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Walter Groover

Algo peor que la lepra

2 Kings 5
Walter Groover March, 26 2017 Video & Audio
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Walter Groover
Walter Groover March, 26 2017

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El título del mensaje será Algo
peor que la lepra. He visto a algunas personas con
la lepra. Es horrible. En los días antiguos,
cuando alguien, en los días que se encuentra esta historia, que
estamos usando en esta noche. No había nada de curación. No
sé si hay hoy día o no, pero era la sentencia de la muerte
cuando apareció la lepra en alguien. Pero la lepra o la enfermedad
de la lepra es algo que que destruye todo el cuerpo del
hombre. Pero el pecado es peor que la
lepra, ¿verdad? Algo peor que la lepra es el
pecado que está en cada uno de nosotros. Nacimos en el pecado
y vamos a morir en el pecado si no creemos en la salvación
que está únicamente en el Señor Jesucristo, en el Dios hombre
Jesucristo. Cuando apareció la lepra en la piel de Namán, toda su vida cambió. Las malas nuevas
de su condición le preparó para recibir las buenas
nuevas de salvación y salud. La convicción de nuestros pecados,
de nosotros mismos, es la obra del Espíritu Santo. Y la convicción
es preciosa cuando Dios nos da convicción de lo que somos. Porque por naturaleza somos peores
que la lepra, como una persona con la lepra, por naturaleza
somos muertos los pecados y los somos hijos de la ira como los
demás. La convicción del pecador o del
pecado en una persona es una buena obra. Cuando una persona
tiene la convicción del Espíritu Santo en él, que es pecador,
¿Quién me liberará de este cuerpo de muerte y pecado? Yo soy pecador
delante de Dios, yo merezco la condenación. Y el fin es el infierno, separación
de Dios para siempre. Porque la paga del pecado es
la muerte, muerte eterna. Porque es necesario recibir,
no es necesario recibir las malas nuevas antes de apreciar las
buenas nuevas del Evangelio. Estoy hablando de las malas nuevas,
verdad, de lo que somos. Pero hay que saber lo que somos
por naturaleza antes de apreciar las buenas nuevas de la salvación
en Cristo Jesús. La enfermedad de la lepra era
la sentencia de la muerte. Sin embargo, la lepra de Naamán
No es comparable con el mal del pecado que está en toda la humanidad. No es comparable. Es horrible,
pero no es comparable con la condición de cada persona sin
Cristo. Separados de Dios para siempre. Vemos el poder del testimonio
de un creyente en este texto, lo que acaba de leer el hermano
Pepe. Segundo Reyes dijo, capítulo 5, dijo una muchacha
de Israel, serviente de la esposa de Naamán. Naamán era el general,
el hombre que tenía la lepra, apareció la lepra en él. Entonces
dijo uno muchacho de Israel, serviente de la esposa de Naamán,
si rogase mi señor al profeta que está en Samaria, él lo sanaría
de su lepra. Buenas nuevas, verdad? Naamán y su experiencia Es un
ejemplo para nosotros y quiero tomar el tiempo para tratar de
aplicar su experiencia con la experiencia de los que han sido
salvados por la gracia de Dios, por medio de la fe y la obra
del Señor Jesucristo y por medio de la fe en la fe. Yo siempre clavo este clavo,
¿verdad? La fe de Cristo nos salva, fe
en su fe en lo que Él cumplió. Siempre otra vez el mismo clavo,
porque es muy importante. No es tu fe. Tu fe es preciosa,
pero no es la causa, es don de Dios. Pero ¿cuál es la causa? Otra vez es claro. La fe del
Señor Jesucristo, un hombre cumplió todo lo que demanda la justicia
divina, por esa razón fue hecho hombre, por esa razón vino y
sufrió hasta la muerte en nuestra cruz. Porque Él sufrió la ira
que merecemos nosotros. La mano y su experiencia es un
ejemplo para todos. Como dice Lucas, nuestro señor
Jesucristo dijo, muchos leprosos había en Israel en el tiempo
del profeta Isaías, pero ninguno de ellos fue limpiado sino naman
el sillo. Es un ejemplo para nosotros.
La man tenía calidades honrables, sin embargo, todo fue destruido
por la lepra. ¿Ha escuchado la lectura que
le dio? Pepe era este hombre grande,
respetado, era general del ejército, había ganado muchas batallas,
pero era leproso. Una muchacha de Israel que estaba
trabajando en su casa, le dijo que hay un profeta en Israel
donde él puede orar a Dios y sanar, Dios le sanará de la lepra. Entonces, él comenzó a tener esperanza en
ese testimonio de una servienta hebrea que estaba en su casa. La man tenía calidades horribles,
sin embargo, todo fue destruido por la lepra. Usted, el hombre,
es una criatura muy… puede tener muchas calidades que aprecio
yo y aprecio a otros, pero el pecado de destruir todo, de destruir
todo, igualmente como un amante tener un hombre de honor y respetado
por el rey, dice ella. pero estaba muriendo de la lepra. Era leproso. En los días bíblicos, los que
tuvieron lepra tuvieron que gritar, ¡imundo, imundo, no se acerque! ¡Imundo! Era la ley para que
nadie se acerque a un leproso. Todo fue destruido. en la mano que tenía la lepra.
