El sermón predicado por Joel Coyoc se centra en la alabanza a Dios a partir de 1 Timoteo 1:17, enfatizando la naturaleza y el carácter de Dios como el "Rey de los siglos". Se argumenta que la verdadera alabanza proviene únicamente de aquellos que han experimentado la redención y la misericordia de Dios, resaltando la necesidad de tener un corazón limpio y una fe genuina. El apóstol Pablo se presenta como un ejemplo de misericordia, afirmando que su transformación y ministerio son frutos de la gracia divina, en un contexto donde la adoración se distingue entre la auténtica y la superficial. Coyoc subraya que el reconocimiento de la grandeza de Dios y su soberanía es fundamental para una adoración adecuada, la cual tiene profundas implicaciones prácticas para la vida del creyente en reconocimiento a la riqueza de la misericordia que hemos recibido.
“Las palabras de alabanza nacen únicamente en el corazón de los redimidos.”
“Aquellos que pueden dar verdadera adoración son aquellos que llegan, Señor, sé propicio a mí el pecador.”
“Dios no tiene contrario; Él es el rey de los siglos.”
“La gloria es para el Señor, porque no somos dignos, y todo lo que hay en nosotros es por su rica misericordia.”
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