Bootstrap
Cody Groover

Entre muchos-Uno ¿Habrá otros?

Cody Groover June, 16 2013 Video & Audio
0 Comments
Cody Groover
Cody Groover June, 16 2013

Sermon Transcript

Auto-generated transcript • May contain errors

100%
entonces que están bien. Vamos
a abrir nuestras Biblias ahora al libro de Mateo, capítulo ocho. Mateo, capítulo ocho. Como dije al principio, quiero que veamos la gracia de
Dios en la salvación a pecadores. Y leímos ese texto en Levítico
acerca de la ley del leproso. Y nos dice allá en Mateo capítulo
ocho, versículo uno dice, Cuando descendió Jesús del monte, le
seguía mucha gente. Y he aquí vino un leproso, y
se postró ante él, diciendo, Señor, si quieres, puedes limpiarme. Jesús extendió la mano y le tocó,
diciendo, Quiero, sé limpio. Y al instante su lepra desapareció. Entonces Jesús le dijo, Mira,
no lo digas a nadie, sino ve, muéstrate al sacerdote y presenta
la ofrenda que ordenó Moisés para testimonio a ellos. El título que tengo para el mensaje
en esta mañana es, Entre los Muchos, Uno. ¿Habrá otros? Entre los Muchos,
Uno. ¿Habrá otros? La primera cosa
que quiero que notemos aquí es, la gracia de Dios viene al pecador. La gracia de Dios Esta gracia
de salvación, la gracia que trae salvación, viene de Dios al pecador. Nos dice aquí el texto que cuando
descendió Jesús del monte. ¿Qué es esto sino que el Señor
Jesucristo, el eterno Hijo de Dios, descendió? Descendió del
cielo. La salvación de un pecador sin
esperanza y sin Dios en el mundo es por gracia. Es decir, no merece la salvación. Dios descendió, Dios envió a
Su Hijo. Nos dice, la salvación es por
gracia. Por gracia sois salvos, por medio
de la fe, y esto no de vosotros, es don de Dios. Dios dio a Su
Dios dio a Su Hijo para que Él venga aquí a este mundo para
salvar a pecadores. Esta gracia, aunque fue dada
por Dios en la eternidad a Su pueblo, como dice allá en 2 Timoteo,
esta gracia fue dada antes de los tiempos de los siglos, en
2 Timoteo 1, versículo 8, la última palabra
del versículo 8, Dios, quien nos salvó y llamó con llamamiento
santo. Dios es el que nos salvó. Dios
es el que nos llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras
obras, sino según el propósito Suyo y la gracia que nos fue
dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos, pero
ahora ha sido manifestada por la aparición de nuestro Salvador
Jesucristo, el cual quitó la muerte y sacó a la luz la vida
y la inmortalidad por el Evangelio, del cual yo fui constituido predicador,
apóstol y maestro de los gentiles." Noten allá en este texto que
la gracia fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de
los siglos, pero fue manifestada por la aparición de nuestro Señor
Jesucristo. La ley vino por Moisés, pero la gracia
y la verdad vinieron por nuestro Señor Jesucristo. En Él está toda la gracia de
Dios. Todo el favor de Dios a Su pueblo
se encuentra únicamente en Cristo Jesús. No hay favor de Dios que no sea
por Cristo Jesús y para la gloria de Cristo Jesús. Todo es por
Él y para Él. La gracia fue dada a Su pueblo
escogido en Cristo Jesús antes de la fundación del mundo. Pero
lo que quiero que notemos aquí es que Él descendió. ¿Qué pudiera causar que Dios
de a su Hijo unigénito. De tal manera amó Dios al mundo. Ahí está la razón. Por el amor
de Dios que se encuentra únicamente en su corazón. La causa está
únicamente en Dios. ¿Qué pudiera causar que Dios
dé a su Hijo? Esa gracia. Es gracia. El amor de Dios eterno hacia
su pueblo. Y por este amor que Dios tuvo
hacia su pueblo, esta gracia fue dada en Cristo Jesús a su
pueblo. Es decir, Dios no está haciendo
nada en el tiempo que no ha sido determinado desde
la eternidad. Dios no está haciendo planes
de contingencia. A ver qué pasa. Ah, hizo eso, entonces yo voy
a hacer esto. todo lo que está siendo desarrollado
en el tiempo ya fue determinado por Dios en la eternidad, antes
del tiempo. Entonces, esta gracia de que
el Señor Jesucristo vino aquí al mundo ya estaba determinado
antes de que hubiera un pecador, antes de que Adán cayera en el
pecado. Pero cuando vino el Señor Jesucristo,
