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Gervacio Itza

La boca de Jehova lo ha dicho

Isaiah 1:10-20
Gervacio Itza December, 4 2016 Video & Audio
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Gervacio Itza
Gervacio Itza December, 4 2016

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Bueno, gracias a Dios, hermanos,
que pues Él nos ha permitido llegar con bien otra vez. Les
doy gracias al Señor que Él siempre tiene cuidado por nosotros. Y
yo les pido que sigan orando por nosotros ahí en Tecó, los
hermanos también, y también estamos orando por ustedes. Gracias nuevamente
por tener yo la oportunidad de estar aquí con ustedes para,
pues, compartir lo que Dios, pues, nos ha dejado y nos ha
dado también para anunciar, aunque nosotros somos torpes en palabras,
pero el Señor, Él es el Todopoderoso, Él es el que lleva su palabra
en los corazones, ¿verdad? Y para mí es, pues, un Grato,
gracias al Señor por permitirnos. En el libro de Isaías, capítulo
1, en el verso 10 hasta el verso 20, voy a dar
lectura en esta mañana. Dice aquí la palabra, príncipes
de Sodoma, oíd palabra de Jehová, escuchad la ley de nuestro Dios,
pueblo de Gomorra. ¿Para qué me sirve, dice Jehová,
la multitud de vuestros sacrificios? Hacia ellos doy de holocaustos,
de carneros y deseo de animales gordos. No quiero sangre de bueyes,
ni de ovejas, ni de machos cabríos. ¿Quién demanda esto de vuestras
manos cuando venís a presentaros delante de mí para hoyar mis
atrios? No me traigáis más vana ofrenda. El incienso me es abominación,
luna nueva y día de reposo. El convocar asambleas no lo puedo
sufrir. Iniquidad, vuestra fiesta solemne,
vuestras lunas nuevas y vuestras fiestas solemnes, las fiestas
aborrecidas, aborrecida mi alma, me son gravosas, cansado estoy
de soportarlas. Cuando extendáis vuestras manos,
yo esconderé de vosotros mis ojos. Asimismo, cuando multipliquéis
la oración, yo no oiré. Llenas están de sangre vuestras
manos. Lavaos y limpiaos. Quitad la
iniquidad de vuestras obras de delante de mis ojos. Dejad de
hacer lo malo. Aprended y haced el bien. el
juicio, rectitud, al agraveado, haced justicia al huérfano, amparad
a la viuda. Venid luego, dice Jehová, y estemos
a cuenta, si vuestros pecados fueren Como la grana, como la
nieve, serán emblanquecidos. Si fueran rojos como el carmesí,
vendrán a ser como blanca lana. Si quisieres o iréis, comeréis
el bien de la tierra. Si no quisieres y fueres rebelde,
seréis consumidos a espada. Porque la boca de Jehová lo ha
dicho, la boca de Dios. El profeta Isaías, hermanos,
él al hablar estas palabras, al escribirlas, él las recibió
de la boca de Dios. No es un pensamiento de él, no
es su propia sabiduría. Todos los predicadores del Señor,
ellos no predican su propia sabiduría, no predican su propio consejo. Todo el consejo lo tenemos en
la palabra de Dios. Gracias al Señor porque cuando
Dios nos enseña, hermanos, la verdad, continuamos. Y yo estoy muy contento, ¿verdad? Los años que hemos estado con
el hermano, compartiendo desde que el Señor, yo hace años que
conocí la palabra, pero yo engañaba a la gente tratando de hacer
una obra falsa, salvación falsa, engañándolos a ellos. que una
vez crean, ya son salvos. Pero realmente, hermanos, hay
que demostrar esa fe verdadera que el Señor pone en nuestros
corazones. Acabamos de escuchar una lectura,
y aquí, la lectura que hizo el hermano. Gente que, según ellos,
eran creyentes. Y vinieron exponiendo la ley
de Moisés a esos hermanos. que ellos habían creído. Están
diciendo, si no os circuncidais conforme a la ley de Moisés,
no podéis ser salvos. ¡Qué maldad tan grande! ¡Qué
maldad tan grande cuando realmente se habla estas palabras, hermanos!
