¿a quién es a quien
tenemos que temer? Y el temor tiene que ser al Señor
que es santo y es temible. Y en verdad es que siendo el
santo y temible nosotros deberíamos pensar, si somos todos pecadores,
entonces deberíamos estar aterrorizados. Esto nos hace pensar en la oración del Señor Jesucristo
cuando, antes de ir a la cruz, Él oraba, dice la Biblia, hace
descripciones de que estaba en una gran agonía y una gran angustia,
que su sudor era como grandes gotas de sangre. Y Él oraba y
decía, Padre, si es posible que pase de mí esta copa, pero no
se haga como yo quiero, sino hágase tu voluntad. uno pudiera pensar qué es lo que estaba sucediendo
con el Señor Jesucristo. El Señor Jesucristo por supuesto
que no temía a los que pueden matar al cuerpo. Él sabía todo
lo que iba a suceder en la cruz y por supuesto que el Señor Jesucristo
no estaba temiendo de lo que iban a hacer los hombres. El
temor y esa agonía de su alma no era precisamente porque sabía
que iba a ser escupido, abofeteado, maltratado, menospreciado. Le
iban a dar de latigazos, le iban a clavar en una cruz, iba a sufrir
una de las muertes más terribles que se pueden sufrir. Él había
dicho a quién hay que temer. Y no hay duda de que no era eso
lo que estaba produciendo precisamente la gran agonía. lo que estaba
produciendo la gran agonía es que él iba a padecer en la mano
del padre por causa del pecado de su pueblo y el señor en esa
oración está reflejando el hecho de que el padre es santo y temible
y por supuesto el hijo pero él estaba en condición de dios hecho
hombre cargando los pecados de su pueblo y en verdad él estaba
clamando al señor porque Él iba a probar en su cuerpo lo que
la verdad bíblica dice, que es una horrenda cosa caer en manos
del Dios vivo. Los pecados nuestros, en verdad,
nos deben mantener aterrorizados. Si no estás en Cristo, terror
debe llenar tu vida. No simplemente un temor, sino
terror. Es adecuado sentir terror. El
Señor Jesucristo estaba en agonía porque Él sabía claramente lo
que esperaba, no sólo lo que las personas iban a hacer. Él
tenía claridad en cuanto a lo que significaría llevar el pecado
de su pueblo en la cruz del Calvario. Él sabía que iba a ser abandonado
de su Padre. Él citó el Salmo 22, donde el
Salmo 22 dice la razón porque dice tú eres santo y yo soy gusano. Santo es su nombre, la cruz de
Cristo, el padecimiento de Cristo en la cruz del Calvario, nos
debe afirmar que su nombre es santo y temible, que él no puede
tolerar el pecado, que él no escatimó ni a su propio hijo,
sino que le entregó por todos nosotros, que él descargó la
ira, toda su ira, sobre su hijo amado, por causa de que estaba
llevando nuestros Hermanos, qué grandioso es que
el Señor Jesús dice en Juan 4.34, a pesar del dolor, a pesar de
la angustia, de la agonía de su alma. Él sabía algo. Él había dicho,
he de pedir que me libres de esta hora. Pues para esto he
venido. Pero él sabía. Y él decía en
su oración, no se haga lo que yo quiero, sino hágase tu voluntad.
Porque dice el Señor Jesús, mi comida es que haga la voluntad
del que me envió y que acabe su obra. Hágase tu voluntad. Y él sabía, el Señor da alimento
al alma, satisfacción al alma que le teme. Y el Señor sabía
que iba a enfrentar una situación dura, terrible, pero él halló
satisfacción. Y aquellos que por su gracia
podemos ver lo que ocurrió en la cruz y saber que el pecado
no es errores, no son equivocaciones, no son las formas en que nosotros
queremos llamar ahora al pecado, algo que es escaso en este tiempo
es el temor del Señor, pero también es escaso el concepto del pecado. La gente prefiere hablar de otras
maneras y evitar hablar de pecado. La gente prefiere hablar un lenguaje
sin responsabilidad y poner la culpa en la sociedad, en las
circunstancias. Aquellos que por su gracia sabemos
que el Señor tiene un nombre que es santo y que es temible,
y que el pecado en primer lugar es una afrenta contra Él, es
un menosprecio de quien es Él, es una falta de valoración de
Su persona. El pecado es sencillamente no
vivir para aquello para lo cual Dios nos ha creado, que es mostrar
cómo Él es, mostrar Su gloria. y el Señor Jesús nos confirma. Yo veo aquí una directa relación
entre lo que es lo que el Señor Jesucristo enfrentó en la cruz,
pero él halló satisfacción en su padre, él conocía a su padre,
él sabía lo que iba a implicar el juicio que él, el cual iba
a ser objeto en las manos de su padre, para que hubiera justicia
para su pueblo. Recuerde que Él vivió lo que
no podemos vivir, pero Él murió la muerte que nosotros debemos
morir. Él cargó nuestros pecados sobre
Sí en la cruz del Calvario. Y mire que inmediatamente lo
relaciona con el pacto. Dice, se acordará para siempre,
se acordará de su pacto. El Señor nunca olvida su pacto. Hay algo muy cercano entre entre el nombre del Señor que
es santo y temible, entre el hecho de poder conocer a Dios
en el Señor Jesucristo, entre el hecho de que el Señor nunca
olvida su pacto. El versículo 5 dice, para siempre
se acordará de su pacto. Y el versículo 9, en la segunda
línea, dice, para siempre ha ordenado su pacto. Y en realidad,
Él nunca ha olvidado su pacto. En todo el lenguaje del Antiguo
Testamento está presente el pacto. Él hizo un pacto con Abraham
y él le dijo a Abraham que dividiera unos animales y los pusiera allí.
