El sermón de Joel Coyoc titulado "¿Para quién fue dada la ley?" analiza la naturaleza y el propósito de la ley de Dios a la luz de 1 Timoteo 1:9. Coyoc argumenta que la ley es buena y fue dada no para los justos, sino para los pecadores, como un medio para revelar la incapacidad humana de cumplirla y llevar a la desesperación, lo que a su vez lleva a buscar la gracia en Cristo. Utiliza las enseñanzas de Pablo, quien expresa que la ley tiene un propósito claro: mostrar la pecaminosidad del ser humano y su necesidad de salvación a través de la fe en Jesucristo. El sermón enfatiza que, aunque la ley es un reflejo del carácter de Dios y demanda perfección, el reconocimiento de nuestra incapacidad de cumplirla nos debe conducir a la misericordia y gracia de Dios. Esto tiene una profunda importancia práctica, ya que recuerda a los creyentes que nuestra obediencia a la ley debe ser una respuesta a la salvación, no un intento de alcanzarla.
“La ley es buena porque procede de Dios que es bueno.”
“El uso legítimo de la ley no es procurar la vida eterna por cumplir la ley, porque no somos capaces de cumplir.”
“La ley fue dada para mí para que yo pueda verme como en un espejo.”
“La sana doctrina no es aquella que dice que tú vales mucho, sino que Cristo vino a morir por nosotros por la profundidad de nuestra caída.”
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