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Gervacio Itza

Felipe y el etiope

Acts 8:26-40
Gervacio Itza December, 18 2016 Video & Audio
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Gervacio Itza
Gervacio Itza December, 18 2016

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Buenos días, hermanos. Estaba diciendo, hermano,
hay que practicar ahora que hay tiempo. Gracias a Dios en que nuevamente
estoy con vosotros y estoy muy contento y pues agradecido al
Señor. por darme la oportunidad de estar
con ustedes nuevamente para compartir su palabra, que por su gracia
nos ha dado para conocerlo también. Sabemos que él es el único, hermanos,
que nos da este conocimiento, ¿no? No viene de ningún maestro
humano, sino solamente el Espíritu Santo es el que nos da este conocimiento. Gracias a Dios. En el libro de
Hechos, donde nuestro hermano Eduardo leyó, ahí quiero que
pues estudiemos, hermanos. Claro que hay una pregunta que
sobresale allá, la cual hizo el predicador Felipe. Aquí en
el libro de los Hechos, fue, hermanos, escrito por el médico
Lucas, nosotros sabemos que él fue quien escribió este libro,
la historia de la iglesia, la primera iglesia cristiana, entonces
en ese tiempo creció la iglesia y pues los discípulos muchas
veces se ocupaban en lo material, Y pues ellos se sintieron muy
apretados en el trabajo porque tenían que ocuparse de la predicación
de la palabra de Dios. Y entonces pidió a la congregación
que nombraran unos hombres para que hagan el trabajo de atender
las mesas, o sea, trabajo material. para que ellos no se desocupen
en la predicación, que yo creo que es lo más importante, ¿verdad?
Porque eso es secundario, la comida material es secundario,
pero la comida espiritual es lo primordial, es lo principal,
porque es lo que necesita nuestro espíritu, hermanos. Y entonces
fueron nombrados estos hombres, diáconos, se le dicen de esta
iglesia, fueron nombrados siete, Y uno de ellos es lo que vamos
a ver en esta mañana, ¿verdad? Y pues a mí realmente, cuando
yo veo, fueron nombrados para que ellos trabajen en los materiales,
pero no los vemos a ellos ocupados en esto, ¿verdad? No estaban
ocupados. Felipe murió en que él estaba
predicando la Palabra de Dios. No estaba poniendo mesas, ni
platos, ni nada, comida allá en la mesa. Él no estaba atendiendo
eso. Él estaba entregado a predicar la Palabra de Dios. Bien, ven
la importancia, hermanos, que tienen realmente los verdaderos
creyentes en las cosas de Dios. Todo lo demás es secundario,
como siempre le digo a los hermanos de Gente Co. Hay que olvidarnos
todo lo que es de la carne. Si vamos a estar en la iglesia,
en el templo, hay que estar con todo nuestro corazón, con toda
nuestra mente, con todo el ser de nosotros para que podamos
recibir lo que Dios tiene para nosotros. Porque de seguro que
el Señor, aunque sea una palabra, pero tiene algo para nosotros.
Es la única y que nos enseña la verdad. Entonces, Felipe es
el otro predicador, aunque él es el diácono de esa iglesia,
pero también él, hermanos, él siempre fue el predicador del
Evangelio, y es lo que vamos a ver en esta mañana, en el libro
de Hechos, capítulo 8, comenzando en el verso 26. El pasaje de este libro que escribe
Lucas, hermanos, se encuentra Felipe y el etíope que es uno
de esos hombres religiosos como cualquiera de nosotros, ¿verdad?