Y dice la Biblia que cuando ya era la noche venía y Abraham
se estaba durmiendo. y estaba espantando los animales
de rapiña que querían comerse los animales divididos. Y de
pronto él sintió fatigado y él pudo ver una antorcha de fuego
que pasaba entre esos animales. Y ahí era un pacto con Abraham
y el que pasó allí fue, el fuego representaba al Señor y el pues
el hombre no era necesario que pasara. El hombre siempre ha
fracasado en su parte del pacto, pero Dios ha cumplido siempre
su pacto. Y en ese pasaje de Génesis, la
Escritura dice que el pacto era con su descendencia. Y sabemos,
por la enseñanza del Nuevo Testamento, el Apóstol Pablo hace mención
que no es a sus descendencias sino a su descendencia, la cual
descendencia es el Señor Jesucristo. Con nosotros pensamos el Señor
ha tenido siempre en mente su pacto, su pacto nunca lo va a
olvidar, su pacto es un pacto eterno y es un pacto en realidad
que es el Señor Jesucristo es, al final de cuentas, él es la
vid verdadera. Al final de cuentas, él es su
hijo que llamó de Egipto. Al final de cuentas, él es el
verdadero Israel, porque él es la descendencia de Abraham. En
tus simientes serán benditas todas las familias de la tierra.
Después, cuando nosotros pensamos en el asunto de que él es santo
y temible, Y mire que inmediatamente el Salmo habla también en ese
contexto del temor del Señor de su nombre. Dice, redención
ha enviado a su pueblo. Estábamos vendidos al pecado,
haciendo todo lo contrario a lo que es vivir en el temor del
Señor, rebeldes al Señor, con una cuenta que nosotros jamás
podríamos haber pagado. y sin embargo, porque su nombre
es santo y temible, estábamos necesitados de ser redimidos.
Y el Señor, que es clemente y misericordioso, redención ha enviado a su pueblo. Nosotros no podíamos pagar el
precio de nuestra redención, pero Dios en su misericordia,
en su clemencia, envió redención a su pueblo. Nadie de nosotros,
aparte del Señor Jesucristo, podía hacer esa redención, porque
nadie es perfecto ni es infinito para pagar una ofrenda infinita. El Señor Jesucristo es el Cordero
perfecto, de más valor que nada en el universo, y es con Su sangre
que fuimos redimidos, dice el apóstol Pedro, sabiendo que fuimos
rescatados, redención, redimidos. La redención es el precio del
rescate. Estábamos bajo ese nombre que
es santo y temible. Estábamos bajo la ira de aquel
que debe ser temido, culpables de haber quebrantado todos los
días todos sus mandamientos, incapaces de hacer lo que es
agradable a sus ojos, incapaces de dar satisfacción, incapaces
de pagar por nuestra gran afrenta, pero él en su misericordia envió
redención a su pueblo en el cordero de Dios que quita el pecado del
mundo. Dice Pedro, Algo que debemos
recordar y que debemos de saber, sabiendo que fuimos rescatados
de nuestra vana manera de vivir, la cual recibimos de nuestros
padres, no con cosas corruptibles como oro o plata, sino con la
sangre preciosa de Cristo, como de un cordero sin mancha, ya
destinado desde antes de la fundación del mundo, pero manifestado en
los postreros tiempos por amor de vosotros. No olvidar, Él ha
dado redención a su pueblo. el es santo y temible hemos de
vivir en su temor hemos sido redimidos de lo que nos esperaría
de parte de él cuyo nombre es santo y temible nos espera nos
esperaba una horrenda expectación de ira esa que va a devorar a
los que se mantengan en rechazar la redención que él ha enviado
a su pueblo damos gracias a Dios porque su mostrarse a ellos, porque ellos
han atravesado momentos de terror ante Dios al entender su situación,
pero por la gracia de Dios han entendido que la única manera
de ser redimidos es por la sangre del Señor Jesucristo. Romanos
capítulo 3, versículo 24. siendo justificados gratuitamente
por su gracia mediante la redención que es en Cristo Jesús. Gratuitamente por su gracia.
