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JC

Quién es este hombre dividido?

Romans 7:14-25
Joel Coyoc September, 21 2022 Video & Audio
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JC
Joel Coyoc September, 21 2022
Estudios en Romanos

En el sermón titulado "Quién es este hombre dividido?", el predicador Joel Coyoc aborda la lucha interna del creyente, tal como es expuesta en Romanos 7:14-25. Coyoc señala que el "hombre dividido" es un cristiano que, tras el encuentro con Cristo, ha tomado conciencia de su incapacidad para cumplir la ley de Dios y experimenta una guerra espiritual entre su nueva naturaleza y su vieja naturaleza pecaminosa. A través de referencias escriturales, en particular Romanos 7 y Filipenses 3, se enfatiza que aunque la ley es "santa, justa y buena", el creyente se reconoce como "miserable" sin Cristo, quien cumple la ley en su lugar. La importancia de este mensaje radica en que el verdadero creyente reconoce su necesidad de la gracia de Dios y vive en gratitud por la salvación en Cristo, lo que contrarresta la satisfacción en las obras propias y conduce a una dependencia diaria de la obra redentora de Jesús.

Key Quotes

“Este hombre dividido es evidentemente alguien que Dios se le ha revelado en Cristo.”

“El creyente no menosprecia la ley, se regocija en la ley porque Dios le ha mostrado cuál es el carácter de la ley y cuál es el propósito de la ley.”

“El que puede mirar su miseria y el que puede gritar con desesperación: '¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?' es un creyente.”

“Gracias doy a Dios por Jesucristo, Señor nuestro.”

Sermon Transcript

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Vamos a abrir nuestras Biblias
en Romanos, capítulo 7. Dice la Palabra de Dios, Acaso
ignoráis, hermanos, pues hablo con los que conocen la ley, que
la ley se enseñorea del hombre entre tanto que éste vive? Porque
la mujer casada está sujeta por la ley al marido mientras éste
vive. Pero si el marido muere, ella
queda libre de la ley del marido. Así que, si en vida del marido
se uniere a otro varón, será llamada adultera. Pero si su
marido muriere, es libre de esa ley, de tal manera que si se
uniere a otro marido, no será adultera. Así también vosotros,
hermanos míos, habéis muerto a la ley mediante el cuerpo de
Cristo, para que seáis de otro, del que resucitó de los muertos,
a fin de que llevemos fruto para Dios. Porque mientras estábamos
en la carne, las pasiones pecaminosas que eran por la ley, obraban
en nuestros miembros, llevando fruto para muerte. Pero ahora
estamos libres de la ley, por haber muerto para aquella en
que estábamos sujetos, de modo que sirvamos bajo el régimen
nuevo del espíritu, y no bajo el régimen viejo de la letra. ¿Qué diremos, pues? ¿La ley es
pecado? En ninguna manera. Pero yo no
conocí el pecado sino por la ley, porque tampoco conociera
la codicia si la ley no dijera, no codiciarás. Mas el pecado,
tomando ocasión por el mandamiento, produjo en mí toda codicia, porque
sin la ley el pecado está muerto, y yo sin la ley vivía en un tiempo,
pero venido el mandamiento, el pecado revivió y yo morí. Y hallé
que el mismo mandamiento que era para vida, a mí me resultó
para muerte. Porque el pecado, tomando ocasión
por el mandamiento, me engañó, y por él me mató. De manera que
la ley a la verdad es santa, y el mandamiento santo, justo
y bueno. Luego, lo que es bueno vino a
ser muerte para mí en ninguna manera, sino que el pecado, para
mostrarse pecado, produjo en mí la muerte por medio de lo
que es bueno, a fin de que por el mandamiento el pecado llegase
a ser, sobremanera, pecaminoso. Porque sabemos que la ley es
espiritual, mas yo soy carnal, vendido al pecado. Porque lo
que hago no lo entiendo, pues no hago lo que quiero, sino lo
que aborrezco eso hago. Y si lo que no quiero esto hago,