cuando vino al Señor Jesucristo, cuando eterno Hijo de Dios fue
enviado a este mundo, se le dijo, llamarás su nombre Jesús porque
Él salvará. La gracia de Dios no es aparte
del Señor Jesucristo. Él, en Él está la gracia, en
Él está esta gracia de salvación, y fuera de Él no hay esta gracia
de salvación. nos dice allá en 2 Corintios
capítulo 8, el Señor Jesucristo siendo Dios, ya sabéis la riqueza de nuestro
Señor, ya conocéis, dice allá, la gracia de nuestro Señor Jesucristo,
que por amor a vosotros se hizo pobre. Esta gracia que vino,
vino por el amor de Dios. Por amor se hizo pobre, siendo
rico, siendo el creador de todas las cosas, siendo Dios único,
soberano, para que vosotros con su pobreza fueses enriquecidos. Él descendió. La gracia de Dios,
entonces, es la que viene al pecador. Cuando descendió Jesús,
del monte. Notamos aquí en el versículo
uno del capítulo ocho de Mateo que nos dice que le seguía mucha
gente. Este es el caso de hoy día también. Hoy en día mucha gente sigue
a Cristo por diversas razones. No hay en el mundo millones de
personas que se dicen ser cristianos, que dicen ser seguidores de Cristo,
pero que no conocen a Cristo. Dicen que son seguidores de Cristo. Dicen que aman a Cristo, pero
no conocen a Cristo. Por diversas razones, pero el
Señor no vino sino para salvar a pecadores. Él vino, nos dice
el Señor Jesucristo en Juan capítulo 6, Él sabe la razón, no tenemos
nosotros que acusar a los hombres, el Señor Jesucristo sabe lo que
está en el corazón del hombre, y Él les dijo a estos hombres
en Juan capítulo 6, versículo 25, y hallándola al otro lado
del mar, le dijeron, Rabí. No lo conocían. Él es más que un maestro. Él
es Señor. Rabí, ¿cuándo llegaste acá? Y el Señor Jesucristo les respondió
y les dijo, De cierto, de cierto os digo que me buscan. Ustedes
vienen a mí. Ustedes me siguen a mí. no porque
habéis visto las señales sino porque comiste el pan y os saciaste
algún beneficio aquí en la tierra por la cual tú piensas que si
me sigues a mí tu vida aquí en la tierra va a estar bien pero
no tienes interés no tienes interés en esa pregunta cómo puedo yo
ser justo delante de Dios cómo puedo yo ser limpio ¿Por qué? Porque no sabes que estás sucio.
No tienes interés en esa pregunta. ¿Cómo puedo yo ser limpio delante
de Dios? No vinieron a preguntar al Señor
cómo puede ser el hombre justo. No. Ellos vinieron simplemente
para llenar sus barrigas. Y millones de personas están
siguiendo al Señor Jesucristo porque piensan que en hacer esto
les va a ir bien pero lo único que tienen pensamiento es en
este cuerpo físico ¿por qué? porque así es el hombre carnal,
así es el hombre natural pero hay algunas personas algunas
personas siguen por curiosidad pero hay algunas personas que
tienen una verdadera necesidad como esta mujer que tenía el
flujo de sangre. En Marcos capítulo 5, versículo
21, notan aquí otra vez esta gran multitud. Pasando otra vez
Jesús en una barca a otra orilla, se reunió alrededor de Él una
gran multitud y estaba junto al mar. Hay una gran multitud. Muchos Y vino uno de los principales
de la sinagoga llamado Jairo, y luego que le vio se postró
a sus pies y le rogaba mucho diciendo, mi hija está agonizando,
ven y pon las manos sobre ella para que sea salva y vivirá. Fue pues con él, y le seguían
una gran multitud, y le apretaban. Estos son curiosos. Vamos a ver
milagro. Vamos a ver milagro. son curiosos,
las seguía mucha gente y le apretaban, nos dice aquí la Palabra de Dios,
pero una mujer, noten allá, una mujer, pero una mujer, una mujer
que desde hacía doce años tenía flujo de sangre, su enfermedad
estaba en su sangre, no podía ser curada por nada que hiciera
el hombre, habría sufrido mucho de los médicos y gastado todo
lo que tenía y nada había aprovechado antes, le iba peor. Ella tenía
una necesidad. Cuando oyó hablar de Jesús, vino
por detrás en la multitud y tocó su manto. Saben, esta mujer no
tenía derecho, no tenía derecho de estar en esa multitud. Bajo
la ley, ella estaba maldita. Bajo la ley ella no tenía derecho
de tocar a otra persona, y mucho menos de tocar al Señor Jesucristo.