Pero no es que no sea de valor. Es de sumo valor. Es de un valor
que nadie podría pagar. Es de sumo valor que costó la
sangre del ser más valioso, del Señor Jesucristo. Es de sumo
valor porque él es el ser más digno de ser
amado. Él es de más valor. Él es el
hijo amado del padre. Él es el único que da complacencia
al padre. Este es mi hijo amado en quien
tengo complacencia. Él es el único inocente. Es el
único que cumplió la ley. Los corderos que lo representaban
debían ser sin defecto, porque él es el cordero perfecto. Él
es el cordero de Dios que quita el pecado del mundo. No nos equivoquemos
nunca con, dice, siendo justificados gratuitamente por su gracia.
Es gratis, pero no es que no tenga valor, es de sumo valor.
no te confundas. Es gratis porque tú nunca podrías
haberlo pagado, porque es una deuda infinita, porque él es
de sumo valor. Es gratis porque él ya pagó,
él hizo la redención mediante la redención que es en Cristo
Jesús. La redención que nos redime ante
aquel cuyo nombre es santo y es temible. Ahora, cuando seguimos
pensando en el Salmo, dice que es el principio de la sabiduría.
El temor del Señor es el principio de la sabiduría. ¿Qué significa o qué entendemos
por el principio? El principio es, estamos hablando
ahí de fundamento. El temor del Señor se fundamenta,
es el fundamento de la sabiduría. es una gran insensatez temer
lo que no es digno de ser temido, y es toda sabiduría temer al
Señor. Es triste que vemos, y nosotros
mismos muchas veces en momentos estamos con temor, porque perdemos
de vista que solo hay uno que debe ser temido, y ese es el
Señor. El apóstol Pablo nos recuerda
y dice que no hay nada que pueda separarnos del amor de Dios que
es en Cristo Jesús. Nada. Ni la muerte, ni la vida,
ni lo presente, ni lo porvenir. A veces somos turmados ante lo
porvenir. Nos asusta, escuchamos noticias
y vemos que todo se va poniendo mal, pero el principio de la
sabiduría es el temor del Señor. Es por la revelación que Él ha
hecho en Cristo Jesús que nosotros sabemos que Él tiene un plan
que está cumpliendo. Sabemos que Él es el único digno
de ser temido. A lo largo de la historia, el
pueblo de Dios, muchos de nuestros hermanos que nos han precedido
han ido a la muerte por causa de Cristo cantando salmos. ¿Por qué? por la gracia del Señor
saben que sólo el Señor es santo y temible. Pero ellos saben que
ya han sido redimidos de lo terrible de la ira por el pecado. Ellos
saben que todo está bien con el único que debe ser temido.
