El sermón de Jose Dzul titulado "El hombre después de la caída" se centra en la condición espiritual del hombre tras el pecado de Adán y Eva, enfatizando que la caída ha dejado al ser humano en un estado de ruina total y ceguera espiritual. Dzul argumenta que, como resultado del pecado, el hombre no puede discernir lo bueno de lo malo y está lleno de orgullo y rebelión contra Dios, como se ilustra en Isaías 5:20-22. Se hace referencia adicional a Juan 3:19-21 y 1 Corintios 2:14 para resaltar la incapacidad del hombre natural para entender las verdades de Dios, afirmando que es solo a través de la intervención divina y la revelación del Espíritu Santo que el hombre puede ser reconciliado con Dios. El sermón subraya la importancia de la gracia soberana de Dios en la salvación, destacando que esta no depende de los méritos humanos, sino del propósito eterno de Dios, lo que es fundamental en la teología reformada.
“El hombre después de la caída quedó en total ruina, quedó arruinado totalmente en una miseria, en una pobreza espiritual.”
“El hombre natural no puede percibir las cosas que son del Espíritu de Dios, no puede entenderlo, no puede recibirlo, no puede creerlo, porque para él son locura.”
“Este propósito de Dios nunca puede detenerse. El que comenzó en vosotros la buena obra la perfeccionará hasta el día de Jesucristo.”
“La justicia perfecta y eterna de Dios fue satisfecha con la muerte, con la muerte expiatoria de nuestro Señor Jesucristo.”
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