No hay nada. Ahora acabamos de leer. ¿Qué
dice el Señor? Estoy hastiado. Estoy cansado. de estas ofrendas que no me agradan. Ya no quiero más estas cosas. Lo que el Señor, hermanos, Él
quiere es el sacrificio de su Hijo que ha hecho por nosotros. Y para mí es lo más importante,
¿verdad? Oye el testimonio de un pastor
que es mi pariente. Él se enfermó porque su gente
no le está, o sea, no están respetando la palabra de Dios. Ya les hizo
creer, ya los bautizó y están haciendo lo contrario. Y varias
veces una finada, una hermana, que es muy fiel, le decía, eso
que está usted haciendo, porque era su yerno. está mal, porque
nunca debe obligar a la gente a hacer algo si no lo quiere.
Esa es obra de Dios. Y el mismo doctor, porque se
enfermó, tuvo que parar al doctor y le dijeron, es que tú no puedes
obligar a la gente a que sea un creyente en verdad. Eso es
obra de Dios. Hasta el doctor se lo dijo. Eso
es obra de Dios. No es. Y siempre le he dicho,
es que es la obra. Ha escuchado mis mensajes y ese
mensaje es para condenación. Y le digo, esa es la verdad. No podemos cambiar a los hombres. Ahora, lo que quiero, hermanos,
es que veamos la inmutabilidad de las Escrituras. Ahora, ¿por
qué cuando hablamos de la palabra inmutable, hermanos, es una palabra
que nunca va a fallar? Nosotros fallamos. Quizás hasta
hay muchos que solamente vienen a oír a ver dónde falla este
pastor o dónde falla este predicador. Pero eso es porque él solamente
está queriendo oír al hombre. Ahora, ¿está oyendo a Dios? está
para oír al Señor, como dice Cornelio, estamos todos, le dijo
a Pedro, en la presencia de Dios para oír lo que Dios tiene para
nosotros. Eso debe decir, y eso solamente
lo puede decir un creyente. El incrédulo, el que no cree,
el que no tiene la fe verdadera, hermanos, él no lo puede hacer,
no lo puede decir, no puede hablar estas palabras. ¿Por qué? Porque
no las tiene. No tiene en su corazón. Pero
el que tiene al Señor en su corazón, él va a decir, estamos en la
presencia para oír lo que Dios tiene para nosotros. Y aquí dice
Isaías, en donde leímos, porque de la
boca de Jehová lo ha dicho, la boca de Dios. Isaías está diciendo,
la boca de Jehová lo ha dicho. No lo dijo Él, Él como que está
diciendo, yo no lo dije, yo no lo escribí, sino Dios me dijo
lo que va a hacer. Entonces, es la palabra infalible
del Señor. Con la base de Jehová que ha
dicho, Lo que Isaías habló, hermanos, por tanto, es porque Dios se
lo había dicho. Y Isaías no dijo sus propios
pensamientos, él no dijo nada por sí mismo, sino fue de Dios. Y nosotros estamos en esta mañana
para oír a Él, porque Él es el que nos habla. No yo, yo soy
torpe en palabras, como dijo, soy inmundo, soy tan vil que
no merezco ni soy digno aún de mencionar su palabra. Pero gracias
por esa oportunidad que el Señor nos ha dado para compartir esta
gracia que el Señor me ha dado en mi corazón. Esta es nuestra
garantía. Esta es nuestra garantía. Lo
que ha dicho Jehová, eso nos garantiza, hermanos, la enseñanza. Cuando hablamos la verdad, sabemos
que no es de nosotros, sino es de Dios. El verdadero predicador,
el que enseña la verdad, la gracia de Dios, el que enseña la soberanía
de Dios, el que enseña, hermanos, la gracia irresistible, el poder
de Dios, hermanos, ese hombre es el que Dios ha comisionado,
es el que Dios que le ha dado el mensaje para que lleve y esa
persona siempre tiene que decir como dijo el apóstol San Pablo
allá en Primera de Corintios, vamos a verlo Primera de Corintios
capítulo 9, vean lo que dijo él Verso 16 dice así, pues si anuncio
el Evangelio no tengo porque gloriarme, porque me es impuesta
