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JC

La Tercera Manifestación

John 21:1-14
Joel Coyoc July, 7 2021 Video & Audio
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JC
Joel Coyoc July, 7 2021
Estudio del Evangelio de Juan

El sermón titulado "La Tercera Manifestación", predicado por Joel Coyoc, explora la resurrección de Cristo y su manifestación a los discípulos a través de Juan 21:1-14. Coyoc argumenta que esta aparición vivifica la certeza de que Jesús es el cumplimiento de las profecías messiánicas y la soberanía de Dios, al manifestarse en un entorno cotidiano, no solo en reuniones formales de adoración. Destaca la obediencia de los discípulos en echar la red a la derecha de la barca, junto con el milagro de la pesca, como una demostración de la autoridad de Cristo sobre la creación (Juan 21:6). El pasaje también subraya la importancia de la comunión con Jesús y el crecimiento en la fe que resulta de estas manifestaciones. Esta verdad tiene un significado práctico para los creyentes, ya que les llama a anhelar y buscar la manifestación de Cristo en sus vidas y a ver su trabajo como un acto de adoración.

Key Quotes

“El Señor es soberano sobre su pueblo y sus ovejas oyen su voz y hacen lo que Él les manda.”

“La Biblia dice que el principio de la sabiduría es el temor del Señor.”

“El Señor provee para su pueblo por medio del trabajo, y este pasaje nos presenta que Él puede proveer por medio del trabajo y a pesar de nuestro trabajo.”

“Anhelar que el Señor se manifieste, anhelar y clamar al Señor para que dé dirección en nuestro trabajo.”

Sermon Transcript

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Vamos a abrir nuestras Biblias
en el Evangelio según San Juan, en su capítulo veintiuno. Dice la Palabra de Dios, después
de esto, Jesús se manifestó otra vez a sus discípulos junto al
mar de Tiberias. y se manifestó de esta manera.
Estaban juntos Simón Pedro, Tomás y Amado el Dídimo, Natanael,
el decaná de Galilea, los hijos de Zebedeo y otros dos de sus
discípulos. Simón Pedro les dijo, voy a pescar. Ellos le dijeron, vamos nosotros
también contigo. Fueron y entraron en una barca
y aquella noche no pescaron nada. Cuando ya iba amaneciendo, se
presentó Jesús en la playa, mas los discípulos no sabían que
era Jesús. Y les dijo, ¿Hijitos, tenéis
algo de comer? Les respondieron, no. Él les
dijo, echad la red a la derecha de la barca y hallaréis. Entonces
la echaron y ya no la podían sacar por la gran cantidad de
peces. Entonces aquel discípulo, a quien
Jesús amaba, dijo a Pedro, es el Señor. Simón Pedro, cuando
yo que era el Señor, se ciñó la ropa, porque se había despojado
de ella, y se echó al mar. Y los otros discípulos vinieron
con la barca, arrastrando la red de peces, pues no distaban
de tierra, sino como doscientos codos. Al descender a tierra,
vieron brasas puestas, y un pez encima de ellas, y pam. Jesús
les dijo, traed de los peces que acabáis de pescar. Subió
Simón Pedro y sacó la red a tierra llena de grandes peces, 153,
y aun siendo tantos, la red no se rompió. Les dijo Jesús, venid,
comed, y ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle, ¿tú
quién eres?, sabiendo que era el Señor. Vino pues Jesús y tomó
el pan y les dio, y asimismo del pescado. Esta era ya la tercera
vez que Jesús se manifestaba a sus discípulos después de haber
resucitado de los muertos. Cuando hubieron comido, Jesús
dijo a Simón Pedro, Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que éstos? Le respondió, sí, señor, tú sabes
que te amo. Él le dijo, apacienta mis corderos.
Volvió a decirle la segunda vez, Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro le respondió, sí, señor,
tú sabes que te amo. Le dijo, pastorea mis ovejas.
