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Gervacio Itza

El llamamiento de Zaqueo

Luke 19:1-10
Gervacio Itza July, 2 2017 Video & Audio
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Bueno, gracias a Dios, hermanos.
Estoy muy contento, nuevamente, de estar con ustedes. Para mí
es un gran privilegio, gracias al Señor, que nuevamente les
estoy viendo. El jueves en la tarde estuvimos
aquí con los hermanos. Gracias a Dios, también nos gozamos.
Hubo dos mensajes que predicaron los hermanos. Ha sido una gran
bendición. El lunes en la clase estuvieron
ellos también hablando de la palabra de Dios. Y realmente
hermanos, no hay otro mensaje. El mensaje es Cristo. y en toda
la Biblia, donde usted quiera que abra, allá está Cristo. Eso quiere decir que en ninguna
página de la Santa Biblia, hermanos, está fuera del Señor Jesucristo.
Nos enseña. Ahora, los falsos no pueden ver
a Cristo porque no se les ha revelado el Señor. Pero gracias
a Dios, debemos darle porque si Él nos los ha revelado, debemos
darle gracias a Él y por enseñarnos también las verdades. Y como
les digo, gracias a ustedes que están. Como dijo el hermano,
hay muchos obstáculos que muchas veces nos perjudican para que
estemos en el servicio. Eso es normal, por la carne somos
débiles. Pero siempre pedimos al Señor
que nos ayude a vencer esos obstáculos para que podamos seguir al Señor
Jesucristo. Por eso la salvación no depende
de lo que hacemos. Si fuera así nadie sería salvo
porque nunca vamos a cumplir al pie de la letra. Nunca. Y gracias a Dios que el único
que la cumplió que él no pudo enredarse en las cosas de este
mundo, es el Señor Jesucristo. Él tuvo la total libertad y completa,
hermanos, para que sirviera a su Padre y nos sirviera a nosotros
también. Gracias a Dios. Porque si no
fuera así, yo creo que no tuviéramos mensaje y no estuviéramos hoy
en esta mañana, estuviéramos vagando, esperando solamente
la condenación eterna. En esta mañana quiero ver con
ustedes en el libro de Lucas acerca de un hombre en el capítulo
19 en el verso 1 al 10 voy a dar lectura dice así habiendo
entrado Jesús en Jericó iba pasando por la ciudad Y sucedió que un
varón llamado Saqueo, que era jefe de los publicanos y rico,
procuraba ver quién era Jesús, pero no podía a causa de la multitud,
pues era pequeño de estatura. Y corriendo adelante subió a
un árbol psicólogo para verle por qué había de pasar por allí.
Cuando Jesús llegó a aquel lugar, mirando hacia arriba, le vio
y le dijo, saqueo, date prisa, desciende, porque hoy es necesario
que poseo en tu casa. Entonces él descendiendo a prisa
y le recibió gozoso. Al ver esto, todos murmuraban
diciendo que había entrado a posar con un hombre pecador. Entonces
aquel puesto en pie dijo al Señor, He aquí, Señor, la mitad de mis
bienes doy a los pobres, y si en algo he defraudado a alguno,
se lo devuelvo cuadruplicado. Jesús le dijo, Hoy ha venido
la salvación a esta casa, por cuanto él también es hijo de
Abraham. Porque el hijo del hombre vino
a buscar y a salvar lo que se había perdido. Padre, gracias
te damos una vez más. Sabemos Padre que nuestra ayuda,
nuestra fortaleza Nuestro poder, Señor, está en ti solamente.
