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Gervacio Itza

Parabola del fariseo y el publicano.

Luke 18:9-14
Gervacio Itza February, 18 2024 Video & Audio
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Gervacio Itza
Gervacio Itza February, 18 2024

El sermón titulado "Parábola del fariseo y el publicano" por Gervacio Itza se centra en la doctrina de la justificación y el pecado, contrastando la actitud de un fariseo con la de un publicano, tal como se relata en Lucas 18:9-14. El predicador sostiene que la justificación no se obtiene mediante las obras o la religiosidad, como pretende el fariseo, quien confía en su propio cumplimiento de la ley y desprecia a otros. En contraste, el publicano, consciente de su pecado, pide a Dios que sea propicio hacia él y es el que finalmente es justificado. Este sermón enfatiza que la justicia ante Dios es solo a través de Cristo y que el orgullo espiritual conduce a la condenación, mientras que la humildad y el reconocimiento de nuestra naturaleza pecadora nos llevan a la salvación. Gervacio Itza apela a diversas Escrituras, incluida Romanos 3:23 y 1 Corintios 15:22, para reafirmar la universalidad del pecado y la necesidad de la gracia.

Key Quotes

“Cualquiera que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.”

“La salvación no es por obras. La salvación es por pura gracia de Dios.”

“Si no hay Cristo en el corazón de la persona, no podemos agradarle a Dios por todo lo que hagamos.”

“La oración del publicano es la mejor oración, reconociendo lo que somos en verdad delante de Dios.”

Sermon Transcript

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Quiero que abran en San Lucas
capítulo 18. Voy a leer en el verso 9 hasta
el verso 14. Dice así. A unos que confiaban en sí mismos
como justos y menospreciaban a los otros, dijo también esta
parábola. Dos hombres estuvieron al templo
a orar Uno era fariseo y el otro publicano. El fariseo puesto
en pie oraba consigo mismo de esta manera. Dios, te doy gracias
porque no soy como los otros hombres, ladrones, injustos,
adúlteros, ni aún como este publicano. Ayuno dos veces a la semana,
doy diezmos de todo lo que gano. Más el publicano, estando lejos,
no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que se golpeaba
el pecho, diciendo, Dios, sé propicio a mi pecador. Os digo
que éste descendió a su casa justificado antes que el otro. porque cualquiera que se enaltece
será humillado, y el que se humilla será enaltecido. En esta tarde,
hermanos, quiero que veamos de esta parábola de los dos hombres. Recuerden, el Señor Jesús cuando
habla una parábola es por lo que oye de la gente, lo que pues
las personas dicen, que no quieren reconocer a Dios. Acabamos de
ver en la lectura que solamente somos justificados en Cristo
Jesús. Pero cuánta gente, hermanos,
se justifica a sí mismo y a Dios no le agrada. Un hombre religioso
es el fariseo y el otro hombre es el publicano. Él es un ladrón. un pecador. Ahora, la diferencia
entre estos dos, uno era religioso y el otro pues ni siquiera iba
en ningún lugar para escuchar. Pues es muy importante que notemos,
cuando una persona tiene una religión, hay gente que se jacta
de lo que pues tiene. Es bueno jactarnos, pero en Cristo
debe ser. La religión, hay mucha gente
que dice, ¿cuál es tu religión? Las religiones son bonitas, donde
va mucha gente también, donde algunos no hay, pero nunca debemos
pensar solamente ser religiosos. aunque es bueno, pero no debemos
depositar nuestra confianza únicamente por lo que somos y lo que hacemos
en todo. La confianza debe uno ponerlo
en Dios, en el Señor Jesucristo, que fue enviado aquí en este
mundo. El Señor usa parábolas por lo
que oye de la gente, lo que dicen ellos de... Hace siempre estas
comparaciones para que se pueda entender realmente la verdad. Por eso son cuentos que él hace
acerca de lo que oye y ve de la gente. Todos nosotros somos
diferentes en carácter, pensamiento y aún en cultura. Hay gente muy
entregada realmente a lo que es él. Hasta no quiere llevarse
con nadie. Dios siempre quiere que seamos
uno en amor, pero no quiere decir que Dios no lo puede lograr,
si Él lo quiere hacer, lo hace. pero aquellos que Dios amó, él
le pone amor verdadero a esas gentes. Y gracias a Dios. Aquí
de estas dos personas, hay uno que está entregado a su religión
y está acusando al otro que él es pecador. Cuando una persona
dice que este es pecador, él nos está acusando pecador. Ahora
nosotros que hemos aprendido, sabemos que todo el mundo es
pecador. No importa la vida que lleve,
no importa si es una persona que vive santamente, es devoto
a su religión, pero el pecado no se va a quitar en el cuerpo. El pecado que tenemos Este cuerpo
tiene que ir a la tumba para que se quede. Entonces, el otro
que va a dar el Señor ya es sin pecado. Pero este cuerpo nunca
va a estar perfecto en este mundo. No vamos a ser perfectos porque
el pecado que está en el corazón, hermanos, es lo que siempre está
perjudicando. Eso quiere decir, cuando Pablo
habló en Romanos 3.23, cuando dijo, todos somos pecadores.