Entonces aquí encontramos en el verso 26, un ángel dice del
Señor habló a Felipe diciendo, levántate y ve hacia el sur por
el camino que desciende de Jerusalén a Gaza, el cual es desierto. Yo me hago la pregunta. Felipe, cuando hubo la persecución,
hermanos, ahí en Jerusalén, todos aquellos hombres que habían creído
se esparcieron y él llegó aquí en Samaria. Y ahí él estaba predicando,
allá en ese lugar. Y ahí estaba predicando y la
gente creía en el Evangelio que él estaba predicando. Pero ahora
en este verso 26, hermanos, veamos un cambio. Un cambio. ¿Por qué? Porque ahora el mensajero
que Dios le envió a él, el ángel, le dijo que vaya en el desierto. Nosotros sabemos que un desierto
es un lugar despoblado, es un lugar donde no hay nadie. Y hasta
pudiéramos preguntar, ¿qué va a hacer allá? ¿Por qué Dios está enviando a
un mensajero cuando había mucha gente en esa ciudad para predicarle
el Evangelio? Allí encontramos, hermanos, la
soberanía de Dios. Cuando leo esto, me acuerdo que
dijo el Señor, dejo yo las noventa y nueve y voy atrás de esa oveja
que se perdió. Entonces, por una persona perdida,
el Señor se ocupó, hermanos, y deja a las demás. Pero ¿cuántos
predicadores no pueden entender esto, hermanos? ¿Cuánta gente
no puede entender realmente Dios en su soberanía para hacer las
cosas? ¿No era más importante que Felipe
se quedara allá en Samaria donde había mucha gente para que le
prediquen? El Señor no, no le importó la cantidad de gente,
como que le importó más por una persona. Y eso pues es para nosotros
un ánimo, hermanos, nos anima, nos alienta, realmente nos da
hasta gozo, nos llenamos, estamos contentos de saber cómo Dios
de veras está ocupado por aquellas personas que Él escogió antes
de la fundación del mundo. ¿Se dieron cuenta? Porque a Él
realmente no le importan multitudes, Realmente no le importa, aunque
pues él sí le siguió multitudes hermanos, pero muchas veces uno
sigue por un beneficio que está recibiendo en lo material. Realmente debemos seguir al Señor
si estamos recibiendo realmente lo que necesita nuestra alma,
lo que necesita nuestro espíritu. Pero realmente hermanos, la gracia
de Dios es la que tiene que enseñarnos. Entonces, yo me hago la pregunta,
¿por qué Dios le mandó ahora a Felipe a un lugar donde no
había gente? Aquí en el verso 27 dice, entonces
él levantando, levantando y se fue, dice, entonces él se levantó
y se fue. Él no le dijo, Señor, pues aquí
en este lugar hay gente para que yo le predique, ¿por qué
me estás enviando en un lugar donde no hay gente? Él no, ni
un predicador nunca debe. El Señor dijo, ir y predicar
el Evangelio a todas las criaturas. No tenemos que preguntar si hay
o no hay. El Señor conoce sus propósitos
de antemano. Él sabe lo que Él ha prometido.
Él lo sabe, hermanos. Y Él solamente envía y lo que
tenemos que hacer es obedecer. Y es lo que hizo Felipe, se levantó
y dice, y se fue. Y sucedió que un etíope, eunuco
funcionario de Candace, reina de los etíopes, el cual estaba
sobre todos sus tesoros y había venido a Jerusalén para adorar. Había venido a Jerusalén para
adorar. Ahora, ¿qué fue hacer en Jerusalén? Fue adorar. Es una costumbre.
¿Ha venido usted a adorar? ¿A quién está adorando? Ojalá que sepamos realmente lo
que adoramos. El Señor le dijo a la mujer. Ustedes no saben lo que adoran.
Ustedes no saben lo que adoran. nosotros sabemos lo que adoramos.
Entonces hay mucha gente, hermanos, en las religiones, ellos no saben
lo que adoran. Es una buena costumbre venir
a adorar, pero yo creo que es más importante saber lo que adoramos. Es más importante saber lo que
adoramos. Yo he oído que digan allá en
mi pueblo, a ese hombre están adorando que está allá enfrente.
No hay nada allá. Realmente hermanos, no saben
lo que adora. Este hombre había ido allá en
Jerusalén y yo creo que tenía la costumbre siempre de ir allá
en Jerusalén para adorar. Hermanos y amigos, no sea realmente,
aunque es una buena costumbre, venir a adorar. Pero yo creo
que lo más importante es saber a quién estamos adorando. Es
lo más importante que debemos saber a quién estamos adorando.
Este hombre se quitó ahí en Jerusalén y ya adoró, pero no aprendió
nada. Ya ven que es... está duro, ¿verdad? Está duro porque ni aprendió
nada. Yo creo que, no sé si habrán leído ahí algo de la Biblia porque
dicen que que se lea la palabra de Dios. Pero Dios sabe, hermanos,
tiene su propósito. Él se quitó allá después de adorar,
volvió, pero estaba incontento. Estaba incontento este hombre.
Este hombre estaba incontento de la adoración que había hecho.
No sé qué habrá escuchado allá en Jerusalén, Pero lo importante,
hermanos, es que ahora Dios le enseñe y sepa a quién está adorando. Porque ahora hay muchos Cristos.
Hay mucha gente que se pone, se pasa de Cristo, el anticristo.
