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JC

Anuncio a los Amados

1 John 3:2-3
Joel Coyoc September, 8 2021 Video & Audio
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JC
Joel Coyoc September, 8 2021
Estudio de las Cartas de Juan

La predicación de Joel Coyoc se centra en la identidad de los creyentes como hijos de Dios, basada en el amor del Padre revelado en 1 Juan 3:2-3. Coyoc discute cómo este amor sacrificial y eterno es el fundamento de la salvación y la transformación espiritual, enfatizando que ser hijo de Dios no es un derecho ganado, sino un regalo divino. Se destacan varios principios: la realidad presente de ser hijos de Dios, el conocimiento seguro de la esperanza de transformación en Cristo y la ocupación constante de vivir en pureza y adoración. Coyoc sostiene que, aunque aún no se ha manifestado por completo nuestra futura gloria, debemos vivir de acuerdo con la esperanza de ser transformados a la imagen de Cristo (Romanos 8:28-29), lo que nos llama a una vida de santificación activa.

Key Quotes

“Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser.”

“La ocupación del creyente es seguir viniendo a Cristo por fe.”

“Mirá a Cristo, eso va a mostrar nuestro pecado y nos va a hacer venir corriendo a Él.”

“La sangre de Jesucristo, Su Hijo, nos limpia de todo pecado.”

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Dice la Palabra de Dios Primera
de Juan Capítulo 3. Dice, mirad cuál amor nos ha
dado el Padre para que seamos llamados hijos de Dios. Por esto
el mundo no nos conoce, porque no le conoció a Él. Amados, ahora
somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos
de ser, pero sabemos que cuando Él se manifieste, seremos semejantes
a Él, porque le veremos tal como Él es. Y todo aquel que tiene
esta esperanza en Él, se purifica a sí mismo, así como Él es puro. Todo aquel que comete pecado,
infrinque también la ley, pues el pecado es infracción de la
ley. Y sabéis que Él apareció para quitar nuestros pecados,
y no hay pecado en Él. Todo aquel que permanece en él
no peca. Todo aquel que peca no le ha
visto ni le ha conocido. Hijitos, nadie os engañe. El que hace justicia es justo
como él es justo. El que practica el pecado es
del diablo, porque el diablo peca desde el principio. Para
esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo.
Todo aquel que es nacido de Dios no practica el pecado, porque
la simiente de Dios permanece en él y no puede pecar, porque
es nacido de Dios. En esto se manifiestan los hijos
de Dios y los hijos del diablo. Todo aquel que no hace justicia
y que no ama a su hermano no es de Dios. Porque este es el
mensaje que habéis oído desde el principio, que nos amemos
unos a otros. No como Caín que era del maligno
y mató a su hermano. ¿Y por qué causa le mató? Porque sus obras eran malas y
las de su hermano justas. Hermanos míos, no os extrañéis
si el mundo os aborrece. Nosotros sabemos que hemos pasado
de muerte a vida, en que amamos a los hermanos. El que no ama
a su hermano permanece en muerte. Todo aquel que aborrece a su
hermano es homicida, y sabéis que ningún homicida tiene vida
eterna permanente en él. En esto hemos conocido el amor
en que Él puso Su vida por nosotros. También nosotros debemos poner
nuestras vidas por los hermanos. Pero el que tiene bienes de este
mundo y ve a su hermano tener necesidad y cierra contra él
su corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en él? Hijitos míos,
no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad. Y
en esto conocemos que somos de la verdad, y aseguraremos nuestros
corazones delante de él. pues si nuestro corazón nos reprende,
mayor que nuestro corazón es Dios, y Él sabe todas las cosas. Amados, si nuestro corazón no
nos reprende, confianza tenemos en Dios, y cualquiera cosa que
pidiéremos, la recibiremos de Él, porque guardamos sus mandamientos,
y hacemos las cosas que son agradables delante de Él. Y este es su mandamiento,