Todos nosotros tenemos una cosa que echa a perder todo. Usted
sabe que es, ¿verdad? Referente a nuestra vida y salud
espiritual de la vida de Dios. Todo está destruido por el pecado,
por lo que somos. Por cuanto todos pecaron, todos,
y están destruidos de la gloria de Dios. Entonces, nuestra condición,
como somos pecadores por naturaleza, es algo peor que la lepra, porque
la lepra mató el cuerpo. Pero está hablando del pecado
que destruye el alma, el espíritu, el cuerpo, y todo está separado
de Dios para siempre. Nosotros somos pecadores por
nacimiento. Somos pecadores por obras, lo
que hacemos. Y somos pecadores por nuestros
pensamientos, lo que pensamos. Lo que pensamos sin la palabra
de Dios es puro basura. Romanos 3, 23 dice, por cuanto
todos pecaron y están destituidos de la gloria de Dios. Es la condición,
destituidos de la gloria de Dios. Ezequiel 18 20 dice el alma que
pecare esa morirá. Cuántos. No hay personas aquí
que no son pecadores por cuantos todos pecaron y están desistidos
de la gloria de Dios. Por naturaleza somos peor que
la lepra lo que somos por naturaleza. La léfera destruyó el cuerpo,
pero el alma del hombre está destruido por el pecado, por lo que somos,
por naturaleza. Nosotros somos pecadores por
nacimiento, por obras y por nuestros pensamientos, nuestros pensamientos religiosos. Somos condenados por esto, si
no viene de la Palabra de Dios. La fe viene por la Palabra de
Dios. La fe viene por el oír. El oír
por la Palabra de Dios. Si no viene la fe por la Palabra
de Dios, es pura basura. No podemos seguir nuestros pensamientos. Son pensamientos de mente carnal,
leprosa. Por tanto, como el pecado entró
en el mundo por un hombre, dice Romano 5. Entró el mundo por
medio de un hombre, Adán, el primer Adán. Alguien dice que
eso no es justo. Gracias a Dios que fue así. He
dicho esto varias veces, pero no tengo novedades, hermano.
No tengo novedades. Gracias a Dios que fue por un
solo hombre, Adán, que entró el pecado y pasó el pecado sobre
todos nosotros. Porque la salvación viene de
la misma manera, por la obediencia de un solo hombre, el Dios hombre
Jesucristo, el poster Adán. Por esa razón fue hecho un hombre
para ser nuestro representante. Y en él tenemos la salvación. con un solo hombre, Jesucristo,
con su madre. Él hizo la redención perfecta
para todos los que Él escogió Dios y entregó a Él, para todos
los que creen en Él también. Nuestra condición como pecadores
contanima Nuestra condición como pecador
contamina todo nuestro ser y todo lo que pensamos y hacemos. Todo lo que... Es un leproso. Si él se sentó en la silla, esa
silla estaba inmunda. Si él tocó, bebió este vaso,
el vaso estaba inmundo. Todo lo que él tocaba fue inmundo. Igualmente con nosotros, por
nuestra naturaleza, todo lo que hacemos, todo lo que pensamos,
todo lo que tocamos es pecado, inmundo. Inmundo. Por cuanto todos pecaron, dice
la Biblia, y están destituidos de la gloria de Dios. Si bien todos nosotros somos
como sociedad y todas nuestras justicias como
trapo de inmundicia, trapos muy sucios que solo pueden quemarlos. En Romanos 14, 23, todo lo que
no proviene de fe es pecado. No estoy hablando de cualquier
clase de fe. La fe viene por el oír, la fe
salvadora viene por el oír y el oír por la palabra de Dios. Y
el Señor Jesucristo es el autor y el consumador de nuestra fe,
la fe de su pueblo escogida. Lamán tenía que ser humillado
de su orgullo y vanidad. es lo que Dios hace, dándonos
convicción, humillando ese orgullo y vanidad que tenemos por naturaleza. Namán tenía que ser humillado
de su orgullo y vanidad. Esta es la obra del Espíritu
Santo en el hombre que Dios está trayendo a la salvación. Como
dicen Hebreos 12, puesto sus ojos en Jesús, el autor y el
consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de
él sufrió la cruz, malexpresiando el oprobio, y se sentó a la diez
del trono de Dios. La salvación está solamente en
él, solamente en él. Y Dios está trayéndonos a la
fe. Es don de Dios la fe en Cristo
Jesús. El orgullo es lo que estorba
más en la salvación. El orgullo y vanidad del hombre.