Pero ella tenía una necesidad, una necesidad de vida o muerte. Vino y tocó sus vestidos, tocó
su manto, porque decía, si tocare tan solamente su manto, seré
salvo. Entre los muchos había unos.
entre los muchos había uno que tenía esta necesidad. Entonces
la gracia de Dios viene, viene al pecador. El Señor Jesucristo
viene, vino a buscar y a salvar lo que se había perdido. Él descendió
y mucha gente está en este mundo. ¿Cuántos millones de personas
hay en este mucha gente lo sigue y mucha gente oye de él pero
no mucha gente es afectado por él no mucha gente es tocado por
él o no mucha gente lo toca a él porque no tienen necesidad pero
quiero que veamos la segunda cosa la gracia de Dios trae al
pecador primero la gracia de Dios viene al pecador Y el segundo
punto que quiero que notemos aquí es que la gracia de Dios
trae al pecador. Es la gracia de Dios que muestra
a una persona o convence a una persona de su necesidad desesperada
de venir al Salvador. Mientras que una persona piensa
que tiene algún remedio, eso va a ser Esta mujer había gastado
todo lo que tenía, había probado muchos remedios. Y este hombre,
el leproso, había en su tiempo probado muchas cosas. Había pasado
por un tiempo seguramente de... de incredulidad, de negación.
No, no estoy tan mal. No estoy tan mal. Esto es nada
más una... es nada más una hinchazón. Me
golpeé y es nada más una hinchazón. no es nada y luego se empezó
a cundir más empezó a recuerden iba delante del sacerdote el
sacerdote lo miraba y decía es lepra tienes que estar excluido
tienes que estar afuera eres inmundo eres sucio y todos los
días de tu vida tu tienes que andar fuera de la ciudad gritando
cuando veas a gente inmundo inmundo. No te acerques a mí. Todo lo
que el leproso tocara, o todo aquel que tocara al leproso,
era inmundo. Pero noten aquí, nos dice la
palabra, he aquí. Estas son palabras asombrosas.
He aquí. Mira con asombro, mira la gracia
de Dios que trae a un pecador a los pies del Señor Jesucristo. Es imposible que un hombre por
naturaleza venga al Señor Jesucristo como un perro muerto. La gracia de Dios lo tiene que
poner allá. La gracia de Dios le tiene que
enseñar lo que es. Y es la gracia de Dios que lo
trae a dice, he aquí un leproso. Hemos de entender que sólo había
un leproso en esa tierra. Había muchos leprosos, pero he
aquí un leproso. Un leproso vino. ¿Cómo es que vino este leproso? Nos dice la Palabra de Dios,
que es Salmo 65, versículo 4, nos dice, bienaventurado el que tú escogieres y atrajeres
a ti. Atrajer, no trae la palabra,
tú vas a traerlo. Dios trae a pecadores a sí mismo,
a los pies del Señor Jesucristo. Viene el pecador a los pies del
Señor Jesucristo cuando oye de Cristo Jesús. Cuando oye la verdad
de Cristo cuando oye que Él es el Salvador, que Él tiene poder
de salvar. Cuando es convencido de que en
sí mismo no hay cosa sana, es lo que nos dice la Palabra de
Dios en Isaías capítulo 1, que el hombre por naturaleza no hay
cosa sana en él, desde la cabeza hasta los pies, sino podrida
llaga e hinchazón. Eso está hablando del hembra.