Que todo está bien con aquel que no sólo puede matar nuestro
cuerpo, sino puede matar en el infierno. Que Cristo ha ocupado
nuestro lugar y que ya no hay condenación para los que están
en Cristo. Porque ellos están conscientes
de que han sido redimidos con la sangre del Cordero. Y ellos
pueden actuar con sabiduría. Es una gran sabiduría que nos
guarda. Es muy triste cuando de pronto podemos caer en la tentación
de todo el mundo. Porque hay personas que juegan
con los miedos de las personas. Pero damos gracias a Dios porque
si hay algo que es el fundamento de la sabiduría es, cuando pensamos
en el principio es el fundamento, es el inicio. El inicio, cuando
iniciamos en ser sabios, iniciamos en ser sabios con Dios, quiere
revelarse a nosotros en Cristo. Allí empieza la sabiduría. Cuando
miras quién es Dios, cuando Dios te hace entender no simplemente
palabras de que Él es santo y temible, sino entender qué significa que
Él es santo y temible. Cuando Él te muestra que Él no
puede tolerar el pecado, Cuando Él te muestra lo que es justo
que Él haga por causa de nuestro pecado. Cuando Él te muestra
quién es el Señor Jesucristo, que es el que ha hecho redención
eterna, que es el fiador del pacto. Cuando Él te muestra eso
empieza a haber sabiduría. Allí empieza la sabiduría, cuando
dejas de verte como alguien grande, como alguien capaz, como alguien
que puede hacer algo por su propia salvación, cuando dejas de verte
como alguien que puede cumplir la ley. Porque a veces vivimos
ante el engaño de que cuánta gente hay como el joven rico
y alguna vez fuimos así de sentir y pensar en la ley y pensar todo
eso lo he guardado desde mi juventud. Eso no es sabiduría. Sabiduría
es cuando el Señor te muestra tu total incapacidad, tu total
miseria. Cuando Él te muestra que lo único
que Él debe darte es condenación. Cuando Él te muestra el camino
a través del cual tú puedes huir de la ira venidera y venir y
tener acceso ante el Padre. Cuando Él te muestra que la única
manera en que tú puedes escapar de su ira justa es siendo justificado
por la fe en la obra y en la persona del Señor Jesucristo,
confiando en lo que Él ha hecho. Eso es sabiduría. Es sabiduría
cuando nosotros podemos, por su gracia, tener la claridad
de que si hay algo que en verdad es un problema, que amerita quitarnos
el sueño, es que las cosas no estén bien con Dios y que la
forma en que estén bien con Dios es habiendo confiado en Cristo
y solo en Cristo. Eso es sabiduría. Después dice
el versículo 10. Buen entendimiento tienen todos
los que practican sus mandamientos. La sabiduría es que comenzamos
a tener buen entendimiento. Buen entendimiento. Dice Primera
de Corintios 2, 16. Dice, porque quien conoció la
mente del Señor y quien le instruirá, mas nosotros tenemos la mente
de Cristo. Buen entendimiento tienen los
que practican sus mandamientos. Hermanos, no es que te pongas a decir,
a partir de hoy yo voy a obedecer los mandamientos. El buen entendimiento
viene justo cuando te has mostrado que no eres capaz de cumplir
los mandamientos. Porque lo que Dios demanda no
es simplemente un cumplimiento externo, sino es un cumplimiento
aún en el espíritu de la ley. Y eso no podemos hacerlo en nosotros
mismos, a menos que Dios haga una obra en nuestro corazón y
que nos dé la mente de Cristo. Y alguien que tiene la mente
de Cristo no está pensando que él está cumpliendo para ser redimido,
sino que ya ha sido redimido. Es que no está pensando que está
cumpliendo para tener vida, sino porque ya le dio vida, él puede
ahora vivir en la práctica de sus mandamientos, por el poder
del Espíritu Santo, con un propósito que es no para impresionar a
las personas, no como hizo Ananías y Zafira. Ellos quisieron hacer
algo correcto con el poder de la carne y con un propósito,
que la gente dijera, ah, qué generosos son estos hermanos. Pero cuando tenemos la mente
de Cristo, estamos conscientes de que no es mi mente, es la
mente del Señor Jesucristo. Estoy consciente de que es porque
me ha dado de su espíritu. Estoy consciente de que él está
produciendo en mí el fruto del espíritu, porque al final el
fruto del espíritu es el cumplimiento de la ley. El fruto del espíritu
es amor, es gozo, es paz, es benignidad. El fruto del espíritu
es el hecho que él ha infundido temor en mi corazón y estoy satisfecho
en él. disfruto de su milagro, reconozco
su milagro, y tengo satisfacción en él, si Dios decide cortar
de momento el milagro, por ejemplo, de comer pan material, pues voy
a decir como Pablo, en todo y para todo estoy enseñado, así para
estar saciado como para padecer hambre, todo lo puedo en Cristo
que me fortalece. Primero de Corintios, capítulo
2, versículo 16, que leímos ahorita, y Efesios 4, 19, Versículo 18. Dice, teniendo
el entendimiento entenebrecido, ajenos de la... bueno, si leemos
desde el 17, dice, esto pues divirguieron el Señor, que ya
no andéis como los otros gentiles que andan en la vanidad de su
mente. ¿Por qué están en la vanidad de su mente? Porque... pues la
luz de Cristo no ha resplandecido para ellos. Ellos no saben nada
acerca de su nombre santo y temible. Ellos no saben acerca de aquel
sacrificio del Señor Jesucristo, que incluso él estuvo en agonía
porque sabía que era terrible. el juicio que él iba a experimentar
en favor de su pueblo. Y dice esto, pues, les digo y
les requiero en el Señor que ya no andéis como los otros gentiles
que andan en la vanidad de su mente. ¿Por qué? Dice, porque
tienen el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida de Dios por
la ignorancia que en ellos hay, por la dureza de su corazón.