que creamos en el nombre de su Hijo Jesucristo, y nos amemos
unos a otros, como nos lo ha mandado. Y el que guarda sus
mandamientos permanece en Dios, y Dios en él, y en esto sabemos
que él permanece en nosotros, por el Espíritu que nos ha dado. Vamos a meditar los versículos
dos y tres, que dice, amados, ahora somos hijos de Dios, y
aún no se ha manifestado lo que hemos de ser, pero sabemos que
cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos
tal como él es. Y todo aquel que tiene esta esperanza
en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro. Nuestro tema es, anuncio a los
amados, anuncio a los amados. Cuando comenzamos el capítulo
3, hay una expresión de admiración, llamándonos la atención hacia
el amor con que el Padre nos ha amado. y no olvidemos que
cuando se escribió la carta pues no estaba dividida ni en capítulos
ni en versículos y desde el capítulo versículo dieciocho él está llamando
la atención hacia el último tiempo y como vimos desde el principio
el apóstol Juan está girando en a manera de espirales y profundizando
cada vez sobre la verdad de lo que significa tener comunión
con Dios, lo que significa estar en la luz, lo que significa ser
hijo de Dios. En contraste con las mentiras
que aquellas personas que se habían desviado, que habían apostatado
de la fe verdadera, estaban siendo una total contradicción de lo
que es la verdad del Evangelio. Hablando de un conocimiento que
era, pues, exclusivo de un grupo, hablando de que ellos ya no cometían
pecado, de que ellos no tenían pecado, pero viviendo evidentemente
no como Cristo vivió, evidentemente no andando en la luz como él
está en luz. Y él empieza a llamar la atención
primero al amor con que Dios nos ha amado. El domingo estábamos
meditando acerca de el amor del Padre. Y ahora empieza con amados. Y este es un anuncio que el apóstol
está haciendo guiado por el Espíritu Santo Si bien amados es una expresión
de aquel discípulo del amor, del discípulo amado por el Señor
Jesucristo, podemos entender que siendo inspirado por el Espíritu
Santo de Dios es un anuncio para los amados del Padre, para aquellos
que Dios ha amado con amor eterno. Amados, amados del Padre, aquellos
que Dios amó desde la eternidad en el Señor Jesucristo. Es un
anuncio a los amados del Hijo, a aquellos que el Hijo no se
avergüenza de llamar hermanos. Y es un llamado también a los
amados de Juan. Juan amaba a su audiencia, que
estaba leyendo esta carta alrededor del año 90, cuando él escribió,
y con una expresión de amor y de cariño hacia los hermanos, dice,
amados. Pero Juan no sólo amaba a los
amados del siglo del año noventa, del siglo uno de la era cristiana.
Juan había escuchado al Señor Jesús que había dicho, te ruego
no sólo por estos, sino por los que han de creer por la palabra
de ellos. Y en el corazón de Juan estaba pensar en los hermanos
de tiempos futuros. así que es para los amados de
cualquier tiempo hasta que Cristo venga. Es un anuncio a los amados. Y hay tres cosas que el apóstol
Juan, guiado por el Espíritu Santo, está anunciando a los
amados. Y el primero es, el primer anuncio
es, anuncio, el anuncio a los amados acerca de su realidad
presente. Anunciando y llamando a la atención
hacia cuál es nuestra realidad presente, Después él está haciendo
un anuncio a los amados acerca de su conocimiento seguro. Hay
un conocimiento seguro que los amados del Padre, los amados
del Señor Jesucristo, y los amados que se aman unos a otros como
Cristo les ha amado, tienen un conocimiento seguro. Y después
hay un anuncio acerca de su ocupación presente. Y lo primero que les
dice es llamar la atención hacia su realidad presente. Dice, amados,
ahora somos hijos de Dios. Amados, ahora somos hijos de
Dios. Toda la la la raza humana es
creación de Dios, son criatura de Dios, pero no toda la raza
humana son hijos de Dios. El señor Jesús enseñó y dijo,
aquellos judíos que vinieron a decirle nosotros no somos nacidos
de fornicación un padre tenemos y ellos pensaban que por ser