y así es el hombre por naturaleza, no tiene cosa sana. Tiene que
ser traído por el Espíritu Santo, tiene que ser convencido por
el Espíritu Santo, oyendo la Palabra de Dios, porque mientras
no oiga la Palabra de Dios, no va a ser convencido. Ah, puede
ser convencido en su conciencia de que hizo alguna maldad. Eso
sí puede estar convencido en su conciencia, porque su conciencia
ya sea lo acusa o hace excusa. Es la ley escrita en el corazón
de los hombres. El hombre puede tener esa conciencia
de que hizo cosas malas. Pero estamos hablando de que
la palabra de Dios, a la luz de Cristo Jesús, convencerme
que no solamente soy pecador por naturaleza, yo cometo pecado,
yo hago pecado y aún mis obras buenas son pecados. Ese leproso,
todo lo que él tocaba era inmundo. Ahí está ese leproso y ese leproso
quiere dar un vaso de agua a una persona. Ese hombre leproso toma
el vaso de agua, no es una buena obra. Todo lo que hace el leproso
está sucio. Nuestras obras buenas delante
de Dios, nuestras obras de justicia delante de Dios, son trapo e
inmundicia. Nosotros no podemos ser justos
delante de Dios por lo que nosotros hacemos. Esa no es la base de
nuestra limpieza delante de Dios. Tiene que ser convencido. Tiene
que ser convencido. Así como esa mujer que tenía
ese flujo de sangre, ella oyó, del Señor Jesucristo y vino.
Este hombre también vino porque oyó. Oyó, es decir, no se le
ocurrió nada más. Yo sé que él oyó por lo que él
confesó. Nadie puede creer en el Señor
Jesucristo quien no haya primero oído del Señor Jesucristo. La
fe viene por el oír y el oír la Palabra de Dios, nos dice
Romanos capítulo 10. Romanos capítulo 10. Todo aquel que invocar el nombre
del Señor será salvo, dice versículo 13. ¿Cómo, pues, invocarán en
el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien
no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien
les predique? ¿Y cómo predicarán si no fueron
enviados? Como está escrito, cuán hermosos
son los pies de los que anuncian la paz de los que anuncian las
buenas nuevas. Saben, este hombre leproso, este
hombre leproso que vino al Señor Jesucristo, está seguro. Él vino con esta convicción,
si quieres puedes salvarme, pero el hecho es porque vino el Señor
Jesucristo lo va a salvar. Es imposible que una persona
venga al Señor Jesucristo de la manera que vino este hombre,
traído por el Espíritu Santo, que luego el Salvador diga, bueno,
a ti no. Eso es contrario, es contrario
al carácter de nuestro Señor Jesucristo. Nadie que quiera
ser salvo es impedido ser salvo. ¿Oyeron eso? Nadie que quiera
ser salvo es impedido ser salvo. Si tú quieres ser salvo, tú vas
a ser salvo. Cuando tú quieras ser salvo,
reconoce esto, que es Dios que obró en ti, el querer. Él vino y vino un leproso. Noten aquí que Él vino, la convicción
del pecador que es traído. Este hombre oyó quién era Jesús. No solamente oyó quién era Jesús,
porque Él dijo, Señor. Este hombre no vino como Rabí. Este hombre vino como Señor. Él oyó quién y él estaba convencido
de lo que él oyó era la verdad. Y porque él recibió el mensaje,
él vino. Nadie cree en el Señor Jesucristo
quien no viene al Señor Jesucristo. Una persona dice, bueno, yo creo
en el Señor Jesucristo, pero esa persona no está viniendo
al Señor Jesucristo. No está viniendo a Él ahora. no está confiando en Él ahora
para su salvación. Está mintiendo. Y lo peor es
que se está mintiendo a sí mismo. Se está engañando a sí mismo.
Si tú crees que el Señor Jesucristo es Dios y que Él es el Salvador,
entonces la respuesta es, vienes, y vienes ahora. y en esa hora. Estoy hablando a personas que
han hecho su profesión de fe en el Señor Jesucristo cincuenta
años atrás. Es la verdad de esa persona que
ha creído cincuenta años así como la persona que ha creído
un día. Es lo mismo. Crees en el Señor
Jesucristo y vienes. Vino este hombre y vino, noten
aquí, vino tal como estaba. Vino leproso. vino a la prosa. Es decir, no dice las Escrituras
que se bañó, se puso nuevos vestidos, se limpió, es decir, no vino queriendo quedarse con dignidad.
