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Elio Chay

Dios es justo y salva

Romans 3:24-25
Elio Chay April, 23 2023 Video & Audio
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Elio Chay
Elio Chay April, 23 2023

El sermón de Elio Chay se centra en la justicia de Dios y su obra salvadora a través de Jesucristo, tal como se presenta en Romanos 3:24-25. Chay argumenta que la propiciación de Cristo es esencial para la redención del ser humano, destacando cómo la revelación del Espíritu Santo es crucial para entender este misterio. Utiliza la historia del sacrificio en el Antiguo Testamento, donde el propiciatorio simboliza a Cristo, el único que puede reconciliarnos con Dios. Desde la perspectiva reformada, enfatiza que la salvación es un acto de gracia y amor divino, que la fe en Cristo es el medio para recibir esta gracia, y que el pecado, aunque presente en los creyentes, no puede condenarlos por la obra redentora de Cristo.

Key Quotes

“Dios es justo y Él salva. [...] No había nada en cada uno de nosotros para que Él diera a su hijo en propiciación, para salvarnos.”

“La muerte de Cristo no hizo que Dios nos amara, sino que se debió a que Dios nos amaba.”

“Todo pecado debe ser condenable. [...] Pero el pecado ya no puede traernos a condenación porque estamos en Cristo Jesús.”

“El bautismo es un mandamiento de obediencia que forma parte de la vida de todo creyente.”

