La predicación de Joel Coyoc se centra en el llamado a la iglesia para vivir de manera digna de la vocación recibida, con énfasis en la unidad y la pacificación entre los creyentes, tal como se presenta en Efesios 4:1-3. Coyoc argumenta que la humildad y la mansedumbre son esenciales para mantener la unidad en el cuerpo de Cristo, destacando la naturaleza pacificadora que se deriva de ser hijos de Dios. Utiliza ejemplos de las cartas de Pablo, junto con pasajes de Romanos, 1 Corintios, y Colosenses, para evidenciar la importancia de la pacificación y la unidad entre los creyentes, mostrando cómo esto refleja la gloria de Dios y el carácter de Cristo en el mundo. En conclusión, el sermon resalta que solo aquellos que han sido transformados y viven en la verdad pueden ser verdaderos pacificadores, lo que tiene profundas implicaciones para la vida de la iglesia y el testimonio hacia el exterior.
“El ruego es, dice, que andéis como es digno de la vocación con que fuisteis llamados.”
“La vocación a la que hemos sido llamados es para alabanza de la gloria de su gracia.”
“La única posibilidad de ser un pacificador es que estés en paz con Dios.”
“La humildad empieza cuando Dios se revela.”
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