Te ruego por palabras de sabiduría, Señor, para cada uno de nosotros
y también a mis hermanos que puedan entender tu palabra en
esta mañana y puedan gozarse de la verdad. En Cristo te ruego
todo. Amén. Gracias a Dios, hermanos. El llamamiento de saqueo. Yo
creo que hemos escuchado, siempre estamos, cuando abran las escrituras,
muchas veces uno dice, sí, ya oí ese mensaje. Siempre la carne
dice esto, hermanos, pero el espíritu está anhelando. Muchas
veces, por un texto, sacamos muchas cosas porque la sabiduría
de Dios es tan profunda que no hay persona que tenga mucha ciencia,
que haya tenido la capacidad de entender la mente, la sabiduría
de Dios. No hay nadie. Yo creo que se
acabaría este mundo, hermanos, y vendría más y nadie entendería
Dios. La palabra de Dios nos dice que
vamos a entender muchas cosas y vamos a ver muchas cosas allá
en el cielo. y eso Dios nos lo va a rebar
cuando ya estemos con Él. Y gracias porque es muy poco
lo que conocemos aquí en este mundo en el cuerpo, mucho más
ni si no nos dedicamos a servir al Señor es todavía un poco más
duro para entender las cosas. Entonces aquí vemos el llamado
de saqueo Esa es una doctrina muy importante del llamamiento,
hermanos. Es una doctrina muy importante
que la gente religiosa no lo entiende. Ellos piensan que cualquier
persona que es llamado va a ser un cristiano. Entonces, el llamamiento
verdadero es un llamamiento eficaz. El Señor, cuando llama a una
persona, nunca va a fallar. Hay veces la gente llega a conocer
al Señor Jesucristo por curiosidad. Y aquí pues notamos también que
había un hombre curioso, Saqueo. Es como si fuese un niño. Esto
pues él, pues además era un hombre muy pequeño. Entonces Saqueo,
él quería ver este hombre. ¿Qué tan importancia tenía este
hombre que estaba yendo una multitud atrás de él? Yo creo que eso
muchas veces sorprende a uno. No sé si a ustedes les ha pasado
cuando veamos la gente rodeado atrás de alguien. Hay veces uno
de curioso quiere saber qué es esa novedad, qué es lo que está
pasando allá. ¿Por qué tanta gente? Y eso fue lo que sucedió con
este hombre. Él, de su curiosidad, quería ver
qué tan importancia tiene este hombre. Y para que vean, dice
que este saqueo, según la palabra de Dios, hermanos, era un hombre
muy pequeño y la multitud le impidía poder mirarlo. No lo
podía mirar. Había entonces obstáculo. que
él estaba impidiendo. Había obstáculos. Como les digo,
los obstáculos nosotros tenemos que ver cómo vencerlos. El llamamiento eficaz es completamente
de gracia. Es completamente de gracia. Saqueo
es una persona que pudiéramos decir y pensar, hermanos, ¿Cómo
es posible que él deseara si es un ladrón? Aquí en el Lucas
capítulo 19 dice, verso 1 y 2, Había entrado Jesús en Jericó,
iba pasando por la ciudad, y sucedió que un varón llamado Saqueo,
que era jefe de los publicanos, rico, era jefe de los publicanos,
eso quiere decir que él era un ladrón, era un ladrón, y es el
más grande, es el que daba órdenes. Imagínense hermanos cuánto dinero
estaba agarrando a todos sus trabajadores. El jefe es el que
mandaba, es el que ordenaba a todos lo que tenían que hacer. Él lo tenían que respetar. por todos
los demás que estaban robando a la gente. Lo que él decía tenía
que ser cumplido. Un jefe no puedes pasar encima
de él, tienes que seguir sus órdenes. Y este hombre era un
jefe, él era una persona que se había enriquecido, no era
un hombre pobre, Era un hombre que se había enriquecido de todo,
todas las cobranzas hermanos que hacían, que se hacía doble. Le decía yo a los hermanos en
Tecó, la cobranza que hacen las personas en ese tiempo, si no
pagas, te fusilan. Ellos tienen que obligarte a
pagar lo que te pidan. Por eso hay veces, aunque uno
se moleste, tienes que someterte. Si te están diciendo que tienes
que pagar, si vas a pagar 20 y tienes que pagar 40 o 60, tienes
que pagarlo. Es orden. Y eso es un gran robo
que esa gente hacía en esto, hermanos. Y debemos pensar también
el lugar, el lugar donde él estaba. Jericó era una ciudad, se puede
decir un lugar perversa, un lugar muy lleno de mucha maldad. Como
muchas veces pensamos, esta familia es una familia mala. Y cuando en esa familia sale una
persona diferente a las demás, ¿cómo va a ser posible que haya
alguien ahí? ¿Cómo va a ser posible? Entonces,
es una ciudad, en esa ciudad hermanos recuerden, había muchos
ladrones. En el capítulo 10, verso 30,
aquí en Lucas, dice la palabra de Dios. Cuando Él, dice aquí, respondió,
verso 30, respondió Jesús, dijo, un hombre descendía de Jerusalén
a Jericó y cayó en manos de ladrones, no era uno, de ladrones. los
cuales le despojaron heriéndole, se fueron dejándole medio muerto. Una ciudad, muchas veces nosotros
decimos, yo no voy a hablar a esa persona así, esta familia es
muy mala. Hermanos, nunca debe uno pensar
de esa manera. En esta familia, ¿qué sabe si
puede haber alguien que crea al Señor? Pero Dios, Dios, hermanos, en
su gracia infinita, Él no tiene distinción de lugar, de familia,
de persona. Él dice que hay que predicar
el Evangelio a todas las naciones. No tenemos que decir, este no
puede ser salvo. No nos toca a nosotros, hermanos,
distinguir el lugar y las personas. Debemos hablar de por qué tantos
ricos y pobres, sabios y necios, todos necesitan del Señor Jesucristo
como su Salvador. Pero la única diferencia, hermanos,
es que Dios entre todas estas naciones, entre todo este mundo,
Él ha escogido a su pueblo. Y a ese pueblo, hermanos, que
Él escogió, está toda la gente, tanto ricos, pobres, sabios,
necios, allá está la gente. La única diferencia es que Dios
es el que tiene, hermanos, que humillar a la persona. Tiene
que humillar a la persona. Porque yo no me voy a humillar.
