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JC

Los idolos

Psalm 135:15-21
Joel Coyoc May, 31 2023 Video & Audio
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JC
Joel Coyoc May, 31 2023

En su sermon titulado "Los ídolos," el predicador Joel Coyoc aborda el importante tema de la idolatría mediante un análisis de Salmo 135:15-21. Coyoc sostiene que la idolatría, tanto externa (ídolos creados) como interna (ídolos del corazón), es una de las principales problemáticas de la humanidad, destacando que el corazón humano es una "fábrica de ídolos." Se apoya en pasajes como Romanos 1 y Ezequiel 14 para mostrar cómo las personas intercambian la gloria de Dios por la adoración de cosas creadas. Su argumento enfatiza que solo con la revelación de Cristo en nuestras vidas podemos liberarnos de la idolatría. La significancia del mensaje radica en la llamada a adorar al verdadero Dios, quien es bueno y soberano, y en la exhortación a los creyentes a mantenerse alerta contra la sutil atracción de los ídolos en sus corazones.

Key Quotes

“La adoración verdadera nos transforma, somos transformados de gloria en gloria.”

“Semejantes a ellos son los que los hacen y todos los que en ellos confían.”

“Nuestra necesidad verdadera y real es conocer a Dios en la faz de Jesucristo.”

“El Evangelio no es las cosas básicas de la vida cristiana. El Evangelio es la esencia de la vida cristiana.”

Sermon Transcript

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vamos a abrir nuestra biblia
en el salmo número 135 dice la palabra de dios Alabad el nombre
de Jehová. Alabadle, siervos de Jehová,
los que estáis en la casa de Jehová, en los atrios de la casa
de nuestro Dios. Alabad a Jehová, porque él es
bueno. Cantad salmos a su nombre, porque
él es benigno. Porque Jehová ha escogido a Jacob
para sí, a Israel por posesión suya. porque yo sé que Jehová
es grande y el Señor nuestro mayor que todos los dioses. Todo lo que Jehová quiere lo
hace, en los cielos y en la tierra, en los mares y en todos los abismos. Hace subir las nubes de los extremos
de la tierra, hace los relámpagos para la lluvia, saca de sus depósitos
los vientos, Él es quien hizo morir a los primogénitos de Egipto,
desde el hombre hasta la bestia. Envió señales y prodigios en
medio de ti, oh Egipto, contra Faraón y contra todos sus siervos. destruyó a muchas naciones, y
mató a reyes poderosos, a Zeon rey Amoreo, a Og rey de Bazán,
y a todos los reyes de Canaán, y dio la tierra de ellos en heredad
a Israel su pueblo. Oh Jehová, eterno es tu nombre,
tu memoria, oh Jehová, de generación en generación. porque Jehová
juzgará a su pueblo, y se compadecerá de sus siervos. Los ídolos de
las naciones son plata y oro, obra de manos de hombres, tienen
boca y no hablan, tienen ojos y no ven, tienen orejas y no
oyen, tampoco hay aliento en sus bocas, semejantes a ellos
son los que los hacen, y todos los que en ellos confían. Casa
de Israel, bendecida a Jehová. Casa de Arón, bendecida a Jehová. Casa de Leví, bendecida a Jehová. Los que teméis a Jehová, bendecida
a Jehová. Desde Sion sea bendecido a Jehová,
quien mora en Jerusalén. Aleluya. Este salmo es un resumen está
compuesto de extractos de otros salmos. Interesantemente, concluye
de una manera muy parecida como el apóstol Juan concluye su primera
carta. Y no es que el apóstol Juan se
haya equivocado al concluir con hijitos guardados de los ídolos. Una de las cosas que nosotros
tenemos que recordar es Uno, el tema de la idolatría es un
tema muy importante en la Biblia, es recurrente. Podemos leer el
pasaje que leímos para empezar, habla de la idolatría. Podemos
recorrer Ezequiel y podemos recorrer diferentes lugares de la Escritura
y encontrar acerca de la idolatría. El apóstol Pablo en la Carta
a los Romanos nos muestra que en esencia nuestro problema es
la idolatría, cambiar la gloria de Dios por la gloria de las
cosas creadas. Y damos gracias a Dios porque
es una bendición el poder reflexionar en todo lo que es el Salmo, porque
el Salmo empieza y termina Empieza llamándonos a adorar a aquel
que es el único digno de adoración. ¡Aleluya! Adora al Señor y termina
con la misma expresión. El Salmo nos recuerda y nos llama
a alabar el nombre de Jehová y llama a aquellos que son sus
siervos. Sabemos que sus siervos son aquellos que Él ha redimido
del poder del enemigo. Habla de aquellos que están en
la casa de Jehová, en los atrios de la casa de nuestro Dios. Y
damos gracias a Dios porque eso era algo que no era algo continuo