Muchas personas piensan, bueno, yo quiero quedarme con mi dignidad.
El hombre que va a venir al Señor Jesucristo va a venir como todos
los pecadores vienen al Señor Jesucristo. Como pecador. Y así es como hemos de venir
todos los días de nuestra vida. Así como recibiste al Señor Jesucristo,
así andad en Él, nos dice la Palabra de Dios. Y noten aquí, este hombre vino
al Señor Jesucristo y adoró y se postró ante el Señor Jesucristo
y le llamó Señor, noten esto, le llamó Señor, aun antes de
saber si sería salvo por él o no. No eres responsable de creer
que el Señor Jesucristo es tu Salvador. No has de creer que el Señor
Jesucristo es tu Salvador. Has de creer que Jesús es Dios,
manifestado en la carne. Eso es el testimonio. ¿Quién
es Él? Que Él es el Salvador. Ha de
creer el hombre esto, ya sea que te salve o no te salve. Esa
es la verdad de Dios. ¿Quién Él es? Él es el eterno
Hijo de Dios, el Salvador. Pero una persona dicen, bueno,
creen en el Señor Jesucristo como tu salvador personal. Eso
no se encuentra en la Biblia. Tu salvador personal. Él salvó
a su pueblo de sus pecados. Tú has de creer a Dios. Ahora vas a entender que Él te
salvó a ti. Pero una persona debe, es responsable
de creer el testimonio de Dios. Eso es lo que es responsable
de hacer, creer a Dios. Él vino y le adoró antes de saber
si sería salvo o no. Somos responsables de adorar
a Dios. Él es el único Dios vivo y verdadero, digno de toda nuestra
adoración. Él vino tal cual era, no pretendió
ser otra cosa de lo que era. no pretendió ser limpio. Él vino con sus trapos de inmundicia. Él vino con la lepra en la carne. Él vino tal como Él era. Muchas
personas piensan, bueno, yo oigo el mensaje y creo que voy a empezar
a asistir a la iglesia. Bueno, debes asistir. Pero no estés pensando que al
hacer eso, vas a de alguna manera mejorar, mejorarte delante de
Dios. Ah, pues, debo empezar a leer,
voy a dejar de hacer esta y esta otra cosa, que veo que son malas
en la Palabra de Dios, no lo voy a hacer, y pienso, voy a
mejorarme. El hombre ha de venir tal como
él es. No pretender ser lo que no es. en otras palabras, como que ayudándole
a Dios, como poniéndote en mejor posición como para que Dios te
salve. Eso es el pensamiento del hombre natural. Y es por
eso que el Evangelio, en la predicación del Evangelio, si regresamos
allá a Romanos capítulo 10, en la predicación del Evangelio,
los falsos maestros, falsos predicadores, siempre levantan trabas, siempre
levantan obstáculos, y ponen impedimentos, ponen cosas que
el hombre tiene que hacer para ser salvo. Ven al Señor Jesucristo, y haz
esto, y haz lo otro, ponen, aun la fe la ponen como obra. Bautismo
lo ponen como eso es un requisito o ser miembro de una iglesia
o tienes que asistir a un catecismo para saber si está bien tu doctrina. Eso no es el Evangelio, eso no
es el mensaje del Evangelio. Bien, los hombres, digo predicadores,
hacen esto y no, es falso, no deben hacerlo
pero no solamente los predicadores hacen eso el hombre natural,
la mente, es decir las personas que están escuchando las personas
que están escuchando el evangelio de una persona que está diciendo
claramente es por gracia solamente están pensando ellos mismos,
tengo que hacer esto, tengo que hacer lo otro pero noten como
lo dice aquí en Romanos capítulo 10 Pero la justicia, estamos
hablando de esto, estamos hablando de ser justo delante de Dios,
limpio delante de Dios, que Dios te pronuncie justo. Ahora, cuando
Dios te pronuncie justo es porque es justo, no hay pecado en Él. Pero la justicia que es por la
fe, la fe de Cristo Jesús, la justicia que es por este Evangelio
de Cristo Jesús, dice así, Y la primera cosa que dice es, no
digas. Yo no lo estoy diciendo, no lo
digas tú. El Evangelio no lo está diciendo,
no lo digas tú. No digas en tu corazón. No están
hablando, están pensando. No digas en tu corazón, tengo
que hacer esto, tengo que hacer lo otro. En este caso, ¿quién
subirá al cielo? Tengo que hacer una gran hazaña.