Usted no se va a humillar. De seguro que va a pensar uno,
¿qué me va a enseñar esa persona si ni siquiera letra sabe? Pero lo que yo enseño, no lo
estoy enseñando yo, hermanos. Si está usted oyendo hoy la palabra
de Dios. Dichoso el hombre que está oyendo
la palabra de Dios. No está oyendo la voz del hombre.
No está oyendo las palabras del hombre. Y el verdadero creyente
quiere oír. Quiere oír a Dios. No está oyendo
al hombre. No está buscando dónde falló
aquel predicador que está hablando. No está. Sino que está anhelando
la gracia de Dios, hermanos. Está anhelando el alimento espiritual
que necesita su espíritu. Que solamente viene de Dios. Él es el que enseña. Entonces,
este hombre tenía una profesión tan mala. La gente de allá en su ciudad
lo conocía a él, todo, cualquier cosa que uno haga, si usted es
un ladrón, yo veo allá en mi pueblo, ¿cómo confías en este
hombre? Tanta gente ha robado. Estaba yo viendo mi pensión con
un señor y me dice, yo estoy muy criticado.
Sí, sí, lo sé, le digo, lo sé, porque usted ha robado mucho
a la gente aquí. realmente uno yo estoy confiando
que me va a ayudar bastante y gracias a Dios que hasta ahorita me está
ayudando bastante o de veras lo que dicen la gente lo que
dice la gente o no es cierto, pero gracias a Dios hermanos
por eso les digo muchas veces nosotros nos dicen pero mejor
hay que comprobar en verdad. Este hombre Pues tenía la fama
de ladrón, lo conocían allá en la ciudad y además él lo conocían
que era el jefe de todos. Pero el Señor, ¿a quién vino
a llamar? ¿A pecadores? Él no vino a llamar a justos.
El que se cree justo no es llamado por el Señor, no es llamado. Él vino a llamar a pecadores.
Aquí en Lucas capítulo 5. Vean. Lucas capítulo 5. Verso 32 dice, no he venido a
llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento. Yo no he venido a llamar a justos. Muchas veces uno con su religión
se cree justo. Con las obras que él hace se
cree justo. Su portamiento, piensa que como
se porta bien en su hogar, en todo, ya es justo. y piensa que
se está portando y su pueblo bien, que no anda buscando pleitos
y esto, piensa que está ganando algo delante de Dios. Estás mal
así. Está mal uno. No andes diciendo
yo soy muy religioso, yo esto. Realmente eso es muy importante. Pablo dice lo necio del mundo,
lo vil del mundo, dice en Corintios. Se dieron cuenta lo necio, lo
vil del mundo. Es el que Dios escogió. Es el
que Dios escogió. Había algo en Jacob para que
Dios lo haya escogido. Es mentiroso. Él es mentiroso. Solo su nombre
lo dice, hermanos, es mentiroso. Jacob es Saúl. No fue escogido. Pudiéramos pensar
que el Saúl debe haberlo escogido de Dios porque era un hombre
muy belloso, muy guapo, pudiéramos pensar. Pero cómo es que Dios
lo haya dejado y escoge a uno, un mentiroso. Sólo su nombre
lo dice. Ya depende de Dios. Por eso como les digo, Pablo
dijo, a los que él escogió, La gente vil del mundo. De entre
el lodo Dios saca a las personas. Entre la escoria de este mundo,
hermanos. A estos Dios se ama. Aquí entonces
vemos a este hombre, un hombre lleno de pecado, lleno de maldad. Diariamente, seguramente, hermano,
está pensando en robar más y más y más dinero. Una persona que
tiene, quiere más. Y tiene que buscar la manera
de obtenerlo. De una u otra manera. Él tiene
que ver cómo tener más dinero, hermanos. Fue un llamado personal. Este
llamamiento de saqueo es un llamamiento personal. En el verso 5 dice
así. Cuando Jesús llegó a aquel lugar,
Mirando hacia arriba, le vio y le dijo, saqueo, saqueo. Ni siquiera se había presentado
ante Jesús. Él no podía ni acercarse, pero
él buscó dónde pasar para ir adelante porque estaba la multitud. Y Jesús llegando a ese lugar
lo llama en su nombre. ¿Cómo es que lo conoció él, si
no era de ese lugar? Él estaba recién llegando allá
en ese lugar. Estaba llegando en ese lugar,
no conocía quizás a nadie. Apenas está llegando, alguno
