El sermón de Elio Chay se centra en la justicia de Dios y su obra salvadora a través de Jesucristo, tal como se presenta en Romanos 3:24-25. Chay argumenta que la propiciación de Cristo es esencial para la redención del ser humano, destacando cómo la revelación del Espíritu Santo es crucial para entender este misterio. Utiliza la historia del sacrificio en el Antiguo Testamento, donde el propiciatorio simboliza a Cristo, el único que puede reconciliarnos con Dios. Desde la perspectiva reformada, enfatiza que la salvación es un acto de gracia y amor divino, que la fe en Cristo es el medio para recibir esta gracia, y que el pecado, aunque presente en los creyentes, no puede condenarlos por la obra redentora de Cristo.
“Dios es justo y Él salva. [...] No había nada en cada uno de nosotros para que Él diera a su hijo en propiciación, para salvarnos.”
“La muerte de Cristo no hizo que Dios nos amara, sino que se debió a que Dios nos amaba.”
“Todo pecado debe ser condenable. [...] Pero el pecado ya no puede traernos a condenación porque estamos en Cristo Jesús.”
“El bautismo es un mandamiento de obediencia que forma parte de la vida de todo creyente.”
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