La predicación de Joel Coyoc en la epístola de Judas aborda la condición y el destino de los verdaderos creyentes, resaltando el concepto de los "llamados," "santificados," y "guardados" en Cristo. Coyoc argumenta que los destinatarios de esta carta no son un grupo arbitrario, sino aquellos que han sido efectivamente llamados por Dios, lo cual es ilustrado a través de un proceso divino e irresistible (Romanos 8:30). Se hace énfasis en cómo este llamado no es simplemente una invitación externa, sino una obra del Espíritu Santo que vivifica a los muertos espirituales. Coyoc utiliza las referencias de Judas 1 y también conecta con otras Escrituras como Romanos 8:38-39 para establecer la seguridad de los creyentes en Cristo, argumentando que nada puede separarnos del amor de Dios. La importancia práctica de esta enseñanza radica en la certeza y la paz que brinda a los cristianos, al afirmar que su salvación es asegurada por el poder de Dios y no depende de sus propios esfuerzos.
“Los llamados son aquellos que, por la obra del Espíritu Santo, han sido eficazmente llamados, con un llamamiento que además es irresistible.”
“¿Has oído tu nombre pronunciado por el Buen Pastor? Has venido a él una vez y te ha cautivado su voz y le estás siguiendo cada día.”
“Nuestra santidad está en el Señor Jesucristo. Santos en Cristo Jesús.”
“Nosotros sabemos acerca de la perseverancia de los santos, pero más bien debemos entender que es la perseverancia de Dios.”
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