necesidad y hay de mi, y hay de mi si no anuncio el Evangelio,
hay de mi. Ese es el predicador verdadero,
hermanos. Tiene que tener una responsabilidad, a la vez temor,
porque realmente no somos dignos. Pero si Dios nos ha comisionado,
somos responsables de anunciar el Evangelio. No somos responsables
de salvar a la gente. No, no tenemos una responsabilidad
de salvar, sino de predicar la verdad. Esa responsabilidad lo
tiene el Señor de salvar. Si Él quiere salvar a su pueblo,
Él escogió, Él lo va a salvar. Pero si Él no lo quiere hacer,
no podemos hacer nada nosotros. Aunque yo hable muy bonito, aunque
yo hable palabras excelentes, aunque yo hable todo lo que realmente
es mi sabiduría, de nada sirve. Puede ser que unos van a lavarlo,
es bonito hablar este hombre, pero de nada sirve. Lo importante
no es lo bonito, sino que reciba la Palabra de Dios, lo que Él
dice de nosotros. Lo que Él dice para cada uno
de nosotros, eso es lo más importante. Por eso el apóstol San Pablo
habló, me es impuesta necesidad. Es de predicar el Evangelio,
realmente es una necesidad. Y el Señor dijo, ir y predicar
el Evangelio a toda criatura. El que quiere oír, tiene que
oír. El que no, sabemos que nadie
quiere. Nadie lo quiere. Qué bueno si
de veras el mundo lo quiere, pero todos lo desprecian. Debemos
temblar porque somos responsables. Tenemos una responsabilidad ante
Dios. No debemos pensar, si yo no puedo,
yo no tengo palabras. No. Hablar, hermanos, mientras
tenemos oportunidad, hay que hablar. Porque la gente no queremos
que esté establecido su fe en lo que enseñamos, en lo que hablamos
nosotros, sino en lo que habla Dios. Vean lo que dice aquí en
1 Corintios capítulo 2. Dice verso 1 al 5. Así que hermanos,
cuando fui a vosotros para anunciaros el Testimonio de Dios, ¿qué es
el Testimonio? Es el Hijo que testificó de Él. Este es mi Hijo amado, a Él oír. Es el Testimonio de Dios. Van
a oírlo a Él, a Él deben oír. Es lo que dice aquí, cuando fui
a vosotros para anunciaros el Testimonio de Dios, no fui con
excelencia de palabras o de sabiduría. No, no. busque palabras, voy
a tener que buscar palabras. Hay doctores allá, hay licenciados,
hay... No, habla tu palabra. Habla lo
que puedes hablar, pero anuncia la verdad. El que lo quiera,
el que no, el Señor conoce, hermanos. El Señor conoce. Y el Señor va
a llevar su mensaje en los corazones. Porque dice aquí, No fui con
excelencia de palabras o de sabiduría, pues me propuse no saber entre
vosotros cosa alguna, sino a Jesucristo y a este crucificado. Vean lo
que dio el apóstol. Eso no lo decía él antes. Él
era tan orgulloso por sus estudios. Él había preparado bien su conocimiento
en la religión y las tradiciones de sus padres. Él había estudiado
mucho. Pero cuando Él fue conocido,
realmente no Él lo conoció, sino fue conocido Él. Y así nosotros,
hermanos, no fuimos nosotros quienes estábamos buscando, sino
Él vino a buscarnos. Gracias al Señor. Él vino a buscarnos,
hermanos. Y Pablo, él no quería nada con
él, era Saulo de Tarso, era un hombre bien preparado. Nadie
le hacía chico, él era siempre grandote en toda su nación, en
su tierra. ¿Qué me va a llevar? Yo soy un
hombre bien preparado. Y además no solamente él estaba
preparado en sabiduría, sino él sabía muchas lenguas. él tenía
mucho conocimiento de lenguas, él podía hablar en lugares donde
no se conoce la lengua que él siempre ha estado en común y
eso pues fue útil también para que él predique, pero él tuvo
que ser humillado por el Señor. Por eso aquí está diciendo mi
principal propósito es anunciar a Jesucristo y a este crucificado. Ese es el propósito. ¿Para qué?