se habrá presentado a él, le habrá dicho su nombre, pero Saqueo
ni siquiera se había acercado a él. Pero vemos cómo le llama,
Saqueo. le dice aquí, es un llamado personal. Ahora, ¿por qué lo llamó en su
nombre? Así como estamos nosotros, cuando venga el Señor, llama
a uno de nosotros, porque había mucha multitud, es un llamado,
por eso digo, es un llamado personal. Y cuando llama personalmente
es que a esa persona quiere llamar y lo llama en su nombre. Ahora
si está llamando por grupo, pues tendría que llamar que vengan
todos conmigo. Y nadie va a negarse también,
hermanos. Nadie. Es también particular,
pero es un llamado que vengan todos. Ahora, cuando él dice,
venid a mí a todos los que estáis trabajados, eso ya es un llamamiento
general. El que quiera venir, viene. El
que no, no. Pero si les dice, vengan conmigo. Ya está llamando a todos que
vengan. Pero cuando es personal, es a
tu nombre. Hermano José, ven conmigo. Es
un llamado personal. El Señor lo está haciendo personalmente,
hermano. El llamado general. Venid, dice,
venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, dice Mateo
28. Venid a mí todos los que estáis
trabajados y cargados y os haré descansar. No está llamando,
le dice al grupo, que vengan conmigo, venid a mí todos los
que, si usted está cansado, si está trabajado, si siente su
carga de maldad, de pecado, viene a él. Si no, no, no va a venir. Pero cuando Dios está llamando
a una persona directamente, hermanos, como llamó a sus apóstoles, ¿verdad? Estaban pescando, pasa a él que
me siguen. solamente le está llamando a
los que estaban allá cuando pasó, dos, tres, uno, eso es particular ese llamado,
no le dijo a todos los pescadores, todos los que vengan conmigo,
no, que me sigan, ahí están esos dos pescadores, Pedro, Juan,
todos esos eran pescadores, pero el señor llama hermanos, llamó
a Saulo, ahí estaba yendo con un grupo de personas, él no estaba
yendo solo, y él llamó directamente a Saulo. Es un llamado personal. Gracias al Señor por este llamado,
hermanos. Es también un llamamiento preeminente,
dar prisa, pronto. O sea que quiere decir, cuando
Dios llama, nadie se va a negar a no venir prontamente. Nadie
va a decir, hay tiempo. Hay tiempo, ¿no? Nunca debe uno
pensar hay tiempo. A mí me han dicho, muchas familias
me han dicho, hasta que se casen mis hijos, vengo yo. ¿Por qué?
Porque ya oí que hay muchos problemas. Cuando los hijos se casan, se
casan con otros, otra religión, otra persona que no está de acuerdo,
entonces ahí está el problema. Ese problema, hermanos, no es
el único. De por sí hay problemas. Yo no engaño a la gente. Hay
muchos que dicen, si usted llega a creer al Señor Jesucristo,
se acabó enfermedades, se acabó necesidades, se acabó problemas,
se acabó divisiones, se acabó todo. Eso es mentira. No estás
siguiendo al verdadero Cristo entonces. Porque la persona que
sigue a Cristo, hermanos, problemas está buscando. Que eso dijo el Señor, ¿no? El
que me sigue tiene que ser perseguido. Ahora, no quieres seguir, no
quieres ser perseguido, no quieres ser despreciado, no quieres tener
problemas, entonces que no lo sigas. Abraza al mundo, síguelo
con él. Porque allá hay gozo, hay todo
lo que quiera uno. Pero con el Señor, Él es el que
te va a dar el consejo bien para que sigas. Es el único, no hay
otro. No dejen que le engañen, que
le digan, crea a Cristo y se acabó todo, no. Por eso muchas
veces cuando uno se enferma, dice, ¿dónde está Dios? ¿Por
qué me está pasando? No que soy un creyente, No que
creo a él, no que él es todopoderoso. No, hermanos, no lo digan así.
Eso no tiene la culpa el Señor. ¿Por qué Job no se quedó ante
el Señor? Cuando perdió la primera vez,
cuando le quitaron todo, él me lo dio, él me lo quitó. No Satanás. Nadie me lo quitó. Porque realmente
todo lo que tenemos, ¿de dónde viene? De Dios viene, hermanos.