Sermon Transcript

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en el Libro de Romanos, en su
capítulo tres. Aquí el Libro de Romanos, en
su capítulo en el versículo veinticinco. Voy a darle una lectura aquí
en el versículo veinticuatro y llegar hasta el veinticinco.
Dice de esta manera aquí la carta del apóstol Pablo dirigida a
la iglesia. Siendo justificados gratuitamente
por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien
Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre para
manifestar su justicia a causa de haber pasado por alto en su
paciencia los pecados pasados. ¿Qué tan importante es cuando
se nos es revelado la palabra de Dios? cuando se nos es revelado
los misterios del Evangelio. La palabra de Dios es un misterio
y solamente puede ser entendido mediante la revelación del Espíritu
Santo. Ustedes saben que estudian la
palabra de Dios, que cuantos hombres maestros en el Antiguo
Testamento y aún aquí en el libro de los Evangelios, se nos habla
que eran hombres conocedores de la ley de Dios, hombres que
escudriñaban las escrituras, pero ellos, para ellos estaba
oculto estaba oculto la verdad de Cristo. Ellos no creyeron
en el santo Hijo de Dios. Ellos lo crucificaron. Ellos
gritaron, crucifícale, crucifícale, dijeron ellos. Y aquí estamos
viendo aquí en el versículo 25, a quien Dios puso como propiciación
por medio de la fe en su sangre. Qué grande fue ese amor de Dios
a favor de pobres pecadores. Qué grande fue. No había nada
en cada uno de nosotros para que él diera a su hijo en propiciación,
para salvarnos. No había nada. Es por su amor,
por su gracia. Por su amor, por su gracia. En
esta mañana, como primer punto que vamos a ver, vamos a ver
que Dios es justo y Él salva. Dios es justo y Él salva. ¿Por qué razón Pablo está diciendo
aquí habla de la propiciación? Aquí Pablo, él está hablando
del propiciatorio que fue hecho en el Antiguo Testamento, en
el tabernáculo, ustedes saben esto, que cuando Dios dijo que
se hiciera el tabernáculo, hubo una parte donde estaba el propiciatorio,
el arca es el propiciatorio. Entonces, en ese lugar solamente
entraba un sumo sacerdote para derramar la sangre sobre el propiciatorio. Pero esto nos estaba enseñando
una figura, que esto es Cristo. Es Cristo nuestra propiciación. Eso es lo que nos está enseñando
la palabra de Dios. Y para muchas personas esto está
oculto si Dios no se los enseña. A la iglesia el Señor nos ha
enseñado quién es nuestra propiciación, es Cristo Jesús. Se nos ha sido
enseñado a través de su bendita palabra. Y después vemos entonces
que Cristo nos ha reconciliado. Cristo Jesús nos reconcilió con
Dios por su obediencia y sacrificio en la cruz del Calvario. Él es
el único quien pudo reconciliarnos cuando éramos enemigos, enemigos
de la verdad, del Evangelio de Dios. Éramos enemigos, pero gracias
a Dios, Gracias a nuestro Señor Jesucristo que Él nos reconcilió
con Dios su Padre. Él fue la reconciliación. En el libro de Juan, en Primera
de Juan, nos dice de esta manera. Los que quieren buscarlo, búsquenlo
en Primera de Juan en su capítulo cuatro. Primera de Juan en su capítulo
cuatro. en su versículo 10. Dice así en el versículo 10 de
primera de Juan. En esto consiste el amor, no
en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó
a nosotros y envió a su Hijo en propiciación por nuestros
pecados. Él envió a su amado Hijo para
salvarnos para redimirnos de la maldición de la ley, porque
la ley manda todo aquel, aquel que viole la ley muere, debe
morir. Adán, él violó la ley de Dios
y él murió, y cada uno de nosotros morimos. Pero Dios de antemano,
antes que este mundo existiera, él ya había preparado. Él le
había destinado este Cordero que va a redimirnos, que va a
ser la expiación, y es Cristo Jesús. Se ha cumplido a través
de la venida de nuestro Señor Jesucristo. Se cumplió esto,
todo lo que se habló en el Antiguo Testamento, se cumplió. ¿Cómo? De acuerdo a la palabra
de Dios en los tiempos que Dios determinó revelarlo. Nada sucede
