Pablo Coyoc, en su sermón titulado "La ley De Dios", examina la naturaleza de la ley en el contexto de la vida del creyente, basado principalmente en Romanos 7:14-25. El tema central se centra en la relación del cristiano con la ley de Dios, que Pablo describe como buena y espiritual, destacando que la incapacidad humana para cumplirla no implica defectos en la ley misma, sino en la naturaleza pecaminosa del ser humano. Coyoc argumenta que el apóstol Pablo retrata la lucha interna del creyente, quien siente deleite en la ley de Dios pero también experimenta la realidad del pecado que habita en su carne. Scripturalmente, el texto subraya la transición del creyente de estar bajo la ley a vivir bajo la gracia a través de Cristo, enfatizando que esta transformación no es un camino para la salvación, sino el resultado de la salvación recibida por gracia. La significancia práctica de este mensaje es que los creyentes deben reconocer su propia miseria y dependencia de la obra redentora de Cristo, lo que fomenta una vida de humildad y gratitud.
“La ley es espiritual, mas yo soy carnal, vendido al pecado.”
“El creyente no es alguien que se siente que ya no peca, el creyente es alguien que ve todo el mérito en el Señor Jesucristo.”
“Miserable de mí, ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte? Gracias doy a Dios por Jesucristo Señor nuestro.”
“La gran lección espiritual de este pasaje es que el creyente, entre más conoce a Dios, más conoce quién es y cuán peligroso es.”
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