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JC

En el amor

1 John 4:10-11
Joel Coyoc November, 7 2021 Video & Audio
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JC
Joel Coyoc November, 7 2021
Estudio de las Cartas de Juan

El sermón "En el amor" predicado por Joel Coyoc se fundamenta en la doctrina del amor divino tal como se presenta en 1 Juan 4:10-11. Coyoc expone que el amor de Dios se manifiesta a través del envío de Su Hijo y que este amor es la base de nuestra relación tanto con Dios como entre nosotros. Utilizando diversos versículos de 1 Juan, el predicador argumenta que permanecer en el amor implica permanecer en Dios, lo cual se traduce en confianza, ausencia de temor, y en la vivencia de la verdadera comunidad cristiana. La obra redentora de Cristo asegura que quienes están en Él no enfrentan condenación ni castigo, lo que les permite vivir sin temor en un mundo lleno de incertidumbres. La práctica de este amor también se expresa en cómo los creyentes deben relacionarse entre sí y corregir a otros en amor, considerando la disciplina divina como un acto paternal, no punitivo.

Key Quotes

“Dios es amor, y el que permanece en amor permanece en Dios y Dios en él.”

“En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor.”

“En el amor no hay castigo; nuestros pecados han sido castigados en el Señor Jesucristo.”

“El que ama a su hermano, permanece en la luz.”

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Vamos a abrir nuestras Biblias
en la primera carta del apóstol Juan, en su capítulo 4. Dice la Palabra de Dios, Amados,
no creáis a todo espíritu, sino probad los espíritus si son de
Dios. Porque muchos falsos profetas
han salido por el mundo. En esto conoced el espíritu de
Dios. Todo espíritu que confiesa que
Jesucristo ha venido en carne es de Dios. Y todo espíritu que
no confiesa que Jesucristo ha venido en carne no es de Dios. Y este es el Espíritu del Anticristo,
el cual vosotros habéis oído que viene y que ahora ya está
en el mundo. Hijitos, vosotros sois de Dios
y los habéis vencido, porque mayor es el que está en vosotros
que el que está en el mundo. Ellos son del mundo, por eso
hablan del mundo y el mundo los oye. Nosotros somos de Dios,
el que conoce a Dios nos oye, el que no es de Dios no nos oye. En esto conocemos el espíritu
de verdad y el espíritu de error. Amados, amémonos unos a otros,
porque el amor es de Dios. Todo aquel que ama es nacido
de Dios y conoce a Dios. El que no ama no ha conocido
a Dios porque Dios es amor. En esto se mostró el amor de
Dios para con nosotros, el que Dios envió a su Hijo Unigénito
al mundo para que vivamos por él. En esto consiste el amor,
no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó
a nosotros y envió a Su Hijo en propiciación por nuestros
pecados. Amados, si Dios nos ha amado
así, debemos también nosotros amarnos unos a otros. Nadie ha
visto jamás a Dios. Si nos amamos unos a otros, Dios
permanece en nosotros y Su amor se ha perfeccionado en nosotros.
En esto conocemos que permanecemos en Él y Él en nosotros, en que
nos ha dado de Su Espíritu. Y nosotros hemos visto y testificamos
que el Padre ha enviado al Hijo, el Salvador del mundo. Todo aquel
que confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece
en Él y Él en Dios. Y nosotros hemos conocido y creído
el amor que Dios tiene para con nosotros. Dios es amor, y el
que permanece en amor permanece en Dios y Dios en él. En esto
se ha perfeccionado el amor en nosotros, para que tengamos confianza
en el día del juicio, pues como él es, así somos nosotros en
este mundo. En el amor no hay temor, sino
que el perfecto amor echa fuera el temor, porque el temor lleva
en sí castigo, de donde el que teme no ha sido perfeccionado
en el amor. Nosotros le amamos a él, porque
él nos amó primero. Si alguno dice, yo amo a Dios
y aborrece a su hermano, es mentiroso. Pues el que no ama a su hermano,
a quien ha visto, ¿cómo puede amar a Dios a quien no ha visto? Y nosotros tenemos este mandamiento
de él, el que ama a Dios, ame también a su hermano. Amén. Vamos a meditar el versículo
18. que dice, en el amor no hay temor, sino que el perfecto amor
echa fuera el temor, porque el temor lleva en sí castigo, de
donde el que teme no ha sido perfeccionado en el amor. En el amor. Y el tema es en el
amor. En el amor. Yo no sé si ustedes tienen algún
lugar donde anhelan estar. Hace algún tiempo pensaba que
me gustaría o me hubiera gustado estar, por ejemplo, en Canadá.
Ahora que sé un poco más sobre Canadá, no tengo muchas ganas
de estar en Canadá. No en sí por el lugar, sino por
las cosas que ocurren en ese lugar. Pero cada uno de nosotros ha pensado
en algún lugar que le gustaría estar. Hay una frase que se repite constantemente en esta carta del apóstol Juan.
En varios lugares vamos a encontrar una palabra que es la palabra
con la que empieza el versículo 18. La frase que es nuestro tema
es en el amor. En el amor. Y habla de estar
en un lugar y ese lugar es el amor. Esa frase se repite, estar
allí en ese lugar, en una manera diferente muchas veces. Por ejemplo,
alguna de las veces en que aparece en el versículo 6 del capítulo 2, el que dice que
permanece en él, estar en el amor. Él es el amor, Dios es
amor, Cristo es la manifestación del amor de Dios. El amor es
estar en el amor, es estar en la comunión de amor del Padre,
el Hijo y el Espíritu Santo. Y aparece en el versículo 6,
y aparece en el versículo 9, dice, el que dice que está en
la luz, Pero vuelve a aparecer en el versículo 10 como permanecer,
el que ama a su hermano permanece en la luz. Y estar en el amor
es igual que permanecer en Cristo. Estar en amor es igual que estar
en la vid verdadera. Estar en amor es estar en luz
como Él está en luz. Estar en amor es estar en santidad. Estar en amor es estar en Dios
porque Dios es amor. Y fe puede contar en su casa
cuántas veces va apareciendo. Por ejemplo, capítulo 2, versículo
10, el que ama a su hermano permanece en la luz. Versículo 14 dice,
os he escrito a vosotros, padres, porque habéis conocido al que
es desde el principio. Os he escrito a vosotros, jóvenes,
porque sois fuertes, y la palabra de Dios permanece en vosotros,
y habéis vencido al maligno. Versículo 17 dice, el mundo pase
sus deseos, pero el que hace la voluntad de Dios permanece
para siempre. Y permanecer para siempre es
porque permanecemos en Cristo, permanecemos en el amor. Si usted sigue avanzando, en
el versículo 19 dice, salieron de nosotros, pero no eran de
nosotros, porque si hubiesen sido de nosotros, habrían permanecido
con nosotros. Y podrían permanecer con nosotros
cuando hemos llegado a tener verdadera comunión con el Padre
y con Su Hijo Jesucristo. Cuando está hablando de, les
anunciamos el Evangelio para que tengan comunión, está hablando
de permanecer, de estar en el amor. Versículo 24 dice, lo que
habéis oído desde el principio permanezca en vosotros. Si lo
que habéis oído desde el principio permanece en vosotros, también
vosotros permaneceréis en el Hijo y en el Padre. El Hijo y
el Padre, dice la Biblia, Dios es amor, y permanecer en el Hijo
y en el Padre es permanecer en el amor. Dice versículo 27, pero
vosotros, pero la unción que vosotros recibisteis de Él permanece
en vosotros. El Espíritu Santo es Dios, y
por lo tanto el Espíritu Santo es amor, porque Dios es amor.