apruebo que la ley es buena, de manera que ya no soy yo quien
hace aquello, sino el pecado que mora en mí. Y yo sé que en
mí, esto es en mi carne, no mora el bien. Porque el querer el
bien está en mí, pero no el hacerlo. Porque no hago el bien que quiero,
sino el mal que no quiero, eso hago. Y si hago lo que no quiero,
ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí. Así que queriendo
yo hacer el bien, hallo esta ley, que el mal está en mí. Porque según el hombre interior,
me deleito en la ley de Dios. Pero veo otra ley en mis miembros
que se revela contra la ley de mi mente, que me lleva cautivo
a la ley del pecado que está en mis miembros, miserable de
mí. ¿Quién me librará de este cuerpo
de muerte? Gracias doy a Dios por Jesucristo,
Señor nuestro. Si que yo mismo con la mente
sirvo a la ley de Dios, más con la carne a la ley del pecado. Vamos a meditar los versículos
del catorce al veinticinco, y nuestro tema es una pregunta, es ¿Quién
es este hombre? ¿Quién es este hombre dividido? Una de las Uno de los conocimientos
más necesarios es nuestro conocimiento de Dios y después es el conocimiento
de nosotros mismos. No es posible conocernos a nosotros
mismos sin conocer a Dios, uno porque somos imagen de Dios,
la otra es porque habiendo caído en pecado somos imágenes distorsionadas
que por algún momento podemos sentir satisfechos con nosotros.
Y mientras no veamos la gloria de Dios, mientras no veamos a
Dios en Cristo Jesús, pues vamos a seguir muy probablemente satisfechos
con nosotros. En verdad este hombre dividido
es un hombre que muestra no estar satisfecho consigo mismo. ¿Quién es este hombre dividido?
Bueno, hay personas que creen que esto es el Apóstol Pablo
antes de creer en el Señor Jesucristo. Otros creen que es en el momento
en que empezó a tener conciencia del pecado. La verdad es que
Algo que hemos estado repitiendo constantemente es recordar que
somos justificados solamente por la fe, solo por la gracia
de Dios, solo por la obra del Señor Jesucristo. Y en verdad,
¿quién es este hombre dividido? En primer lugar, este hombre
dividido evidentemente es alguien que Dios se le ha revelado en
Cristo. Evidentemente, este hombre dividido es alguien que Como
dice el apóstolo Juan, esta es la vida eterna, que te conozcan
a ti el único Dios verdadero. Y este hombre dividido, sus ojos
han sido abiertos. Él ha dejado de tener satisfacción
consigo mismo. Él está empezando a ser instruido
por el Señor. Ese Señor que dice, engañoso
y perverso es el corazón del hombre, ¿quién lo conocerá? Dios
es el que conoce el corazón y cuando nosotros conocemos a Dios, cuando
Dios se muestra a nosotros en Cristo Jesús, nosotros salimos
de satisfacción con nosotros y vamos a experimentar en verdad
esta realidad de un hombre dividido. ¿Quién es este hombre que ve
la ley espiritual? El versículo 14 dice, porque
sabemos que la ley es espiritual, en verdad este hombre no es nada,
nadie más que un creyente. Si alguien no es un creyente,
no logra ver la dimensión espiritual de la ley. Los fariseos podían
ver solamente mandamientos, pero no veían el carácter del Señor,
no veían que era algo que demandaba no sólo un cumplimiento externo,
sino una integridad, una perfecta relación entre lo que se hace
externamente y lo que se experimenta internamente. El hecho de poder
captar la realidad de que el mandamiento se puede aparentemente
cumplir de manera externa, pero violarlo en el corazón, como
el Señor Jesús les dijo, a aquellos que a pesar de tener en alta
estima la ley, pues en verdad no vieron a aquel de quien la
ley da testimonio. Dios, al final sabemos que no
se trata del que quiere ni del que corre, sino de Dios que tiene
misericordia. Y al final, a pesar de que ellos
eran expertos, uno puede mirar el testimonio del apóstol Pablo.
