La predicación de Joel Coyoc, basada en Romanos 8:23-25, aborda la doctrina de la adopción como hijos de Dios. Coyoc argumenta que aquellos en Cristo Jesús no están bajo condenación porque han sido sellados por el Espíritu Santo y, por lo tanto, son guiados en la vida espiritual. Utiliza múltiples pasajes de Romanos 8 para enfatizar que los creyentes tienen la "primicia del Espíritu", que les permite afrontar la aflicción con esperanza y gozo a pesar de sus circunstancias. El sermón destaca la importancia de esperar pacientemente la redención, lo cual tiene profundas implicaciones para la vida cristiana, ya que estos sufrimientos presentes resultan en la gloria futura prometida por Dios.
“Los que son de la carne piensan en las cosas de la carne, pero los que son del espíritu, en las cosas del espíritu.”
“El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu de que somos hijos de Dios.”
“Los hijos de Dios tienen la primicia del Espíritu... en medio de un mundo de aflicción, tienen al Consolador.”
“La esperanza que se ve no es esperanza, porque lo que alguno ve, ¿a qué esperarlo?”
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