Y dice después, En el mismo versículo 27 dice, así como la unción misma
nos enseña todas las cosas y es verdadera y no es mentira, según
ella os ha enseñado permanecerte en Él. Versículo 28, y ahora,
hijitos, permanecerte en Él para que cuando se manifieste tengamos
confianza. Permanecer en Él, en el Señor
Jesucristo, es estar en el amor. Y eso da confianza, dice, para
que cuando Él se manifieste tengamos confianza. Versículo 6 del capítulo
3 dice, todo aquel que permanece en Él no peca. Estar en el amor
es no vivir practicando el pecado. Esencialmente el pecado es idolatría. Y cuando adoramos cualquier otra
cosa que no es Dios, fracasamos en amar a nuestro prójimo. No
podemos amar a todo aquel que permanece en él. No peca. ¿Y
qué hace? Quebranta el primer y el segundo
mandamiento. Entonces, quebranta toda la ley.
Y entonces, está viviendo en pecado. Dice, versículo nueve
del capítulo tres, dice, todo aquel que es nacido de Dios no
practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en
él. Y la simiente de Dios es el Señor
Jesucristo. Él es El amor es estar en el
amor. Versículo 14 dice, nosotros sabemos
que hemos pasado de muerte a vida en que amamos a los hermanos.
El que no ama a su hermano permanece, y en lugar de permanecer en el
amor, en lugar de permanecer en Dios, en lugar de permanecer
en la luz, permanece en muerte. Versículo 24 del capítulo 13
dice, el que guarda sus mandamientos permanece en Dios. en el amor. Dios es amor, dice, y Dios en
Él. En eso sabemos que Él permanece
en nosotros por el Espíritu que nos ha dado. Y aquí está hablando
del Padre y del Espíritu Santo. Y nosotros podemos seguir leyendo
y llegamos al capítulo dos, cuatro, versículo doce, dice, nadie ha
visto jamás a Dios, si nos amamos unos a otros, Dios permanece
en nosotros. ¿Y quién es Dios? Dios es amor. O sea, estar en el amor. Esa frase que es nuestro tema,
es una frase recurrente en toda la epístola. Dice, Versículo
trece, en eso conocemos que permanecemos en Él y Él en nosotros, en que
nos ha dado de Su Espíritu. Versículo quince, todo aquel
que confiesa que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece
en Él y Él en Dios. Versículo dieciséis, sigue apareciendo
y dice, y nosotros hemos conocido y creído el amor que Dios tiene
para con nosotros, Dios es amor, y el que permanece en amor permanece
en Dios y Dios en Él. Y hermanos, Empieza el versículo,
en el amor. Y qué bendición tan grande es
la que tenemos aquellos que, por gracia de Dios, estamos en
el amor. Es estar en ese amor, en ese
amor eterno, ese amor perfecto, ese amor que es el amor de Dios.
Y el deseo de mi corazón es que cada persona que nos escuche
pueda, si no está allí, pueda estar allí en el único lugar
donde hay amor. Es la más grande bendición que
una persona puede tener, es estar en el amor, es estar en Dios,
y aquel que comienza a estar en Dios con toda seguridad va
a permanecer allí, porque el Señor Jesucristo, aquel que es
amor, aquel que es la expresión misma del amor de Dios aquel
que vino a manifestar su amor aquel que no estimó el ser igual
a Dios como cosa que aferrarse sino que mostró su amor al ofrecer
su vida por nosotros dice en esto conocemos lo que es amor
en que Jesucristo entregó su vida por nosotros y estar en
él Estar en Él es estar en el amor, es estar en plenitud. Y estar en el amor, dice nuestro
pasaje, que por lo menos hace tres cosas a favor de nosotros.
¿Cómo saber si estamos en el amor? Y estar en el amor, en
primer lugar dice, en el amor no hay temor. En el amor no hay
temor. Hermanos, Vivimos en tiempos terribles
y vivimos en un mundo malvado, maligno. Vivimos en medio de
una generación maligna y perversa. Vivimos entre gente que no es
como nos han hecho creer a través de los medios de comunicación.
Cada año se nos hacen campañas publicitarias donde se ha intentado
hacer creer a la gente que la gente es buena, gente buena que
de vez en cuando hace cosas malas. gente buena que comete errores
gente que nadie es perfecto y nos sentimos muy consolados por no
ser perfectos y lo que nos consuela es que pues somos muchos los
que no somos perfectos nadie es perfecto pero lejos de ser
un consuelo en realidad es grave y estamos en medio de una generación
maligna y perversa estamos en medio de una generación que está
hablando constantemente mentira que va contra la verdad de Dios
y estamos en verdad en un lugar donde Si no fuera porque estamos
en el amor, en verdad deberíamos estar aterrados. Pero eso no
es lo más grave que debería aterrarnos. Es lógico que una persona pueda
estar aterrada. Pero la Biblia dice aquí en el
amor, no hay temor. No hay temor en el amor. Dice la Escritura, en Lucas. La Escritura dice así, No se venden cinco pajarillos
por dos cuartos. Con todo, ni uno de ellos está
olvidado delante de Dios. Pues aún los cabellos de vuestra
cabeza están todos contados. No temáis, pues más valéis vosotros
que muchos pajarillos. Y el Señor Jesús dice, amigos,
les voy a decir a quién tienen que temer. No tienen que temer,
y dice, no teman a los que matan el cuerpo. Y hermanos, dice,
Después, nada más pueden hacer. Dice, pero os enseñaré a quien
debéis temer. Temed aquel que después de haber quitado la vida,
tiene poder de echar en el infierno. ¿Y saben quién es? Mucha gente
piensa que ese es Satanás. Y ese no es Satanás. al único
que hay que temer, al único que hay que temer es al Dios Todopoderoso,
es aquel que es amor, Dios es amor, pero es el único que es
digno de ser temido, porque Él puede matar no sólo el cuerpo,
sino Él puede echar al infierno. La gente, las enfermedades, no
pueden hacer más que enfermar tu cuerpo y matarlo. Pero no
pueden hacer absolutamente más nada. Y somos llamados, los que
estamos en el amor, hermanos, no temas. En el amor no hay temor. En el amor no hay temor. Hermanos,
dice el apóstol Pablo con justa razón, ciertamente dice, Dice en Romanos 8, 32-39, el
que no es catimón y es su propio hijo, sino que lo entregó por
todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las
cosas? Dice, ¿quién acusará a los escogidos
de Dios? Dios es el que justifica. ¿Quién
es el que condenará? Cristo es el que murió, más aún
el que también resucitó, el que además está a la diestra de Dios,
el que también intercede por nosotros. ¿Quién nos separará
del amor de Cristo? ¿Tribulación, angustia o persecución? ¿Hambre o desnudez? ¿Peligro
o espada? Como está escrito, por causa
de ti somos muertos todo el tiempo. Somos contados como ovejas de
matadero. Antes, en todas estas cosas somos
más que vencedores por medio de Aquel que nos amó. Por lo
cual estoy seguro que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados,
ni potestades, ni lo presente, ni lo porvenir, ni lo alto, ni
lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar
del amor de Dios que es en Cristo Jesús, Señor nuestro. Hermanos,
la Escritura está diciendo, hablando aquí, lo que significa estar
en el amor. Es que nada puede infundirnos temor. Porque dice
también Pablo, si Dios es con nosotros, ¿quién contra nosotros?