Este es el apóstol Pablo, y es cada creyente que por la gracia
de Dios ha visto que la ley es espiritual. Pablo está aquí haciendo
énfasis. El creyente no menosprece a la
ley. El creyente no tiene en poco la ley de Dios. El creyente
se regocija en la ley porque Dios le ha mostrado cuál es el
carácter de la ley y cuál es el propósito de la ley. El creyente
tiene en estima la ley, pero él sabe que él ha muerto a esa
ley porque en sí mismo él es incapaz de cumplirla. El apóstol
Pablo dice, porque sabemos que la ley es espiritual, la ley
es espiritual. Y cuando pensamos en creyentes
de otros tiempos, que Dios les mostró también que la ley es
espiritual, creyentes de otros tiempos como el que escribió
el Salmo 19, donde dice la ley de Jehová es perfecta, que convierte
el alma. La ley de Jehová es perfecta,
o el Salmo 119 que va hablando, oh, cuánto amo yo tu ley, todo
el día es mi meditación. Ahora, ¿cómo es que él llega
a saber que la ley es espiritual? Porque Dios ha hecho una obra
en su corazón, porque Dios ha cumplido el propósito por el
cual dio la ley, y es que cuando él mira esa ley, porque Dios
se ha dado vida, porque Dios le ha mostrado su gloria, y él
empieza a mirar Lo que el Señor Jesús le mostró a aquellos discípulos
que venían de Maús, les abrió todo el Antiguo Testamento y
les empezó a mostrar que Jesús es el cumplimiento de la ley,
que Él es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo,
que Él es aquel que se deleita en hacer la voluntad del Padre
de manera perfecta. Y entonces, cuando se puede ver
de esa manera, porque Dios nos ha dado ojos espirituales, hay
algo que va a suceder inevitablemente. cuando captamos que la ley es
espiritual vamos a mirar el carácter de dios en la ley y no simplemente
listas de mandamientos para seguir a buscar al que está adulterando
y traerlo para pedrear porque vamos a ver la gloria de dios
manifestada y cuando miramos la gloria de dios manifestada
hay algo que inmediatamente vamos a mirar yo soy carnal yo soy
vendido al pecado y el creyente está consciente porque mira en
la perfecta ley como dice santiago en capítulo uno Y Santiago utiliza
esta imagen y el correcto uso de la ley. Versículo, capítulo uno de Santiago,
versículo veinticuatro dice, pero el que se considera a sí
mismo y se va, luego olvida cómo era. Dice, más el que mira atentamente
en la perfecta ley, la de la libertad, y persevera en ella,
no siendo oidor olvidadizo, sino hacedor de la obra, éste será
bienaventurado en lo que hace. Hermanos, el hecho de poder mirar
en la perfecta ley, la de la libertad. Y mirar, cuando hemos
muerto a la ley como medio de justificación, podemos mirar
en la perfecta ley de la libertad, que es esa en que Dios, por su
espíritu, te muestra el carácter espiritual de la ley y te muestra
a Cristo. Y cuando miras a Cristo ahí y
miras cuán lejos estás de ser lo que tienes que ser, y miras
perfectamente en la ley de la libertad, y entonces empiezas
a mirar La ley espiritual, pero yo soy carnal. Yo tengo una vieja
naturaleza. Yo tengo una vieja naturaleza
que aún sigue vendida al pecado y que está ahí batallando contra
la nueva naturaleza que Dios me ha dado al darme el nuevo
nacimiento. Lo que hago, dice, porque sabemos
que la ley es espiritual, más yo soy carnal, vendido al pecado. Este hombre que puede mirar el
carácter espiritual de la ley, y cuando va a la ley, él mira
a Cristo, y cuando él mira a Cristo, mira a sí mismo, y le ocurre
que ve su realidad. Esto lo podemos ver en diferentes
lugares en todo el Antiguo Testamento, personas a las cuales Dios les
mostró su gloria. Y cuando Manoa vio eso, él pensó
que iba a morir. Cuando Isaías vio la gloria de
Dios, también dijo, ay de mí que soy muerto. Juan en la isla de Patmos vio
al Cristo resucitado, dice, caí como muerto a sus pies. Y qué
bendición de poder mirar, que miramos en la perfecta ley, que
miramos en la ley que es espiritual. Y hermano, eso solo lo puede