que no esté escrito aquí en la palabra de Dios. Todas las cosas
están bajo el control divino de Dios. Entonces Juan, él está
diciendo que él nos amó a nosotros. Él nos amó a nosotros. en Él. Fuimos amados en el Señor
Jesucristo. No fuimos amados por algo bueno
en nosotros. Él nos amó libremente, nos amó
libremente para que los pecados pudieran tener, perdón, los pecadores
pudieran tener vida. Era necesario que los pecados
fuesen expiados. La muerte de Cristo no hizo que
Dios nos amara, sino que se debió a que Dios nos amaba. Su vida
al mundo fue un efecto del amor de Dios a favor de su pueblo. Cuando Cristo vino y él fue en
la Cruz del Calvario, Dios mostró su amor. Él mostró su amor. ¿Quién padre, verdad? ¿Qué padre
puede él decir, bueno, yo voy a dar a mi hijo para salvar a
todas mis familias o a todo un pueblo? Nadie lo haría, pero
Dios lo hizo. Dios lo hizo. Él envió a su amado
Hijo aquí en la tierra para cumplir todos los propósitos divinos
de Dios acordados en el consejo eterno de Dios. Y Él lo cumplió. No quedó nada que cumpliéramos. Por esa razón, Él dijo, consumado
es. La obra terminó. Ahora cada creyente,
cada persona a quien Dios revela a Él, Él viene libremente al
Señor. Venimos libremente a Él. Qué bendición, ¿verdad? Qué bendición
es venir mediante esa expiación que Cristo Jesús ha hecho en
la Cruz del Calvario. Estas promesas que vemos aquí
en la Palabra de Dios, son los atributos de Dios que son para
su pueblo. Estos atributos de Dios, como
su amor, adornan y honran a Dios en todo lo que Él ha hecho. Este
atributo de Dios es inmutable, que no cambia, no cambia. Si Dios dice amar a un pueblo,
Él lo va a hacer. Si Dios dice que va a salvar
a un pueblo, Él lo va a hacerlo. Él es el justo. Él es el único
justo. Cristo Jesús es justo en su ser,
en su divinidad. En Él no hay sombra de variación,
no cambia. Nosotros los seres humanos, ¿verdad?
Cambiamos, cambiamos. Esta es la naturaleza que aún
todavía hay en nosotros. Cambiamos, pero Dios no es así. Dios no es así, él no cambia,
en él no hay variación, no puede cambiar. Santiago él dice de
esta manera, en Santiago 1.17 dice, toda buena dádiva, toda
buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto del padre
de las luces en el cual no hay mudanza ni sombra de variación,
no hay. Qué hermoso es, ¿verdad? Hermoso es esto. Pero lo que
aquí está diciendo Santiago, cuando Santiago dice que toda
buena dádiva es en oposición a la maldad que hay en nosotros,
que sale de nosotros. Aún en nosotros, hermanos, hay
todavía esa maldad, pero Dios no hay. En Dios toda, por esa
razón, dice, toda buena dádiva desciende de lo alto, proviene
de Dios, y dice, don perfecto. ¿Qué puedes añadirle a la perfección? Nada. No puedes añadirle. Y esto es, todo lo que Él hace
es perfecto. No hay nada que podamos mejorarle,
no hay nada que podamos añadirle. Su palabra dice que haya aquel
que le añade o haya aquel que le quita, ¿verdad? Y no, debemos
presentar el evangelio tal como Dios nos lo ha dado. Una ocasión el hermano Cody,
él me dijo, Helio, predica el evangelio y Deja que Dios obre,
deja que la palabra de Dios obre. A eso somos mandados, hermanos,
a predicar el evangelio, predicar las buenas nuevas. Esa es nuestra
responsabilidad, anunciar el mensaje que el Señor nos tiene,
nos ha dado. Cuando dice aquí Que todo don
perfecto desciende de lo alto, del padre de las luces. Aquí
está diciendo cuando habla del padre de las luces, la luz de
la verdad. El Evangelio es una luz. Es el Evangelio de la verdad
y la luz también de la santidad. De la santidad. Él es luz. Nuestro Señor Jesucristo, Él
es luz. Dios es luz. Dios el Padre es
luz. El Espíritu Santo es luz, ¿verdad? Todo es luz. Y dice la palabra
de Dios, el que anda en luz no tropezará. No puede tropezar. Vemos todos estos bellos atributos
que Dios nos da, ¿verdad? Que Dios nos enseña su bendita
palabra. Dios es el origen. el origen, la fuente y el dador
de todas estas cosas de la verdad. Por esa razón dice Santiago,