Dice, y estuve entre vosotros con debilidad y mucho temor y
temblor, y ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras
persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu
y de poder. No traté de persuadir. No estoy
tratando de convencer a nadie. que sea un creyente, no estoy
tratando de que éste crea, busque la manera de que crea esa. Hay
gente ahora, están buscando ellos la manera de convertirlos. Recuerdo
muchas veces cuando comencé a pastorear, venían muchos pastores, traían
métodos para ganar. Llegó el momento que salíamos
Hay gente que tanto lo rechaza. Esos americanos le tratan de
poner a la pared que crean, que acepten a Cristo. Y dicen, no,
se va a ir al infierno. Que yo vaya, que usted no vaya,
le digo. He oído. No es algo que estoy diciendo
por mi solo pensamiento, sino porque estuve con ellos cuando
estaban hablando. Para que se dé cuenta uno que
no está en nosotros. Y eso es lo que está diciendo.
Nosotros no estamos para tratar de convencerlo con nuestras palabras. Si uno quisiera, lo haría, pero
realmente, ¿de qué nos sirve? De nada nos sirve, hermanos,
tratar de convencer a uno que sea un creyente si Dios no lo
convence. Para eso está el Espíritu Santo.
El Espíritu vino a convencer al mundo de pecado, de justicia
y de juicio. Esa es la obra de Dios, esa es
la obra del Espíritu Santo, no es obra de nosotros. Ni estemos
preocupados en esto, sino debemos estar preocupados en anunciar
el Evangelio, la verdad. ¿Para qué dice aquí en el verso
5? Para que vuestra fe no esté fundada
en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios. ¿Se
dieron cuenta? ¿Para qué es que hay que anunciar
la verdad? ¿Hay que anunciar el Evangelio?
¿Hay que anunciar al Señor Jesucristo? ¿Por qué? Porque nos interesa
que ellos estén en su fe en el Señor Jesús y en nosotros. Y
no en nosotros, hermano. Porque no queremos a nadie que
nos siga, sino que sigan al Señor Jesucristo. ¿Verdad? De seguro
que nadie está siguiendo al hermano Don Codio. Él ya está más seguro, él. Si
estamos siguiendo, hermanos, lo vamos a dejar. Pero si usted
está siguiendo a Cristo, Cristo no está muerto. Cristo vive. Y estamos sirviendo a Cristo
vivo. Se dieron cuenta? Y un día también
vamos a partir y estar con Él. Él realmente no nos dijo adiós,
sino hasta pronto estaremos con Él. Ya lo hemos escuchado varias
veces. Gracias al Señor que tenemos
nosotros. Mientras hay oportunidad, Hay
que permanecer fieles, hermanos, siguiendo al Señor. Que nuestra
fe esté fundada en Dios, en su poder, no en los hombres. Por
eso mucha gente se va cuando no está el pastor, ya se va,
porque su fe está en el pastor. Su fe está en esas personas.