¿Quién puede ser contra nosotros? nadie es más poderoso que Dios,
nadie puede separarnos de su amor, entonces el creyente no
tiene absolutamente nada que temer. No temáis, dice, a los
que pueden matar el cuerpo. Y hay tantas cosas que pueden
matar nuestro cuerpo. Hermanos, la muerte está y ha
estado siempre. Lo más grave no es morir. Es
interesante que el versículo 17 empieza a tocar el tema que está
en este versículo, y en especial es de la situación que más temor
debería presentarnos, y es el presentarnos delante de un Dios
que es santo, santo, santo, el día del juicio. Dice, en eso
se ha profesionado el amor en nosotros para que tengamos confianza
en el día del juicio. y está acá hablando del mayor
temor que debe haber y es el temor de presentarse ante un
Dios que es santo, santo, santo, y ser un pecador, ser alguien
horrible, alguien horrible delante de un Dios que aborrece a todos
los que hacen iniquidad. Y la verdad es que hemos hecho
iniquidad. Y si hay algo que debería aterrarnos,
yo no sé quienes alguna vez vieron o han leído o han visto la película
de Martín Lutero, Y él era un hombre que vivía verdaderamente
aterrado. Él vivía aterrado y tratando
de confesar sus pecados al punto de que los confesores, cuando
él era católico y Dios no le había revelado la luz del Evangelio,
se fastidiaban de él. Y él estaba todo el tiempo atribulado,
porque él tenía terror de presentarse ante un Dios que es santo. En
verdad era correcto lo que él estaba experimentando, porque
él temía al que se tiene que temer, a aquel que no sólo puede
matar el cuerpo, sino también echar al hombre al infierno.
Y él tenía verdadero temor, porque Dios es fuego consumidor. Pero
el que está en el amor, el que ha sido amado por aquel único
a quien se tiene que temer, no tiene nada que temer. No hay
nada que temer. Hermanos, el pueblo de Dios es
llamado. Si el juicio de Dios es la mayor preocupación, hermanos,
no hay nada más que tengamos que temer. Y se nos llama en Isaías, dice
el Señor, Isaías capítulo ocho, versículo once al trece, dice,
ciertamente el Señor me habló con firmeza y me dio instrucciones
de no ir por el camino de este pueblo. Hermanos, dio instrucciones
de no ir por el camino de este pueblo y dice y me dijo así no
llamen ustedes conspiración a todo lo que este pueblo llama conspiración
no tengan miedo ni teman lo que ellos temen santifiquen al señor
de los ejércitos y sólo a él que él sea para ustedes la única
razón de su temor que él sea la única razón de su temor. Hermanos, nada nos puede separar
del amor de Dios que es en Cristo Jesús. Y lo más terrible no es
morirnos físicamente. Un día vamos a morir. Nadie de
nosotros va a alargar un día más. Dios ha determinado el día
en que hemos de morir. ¿Y de qué vamos a morir? Hermanos,
eso que Dios ha determinado, nadie nunca lo va a poder cambiar.
Dios ha diseñado Alguien dijo de un hombre que hizo un trato
con la muerte y pues el día que llegó el plazo del trato pues
él agarró y estaba preocupado y empezó a pensar y se fue a
otro pueblo y para que la muerte no lo encontrara el día que había
hecho el trato que lo iban a ir a buscar y después pues estaba
pensando cómo hacerle y se rapó y trató de estar muy distinto
y la muerte llegó al pueblo donde él estaba y no estaba él allá
y se fue a otro pueblo y ya estaba cayendo la tarde y la muerte
no lo encontraba y de pronto la muerte se volteó y vio a un
pelón y dijo bueno pues ya que no lo encuentro aunque sea este
pelón y se lo llevó y el pelón era él que se había hecho pelón
y hermanos la muerte es un enemigo vencido. Y hermanos, en los últimos
tiempos, a través de los medios de comunicación se nos ha bombardeado
severamente y se nos ha hecho ver que vivimos en incertidumbre
y que podemos morir en cualquier momento. Pero hermanos, eso no
es novedad. Eso siempre ha sido así. La muerte
está a un latido del corazón. Esa es la distancia que nos separa
de la muerte. Si mi corazón late y el siguiente
no lo da, sencillamente se acabó. Y la muerte siempre ha estado
cercana. Es interesante, hermanos, que
el Salmo 103 dice, bendice alma mía Jehová, dice, y bendiga a
todo mi ser su santo nombre. Bendice alma mía Jehová, y no
olvides ninguno de sus beneficios. Dice, Él es quien perdona todas
tus iniquidades, el que sana todas tus dolencias. Y me llama
mucho la atención que dice, el que rescata del hoyo tu vida.