los cuales, después que perdieron toda sensibilidad, se entregaron
a la lascivia para cometer con avidez toda clase de impurezas. Mas vosotros no habéis aprendido
así a Cristo, si en verdad lo habéis oído y habéis sido por
él enseñados conforme a la verdad que está en Jesús. ¡Qué gran
bendición! El que está en Cristo es nueva
criatura. El que está en Cristo tiene la
mente de Cristo. Y la mente de Cristo es aquella
que nos lleva a confiar en Cristo y solo en Cristo. Es aquella
que el Señor está obrando al escribir, como dice, hablando
del nuevo pacto. Y vamos a Hebreos. En casa si puede leer, lea el
capítulo 9. desde el capítulo 8, capítulo
9, y dos veces el escritor a los hebreos habla
acerca del nuevo pacto. Dice capítulo 10, versículo 16,
Dice, y ese es el pacto que haré con ellos después de aquellos
días, dice el Señor. Pondré mis leyes en sus corazones y en sus
mentes las escribiré. Y añade, y nunca más me acordaré
de sus pecados y sus transgresiones. Gracias a Dios que su nombre
es santo y temible, pero por ese pacto que él no olvida. por
ese fiador del nuevo pacto, que con un solo sacrificio hizo perfectos
para siempre a los santificados. Él está ahora escribiendo la
ley, no en tablas de piedra, sino en nuestro corazón, no como
algo que es una carga opresiva desde afuera, sino como un deleite
de nuestro corazón, de saber que ahora somos hijos de Dios
y es un honor querer mostrar el carácter de tu padre, así
como los niños quieren ser como su papá, así como los hermanitos
menores quieren ser como su hermano mayor, y el Señor está obrando
por su espíritu, y está escribiendo, y ellos están practicando, no
perfectamente, pero sinceramente, y ellos no están confiando en
su práctica, sino están confiando en que Cristo cumplió toda la
ley en su favor. Y ellos, el Señor está haciendo
esa obra de escribir su ley en sus mentes y en sus corazones.
Y ellos están confiando solamente en la redención que les fue dada
gratuitamente mediante la redención que efectuó el Señor Jesucristo. Por último, el Salmo termina
diciéndonos, hablando acerca de, dice la última línea, Su loor permanece para siempre. Su loor permanece para siempre. Hermanos, el Señor es santo,
temible, pero es misericordioso y clemente. Es lento para la
ira, es grande en misericordia. Nos ha mostrado sus obras, el
poder de sus obras. Y la respuesta es como empieza
el salmo, adoración, aleluya. Y su dolor permanece para siempre. Apocalipsis capítulo 4, versículo
8. Dice, y los cuatro seres vivientes
tenían cada uno seis alas, y alrededor y por dentro estaban llenos de
ojos, y no cesaban día y noche de decir, Santo, Santo, es el
Señor Dios Todopoderoso, el que era, el que es, y el que ha de
venir. Hermanos, la respuesta es adoración. Adoración, su luor
permanece para siempre. adoración no sólo en los tiempos
que nosotros nos reunimos como iglesia para adorarle, sino por
su gracia, clamar al Señor para que cada día podamos ser recordados
de que su espíritu mora en nosotros, de que somos su templo, de que
somos llamados a que si comemos, bebemos o hacemos cualquier otra
cosa, le hagamos todo para su gloria. El temor del Señor, el temor
reverente, ya no terror. En algún momento puede ser adecuado
estar aterrorizado. Pero si Cristo te es revelado,
hay un temor reverente, un respeto hacia su gran nombre, hacia su
gran bondad, una valoración del sacrificio del Señor Jesucristo,
no más terror, porque no hay condenación para los que están
en Cristo Jesús, para aquellos que no andan conforme a la carne,
sino conforme al Espíritu, dice la Escritura. Hay redención. Una de las cosas
que celebrar del Salmo, el Señor ha enviado redención a su pueblo. Si eres del pueblo del Señor,
gózate en la redención efectuada por el Señor Jesucristo. Él ha
pagado el precio de nuestra culpabilidad el precio de nuestro pecado,
de la ofensa a ese nombre que es santo y es temible. Él ha
llevado nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero. El castigo
de nuestra paz fue sobre él y por su llaga fuimos nosotros curados. Vamos a orar.

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Joshua

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