mirar alguien que ha nacido de nuevo, alguien que es creyente,
el creyente lejos de estar pensando que ya lo ha logrado. Pablo es
este hombre y los creyentes somos este hombre dividido. un Pablo
que antes de estar en Cristo, pues él decía, pues si alguien
tiene de qué quejactarse, pues yo más, y él no había mirado
que la ley era espiritual, y él decía, pues, y él da una lista
allá en Filipenses, y se puede captar, yo no sé si
usted puede, pero se puede captar la actitud del apóstol Pablo
de cómo, pues, los los fariseos a la la arrogancia en lo que
él está narrando aquí y él dice capítulo tres versículo dice versículo cuatro después
de decir porque nosotros somos la circuncisión los que en espíritu
servimos a Dios y nos gloriamos en Cristo Jesús no teniendo confianza
en la carne Dice, porque yo tengo también de qué confiar en la
carne, si alguno piensa que tiene de qué confiar en la carne. Hermanos,
este hombre, antes de estar en Cristo, era un hombre que creía
que cumplía la ley, porque no veía la dimensión espiritual
de la ley. Pero el creyente sabe que aún
tiene una batalla. Y el creyente está confiando
no en sí mismo. Y el creyente que tiene el corazón
dividido, pero Dice Pablo, dice versículo 12 del capítulo 3 de
Filipenses, no que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto, sino
prosigo para ver si logro asir aquello para lo cual fui también
asido por Cristo Jesús. Hermanos, yo mismo no pretendo
haberlo ya alcanzado, pero una cosa hago, olvidando ciertamente
lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está adelante, prosigo
a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo
Jesús. Hermanos, el creyente es alguien
consciente de su lucha, alguien consciente de su necesidad de
dependencia cada día del Señor. No es alguien que siente, yo
ya lo logré, yo ya cumplí la ley. No, él sabe, he muerto la
ley, Cristo ha cumplido la ley por mí. En mí aún hay una vieja
naturaleza que batalla y quiere hacer todo lo contrario a lo
que la ley dice. Y cuando mira eso, pues este
hombre que lucha, la respuesta es el apóstol Pablo, y somos
los que estamos en Cristo. Que por gracia de Dios vemos
el carácter espiritual de la ley. Que hemos dejado de ver
simplemente una lista de cosas que creemos poder cumplir. Y
queremos estar satisfechos porque cumplimos. Mire que, por ejemplo,
cómo se nota la satisfacción en uno mismo. Cuando el hombre,
el Señor Jesús, narró acerca de los dos que fueron a orar,
pues había uno que no veía el carácter espiritual de la ley.
Y él estaba demasiado satisfecho al punto de que él decía, Señor,
yo te doy gracias, porque yo no soy como los otros hombres.
y empezó a decir una lista de lo que, según él, estaba cumpliendo
la ley. Pero un hombre que empieza a
ser consciente de su miseria y está sin levantar los ojos
diciendo, Señor, se propicio a mí, el pecador. Y hermano,
ese es el verdadero propósito de la ley. Llevarnos, no a sentir
que ya estamos casi tocando el cielo. a mirar que estamos sentados
en los lugares celestiales con Cristo, pero no por causa de
lo que nosotros hacemos, sino por causa de lo que Cristo ha
hecho. Él cumplió la ley por nosotros. Ahora, Él, este hombre, ¿quién
es este hombre que ve en su lucha una confirmación de que la ley
es buena? En verdad, el hombre que intenta
por sí mismo cuando logra se vuelve un orgulloso alguien que
puede decir pues quién se va a medir conmigo o de lo contrario
se vuelve alguien con frustración que pues nada más no puede cumplir
pero no pasan nada más de estar frustrado y enojado con la ley
no obstante el creyente Cuando mira su lucha y mira su realidad,
dice el versículo 15, porque lo que hago no lo entiendo, pues
no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco eso hago. Versículo
16 dice, y si lo que no quiero esto hago, apruebo que la ley
es buena. Y el creyente no está enojado
con la ley. El creyente ve bondad en la ley.