en el antiguo pacto. Eso era algo que podían hacer
en el tiempo que podían estar en el templo. Y había algunos
que hacían guardias por las noches en el templo y se procuraba que
siempre hubiera alguien en el templo. Pero damos gracias a
Dios porque los siervos del Señor en el nuevo pacto, pues podemos
estar 24 horas al día, los 7 días de la semana, los 365 días del
año, porque somos piedras vivas que estamos siendo edificadas
como casa espiritual. Somos el templo del Espíritu
Santo, el cual está en nosotros, el cual tenemos de Dios y que
no somos nuestros. Y somos llamados por lo mismo
a glorificar al Señor. Ese pueblo que es llamado a alabar
a Jehová es porque la razón es porque el Señor es bueno y hemos
probado que Él es bueno. Toda buena dádiva, todo don perfecto
viene de Él. Sabemos y hemos experimentado
también que Él es benigno y por eso pues somos motivados a cantar
a su nombre. Por la gracia de Dios, no estamos
más enojados si no es motivo de adoración saber que el Señor
ha hecho una elección. En algún tiempo, hablar de una
elección era algo que causaba enojo. Nos atrevíamos algunos
a pensar que eso, y expresar incluso que eso no era justo.
Pero hoy, por la gracia de Dios, alabamos al Señor porque Él ha
escogido a Jacob. Y Jacob somos muy parecidos a
Jacob. porque el Señor dice que Él tiene
misericordia de quien Él quiere tener misericordia y somos su
posesión, somos el verdadero Israel, aquellos que somos de
la fe de Abraham. Después estuvimos mirando que
el Señor es grande y es mayor que todos los dioses. estuvimos
pensando en su soberanía, en el hecho de que Él hace todo
lo que quiere, algo importante para nosotros. A veces estamos
intentando hacer cantidad de cosas y a veces experimentamos
frustración cuando no logramos tener todo en control, pero es
bueno recordar, nosotros somos criaturas y nosotros hacemos
lo que el Señor nos permite hacer, pero Él hace todo lo que quiere. y el domingo estuvimos pensando
en la inmutabilidad de Dios. Y todo esto que nosotros estamos
pensando, y mirando, y disfrutando, porque ahora vivimos en el nuevo
pacto, es recordar lo que es nuestra necesidad. Nuestra necesidad
es conocer a Dios. El Salmo que leímos, perdón,
en Isaías cuando leímos habla cuando la gente vea la presencia
magnífica del Señor va a tirar sus ídolos. Y lo único que nos
puede librar de la idolatría de nuestro corazón es que Cristo
sea revelado a nosotros. Que el Señor nos dé ojos para
ver la gloria de Cristo. El pasaje que leímos en San Juan
habla de cuando el apóstol Juan vio la gloria de Cristo. Y uno
pudiera pensar, de veras, somos idólatras. A veces, algunos que
estamos en el Evangelio A veces solemos pensar que la idolatría
es cosa de quizá algunos pueblos por ahí que todavía hacen sus
estatuas, o algunos podemos pensar que quizá eso de la idolatría
es cosa de los católicos romanos, pero nosotros no somos idólatras. Sin embargo, la Escritura nos
llama después de describirnos la grandeza del Señor, después
de describirnos por qué le tenemos que adorar, después de su soberanía,
su inmutabilidad, Después de eso, se nos presenta un contraste
entre aquello que es la adoración de las naciones. Los ídolos de
las naciones son plata y oro. Hay ídolos moldeados por la mano
del hombre que son expresiones externas de los ídolos internos. Una ampliación del concepto de
idolatría la hace el profeta Ezequiel en Ezequiel capítulo
catorce, versículo uno al ocho. Ampliando el asunto más allí
de simplemente cosas que pueden ser tangibles. Algunas son cosas
tangibles, otras intangibles, pero Dios reveló a sus siervos
a lo largo de la historia y uno de ellos en el siglo dieciséis
dijo que el corazón del hombre es una fábrica de ídolos. Y eso que él no conoció las fábricas
que tenemos nosotros ahora, pero él tenía una idea de que no era
artesanal, sino que somos de hacer ídolos al promayor. Y lo
que introduce el profeta Ezequiel aquí es, dice, versículo uno
del capítulo catorce de Ezequiel dice, vinieron a mí algunos de
los ancianos de Israel y se sentaron delante de mí y vino a mí palabra
de Jehová diciendo, hijo de hombre, estos hombres han puesto sus
ídolos en su corazón. Evidentemente aquí no estaba
hablando de cosas hechas con las manos, porque si no, no la
podrían poner en su corazón. Dice, han puesto sus ídolos en
su corazón y han establecido el tropiezo de su maldad delante
de su rostro. ¿Acaso he de ser yo, en modo
alguno, consultado por ellos? Háblales, por tanto, y diles.