Ninguna diferencia, entonces, hay realmente entre el fariseo
y el publicano, porque el fariseo, yo creo, al decir que este es
pecador, él ya está cometiendo ese pecado. Él no puede decir
algo acusando a otra persona, porque nunca debemos acusar a
una persona de lo que él hace, sino antes no debemos acusarnos
a nosotros. Como dijo el Señor, mira primero
lo que tienes tú, para que puedas ver lo que tiene el otro. Pero
siempre nos gusta juzgar, y sabemos, como dice la Biblia, ninguna.
Nuestra naturaleza de pecado, sea pequeña o grande, todo realmente
es igual delante de Dios. Desde la caída de Adán, esta
naturaleza pasó a todo, toda la humanidad. Eso quiere decir
que la muerte vino por causa de la desobediencia a Dios. Cuando
él desobedeció a Dios, entonces entró el pecado en la raza humana. Y cada niño que nace, nace con
pecado. Ahora, el niño que acaba de nacer
peca, Pero ya no es una manera con
un conocimiento. Hasta que él llegue a tener conocimiento
es cuando va a saber que es malo lo que está haciendo. Y es muchas
veces, aunque nos molestamos con él, pero también hacemos
lo mismo. aún nosotros grandes hacemos,
imagínate los niños, a veces se molesta uno con el niño lo
que hace, pero no te das cuenta de lo que haces también. Recuerden
que nosotros somos ejemplos de todo, aún en el ser creyente
somos ejemplos también, y en la verdad es muy importante.
Ahora, el fariseo, Uno, la historia de estos dos hombres son diferentes. El fariseo era celoso en las
tradiciones de los ancianos. Ahí en el libro de Mateo, vean
capítulo quince. Mateo capítulo quince. El verso uno y dos. Entonces se acercaron a Jesús
ciertos escribas y fariseos de Jerusalén diciendo, ¿por qué
tus discípulos quebrantan la tradición de los ancianos? Porque
no se lavan las manos cuando comen pan. Están entregados a
su tradición. Tiene más interés a la tradición
y no lo que manda Dios. Y es lo que dijo él aquí en los
versos tres. Respondió, él dijo, les dijo,
¿por qué también vosotros quebrantáis? Ahí está. ¿Por qué también vosotros
quebrantáis el mandamiento de Dios por vuestra tradición? Ellos quebrantan con su tradición
el mandato de Dios. Porque ellos están entregados,
hermanos, a su tradición, que se lo olvidan. Ahora sabemos
que la ley es buena, lo acabamos de ver en la lectura. La ley
es buena, pero solamente es para vivir bien. A mí siempre me gusta
decirles que la ley, si uno la está cumpliendo, pues no tendrá
problemas con nadie. Pero como no lo cumplimos, es
por eso que metemos problemas con otras personas. Por eso dijo
el Señor, el que cumple la ley vivirá por ella. No dijo que
será salvo, vivirá bien por ella. Porque la ley no puede salvar.