Hermanos, diario nosotros salimos de casa. Y yo no sé cuántas veces
usted y yo hemos estado en peligro de muerte, pero no ha sido el
momento que Dios ha diseñado, y ni siquiera nos hemos dado
cuenta que Dios nos ha librado del hoyo, la vida, porque no
es el momento. No hay nada que temer. Hermanos,
que Dios nos ayude a obedecer, porque estamos en el amor, la
exhortación de Isaías. Porque dice ahí, con firmeza,
el señor habló y le dio instrucciones para no ir por el camino de este
pueblo. Y hermanos, cada día a este pueblo en que vivimos
se le va a infundir temor. Durante todo un año se le estuvo
influyendo temor de una pandemia que no es pandemia. Es más una
plandemia que una pandemia. La otra cosa que se va a empezar
a hacer, hermanos, es a infundir temor acerca de un cambio climático
que está calentando este mundo y que tampoco es una realidad.
En verdad hay un calentamiento global, pero no tiene nada que
ver con lo que se va a empezar a decir que es lo que lo está
causando. Y el afán de la gente va a ser
empezar a influir, e influir miedo. Hace unos días hubo una
supuesta falla del Internet a nivel mundial, y todas son cosas para
infundir temor. Pero dice el Señor, Él ha hablado
con firmeza y ha dado instrucción de no ir por el camino de ese
pueblo y me dijo así, no llamen ustedes conspiración a todo lo
que este pueblo llama conspiración, no tengan miedo, ni teman lo
que ellos temen, santifiquen al Señor de los ejércitos y sólo
a Él, que Él sea para ustedes la única razón de su temor, la
única razón de nuestro temor. Hermanos, El apóstol Pablo estaba
en el amor de Dios y él pudo decir, porque para mí el vivir
es Cristo y el morir es ganancia. La muerte no va a ser otra cosa
que si estás en el amor, llevarte a ver a aquel que te lavó, te
amó y te lavó de sus pecados, de tus pecados con su sangre. En el amor, en el amor no hay
temor. Y en verdad, hermanos, somos
débiles. Y de pronto batallamos con el temor. Pero hermanos,
nuestra necesidad es ver al Señor Jesucristo, es oír la voz del
Señor Jesucristo. Hermanos, oigamos más la palabra
del Señor que la palabra del hombre. Hay todo, hay todo un
plan malvado y maligno que específicamente apunta a dos lugares. Uno es
a la iglesia del Señor. Destruir a la iglesia del Señor
y destruir a la familia. movimientos muy fuertes y es
interesante que mientras encerró a la gente se han liberado leyes
que van contra la moral cristiana y esto va a ir de mal en peor
y todo es un plan hermanos que nuestro temor sea el señor Vamos
a oír de cosas. La Biblia dice que vamos a oír
de guerras, de rumores, de guerras, de pestes, de... Pero esas cosas,
pues, dice la Biblia que eso no es el fin, apenas es principio
de dolores. Pero en el amor no hay temor. Hermanos, el morir es ganancia. Y el mayor temor que debería
ser, en verdad temor, es encontrarte con un Dios Santo, y que es fuego
consumidor, y encontrarte en una condición de pecador. Ese debería ser, era correcto
lo que Martín Lutero experimentaba. Era totalmente correcto. Hasta
que Dios le mostró su amor en Cristo Jesús. Hasta que Dios
lo alcanzó y lo salvó, y él fue libre de todo ese terror que
él experimentaba de Dios. Y es correcto sentir terror de
Dios. Muchas veces la gente está aterrorizada
de cosas que no deberían aterrorizar. Pero cuando no se teme a Dios,
se teme a cualquier cosa. Y hasta nuestra sombra, si usted
lee en los profetas, al pueblo de Israel se le exhortó y se
le llamó a temer a Dios. Y él se rehusó a temer a Dios,
y Dios obró, y el pueblo de Israel fue tan sometido a tanto temor. Pero en el amor, hermanos, si
estamos en el amor, si hemos experimentado el amor de Dios
que es en Cristo Jesús, en ese amor que no es catimón y a su
propio Hijo, no hay nada que temer. Y es el recordatorio constante
del Señor a su pueblo. Dice el Señor Jesús, en el mundo
tendréis aflicciones, pero confiad, yo he vencido al mundo. Dice
el Señor Jesús, no les voy a dejar huérfanos estoy con ustedes todos
los días hasta el fin del mundo dice en el antiguo testamento
no temas porque yo estoy contigo no desmayes porque yo soy tu
dios que te esfuerzo siempre te ayudaré siempre te sustentaré
con la diestra de mi justicia y hermanos si estamos en el amor
si hemos probado que ese que nos ama con amor eterno es bueno
no hay nada que temer hermanos el mundo puede parecer amenazante
hay gente que tiene una locura de dinero. Hay gente de esa gente
que quiere imponer sus cosas a la humanidad completa, que
le quiere decir a la humanidad que comer, que ya no hay que
comer carne de vacas porque es el mayor peligro para el calentamiento
del planeta, así que vamos a comer carne sintética. Hermanos, esa
gente tiene carretadas de dinero para hacer eso. Gente que tiene
para comprar todo lo que hay en el mundo hasta cinco veces.
Sin embargo, están vencidos. Mayor es el que está en nosotros
que el que está en el mundo. Y esa es la victoria que vence
al mundo, es nuestra fe. Y nosotros tenemos la bendición
de que no hay nada que temer. No temas, porque yo soy contigo.
No temas, la muerte no te puede separar. Si estás en el amor,
tú has sido sellado, estás en la mano del Padre, del Hijo y
sellado con el Espíritu Santo y no hay nada que te pueda arrebatar
de ese amor. Entonces no hay nada que temer. Por eso el que
está en el amor puede decir en paz me acostaré y asimismo dormiré
porque sólo tú Jehová me haces vivir confiado. En el amor no
hay temor. En el amor no hay temor. No hay
temor a lo más grande que se debe temer. Tenemos confianza
para el día del juicio. Esos hombres que se creen valientes
y que creen que van a hacer su voluntad están haciendo sólo
una cosa, todo lo que Dios ha planeado. Pero un día van a decir
a los montes, caed sobre nosotros y cubridnos de la ira del cordero.