Nada de lo que tenga usted haya venido de otro lugar, Dios lo
da. Porque cuando tú naciste, ni
siquiera ropa tenías. Y yo le he dicho a muchos allá
en el pueblo, esa de niño que nace, ni sabe dónde, qué familia
nació. Si es una familia que está entregada
a la droga, Si es una familia de creyentes, si es una familia
religiosa nada más, no lo sabe. Hasta que ese niño empieza a
tener conocimiento se va a dar cuenta en qué familia está. Hermanos, eso es importante. Entonces no debemos pensar nada
de esto. Algunos piensan hay tiempo mañana. Santiago dice 4.14. No hay que decir hay tiempo mañana. No sabes lo que será mañana. No sabes lo que será mañana.
Y realmente hermano, no lo sabemos. Hoy estamos aquí todos. Al rato
no sabemos qué puede pasar. Pero Dios, para Él no es una
sorpresa. Él sabe del principio al fin.
y él, hasta un cabello que caiga de nosotros, él lo tiene en cuenta,
hermanos. Pero nosotros ni siquiera tenemos
en cuenta nada de esto. Proverbios 27 también habla,
hermanos. Proverbios, capítulo 27, verso
1. Capítulo 27. Verso 1 dice, no te jactes del
día de mañana porque no sabes qué dará de sí el día. No te jactes del día de mañana. ¿No? ¿Qué debemos hacer? Es humillarnos ante el Señor.
Lo que es tu voluntad es lo que quiero. Lo que es tu voluntad. No debes decir, yo voy a hacer
esto, yo voy a... No, hermano. porque Dios está
todo detrás de esto. Entonces el llamado es pronto,
no hay que decir mañana, hay tiempo, todavía falta. Y cuando
iba a cumplir los dos mil años muchos dicen ya mero, ahora mero
lo creo. Y cuando ya vieron que ya pasó,
ah todavía, ya ven que es mentira, no va a acabar el mundo. La gente
siempre está yendo detrás del tiempo, hermanos. el tiempo de Cristo si va a ser
ya. No lo sabemos, nadie lo sabe.
Hay que venir pronto. El llamado de saqueo fue prontamente,
rápidamente y él dice que él descendió. Es un llamamiento humillante
que él se bajó de prisa, descendió, como dice la palabra de Dios,
debemos de venir y la palabra descender significa humillación,
hay que humillarnos, hay que bajar, hay que acudir a él, humillarnos
bajo su mano poderosa, no quedarnos en manos con nuestro orgullo,
hay que bajarnos ante él. Descendió, al Señor Jesucristo, aquí en el libro de Salmos 14, Salmos capítulo 14. Verso 3. Todos se desviaron, aún se corrompieron
y no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno. Todos
se desviaron, aún se corrompieron y no hay quien haga lo bueno,
no hay, dice Pablo, ni siquiera uno. No podemos hacer nada. Si te jactas, Si te crees, no
puedes hacer nada. Mucha gente se cree por sus buenas
obras, por lo que hacen ellos. Pero nada, hay que humillarnos,
hermanos. Nunca debemos pensar por lo que
somos y por lo que hacemos. Porque Dios, recuerden que Él,
el que se humilla, Él lo ensalza. Y el que se ensalza, Dios lo
humilla. Y eso es lo que tenemos que hacer, humillarnos bajo la
mano poderosa de Dios. Es un llamado con afecto, amistad,
cariño, como dice, hoy es necesario que poseyo en tu casa. Imagínense,
hermanos, la sorpresa que llevaría una persona. Aquí se sorprendió
la multitud. Y así pasa entre nosotros. Yo no pensé que éste va a ser
un creyente. Eso menos pensamos. ¿Verdad? Y eso es lo que se sorprendió
la gente, hermanos. Cuando vieron a Saqueo venir
ante el Señor. Vean en el verso 7, capítulo
19. Al ver esto, dice, todos murmuraban
diciendo Al ver esto, todos murmuraban diciendo, se hablaban entre ellos
mismos. Todos murmuraban diciendo que
había entrado a posar con un hombre pecador. Ahora, cuando
una persona habla así, es que él cree que no es pecador. Es
que él cree que no es pecador. No debe usted hablar así. Antes
de pensar por otra persona que es pecador, debe pensar que usted
también debe pedirle al Señor que le perdone sus pecados. Y
esta multitud estaba murmurando, diciendo que había entrado con
un hombre pecador. ¿Se dan cuenta que sí conocían
que era un hombre entregado al pecado? La multitud, la gente
lo conocía a él. ¿Y cómo es posible? Seguramente,
como han oído su mensaje, hermanos, ¿cómo es posible que si es hijo
de Dios, que entrara con un hombre así, un ladrón, un jefe de los
ladrones? ¿Cómo puede ser posible que haya
entrado? ¿Cómo no viene con nosotros? Nosotros estamos adorando a Dios. Nosotros estamos sirviendo a
Dios, estamos haciendo todo bien las cosas. ¿Cómo no viene con
nosotros? Y se mete con esa gente así,
despreciado. Gente que nos está robando a
nosotros. ¿Qué es lo que piensa la gente,
hermanos? No, esa gente no merece que entre
esa persona con él. Conmigo sí, porque yo ando bien.