Pero aquel que tiene su fe en el Señor Jesucristo, quien esté
allá, pero que anuncie la gracia de Dios. que anuncie el Evangelio,
hermanos, no se pongan a oír mentiras, no se pongan a oír
falso Evangelio, sino que oigan la verdad, que sigan, y gracias
al Señor porque Él ha levantado hombres de veras para que continúen
anunciando el Evangelio de la gracia de Dios. Eso es lo que
nos da mucha alegría, estamos muy contentos. La palabra infalible,
si respetamos, hermanos, la palabra, no se nos ocurre mejorarlo, porque
la palabra es perfecta. La palabra, ellos, es perfecta,
hermanos. Hay gente que... las religiones
están cambiando. Yo muchas veces les digo a los
hermanos de Tegucay, aparece una imagen. Este tiene más poder.
y van atrás de esta imagen, dejando lo que les pareció mejor y mientras
aparece otro van cambiando. El Señor Jesucristo, hermanos,
es el mismo desde el principio y es el mismo hasta el final.
y nunca debemos pensar mejorarlo, ni mejorar su palabra, porque
él es la única palabra perfecta, hermanos. La palabra está completa,
no nos hace falta nada en ella, es todo lo que él nos ha dicho,
hermanos, todo. debemos anunciar tal como nos
dice la palabra de Dios. Y como mensajeros, Dios nos ha
llamado, somos responsables entonces de anunciar, de hablar la palabra
de Dios. Vean lo que dice aquí Ezequiel,
en el libro de Ezequiel. Ese sí es, hermanos, la responsabilidad
de cada uno de nosotros. no solamente los pastores, sino
los creyentes, de veras que creen al Señor Jesucristo. Es de aquel
capítulo 3, verso 18. Dice, cuando yo dijera limpio,
desierto morirás, y tú no le amonestares, ni le hablares,
para que el limpio aperciba, apercibida de su mal camino,
a fin de que viva, el impío morirá por su maldad, pero su sangre
demandaré de tu mano. Pero si tú amonestares al impío
y él no se convirtiere de su impiedad y de su maldad, de su
mal camino, él morirá por su maldad, pero tú habrás librado
tu alma. Hay que amonestarlo, hay que
predicarlo, amonestar es predicarle la verdad. No es cambiarlo. No es hacerle una nueva criatura.
Esa es obra de Dios. No es de nosotros. El Señor claramente,
hermanos, recuerdo cuando estaba platicando con el gran maestro,
¿verdad? Ese hombre era un maestro. Hasta
el Señor le dijo, tú eres maestro y no sabes esto. El maestro no
por ser maestro que sepa, sino es por la revelación de Dios. Es por la revelación de Dios,
es que esa persona llega a conocer la verdad y llega a saber las
sencillas palabras del Señor Jesucristo. Y eso es lo más importante. Entonces, no se nos debe ocurrir
aumentar o mejorar la palabra de Dios. Dios, con su palabra,
es perfecta, hermanos. Solamente tenemos que exponerlo
así, como Él nos ha entregado. Esa es la responsabilidad de
nosotros. Ese es el derecho que tiene la Palabra de Dios para
que se le preste atención. Que bueno cuando nosotros le
damos atención. Muchas veces uno está distraído
su mente en otras cosas en vez de estar atento a la Palabra
de Dios. Y pasa eso porque nuestra carne
tiene muchas preocupaciones. Muchas veces hemos dicho, cuando
se quite y entre aquí, deje todo lo que pasó allá. ponga todo
aquí en este lugar. Pero muchas veces estamos más
lejos. El cuerpo está, pero nosotros
estamos lejos. Estamos pensando nuestros problemas,
cosas de lo que pasó y esto, lo que dejamos allá en la casa
o en la calle. Estamos pensando. No hay atención. Eso es malo, hermanos. Ponga
todo. No lo podemos. Recuerden, El
apóstol Pablo estaba hablando a un grupo de mujeres. ¿Quién
le hizo que atienda Lidia? Es Dios, hermanos. Es Dios. De seguro que ella también estaba
conversando con sus compañeras, pero cuando Dios obró en su corazón,
entonces se puso atenta a lo que estaba diciendo Pablo. Ya
se dieron cuenta, hermanos. Pero si Dios no hubiese hecho
eso, ¿creen que va a estar atenta a ella también? No, seguramente.