Hay mucha gente, hermanos, que se cree en todo. Nosotros debemos
presentar al que debe ser adorado en verdad. Como dijo el Señor
Jesús, al único Dios en espíritu. es el que debemos adorar. Pero
no, la gente no lo sabe. La gente que no cree, quieren
ver algo de lo que están adorando. Pero Dios es Espíritu, Él está
con nosotros, hermanos. Es lo que a mí me llena de gozo,
diciéndoles, están dos o tres congregados, estoy en medio.
qué gozo hermanos, nos llena a nosotros saber esto que por
la gracia de Dios pues nosotros tenemos este privilegio también. Entonces este hombre volvió a
Jerusalén y él fue a adorar. En la iglesia hay mucha gente
que tiene costumbre de venir a adorar, adorar y se va, viene
y se va, no aprende nada. Dios sabe si no le ha dado la
oportunidad de iluminar su corazón para que entienda. Hay mucha
gente que he oído, ¿a qué hora se va a acabar de hablar este
hombre? Ya me fastidie. En cambio, el
que se está llenando, hermanos, no quisiera que termine. Es como
comer, ¿verdad? Cuando uno come y le gustó la
comida, hasta pide más. Ya no quiere que se gaste la
comida, pero cuando no, no le llena. Ya no sirve esta comida. El creyente, si está alimentando
a sus hermanos de la Palabra de Dios, esa persona está deseando,
está deseando más. qué bueno si pudiéramos alargar
como San Pablo cuando alargó dice su mensaje no sé cuánto
tiempo hasta se durmió un joven allá arriba se cayó muerto imagínese
cuánto tiempo habrá tomado el apóstol San Pablo para predicar
de seguro que había gente atento atento hermanos yo he tenido
una experiencia así me llevó tres horas hablando, no sé de
dónde salió tanto. Pero qué bueno que todos estaban
despiertos. Verdad, qué bueno que todos estaban
despiertos. Yo creo que todos estaban asimilando la enseñanza
de la palabra. Cuando uno asimila, es que esa
persona se goza y en vez de que duerma, pues está despierto para
saber qué es lo que sigue. Entonces, este Es una cosa muy
importante, hermanos, y no se cansa uno, al contrario, se goza
cuando ve la atención, el deseo también que uno tiene, los ojos
de la persona que quieren más y más de recibir las enseñanzas
del Señor Jesucristo. Ahora, en el verso 28, vean,
volvía sentado en su carro y leyendo al profeta Isaías. Quiero que veamos algunas cosas,
hermanos, importantes de esta lectura que hizo este hombre.
Dice que volvía sentado en su carro leyendo al profeta Isaías. Un hermano,
un hombre ocupado en la lectura, un hombre ocupado en la lectura.
La lectura es una parte importante de la vida del hombre. Muchos
de nosotros queremos enterarnos de noticias, ¿verdad? Hay gente
que tan temprana se levanta a buscar su periódico. Quiere saber qué
noticia hay. Entonces, eso es importante,
hermanos. Cuando uno tiene esta importancia, ¡qué bueno! importante
para la vida del hombre y sabemos que la lectura nos instruye,
nos da conocimiento de muchas cosas. El apóstol San Pablo en
la primera carta a Timoteo, capítulo 4, verso 13 dice a Timoteo, ocúpate
en la lectura. Ocúpate en la lectura, le dijo
el apóstol a Timoteo, el pastor. Ese es el consejo del apóstol
San Pablo y no solamente él lo dijo, el señor también un día
le dijo a la gente, escudriñá las escrituras. Deben escudriñar las escrituras. Hay mucha gente, hermanos, que
solamente en el templo tiene abierto su Biblia. Llega a la
casa, lo levanta. Hasta el domingo, no sé cuándo
hay servicio, vuelve a sacar su Biblia y viene. La comida es uno en la mañana,
uno a mediodía, uno en la noche. Tres veces comemos la carne. Tres veces come la carne. estaba viviendo de Daniel cuando
fue acusado la adoración que hacía de Dios, hermanos, Jehová.