Yo no robo a mi vecino, yo no insulto a mi vecino, yo no hago
nada mal a nadie. Debe venir conmigo porque yo
sí lo merezco. Nadie merece, hermanos. Nadie. Tanto como el saqueo y la multitud,
nadie lo merece. Eso solo es por la gracia de
Dios. Eso es solo por la gracia de Dios. Y eso es lo que estamos
viendo, hermanos, que dice, ¿por qué? Dice la Palabra de Dios
en Jeremías 17, 9, engañoso es el corazón. Es de lo que pasa
con el hombre. Su corazón mismo lo engaña. Su
corazón mismo te dice, tu corazón, ah, tú estás bien delante de
Dios. Tú estás bien, no tienes que hacer nada más. Ya todo ya
lo ganaste. Cuántas obras buenas estás haciendo.
La gloria te va a dar el Señor. Hermanos, no hay gloria fuera
del Señor Jesucristo. No hay gloria allá. No hay. ¿Por qué? Porque, como dice,
nuestro corazón está en enemistad contra Dios, dice Pablo en Romanos
8, 7. Nuestro corazón está en enemistad. ¿Por qué? ¿Por qué dice que está
en enemistad? Porque, hermanos, nosotros queremos manejar ese
Dios el soberano. Queremos tenerlo en las manos,
que lo que digamos que se haga, es como esta multitud, cómo es
posible que haya... Si son capaces de decirle, no
entres allá, pero no lo decían tan bien, no tenían el valor
de decirlo, sólo estaban hablando entre ellos mismos. Deben decirle,
por qué entras con esa persona, si es un ladrón, nos ha robado
a nosotros. Ven con nosotros, a ver qué va
a decir el Señor. Hermanos, no tenían el poder,
pero lo querían hacer. Hay enemistad, hay enemistad
entre Jesús y esa multitud. Lo tiene en el corazón, lo tiene
el hombre en el corazón. No puede ser amigo del Señor
por la maldad que hay, por la maldad. A mí me gusta siempre
mencionar de aquella mujer que fue traído al Señor Jesús. Lo
presentaron allá. Y la gente, todos le están acusando,
le están diciendo su pecado. Los sorprendimos. ¿Por qué no
nos sorprendieron a todos nosotros en el pecado? El hombre no es
tan tonto, no se acusa a sí mismo, pero sí acusa a otro. o a otra. El único que tenía derecho, hermanos,
de alzar una piedra y arrojárselo, era el mismo Jesús, siendo hombre
y Dios que estaba presente allá. Él es el único derecho. Y por
eso cuando Él dijo, aquel que se encuentra sin pecado aquí
en esta multitud, sea el primero que arroje la piedra encima de
esa mujer. ¿Por qué nadie lo hizo? porque
su misma conciencia les acusó, hermanos, que también son pecadores. Para que ellos arrojen la piedra
encima de la mujer, lo tendrían que hacer encima de sí mismo.
Tendrían que arrojar la piedra encima de ellos porque son culpables
también. No importa si ellos ya cumplieron,
según ellos, toda la ley, los 10 mandamientos. Pero si ya ofendieron
uno, hermanos, todo lo demás vino encima de ellos. Ya se dieron
cuenta? Aunque por uno, todo viene encima
de uno. ¿Por qué? Porque de seguro que
no vamos a poder cumplir todo. Todo. Y si lo cumpliera uno,
aún así no hay salvación allá. No hay salvación, porque la salvación
está únicamente en el Señor Jesucristo. Ahí está nuestra salvación. Entonces,
es un llamado permanente. Por eso los verdaderos creyentes,
hermanos, no se apartan. Cuando Dios nos llama, es que
permanece con nosotros y permanecemos también en él. Él permanece. Aquí en el libro
de Lucas dice, 19.5, cuando Jesús llegó a aquel lugar, mirando
hacia arriba, le vio y le dijo, saqueo, date prisa, desciende,
porque hoy es necesario que pose yo en tu casa, que yo pose. Él
va a vivir allá, va a estar por un tiempo, pudiéramos decir,
hoy es necesario que poseyo en tu casa. Cuando no es un llamamiento
hermanos permanente es que Es como una visita nada más rápidamente. No va a quedarse por algún tiempo
allá. Pero cuando se trata de la salvación,
el Señor está dentro del corazón de nosotros. Está poseyendo allá. Es como dice Pablo, el Espíritu,
hermanos, está usando nuestro cuerpo como su templo. El Espíritu
está en nosotros, el Espíritu de Dios. Allá vive, allá está
poseyendo nuestro corazón. Y eso, por eso, hermanos, que
la persona permanece. Ese llamamiento general es pasajero. Es pasajero. Hay mucha gente,