Le dijo la tercera vez, Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro
se entristeció de que le dijese la tercera vez, ¿me amas? Y le
respondió, Señor, tú lo sabes todo. Tú sabes que te amo. Jesús le dijo, apacienta a mis
ovejas. De cierto, de cierto te digo, cuando eras más joven
te ceñías e ibas a donde querías, mas cuando ya seas viejo, extenderás
tus manos y te ceñirá otro, y te llevará otro a donde no quieras.
Esto dijo dando a entender con qué muerte había de glorificar
a Dios, y dicho esto, añadió, sígueme. Volviéndose, Pedro vio
que le seguía el discípulo a quien amaba Jesús, el mismo que en
la cena se había recostado al lado de él, y le había dicho,
Señor, ¿quién es el que te ha de entregar? Cuando Pedro le
vio, dijo a Jesús, Señor, ¿y qué de éste? Jesús le dijo, Si
quiero que él quede hasta que yo venga, ¿qué a ti? Sígueme
tú. Este dicho se extendió entonces
entre los hermanos, que aquel discípulo no moriría. Pero Jesús
no le dijo que no moriría, sino, si quiero que él quede hasta
que yo venga, ¿qué a ti? Este es el discípulo que da testimonio
de estas cosas. Y escribió estas cosas, y sabemos
que su testimonio es verdadero. Y hay también otras muchas cosas
que hizo Jesús, las cuales, si se escribieran una por una, pienso
que ni aún en el mundo cabrían los libros que sabrían describir. Amén. Vamos a meditar los versículos
del 1 al 14. Y nuestro tema es la tercera,
la tercera manifestación. Jesús, después de haber resucitado,
estuvo presentándose ante sus discípulos. Y no sólo ante el
Círculo de los Doce, porque dice en Corintios que más de 500 hermanos
le vieron como el Cristo resucitado. Y esta era la evidencia de que
Él era el cumplimiento de todas las profecías, de que Él era
el Cordero de Dios, de que Él había satisfecho la justicia
de Dios. y él fue levantado victorioso
de entre los muertos, él venció el pecado, él cumplió la ley,
él venció la muerte. Y él iba presentándose cada vez
ante sus discípulos que en realidad no habían comprendido totalmente
el hecho de que Jesús había resucitado. Cuando estábamos hablando acerca
de Tomás, solemos mucho hablar de Tomás y su incredulidad, pero
no fue el único incrédulo. cuando el Señor habló con aquellos
del camino de Maús, también les reprendió y les dijo insensatos
y tardos de corazón para creer, y miramos ahí que más que simple
sí había incredulidad, pero más que incredulidad había un tremendo
dolor en el corazón de Tomás. Tomás era una persona que pues
era leal al Señor Jesucristo. Y bueno, una cuestión de su propia,
de su carácter, de su personalidad, es que era una persona pesimista,
que esperaba siempre lo peor. No obstante, él quería estar
siempre cerca del Señor Jesús. Lo vimos en pasajes como cuando
el Señor había ido a Galilea y le llaman para resucitar a
Lázaro. los discípulos se preocupan de
que Jesús va a volver allí, y le dicen, bueno, te querían matar,
te querían apedrear y otra vez regresas allí. Y ya al final
el Señor les explica que Lázaro está muerto, porque al principio
ellos pensaban que estaba, el Señor les dijo que duerme, y
después les dijo que había muerto, y Tomás responde con la expresión
de, bueno, pues vamos nosotros para morir con él. A pesar de que él veía el peor
escenario, él estuvo dispuesto a ir con Jesús, porque él prefería
estar con Jesús, aunque eso significara la muerte. Y uno de sus temores
era que aquel a quien él amaba, el Señor Jesucristo, fuera quitado
de él. Y lo vemos cuando Jesús empieza
a hablar de que se va a ir, y Tomás entra en pánico y le dice, Señor,
no sabemos a dónde vas. ¿Cómo vamos a saber el camino?