toda buena dádiva y todo don perfecto desciende de lo alto,
de Dios, ¿verdad? Y el creyente no busca aquí en
la tierra, sino dice la palabra de Dios, busca las cosas de arriba
donde Cristo está. No buscamos aquí en la tierra,
sino buscamos donde Cristo está. Y también dice su palabra, puesto
los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe. No estamos poniendo
los ojos sobre otra cosa para ser más perfectos o ser más santos delante de Dios. No,
sino allá en Cristo Jesús. allá miremos, pongamos los ojos
en él, en él solamente, no lo desviemos, miremos siempre a
Cristo Jesús. Él es justo en todos sus caminos. Si nos está diciendo la palabra
de Dios que en Él no hay sombra de variación, entonces cuando
Él dice en Su palabra que todo aquel que en Él cree no es condenado,
así va a ser. Así va a ser. Todo aquel que
cree en él no va a ser condenado. Pero hay algo muy importante
aquí, que también la palabra dice, la palabra de Dios dice
que también los demonios creen. El creyente, aquel a quien Dios
ha hecho una obra de gracia en él, él cree en el corazón. Él cree de todo corazón. Es Dios
quien le ha cambiado ese corazón, y entonces Él cree. Mediante
la fe viene a Cristo. Hoy tenemos el testimonio de
Eduardo, el hijo de Eduardo. Dios ha hecho germinar esa semilla
del evangelio que él ha oído, y hoy él lo confiesa en las aguas
del bautismo, ¿verdad? Esa es una bendición. Nadie le
forzó. es Dios quien lo hace. No forzamos
a nadie, sino es cuando alguien tiene, siente esa necesidad de
dar testimonio en las aguas del bautismo, entonces Él pide. Él pide. Es lo que hizo aquel
hombre, ¿verdad? Aquel hombre que estaba, había
subido a Jerusalén, vino a adorar a Dios, fue a adorar a Dios en
Jerusalén, pero después Él venía. Leonuco, ¿verdad? Él venía, Él
recordando lo que se leyó allá en el templo. Y después vemos
cómo Dios ya había hecho la obra en la vida de este hombre, ¿verdad?
Él venía y Dios dice, ve Felipe, ve a ese hombre y tú predícale
la palabra de Dios. Y él predicó y Dios obró, ¿verdad? No es Felipe, Felipe no obró,
es Dios quien obró. Entonces dice aquí, el que en
él cree no es condenado. El que en él cree. El apóstol no dice que no seamos
condenables. Porque todo pecado, todo pecado,
porque aún hay pecado en nosotros. Aún hay pecado en nosotros. No
podemos decir que nosotros no somos pecadores. No tenemos pecado. Hay aún todavía pecado. Y todo
pecado debe ser condenable. Todo pecado debe ser condenable. Dice aquí en el libro de Romanos,
capítulo 7. En Romanos, capítulo 7, versículo
15. Versículos 15 y 16, vean lo que
acaba de decir, y aquí Pablo lo está diciendo en Romanos capítulo
7, versículos 15 y 16, dice, porque lo que hago no lo entiendo. Pues, no hago lo que quiero,
sino lo que aborrezco, eso hago, dice. Y si lo que no quiero esto
hago, apruebo que la ley es buena. Él dice, apruebo que la ley es
buena. Y dice, versículo veintiuno,
Así que queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley, que el
mal está en mí. El mal está en mí. La única diferencia,
que hay este pecado que aún todavía hay en nosotros es por la gracia
de Dios, por la gracia de Dios que nos frena. para no llevar
a cabo ese pecado, porque el deseo del pecado o los frutos
del pecado es seguir el mundo, es seguir la carne, pero aquí
vemos entonces que Pablo, él está diciendo, y después él dice
en el versículo 24, él dice, miserable de mí, Pablo, él está
diciendo, después que él dice, bueno, yo quiero hacer el bien,
pero el pecado que está en mí me está llevando para otro camino,
dice. Y ahora él dice de esta manera,
miserable de mí. ¿Quién me librará de este cuerpo
de muerte? Dice él. ¿Quién me librará? de
este cuerpo de muerte. Un hombre llamado para predicar
el evangelio. Un hombre que él fue apartado
desde el vientre de su madre para predicar el evangelio y
habla de esta manera. Verá, la gracia de Dios le enseñó
que aún no está libre. Y así también cada uno de nosotros