Pero nosotros vamos a estar con confianza, dice el capítulo 2,
dice. Y ahora, hijitos, permaneced
en él para que cuando se manifieste tengamos confianza para que en
su venida no nos alejemos de él avergonzados. Ahora somos
hijos de Dios y no se ha manifestado lo que hemos de ser, pero sabemos
que cuando Él se manifiesta, y cada vez que las cosas se ponen
peores, hermanos, el creyente está lleno de esperanza, porque
sabemos que las cosas van a ir de mal en peor, pero Cristo viene
por Su pueblo y es el anhelo de nuestro corazón ver a Aquel
que nos amó y nos lavó de nuestros pecados con Su sangre. Cuando
pienso en el apóstol Juan tuvo un discípulo que se llamó Policarpo,
y Policarpo era ya anciano y él no andaba buscando que lo mataran
pero llegó un momento en que él decidió entregarse y una de las cosas que él hizo
es, se hizo evidente que él estaba en el amor no había temor él
recibió a la gente que lo estaba llevando para arrestar, hizo
que les den de comer Y él, después de que les dio de comer, él les
predicó el evangelio. Él oró por dos horas. Lo llevaron
ante el procónsul y el procónsul le dijo, estás anciano, ten un
poco de compasión de ti. Dice, solo tienes que ofrecer
el incienso al emperador. Y en ese hombre no había temor. Y ese hombre le dijo, procónsul,
usted me dice que yo huya de un fuego que va a durar una hora. No. Yo no puedo negar al Señor
que me ha amado y que por 86 años le he servido y lo único
que he recibido de Él es amor. Porque yo no quiero. Él me ha
librado de un fuego que va a arder no por una ni por dos horas,
sino por toda la eternidad. En el amor no hay temor. En el
amor no hay temor. La otra cosa que nos enseña el
pasaje es, en el amor no hay castigo. Dice, en el amor no
hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor. El
perfecto amor, el temor y el amor son incompatibles. El perfecto
amor, que es el amor de Dios, echa fuera todo nuestro temor,
pero lo echa fuera, porque estamos en su amor, no hay castigo, entonces
no hay temor. Hermanos, en el amor no hay castigo
en romanos capítulo 8 versículo 1 al 13 dice ahora pues ninguna
condenación hay para los que están en cristo jesús los que
no andan conforme a la carne sino conforme al espíritu Dice,
porque la ley del espíritu de vida en Cristo Jesús me ha liberado
de la ley del pecado y de la muerte, porque lo que era imposible
para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios enviando a
su Hijo en semejanza de carne del pecado, y a causa del pecado
condenó al pecado en la carne. Ahora pues, ninguna condenación
hay. No hay condenación, no hay castigo
para los que están en Cristo, y Cristo es en el... Es el amor. Estar en Cristo es estar en el
amor. Es ser partícipe del amor de Dios. Y no hay condenación,
no hay castigo. Y hermanos, aquí yo quisiera... Bueno, la mayoría de los que
estamos aquí ya hemos sido padres, pero de todos modos, si hemos
estado equivocados, quisiera que Dios nos ayude a tener una
visión correcta. y poder ayudar a otras generaciones
que Dios les pueda dar hijos y es hermanos Para los hijos
de Dios no hay castigo, porque nuestros pecados han sido castigados
en el Señor Jesucristo. Dice la Biblia, todos nosotros
nos descarriamos como ovejas, cada cual se apartó por su camino,
mas Jehová cargó en Él, en el Señor Jesucristo. Ahí se castigaron
nuestros pecados. El pecado de todos nosotros.
No va a haber ningún solo pecado que quede sin castigo. Todo pecado
será castigado. El pecado de los que no crean
en el Señor Jesucristo va a ser castigado eternamente en el lago
de fuego. Pero el pecado de aquellos que
estamos en Cristo, dice la Escritura, que aquel que no hizo pecado,
dice la Biblia, 1 Pedro 2.21-25 cuando padecía no amenazaba,
sino encomendaba la causa al que juzga justamente, quien llevó
el mismo nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para
que nosotros, estando muertos a los pecados, vivamos a la justicia,
y por cuya herida fuisteis sanados, porque vosotros erais como ovejas
descarriadas, pero ahora habéis vuelto al Pastor y Obispo de
vuestras almas. El castigo de nuestra paz, aquí
está citando Pedro a Isaías. El castigo de nuestra paz fue
sobre Él. Jehová quiso quebrantarlo. Quiso cargar el pecado de Su
pueblo. Nuestro pecado fue sobre Él. La causa de que Cristo murió
en la cruz fue mi pecado. Yo soy el culpable de que Cristo
hubiera padecido en esa cruz porque Él hizo siempre justicia,
no se halló engaño en su boca, nunca hizo pecado, siempre mostró
el carácter santo de Dios, siempre una respuesta que daba gloria
a Dios y sin embargo murió en la cruz como un maldito por culpa
de mi maldición. El castigo de mi paz fue sobre
él y por su llaga fuimos nosotros curados. No hay castigo, pero
Dios hace algo a sus hijos que es lo que la iglesia debe practicar
y los padres deben practicar. Muchas veces los padres hablan
de castigo cuando los hijos hacen algo que no es correcto. Y mucha
gente tiene la idea de que en la iglesia hay algo que se llama
disciplina eclesiástica. Y muchas veces la gente tiene
la idea de que lo que hay que hacer es como hacer pagar al
pecador por lo que hizo o hacer pagar al hijo por lo que hizo.
Eso es errado, hermanos, y es una contradicción al Evangelio.
Cuando un hijo ha cometido algo que no es correcto y que no se
debe tolerar, que debe ser tres cosas nada más, no se disciplina
a un hijo porque en descuido jugando rompió una pantalla de
treinta mil pesos. Eso es cosa de niños. Si estaba jugando, pues no hay
razón para qué disciplinarlo, no castigarlo. No es lo mismo
castigo que disciplina. Dios disciplina a sus hijos.
Dios ha castigado el pecado de su pueblo en su hijo y va a castigar
los pecados de aquellos que no crean en el infierno. Ahora,
un niño que accidentalmente rompe 30 mil pesos de una pantalla,
pues, son cosas de niños. ¿Qué es lo que debe disciplinarse?
Desobediencia. Y la obediencia debe enseñarsele
al niño que la obediencia debe tener tres características. La
primera es debe ser inmediata, debe ser con gozo y debe ser
sin excusa. Si al niño se le dice que recoja
los zapatos y el niño no hace caso, mamá o papá no deben repetir
esa instrucción otra vez. Y debe haber sesiones de entrenamiento
en la cual al niño decirle, enseñarle, por ejemplo, agáchate, párate,
y enseñarle que la obediencia puede librar su vida de la muerte.
Y si el niño contesta, no quiero, o lo hace, hermanos, hay padres
que dicen, recoge los zapatos a la una, recoge los zapatos
a las dos, y estás enseñando a ese niño a contar, pero no
a obedecer. Cuando al niño se le da la orden, si la obediencia
no es inmediata, entonces el niño debe ser disciplinado. Ahora
hay un asunto importante. Eso que ese niño hizo de no obedecer
o desafiar a la autoridad, algo que no se debe tolerar es que
le diga a su mamá, estás loca, o cosas de ese tipo, no se deben
de tolerar. Hermanos, cuando el niño hace
eso, papá y mamá tienen que ser conscientes de algo. lo que ese
niño está haciendo es el que resiste a la autoridad al establecido
por Dios, resiste. O sea, ese niño es un aborrecedor
de Dios y está manifestando que él aborrece a Dios, porque él
no quiere la autoridad, porque la autoridad es establecida de
Dios, de parte de Dios. Y papá y mamá, en amor, vienen
al rescate, al equipo de rescate. ¿Y qué es lo que se tiene que
hacer? ¿Qué es lo que merece ese niño por causa de esa desobediencia?