El creyente ve que la ley es un acto de misericordia. ¿Qué
es lo que debió Dios hacer con nosotros después de haber pecado?
Pues hacer lo que Él había dicho, fulminarnos, derramar toda su
ira. Pero un acto de misericordia
Él empieza a revelar a Su pueblo, Su carácter, a través de la ley.
Dio la ley en general, y muchos que tenían la ley, como ahora
se sigue predicando, Y muchos no terminan más que escuchando
algo que de pronto dicen, pues no he escuchado nada nuevo, lo
mismo que he escuchado en todos los lugares. Eso es lo que sigo
escuchando. Pero el creyente mira lo que
hay en la ley, y el creyente cuando mira su incapacidad, lejos
de estar enojado, agradece a Dios porque es un acto de misericordia.
Es un acto que te lleva a mirar cuán lejos estás de dar la medida,
y que, como vamos a ver más adelante, pues te mueve a ir al único lugar
donde hay esperanza, porque esa ley te hace quedar sin esperanza. Y cuando miras un fracaso, evidentemente
es un creyente, porque se levanta diciendo, la ley es buena. Se
levanta diciendo, la ley de Jehová es perfecta, que convierte el
alma. El testimonio de Jehová es fiel, que hace sabio al sencillo.
O se levanta diciendo, oh, cuánto amo yo tu ley, todo el día es
mi meditación. Pero si no es creyente, después
de que no puede cumplir, pues, o se engaña a sí mismo. tratando
de mantener una fachada de que cumple la ley o pues en desánimo
y en frustración pues a vivir la vida y hacer lo que haya que
hacer que total nunca vamos a poder cumplir pero no es ni la esperanza
en uno mismo ni la desesperanza sencillamente el que puede decir
cuando yo miro esto en mí termino diciendo la ley es buena es un
creyente Dice, después dice, de manera que ya no soy yo quien
hace aquello, sino el pecado que mora en mí. Y yo sé que en
mí, esto es en mi carne, no mora el bien, porque el querer el
bien está en mí, pero no el hacerlo. Porque no hago el bien que quiero,
sino el mal que no quiero, eso hago. Y si hago lo que no quiero,
ya no lo hago yo, sino el pecado que mora en mí. Así que queriendo
yo hacer el bien, hallo esta ley, que el mal está en mí, porque
según el hombre interior, me deleito en la ley de Dios, pero
veo otra ley en mis miembros, que se revela contra la ley de
mi mente, y me lleva cautivo a la ley del pecado que está
en mis miembros. Y hermanos, aquí él va describiendo
esa batalla, esa batalla que nosotros sabemos cuántas veces
De pronto sucede algo y sabemos, por ejemplo, dice la
Escritura, dad gracias en todo, porque esa es la voluntad de
Dios para con vosotros en Cristo Jesús. Y cuando, por ejemplo,
pues se logra algún negocio y sale como uno piensa, pues no es tan
difícil decir, Señor, gracias. Pero de pronto cuando estás haciendo
una garantía que ya va segunda vez y cae la lluvia y se echa
a perder otra vez, hay algo adentro que, pero gracias a Dios que
nos sostiene y que nos recuerda que al final Dios es sabio y
sabe lo que está haciendo y eso es lo que se necesita y por eso
Dios lo está haciendo. pero en verdad hay una batalla,
hay una lucha, hay una lucha entre el querer dar gracias a
Dios y también hay una esperanza, porque sabemos que cuando hay
esa resistencia, pero podemos venir también y confesar nuestro
pecado. Y hermanos, él, ¿qué es una de
las cosas importantes? Está haciendo una descripción
de la lucha, Pero no nos equivoquemos en pensar que este hombre, que
es un creyente, evade la responsabilidad. El lenguaje que está ahí, alguien
pudiera pensar que Pablo está diciendo que él no es responsable. Y que Dios nos guarde de pensar
en esa manera. Pablo no está de ningún modo
evadiendo responsabilidad. Muy por el contrario, el creyente
asume responsabilidad. El creyente, Pablo no está diciendo
aquí que él no es el que peca. Porque en otras ocasiones, Pablo
habla y dice en el sentido positivo también, como si él no lo hubiera
hecho. Dice el apóstol Pablo, de las
cosas que ha hecho, dice, he hecho más que todos. Dice, pero
no he sido yo, sino su gracia. Y no quiere decir que Pablo estaba
durmiendo, o sea, Pablo estaba activamente haciendo lo que había
que hacer. Pero él decía, es la gracia de Dios conmigo. Y
en ese mismo sentido está usando aquí para hablar no evadiendo
responsabilidad. Pablo no está aquí de ninguna
manera hablando como algunas personas suelen hablar hoy día.
