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Eric Richards

Quién hará limpio a lo inmundo

Job 14:4
Eric Richards December, 10 2014 Video & Audio
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Eric Richards December, 10 2014

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Hermanos, es un gozo para nosotros,
para mí, tener a estos hermanos con nosotros en esta noche. Van
a traer el mensaje. Hermano Eric Richards es pastor
de la iglesia en San Diego, California. Y él tiene el primer mensaje. Él va a venir en un momento.
El hermano Clay Curtis, él no va a tener el mensaje. Él está
aquí, es pastor de la iglesia en Princeton, Nueva Jersey. y también Pastor Don Fortner
está aquí con nosotros. Él ha estado en varias ocasiones. Estamos contentos de tenerlos
con nosotros. Pero hermano, Eric va a tener
el primer mensaje. Eric, you come preach this. I'm really glad to be back here
with you. Estoy muy contentos de estar aquí con ustedes nuevamente.
I've been really looking forward to this. He ha estado anticipando
esto. Pido que abran sus Biblias conmigo
al libro de Job. Job era un hombre afligido, un
hombre probado por Dios. Job era un hombre un vaso escogido de la misericordia
de Dios, un hombre a quien Dios amó. Era un hijo de Dios, un
creyente. Desde el principio de este libro
podemos notar que él era un verdadero adorador de Dios. Adoró a Dios por medio del medio
divinamente ordenado por Dios, por medio del sacrificio. Vean
lo que dice Job 1, versículo 5. Y acontecía que habiendo pasado
los días de convite, Job enviaba y los santificaba y se levantaba
de mañana. Y ofrecía holocaustos con el
número de todos ellos. Porque decía, oh, quizá habrán
pecado mis hijos, y habrán blasfemado contra Dios en sus corazones. De esta manera hacía todos los
días. Job confió en Cristo. Él confió a Cristo y buscaba
al Redentor que iba a venir. Y él entendió que estos holocaustos
señalaban a Cristo. Vean lo que dice el capítulo
19 de Job. Job habló con fe confiada en
el versículo 25. Yo sé que mi Redentor vive, y al fin se levantará sobre el
polvo. Y aunque después de desechar
ésta mi piel, en mi carne he de ver a Dios, al cual veré por
mí mismo. Mis ojos lo verán, y no otro,
aunque mi corazón desfallece dentro de mí. Sí, Job era un hombre enseñado
por Dios. Un vaso escogido, un vaso de
la misericordia de Dios escogido. Un objeto del amor salvificado
de Dios. Y él descansó en Cristo únicamente. Pero aún así Job era un hombre
con mucha debilidad. Como todo creyente, Job experimentó
tiempos de duda, tiempos de problemas, de pruebas, y tiempos de gran
temor. Él aprendió a confiar en Cristo,
a confiar a Cristo, aunque su corazón desfallecía dentro de
sí mismo. Pero él, a veces, estaba perplejo. Él creyó a Dios, pero a menudo
tenía preguntas pesadas revolviendo en su corazón. Muchas veces nosotros, predicadores,
predicamos las preguntas de Job como si fueran preguntas retóricas. Pero sus preguntas no fueron
hechas como para hacer una declaración. Eran las preguntas legítimas
de un corazón creyente. Quiero enfocarme a una de estas preguntas. En Job capítulo 14, versículo
4. ¿Quién hará limpio a lo inmundo? Nadie. Bajo la mano besada de Dios, sentado allá
sobre las cenizas, cubierto en llagas, destituido y agobiado. Job miró su condición como un
pecador, un hombre sucio, un hombre inmundo, y comenzó a preguntar, ¿Quién puede hacer limpio? ¿Quién
puede hacer limpio a un inmundo, a lo inmundo? ¿Quién puede sacar
algo bueno? De algo que está corrupto, algo
malo como yo. Dice nadie. Es imposible. No quiero que malentiendan al
pobre Job. Job era un creyente. Pero a menudo tenía preguntas
que lo dejaban perplejo. Él descansó en Cristo su justicia. Él confió que Cristo lo iba a resucitar
de los muertos. Pero la realidad de esta verdad
era tan grande y más allá del mismo. Si él mirando a su misma o su