Esos enemigos le acusaron. Un verdadero creyente, hermano,
no necesita dos, tres días. Le pusieron treinta días de la
ley. Y el cristiano tiene que adorar a Dios, al Dios verdadero. Y él, desde que se levantó para
se levantó para adorar a Dios, darle gracias y enseguida ahí
lo acusan. Ese es el creyente hermanos,
entonces nosotros debemos ocuparnos desde que nos levantemos y si
es por si ya está entrando la noche hay que ocuparnos en las
cosas de Dios para alimentar el espíritu que nosotros pues
Dios nos ha dado. Entonces esto es lo que dice
El apóstol San Pablo, ocúpate en la lectura, ocúpate en la
lectura, hay que leer. Entonces, él, este hombre volvió
leyendo, no sé si pues habrán leído algún pasaje que él, y
él se ocupó en el camino para leer. Por lo bueno que este hombre
sabía leer, hay mucha gente que no sabe leer, y a mí, realmente
hermanos, gente que no sabe leer más pone atención. ¿Saben por
qué? Porque esa persona quiere aprender,
porque él no puede leer. Pero qué bueno cuando hay alguien
en su casa que sepa y que le diga, léeme ese pasaje que escuché
allá que se dijo, léeme, quiero oírlo otra vez. Entonces este, este hombre sabía
leer, y eso es bueno, saber leer es bueno, pero a la vez, hermanos,
a veces quitamos la atención. Yo lo puedo leer en la casa.
Yo no tengo que abrir mi Biblia, no tengo que... puedo leerlo,
ya oí el texto, pero es importante, hermanos, porque Dios puede hablarle
de lo que va a escuchar en la lectura. Y tenía algo en su mano
en ese momento. Pues qué tal si no tenía nada.
¿Qué es lo que tenía en su mano? Hermanos, era un rollo del libro
de Isaías. Se puede decir el libro más sobresaliente,
hermanos, en la Palabra de Dios, aunque toda la Biblia es inspirada
por Dios, pero Isaías es uno de los libros que nos habla mucho
del Señor Jesucristo, de su nacimiento hasta su muerte, hermanos, en
la cruz. Y este hombre estaba leyendo
entonces Isaías. Y eso es, él sentía la voluntad. Cuatro, tenía la voluntad de
leerlo. El verdadero creyente, hermanos,
debe tener voluntad, deseo de leer las Escrituras. Leía entonces el profeta Isaías. parte de las escrituras muy importantes
y la gente puede aprender mucho
de mucho más cuando es la palabra de Dios hermanos ahora que vemos
entonces aquí en el verso 29 dice el espíritu dijo a Felipe
acércate dice y júntate a ese carro acércate y júntate a ese
carro Vemos lo maravilloso, hermanos,
es el Espíritu de Dios quien estaba guiando al mensajero. Ese hombre no estaba buscando,
solamente estaba leyendo a él, pero Dios le envió a este mensajero
para que siguiera a este hombre en el desierto. Era solamente
él el que iba con él en el carro. Pero Dios, hermanos, ahí está
una de sus ovejas y el Espíritu le llama y le dice aquí acércate
y júntate a ese carro donde estaba aquel hombre leyendo el profeta
Isaías. Estaba leyendo el profeta Isaías. Lo maravilloso entonces que el
Espíritu lo estaba enviando y él obedeció a Dios, obedeció al
Espíritu del Señor y él no dudó en ir. Él no dudó diciendo, ¿será
que me va a oír este hombre? Yo no sé qué está leyendo. ¿Qué tal si está molesto y al
hablarlo se va a molestar contra mí? Él, sin pensar en nada de
esto, hermanos, él se acercó. Él se acercó y entonces le oyó
que estaba leyendo, dice en el verso 30, acudiendo Felipe le
oyó que leía el profeta Isaías y dijo, ¿pero entiendes lo que
lees? Yo creo que esto es muy importante,
hermanos. Cuando uno lee y entiende, esa
persona está recibiendo el conocimiento. Cuando nosotros leemos un periódico,
llegamos a saber, si lees y no lo entiendes, entonces no vas
a saber qué noticias hay, pero cuando lees y lo entiendes, ah,
esto pasó, esto se fue hecho, esto hizo esta persona, esto
hizo el gobernador, ya lo está entendiendo uno. Entonces el
hombre Pues él seguramente no podía entender porque lo que
hablaba Isaías no son cosas de este mundo. No son cosas de este
mundo. Esto lo puede leer cualquier
doctor. Y aún gente, hermanos, que Dios
no le ha inspirado, no le ha revelado, no lo va a entender.
No lo va a entender. Recuerdo una vez en el seguro,
uno de los doctores me dijo cuando el señor dice desierto, desierto. ¿Por qué lo dice? Es que está
recalcando lo que es verdad, lo que es verdad que se debe
hacer, que es necesario. Se lo estaba recalcando a Nicodemo,
un maestro. Entonces esto, hermanos, es muy
importante. Esos hombres Sabios no lo pueden
entender. Pueden leerlo, no lo pueden entender. Sí lo entienden a su manera.