La ley solamente sirve para condenar al hombre, a la persona. Solamente
para eso sirve, porque no podemos cumplirlo. Aquí en el libro de
Hechos, Vean cómo se molesta la gente cuando les dicen la
verdad. Hechos, uno de los diáconos de esa iglesia, él está, no está poniendo mesas,
era su trabajo de ellos, los diáconos que fueron llamados. por los apóstoles y conjuntamente
con la iglesia que estaba comenzando, que ya era grande. Los apóstoles,
ellos no podían atender todo. Y dice, si nos ponemos a atender
las mesas, vamos a dejar el estudio de la predicación de la palabra
de Dios. Y eso es lo más importante. ¿Por qué? Porque eso, aunque
es importante, pero son cosas materiales. Lo que ellos están
desocupados en ello es la predicación del Evangelio. Entonces, por
eso dijeron que nombren, pero gente que está llena del Espíritu
Santo. Y él, este Esteban, estuvo predicando
en esos momentos y llegó en el verso 53, Dice así a la gente, vosotros
que recibiste la ley por disposición de ángeles y no la guardasteis. Ahora, ¿qué hicieron ellos? Dicen,
oyendo estas cosas, se enfurecieron sus corazones y crujían los dientes
contra Esteban. Vean, ¿por qué se molestaron
si están cumpliendo? Si uno está haciendo, ven, ¿por
qué te vas a molestar? En sus conciencias les acusaba
a ellos que no estaban cumpliendo la ley, y cuando este Esteban
les dijo claramente y más se molestaron, ya es cuando empezaron
a echarle piedras a él hasta la muerte. Pero Dios sabe, hermanos,
todo lo que Él hace. creía ser bueno, este hombre
creía ser bueno delante de Dios. Él pensando con su tradición,
con su religión, piensa que estaba bien delante de Dios. Pero recuerden,
hermanos, si no hay Cristo en el corazón de la persona, no
podemos agradarle a Dios por todo lo que hagamos. aunque nos
parezca bueno, aunque nos parezca que es mejor, pero tiene que
ser en Cristo Jesús. Tiene que ser en Cristo. Pero
hay gente que lo quiere hacer por sí mismo. Y eso es lo que
siempre habló el apóstol Pablo aquí en Romanos, cuando habló,
vean capítulo tres, en el verso doce, Dice así, todos se desviaron
y aún así se hicieron inútiles. No hay quien haga lo bueno, no
hay ni siquiera uno. No hay ninguna persona que haga
el bien. Pero a mí y a usted y a cualquiera
persona, piensa que está bien lo que está haciendo. Pero no,
hermanos, no hay nada de bueno en nosotros si no hay Cristo
en nuestros corazones. Y todavía teniendo Cristo, siempre
no hacemos las cosas bien por la naturaleza. Como dijo el apóstol
Pablo, cuando quiero hacer el bien, no lo hago. Entonces me
estoy dando cuenta que todavía hay esa maldad en el corazón.
El mal que no quiero, eso estoy haciendo. Esa es la naturaleza
que todavía tenemos, aunque tenemos las dos naturalezas, pero muchas
veces el pecado sobresale por la carne que es débil, como dice
la palabra de Dios. Jesús dijo, no hay nadie bueno,
sino solo Dios. Él lo dijo en el libro de Lucas
18, verso 19, si lo quieren ver. Una persona que piensa así, que
no necesita de un salvador, es por eso que piensa así, porque
Cristo Jesús vino a salvar a pecadores. Mateo 1, 21 dice, y dará salud
a un hijo, y llamará su nombre Jesús, porque él salvará a su
pueblo de sus pecados. El publicano es una persona entregada
a la maldad. Era un cobrador de impuestos
del gobierno. No tenía nada más que hacer maldad,
robar. y lo hacía a la vista, porque
el que te diga que tienes que pagar el precio, lo tiene uno
que pagar, es robo, como cuando saqueo, recuerden a los que le
he robado se los devuelvo cuatro veces, él sabía, él es publicano
también, ellos todos, pero lo más Gracias a Dios, hermanos,
que Él nunca se juntó con los fariseos, sino Él se juntó con
publicanos y pecadores. Ellos, por eso ellos estaban
celosos. Mateo 9, Mateo, San Mateo, capítulo
9, Dice aquí en el verso nueve,
pasando Jesús de allí, vio a un hombre llamado Mateo que estaba
sentado al banco de los tributos públicos y le dijo, sígueme,
y se levantó y le siguió. Y aconteció que estando él sentado
a la mesa en la casa, he aquí que muchos publicanos y pecadores
que habían venido, se sentaron juntamente a la mesa con Jesús
y sus discípulos. Y entonces dice, cuando vieron