¿Sabe qué es lo que merece ese niño? Lo que va a hacer papá
y mamá no es darle lo que merece. Si papá y mamá están pensando
darle lo que merece, están muy equivocados. Lo que ese niño
merece por esa desobediencia es el infierno, es la justa ira
de Dios, que no tiene nada que ver con una disciplina. ¿Y sabe? Papá y mamá en amor van a tomar
al niño, llevarlo, y se le debe disciplinar no para lastimarlo,
y debe doler. Dice la Biblia, no rehúses corregir
al muchacho si lo castigas con vara, no morirá. Y la vara no
es un pedazo de palo rígido. La vara bíblica era una vara
flexible que no puede causar fractura ni lesión. Y es darle
mayormente en las sentaderas donde al niño verdaderamente
le duela. Y después de haberlo disciplinado,
la idea es disciplina no es castigo, no lo estamos haciendo pagar,
lo estamos entrenando en la disciplina, y la figura es muy clara en la
Escritura allá en Hebreos. El creyente tiene disciplina
de Dios, pero no castigo, y no hay temor, tampoco hay castigo. Dice, Hebreos 12, 5 al 11 dice,
Ya han olvidado la exhortación que como a hijos se les dirige.
Hijo mío, no menospreces la disciplina del Señor, ni te desanimes cuando
te reprenda. Porque el Señor disciplina al
que ama, y azota a todo aquel que recibe como hijo. Si ustedes
soportan la disciplina, Dios los trata como a hijos. ¿Acaso
hay algún hijo a quien su padre no discipline? Pero si a ustedes
se les deja sin la disciplina que todo el mundo recibe, entonces
ya no son hijos legítimos, sino ilegítimos. Por otra parte, tuvimos
padres terrenales, los cuales nos disciplinaban y los respetábamos.
¿Por qué no mejor obedecer al Padre de los Espíritus y así
vivir? La verdad es que nuestros padres terrenales nos disciplinaban
por poco tiempo y como mejor les parecía, pero Dios los Dios
lo hace para nuestro beneficio, para que participemos de su santidad.
Claro que ninguna disciplina nos pone alegres al momento de
recibirla, sino más bien tristes, pero después de ser ejercitados
en ella, nos produce un fruto apacible de justicia. Hermanos,
no castigamos a nuestros hijos cuando tiene que haber disciplina
eclesiástica. Bueno, la predicación es disciplina.
Y mucha gente cree que la disciplina es necesariamente exhibir al
pecador y no juntarse con él y hacerlo que se sienta mal para
que pague por lo que hizo. No, hermano. Lo que él merece
por lo que hizo es el infierno. La disciplina es para restaurarlo.
y la idea es cuando el niño no obedece se supone que estamos
modelando el amor estamos en el amor y en la familia el padre
representa al padre al padre celestial y lo que hay que hacer
es traer al niño no con ira si usted empieza a decir recoge
los zapatos recoge los zapatos lo va a decir cada vez elevando
el volumen elevando el volumen y va a llegar un momento en que
lo que usted va a hacer no es una disciplina bíblica sino una
descarga de ira Así que no tiene nada que ver sus emociones de
ira, sino es, dio la orden, el niño no se movió, usted va, lo
toma, lo lleva a un lugar privado, y usted le explica al niño, hijo,
Dios manda que obedezcas. Y la obediencia debe ser, y si
el niño va, y si va a la primera, pero va zapateando, como dicen,
chupando hueso, tampoco es obediencia. Entonces se le debe llevar y
explicarle, hijo, la disciplina es inmediata, es sin excusa,
el niño no tiene que decir, es que yo no lo tiré. No le preguntamos
si él lo tiró. El niño puede apelar, pero lo
debe hacer camino a la obediencia. Y llevar al niño y explicar,
hijo, dice la escritura así, hijos, obedeced a vuestros padres
en el Señor porque esto es justo. Tú debes obedecerme, no porque
soy el más grande, no porque soy el que trae el dinero a casa,
porque Dios lo manda. Porque Dios lo manda para tu
bien. Dice, obedeced a vuestros padres en el Señor, porque esto
es justo. Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento
con promesa. Hijo, te has salido de ese círculo
y te voy a rescatar. Y el rescate es usar la disciplina
bíblica. Y después de azotar al niño con
la vara, no es dejarlo ahí tirado para que esté llorando en el
rincón y ahogándose con sus mocos. Es para abrazarlo. y decirle
hijo te amo y te disciplino porque te amo no obedecer puede ser
causa incluso de muerte y hay situaciones reales de familias que estaban en un
campo y había una familia que había entrenado a sus hijos en
obediencia y otra familia que no lo había hecho y los niños
jugando, corrían y de pronto los padres se dieron cuenta que
el lugar donde corrían era un cerro que estaba cortado y el
padre que había entrenado en obediencia a sus hijos dio una
orden y sus hijos se detuvieron y los hijos que no estaban entrenados
se accidentaron. Hermanos, si el hijo no obedece
a la primera, si el hijo tiene que tener explicaciones antes
que obedecer, puede morir por causa de la desobediencia. Pero
traer al hijo y enseñarle, hijo, es porque Dios lo manda para
tu bien, porque Dios me ha puesto como autoridad. Esa obediencia es imposible para
ti. Pero te voy a entrenar. Cada sesión de disciplina, hermanos,
es una oportunidad del evangelio. El evangelio es central en nuestra
vida. Toda la vida es el evangelio. Y es la oportunidad de traer
al niño y decirle, hijo, Por causa de esa desobediencia, Cristo
murió en la cruz. Pero Cristo no solo murió en
la cruz para pagar tu pecado, sino vive. Y si tú crees en Cristo
y confías en Cristo, te puede dar el poder para obedecer. Y
no lo vamos a llevar a repetir una oración, pero cada vez presentarle
el Evangelio. A veces en clases de niños le
preguntan a los niños si son pecadores y los niños dicen que
no son pecadores. Pero en una sesión de disciplina
es evidente que al niño se le hace claro que es el pecado.
Hermanos, no bajar la norma. Bajar la norma es cruel. Hay
un escritor que dice que es cristiano, que dice que un niño no debe
empezar una batalla, una pelea, pero si la empiezan tiene que
saber terminarla. Y, hermanos, ese consejo, aunque
es de un doctor famoso que dice que es cristiano, no es bíblico.