O sea, ¿ya viste a ese cómo está? ¿Ya viste qué hizo ese en la
calle? ¿Ya viste qué hizo en la calle? ¿Ya viste qué hizo
en la casa? Está pensando por esas cosas
y no le pone atención a la Palabra del Señor. Y las Escrituras nos
dicen, hay que ponerle atención, no pensando por lo que es ni
por el pastor, sino oír la Palabra del Señor. El Señor dijo, haga
lo que ellos dicen, no hagan lo que ellos hacen. Hagan lo
que ellos dicen, no hagan lo que ellos hacen. Porque muchas
veces decimos y no hacemos lo que dice uno. Pero si es la verdad,
hazlo. Si es mentira, no. En el libro
de Proverbios, capítulo 4, libro de Proverbios, hermano, Capítulo 4, verso 20, dice, Hijo mío, está
atento a mis palabras. Hijo mío, está atento a mis palabras. Hay que estar atentos a la palabra
de Dios, hermanos. Hay que estar atentos. Inclina
tu oído a mis razones. Inclina tu oído a mis razones,
a la palabra de Dios, hermanos. Es cada palabra que Dios nos
habla requiere de mucha atención. ¿Por qué se requiere, hermano?
Para poder entender. Para que uno lo pueda entender,
porque si no le damos atención no lo vamos a poder entender.
El profeta Isaías habló en 55 verso 3, hermanos. Vean lo que
dice. Pueden leer, pero mejor que lo
busquen para que lo vean. 55 verso 3. Inclina vuestro oído,
dice. Inclina vuestro oído y venid
a mí oír y vivirá vuestra alma. ¡Qué bendición tan grande, hermanos!
Se recibe cuando oye uno la Palabra de Dios. Cuando esos oídos lo
inclinamos. Pero estos oídos no son los oídos
materiales, sino son los oídos espirituales que Dios da. Estos
oídos no pueden oír nada. Están sordos para eso. Pero cuando
Dios pone oídos espirituales, ojos espirituales, podemos ver
y oír, hermanos. Podemos inclinarnos ante Él por
esta obra que Dios hace en nosotros. Por eso siempre hablamos, es
obra de Dios. No es obra de nosotros, hermanos.
No es del hombre. No es del poder del hombre. No consiste en nosotros. No quisiéramos,
hermanos, siempre tratar de engañar. Dios es el único que tiene el
derecho de ser oído. Es el único. Porque Él es veraz
y todo hombre mentiroso. Todo hombre mentiroso. Él nunca
falla en manos de nada. Recuerdo cuando aquellos hombres
aguasiles fueron a buscar al Señor. En vez de que agarren
al Señor, se quedaron escuchando. Y se quitaron, quizás gozosos
o no sé qué habrá pasado en ellos, de tanto que habían escuchado
al señor su mensaje, llegaron allá y no lo trajeron. ¿Cómo va a ser posible traerlo
si jamás hombre alguno ha hablado con ese hombre? No lo pudieron agarrar, hermanos,
cuando esos hombres dijeron jamás hombre, estaban hasta ofendiendo
sus maestros de ellos. se van ofendiendo porque es como
que les diga, ni ustedes hablan como él, ni ustedes, jamás hombre
alguno. Eso quiere decir, está discriminando
a todos los maestros de esa agrupación. No sabe nada usted, él es el
que habla mejor, habló bien, ¿cómo lo vamos a traer? Hermanos,
la palabra del Señor No falla. Su palabra no falla. Lo que Él
dice, se cumple. Lo que Él dice, se cumple. Si
Él fallara, yo dejaría de predicarlo. Si Él realmente falla en algo,
no lo sigo anunciando. Pero gracias a Dios, tenemos
la confianza, por eso como comenzamos, tenemos la confianza que la palabra
es infalible. Es infalible. No falla, hermanos. No falla. Esto da a la palabra
de Dios un carácter muy especial. Si la boca de Dios lo ha dicho,
es la única palabra digna porque es inspirada por Dios, no es
del hombre. Aquí en la segunda carta de Timoteo,
vean lo que dice el apóstol San Pablo. Segunda
carta de Timoteo, capítulo 3. Verso 16, dice así, Toda la escritura es inspirada
por Dios y útil para enseñar, para redaguir, para corregir,
para instruir en justicia. La escritura, toda la escritura. Hermanos, desde Génesis hasta
Apocalipsis, todo es inspirado por Dios. Los profetas no hablaron
su propia palabra, no escribieron sus propios pensamientos. Toda
esa gente que escribieron, hermanos, fueron guiados por el poder del
Espíritu Santo para que no escribieran errores. Aunque tenemos muchas
veces errores en la lista de los libros, pero eso ya es del
hombre. Pero la palabra de Dios, hermanos, no se encuentra ningún
error en ella. El hombre es el que hace error.