no estamos libres, hermano. No estamos libres. Pero dice
el versículo 25, gracias doy a Dios por Jesucristo. Él mira,
mira a Cristo. Mira a Cristo nuestro, dice. Gracias doy a Dios por Jesucristo,
Señor nuestro. Así que yo mismo con la mente
sirvo a la ley de Dios, más con la carne a la ley del pecado,
dice el apóstol Pablo. Verá, qué cosa, verá. Aún todavía
no hemos llegado a esa perfección a la cual hemos de llegar. Pero
un día llegaremos. Cuando Cristo Jesús él venga,
venga por su iglesia, entonces ahí se cumplirá la palabra que
dijo el apóstol Pablo cuando él dijo que aquel que comenzó
en vosotros la buena obra, él la perfeccionará. en el día de
Jesucristo. Hoy en día estamos en este mundo,
estamos viviendo en este mundo lleno de maldad y no estamos
libres del pecado, hermanos, no estamos libres. Pero sin embargo,
gracias damos a Dios por esa lucha que sostenemos a cada día,
crucificando el pecado cada día, cada día. Todo pecado debe ser condenable. El pecado, sin embargo, no puede
traernos a condenación. Qué bendición, ¿verdad? El pecado no puede traernos a
condenación porque estamos en Cristo Jesús. Estamos en Cristo
Jesús. El pecado ya no tiene poder sobre
su pueblo para condenarnos. La muerte no tiene poder, no. Estamos en Cristo Jesús. Por
esa razón vemos que también Pablo dijo que está en Cristo, nueva
criatura es, las cosas viejas pasaron y aquí todas son hechas
nuevas. Todas las cosas. No el hombre
lo hace, es la gracia de Dios que está en nosotros. Y para
terminar en esta mañana, estamos en Cristo Jesús. Dice en el libro
de Gálatas capítulo 3, En el libro de Gálatas capítulo
3 dice de esta manera, en su versículo 13, Gálatas capítulo
3 en su versículo 13 dice así, Cristo nos redimió de la maldición
de la ley. Cristo nos redimió, Cristo nos
salvó, Cristo nos sacó de ese lugar, de la maldición de la
ley. La ley dice, haz esto y vivirás. Y si no cumples, la ley está
sobre de ti. Pero gracias damos a Cristo Jesús,
que Él nos ha librado, Él nos ha redimido. Cristo nos redimió
de la maldición de la ley, hecha por nosotros maldición, porque
está escrito maldito todo el que es colgado en un madero.
Cristo Jesús, Él fue maldito en la cruz del Calvario. Él fue
Dios el Padre, descargó su ira sobre él, poniendo nuestros pecados
sobre la humanidad de Cristo Jesús, y así haciendo la obra
de expiación de redención a favor de su pueblo. Por esa razón,
él nos reconcilió. Él hizo la gran reconciliación
a favor de su pueblo. Entonces vemos que el pecado ya no tiene poder. El juicio
y la condenación de todos nuestros pecados pasados, presentes y
futuros han sido perdonados. Han sido. Mi pecado que hice
ayer, mi pecado que hoy estoy cometiendo, mi pecado que he
de hacer mañana, ya ha sido perdonado. El Señor dice, no me acordaré
más de sus pecados. Él es fiel. Él lo va a hacer.
Él lo va a hacerlo. Él lo va a cumplir. Todos aquellos
que están en Cristo. Todos aquellos que están en Cristo
Jesús. Este es el tema que tengo en
esta mañana. Ahora quiero hablar unas palabras
acerca del bautismo. Acerca del bautismo aquí en el
libro de Romanos capítulo 6. Ya se pasó el tiempo. Romanos
capítulo 6 en el versículo 3 dice de esta manera, o no sabéis que
todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús hemos sido bautizados
en su muerte, porque somos sepultados juntamente con él para muerte
por el bautismo a fin de como Cristo resucitó de los muertos
por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida
nueva. Vida nueva. Hoy tenemos el bautismo
de, yo puedo llamarle, nuestro hermano, el joven Eduardo. Él
ya ha sido salvado. Y ahora él lo está confesando.
Él lo está confesando. El bautismo es un mandamiento
de obediencia que forma parte de la vida de todo creyente. De todo creyente. Pero muchas
veces pasamos por las aguas de bautismo sin verdaderamente comprender
qué es lo que hemos hecho, sin comprender lo que el bautismo
representa o qué es el significado para nuestras vidas. Aquel que Dios le ha dado vida,