Tengo que sentir. Tengo que sentir. Ahora, es verdad,
la salvación involucra el sentimiento, pero algunas personas están pensando
que tienen que tener un arrebato. Tienen que experimentar lo que
experimentó el apóstol a Pablo, de que fue trasladado al tercer
cielo. Si no lo siento, entonces, pues
no voy a ser salvo, no voy a creer. No digas en tu corazón quién
subirá al cielo. Esto es para traer abajo a Cristo.
Cristo ya descendió del cielo. Es lo que dice el Evangelio.
No digas. Tú no lo digas. Él ya descendió
del cielo. Y no digas quién descenderá al
abismo. Tengo que sentir el peso de mi
pecado. Estoy convencido que ningún santo
aquí en la tierra conoce la depravedad de su corazón. Estoy convencido
de que si nosotros pudiéramos ver la depravedad de nuestro
corazón, la maldad de nuestro corazón, nos volveríamos locos. Sería tan feo, no pudiéramos nosotros imaginarlo. Tengo que sentir, ahora escuchen,
Dios Dios te pone en ese lugar. Dios te pone en ese lugar de
sentir que vas a estar muerto, perdido, si Él no te salva. Pero no digas tú, yo tengo que
experimentar, tengo que... como que vas a poner marcas,
como se dice, si alcanzo esto, entonces tengo que... no me dice
eso. ya sea que lo sientas o no, es
la verdad de Dios. Eres pecador. Yo soy pecador,
ya sea que lo sintamos o no. Alguien dijo eso, los sentimientos
vienen y los sentimientos van y los sentimientos son engañosos.
Lo único que podemos nosotros depender, nuestra alma, es de
la palabra de Dios que no cambie. ¿Quién descenderá al Bismo? Esto
es para hacer subir a Cristo de entre los muertos. Él ya resucitó
de los muertos. ¿Mas qué dice? Ahora sí en la
forma positiva. Cerca de ti está la palabra,
en tu boca y en tu corazón. Esta es la palabra de fe que
predicamos. Que si confesares con tu boca
que Jesús es el Señor, y creyeras en tu corazón que Dios levantó
de los muertos, serás salvo. Si tú confiesas, si tú crees
en tu corazón, ¿Entiendes? El creer con el corazón involucra
el entendimiento. El corazón es el ser del hombre. El entendimiento, el afecto y
la voluntad. Entiendo quien es el Señor Jesucristo.
Entiendo que Él es el Salvador. Entiendo que Dios lo envió aquí
al mundo para salvar a pecadores. Entiendo que Él tiene poder de
limpiarme de mi lepra. Yo entiendo, este hombre entendía
que Jesús tenía el poder, que Él era el Señor, que tenía el
poder de limpiar de su lepra. Pero no solamente entendía eso,
Él vino, la voluntad, ¿verdad? Él creyó. Él oyó y Él creyó y
Él se postró ante el Señor Jesucristo. Y dijo, Como dije, este hombre
vino porque era asunto de vida o muerte. No vino porque tenía
derecho. Voy a esperar a que yo tenga
derecho, es lo que piensa el hombre. Voy a hacer esto, esto
y esto y lo otro y eso me va a dar derecho. No vino porque
tenía derecho. Este hombre era inmundo y así
es como nos ha dejado el pecado. no hay cosa sana en nosotros.