Como cualquier religioso lo puede entender a su manera, lo puede
describir a su manera, lo puede explicar a su manera, pero no
es de acuerdo a la voluntad de Dios. Para que uno pueda entender
la verdad, tiene que ser revelado por el Espíritu Santo. Él es
el único hermano que nos puede enseñar o tiene que haber alguien
que él le ha inspirado, le ha dado conocimiento y él pueda
detallarle realmente la lectura que uno está haciendo. Y eso
pues, eso es lo que pasó. Aquí Felipe fue el que hizo la
pregunta a este hombre. Acudiendo Felipe, le oyó que
leía al profeta Isaías y dijo, ¿pero entiendes lo que lees?
¿Entiendes lo que lees? Hay mucha gente que dice, claro
que sí lo entiendo. Pero cuando alguien se interesa,
hermanos, de algo que no está entendiendo, esa persona quiere
saberlo. ¿Y qué fue lo que hizo este hombre,
Etiope? Dice el verso 30, 31. Él dijo, ¿cómo podré si algún
no me enseñare? ¿Cómo voy a poder entenderlo
si no hay nadie que me enseñe? ¿Ya había quitado en Jerusalén
para adorar? ¿No hubo predicación de la Palabra? Hermanos, si en su casa está
leyendo la Palabra de Dios, cuando se está predicando, si tocan
el pasaje que leyó, va a entenderlo. Va a entenderlo. Los discípulos
lo mismo les pasó. Dicen que cuando el Señor hablaba,
les abría el entendimiento por algo que habían leído, por algo
que habían... y no lo habían entendido. Y cuando
el Señor les explicaba bien, entonces les abre el entendimiento
para que ellos puedan recibir el conocimiento. Y este... este hombre, pues,
él estaba solo leyendo Pero él no había entendido realmente
qué es lo que está diciendo Isaías que estaba leyendo, hermanos.
Él no lo había entendido. Por eso, cuando le hicieron la
pregunta por Felipe, le dijo, ¿y cómo voy a poder entender
si nadie me lo enseña? Para eso el Señor levanta o levantó
profetas, apóstoles, pastores, evangelistas, maestros. Él los levanta, hermanos, no
los hombres. No los hombres. Gracias a Dios. Cuando Dios levanta a su mensajero,
Él le da el mensaje también para que lleve a la gente. Y Él se
lo va a revelar para que pueda ser de provecho para aquellos
que están huyendo la verdad. Entonces, este Felipe le hizo
la pregunta. Es muy importante, ¿verdad? ¿Entiendes lo que lees? Dijo
él, ¿cómo voy a entender si no hay nadie que me lo enseñe? La
lectura de la cual estaba él leyendo, estaba hablando en profecía
de Isaías. Estaba hablando en profecías
acerca de la muerte de Cristo. Pero él lo que quería saber,
eso es bueno hermanos, yo siempre les digo, cuando vaya a leer,
vamos a decir, abre usted en Romanos. ¿Quién es el que escribió
esta carta? Pablo. ¿Qué es lo que está hablando
y a quién se está hablando? Cuando vaya a leer, haz esa pregunta. Pídele al Señor que te enseñe.
Es muy importante. Y eso es lo que este hombre hizo. Este hombre hizo. Recuerden,
en el verso 34 dice, respondiéndole, dijo a Felipe, te ruego que me
digas, Te ruego que me digas, ¿de quién dice el profeta esto? ¿De sí mismo o de algún otro? Eso es lo que él no había entendido.
Él estaba leyendo, pero él estaba viendo acerca de la muerte, de
lo que no se le hizo la justicia, de... Él, pues, ni entiendo esto
que él sabe de quién está hablando. Pero ahora, él quería saber de
quién estaba... hablando este profeta. Entonces
por eso le dice, yo quiero que me expliques si está hablando
de sí mismo este Isaías o él está escribiendo de otra persona. Hermanos, esto es muy importante. Cuando vemos aquí a Felipe, dice
la palabra de Dios, en el verso 35, entonces Felipe abriendo
su boca y comenzando desde esta escritura le anunció que el Evangelio
de Jesús. Él no le habló de ciencias, no
le habló de lenguas, no le habló de las religiones, no le habló
de lo que tiene que hacer, no hermanos, directamente fue al
grano. directamente fue diciendo, es
el Evangelio de Jesús. ¿Qué es el Evangelio? Son las
buenas nuevas. Es la muerte del Señor, la sepultura,
la resurrección al tercer día. Es tan sencillo que todo el mundo
lo desprecia hasta que Dios le revele a esa persona. Si no se
lo revela, no lo va a entender. No lo va a entender. o la Dios
le haya dado entendimiento o el Señor que le esté dando para
que entienda. Eso es lo más importante. Es bueno. Es bueno ocuparnos
en leer la Palabra de Dios. Es muy bueno. Es una costumbre
buena, hermano. Es una costumbre venir a adorar.