Es como les decía, hasta en la predicación nosotros podemos
decir cosas que no. Pero la verdad no puede cambiar.
Nadie no puede cambiar, hermanos. Las religiones cambian, pero
la verdad permanece para siempre. Ahora, si Dios lo ha inspirado,
vean lo que dice. Es útil. Las escrituras inspiradas
por Dios, hermanos, es útil para enseñarnos. ¿Qué nos va a enseñar? La verdad. Porque esa es la enseñanza
del Padre. Esa es la enseñanza de Jehová.
Es la enseñanza del Dios Eterno. La verdad. ¿Y qué es la verdad? Es Jesús. Es Jesús de la verdad,
hermano. No hay más. Es el único que Dios
envió aquí con nosotros y no hay otro. Y esto, hermanos, el
hombre no lo puede revelar. El hombre no lo puede revelar
a nadie. solamente estamos para predicarlo aquí en el libro de
Mateo 11 vean 11 verso 25 dice en aquel tiempo respondiendo
Jesús dijo te alabo padre señor del cielo y de la tierra porque
escondiste estas cosas de los sabios y de los entendiste y
los revelaste a los niños. Dios tiene que revelar, hermanos. Para que una persona pueda entender,
Él tiene que revelar esta verdad. Si no lo revela, no lo puede
uno entender. Es más fácil aceptar un mensaje
falso, un evangelio falso y no el evangelio verdadero. porque
el hombre no está capacitado, hermanos, para esta verdad. Me es preferible que diga es
mensaje del diablo y no que diga es la verdad. Recuerdo cuando
le dije a un misionero, ¿por qué el apóstol Pablo dice en
la elección, eso es doctrina del diablo? está lleno de toda
la Biblia. Si esta es Doctrina del Diablo,
¿por qué desde quiénes está? No habían aún nacido y Dios ya
escogió a uno de ellos y dejó a uno. Y para que me digas que
es Doctrina del Diablo, está desde allá. ¿Por qué no lo acepta? Porque Dios no se lo ha revelado. No se lo ha revelado. Y gracias
a Dios, hermanos, a los pasos del tiempo, Dios me fue revelando
y ahora le doy gracias porque Él me ha revelado la verdad.
Porque engaña a mucha gente tratando de convencerle para que sea un
cristiano. Pero de qué sirve, ¿verdad? Yo
muchas veces he dicho, todo el pueblo de Tecó ya son creyentes.
Porque casa en casa pasamos a engañarlos, a decir que crean que reciban
el Cristo y no van a ir al infierno. Pues su salida es que reciben
así y ya no van al infierno, van al cielo. Pero nunca permanecían
a las palabras de Dios. Y el Señor que dijo, si verdaderas
sois mis discípulos, deben permanecer en mi palabra. Si permanecéis
en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos. ¿De quiénes son
ustedes discípulos? ¿Del hermano que murió? ¿O del
Señor? Si es del Señor, hay que permanecer
en su palabra, hermanos. Todos nosotros vamos a ir mientras
no venga Cristo. Pero no porque se fue este hermano
que predicó a nosotros y ya se acabó todo. No. Nuestra esperanza
es Dios. Nuestra seguridad es Dios, no
es el hombre. Nosotros somos pasajeros de este
mundo. Pero gracias a Dios, hermanos,
que cada vez que va uno, si es un verdadero cliente, va directamente
al Señor. Y eso pues estamos muy contentos.