Y de pronto, todos sus temores se hacen realidad. Cristo ha
muerto y Él se ha quedado sin el Señor Jesús. Quizás sin muchas
ganas de estar con alguien más. Razón por la cual Él no se encuentra
en la primera manifestación, que fue el día de la resurrección
por la noche. Los otros discípulos lo animan
compartiéndole lo que han visto. Al Señor hemos visto. y evidentemente
el Señor lo atrae a través del testimonio de los otros discípulos
y en el siguiente domingo en la noche Él está presente y el
Señor habla directamente a su necesidad, habla a su corazón
y Él cree en el Señor Jesucristo y confiesa que Jesucristo es
Señor, reconoce la Deidad del Señor Jesucristo. Dios está haciendo su obra. El Señor es paciente. El Señor
ya les había dicho a los discípulos que ellos se fueran a Galilea.
En el capítulo 28 de Mateo, el ángel le dijo a las mujeres que
vayan y le dijeran a sus discípulos que se fueran a Galilea, que
ahí le iban a ver. Y era algo que el ángel les había
dicho, que se fueran a Galilea. Evidentemente la primera manifestación
pues fue en algún lugar en Jerusalén a puertas cerradas por miedo
de los judíos. Muy probablemente la segunda
reunión que también fue a puertas cerradas no haya sido tal vez
ya en Jerusalén sino probablemente en Galilea. Pero evidentemente
en esta tercera manifestación están en Galilea y pues había un periodo de cierta
incertidumbre. Ellos no tenían mucha claridad
en lo que venía. Y Pedro, como siempre, con su
carácter de líder, pues se pone delante de siete de los, seis
de los discípulos. Y pues él era pescador y él dice,
pues, no sabía qué iba a hacer de su vida de ahora en adelante.
Y pues él decide ir a pescar. Y dice la Biblia que ellos se
van a pescar y se van con ellos otros seis de los discípulos. Y cuando miramos cuál es el contexto
de esta manifestación, podemos pensar que el domingo de la Resurrección
por la noche, podemos pensar que fue el primer culto de la
Iglesia después de que Cristo resucitó. El siguiente domingo,
cuando Tomás estaba, pues fue el siguiente culto. Y... Ahí se hizo... Había algo que
empezó a ser una expectativa para los hermanos, y era que
cuando ellos se reunían, esperaban que Cristo se manifestara en
medio de ellos. Y el Señor lo sigue haciendo.
Y se volvió una costumbre saludarse para animarse con la palabra
maranata, que es, ven, Señor Jesús. En esta tercera manifestación,
digamos que el Señor se manifiesta a ellos, ya no en el ambiente
propiamente de un culto de adoración, pero recordemos que para los
redimidos del Señor todo es adoración, y se encuentran en su trabajo
cotidiano, y el Señor se manifiesta en un lugar donde ellos están
realizando su trabajo cotidiano. y estaban, dice la Biblia, ahí
junto al mar de Tiberias. Y dice, después de esto, Jesús
se manifestó otra vez a sus discípulos junto al mar de Tiberias, dice
el versículo uno, y se manifestó de esta manera. Y la manera en
que se manifestó es que, bueno, Pedro había liderado un grupo
ahí de seis, en el versículo dos se nos dicen algunos nombres,
y se estaban juntos, Simón, Pedro, estaba Tomás, y ya no estaba
más solo, estaba en la comunión con los hermanos, no precisamente
en el culto de adoración, pero trabajando juntos. Y el trabajo
es también un acto de adoración. Estaban Natanael, el decanat
de Galilea, los hijos de Zebedeo, que serían Jacobo y Juan, y después
se menciona a otros dos que no se dice su nombre. Y no sabemos
si esos otros dos eran del círculo de los doce, o eran de algunos
de los otros hermanos, como en la primera ocasión que Jesús
se manifestó, no estaban sólo los... bueno, ya no eran once,
sino eran... no eran doce, sino once. Pero
probablemente se estaba contando también a Matías ya, pero habían
otros hermanos. El hecho de que se mencione como
anónimos, es una... Cristo se manifiesta, no sólo
a aquellos que Él ha elegido para tener algún ministerio dentro
de la Iglesia, como apóstoles, pastores y maestros, profetas.