propia condición, que esto lo dejaba perplejo, te deja a ti
perplejo. ¿Ha pasado esta pregunta por
tu mente? ¿Has sido echado abajo como joven? quejándote y gimiendo por el
maltamal de tu corazón, plagado con un cuerpo de corrupción,
reconociendo tu ruina total, reconociendo la imposibilidad
de que tú te reformes. ¿Quién hará limpio a lo inmundo,
alguien como yo? Gracias sean dadas a Dios, hay
uno. Quiero que veamos esto en esta
noche. Él y solamente Él puede hacer
lo imposible. Él es el Señor Jesucristo, Dios
nuestro Salvador, con quien todas las cosas son posibles. Y si
Dios me permite a mí, quiero que veamos dos cosas en
la palabra de Dios. Primero, quiero que veamos nuestra
ruina total y nuestra suciedad. Y segundo, yo quiero ver cómo es
que Dios puede hacer limpio a lo inmundo. Primero, veamos nuestra
inmundicia. Más tarde o temprano, todos los hombres van a aprender
la realidad terrible de esta verdad. Que todos somos como
suciedad. Usted y yo vamos a aprender esto, ya sea en la dulce experiencia
de la gracia de Dios en Cristo, o bajo la terrible tormenta de la ira de Dios en el infierno. El profeta Isaías dijo así, todos
somos como suciedad y todas nuestras justicias son
como trapo de inmundicia. Imagínese si puede una gran montaña de trapos cubiertos de materia
y apestosos, y las moscas están por todos lados alrededor, lleno
de gusanos. Esas son tus mejores obras. Lo
mejor que puedes producir es cosa nociva ante Dios. Dios aborrece. a nosotros por naturaleza. Eso
es lo que significa ser inmundo. Es de ser cosa nociva. Es de
estar manchado tan profundamente que todo pensamiento, que toda
motivación, que toda palabra y toda obra, todo hecho, está
permeado con el a peste del pecado. Es estar lleno de esta enfermedad
tan terrible, como ese leproso a quien se le
requería cubrir su boca y decir, inmundo, inmundo. Ahora Dios
nos da tres cosas acerca de esta situación tan terrible. Primero, somos inmundos por nacimiento. Todo hijo de Adán es nacido en
el pecado. David dijo que desde el vientre
nacemos. Nos apartamos hablando mentiras,
mintiendo. Dice, aquí fui formado por En pecado me concibió mi madre. Cuando nuestros padres se juntaron
como una carne, en ese matrimonio nosotros fuimos
concibidos en el vientre. Y esa concepción era de simiente
pecaminoso, maldad. Nuestro padre era malvado. Nuestra madre era malvada. Y produjeron un hijo malo. Somos el producto de la transgresión
de Adán. Esto es lo que la Biblia nos
enseña acerca del pecado original. Todos procedemos, salimos de
Adán. Vean lo que dice Ezequiel capítulo
16. Somos pecadores por nacimiento,
por generación natural. La naturaleza de Adán fue pasado
a través de las generaciones hasta el día de nuestra concepción
y nuestro nacimiento. Nosotros no nos convertimos en
pecadores cuando pecamos conscientemente. Nosotros pecamos conscientemente
porque somos pecadores de nacimiento, sucios por naturaleza. Veamos los primeros seis versículos
de Ezequiel 16. Vino a mi palabra de Jehová diciendo,
Hijo de hombre, notifica a Jerusalén sus abominaciones. Y día así ha dicho Jehová el Señor
sobre Jerusalén. Tu origen y tu nacimiento es
de la tierra de Canaan. Tu padre fue amorreo y tu madre
hebrea. Tu padre no temía a Dios, y tu
madre también. y no temía a Dios. Versículo
4. Y en cuanto a tu nacimiento, el día que naciste no fue cortado
tu ombligo, ni fuiste lavada con agua para limpiarte, ni salada
con sal, ni fuiste envuelta con fajas. No hubo ojo que se compadeciese
de ti para hacer algo de esto, teniendo de ti misericordia,
sino que fuiste arrojada sobre la faz del campo con menosprecio de tu vida en
el día que naciste. Todos nosotros por naturaleza,
como los hijos de Adán, Fuimos echados desde el vientre,
como un bebé abortivo no deseado. Somos nacidos muertos en delitos