hijos de abram ellos por tener la religión judía ellos eran
hijos de dios y el señor jesús les contestó y les dijo ustedes
no son hijos de abram y les dijo vosotros de vuestro padre el
diablo sois y los deseos de vuestro padre queréis hacer Y o somos
hijos de Dios, o somos hijos de Satanás. Ahora, a los amados,
a los que han sido objetos del amor del Padre, aquellos que
habiendo sido elegidos en Cristo desde antes de la fundación del
mundo, aquellos que el Padre ha traído al Señor Jesucristo,
porque dice, nadie viene al a mí si el Padre no le trae, y al
que a mí viene, no le echo fuera. Aquellos a quienes el Espíritu
Santo dio vida, y por haberles dado vida, les dio fe, y les
dio entendimiento, y les dio vida juntamente con Cristo, y
les selló con el Espíritu Santo, a ellos son hijos de Dios. Cuando estudiamos el domingo,
dice, amados, dice, mirad cuál amor nos ha dado el Padre, que
seamos llamados hijos de Dios. Y no simplemente somos llamados
hijos de Dios, como vimos por el Padre, somos llamados hijos
de Dios por el mismo Señor Jesucristo, que no se avergüenza de llamarnos
hermanos, y somos llamados hijos de Dios por el Espíritu Santo,
que dice, el Espíritu da testimonio a nuestro Pero no simplemente somos llamados. Cuando Dios declara algo, cuando
Dios dice algo, eso se hace una realidad. Y ahora Él está haciendo
énfasis. Son llamados. Pero ese llamado
los hace ser hijos de Dios. Es una realidad presente. Ahora
son hijos de Dios. Y Él ha dicho, anteriormente
cosas que implica el ser hijo de Dios, pero es importante que
podamos no perder de vista por qué somos hijos de Dios. Somos
hijos de Dios por causa del amor con que Él nos ha amado. Nosotros
le amamos a Él, ¿por qué? Porque Él nos amó primero. No
es que nosotros le hayamos amado. Nosotros nacimos aborrecedores
de Dios. Pero por causa del amor con el
cual Él nos ha amado, es que nosotros respondemos a ese amor. Él nos ha atraído hacia sí mismo
con lazos de amor. Y somos hijos de Dios por causa
del amor de Dios. Eso es algo que no tenemos que
perder de vista. Que somos llamados a estar admirados
y maravillados del amor con que Dios nos ha amado. Ahora, Juan
capítulo uno, versículo once y trece, también es importante
que podamos recordar. Dice, a lo suyo vino y los suyos
no le recibieron, mas a todos los que le recibieron, a los
que creen en su nombre, les dio potestad, les dio derecho de
ser hijos de Dios. Amados, ahora somos hijos de
Dios. ¿Por qué es que somos hijos de Dios? Por causa del amor del
Padre. Por causa del amor del Padre
que nos eligió en Cristo desde antes de la fundación del mundo.
Por causa del amor del Espíritu Santo que a su debido tiempo
nos reveló al Señor Jesucristo. A su debido tiempo nos dio vida
y nos dio oídos para oír y pudimos escuchar la voz del buen Pastor.
Por esa causa es que somos hijos de Dios. Dice después, dice,
más a todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre,
les dio potestad de ser hechos hijos de Dios. Es por esa causa
que alguien puede ser hijo de Dios. Y el versículo que sigue
es un versículo importante para no equivocarnos respecto a ser
hechos hijos de Dios. Los cuales, dice, no son encendrados
de voluntad de carne, ni de voluntad de sangre, ni de voluntad de
varón, sino de voluntad de Dios. Y aquí es importante no equivocarnos. No es por causa de una decisión
que el hombre ha tomado. Es por causa del amor con que
Dios les ha, le ha amado. Es por causa, como dicen Efesios,
pero Dios que es rico en misericordia por el gran amor con que nos
amó, nos dio vida juntamente con Cristo. Y no olvidemos recordar
Un día el apóstol Pablo era Saulo de Tarso, y ese día él se levantó
y él nos dijo, pues hoy yo voy a tomar mi decisión de recibir
a Cristo. Ese día él se levantó y su decisión
fue de acuerdo a su naturaleza, y su naturaleza era aborrecer
a Dios. Y él se levantó para perseguir
a la iglesia del Señor Jesucristo. con todo el celo de su alma.