Porque si al niño lo burlan en la escuela y yo le digo, hijo,
no les hagas caso. Hay cosas donde solo se necesita
el sentido común. Si es un gorilón el que me está
fastidiando, pues no le voy a hacer caso. Pero para hacer eso no
se necesita el evangelio, hermano. Y si el otro que me está fastidiando
está más chico, pues le doy una paliza, pero tampoco se necesita
el Evangelio. La norma es, bendice al que te
maldice, hazle el bien. Y para eso se necesita el Evangelio.
Para obedecer con alegría a la primera, sin excusa, se requiere
el Evangelio. Sólo Cristo obedeció de esa manera,
con una buena actitud de su corazón. Hermanos, disciplina no es hacer
pagar a alguien. No estás haciendo pagar al niño.
Si estás haciendo pagar al niño, y esa es la actitud que estás
transmitiendo, estás haciendo una mala representación del Padre
Celestial. El Padre Celestial disciplina
a sus hijos para su bien y son oportunidades para el Evangelio.
Y todo lo que es disciplina no tiene nada que ver con hacer
pagar a la persona. Dios disciplina a sus hijos.
Sus pecados ya han sido pagados. Disciplina. A veces Dios puede
disciplinarnos de diferentes maneras. Y va a doler porque
dice el que lleva fruto lo va a limpiar para que lleve más
fruto. Y algunas veces esa disciplina duele. Pero Dios no lo está haciendo
para hacernos pagar, sino lo está haciendo para hacernos crecer
a la imagen del Señor Jesucristo. Hermanos, en el amor no hay temor. En el amor no hay temor. En el
amor no hay castigo. No hay castigo. El castigo de
nuestra paz fue sobre él. Los que tengan oportunidad de
aconsejar a matrimonios jóvenes, aconsejarles acerca de la disciplina.
Sobre todo en un mundo lleno de mentiras, donde se dice que
al niño no le debes decir no porque lo vas a traumar. O sea,
siempre hay que ver cómo darle las vueltas. Hay que razonar
con ellos. Los niños no tienen un problema
de falta de razonamiento. Los niños tienen un problema
de pecado en su corazón y de resistencia a Dios, de rebelión
contra la autoridad. Eso es lo que se hace manifiesto
en los niños. Aborrecen a Dios, por tanto, aborrecen la autoridad.
Un niño en desobediencia, hermano, está jugando a un juego peligroso
y papá que lo entiende va a orar por él, papá que lo entiende
va a disciplinar y va a presentar el evangelio en la disciplina.
Un niño cuando desobedece está diciendo, yo soy la autoridad
para mi vida. ¿Sabe qué está haciendo un niño
cuando desobedece? Está jugando a lo que jugó Herodes, a sentarse
en el trono de Dios. Y Herodes murió comido por gusanos.
Y un papá que entiende el Evangelio, va a ir en rescate de su hijo,
por amor. Y no va a ir en descargas de
ira. Y papá que entiende el Evangelio tiene que tratar con su corazón
antes que tratar con el corazón de su hijo. Antes de hacer una
disciplina, uno tiene que responderse a la pregunta, ¿qué es lo que
me impulsa? ¿Es la gloria de Dios? Muchas veces los padres
tenemos nuestros ídolos del respeto de la... de nuestro... nuestra reputación. Cuando llega
el reporte de la escuela, que nuestro hijo insultó al director,
y lo primero que viene a nuestra mente es, ¿qué pensarán todos
los maestros de mí? Que eso es lo que te enseño.
Dios, yo no puedo ver el corazón de mi hijo pero Dios ha expuesto
su corazón para que en disciplina yo pueda ministrarlo y lo único
que por los ídolos de mi corazón logro ver es mi reputación y
salimos con tonterías como me mato todo el día trabajando y
eso es lo que vas a hacer a la escuela lo más importante no
es la gloria de Dios sino es mi reputación es padres que se
paran delante de sus hijos y lo último que vas a hacer aquí es
me tienes que respetar el ídolo del respeto. No es malo desear
que nuestros hijos nos respeten, pero es malo desearlo más que
a Dios y a su gloria. Hermanos, golpes iracundos que
no son propiciados porque amamos a Dios y su gloria, no son disciplina
bíblica. No hay castigo donde hay amor.
Donde hay amor, hay disciplina. Es muy distinto. Ahora, en el
amor En el amor perfecto se perfecciona
nuestro amor. Hermano, está creciendo cada
día tu amor. ¿Cómo hacemos para estar en ese
amor perfecto? Dice, y nosotros hemos conocido.
Empezamos a estar en ese amor perfecto cuando Dios abre nuestros
ojos y vemos a Cristo. Y miras a Cristo y miras su gloria.
Miras a Cristo que es santo, santo, santo. Miras a Cristo
y te sorprende que Cristo dice, como la mujer samaritana, trae
a tu marido. Dice, no tengo marido. Y el Señor
le dice toda la verdad cuando nos sorprendemos, como se sorprendió
la samaritana, o como se sorprendió a Felipe cuando le dijo, Natanael,
cuando le dijo antes que Felipe te llamara cuando estabas debajo
de la higuera, te vi. Cuando vemos a ese Cristo que
sabe todo en nosotros, que ve lo más profundo de nuestro corazón,
dice entonces le conocemos, hemos conocido y creído y empezamos
a confiar en ese amor, empezamos a confiar plenamente en el Señor
Jesucristo y ya no tratamos de esconder nuestros pecados, no
tratamos de culpar a otros de nuestros pecados. Cuando me enojo
contra mi esposa puedo decir perdóname. he pecado, pero cuando
me enojo contra mi esposa y termino diciendo pero es que tú hermanos hay cosas que a veces
decimos que son tristes es que tú me haces enojar hermano nadie
te puede hacer enojar es una decisión de tu corazón tú decides
enojarte porque seguramente tu enojo viene de que estás adorando
algún ídolo Y a veces el enojo puede ser correcto. Nuestro problema
es que desviamos el enojo correcto. Nos podemos enojar a la manera
de Dios o a la manera del diablo. Las dos personas más enojadas
en la Escritura son Dios. Dios está airado. Y Satanás está
airado. Y hermanos, el amor, en el perfecto amor
se perfecciona el amor. Crecer en amor. Crecer en amor
para nuestras esposas. Crecer en amor para nuestros
hermanos. Y vamos creciendo en el amor porque no hay temor.