Así ha dicho Jehová el Señor. Cualquier hombre de la casa de
Israel que hubiera puesto sus ídolos en su corazón, y establecido
el tropiezo de su maldad delante de su rostro, y viniera al profeta,
yo, Jehová, responderé al que viniere conforme a la multitud
de sus ídolos. Fíjese cómo dice multitud de
sus ídolos, no uno que otro. Dice, para tomar a la casa de
Israel por el corazón, ya que se han apartado de mí todos ellos
por sus ídolos. Por tanto, di a la casa de Israel,
así dice Jehová el Señor, convertíos y volvéos de vuestros ídolos,
y apartad vuestro rostro de todas vuestras abominaciones. Porque
cualquier hombre de la casa de Israel y de los extranjeros que
moran en Israel, que se hubiera apartado de andar en pos de mí,
y hubiere puesto sus ídolos en su corazón, y establecido delante
de su rostro el tropiezo de su maldad, y viniere al profeta
para preguntarle por mí, yo, Jehová, le responderé por mí
mismo. y pondré mi rostro contra aquel
hombre, y le pondré por señal y por escarmiento, y lo cortaré
de en medio de mi pueblo, y sabréis que yo soy Jehová". En algún tiempo estábamos definitivamente
abiertamente entregados a la idolatría, estábamos sin esperanza
y sin Dios en el mundo. En algún tiempo algunas personas
creíamos creer en el Señor. En algún tiempo estaba diciendo,
por ejemplo, cuando causaba enojo el pensar que Dios hubiera escogido
a Jacob, pues es porque sencillamente teníamos un concepto de Dios
que en realidad no era el Dios de la Biblia, sino era un ídolo. Y algo que es importante es que
el Señor obre. ¿Cuándo dejamos de creer en un
ídolo? Cuando Dios hizo un milagro en nuestro corazón y Dios nos
mostró quién es Él y quiénes somos nosotros. Cuando Él nos
mostró que si Él no nos hubiera escogido nosotros, nunca lo hubiéramos
escogido a Él. Cuando Él nos mostró que éramos
personas, pues no lisiadas ni paralíticas espiritualmente,
sino muertos espiritualmente, es que el Señor empezó a hacer
una obra. Y cuando pensamos en la cuestión
de los ídolos, en el pasaje que leímos en Juan, habla de algunos
de esos ídolos del corazón que no son necesariamente forjadas
por la mano del hombre, pero que son ídolos. Y probablemente
uno de los que hace más estragos hoy día y aún muchas veces en
nuestras propias vidas. Dice el pasaje que leímos en
el Evangelio de Juan capítulo 12, dice que Dice, a pesar de que había hecho
tantas señales delante de ellos, no creían en Él. Dice, para que
se cumpliese la palabra del profeta Isaías, que dijo, Señor, ¿quién
ha creído nuestro anuncio y a quién se ha revelado el brazo del Señor?
Por esto no podían creer, porque también dijo Isaías, cegó los
ojos de ellos y endureció su corazón, para que no vean con
los ojos y entiendan con el corazón, y se conviertan y yo los sane.
Isaías dijo esto cuando vio su gloria y habló acerca de él.
Con todo esto, aún de los gobernantes muchos creyeron en él, pero a
causa de los fariseos no lo confesaban para no ser expulsados de la
sinagoga, porque amaban más la gloria de los hombres que la
gloria de Dios. Y uno de los ídolos es la aceptación
del hombre, estar más preocupado por la aceptación, por la opinión
del hombre que por la opinión de Dios. Dicen, algunas personas
dicen, se suele hablar mucho hoy de un problema de autoestima,
pero en realidad un grave problema es que tememos al hombre, nos
tememos los unos a los otros. No es que temblamos delante de
otros, pero el temor y el deseo son dos caras de una misma moneda.