Oye, hay gente que de pronto dice, el diablo me lo hizo hacer.
Y eso es echar la culpa a alguien y evadir la responsabilidad.
El diablo nos tienta, pero el diablo no puede hacernos pecar.
Nosotros, en un acto de incredulidad, pues dudamos de la verdad de
Dios, creemos la mentira del diablo. Buscamos la satisfacción
momentánea que el diablo nos está ofreciendo con sus mentiras.
Decidimos satisfacer nuestra carne, hallar el gozo en otro
lugar que no es en Dios, pero no es correcto decir, el diablo
me lo hizo hacer. El diablo me tienta, y Pablo
de ninguna manera está diciendo aquí algo que se parezca a eso,
porque él ha usado este lenguaje en otros escritos, hablando de
cómo él ha hecho cosas, y dice, no yo, sino la gracia de Dios.
Y eso es porque Él da toda la gloria a Dios, y en ese sentido
está asumiendo responsabilidad, y está asumiendo responsabilidad
en el sentido de que aún pues mi vieja naturaleza está en mí,
o sea, soy yo quien soy responsable. Y todo esto es acorde a todos
los escritos de la Escritura. De lo contrario, no tendría sentido
decir Si alguno hubiere pecado, abogado
tenemos para con el Padre a Jesucristo el justo. O sea, en verdad hay
una lucha. Y mi vieja naturaleza quiere
seguir haciendo lo que no agrada a Dios. Mi vieja naturaleza quiere
seguir revolcándose a veces en la rebelión por no estar satisfecho
con lo que Dios hace. Pero soy yo que soy tentado. que puede ser el diablo que me
tienta, puede ser mi carne que es una fuente de tentación. Y
Pablo aquí está recordando algo. Hermano, a pesar de que tenemos
una nueva naturaleza, Dios nos ha dado de su espíritu, estamos
habitando en un cuerpo que no es como los griegos decían que
este cuerpo es por naturaleza malo y es la cárcel del alma.
pero el problema es que este cuerpo caído no es el cuerpo
adecuado para la vida espiritual y se constituye en una fuente
de tentación para nosotros es un cuerpo que se enferma y la
enfermedad no nos hace pecar pero puede ser una fuente de
tentación cuando uno Tiene hambre, uno no puede decir que pecó porque
tiene hambre. O sea, no es el hambre que me
hizo pecar, pero sí para algunos de nosotros tener hambre puede
constituirse una fuente de tentación. Pero eso no quita nuestra responsabilidad. Este cuerpo nos tienta y tenemos
responsabilidad. Y Pablo no está hablando aquí
en un lenguaje que va de la responsabilidad. Él es responsable. De hecho,
tan es responsable que él justo el mirar su responsabilidad
es lo que le hace mirarse como un miserable. Si él no fuera
responsable entonces no tiene sentido mirarse miserable, pero
en verdad es que cuando vemos la gloria de Dios vamos a mirar
nuestra realidad. Hermano, eso pone todo el énfasis
en lo que Pablo siempre exaltaba que era la gloria de Dios. Por eso Él dice, cuando Él hizo
algo correcto, no yo, sino la gracia de Dios conmigo, y por
la gracia de Dios soy lo que soy. Y es que esa es toda la
realidad, hermanos. Si no fuera por la gracia de
Dios, seguiríamos mostrando siempre y todo el tiempo lo miserables
que somos. Y lo estaríamos mostrando siempre,
porque iríamos siempre de fracaso en fracaso. Y si bien el creyente
tiene, hay algo que es grandioso aquí, y es que Pablo está hablando
de una lucha, pero algo que puede ilustrar mucho lo que es la vida
del creyente es que, es que puede ser algo como la
vida, como un yoyo en la mano de alguien que está jugando el
yoyo, y a veces está arriba y abajo, pero algo interesante es que