Ahora, noten lo que confesó este hombre. Primero él confesó que
él es el Señor. Confesó que Jesús, Él está viendo
a un hombre descender de la montaña y Él
reconoció, tú eres el Señor. Tú eres el Señor. Reconocemos que Él es Dios, que
Él es el Señor. Noten lo que Él confesó. Él confesó
la autoridad que tenía el Señor Jesucristo sobre Él. Él dijo,
Señor, si Tú quieres. Reconoció la soberanía de Dios,
la soberanía de Dios de hacer conmigo lo que Él quiere. Esto
va contrario al hombre natural y va contrario a la religión
del hombre y se enfurecen. Está bien que Dios sea soberano
en la creación, es decir, Dios creó el universo cuando Él quiso,
lo creó como quiso, lo creó cuando quiso, está bien, estamos de
acuerdo con esto, Dios es soberano en la creación. Están de acuerdo
con Dios es soberano en la providencia, es decir, Dios hace lo que Él
quiere. Bueno, está bien, reconocemos
que las cosas pasan porque Dios las envía y estamos resignados
a eso. Si no lo reconocen con gozo,
resignados. Pero cuando viene a Dios es soberano
en la salvación, es decir, Él puede hacer conmigo lo que Él
quiere. ¡Ah, eso no se vale! ¡Ah, eso
no me gusta! ¡No es justo! El asunto es, nosotros hemos
de venir al Señor Jesucristo, estamos en Sus manos. ¿Qué va
a hacer con Él? Yo voy a creer en el Señor Jesucristo,
ya sea que me mate. Él tiene el derecho de enviarme
a mí. Yo merezco el infierno, y tú
también. Yo merezco el infierno. Él tiene
el derecho de hacer conmigo lo que Él quiere hacer. Señor, si
Tú quieres, Tú puedes salvarme. Si quieres, la soberanía de Dios
en la salvación, Él de Su voluntad nos hizo nacer por la palabra
La religión del hombre lo tiene al revés, pensando que es la
voluntad. Ya hice mi decisión por Cristo. Ahora Dios está obligado
a salvarme. Y así lo presenta. Y así lo presenta. Como si estuvieran doblando el
brazo de Dios detrás de su espalda. Ya hice mi confesión, ahora me
tienes que salvar. como si fueran unas palabras
mágicas que repite el hombre, todo aquel que confesar en nombre
del Señor será salvo. Ahí está, ya lo hiciste y ya
eres salvo. Están torciendo la Palabra de Dios para su propia
destrucción. No, Él es soberano. Él no va
a ser dictado por nosotros. Él de Su voluntad nos hace renacer. Señor, si tú quieres Y es lo
que decimos ahora, personas que han creído un año, dos años,
veinte años, cincuenta años, todavía estamos en las manos
del Señor. Señor, si tú quieres, puedes
salvarme. Porque todavía no estamos allá.
Tenemos esperanza, tenemos seguridad, Él nos ha dado la fe, el Espíritu
Santo testifica Pero el corazón es engañoso más que todas las
cosas. Yo no quiero ser engañado por mi propio corazón. Yo quiero
seguir viniendo a los pies del Señor Jesucristo y confesando,
Señor, yo soy un pecador. Si quieres, puedes limpiarme. Y noten allá la confesión de
este hombre. Dijo, puedes. está convencido
del poder del Señor Jesucristo para hacer esto que Él pidió. Él tiene poder. ¿Dónde está el
poder del Señor Jesucristo de limpiar el pecado sin que Él
sea contaminado por el pecado? Recuerden, no solamente todo
lo que el leproso tocara, todo lo que toque el leproso es limpio. ¿Dónde tiene el poder el Señor
Jesucristo de decir, sé limpio? Bueno, estoy adelantado. Tú puedes,
Él está decidido, Él tiene el poder de hacerlo. Le oímos que
Él tiene el poder de hacerlo en el Evangelio. Es por eso que
Él dijo, si tú quieres puedes limpiarme. El poder está en ti.
