En su sermón titulado "Sea Dios veraz," Joel Coyoc aborda la doctrina de la fidelidad de Dios, enfatizando que la incredulidad humana no anula la veracidad divina. Utilizando Romanos 3:1-5 como texto base, el predicador argumenta que, a pesar de la incredulidad de algunos, Dios se mantiene fiel a su palabra y promesas. Coyoc aclara que el privilegio de recibir la revelación de Dios a través de la Escritura, que fue confiado al pueblo de Israel, no es motivo de jactancia, sino un acto de pura gracia. Los pasajes como Romanos 3:4, donde se afirma que "sea Dios veraz y todo hombre mentiroso," subrayan que la verdad de Dios es inmutable y superior a la opinión del hombre, insistiendo en que confiar en uno mismo y en su propia justicia es inútil en vista de la justicia de Dios revelada en Cristo. Esto tiene implicaciones prácticas profundas, ya que los creyentes son llamados a reconocer la necesidad de una fe activa en Cristo, a vivir por su gracia y a rechazar cualquier confianza en sus propios méritos.
“Dios es veraz, y la incredulidad del pueblo no afecta la fidelidad de Dios.”
“Sea Dios veraz y todo hombre mentiroso.”
“El privilegio de conocer la Palabra de Dios no es motivo de jactancia, sino un acto de pura gracia.”
“La realidad se impone. La realidad está definida por aquel quien es la verdad.”
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