como dice en la siembra, ¿verdad? Oyen. Pero viene algo, se los
quita. Es que no fue sembrado en el
corazón. Es pasajero, solamente de la
cabeza. Y hasta hay gente como que de veras cree la Palabra
de Dios, hace muchas actividades, busca cosas que hacer. Pero hay
que tener cuidado, hermanos. No debe pensar que así soy un
verdadero creyente, no. La persona que ves muy despacio,
está yendo, parece que no es el del Señor, pero el Señor lo
hace permanecer fielmente. Es obra de Él, no es obra del
hombre. Entonces, el llamado del Señor,
nosotros permanecemos porque Él permanece. Por eso permanecemos. Porque por nosotros, de seguro
que no vamos a poder permanecer. Les aseguro. Estaba diciendo
el hermano, hubo servicio el miércoles, el jueves, y quería
seguir. Y así debe ser, hermanos. Debemos adorar al Señor diariamente. Diariamente. No debemos decir,
hay tiempo. ¿No? Nuestra ocupación debe ser
en las cosas del Señor. Recuerden que María estaba y Marta, una de ellas estaba ocupada en
las cosas que hacer en la casa y la otra estaba sentada a los
pies del Señor. Digo, Señor, no te das cuenta.
que yo tengo mucho trabajo, ¿por qué no mandas a ella para que
me ayude? No, ella ha escogido el buen lugar, el oír la palabra
de Dios. Hermanos, yo creo que eso es
lo principal, es lo que tenemos que dar. Recuerdo de Daniel cuando
fue acusado. Yo les digo a los hermanos, si
no tienen que acusarlo por 30 días, con que diga al rey que
firme por 24 horas, hasta por una hora. Daniel no puede dejar
de adorar a su Dios. El creyente no puede dejar, no
puede pasar dos días, tres días, no adorar al Señor, porque es
su vida. Es su alimentación, es su comida, es el pan de vida,
hermanos. ¿Dejaría usted de comer un día? No, hasta cada rato estamos comiendo. Cuando oiga que está chillando,
tiene que comer uno hermanos, no deja uno. Entonces, eso es
lo mismo, es la misma manera del creyente hermano, debe ser
el creyente, su alimento. Por eso, como dice el hermano,
qué bueno si estuviéramos domingo, lunes, martes y hasta seguir
el domingo adorando al Señor. Y así va a ser en la gloria,
hermanos. Nunca vamos a quedar sin servir al Señor. Lo vamos
a adorar todo el tiempo. Pero, como decimos, hay muchos
obstáculos, como lo que pasó con el saqueo. Tenía dos que
le estaba perjudicando, su estatura y la multitud. Pero los obstáculos
las vencemos, hermanos. Él las venció. De una u otra
manera, él vio al Señor Él no lo pudo ver por su estatura,
que está muy pequeño, como un niño, y por la multitud, pero
él dijo, voy adelante, subirme a un lugar más alto para poder
verlo cuando cruce. Pero allá está, hermanos, la
obra del Señor. Él es el que está haciendo todo
eso, porque no hay nada que suceda sin la voluntad. Era una oveja
perdida, y es el Señor que estaba obrando, para que él pueda enfrentarse
con el Señor Jesucristo. Saulo no estaba pensando ser
un predicador, ser un apóstol. Él no estaba pensando. Él fue
con los gobernantes, con los sacerdotes, que me firme una
carta. Con esto tengo poder para detener,
encarcelar, matar, si es posible, a los que hablan este falso evangelio. Era el propósito de él. Pero cuando él quería llegar
a la ciudad, cruza el Señor en su camino. Le puso una pared que no pudo
brincar. El poder de Dios. Es el poder
de Dios. Y lo que Dios hace, nadie puede
impedirlo hermanos, nadie puede rechazarlo, eso le dijo al rey,
el rey no pudo resistir a la visión de Dios, él no pudo y
ahora ahí me tienen ustedes, estoy encadenado por el amor
de Dios, eso debe ser un verdadero creyente hermanos. Hay algo de
lo que no debemos olvidar, se trata de hermanos de un llamamiento
necesario. La salvación es una salvación
necesaria para el pecador. Ahora sabemos, hermanos, que
las razones es porque es el propósito de Dios, no es de nosotros. Dios en su propósito al escoger
a las personas antes de la fundación del mundo, los escogió para salvación. Y esa gente tiene que ser salvo. y tiene que ser predicado el
Evangelio y para eso vino también el Señor Jesucristo. Él no vino
por casualidad para dar su vida y que diga yo ya di mi vida,