Si yo temo desagradar a alguien, pues deseo agradarle. Y ese es
un ídolo establecido en el corazón, El Salmo va describiendo a los
ídolos y dice, tienen boca y no hablan, tienen ojos y no ven,
tienen orejas y no oyen. Dice Spurgeon un comentario acerca
de este Salmo, de un misionero que fue misionero en la India,
y que un día él llegó a un lugar donde se iban a reunir los hindús,
y esperó que se abriera el templo, y cuando se abrió el templo,
él entró al templo. Y él se acercó a uno de los ídolos
que estaban allí y él empezó a citar este Salmo. Y él dijo, apuntando al ídolo,
dijo, tiene boca y no habla. Dice, tiene ojos y no ve. Tiene
orejas y no oye. Tampoco hay aliento en su boca.
Y de pronto uno de los brahmanes que estaba ahí, bueno, la gente
en lugar de ofenderse, la gente empezó a sentir vergüenza. Bueno,
la Palabra de Dios es poderosa. Uno de los brahmanes que estaba
ahí, completó y dijo, tienen pies y no pueden huir. Y las
personas se salieron y dejaron ese lugar. Y bueno, damos gracias
a Dios por cosas como esas. En realidad es sólo cuando Dios
obra que nos puede hacer entender lo grave de la idolatría. Es
solamente cuando Dios se nos revela y podemos ver la magnificencia
de Dios, su formidable presencia, cuando podemos mirar acerca de
su gran misericordia, de su gran bondad, cuando podemos mirar
la hermosura de su santidad y podemos mirar en realidad quiénes somos.
Recuerde cuando Isaías vio la gloria del Señor, pues él no
halló más nada en él que sólo una cosa. Él dejó de un lado
todo aquello en que él pudo haber confiado, y él miró que lo que
él debía experimentar era muerte. Él dijo, ¡Ay de mí que soy muerto! ¿Por qué? Porque ver la santidad
del Señor, ver la hermosura de su santidad, necesariamente le
hizo mirar su pecaminosidad, su maldad, el hecho de que lo
único que él podía esperar era muerte. Sin embargo, en esa figura,
cuando Dios mostró su gloria a Isaías, hay una figura del
Evangelio. El ángel toma el carbón encendido
y le dijo que había sido quitada su culpa y no iba a morir. Y él empieza a ser un siervo
del Señor, cuando dice, ¿quién enviaré y quién irá por nosotros?
Y la respuesta de Isaías fue, eme aquí, envíame a mí. Solo
el Señor puede librarnos de la idolatría del corazón. Los ídolos,
dice el Salmo, tienen boca y no hablan. Tienen ojos y no ven,
tienen orejas y no oyen, tampoco hay aliento en su boca. Y esto
me hace pensar en el capítulo 3 del profeta Daniel, donde hay
algunas cosas, cuando uno piensa en esos jóvenes, Sadrach, Meshach
y Abednego, Y a veces uno piensa, incluso a veces uno se confunde.
Yo me he confundido varias veces de pensar que cuando el horno
de fuego Daniel estaba allí, y por alguna razón Daniel no
estaba allí, Y quizá algunas veces pensamos que Daniel era
el que, en cierto modo, quizá un líder dentro de ese grupo.
Pero algo que podemos aprender de ese pasaje es, sí, yo creo
que Daniel tuvo cierta influencia sobre esos jóvenes, pero esos
jóvenes también tuvieron alguna influencia sobre Daniel. Porque
Dios del cielo se había querido revelar a ellos. Ellos conocían
a Dios. Y porque ellos conocían a Dios,
Ellos pudieron hacer lo que el apóstol Pablo tenía convicción
en su corazón, dice el apóstol Pablo en la carta a los filipenses. Capítulo 1, versículo 19, el
apóstol Pablo dice, porque sé que por vuestra oración y la
suministración del Espíritu de Jesucristo, esto resultará en
mi liberación. Conforme a mi anhelo y esperanza
de que nada seré avergonzado, antes bien, con toda confianza,
como siempre, ahora también será magnificado Cristo en mi cuerpo,
o por vida o por muerte. porque para mí el vivir es Cristo
y el morir es ganancia. Hermanos, es exactamente lo que
está descrito en el capítulo 3 del profeta Daniel, magnificar
a Cristo. Y él dijo, o por vida o por muerte,
magnificar es hacer grande. Y nadie puede magnificar al Señor
si no lo ha visto como un Dios grande, como un Dios digno de
nuestra adoración, como un Dios rico en misericordia, como un
Dios bueno y perdonador, como un Dios lento para la ira, pero
como un Dios que de ningún modo tendrá por inocente al culpable,
como un Dios al cual únicamente se puede acercar uno cuando ha
tomado de lo que Él ha provisto, porque Dios no recibe nada que
Él no haya provisto. Todo lo que Dios recibe para
que podamos acercarnos es lo que Él ha provisto en el Señor
Jesucristo. Y estos jóvenes, llegó un momento
en su vida en que a pesar de que Daniel no estaba, ellos tenían
convicciones propias porque Dios se les había revelado. Ellos
sabían que Dios era grande, más grande que un ídolo de dos metros
y medio de ancho y 27 metros de alto. Estaba pensando un poco
en el tamaño de ese ídolo. Y probablemente hasta ese tiempo
quizá nadie había hecho algo de ese tamaño. ya seguramente
fue algo impresionante el poder estar parado delante de ese ídolo. El edificio donde nosotros vivimos
tiene aproximadamente 15 metros, pues se puede ver desde el periférico,
pero esa imagen que Nabucodonosor hizo tenía casi el doble del
edificio, 27 metros de alto, y él mandó a pregonar que cuando
sonara la música todo mundo debía de postrarse y adorar. Para Nabucodonosor ese era un
dios grande, pero para Sadrach, Mesach y Abednego eso era una
insignificancia. Y ellos hicieron algo, magnificar
al Señor. Para Nabucodonosor él no había
visto al dios verdadero, al dios de dioses, aquel nuestro dios
que es mayor que todos los dioses. Él estaba presente y Él es grande.