Ese hecho de mencionar anónimos está hablando de la mayoría de
los santos, de aquellos que quizá pues no van a tener precisamente
un ministerio público, pero el Señor Jesucristo habla de su
disposición de manifestarse a cada uno de sus escogidos, haciendo
énfasis en que no hay tal cosa como una jerarquía dentro de
la Iglesia. sino el Señor se manifiesta. Haciendo, a un lado, ideas. Muchas
veces tenemos ideas de que, pues, como que los pastores tienen
más palanca y le decimos que oren por nosotros. No es malo
decirles que oren por nosotros, pero es bueno compartirles nuestros
motivos de oración y oramos unos por otros. Pero es una idea extraña
a la Escritura el pensar que aquellos que tienen un ministerio
público, pues, como que son los que más deben orar por nosotros
porque Es algo que no sé dónde buscamos, pero no es así. El
Señor nos ha abierto el acceso al Lugar Santísimo. Podemos venir
confiadamente al Trono de la Gracia, sea que sea uno de los
apóstoles en aquel tiempo, sea que sea un pastor, sea que sea
un diácono, el que sea el ministerio que tenga, sea que sea un maestro
de la Escuela Dominical, O sea, un miembro de la congregación
de esos que no se va a mencionar su nombre, como aquí no se menciona
a esos otros dos por nombre, el Señor se manifiesta a los
Suyos. Ahora, ¿cuál es la ocasión en
que se les manifiesta? Dice la Biblia que se fueron
a pescar y entraron en una barca y estuvieron toda una noche trabajando
para pescar y no pescaron nada. El señor se les manifestó después
de una noche de pesca sin resultados. No hubo resultados pues anhelados. Un pescador va y pues espera
regresar por lo menos con un pez, pero esa noche no habían
pescado absolutamente nada. La manifestación del Señor, ya
después de ver el entorno, el contexto de esa manifestación,
podemos ver que Juan empieza a hablar ya de la manifestación
en sí. Y dice el apóstolo Juan, ahí
en el versículo 4, cuando ya iba amaneciendo, se presentó
Jesús en la playa. Jesús se presenta en la playa
y estaba amaneciendo, quizá todavía
estaba empezando a clarear, probablemente había neblina, porque dice la
Biblia ahí que los discípulos no le reconocieron, quizá la
distancia no era, eran más o menos como, dice, doscientos, a ver, dice aquí, doscientos codos probablemente
unos 60 metros y bueno es probable que uno no pueda distinguir bien
a una persona cuando está amaneciendo a una distancia de 60 metros
El caso es que ellos no reconocieron que era el Señor Jesús, y el
Señor Jesús se presenta como una persona que saluda con un
saludo habitual que se le hacía a los pescadores. Es probable
que algún administrador, algún mayordomo de alguna familia,
se parara y preguntara. Nuestra traducción 60 traduce
hijitos. Algunos comentaristas dicen que
la traducción más adecuada sería muchachos. O sea, imaginar a
alguien que quiere consumir producto que traen los pescadores y les
pregunta si tenían algo de comer, no precisamente porque el señor
les iba a hacer un desayuno, sino porque quería comprar de
comer para su familia. Y ellos responden que no habían