Pero lo importante es saber a quién estamos adorando. Eso de la lectura. Leí una historia,
hermanos, de una familia de creyente. Tenía una niña, según la lectura. Le dice a la niña, porque ya
vio que en su casa nadie sacaba la Biblia para leer, ni hacían
sus oraciones. Solamente a la hora que tienen
que ir al templo, llevan la Biblia y hacían todo lo que tenían que
hacer, hacían su religión. Y le dice a su mamá, que tiene
más confianza, Ese libro que tiene usted en su mano, ¿de quién
es? Dijo, hija, es de Dios, es de
Dios. Mamá, yo creo que haríamos bien
en que usted se lo devuelva a él. Devuélveselo, porque aquí en
la casa nadie está ocupado por ella. ¿Para qué lo quieren aquí
en la casa? Solamente, quizás algunos, yo
he visto hermanos ponen la Biblia así, le ponen hasta su veladora.
Como si ese, ese es Dios. No hermanos, la Biblia, hay que
usarla. Son las palabras que nosotros
necesitamos. Este libro puede ser quemado,
pero las palabras que Dios nos ha puesto en el corazón, nadie
lo puede quitar. No hay nada que lo pueda arrebatar
a nosotros. Si ya lo tiene en su corazón,
ya está allá, eternamente y para siempre. No hay nada en este
mundo que se lo puede quitar. No hay enfermedad, no hay necesidad,
no hay, hermanos, enemistad, no hay nada que le puede quitar
lo que ya tiene en su corazón. Aunque vengan guerras, aunque
vengan pestilencias, hermanos, nosotros vamos a permanecer fieles,
siguiendo la palabra de Dios. Y eso es lo que a mí me llena
de gozo. Por eso les digo, hermanos, qué
triste si su hija le llega a decir, devuélveselo. Verán qué triste. Hay que ocuparnos. Es un buen
ejemplo, hermanos. Asistir es un buen ejemplo. Nosotros
somos ejemplos de los hijos. Aunque pues sabemos que solamente
Dios puede revelarles la verdad. Pero hay que instruirlos. y parte
de la instrucción es la lectura ahí se instruye mucho más si
vamos a leer la palabra hermanos lo leamos en voz alta en el hogar
es de beneficio para aquellos que desean oír aunque hay muchos
que no quieren porque desde la casa hay enemigos hermanos desde
la casa ¿por qué? porque no les ha dado entendimiento
el señor ahora vamos a ver el resultado de la lectura de
este hombre y de la enseñanza que le dio el hermano Felipe,
uno de los diáconos de la iglesia. ¿Qué dice la palabra de Dios? Quiere decir que este hombre,
cuando le explicaron, entonces él entendió, entendió de quién
estaba hablando el profeta Isaías. Él lo entendió. Aquí en el... En el verso 37 dice, Felipe dijo,
si crees de todo corazón, bien puedes. Y respondió, creo que
Jesucristo es el Hijo de Dios. El resultado, él entendió lo
que estaba leyendo porque Felipe se lo había explicado. ¿Y qué
fue el resultado? Ese hombre creyó. Creyó a Isaías,
creyó a Felipe, sí creyó el mensaje. No puso su fe en esos hombres.
No debemos poner nuestra fe en los profetas ni en los apóstoles,
sino en la fe debe estar puesta en la enseñanza que ellos dan,
en el Señor Jesucristo. Eso fue lo que habló Felipe. Habló del Evangelio de Jesús.