ya derramé sangre, ahora el que lo quiera creer, aceptar, que
lo acepte. No. El propósito de Dios al enviar
a su Hijo hermano es dar su vida por su pueblo escogido. Es lo
que dijo Mateo, y darás a luz un hijo y llamarás Jesús su nombre
y él salvará, no dijo a ver si puede, no hermanos, y él salvará
con seguridad a su pueblo de sus pecados. No hay duda. No hay duda. Pero los falsos
ponen duda. A ver si Dios puede salvarle. ¿No, hermanos? El Señor, su salvación
es segura y no hay nada. Entonces, por eso el Señor, hermanos,
dio su vida y eso es lo que prometió Dios, salvar a su pueblo. Su
promesa de Él es salvar a su pueblo. Él Entonces, por eso cuando él viene
a un lugar, viene por la necesidad, porque hay una oveja allá. Cuando
iba pasando también por Samaria, pasó porque necesitaba pasar,
porque había una oveja allá. ¿Se dieron cuenta? Todo está
sucediendo de acuerdo a la voluntad de Dios, hermanos. No es por
casualidad. Él sabe. Por eso pasaba en esos
lugares. Gracias a Dios que Él, hermanos,
todo lo que hace, lo hace conforme a la voluntad de Él. Es algo
inevitable. No podemos evitar. La obra de
Dios nadie lo evita, nadie lo puede detener. Y para terminar,
es un llamamiento eficaz porque vemos los frutos que demuestra
saqueo. Los frutos que demuestra. Verso
8, dice así, Entonces saqueo puesto en pie dijo al Señor,
He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy a los pobres, y si
en algo he defraudado alguno, se lo devuelvo cuadruplicado. Jesús le dijo, hoy ha venido
la salvación a esta casa. La salvación ha venido. Es el
Salvador, hermanos, que está presente. He aquí, dice, la mitad
de mis bienes doy a los pobres. Y si en alguno he defraudado,
se lo devuelvo cuadruplicado. Saqueo. Se levantó en su casa. Quizás está yendo a su trabajo,
quién sabe. Y era un hombre rico. mucho,
con mucho dinero. Ni siquiera pensó en su mente
que en ese mismo día hermanos va a decir voy a dar la mitad
de mis bienes a los pobres. De seguro se lo hubieran dicho.
Estaban locos. Que yo dé, que yo me quede pobre. Como le dijeron
a aquel hombre que vino al Señor. ¿Qué debo de hacer para tener
la vida eterna? Y era un hombre rico. Pero esto
es Anda, vende todo lo que tienes, repártelo a todos, y ven, y tendrás
tesoro conmigo. ¿Quién puede quedarse pobre? Nadie. Entonces este hombre,
hermano, se levantó rico, con mucho dinero, ¿y ahora se va
a acostar pobre? ¿Cómo se habrá burlado la gente
de él? ¿Pero qué nos importa la burla
de la gente? Hermanos, tenemos el tesoro mucho
más grande que todo el oro de este mundo. ¿Por qué? Porque el tesoro que nos da,
hermanos, más grande es la vida eterna. Que con todo el oro de
este mundo que usted tenga, no lo va a poder comprar. Porque
el Señor no lo está vendiendo, sino Él lo está regalando por
gracia. Él lo está dando por gracia,
no es por obras. Y gracias a Dios, hermanos, que
este hombre, que parece ser pobre, pero es más rico. Como dice el
coro, aunque soy pobre, pero lo tengo todo. Y el rico lo tiene
todo, pero le falta todo, porque va a ir a la condenación, donde
la cual él con todo su dinero no puede salir, hermanos. Pero
gracias a Dios, hermanos, con estar pobres, pero estamos ricos,
toda la gracia del Señor, toda la salvación, la justicia, todo
el perdón, hermanos, lo que hemos hecho ya ha sido perdonado por
el Señor y nos da la vida eterna y vamos a vivir y gozarnos con
el Señor eternamente. Ya no habrá más sufrimientos
como estamos sufriendo aquí. Gracias a Dios por lo que Él
nos da, hermanos, no lo merecemos. no somos dignos. Saqueo no era
un hombre digno. Pero así como él, así somos nosotros. No somos dignos. Nadie es digno. Aun los hombres que estaban hablando
mal, tampoco eran dignos. Pensaron que son dignos por su
religión por sus actos de obras que hacían, pero Dios no está
viendo esto. En Cristo nos ve, hermanos, como
si nunca hubiéramos pecado. Gracias con su muerte nos ha
salvado eternamente. Gracias al Señor, hermanos, por
este mensaje.

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Joshua

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