pescado, no le reconocen. A pesar de no reconocerle, el
Señor da una orden. Y la orden es, les dijo el Señor,
echad la red a la derecha de la barca y hallaréis. Echad la
red a la derecha de la barca y hallaréis. Y en alguna otra ocasión, Tiempo
antes, habían tenido una pesca milagrosa también. Después de
una noche de pescar y no haber encontrado un pez, el Señor les
da la instrucción de echar a la red. Y Pedro, en esa ocasión,
dice algo al Señor. Él le dice, Señor, hemos trabajado
toda la noche y no hemos pescado nada. pero en tu nombre lo vamos
a hacer y probablemente eso llevaba a la implicación de que bueno
él era pues no era un principiante como pescador era un hombre que
era su oficio de toda la vida y él sabía que la mejor hora
para ver pescado pues debió haber sido en la noche pero bueno ya
que el señor tú lo estás diciendo pues lo vamos a hacer y lo hace
y él en ese momento pues él el temor de dios Dios se le revela,
revela Su Deidad. Y en esa ocasión no hay ni una
objeción, ellos sencillamente hacen lo que tienen que hacer,
echan la red. Y en ese momento, el discípulo
al que Jesús amaba, se da cuenta de quién es aquel a quien no
habían reconocido. Y dice el versículo 6, Entonces, se echaron la red y
no la podían sacar por la gran cantidad de peces. Los discípulos
obedecen. El Señor es soberano sobre su
pueblo y sus ovejas oyen su voz y hacen lo que Él les manda.
Pero el Señor está mostrando no sólo su soberanía sobre su
pueblo, sino también está mostrando su soberanía sobre la creación.
No sólo los discípulos obedecieron de echar la red a la derecha,
es muy probable que a lo mejor los peces estaban allá y el señor
les ordenó no entrar en la red durante toda la noche, o a lo
mejor no estaban realmente allí, pero en el momento en que el
señor dijo qué es lo que ellos tenían que hacer, también dijo
qué es lo que los peces tenían que hacer, y los peces estaban
allí, en la red, y ellos tuvieron una pesca, y el Señor estaba
mostrando que es soberano sobre toda su creación, sobre su pueblo
y sobre toda la creación, Él es, Él es Señor. El discípulo
amado ve la gloria del Señor. ¿Y qué es lo que él hace al verlo?
Proclamar la gloria del Señor. Él grita, es el Señor, dice. Entonces, versículo siete, aquel
discípulo a quien Jesús amaba dijo a Pedro, es el Señor. Simón Pedro, cuando yo que era
el Señor, se ciñó la ropa porque se había despojado de ella y
se echó al mar. ¿Y cuál es la bendición de que
el Señor se manifieste? Comentaba yo hace un rato que
El primer domingo en la noche después de la resurrección estaban
reunidos y Jesús se puso en medio. Y el siguiente domingo estaban
reunidos y Jesús se puso en medio. Y empezó a ser un anhelo de los
hermanos. Y debe ser un anhelo nuestro el hecho de que el Señor
se manifieste, no solamente en nuestro culto de adoración, sino
en cada momento de nuestra vida, pero también relacionado con
el hecho de anhelar su venida. Hablaba yo del saludo maranata,
que era por la expectativa de que Jesús se pusiera en medio.