y pecados. Qué condición tan horrible pero
verdadera de nuestro estado. Somos inmundos por práctica. Vean lo que dice Romanos capítulo
3. Nosotros pecamos voluntariamente
y practicamos el pecado. Esto es lo que la ley de Dios
nos enseña claramente para que nosotros cerremos nuestras bocas
y quedemos culpables delante de Dios. Veamos en versículo 10. Como
está escrito, no hay justo ni a uno. No hay quien entienda. No hay quien busque a Dios. Todos
se desviaron. Aún se hicieron inútiles. No hay quien haga lo bueno. No
hay ni siquiera uno. Ahora, desde ahora y cada vez
que leas del versículo 13 adelante, léelo de esta manera. Sepulcro abierto es mi garganta. Con mi lengua he engañado. El veneno de aspides hay debajo
de mis labios. Mi boca está llena de maldición
y de amargura. Mis pies se apresuran para derramar
sangre. Quebranto y desventura están
en mis caminos. Y no he conocido el camino de
paz. No hay temor de Dios delante de mis ojos. Esto es lo que nosotros
somos por naturaleza. Esto es lo que declara la ley
de Dios. Versículo 19. Pero sabemos que todo lo que
la ley dice, lo dicen los que están bajo la ley, para que toda
boca se cierre y todo el mundo quede bajo el juicio de Dios. Todo lo que nosotros hacemos
es únicamente pecado. Eso es lo que dice la ley de
Dios. Ni siquiera sabemos cómo hacer
lo que es correcto. Porque nuestros corazones son
corruptos. Porque nuestros corazones están corrompidos. El pecado es lo único que nosotros
sabemos. Jeremias dijo, ¿Puede el etíope
cambiar el color de su piel? ¿Puede el leopardo cambiar sus
manchas? No. Así también vosotros podéis hacer
el bien estando habituados a hacer el mal. Ahora nosotros miramos
al mundo alrededor de nosotros y nosotros comparamos a personas
con personas. Y nosotros suponemos que unas
personas son mejores que otras. Esa es nuestra naturaleza en
compararnos los unos con los otros. Pero
cuando Dios mira sobre todos los hombres por naturaleza, Él
solamente ve una masa de iniquidad. Dios ve ninguna diferencia entre
los hombres. Todos pecaron y quedaron destituidos
de la gloria de Dios. Yo amo a mis abuelos, Walter
y Betty, Son dos de las mejores personas
que jamás conocerás. Pero el hecho es, fuera de Cristo, hay suficiente pecado en mis
queridos abuelos para hundir a un mundo entero
en el infierno para siempre. No hay diferencia. en lo mejor que el mundo puede ofrecer,
la humanidad puede ofrecer. Y el homicida sería de serie
más terrible que ha conocido el mundo. No hay diferencia por
naturaleza. No hay diferencia en los pensamientos
y las intenciones del corazón. Nunca debemos confundir la restricción
de Dios como una justicia personal. La única razón por la cual nosotros
no hacemos todas las cosas malas que los hombres hacen Es Dios nos está frenando, la
misericordia de Dios que nos frena. El potencial está allá,
aún para un hijo de Dios. Pregúntale a David, quien cometió
adulterio con Betsabe y asesinó a Urias. Nosotros bebemos la
iniquidad como un hombre que tiene sed bebe el agua. Y luego, en tercer lugar, somos
desesperadamente inmundos. No hay ninguna esperanza que
nosotros podamos ser limpios por nuestro propio esfuerzo.
Job entendió esto. Cuando él vio la imposibilidad
de su situación, eso hizo que él preguntara, ¿Quién hará limpio
a lo inmundo? Nadie. No hay ninguna chispa de potencial
en ningún hombre. Esto es lo que la Biblia enseña como depravación total. Todos los hombres son nacidos
muertos en pecado, aman practicar el pecado y no tienen interés
en la justicia de Dios. Una vez un día hubo un hombre
joven, rico. Él vino celosamente al Señor
Jesucristo. Y dijo, buen maestro, ¿qué haré para heredar la vida
eterna? Él deseó sinceramente Algo que él pudiera hacer para
heredar la vida. Él tenía celo. Pero el Señor le dijo a él, Tú
sabes los mandamientos. No cometas adulterio. No mates.