Y este hombre creyó. Y cuando una persona cree, hermanos,
como les digo, lo va a mostrar esa persona. Y entonces este hombre, su fe le
hizo que obedezca. Le hizo que obedezca, porque
él ya había creído, porque como les dije, le anunció La muerte,
la sepultura y la resurrección del Señor. Sabemos hermanos que
eso es el bautismo. Cuando uno se bautiza está predicando
el Evangelio. Muerto por el Señor, sepultado
y resucitado. Y muchos dicen, ya eres una nueva
persona cuando te bautizas. No. Ese hombre no se había bautizado
pero ya era un creyente. Ya se dieron cuenta. Él ya creyó
a Jesús. Él ya creyó a Jesús. Y él todavía
no se había bautizado. El hombre de la cruz creyó al
Señor Jesús. Tampoco él tuvo la oportunidad
de bautizarse. Pero qué bueno cuando tenemos
oportunidad para dar testimonio. Obedecer la palabra es lo más
importante. lo que ya creyó necesita obedecer. Eso nos lleva cuando una persona
cree, obedece y quiere saber más. Para eso entonces se congrega
uno. Para eso venimos a adorar, para
querer saber y recibir por boca de aquellos que están hablando
la verdad, no la mentira, hermanos. No debemos llenarnos con mentiras,
sino queremos oír de Jesús. Porque ese es mi vida, ese es
su vida. Ese es el alimento que nosotros
necesitamos. Entonces, este hombre creyó el
mensaje que dio Felipe. Y dice, y mandó parar el carro
y descendieron ambos al agua, Felipe y el eunuco, dice. O sea, dice acá en el verso 36, yendo
por el camino, llegaron a cierta agua, dijo el eunuco, aquí hay
agua. ¿Qué impide que yo sea bautizado?
Hay aquí, pasé este texto, es importante hermanos. Dice, yendo
por el camino, llegaron a cierta agua, y dijo el eunuco, aquí
hay agua. ¿Qué impide que yo sea bautizado?
Cuando yo fui pastor de la otra iglesia allá en Tejón. teníamos
que obligar a la gente que se bautice, que según ellos ya creen,
ya somos creyentes. Pero por qué no se bautiza? Si
ya usted es creyente, debe bautizarse. El creyente, él debe obedecer,
hermanos. Él debe obedecer. Al contrario,
¿qué le dijo Felipe aquí? Cuando le dijo ¿Qué impide que
yo sea bautizado? Él estaba pensando ¿Quién puede
impedir? ¿Usted me va a impedir que yo
me bautice? ¿Alguien me lo va a impedir? Entonces, esa respuesta
de Felipe le dice Si crees de todo corazón, bien puedes Si
crees con todo tu corazón, bien puedes ¿Dónde dijiste que entre
Cristo? ¿No en tu corazón? ¿Así lo vamos
a decir? No, hermanos Aquí Felipe no vemos
que le dijo. No. Pero yo muchas veces he usado. ¿Por qué? ¿Cree usted? No le
pidió que entre Jesucristo. Son mentiras que la persona ni
siquiera sabe lo que está diciendo. Pero aquí vemos, hermanos, a
Felipe. Le dijo, si crees de todo corazón,
bien puedes. ¿Qué es lo que le estaba impidiendo
a este hombre? que realmente crea la verdad.
Si no cree, ¿para qué? Es como que le digas, si tú no
lo crees, ¿por qué te voy a bautizar? ¿Para qué quieres ser bautizado?
Yo no estoy apurado en bautizarte. ¿Cómo vamos a bautizar a un niño
si no ha nacido? Necesita nacer de nuevo. Necesita
tener vida para que él obedezca. Y esa persona ya, hermanos, en
ese momento ya tiene vida, pero él quiere manifestar y él está
haciendo la pregunta ¿Quién es el que me impide que yo sea bautizado? Yo no sé si todos han sido bautizados.
¿A qué? Pero si el Señor pone en su corazón
esa fe verdadera, si de veras cree, usted debe obedecer al
Señor. Si usted cree. Es una buena señal. Es algo que muestra uno que realmente
sí cree en Cristo Jesús. Aunque pues yo realmente, pero
si no cree, no lo haga. No lo haga. Porque no estamos
obligando a nadie a que sea bautizado si no cree. Y eso fue lo que
le dijo Felipe. Si crees de todo corazón, bien
puedes. Y qué responde él? Dice, respondiendo
dijo, creo que Jesucristo es el Hijo de Dios. Esa es la buena
confesión, hermanos, de un verdadero creyente. Creo que Jesucristo
es el Hijo de Dios. Lo que no pudieron creer, hermanos,
aquellos sabios, aquellos fariseos, aquellos religiosos, aquellos
que se juntaban a adorar, aquellos que se juntaban a leer la ley.
Ellos no creyeron lo que testifica la ley, porque la ley habló de
este señor. Habló del Señor Jesucristo. La
ley enseñó del Señor, hermanos. Pero ellos no lo creyeron. No
creyeron lo que la ley dice. Porque la ley habló de Jesús.