Hermano, no hay... Le preguntaba yo a una persona
y le digo así, ¿Usted sabe? ¿Usted sabe quién es la persona
más pecadora en su iglesia? Y se quedó pensando un rato y
dijo, pues eso solo Dios lo sabe. ¿Y usted sabe cuál es la persona
más pecadora en su familia? Y me dijo, bueno, pues nadie
es perfecto, cometemos errores. Si nosotros hubiéramos preguntado
a Pablo quién era el más pecador en su familia, hermano, yo espero
que usted sabe quién es el más pecador en su casa y en la iglesia. Una de las cosas que nos hace
saber quién es el más pecador y salir y decirlo es que estamos
en el amor, porque no hay temor de decirlo. Porque yo ya no necesito
poner hojas de higuera para presentarme más bueno de lo que en realidad
soy. porque yo confío que Cristo ha sido castigado en mi lugar. Y eso hace que el amor se perfeccione. Porque yo puedo salir y decir,
hijo, perdóname. He amado más mi reputación y
no pude amarte. He amado más mi comodidad. Recuerdo
una vez caminando con mi hijo y de pronto le ladró un perro.
Y mi hijo se bajó asustado de la banqueta y lo jalé Y había
enojo en mi corazón. Y yo no podría justificar eso
y decirles que estoy preocupado por el bienestar de mi hijo.
Pero examinando mi corazón Dios me mostró El enojo de mi corazón
era porque si lo atropellaban o pasaba alguna otra cosa, salía
de mi comodidad. Estaba yo más interesado en mi
comodidad que en amar a mi hijo y tratarlo con amor. Hermanos,
sólo cuando Dios obra en nuestro corazón podemos salir y decir,
muchos padres creen que nunca le tienen que pedir perdón a
sus hijos. Hermanos, evitemos estar en un pedestal para nuestros
hijos. Tenemos que pedirle perdón a
nuestros hijos, a nuestras esposas y a cada persona que ofendemos.
Y eso solo es posible cuando Dios está presionando su amor,
porque entendemos que en ese amor no hay temor. Y podemos
salir y decir, hijo, he pecado. No he amado a Dios y no he podido
amarte. He amado al ídolo de mi comodidad.
Cuando Dios, no seamos tan rápidos. Recuerdo otra ocasión de pronto
ver a mi hijo maltratar a un niño de una manera Desagradable. De pronto yo sentía algo caliente
y Dios me hizo recordar algo. Y le doy gracias a Dios porque
me hizo acercarme de una manera diferente y decir, hijo, quiero
pedirte perdón. Porque lo que tú acabas de hacer,
tú has visto que yo lo hago. Y he sido un mal ejemplo para
ti. El hecho de que yo lo haya hecho, yo no lo vi tan mal cuando
yo lo hice. Porque somos así. Solemos ver
muy mal lo que hacen otros. Somos ciegos a nuestra propia
ceguera. Pero Dios me ayudó a sacar la viga de mi ojo para ayudar
a mi hijo a sacar la paja de su ojo. Decirle, hijo, lo vi
ahora mal, pero tú lo has visto en mí. Y el hecho de que lo hayas
visto en mí no quiere decir que está bien. Eso es pecado. Yo
he pecado contra Dios y contra ti, y te he llevado un ejemplo
de pecado. Necesitamos pedir perdón a Dios.
Y eso es, hermano, no vas a perder el respeto de tu hijo, ni el
amor de tu hijo. Tu hijo va a aprender que eres
no mejor que él, sino eres un co-pecador, necesitado de la
misma gracia. No alguien jamás se equivoca.
Hay familias que tratan de mantener delante de la gente que son la
familia perfecta. Hay padres, hijos que de pronto
están tan desilusionados de sus hijos cuando descubren que todo
era una fachada. No necesitamos vivir fachadas.
En el amor no hay temor. No hay temor al juicio de Dios. No hay temor al juicio de la
gente. Pablo sabía quién era el primer pecador. Espero que
estar en el amor nos haya mostrado. El peor pecador, el más grande
pecador en mi casa no es mi esposa ni mis dos hijos. Soy yo. El
peor pecador en la iglesia soy yo. El apóstol Pablo lo sabía
bien porque estaba en el amor y él dijo, palabra fiel es esta
y digna de ser recibida por todos, que Cristo Jesús vino a salvar
a los pecadores de los cuales yo soy el primero. Pero nosotros
solemos no crecer en el amor porque solemos creer que el peor
pecador es mi esposo y él tiene que cambiar. O creer que el peor
pecador es mi hijo, ese que es tan testarudo y desobediente,
él tiene que cambiar. Y se nos olvida que el primer
pecador soy yo. Y la prioridad de Dios para transformarme
es transformarme a mí. En el amor no hay temor. No tener
temor de salir y decir, he pecado. No tener temor de salir y reconocer,
he decidido enojarme porque he amado mi descanso, mi comodidad,
mi reputación. He pecado porque he confiado. ¿Y ustedes saben qué? Hermanos,
en el amor no hay temor. Vivimos en medio de un mundo
de peligro. El peligro y la maldad acecha. Vivimos en medio de un
mundo de mentiras. Vivimos en medio de una generación
maligna y perversa. Pero en el amor no hay temor.
Lo más grande que tenemos que temer, si estás en Cristo, está
resuelto. No hay condenación para los que están en Cristo.
Y después de eso, hermano, no hay nada que temer. Esas gentes
que creen que van a salirse con las suyas, Pueden hacer todo
el ruido que quieran, pero el Señor se reirá de ellos. El Señor
viene otra vez y viene a ejecutar venganza sobre sus enemigos.
Hermanos, no hay castigo. Cristo ha llevado nuestro castigo.
Hay disciplina. Disciplinemos a nuestros hijos.
Enseñemos a padres a disciplinar a sus hijos. Hablemos el Evangelio.
En la iglesia predicamos y la predicación es disciplina correctiva,
preventiva. Y cuando haya que haber disciplina
correctiva, va a ser en amor, no para tirar al hermano ahí
en un lado. Hermano, estar en el amor nos
hace ver quienes somos de verdad. Estar en el amor nos hace humildes,
porque estamos viendo a Cristo y estamos viendo cuán lejos estamos
de dar la medida. y nos hace humildes y que Dios
nos guarde de dejar de ver a Cristo. Cuando dejamos de ver a Cristo,
nos vamos a sentir orgullosos. Vamos a sentir que lo estamos
haciendo muy bien. Me voy a sentir mejor padre que el vecino. Me
voy a sentir mejor padre que mi padre. Me voy a sentir mejor
mejor esposo que mis vecinos. Pero cuando yo veo a Cristo que
amó a la iglesia hasta la muerte y muerte de cruz, tengo que arrepentirme. Porque fracaso como esposo, fracaso
como padre. Pero me gozo en que Cristo ha
pagado por mi fracaso. Y me gozo en que me ha dado su
espíritu. Y me gozo en que haciéndome reconocer pecado y pidiendo perdón,
nuestro amor se perfecciona y crece. Y se perfecciona hasta hacernos
a la semejanza de su hijo. Vamos a orar.

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Joshua

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