Y la idea de magnificar es nosotros, por la gracia de Dios, por el
conocimiento que Dios nos ha dado de la persona, de su propia
persona, de conocerle a Él. Sabemos que Él es grande. Sabemos
de su grandeza. Y nuestro clamor debe ser que
Dios obre nuestro corazón para que nosotros podamos hacerle
grande a la manera en que un telescopio hace grande. El microscopio
hace grande, pero no es la manera en que somos llamados a hacer
grande. El microscopio hace grande algo que es pequeño para que
pueda ser estudiado. El telescopio hace que algo que
se ve pequeño pero que es grande pueda ser... visto del tamaño
que debe de ser para ser estudiado, pero ese algo ya es grande, y
eso es magnificar. Y ahí estaba Pablo diciendo,
Cristo será magnificado en mi cuerpo por vida o por muerte.
Y eso es exactamente lo que estos jóvenes dijeron cuando Nabucodonosor
dijo, bueno, les vamos a dar otra oportunidad. Y ellos dijeron,
no, no hace falta otra oportunidad. O sea, es que no nos vamos a
inclinar, porque el Dios nuestro Dios en quien nosotros confiamos
y a quien nosotros servimos. Y ahí están aquellos que sirven
al Señor. Y no porque era mérito de ellos,
no porque ellos eran mejores que muchos otros jóvenes que
fueron llevados a la corte. No hay duda en el pasaje de que
los únicos tres que no se postraron, de todos otros jóvenes que también
fueron llevados a la corte, eran estos tres jóvenes que Dios había
querido revelar a ellos. Ellos conocían al Señor y ellos
dijeron, el Dios a quien servimos y no olvidemos, ¿quiénes son
siervos? Los que Él ha redimido del poder del enemigo. Ellos
eran siervos y el mérito de que sean siervos no era de ellos,
era de la gracia de Dios. Es porque Él los ha redimido
del poder del enemigo y ellos dijeron, pues no nos vamos a
postrar. Y el Dios a quien servimos puede
librarnos de tu mano, rey. Pero ellos dijeron, como Pablo,
puede que no nos libre. De todos modos, si nos libra
o no nos libra, no hay vuelta de hoja. Nosotros no nos vamos
a postrar. Y ellos se mantuvieron firmes
por la gracia de Dios. Y nosotros sabemos qué fue lo
que sucedió. Y lo que sucedió fue que Nabucodonosor
empezó a ver. Después de eso, él habló y habló
del Dios de ellos, y pidió que nadie dijera nada en contra del
Dios de ellos, porque el que lo hiciera iba a ser descuartizado.
Pero todavía se refería al Dios de ellos. Pero él, Dios le permitió
ver, y él vio a alguien que estaba en el horno, que tenía el aspecto
de hijo de los dioses. Sin embargo, él se mantenía en
su idolatría. Estaba Dios empezando a dar luz. Yo doy gracias a Dios porque
normalmente cuando pensamos en Nabucodonosor, quizá nuestra
primera imagen que viene fue de un pagano. Pero por la gracia
de Dios sabemos que él, Dios quitó los ídolos de su corazón
también. Y fue duro. Dios lo humilló. Dios lo juzgó con juicio de locura.