esto, los fariseos, ahí está. Cuando vieron esto, los fariseos
dijeron a los discípulos, ¿por qué come vuestro maestro con
los publicanos y pecadores? Cuando una persona habla así,
piensa que no es pecador. Él es mejor que el otro. Es triste, hermanos, cuando una
persona... Por eso debemos reconocer realmente
que nosotros, delante de Dios, no somos nada. Gracias a Él sí,
Él pues nos ha dado. Por eso los fariseos odiaban
a los publicanos. ¿Por qué? Porque ellos quieren
que sea igual con ellos, pero ellos pues nunca han escuchado
nada, porque ellos están entregados al pecado. En cambio, esos fariseos,
ellos pues tienen la ley, lo estudian todo el tiempo, pero
no es para el bien de ellos, sino siempre para maldad. Ellos
tienen la ley para acusar, y lo primero que debemos hacer es
acusarlos a nosotros, pero nadie se acusa a sí mismo. Gracias
al Señor por esta obra que Él hace. Aquí tenían la costumbre
de ir al templo, Lo vemos. ¿Es malo realmente ir al templo? No. ¿Es malo ayunar? No. ¿Es malo dar los diezmos? No. Pero para ir al templo debemos
ir con el pensamiento por el sacrificio que hizo Cristo. Y
solo por esta obra seremos salvos. Si él no hubiese sacrificado
su vida, hermanos, como Cordero, como dijo Juan, el bautista cuando
vino, cuando vio a Jesús que estaba viniendo en Juan capítulo
uno, verso veintinueve. Si lo quieren ver, es es importante
lo que hizo este hombre que fue enviado antes de Jesús. Él vino
antes a preparar el camino de la venida del Señor Jesucristo
en Evangelio Juan capítulo uno, verso veintinueve. El siguiente
día vio Juan a Jesús que venía a él y dijo, he aquí el Cordero
de Dios que quita el pecado del mundo, que quita, no lo pasa
por alto. Ese Cordero que se sacrificaba
en el Antiguo Testamento solamente le ha pasado por un año. y al
siguiente año se tiene que volver a sacrificar. Y así sucesivamente,
hermanos, lo hacían cada año hasta que llegó el verdadero
Cordero, que es el Señor Jesucristo. Y Él no solamente está pasando
por alto, sino Él quita, Él lo quita, Él quita los pecados de
las personas que creen a Él. Ahora, no lo creen, jamás van
a ser quitados sus pecados, aunque sean buenos religiosos, aunque
vivan según sus pensamientos de ellos. Aún nosotros, hermanos,
nosotros que creemos Siempre el Señor nos dice que vivamos,
pero nunca estamos viviendo como Él lo demanda en su palabra.
No lo vive la persona. Por eso nunca debemos jactarnos
diciendo yo soy más fiel que tú. Nadie no es fiel si no es
por la gracia de Dios que seguimos en verdad. Las oraciones de estas
dos personas, la oración del fariseo, vean lo que dice en
la lectura que hicimos aquí en el libro de Mateo. Es triste, hermanos, cómo es
que una persona habla así, de esa manera. En el verso, en Lucas, es Lucas, El verso once y doce dice así,
el fariseo puesto en pie oraba consigo mismo de esta manera,
Dios, hasta menciona el nombre de Dios, dice, Dios te doy gracias porque no soy como los otros
hombres. Y no solamente dijo como los
otros hombres, sino dice, ladrones injustos, adúlteros, ni aún como
este publicano. Cuando una persona diga así,
señalando, debe señalarse a sí mismo. Pero nadie lo hará así,
hermanos. Nadie. ¿Por qué? Porque el religioso
está creyendo que él es mejor que todos los hombres. Se alabó
a sí mismo con su religión, ofendiendo a otro. Habló mal de su prójimo. Dijo, no soy como este publicano. Él no está reconociendo que es
pecador. Él no lo está reconociendo. Al
acusar a uno, él está reconociendo que es justo. Pero nadie es justo
sin la justicia de Cristo. Eso lo sabemos nosotros. Por
medio de su palabra, nosotros tenemos este conocimiento que
nadie es justo. Le decía Dios... por sus buenas
obras, de esas buenas obras, estaba tan orgulloso delante
de Dios. Y así es mucha gente, piensa
que todo lo que hace le agrada a Dios. Ahora, ¿cómo vio Dios
a este hombre egoísta, ambicioso, falto de bondad, y no había realmente
aprendido la verdad de todo el tiempo que están leyendo El Antiguo
Testamento y esa gente están preparados. Los escribas y fariseos
no eran gentes realmente inútiles en conocimiento. Ellos conocían
mucho. Por eso se jactaban por su propio
conocimiento. Pero de nada sirve, hermanos.