Yo oigo que tú tienes poder de hacer. Yo he oído en la palabra
de Dios que tú eres el único que puedes quitar el pecado de
tu pueblo con tu sangre preciosa. Noten aquí la gracia de Dios. La gracia de Dios es aplicada. Esta es la tercera cosa. La gracia
de Dios es solamente aplicada por Dios. Es aplicada. Hasta ahí, hasta ahí todo bien,
pero el hombre no dijo, bueno, yo voy a decidir que tú, voy
a dejar que te me salves. Voy a hacer mi decisión por ti
para que tú me limpies. La gracia de Dios es solamente
aplicada por el Señor Jesucristo. Noten aquí es Jesús quien extendió. Es Él quien extendió la mano. Este hombre vino y se postró
ante Él reconociendo el poder, la soberanía del Señor Jesucristo
para salvar a quien Él quiere, pero está esperando ahora que
el Señor Jesucristo haga algo. Es Jesús quien extendió la mano,
no el hombre. La gracia de Dios es aplicada
solamente por Dios. Nosotros no podemos impartir
esta gracia. La iglesia católica romana siempre
está tratando con sus sacramentos. Dicen sacramentos. ¿Saben qué
significa esa palabra sacramentos? Que confiere gracia. que eso
que se hace en el rito, ahí está amarrado lo espiritual, y cuando
tú tomes parte en el rito, estás recibiendo lo espiritual. No. El único que confiere gracia
es el Espíritu Santo. Él es el único que confiere la
Él extiende la mano y le tocó. Noten allá el Señor Jesucristo
tocó a este leproso, identificándose con ese leproso, identificándose con ese leproso.
uno con ese leproso. Uno con ese leproso. ¿Qué fue
sino que el Señor Jesucristo? ¿Cómo es posible que Él, el que
no conoció pecado, nos dice la palabra de Dios por nosotros
fue hecho pecado? Él se identificó con nosotros
cuando vino aquí a este mundo y Él nos tocó a nosotros. y Él llevó nuestros pecados en
Su propio cuerpo, sin ser contaminado Él. Es un gran misterio. Sólo Dios
puede hacer esto. Sólo Dios puede tocar al leproso
sin él mismo ser contaminado. porque el Señor Jesucristo llevó
el pecado de su pueblo en su propio cuerpo. Él fue hecho pecado
por nosotros. Al que no conoció, pecado. Mas no fue pecador. No fue pecador. Mas no fue inmundo. No fue inmundo. Y noten aquí la palabra, dijo, la gracia de Dios manifestada. diciendo, habló, habló. Esta palabra aquí que dice habló, noten allá, dijo, quiero. Se manifiesta la voluntad de
Dios en esa palabra, ¿verdad? Cuando Dios quiere algo, ¿hay
algo que puede impedirlo? ¿Hay algo que puede impedir la
mano de Dios y dice, ¿qué haces? Él dice, yo hago todo lo que
yo quiero. Yo hago todo lo que quiero. Y
porque Él quiere, lo hace. Quiero. Y luego Él pronunció
las palabras, dijo, sé limpio. Ese es el poder de Dios que sale
y dice, a un pecador que está muerto. Es el mismo poder de
Dios que levantó al Señor Jesucristo de los muertos. Quiero. Lázaro,
ven fuera. Quiero. Sé limpio. Es mi voluntad
y yo digo, sé limpio. Sé justo y es justo. Y noten allá, no fue un proceso.
No fue un proceso. Anda a tu casa y medítalo. Cuando habla el Señor Jesucristo
en este poder, cuando Él habla, se hace. Pero Él dijo, quiero
ser limpio, y al instante su lepra desapareció. Al instante
que el Señor Jesucristo hable al corazón de una persona y diga,
pecador, Es la luz que alumbra. Es la luz de la nueva creación,
una nueva criatura. Antes en tinieblas, ahora en
luz. Sea la luz y fuera luz. Y Dios
dice, quiero, ten vida. Y al instante, esa persona que
antes estaba muerta en delitos y pecados, ahora vive para Dios. ya se acabó mi tiempo voy a terminar
solo con leer entonces Jesús le dijo mira no digas a nadie
sino ve muéstrate al sacerdote y presenta la ofrenda que ordenó
Moisés para testimonio a ellos la gracia de Dios entonces viene
al pecador la gracia de Dios trae al pecador la gracia de
Dios convence al pecador de pecado, de justicia y de juicio convence
de quien es el Señor Jesucristo La gracia de Dios trae al pecador
tal como él es. La gracia de Dios, esta salvación,
es solamente aplicada por Dios. Que el Señor bendiga su palabra.
Cody Groover
About Cody Groover
Cody Groover was a missionary to the Yucatan Peninsula, Mexico. The Lord called him home November 17, 2016.

Comments

0 / 2000 characters
Comments are moderated before appearing.

Be the first to comment!

Joshua

Joshua

Shall we play a game? Ask me about articles, sermons, or theology from our library. I can also help you navigate the site.

0:00 0:00