No robes. No des falso testimonio. No defraudes. Honra a tu padre y a tu madre. Y este hombre rico le contestó
al Señor, Maestro, todas estas cosas he hecho desde mi juventud. Pero el Señor puso su dedo en el corazón de ese hombre,
que le mostró que él no podía cumplir ni siquiera el primer
mandamiento. Él le dijo, vende todo lo que
tienes y dáselo a los pobres. Toma tu cruz y sígueme. Y este hombre se regresó por
su camino triste, porque tenía muchas riquezas. Y los discípulos vieron lo que
el Señor le dijo a este hombre. Y ellos dijeron, ¿Quién entonces
puede ser salvo? Alguien con todos estos beneficios
externos, siendo un maestro entre los judíos. Si este hombre no
puede ser salvo, entonces ¿Quién puede ser salvo? El Señor dijo,
con el hombre esto es imposible. ¿Te ha mostrado Dios esto? ¿Estás convencido que la salvación
te ha mostrado Dios que es imposible contigo mismo? Si la salvación requiere que tú hagas una cosa,
¿estás convencido de que estarías seguro estar en el infierno como
si ya estuvieras allá? Tengo buenas nuevas para ti. Hay uno que puede sacar algo
limpio de lo inmundo. Y eso es lo que quiero que veamos
en segundo lugar. ¿Cómo puede Dios sacar algo limpio
de lo inmundo? La respuesta a esta pregunta
es la gloria de Dios. Esta es la única pregunta que
necesita ser contestada para un pecador. ¿Cómo puede un hombre ser justificado
con Dios? Y si tú sabes que eres un culpable, un pecador. Estás interesado
en esta respuesta porque Dios es absolutamente santo y Él aborrece
el pecado. Entonces, ¿cómo es que lo hace? Bueno, la respuesta está aquí
en Job capítulo 14, nuestro texto. Veamos los primeros tres versículos. El hombre nacido de mujer, corto
de días y hastiado de sin sabores, sale como una flor y es cortado.
Huye como la sombra y no permanece. Sobre este abres tus ojos, y
noten aquí, vean esto, y me traes a juicio, noten esta palabra,
contigo, Dios en su gracia incomparable trae a pecadores sucios al juicio
consigo mismo por una unión asombrosa con Cristo. La única manera que pecadores
inmundos pueden ser hechos limpios, es si el Hijo de Dios impecable
está casado con ellos. Es hecho uno con ellos por la
gracia omnipotente. Y Dios, y solamente Dios, con
quien todas las cosas son posibles, Hace esta obra maravillosa de
la gracia en sus tres personas de la deidad. Vean Efesios capítulo
uno. En primer lugar, Dios el Padre
libremente dio a Su Hijo como nuestro aval en un pacto libre
de gracia antes de la fundación del mundo. Él desposó a Su Hijo con una
multitud de pecadores escogidos, haciéndonos santos, irreprensibles y sin pecado por una unión de
gracia. Esta es una verdad gloriosa que
nosotros nos referimos a la elección incondicional de Dios. Veamos
lo que dice versículos tres y cuatro. Bendito sea el Dios y Padre de
nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición
espiritual en los lugares celestiales en Cristo. ¿Cómo? No según nuestras
obras. Según nos escogió en él antes
de la fundación del mundo. para que fuésemos santos y sin
mancha delante de él. Solamente Dios pudo sacar algo
limpio de lo inmundo, porque Él tuvo el poder de unirnos a
Su Hijo como nuestro aval. De unirlo a Él como la cabeza
de una gran multitud de pecadores. Ahí, ellos son su cuerpo. Por la elección de Dios el Padre. Vean lo que dice Efesios capítulo
5. Efesios 5, 30 al 32. Porque somos miembros de su cuerpo,
de su carne y de sus huesos. Por esto dejará al hombre su
padre y su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una
sola carne. Esto es un gran misterio, pero
yo digo esto respecto de Cristo y de la Iglesia. El bendito Hijo de Dios vino
libremente al mundo para ser unido a su pueblo. Él fue hecho
carne, concebido por Dios el Espíritu Santo en el vientre
de una virgen. Él no tuvo padre terrenal. La naturaleza de Adán no fue
pasada a Él. Su naturaleza de Él es divina,
es santa, sin el pecado y sin la posibilidad de pecado. Dios es su Padre. Él vino para ser unido eternamente
a su pueblo que estaba en el mundo. Y por esta causa dejará a su
padre y a su madre. Esta es la razón por la cual
Cristo dejó a su padre la gloria. Para ser unido a su esposa, la
iglesia. Él fue hecho uno con ella en
ese pacto en la eternidad. El padre arregló este matrimonio. Pero el hijo tuvo que hacer,
tuvo que consumar esta unión por su obra de gracia en el Calvario. ¿Qué es lo que sucedió en el
Calvario? ¿Por qué le dio Dios el Padre
la espalda al Hijo? ¿Por qué lo desamparó? ¿Por qué
sufrió allá la ira de Dios? Por virtud de esta unión de la
gracia, Él fue hecho pecado por nosotros. El que no conoció pecado, el