Y es impresionante ver lo que Dios hizo, Daniel. Capítulo 3, versículo 28, dice,
entonces, Nabucodonosor dijo, bendito sea el Dios de ellos,
de Sadrach, Mesach y Abednego, que envió a su ángel y libró
a sus siervos, que confiaron en él y que no cumplieron el
edicto del rey, y entregaron sus cuerpos antes que servir
y adorar a otro Dios que su Dios. Por lo tanto, decreto que todo
pueblo, nación o lengua que digiera blasfema contra el Dios de Sadrach,
Mesach y Abednego sea descuartizado y su casa convertida en muladar,
por cuanto no hay Dios que pueda liberar como éste. Y después que Dios lo juzgó,
podemos ver el versículo 34, dice, Más al fin del tiempo yo,
Nabucodonosor, alcé mis ojos al cielo y mi razón me fue de
vuelta, y bendije al Altísimo, y alabé y glorifiqué al que vive
para siempre, cuyo dominio es sempiterno y su reino por todas
las edades. Todos los habitantes de la tierra
son considerados como nada, y él hace según su voluntad en el
ejército del cielo y en los habitantes de la tierra, y no hay quien
detenga su mano y le diga, ¿qué haces? En el mismo tiempo, mi
razón me fue devuelta, y la majestad de mi reino, y mi dignidad, y
mi grandeza volvieron a mí, y mis gobernadores y mis consejeros
me buscaron, y fui restablecido en mi reino, y mayor grandeza
me fue añadida. Ahora yo, Nabucodonosor, alabo,
engrandezco y glorifico al Rey del Cielo, porque todas sus obras
son verdaderas, y sus caminos justos, y Él puede humillar al
que anda con soberbia. Ahora yo, Nabucodonosor, alabo,
engrandezco y glorifico al Rey del Cielo. Ya no era más el Dios
de ellos. Ya no era más el Dios de Sadrach,
de Mesach, de Abednego. Dice, yo alabo al Dios del Cielo. Hermanos, es la gracia de Dios,
es la misericordia de Dios que humilla. Él lo humilló. Y sabemos, por nuestra experiencia
y por la palabra, que es bueno haber sido humillados, porque
antes andábamos descarriados. Lo otro que nos muestra el Salmo
es la adoración idolátrica, la oración de los ídolos transforma. dice el versículo 18, semejantes
a ellos son los que los hacen y todos los que en ellos confían,
semejantes a ellos son los que los hacen y todos los que en
ellos confían, tanto la adoración verdadera nos transforma, somos
transformados de gloria en gloria, vemos su gloria como un espejo
y vemos y somos transformados de gloria en gloria y sabemos
que no vamos a llegar en este lado de la eternidad sino hasta
que él hasta que estemos con él hasta que le veamos tal como
él es dice el apóstol Juan dice amados ahora somos hijos de Dios
y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser pero sabemos
que cuando él se manifieste seremos semejantes a él porque le veremos
tal como él es y esa es nuestra esperanza Pero una de las cosas
tristes es que también adorar ídolos, por eso Juan dice, hijitos,
guardaos de los ídolos, también transforma. Dice, semejantes
a ellos son los que los hacen y todos los que en ellos confían. ¿Y cómo son ellos? Pues ellos
son insensibles, ellos no tienen ninguna sensibilidad, ellos tienen
boca, pero no pueden hablar. Ellos tienen ojos, no pueden
ver. Y note que, por la gracia de
Dios, Sadrach, Mesach y Abednego pudieron hablar. Hubo otros jóvenes
que prefirieron la gloria, la aprobación de Nabucodonosor,
que la gloria de Dios. Y ellos no pudieron hablar. Pero
Sadrach, Mesach y Abednego, ellos pudieron hablar. Ellos podían. ver, ellos podían ver la condición
de Nabucodonosor y de toda esa gente, esclava de la idolatría,
una vida triste, lamentable, sin Cristo y sin esperanza. Ellos
podían oír, ellos podían oír la voz de Dios, ellos tenían
vida espiritual por la gracia de Dios. Hermanos, que Dios nos
guarde de la idolatría, que Dios nos guarde de seguir intensamente
deseos de nuestro corazón, porque haciendo eso nosotros podemos
llegar a ser personas que herimos a otras y no lo vemos, no lo
oímos, no lo sentimos, no nos interesa, porque estamos cada
día siendo como nuestro ídolo. Estamos intensamente persiguiendo,
incluso pueden ser cosas legítimas, Puede ser, no hay nada de mal
en desear la comprensión de la esposa, el cariño de la esposa. No hay nada de mal en desear
la obediencia de los hijos. pero hay todo de mal en desearlo
tan intensamente que les podamos herir y no darnos cuenta que
les herimos, que podamos pecar contra ellos y ni siquiera ser
sensibles, que no podamos oír su necesidad, que estemos cada