Entonces, la revelación es Dios, hermanos, quien revela para que
esta palabra sea entendida. Y sabemos que Dios, hermanos,
lo que dice Él no lo cambia, nunca lo va a cambiar. Hay muchos
que vienen a decir, hermano, debe orar con su grupo para que
no suceda esto. No, yo oro que Dios haga su voluntad
y que nos cuide si es así su voluntad. ¿Por qué voy a decirle
que lo quite si es su voluntad? Él no lo va a hacer, porque si
lo haría, ya permitió su promesa, ya echó a perder lo que Él dijo,
porque Él dijo que todo lo que Él dice lo cumple. Y si Él no
lo hace, entonces ya está diciendo que es mentiroso. Entonces, hermanos,
nunca debemos pensar y orar y decir, Señor, cambia, si no haces esto,
que no lo hagas. No, hermanos, solamente decir,
Señor, hágase de acuerdo a tu voluntad. y cuídanos, libramos
de todo lo que venga. Eso es lo más importante. El
Señor, Él no tiene cambios, hermanos. Es como dice aquí en Malaquías,
vean. Malaquías. Capítulo 3 Malaquías capítulo 3 verso 6
dice Porque yo Jehová no cambio. Ahí está. Porque yo Jehová no
cambio. Por esto hijos de Jacob no habéis
sido consumidos. Un pueblo rebelde hermanos. Y
ahí estamos incluidos nosotros. El pueblo de Dios. El pueblo
que es tan dichoso. El pueblo, hermanos, que le fue
encomendado la palabra de Dios. Cómo fueron rebeldes. No quisieron
oír ni hacer la palabra de Dios. Pero gracias al Señor que cuando
opone a algunos, esos algunos son fieles. Y por esas gentes,
hermanos, es bendecido. Entonces, Dios no cambia. Él es inmutable. No hay cambios
en Él y nadie lo puede cambiar. ningún hombre en este mundo puede
cambiar porque él permanece fiel a la palabra o a su palabra por
eso tenemos como dice en hebreos hermanos al señor Jesucristo,
vean qué bonitas palabras de este apóstol que escribió dice
en el verso 8 capítulo 13 Jesucristo, dice, es el mismo ayer, y hoy,
y por los siglos. Jesucristo es el mismo ayer,
y hoy, y por los siglos. Ese es el Señor que debemos adorar,
hermanos. No al Cristo de la religión.
No al Cristo negro, el rojo, el todo ese, sino hay que adorar
al Cristo vivo. Hay que servir al Cristo que
vive, al que nos da vida, al que desde el principio y al final,
hermanos, nunca se acabará. Permanece para siempre. Y su
palabra permanece. Todo va a pasar, pero su palabra
permanece para siempre. Si usted tiene esa palabra, va
a permanecer juntamente con él. Lo que dijo Jehová, hermanos,
es la verdad. Y gracias a Dios que su palabra
es infalible. No es cambiable. Nadie lo puede
cambiar. No hay hombre alguno que lo pueda
cambiar. Las religiones, los pastores están cambiando, la
iglesia católica, todo, a cada día están cambiando. Pero la
verdad permanece para siempre. Y hermanos, en esto debemos permanecer. No debemos poner, como dice la
lectura, hastiado estoy de esas ofrendas, de esos sacrificios. No quiero más. Aunque el Señor
puso eso, hermanos, pero es la figura del verdadero, que ya
vino el Señor Jesucristo. Él es nuestro sacrificio, Él
es nuestra ofrenda. Ya, ya lo pagó todo. No tenemos
que hacer nada, no dejó ninguna jota ni una tilde que tengamos
que cumplir de la ley, hermanos. Si él dejara, aunque sea un puntito,
olvídate, no hay salvación. Pero esa obra fue completa y
estamos completos en la palabra del Señor. Que Dios les bendiga,
hermanos.

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