La ley vino para... Hermanos, está afirmando a quién
debemos creer. Porque la ley no puede salvar
a nadie. La ley no está para salvar a nadie. No importa si
diga usted está cumpliendo toda la ley. Aunque lo cumpla todo,
de todas maneras no va a vivir bien. Pero no le va a salvar. El que salva es el Señor Jesucristo. Y este hombre hizo una buena
confesión, hermanos. Ese es un verdadero creyente.
porque no le tuvieron que decir, ya se lo predicaron, este hombre
que fue crucificado es el hijo de Dios, ya se lo predicaron,
es lo que estamos predicando hermanos, es aquel jornero de
Dios que quita el pecado del mundo, Juan estaba señalando
a su primo, pero no le dijo, este es mi primo, será que él
es el que quita. Él no averigua eso, sino que
Dios, este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo.
Ahí viene un hombre, Jesús. Y todos los verdaderos creyentes,
hermanos, Pedro dijo, tú eres el Hijo del Dios viviente. Todos
los verdaderos creyentes tienen que confesar que Jesús es el
Hijo de Dios. Los religiosos se van a molestar.
Los que no creen a ese que es Hijo de Dios se van a molestar.
Pero nosotros, hermanos los creyentes, nosotros creemos que verdaderamente
ese hombre que vino aquí en este mundo fue verdaderamente hombre
y verdaderamente Dios. No es falso. Es verdadero hombre,
pero es verdadero Dios también. vino a manifestar a su padre.
Entonces, él dijo, confesó la verdad, creo que Jesucristo es
el Hijo de Dios. Y mandó para el carro y descendieron
ambos al agua, Felipe y Erenuco, y le bautizó. Cuando subieron
del agua, dice, el Espíritu del Señor arrebató a Felipe y Erenuco
no le vio más y siguió gozoso su camino. lo que no tenía cuando
se quitó a Jerusalén, hermanos. De seguro que no estaba contento,
no estaba gozoso. Así pasa con gentes que no han
entendido, no están contentos, están incontentos, hermanos.
Pero cuando una persona recibe y conoce realmente la verdad,
se llega a gozar, y es lo que pasó con este hombre. Se llenó
de gozo. Está contento. ¿Por qué está
contento? Porque, hermanos, ya aprendió
que sus pecados ya fueron clavados en la cruz del Calvario. Sus
pecados fueron descargados sobre el Señor Jesucristo. Él es el
que ya llevó mi pecado ahí ya. Ahora yo ya no tengo nada de
pecado que tengo que cargar siempre. Lo cargó el Señor, lo clavó allá
en la cruz. Y yo puedo decir como dijo San
Pablo, con Cristo estoy juntamente crucificado y ya no vivo yo,
mas vive Cristo en mi. Y lo que ahora vivo en la carne,
lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó
a si mismo por mi. Hermano, ya ha creído que Jesús
es el Hijo de Dios, es su Señor, hay que obedecerlo a él. No obedezca
a los predicadores. Obedezca al Señor. Porque Él
es el que da salvación. Gracias al Señor, hermanos, que
tenemos nosotros la oportunidad. Qué tan grande es el Señor, ¿verdad? Hay que ocuparnos de las cosas
que Él nos ha dejado. Su Palabra. Y cada creyente se
goza, hermanos. Y nosotros, como les digo, mi
consejo es que leamos la Palabra de Dios. Quizás no lo entienda
uno, pero cuando alguien predica, si toca ese pasaje, seguramente
que Dios le va a enseñar. Y eso es lo más importante, que
ocupemos. No digamos, no tengo tiempo.
Todo tiene su tiempo, como dice el hombre en Eglisestes, ¿verdad? Todo tiene su tiempo. Todo hay. solamente nos toca dejar para
el Señor que es lo más importante hermanos Él es el primero que
debemos dejar porque ya es su ídolo ya es su ídolo Él la gente
cuando tiene importancia algo que es su ídolo deja todo lo
demás y se pone a eso deja todo cuando Dios realmente lo tenemos
como un ídolo tenemos hermanos que ponerlo en primer lugar todo
lo demás lo tenemos como secundario. Porque es el que merece hermanos
todos. No hay más en este mundo. El
Dios Todopoderoso, el Eterno Padre. Entonces, este hombre
creyó y fue salvo. La muestra, porque él obedeció
hermanos. Y cuando una persona, Dios lo
salva, la muestra, cuando tiene oportunidad, es que lo está obedeciendo.
Lo voy a obedecer en todo lo que Él nos ha dejado en Su Palabra. Que Dios les bendiga hermanos.
Estoy muy contento. Gracias.

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Joshua

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