que no hizo pecado, el que no podía pecado, fue hecho pecado. Porque en ese tiempo allá en
la cruz, él fue hecho uno con su pueblo. Él cumplió esta unión de Dios
en la gracia. Él hizo la reconciliación. Segundo Corintios 5, 21. Él hizo la expiación en el capítulo
5, Segundo Corintios. El que no conoció pecado por
nosotros lo hizo pecado para que nosotros seamos hechos la
justicia de Dios en él. Él ya había ganado en propósito
y corazón. Él ya era uno en propósito y en corazón. Pero él no podía
llevar a su esposa a la gloria a menos a que él fuera hecho a
sufrir el juicio completo a la satisfacción completa de la justicia. Y él llegó en este momento a
ser vil, algo atroz, algo ofensivo. Él llegó a ser yo, para que yo
en Él sea hecho limpio, en virtud de esa misma unión de la gracia. Esta bendita unión de la gracia
es un gran misterio glorioso. No nos atrevemos a reducir las
implicaciones de esta unión, simplemente porque no lo entendemos
por completo. Cristo fue hecho pecado. Esta es la única manera que puedes
contestar. ¿Quién puede hacer limpio a lo
inmundo? Luego, en tercer lugar, para
los escogidos de Dios, nosotros comenzamos a experimentar
esta bendita unión de la gracia en el tiempo a través del Evangelio. Y esta es la obra de Dios el
Espíritu Santo. Así como el resultado de la unión
de un hombre y una mujer físico, así como el resultado de esa
unión es vida física, el resultado acertado de la elección
de Dios el Padre, y la consecuencia segura de la obra completa con
su Madre, Cristo en la Cruz, es el nacimiento de cada pecador
escogido en Él. Y esto es por el poder del Espíritu
Santo. La simiente incorruptible de
Cristo, la Palabra de Dios por medio del Evangelio, que es predicada
a ustedes, concibe la vida en el corazón de su pueblo, según
el propósito de Dios. Y por regeneración supernatural, De este hombre sucio es nacido
un Hijo de Dios. Este es el producto de la gracia
de Dios y únicamente la gracia de Dios. Cristo es formado en
nuestro corazón por el don y la operación de Su Espíritu. Quiero que veamos algunos pasajes
más y voy a terminar. Galatas capítulo 4. Vamos a leer versículos cuatro
al seis. Pero cuando vino el cumplimiento
del tiempo, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo
la ley, para que redimiese a los que estaban bajo la ley, a fin
de que recibiésemos la adopción de hijos. Y por cuanto sois hijos,
ven allá, Y por cuanto sois hijos, Dios envió a vuestros corazones el
Espíritu, el Espíritu de su Hijo, el cual clama, Abba Padre. Porque
ya eres el Hijo de Dios por la elección de Dios el Padre, y
por la redención del Hijo, Dios envió a su Espíritu en tu corazón,
y somos levantados, resucitados, de la muerte espiritual por la operación de la fe de
Dios, quien levantó a Cristo de los muertos. Ahora vean Efesios
capítulo uno. ¿Qué significa esto? Significa que se nos da vida
para simplemente confiar en Cristo. ¿Quieres decirme que se requiere
de un nacimiento sobrenatural para que un hombre confíe en
el Salvador? Eso es lo que estoy diciendo. Es correcto. Es así de muertos que somos. Versículos 19 al 23. Era la oración del apóstol Pablo
para los santos en Éfesos. Que ellos conocieran cuál era
el poder de Dios. Para nosotros quienes creemos.
Versículo 19. ¿Cuál es la superminente grandeza de su poder para nosotros los que creemos? Según
la operación del poder de su fuerza, la cual operó en Cristo. ¿Cuándo? cuando lo resucitó a los muertos,
y sentándolo a su diestra en los lugares celestiales, sobre
todo principado y autoridad, y poder y dominio en cada nombre
que se nombre, no sólo en este siglo, sino también en el venidero. Y sometió todas las cosas bajo
sus pies, y lo dio por cabeza sobre todas las cosas a la iglesia,
la cual es su cuerpo, la plenitud de Aquel que todo lo llena en
todo. ¿Qué se requiere para que tú
creas? El Señor Jesucristo dijo, todo
lo que el Padre me da vendrá a mí, y al que a mí viene, por
ninguna razón, lo echo fuera. Él vive para siempre para interceder
por todos aquellos que vienen. Hay una puerta abierta. ¿Por
qué no vendrás? Se requiere del poder de Dios. Y usted que cree, usted sabe que se requirió el poder de Dios
para convencerme de mi suciedad. Tomó el poder de Dios para causar
que yo crea. Oirá usted a este hombre sucio. Yo fui hecho limpio por la sangre
preciosa de Cristo. Su sangre me limpia de todo pecado. Él tiene poder para limpiarte
a ti también. Cree en el Señor. Cree en Cristo. Ven a Cristo. Y que Dios te la gracia y te
force a hacerlo.

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Joshua

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