Su naturaleza vieja. El orgullo es lo que estorba
más en la salvación de un pecador. Como dice en Santiago 4. Dios
resiste a los soberbios. y da gracia a los humildes. Naamán, él estaba, cuando él fue a la casa del profeta, él llegó allá con sus soldados,
sus carretas y todo, en frente de la casa del profeta allá en
Israel. Y el profeta no salió. Era una
casita, tal vez de Juan. El profeta estaba allá adentro.
Vino ese gran general allá, con mucho ruido, con mucho pampa,
con sus soldados. Paró enfrente de su casa. Y el
profeta no salió. Envió la servienta, o serviente. Dígale que anda y lávate siete
veces allá en el río Jordán, serás limpio. Y cuando eso se
molestó, se molestó cuando oyó eso. Y él dijo que allá en mi
tierra hay ríos limpios, yo puedo lavarme allá. Y fue un insulto
grande para ese general. Y él dijo que, uno de sus siervos
dijo, ¿por qué no obedece la palabra del profeta de Dios?
Y lávate. Entonces, por fin, el general llegó al río Jordán, un río lodoso. El tiempo era, no era cristalina. No era, era ríos como ya donde
nací en Alabama, el río Lodoso. Pero había mucha tierra allá
para cultivar y estaba lleno de lodo. Y él, él dijo que hay
ríos allá en mi patria, yo puedo lavarme allá. Se molestó, enojado. Y por fin la servienta dijo,
o serviento, ¿Por qué no hace lo que dice el profeta? Vamos más adelante en esto. El orgullo es lo que estorba
más en la salvación de un pecador. Dios resiste a los soberbios
y da gracia a los humiles. El hombre bienaventurado es el
hombre que Dios ha preparado en su espíritu. Bienaventurados
los pobres en espíritu, dijo Cristo, Mateo 5, porque han aprendido
de Dios. La pobreza de espíritu es lo
que aprende uno de los escogidos de Dios. Los pensamientos de
Naamán son como todos los hombres, porque la Biblia dice en Romano
3, por cuanto todos pecaran, todos, pecaron y estamos destituidos
de la gloria de Dios por cuantos toros. El profeta de Dios no
salió a recibir Namán. ¿Por qué? Él lo hizo para que
sea reprendida el orgullo y la vanidad de Namán. El profeta
de Dios le mandó irse y lavarse en el río Jordán. no del efecto
que tenía esto en la mano, porque pensaba que su salud y salvación
sería de otra manera. El hombre tiene muchas ideas
de cómo va a salvarse. Yo voy a hacer esto y esto y
esto. Hay personas que hacen muchos
promesas. Voy a correr de aquí a Cancún
y volver haciendo una promesa a la Virgen por la salvación. Y cuando vuelve, dice, ya yo
pude, yo pude, yo pude. Gloria no sé de estas cosas.
Es triste, ¿verdad? Es la verdad. Pero todos nosotros
por naturaleza tenemos los mismos pensamientos. y por naturaleza, hijos de ira,
como los demás. Segundo de Reyes, 5, Namán se
fue enojado, diciendo, He aquí, yo decía, para mí saldrá el dueño. Y estando en pie, invocaré el
nombre de Jehová, su Dios, y alzará su mano y tocará el lugar y cerrará
la letra. Yo dije al principio, la salvación
no es como tú piensas. Él tenía su idea. Yo decía que
él va a salir de su casita y va a poner su mano sobre el lugar
y sanar la lepra. Pero no es como la salvación,
no es como pensamos. Deja al hombre sus pensamientos.
y vuélvese a Dios. Naamán tenía un problema peor
que la lepra. Él estaba preocupado por su salud
física, no su salud espiritual. El profeta le mandó lavarse siete
veces el río Jordán. Hay cuatro preguntas que debemos
considerar. ¿Había puré en el agua del Jordán? No. ¿Era necesario bajarse en
el agua? Sí, para ser curado de la leprosidad. ¿Tenía el profeta poder en sí
mismo? No. ¿Era necesario obedecer la
palabra del profeta? Sí. El hombre que está predicando
la verdad de la palabra de Dios Hay que respetar la palabra que
está predicando, verdad? Es necesario obedecer la palabra
del profeta, si no somos profetas, pero estamos hablando de la palabra
de Dios que debe, debe ser obedecido. Nota la diferencia, note la diferencia
en las palabras del leproso que vino a Jesús en Mateo 8 2. otro ejemplo. Y aquí vino un
leproso, se postró ante él, ante Cristo, diciendo, Señor, si quieres,
puedes limpiar, puedes limpiarme si quieres. Cristo le dijo, si
quiero, se limpio. Si quiero. Note también la diferencia
en las palabras de la mujer cananea y en Mateos 15. Cristo le dijo
a ella, no está bien. Esa mujer vino a Cristo. La mujer cananea. Y Cristo dijo
a ella, no está bien tomar el pan de los hijos y echarlo a
los perrillos. Ella dijo, sí, señor. Pero aún los perrillos comen
de las migajas que caen de la mesa de sus amos. Entonces respondió
Jesús y dijo, oh mujer grande es tu fe, hágase contigo como
quieres. Ella vino para interceder por
uno de sus, que estaba muriendo, una persona
que estaba muriendo. Los pensamientos de Namán eran
malos y carnales, es como dice el rey, segundo de Reyes. Y aquí
yo decía, para mí saldrá, he leído esto, ¿verdad? La salvación no es como usted
piensa. Ahora estamos llegando otra vez
al título. La salvación no es como usted
piensa. ¿Sabe por qué estoy leyendo esto?