ese alguien que tiene el yoyo en la mano va subiendo una escalera,
Y la idea es que aunque a veces está arriba y abajo, si se está
subiendo la escalera, estamos yendo, siempre, hasta llegar
a lo que Pablo dice, prosigo a la meta, al premio del supremo
llamamiento de Dios en Cristo Jesús. Esa expresión muestra que él
asume responsabilidad y al asumir responsabilidad pues definitivamente
es el creyente el que llega a conocerse, el creyente se conoce. Aquí hay
una expresión de alguien que por fin en la ley que es buena,
ha visto que él es carnal vendido al pecado, que él está en una
lucha de conflicto entre una nueva naturaleza que Dios le
ha dado y una vieja naturaleza que se resiste a morir y va a
estar allí hasta que Dios venga por nosotros, hasta que muramos
o hasta que Cristo nos transforme y nos dé un cuerpo adecuado para
la vida espiritual, pero entre tanto el creyente es siempre
consciente de que aparte de Cristo, él es miserable. El creyente
no está confiado en su carne. El creyente no es alguien que
siente mejor que todos los demás porque ya él logró cumplir la
ley. Él no es alguien que se siente
por encima de los demás y mira a los demás por debajo del hombro.
Y puede ser que nos pase que sí, pero si nos pasa que sí es
porque hemos hecho algo. Hemos dejado de mirar a Cristo
en la perfecta ley de la libertad. Hemos estado, hemos perdido el
sentido espiritual de la ley y estamos equivocándonos pensando
que sólo es letra que podemos cumplir. Y hermanos, que Dios
nos guarde de eso. El creyente Se conoce porque
está conociendo. Cada vez que crecemos en conocer
a Dios, vamos a mirar cuán miserable. Por eso Pablo exclama y dice,
miserable de mí. Después de mirar todo eso, en
la ley que es espiritual, en esa ley, como dice Santiago,
el que mira atentamente en la perfecta ley de la libertad y
persevera en ella, cuando miramos, El propósito de la ley es mostrar
a Cristo. Toda la ley está llena de Cristo. El propósito de la ley es dejarnos
en desesperación pero... por la gracia de Dios mostrarnos
al Señor Jesucristo. Y cuando miramos al Señor Jesucristo
venir corriendo a Él desesperado, clamar como Isaías, ¡Ay de mí
que soy muerto! Y cuando nosotros clamemos de
esa manera, hay algo seguro que va a ocurrir y es lo que se le
dijo a Isaías, que no iba a morir. Porque Cristo es la propiciación
por nuestros pecados. Lo que se le dijo a Juan, cuando
cayó como muerto a sus pies y le dijo, no temas. ¿Y por qué le
pudo decir no temas? Porque él es el cumplimiento
de la ley. Ese cordero que se habla en la
ley es el cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Y
Juan no tenía nada que temer. Era adecuado y era correcto que
él cayera así a sus pies y nosotros debemos caer de la misma manera. Miserable. Es un creyente el
que puede mirar su miseria y el que puede gritar con desesperación. ¿Quién me librará de este cuerpo
de muerte? ¿Quién me librará de este cuerpo
de muerte? Hermano, aquí Pablo está mostrando la ley es buena,
cuando la ley es usada correctamente, y no hay duda de que en los creyentes
siempre se va a usar correctamente, porque el Espíritu Santo va a
llegar un momento en que va a hacer que sea aplicada correctamente
y va a hacer que caigamos en mirando nuestra miseria y va
a hacer que caigamos y después de haber caído Pablo cayó del
caballo y estaba entre el polvo humillado ya no era ese de a
ver quién me va quién quién quiere medirse conmigo ¿De qué gloriarse
yo más? Él ya no quería más de eso. Y Él puede decir, miserable.