Porque él creía que Cristo era alguien que estaba destruyendo
su religión. Él no creía que Cristo era el cumplimiento de
la profecía del Antiguo Testamento. Él no creía que Cristo era el
Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Y sin embargo,
ese día, fue cumplido lo que dice Juan capítulo uno, versículo
once, doce, y trece. Ese día Pablo fue hecho hijo
de Dios. Dejó de ser Saulo de Tarso y
se convirtió en el apóstol Pablo. Ese día el Señor Jesucristo le
salvó. Y no fue por la voluntad de Pablo,
sino fue por voluntad de Dios. Él lo salvó. Él, ahí, tendido
en el polvo de la tierra, humillado, Él dijo, ¿Quién eres, Señor? Y la respuesta fue, soy yo, Jesús,
a quien tú persigues. Cristo quiso revelarse a Él.
Hubo otro tiempo en que probablemente había escuchado de Cristo, igual
que muchos otros fariseos. pero sus ojos no fueron abiertos,
pero él había sido amado desde antes de la fundación del mundo,
él había sido amado con amor eterno, y en ese momento apropiado,
el Señor que Dios había dispuesto desde antes de la fundación del
mundo, el Espíritu Santo le dio vida al apóstol Pablo, le dio
fe para creer, le abrió sus ojos y pudo ver al Señor somos hijos de Dios, ahora somos
hijos de Dios. Si Dios te ha dado entendimiento,
si tú has oído la palabra de verdad, ahora eres un hijo de
Dios, no por causa de algo en tu voluntad, sino por causa de
la voluntad de Dios. Son engendrados no de voluntad
de carne, no de voluntad de sangre, no de voluntad de varón, sino
por la voluntad de Dios. Ahora, dice después acerca de
nuestra realidad presente, no sólo la realidad de que somos
hijos de Dios, sino, dice después, aún no se ha manifestado lo que
hemos de ser. Ahora, en el presente, no se nos han revelado los detalles
futuros. Hay mucha gente que dice algunas
cosas que pueden ser así. Hay gente que dice que porque
vamos a ser transformados a la semejanza del Señor Jesucristo,
vamos a poder trasladarnos simultáneamente o entrar a un lugar, aunque estén
las puertas cerradas, como el Señor Jesús hizo cuando fue resucitado.
Es probable que sí, pero los detalles no se nos han dicho.
Dicen, no se nos ha manifestado lo que hemos de ser. Pero sí
se nos ha dicho que aunque no se ha manifestado lo que hemos
de ser, el futuro es glorioso. El futuro es glorioso. No importa
la situación que estemos enfrentando en este momento. No importa si
hay una pandemia, no importa si la economía se está yendo
a la basura, no importa si hay guerras, si hay terremotos, si
hay inundaciones, no importa si somos perseguidos por causa
de la fe. Dice la escritura que las aflicciones del tiempo presente
no son comparables a las glorias venideras que en nosotros se
han de manifestar. Las aflicciones del tiempo presente
esta leve tribulación momentánea, dice el apóstol Pablo, guiado
por el Espíritu Santo, leve tribulación momentánea, y pues parte de esa
leve tribulación de momentánea era la persecución de los hermanos,
el que algunos tenían que enfrentar los leones en el circo romano,
pero comparado con el eterno peso de gloria, es una leve las cosas deberían ser mucho
peores de lo que son. Si algo merecemos de Dios es
su justa ira, pero por gracia y por misericordia, hoy, aunque
nos muerda el león, estamos sentados en los lugares celestiales, juntamente
con Cristo. Y eso es glorioso. No se han
manifestado los detalles de lo que hemos de ser, pero tenemos
una esperanza segura Dice Primera de Pedro 3.4, bendito el Dios
y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia,
nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de
Jesucristo de los muertos, para una herencia incorruptible, incontaminada
e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros. No
se ha manifestado lo que hemos de ser, pero sí se nos ha hablado
de una esperanza segura. Hoy, en el presente, nuestra
realidad es somos hijos de Dios. Somos hijos de Dios. Hoy no tenemos
la totalidad de los detalles, pero el futuro es glorioso, lleno
de esperanza. El presente puede ser duro y
difícil, pero es una leve tribulación momentánea. el presente puede
ser oscuro y confuso, pero no es el final. El final es glorioso,
el final es con el Señor Jesucristo. Ahora, después hace un anuncio
a los amados y ese anuncio es acerca de un conocimiento seguro.