82 años aquí. Cuando llega a 82 años, vamos
a ver, yo quiero que usted venga aquí y predica. La salvación no es como usted
piensa. Como dice Isaías 55, deje el
impío su camino. ¿Quiénes son los impíos? Todos,
por naturaleza somos. Por cuanto todos pecaron y están
desistidos de la gloria de Dios. Deje el impío su camino y el
hombre unico sus pensamientos. Pero yo lo pienso así, déjalo. Vuélvese a Jehová, el cual tendrá
de él misericordia, y al Dios nuestro, el cual será amplio
en perdonar. Por fin, Naamán hizo algo correcto. Naamán, el leproso, el hombre
grande, muriendo de lepra, por fin hizo algo correcto. Según
el Rey Ezequiel, Él entonces descendió en el río Lodoso. Imagínense, puso un pie allá
en el orris y llegó casi a sus rodillas. Él tenía que quitar
su uniforme, todo eso, desnudarse casi. Se metió en ese río Lodoso. Entonces descendió y zambulló
siete veces. Bajó una vez, subió la misma
lepra. Otra vez, hasta siete veces bajó. Tal vez hasta dos o tres. ¡Ay, eso es ridículo! Voy a salir
de... Pero el serviente dijo, haga
lo que dice el profeta. Entonces descendió y se murió
siete veces en el Jordán conforme a la palabra del varón de Dios. Y su carne se volvió como la
carne de un niño. Y quiero limpio. Ya tengo la
carne de... un hombre de 82 años, está saliendo
bronceos en todos lados. Cada golpecito sale un bronceo
grande. Alguien preguntó, ¿qué hizo? Bueno, solo haciendo una chamba
con el coche y ya. No es gran cosa. Ese cuerpo está
descomponiéndose. Por fin Abán hizo algo correcto. Según uno de los reyes 514, Él
entonces descendió y se embullió siete veces conforme a la palabra del varón
de Dios y su carne se volvió como la carne de un niño y quedó
limpio. El profeta no recibió nada del
dinero que Namán le ofreció. Ese hombre rico quería darle
dinero, tenía mucho dinero, pero él no quería recibir esto. Para
que sea claro que fue hecho por la gracia de Dios, su curación. No sé si fue claro esto. ¿Dónde
está la salvación? En la palabra de Dios, creyendo
en el Señor Jesucristo. Cristo preguntó, ¿qué dicen los
hombres que soy yo? Algunos dicen una cosa, algunos
dicen otra cosa. ¿Pero qué dices tú? Hemos creído que tú eres el salvador. Tú eres el Mesías, el Redentor. Y Cristo dijo, bienaventurado
eres, Simón, eres Simón, ¿verdad? Porque no te lo revaló carne
ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos. ¿Quién es
su Señor y su Dios en esta noche? Sus pensamientos, su religión,
las ceremonias y los ritos, o el Señor Jesucristo está reinando
en su corazón. Él es mi Señor, mi Salvador y
mi Dios. Espero que todos tengan la misma
fe y testimonio en su corazón, que es Cristo Jesús, Él es mi
Señor, mi Dios y Salvador. Y Dios es el que revela esto
en el corazón. Nosotros no doblamos los brazos
de las personas para que sean bautizados. Pero eso es lo que debe hacer
para confesar su fe si ha creído. Pero, escucha esto, no lo hago
para ser. cristiano. Si no eres creyente,
salvado por fe en Cristo ahora mismo, no debes ser bautizado. Ninguno, ninguno debe ser bautizado
si no sabe en su corazón que Cristo es mi salvador, mi señor,
mi Dios, mi salvador. Soy salvo por la gracia de Dios
en Cristo Jesús. Yo quiero bautizar, ser bautizado,
te confesando la fe que Él me ha dado la salvación que me ha
dado. Es lo que sirve, la sed del Señor
también es testimonio de lo que Dios nos ha hecho y el bautismo
y todo.

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Joshua

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