Y nosotros sabemos por la escritura que donde están dos o tres congregados
en su nombre, dice, allí estoy yo en medio de ellos. Pero el
hecho de anhelar la venida del Señor, el hecho de anhelar que
el Señor se manifieste, el hecho de anhelar que podamos ver la
gloria de Cristo y podamos regocijarnos. Y el pasaje termina mostrándonos
la bendición de la manifestación como el pueblo del Señor es bendecido
cuando Cristo se manifiesta, lo cual nos debe llevar a anhelar
la manifestación del Señor Jesucristo. ¿Qué sucedió con Pedro cuando
él escuchó que era el Señor? Bueno, no es que Pedro estaba
desnudo, pues había quitado su ropa. Uno no entra a pescar vestido
de zapatos y se pone la mínima ropa para poder pescar, y él
estaba con la mínima ropa para poder pescar, pero un judío nunca
se presenta, una persona, un oriental nunca se presenta ante
su superior con lo mínimo de ropa y aquí habla el hecho de
que Dios se manifiesta hace que crezca en el corazón de su pueblo
el temor del Señor. La Biblia dice que el principio
de la sabiduría es el temor del Señor. Una de las cosas que escasea
tremendamente en este tiempo es temor del Señor. Y no hay
manera de temer al Señor si no se conoce al Señor. Y sólo podemos
conocer al Señor cuando Él se manifiesta. Y vemos una actitud
de reverencia, una actitud de temor, y Él en su corazón de encontrarse,
de estar cerca del Señor. Se pone la ropa y deja a los
demás lidiando con la red y con los peces, y él se apura a estar
cerca del Señor. La otra bendición de la manifestación
del Señor es poder experimentar que Dios es el proveedor de toda
necesidad de su pueblo. El Señor provee para su pueblo
por medio del trabajo, y este pasaje nos presenta que Él puede
proveer por medio del trabajo y a pesar de nuestro trabajo,
porque no habían pescado nada. Y el Señor les dijo que echaran
la red, y echaron la red, y estaban los peces, y ellos tuvieron trabajo. Pero cuando ellos llegaron a
la playa, el Señor ya tenía un pez en las brasas que ellos no
habían sacado. Ese no era fruto de su trabajo.
Y también pusieron, Jesús les dijo que sacaran de lo que habían
trabajado. Pero el Señor provee, a través del trabajo de su pueblo,
y a pesar del trabajo de su pueblo. Hay ocasiones en que Dios lo
quiere hacer de otra manera. Y Spurgeon dice, Dios derramó
bendición después de una noche de trabajo. Y eso nos llama al hecho de la
diligencia en el trabajo y en el servicio al Señor. Tanto en
nuestro trabajo es un acto de adoración a Dios, como nuestro
servicio exclusivo para Dios, ser diligentes y poder experimentar
que el Señor es quien provee toda necesidad de su pueblo.
El Señor provee para alimentar a su pueblo en todos los sentidos,
no solamente en el sentido espiritual, aún en el sentido material, dice
la Escritura, aquel que no escatimone a su propio hijo, sino que lo
entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará con él también todas
las cosas? el Señor es nuestro proveedor,
el Señor tiene cuidado de su pueblo, y el Señor prospera el
trabajo de su pueblo, y el Señor provee muchas veces, independientemente
del trabajo que su pueblo hace. La otra bendición de la manifestación
es comunión con Jesús. Estuvieron en un tiempo de intimidad
con el Señor, compartiendo los alimentos, y dieron que el Señor había preparado
alimento para ellos. Y eso produjo una intimidad con
el Señor, pero también un crecimiento en la gracia y el conocimiento
de nuestro gran Dios y Salvador Jesucristo. Poder mirar, dice
algo interesante el apóstol Juan, dice, Versículo 11 y 12 dice,
subió Simón Pedro y sacó de la red a tierra llena de grandes
peces, 153, y aun siendo tantos, la red no se rompió. Les dijo
Jesús, venid y comet. Y ninguno de los discípulos se
atrevía a preguntarle, ¿tú quién eres?, sabiendo que era el Señor. Ninguno se atrevía a preguntarle
quién es. Había habido un crecimiento en la gracia. Estaban creciendo
en su conocimiento del Señor Jesucristo. Y no había necesidad
de que le preguntaran ya quién era. El Señor, habían aprendido
a distinguir la gloria del Señor. Habían aprendido a distinguir
su soberanía. Se habían regocijado de su provisión
y estaban bien claros y seguros de que era su Salvador resucitado. Aquel que les amó con amor eterno. Aquel que a pesar de la manera
en que ellos se habían portado, les amaba aquel que es el siervo
del señor que por amor al señor a su padre también sirve a su
pueblo aquel que les había lavado sus pies ahora estaba había hecho
una comida para ellos y estaba compartiendo y teniendo comunión
con ellos es probable que fue un tiempo de reflexión probablemente
Pedro miraba el pez en las en las brasas y quizá le hacía recordar
aquel fuego donde él se acercó a calentarse cuando le preguntaron
si conocía al Señor Jesús. Quizá Tomás también meditaba
en su corazón esos momentos en que su dolor lo llevó a la incredulidad
y, sin embargo, poder experimentar una comunión íntima con el Señor
Jesucristo y poder regocijarse de crecer en conocer al Señor
Jesucristo. Y lo que el Señor hizo, sigue
haciendo. El Señor sigue manifestándose
a Su pueblo. El Señor nos ha dejado Su Palabra,
nos ha dejado Su Espíritu a través del cual podemos verle. Y debe ser el anhelo de nuestro
corazón anhelar verle. El poder decirnos de vez en cuando,
Maranata, el Señor viene, con la expectativa de que Él está
en medio, pero también con la expectativa de amar Su venida.