Hay algo que es un conocimiento seguro, aunque ahora somos hijos
de Dios y no se ha manifestado lo que hemos de ser, pero hay
algo que sabemos. Y el apóstol no dice aquí Hay
algo que suponemos, o hay algo que sentimos. Usa algo que es
seguro y es conocimiento seguro. Y no es un conocimiento secreto
para unos cuantos. Es un secreto, es una revelación
que ha dado el Espíritu Santo a todos los que han creído en
el Señor Jesucristo. Y dice, pero sabemos hay un conocimiento
seguro, y el conocimiento seguro, en primer lugar, es Cristo viene. Dice, sabemos que cuando Él se
manifieste, hermanos, Cristo viene otra vez. Esa es nuestra
esperanza. La Escritura habla de la corona
de justicia que dará el Señor Juez justo, dice, no sólo a mí,
sino a todos los que aman su venida. Y hermanos, no olvidemos
un evento seguro, es Cristo viene otra vez. Juan ha estado hablando
desde los versículos anteriores, dice, para que cuando él se manifieste,
pues no nos alejemos de él avergonzados. Para cuando él venga, tengamos
confianza. Y él está, ha empezado a hablar ahí desde el dieciocho,
desde el último tiempo. Y la conclusión de este último
tiempo es la venida en gloria del Señor Jesucristo. Cristo
viene otra vez. Y debe ser algo que podamos pensar
y podamos anhelar y orar al Señor para que pueda ser el anhelo
de nuestro corazón. Que Cristo venga pronto. Llegó a ser un
saludo para los hermanos del primer siglo en medio de la persecución,
ellos decían, Maranata, Cristo viene otra vez. Y en Juan 14,
versículo 1 al 3, Señor Jesús dice, no se turbe vuestro corazón,
creéis en Dios, creé también en mí, en la casa de mi padre
muchas moradas hay, si así no fuera yo os lo hubiera dicho,
voy pues a preparar lugar para vosotros, y si me fuera y os
preparar el lugar, vendré otra vez y os tomaré a mí mismo para
que donde yo estoy, vosotros también estéis. Y hermanos, conocimiento
seguro. Cristo viene otra vez. Y el señor
no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza.
Hay gente que puede decir, pues, ¿cuándo se va a cumplir la promesa
de su advenimiento? Pues, desde los padres han dicho
que él viene. Bueno, el señor no retarda su
promesa. Y el señor tampoco tiene prisa.
El señor tiene una agenda que él está cumpliendo. Y desde el
año noventa, Juan Y seguimos en el último tiempo.
Pero cada vez es más evidente y cada vez el corazón de los
creyentes ha descansado en medio de la persecución, en esta promesa
de que el Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen
por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no creyendo
que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.
¿Todos quiénes? los que fueron elegidos en Cristo
desde antes de la fundación del mundo. Y el Señor no ha terminado
con sus elegidos. El Señor Jesucristo no ha terminado
de traer a sus ovejas que están dispersas, que no son de este
redil, es necesario que las traiga. Y cuando el Señor traiga la última
oveja, entonces, Cristo viene otra vez. El Señor no retarda
sus promesas, según algunos la tienen por tardanza. Dice Apocalipsis
uno ocho, yo soy el alfa y la omega, principio y fin el Señor,
el que es y que era y que ha de venir el Todopoderoso. Ese es nuestro Salvador, el Señor
Jesucristo, que viene otra vez. Él es el Alfa, Él es la Omega,
es el principio, Él es el fin, Él es el que vive y estuvo, estuve
muerto, más sea aquí que vivo por los siglos de los siglos.