Es como que yo diga, yo conozco toda la Biblia. Pero no, realmente
yo creo que nada conocemos de la palabra de Dios. Solamente
podemos decir, gracias a Dios que me ha salvado. Porque al
decir como muchos se jactan, yo conozco todo, es como que
le diga a Dios, tú no tienes nada que enseñarme. Porque el
que enseña es Dios, no es el hombre. Si Dios no te enseña,
nunca vas a aprender. Estos fariseos eran enseñados
por los hombres y siguen a los hombres. Vi un texto hoy acerca
del ciego. Estábamos estudiando allá en
Tecó. Ese ciego le preguntó cómo fue
sanado. ¿Por qué me lo estás preguntando?
¿Acaso quieres ser discípulo de él? Y el fariseo le dijo,
nosotros somos discípulos de Moisés. Ese hombre, no sabemos
de dónde viene. Un hombre que ni siquiera había
seguramente entrado a la escuela, porque nació ciego de este niño
y ya tiene edad. ya tiene edad, pero cómo él respondió,
hermanos, cómo Dios de veras le dio esa sabiduría para hablar,
se puede decir doctores de la ley, porque ellos conocen bien
de la ley, por eso se jactaban ellos, pero de nada le sirve
a una persona lo que ha aprendido en verdad. Entonces, él tiene
falta de bondad y no había aprendido la verdad del amor de Dios. ¿Por qué? Porque no había recibido
el amor de la verdad que es Dios. No lo había recibido. Él solamente
pensaba en sus tradiciones, en todo lo que está haciendo y hasta
él está diciendo que gracias a Dios. Recuerden cuando habló
el Señor a esos fariseos. Ustedes diezman de lo más pequeño,
pero lo más grande no. Así pasa con las personas. Ellos
no quieren dar lo más grande. Lo que sí es un poco de lo que
dan, hermanos. Y están cumpliendo así la ley.
Y la Biblia. Todo lo que Él dijo es bueno,
pero nunca debes jactarte que lo estás haciendo, si lo estás
haciendo. ¿Por qué? Porque no hay salvación
allá, hermanos. La salvación la tenemos en Cristo
Jesús. Y todo lo que se hace es del
grupo, de la iglesia. Porque el Señor nunca te dice,
ayúna para que yo te salve. Da diezmo para que yo te salve.
Vente al templo para que yo te salve. Es bueno todo eso, pero
debemos realmente tener a Cristo y todo lo que vamos a hacer,
lo vamos a hacer por el amor de Dios que ha puesto en nosotros,
porque es lo más importante. Que Dios nos haya dado su amor
por su gracia, no porque lo merezco, no porque tú lo mereces. Nadie
merece el amor, pero Él lo ha compartido. ¿Con quiénes? Con
pecadores. no con gente justa, con gente
de pecadores que Dios mismo tiene que justificar. Y como dice el
apóstol San Pablo, esos fariseos han dejado la justicia de Dios
para establecer su propia justicia. Es lo que han hecho ellos. Nunca
debemos establecer una justicia de nuestra porque Dios ha establecido
su justicia y esa justicia está en Cristo Jesús. Si crees a Cristo,
ya eres justificado. Ya no necesitas hacer nada para
ser justificado. Ahora, todo lo que se hace, hermanos,
si tú estás dando tu dinero, nunca debes decir, este no lo
dio, este no lo hace. No, eso ya delante de Dios no
es agradable. Porque hazlo tú sin que sepa
nadie lo que estás haciendo. Y Dios te va a recompensar. pero si ofiendes a otro que no
lo hace, no te van a recompensar, porque ya tomaste tu recompensa,
ofendiendo a una persona realmente. Ahora, la oración del publicano,
en el verso trece, aquí en este mismo capítulo, dice así, más