Todo gira en torno a nuestra esperanza de que Él se manifieste. Estamos esperando la manifestación
gloriosa del Señor Jesucristo. Dice la Escritura que aún la
creación misma está esperando ese momento glorioso. La creación
misma gime porque ha sido sujeta a vanidad y está esperando ese
momento de la redención gloriosa de los hijos de Dios que se va
a dar cuando Cristo se manifieste. y es en torno de esa nuestra
esperanza dice Juan cierra esta sección diciendo es la tercera
vez que Jesús se manifestó a sus discípulos después de haber resucitado
pero Juan en primera de Juan escribe y dice amados ahora somos
hijos de Dios y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser
Pero sabemos que cuando Él se manifieste, seremos semejantes
a Él, porque le veremos tal como Él es. Y qué maravillosa expectativa
y anhelo de nuestro corazón. Tiene todo el sentido de que
los hermanos se saludaban para animarse con maranata. que ven,
ven Señor Jesús y que sea nuestra expectativa en todo momento.
El Señor nos está enseñando aquí que no sólo es los tiempos, si
bien en los tiempos de nuestra adoración colectiva, pero en
los tiempos de nuestro trabajo, anhelar que el Señor se manifieste,
anhelar y clamar al Señor para que dé dirección en nuestro trabajo.
Es interesante que ellos tuvieron dirección divina en su trabajo.
El Señor les dijo a dónde tenían que poner la red, y fueron obedientes
al Señor, y el Señor mostró su gloria. Y qué distinto es... Bueno, en la vida, el Señor,
por supuesto, los estaba preparando para ser pescadores de hombres,
y ellos el Señor los había elegido del trabajo de ser pescadores.
Y yo creo que muchas veces, bueno, algunas personas, yo no sé mucho
de la pesca, pero leyendo algunos comentaristas, ellos creen que
es parte bastante habitual en el trabajo de un pescador el
encontrarse con noches como esta, donde trabajaban toda la noche
y no se pescaba nada. Y haciendo la obra del Señor,
es muy probable que uno predique y aparentemente no suceda nada.
Sin embargo, ese no es asunto nuestro. El asunto nuestro es
que no nos cansemos, pues, de hacer el bien a su tiempo. Cegaremos
si no desmayamos. El trabajo en la obra del Señor
es proclamar el Evangelio. Y el que va a salvar a las personas
según su voluntad es el Señor, que es soberano en lo que Él
hace. Cuando Él desea que los peces estén en la red, los peces
van a estar allá. Cuando Él desea que aquellos
por los cuales Él murió, escuchen su llamado eficaz, ellos van
a escuchar. Y, hermanos, que nuestro anhelo
sea esa el que Cristo se manifieste en todo tiempo en nuestra vida,
que sea nuestra oración, que sea nuestro anhelo y que podamos
amar la venida del Señor Jesucristo. Vamos a orar.

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Joshua

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