En el sermón titulado "El Juicio de Dios", el predicador Joel Coyoc explora el tema de la justicia divina según lo expuesto en Romanos 2:11. Coyoc argumenta que el juicio de Dios es impartial, abarcando a toda la humanidad sin distinción, ya sea judío o griego, y enfatiza que cada uno será juzgado según sus obras (Romanos 2:6-8). Utilizando las Escrituras, destaca que la justicia de Dios se manifiesta en su benevolencia que guía al arrepentimiento (Romanos 2:4) y que, a pesar de los privilegios que algunos puedan tener, nadie escapará de este juicio si es hallado en pecado (Romanos 2:10-11). La importancia práctica de este sermón radica en el llamado a los creyentes a reconocer su privilegio en Cristo y la necesidad de vivir conforme a la verdad, evitando caer en la injusticia que es la incredulidad y la arrogancia, ya que el verdadero juicio de Dios es tanto un llamado a la responsabilidad como una exhortación a la humildad ante la gracia divina.
“Dios no hace acepción de personas. Su juicio es universal, y todo pecador será juzgado sin importar su nacionalidad o religión.”
“No importa cuán privilegiado seas, la única distinción que cuenta ante Dios es estar en Cristo.”
“El regalo de la vida eterna es sin acepción de personas, pero también el justo juicio por el pecado es universal.”
“La verdadera justicia se manifiesta en el hecho de que nuestros pecados han sido castigados en el Señor Jesucristo.”
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