el publicano estando lejos, no quería ni aun alzar los ojos
al cielo, sino que se golpeaba el pecho, diciendo, Dios, sé
propicio a mi pecador. Esta es la mejor oración. Esta
es la mejor oración, hermanos, que debemos hacer, reconociendo
No quería alzar los ojos, dice, eso significa humillarse, se
inclinó ante Dios. El fariseo no, vanidoso, ansioso. Él sí, gracias te doy Dios por
lo que estoy haciendo. Yo estoy haciendo todo bien,
en cambio este no hace nada. pero nunca debe uno hacer, pero
él dice que no alzó sus ojos, se humilló, reconoció su maldad,
reconoció que es pecador, reconoció que su corazón está sucio delante
de Dios, que todas sus justicias es como trapo de inmundicia,
dice Isaías, si lo quieren ver, 64, 6, es lo que habló este profeta,
cómo somos y no debemos hacer nuestra propia justicia. En el
libro de Isaías 64, el verso 6, Si bien todos nosotros somos
como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia,
y caímos todos nosotros como la hoja, y nuestras maldades
nos llevaron como viento, así como llevan todo lo que es la
basura, así nos lleva el pecado. pero gracias a Dios nos ha librado
de ella. Gracias al Señor, que Él es el
único que en Libra, hermanos. Sentía avergonzado, por eso Él
no quería levantar sus ojos al cielo. Él se sentía avergonzado. No es digno que Dios le perdone,
pero Dios al que se humilla lo ensalza y lo justifica, hermanos. porque eso es lo que realmente
Dios hace, no porque lo merecemos. Realmente, como ya les dije al
principio, tanto los publicanos y los fariseos, todos son pecadores. Pero lo que pasa uno que no tiene
a Cristo, siempre va a ofender. Por eso, hermanos, los verdaderos
creyentes, la lucha que hay entre los verdaderos creyentes es con
gente religiosa. Es gente que según ellos conocen
la palabra de Dios. Realmente con gente pecadora
no tienes problema, porque ellos no entienden nada, pero los fariseos
sí entendían, pero nunca pudieron obrar con amor, con el amor de
Dios, porque no lo tienen. Ahora, nosotros siempre tratamos
de obrar de acuerdo a ese amor, y aún así tampoco lo estamos
cumpliendo, porque la carne es débil, como dice el apóstol Pablo. Cuando queremos hacer el bien,
no lo hacemos. Ahora, el resultado de la oración
de cada uno. El fariseo no fue perdonado ni
justificado. ¿Por qué? Porque él ya se justificó. Porque Él ya se justificó y Dios
nunca va a justificar a una persona si no acepta su justicia. Porque ellos, como dijo Él, han
establecido su propia justicia dejando la justicia de Dios.
¿Por qué lo han establecido? Porque ellos lo que les antoja
lo van a hacer. Si aceptan la justicia de Dios,
hermanos, entonces ya no ya no van a hacer lo que quieran, porque
el amor que Dios pone siempre va a desear hacer lo que Dios
nos manda en su palabra. Aunque no lo podemos hacer perfectamente,
pero debe ser así, deseando hacer el bien en verdad. En el libro
de Marcos, capítulo 2, en el libro de Marcos, capítulo 2, vean lo que se dice aquí marcos capítulo 2 verso 17 al oír esto jesús les dijo los
sanos No tienen necesidad de médico, sino los enfermos. No
he venido a llamar a justos, sino a pecadores. Él no ha venido
a llamar a justos, porque Él es el que justifica. Porque Él
es el único justo. Él es el único justo, hermanos.