día siendo tan parecidos como aquello que adoramos, que Dios
haga tal obra en nuestro corazón que nos lleve a amarle, si hay
algo de lo cual nosotros tendremos siempre deuda es de amor. De
este lado de la eternidad sabemos que no le vamos a amar como es
debido, pero que el clamor de nuestro corazón sea que el Señor
nos siga revelando al Señor Jesucristo, que el Señor nos siga asombrando
de quién es el Señor Jesucristo. Entre más maravilloso nos parezca
el Señor Jesucristo, pues nuestros ídolos nos van a parecer más
repugnantes. Y es que los ídolos prometen,
pero no cumplen. ¿Cuántas veces hemos hecho guerra
por obtener algo que deseábamos y después, en lugar de tener
eso que deseábamos, quizá un momento de paz? Tenemos momentos
de remordimiento en lugar de la paz que tanto estábamos anhelando. Porque los ídolos son nada, pero
son instrumentos de Satanás. Y Satanás juega con nuestros
deseos. Y que el Señor nos parezca cada vez más digno de confianza. Uno de nuestros problemas de
raíz es, nacemos incrédulos, y que nuestro clamor sea, Señor,
yo creo, pero ayuda a mi incredulidad. Tú me has dado el don de la fe,
y la fe que me has dado es preciosa, pero en cuanto a que pertenece
de mí está llena de tanta deficiencia. Señor, ayúdame a confiar plenamente
en Ti, que el Señor es tan sutil, Y oraba en estos días pidiéndole
al Señor, Señor, gracias por el trabajo, pero guárdame de
que no sienta bien porque hay trabajo y porque hay dinero.
Y es una bendición el trabajo, pero que Dios nos guarde de que
nuestra confianza de pronto y nuestra seguridad esté no en el regalo,
sino en la persona que da el regalo. Y es tan sutil, es... hay temor en mi corazón Irmanos,
clamar al Señor para que en verdad nuestro gozo sea de estar en
su presencia, de conocer a Cristo. Clamar al Señor para que Él haga
lo que hizo en el apóstol Pablo. Quiero recordarles que no hay
tal cosa como el único Hijo consentido del Señor es el Señor Jesucristo.
Y fuera del Señor Jesucristo, lo que hizo en Pablo lo puede
hacer en nosotros. Que sea nuestro clamor que nos
haga ser como Pablo, que podamos decir todo lo tengo por basura,
con tal de conocer a Cristo Jesús mi Señor. Sólo el conocimiento
de Cristo puede hacer que las cosas, otras cosas, las podamos
usar correctamente para su gloria sin tener nuestra confianza allí.
Alguien dijo que nuestro problema es que somos fáciles de complacer,
que nos contentamos con poco. A veces estamos contentos Pues
muy probablemente esas personas estaban contentas con que los
aceptaran los escribas y los fariseos. Pero qué poco es estar
contento con que te acepten los escribas y los fariseos, y el
Señor diga, apártate de mí, hacedor de maldad, nunca te conocí. Qué
poco es pensar en la aceptación de Nabucodonosor. Pero qué grandioso
es saber Él me puede librar, y de todos modos, si no me libra,
sólo Él puede dar gozo a mi corazón, así que yo estoy dispuesto a
que se haga Su voluntad, y poder decir con Pablo que Cristo sea
glorificado en mi cuerpo por vida o por muerte. Y al final,
recordar, no se confundió el apóstol Juan. Tiene sentido lo
que él escribió. está de acuerdo a todo lo que
él escribió en su carta, cuando desde el capítulo 2 nos empieza
a hablar de aquellas cosas que pueden atrapar nuestro corazón. y es vigente. Hijitos, guardados
de los ídolos. Y hermanos, la única cosa que
nos puede guardar de los ídolos es el Evangelio, es clamar al
Señor para que nos siga revelando al Señor Jesucristo, es clamar
al Señor para que nos ayude a hacer lo que la Escritura dice, puesto
los ojos en Jesús, el autor y consumador de nuestra fe. que no nos distraigamos
de empezar a mirar a otro lado. Si nosotros empezamos a mirar
a nuestros vecinos, pues es muy probable que podamos sentirnos...
vivo en un edificio y si yo me pongo a mirar a mis vecinos,
probablemente yo me sienta el mejor de todo el edificio. Pero
si miro a Cristo, yo voy a mirar cuán deficiente soy como padre,
como esposo, como trabajador, en todos los aspectos de mi vida
gran deficiencia, porque es mirar al Señor Jesucristo, mirar al
Señor Jesucristo y mirar que Él es el más digno de confianza,
y sólo eso nos va a guardar de trasladar nuestra confianza a
personas o cosas. Mirar al Señor Jesucristo y mirar
que Él es el único digno de ser temido, que no hemos de temer
aquellos que pueden matar el cuerpo y nada más pueden hacer.