él sabe esto. Él sabe porque ha estado escuchando
la predicación del Evangelio. Ha estado oyendo la predicación
del Evangelio y él sabe que es el bautismo. Ustedes saben que
hay bautismos también que son emocionalmente, ¿verdad? Hay
bautismos que son hechos emocionalmente y estos no son llamados por Dios. en Sintantum, muchas personas
en aquel tiempo cuando nuestro hermano Cody, él estaba en vida,
él a muchos bautizó, pero muchos se han apartado, ellos se han
ido, entonces esto quiere decir que ellos no fueron llamados,
no fueron, no fueron llamados, fueron, podemos llamarle emocionalmente
¿verdad? El bautismo es, que Dios nos
ha enseñado en su palabra, es sumergir, es hundir a la persona. Es por eso que el bautismo de
creyente se hace por inmersión, es decir, introduciendo a la
persona completamente en el agua. Este es lo que cada uno de ustedes,
hermanos, han experimentado, que se han bautizado, totalmente
es sumergirlo en el agua. La persona que se bautiza se
une a Cristo. Él se une a Cristo. Ya está unido
a Cristo, pero da un testimonio. Es decir, se identifica con Cristo
en su muerte, sepultura y en su resurrección. Se está identificando
con esto. Cristo murió y nosotros morimos
en Él. Él fue sepultado y nosotros en
Él fuimos también sepultados, juntamente con Cristo, fuimos
sepultados. Hay una unión real con el Señor
Jesucristo por el Espíritu de Dios en la que somos uno con
Cristo. Aquí hay una unión, ¿verdad?
Él es la vid, nosotros somos los pampas, nos estamos unidos
a Él. Cristo Jesús dijo esto de esta
manera en el libro de Juan, capítulo 17, versículo 23. Dice de esta
manera, yo en ellos, dice el Señor Jesucristo. Yo en ellos
y tú en mí, dice el Señor. Para que sean perfectos en unidad,
para que el mundo conozca que tú me enviaste y que los has
amado a ellos como también a mí me has amado. Verás, ves la unión
que hay entre la iglesia del Señor Jesucristo. Hay una unión. Y esa unión nadie puede romperla. Si es una obra de Cristo, nadie
puede romperla. ¿Quién nos separará del amor
de Dios? ¿Quién nos va a separar de Cristo? Nadie, nadie puede
separarnos. El bautismo nos identifica con
Cristo en su resurrección y resucita Resucitó a nosotros, nos identifica
con Cristo en su resurrección. Él resucitó y nosotros con Cristo
resucitamos. Él resucitó y con Cristo nosotros
resucitamos juntamente. Resucitamos. ¿Por qué debe bautizarse
el creyente? ¿Por qué debe él bautizarse el
creyente, aquel que ha creído? Porque es un mandamiento, es
un mandato que Dios ha dicho en su palabra. Él cuando envió
a sus discípulos para predicar el Evangelio, Él dijo, el que
creyere, sea bautizado. Él es. Y tenemos también el testimonio
de nuestro Señor Jesucristo, verá que Él mismo se bautizó.
Él mismo fue bautizado, es el testimonio. Es un mandato de
nuestro Señor Jesucristo. ¿Por qué cuando un creyente se
bautiza da testimonio público de su conversión y muestra esa
vida nueva? Ella tiene una vida nueva. Él lo hace público ante todos
aquellos que estamos presentes, la iglesia. Para terminar, porque
nuestro Señor Jesucristo, Él fue bautizado. Cristo dio ese
ejemplo. Dio ese ejemplo. Dice aquí en
el libro de Mateo, capítulo 3. Aquí vamos a terminar. Mateo,
capítulo 3. Después vamos a... No sé si... Vamos a seguir con el servicio,
hermano. Juan, no sé si vamos a seguir. Le dejo lugar después,
hermano. Dice aquí en Mateo capítulo 3,
en su versículo 13 y 16, dice de esta manera, Entonces Jesús
vino de Galilea a Juan, al Jordán, para ser bautizado por él. Mas
Juan se le oponía diciendo, yo necesito ser bautizado por ti,
y tú vienes a mí. Pero Jesús le respondió, deja
ahora, porque así conviene que cumplamos toda justicia. Entonces
le dejó. Y Jesús, después que fue bautizado,
subió luego del agua y aquí los cielos le fueron abiertos y vio
al Espíritu de Dios que descendía como paloma y venía sobre él. Vemos el testimonio de nuestro
Señor Jesucristo, ¿verdad? Que Dios bendiga su santa palabra.

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