Y Él, por eso Él cumplió la ley. Todo lo que la ley demanda. Recuerden
que la ley no solamente es la ley moral. No es solamente la
ley, la ley judicial y la ley ceremonial. Todo eso lo cumplió
el Señor Jesucristo a favor de su pueblo. Porque es lo que debemos
cumplir hasta la muerte. Pero gracias a Él, que Él se
entregó por nosotros. No lo merecemos, hermanos. Nadie
merece. Pero gracias a él lo hizo con
amor por su pueblo que ha sido escogido desde antes de la fundación
del mundo. Así que el que se justifica a
sí mismo no será justificado por Dios. El que no cree que
es pecador nunca será perdonado por Dios. Debemos reconocer que
somos pecadores, como le reconoció al publicano. ¿Cuál fue el mérito
por el cual fue justificado? Porque él reconoció que es pecador
delante de Dios y no merece nada de Dios. Se humilló delante del
Señor y Dios tuvo misericordia y sabemos que su misericordia
es grande, hermanos. Su misericordia es inmensa. que
Él perdona hasta al más vil pecador. Reconoció que nada puede hacer
por sí mismo para ser perdonado. Es sólo por la misericordia de
Dios somos perdonados. Por eso Él golpeaba. Señor, sé
propicio a mi pecador. Esa es la buena oración, es reconocer
lo que somos en verdad delante de Dios. Pero el fariseo nunca
lo reconoció porque él sabía en sí mismo que todo lo que estaba
haciendo era agradable a Dios. Pero no es lo que debemos saber
nosotros, sino es lo que Dios nos da en conocimiento cómo debemos
hacer las cosas. No solamente saberlo, sino el
conocimiento de venir de Dios para saber realmente lo que somos
delante de Dios. Es por eso que la salvación no
es por obras. La salvación es por pura gracia
de Dios. Por su gracia somos salvos. Al que quiere ser salvo no habrá
ningún mérito en él, sino por medio del Señor Jesucristo. no
habrá mérito. Hagas lo que hagas, nunca vas
a tener salvación. No importa que tú pienses que
son mejores obras. No hay nada de lo mejor que hacemos
que sea agradable a Dios. Todo ya está hecho en Cristo
y Él es el que justifica. Por eso el medio de ser justificado
es Cristo. Algunos de nosotros, y no Piensan
que tienen mérito, pero nada de eso, porque están desechando
a Cristo y su justicia. Somos pecadores. Esto quiere
decir que el hombre está muerto en Adán. Como lo dicen las Escrituras,
aquí en primer de Corintios nos habla diciendo que estamos muertos
en el momento que cometió el pecado Adán, todos mueren en
él. Capítulo 15, verso 22. Porque así como en Adán todos
mueren, también en Cristo todos serán vivificados. Ahí está,
las dos personas. Así como en Adán todos mueren,
también en Cristo todos serán vivificados. En Adán mueres y
en Cristo te vivificas. Él te da la vida y la vida, la
vida eterna. es por la gracia de Dios que
nos da vida y vida eterna. En él está la justicia. El texto
de Romanos, capítulo 5, el verso 21. Para que así como el pecado reinó
para muerte, así también la gracia de Dios reine por la justicia
para vida eterna. ¿Mediante quién? Jesucristo,
Señor nuestro. Entonces, estos dos hombres,
hermanos, uno, como dice la palabra de Dios aquí en el libro de Lucas,
recuerden, ese hombre que se jactó y todo, él no fue justificado. porque claramente el que se justifica
ya tiene su propia justicia. Aquí en el verso 14 del capítulo
18, os digo que éste descendió a su casa justificado antes que
el otro, porque cualquiera que se Enaltece será humillado y
el que se humilla será enaltecido. Es lo que hizo este fariseo. Se enalteció con lo que es, con
lo que hizo, con lo que está haciendo con su religión. Por
eso nosotros, hermanos, debemos aprender, como dijo el Señor
Jesucristo. Aprende de mí que soy manso y
humilde de corazón. Es lo que debe aprender el creyente.
Ser manso. delante de él. Pero eso ya es
la gracia de Dios que obra en nuestro corazón para hacer esta
humillación. Si Dios no pone su gracia en
usted, si no pone esa fe, si no pone ese amor, jamás se va
a humillar la persona. Pero gracias a él, hermanos,
que hizo esta obra por nosotros, aunque no lo merecemos. Pero
gracias que él perdona al más vil pecador. porque a eso vino
a ser Cristo para perdonar a gente pecadora que no merece nada de
él, ni haciendo obras, ni haciendo nada, porque la salvación es
por gracia. Ya la tiene usted. Hoy es el
día de salvación. No espere mañana porque no sabemos
qué será mañana. El día de hoy que está escuchando
hay oportunidad. Mañana no sabemos dónde estaremos. Pero gracias a Dios que tenemos
ahora en esta tarde oportunidad de escuchar su palabra, cómo
ese hombre fue perdonado. Él no tuvo ningún mérito por
sí mismo, sino fue en los méritos del Señor Jesucristo que fue
justificado, porque él reconoció lo que es realmente su vida,
pecadora, pecadora siempre. Por todo eso está haciendo. En
cambio, el otro no fue justificado porque él ya se justificó delante
de Dios. Doy gracias porque no soy como
los otros hombres, es peor entonces. Nunca debemos decirlo. Gracias,
hermanos, por dar esta oportunidad para predicarles. Gracias.

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Joshua

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