Un abogadonosor podía matar el cuerpo de esos jóvenes, pero
después de eso él no podía hacer más nada. Pero ellos sabían,
Dios se había revelado y ellos sabían a quién temer, y le temían
con un temor reverente. Y al final, el Salmo concluye,
después de enseñarnos de la necedad de la idolatría y de un peligro
latente, porque tenemos un corazón engañoso, y concluye, casa de
Israel, bendecida Jehová. En lugar de adorar ídolos, ya
que tienes un Dios que es digno de ser alabado, un Dios que es
bueno, un Dios que es benigno, un Dios que es soberano, que
hace todo lo que quiere, un Dios que no cambia, un Dios que te
ha redimido para hacerte su siervo. Bendice a Jehová. Nosotros sabemos, por la gracia
de Dios, ahora desde el lado de la cruz, en el nuevo pacto,
que por la gracia de Dios esto es para nosotros, porque somos
el verdadero Israel. Los que tenemos la fe de Abraham,
los que hemos creído a Dios, somos el verdadero Israel. Sabemos que por la gracia de
Dios y por la obra del Señor Jesucristo somos una nación santa,
un pueblo adquirido por Dios. Somos real sacerdocio, nación
santa, pueblo adquirido por Dios para anunciar las virtudes del
que nos llamó de las tinieblas a su luz admirable. Y después
dice, los que teméis a Jehová, bendecid a Jehová. Los que teméis
a Jehová, bendecid a Jehová. nosotros vamos leyendo los salmos,
vamos a saber claro algo, y no solo en los salmos, que en toda
la historia, Dios siempre se propuso a salvar un pueblo, un
pueblo que va más allá de simplemente Israel, y por eso dice, los que
teméis a Jehová, bendecid a Jehová, porque el verdadero Israel, el
verdadero sacerdocio, está conformado por gente de todo linaje, de
toda lengua, de todo pueblo, de toda En tu simiente, le dijo Abraham
el Señor, serán benditas todas las familias de la tierra. Y
esa simiente es el Señor Jesucristo. Bendigamos al Señor. Hablemos
bien de su nombre. Anunciemos sus maravillas. Meditemos
en sus maravillas. Meditemos en su gran obra de
salvación. Digámoslo. Seamos instrumentos
para que otros adoradores de ídolos como Nabucodonosor puedan
también hacerlo. Nabucodonosor terminó bendiciendo
al Dios del cielo. Que nuestras vidas sean instrumentos
para que otros puedan mirar la grandeza del Señor. No importa
qué grande sea su ídolo, el de Nabucodonosor medía 27 metros
de alto por dos y medio de alto, de ancho. Era de oro, era impresionante,
pero Después él terminó bendiciendo al Dios del cielo. Desde Sion
se ha bendecido Jehová, quien mora en Jerusalén, aleluya. Desde Sion se ha bendecido Jehová. Dios decidió escoger Jerusalén
como un lugar especial, pero Él no es un Dios local. Los pueblos
tienen sus dioses que tienen un territorio donde pueden actuar.
Dios es Dios. de toda la creación, de todo
el universo. Dios es el Rey. El Señor Jesucristo
es el Rey de reyes y el Señor de señores. Y qué gran bendición
de aquellos que Él ha redimido del poder del enemigo. Confiar
en el Señor. Que Dios nos quite los ídolos. Que Dios quiera revelarse en
la persona de Jesucristo. Tu necesidad y mi necesidad no
es las muchas cosas que nuestra sociedad nos hace sentir que
necesitamos. Nuestra necesidad verdadera y real es conocer a
Dios en la faz de Jesucristo. Esa misma, esa es la misma vida
eterna. La Escritura dice, y esta es
la vida eterna, que te conozcan a ti, el único Dios verdadero
y a Jesucristo, tu Hijo, a quien has enviado. Y que sea el clamor
de nuestro corazón, Señor, concédeme conocer cada vez más al Señor
Jesucristo. Concédeme cada día reflexionar
y pensar cada vez más en el Evangelio. El Evangelio no es las cosas
básicas de la vida cristiana. El Evangelio es la esencia de
la vida cristiana. El Evangelio es lo que necesitamos
como pueblo de Dios. Y sólo ello nos puede llevar
a estar guardados de los ídolos. Vamos ahora.

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Joshua

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