Y Él puede entender que aparte del Señor Jesucristo, si no por
el Señor Jesucristo, nosotros permaneceríamos en la miseria.
De hecho, eso es lo que da sentido al hecho de que Dios sea rico
en misericordia, porque los miserables son los que necesitan misericordia.
Y mientras Dios no se rebele a nosotros en la ley que es buena,
y exclamemos, la ley es buena, es espiritual, la ley me permite
ver el carácter de Dios y ver la gloria de Cristo, me encierra
y me hace gritar y decir, ¿quién me va a librar? Yo no puedo cumplir
la ley. Y es cuando derrotados, entonces
somos muertos a la ley. Ya no es más nuestra confianza
que vamos a alcanzar a satisfacer a Dios, ni estamos satisfechos
en nosotros mismos. Y dice, ¿quién es este? ¿Quién es este
que tiene una profunda gratitud, una acción de gracias por Jesucristo? Pues es un creyente. Si no fuera
un creyente, nadie que no es creyente está sumamente agradecido
por Jesucristo. Dice, versículo 25, Gracias doy
a Dios por Jesucristo, Señor nuestro. Gracias doy a Dios por
Jesucristo, Señor nuestro. Porque en Él está mi justificación. porque él no sólo murió por mí
él vivió la vida que yo no soy capaz de cumplir Él es mi esperanza,
porque doy gracias a Dios por el Señor Jesucristo, porque Él
es nuestro amado hermano mayor, quien es, dicen, nadie tiene
mayor amor que éste que uno ponga su vida por sus amigos, y Él
nos consideró sus amigos. Él no se avergüenza de llamarnos
hermanos, y está agradecido y después el confirma algo después aún
de agradecer dice así que yo mismo con la mente sirvo a la
ley de dios más con la carne a la ley del pecado y esto confirma
que no es pablo antes de creer en el señor y pablo después de
porque después de agradecer y una acción de gracias él sabe que
esa es una realidad que va a continuar hasta que el señor jesucristo
venga por nosotros o hasta que él nos lleve Si, hermanos, este
es un creyente. Un creyente no es alguien que
se siente de otro mundo, que menosprece a las demás personas,
que se pasa haciendo preguntas que reflejan que nos sentimos
bien con nosotros mismos y que Dios nos guarde porque somos
propensos, aun esa vieja naturaleza es farisea. aún le gusta hacer
preguntas, como a veces uno ve, preguntas de qué parte de la
Biblia no entienden esos que, bueno, las mismas que nosotros
no entendíamos cuando estábamos ciegos, antes que Dios nos mostrara
que la ley espiritual nos mostrara a Cristo, esas mismas partes
que no entendíamos. pues son las que ellos no entienden.
Y cuando nos comportamos de esa manera, estamos dejando de entender. Y hermanos, Cristo y solo Cristo. Mientras no sea Cristo y solo
Cristo, vamos a tener lugar para jactarnos. Pero lejos esté de
nosotros gloriarnos, sino en el Señor Jesucristo. Y quisiera
terminar leyendo el pasaje en filipenses. Capítulo 3, versículo 3. porque nosotros somos la circuncisión
los que en espíritus servimos a Dios y nos gloriamos en Cristo
Jesús no teniendo ninguna confianza en la carne hermanos el apóstol
Pablo se está mostrando ahí no tapándose con trapos de higuera
con hojas de higuera no intentando aparecer mejor de lo que realmente
es y así es el creyente el creyente no necesita culpar a otro, no
necesita mostrarse mejor que otro, porque no confía en su
carne. Porque él entiende que la ley
es espiritual y no la puede cumplir en su carne. Él se gloria en
Cristo. Cristo ha cumplido la ley por
mí. Cristo ha pagado mi castigo por
mi fracaso en cumplir la ley. Cristo me va a librar de este
cuerpo de pecado y esa es nuestra esperanza, hermanos. Vamos a
orar.

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