Y dice ya aquí que vengo pronto y mi galardón conmigo para recompensar
a cada uno según su obra. eso es un conocimiento seguro,
él está hablando a los amados y le está anunciando, hermanos,
sabemos que cuando él se manifieste, él se va a manifestar otra vez,
él viene otra vez, sus promesas se están cumpliendo fielmente,
y él viene otra vez por su pueblo ¿Qué es la otra cosa que es un
conocimiento seguro? no sólo que Cristo viene, sino
que hay algo que es promesa, hay algo que es el mayor bien
que se le puede hacer a un creyente, y es, dice, pero sabemos que
cuando Él se manifieste, seremos semejantes a Él, porque le veremos
tal como Él es, porque le veremos tal como Él es. Y es nuestra
esperanza bienaventurada. La esperanza bienaventurada de
ser transformados a la imagen del Señor Jesucristo. El poder
recordar que Cristo no vino para recuperar lo que Adán perdió.
Recordemos, hermanos, Adán podía pecar o no pecar. Habiendo caído
en Adán, solo hay una cosa que podemos hacer. Y esa una sola
cosa es pecar y pecar y nada más que pecar. Pero en Cristo
estamos más arriba, mucho más arriba de lo que Adán perdió,
a no poder pecar. Eso es lo que Cristo ha ganado
para su pueblo. Y Él nos está transformando a
su imagen. Pero algo que sabemos es que
cuando Él se manifieste, seremos semejantes a Él. ¿Por qué? Porque le veremos tal como Él
es. Hermanos, esta ha sido la esperanza
de los creyentes. Algunos himnos hermosos que se
han escrito uno que dice cara a cara espero verle más allá
del cielo azul y pensar que fue un himno escrito por una persona
que nació ciega y nunca vio nada en esta tierra pero el anhelo
de su corazón era que la primera cosa que ella iba a contemplar
era el rostro del señor jesucristo el rostro de aquel que nos amó
y nos lavó de nuestros pecados con su sangre y ese Ha de ser
el anhelo de nuestro corazón. Hay una canción que dice solamente
una palabra, dice solamente una oración cuando llegue a tu presencia,
oh Señor. Dice, solo quiero verte cara
a cara. Dice, y caer derretido en tu
mirada. Dice, que nadie me lo impida. Es que estoy viendo al
Maestro cara a cara. Irmanos, que pueda ser el anhelo
de nuestro corazón. Hoy batallamos aún con nuestra
carne. Tenemos tres frentes de lucha
que es el deseo de la carne, el deseo de los ojos, y la vanagloria
de la vida. Pero el Señor Jesucristo El Señor
Jesucristo nos libra de la pena por el pecado. El Señor Jesucristo
nos libra del poder del pecado y el Señor Jesucristo nos librará
de la presencia del pecado. Y podemos venir como Pablo y
decir, miserable de mí. Y en verdad, vernos así como
miserables. ¿Quién nos va a librar de este
cuerpo de pecado? Mas gracias doy a Dios por Jesucristo. Jesucristo
es nuestra esperanza de no pecar más. Ser transformados a la imagen
del Señor Jesucristo. Y dice, Bueno, la tercera cosa
es, ¿cuál es la ocupación presente de los amados? Te estoy anunciando
y recordando la ocupación presente de los amados. El versículo 3,
Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo,
así como él es puro. Y todo aquel que tiene esta esperanza
en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro. Y por supuesto
que la obra de purificación, la obra de santificación, es
una obra completa que Cristo ha hecho. Ahora, ¿de qué está
hablando acá y qué es lo que nos está anunciando que debe
ser nuestra ocupación presente? Y nuestra ocupación presente
es crecer a la imagen del Señor Jesucristo. Recuerden, es el
mayor bien que se le puede hacer a un creyente. Está por todos
los lugares en la Escritura. Romanos capítulo 1, 8, versículo
28, que citamos muchas veces, y que lamentablemente muchas
veces lo citamos sin citar el contexto. Hay muchos hermanos
que te animan y te quieren consolar diciendo, y sabemos que a los
que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, y quieren
completar el bien con lo que su imaginación les diga. Si el
hermano perdió el trabajo, es que Dios te va a dar un mejor
trabajo. Y puede ser, a lo mejor no. Y queremos completar el final,
pero el bien no es lo que nuestra imaginación traiga. El bien está
en el versículo 29. Dice, y sabemos que a los que
aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien. Esto es, a
los que conforman su propósito son llamados. Porque a los que
antes conoció, también los predestinó, ¿para qué? para que fuesen hechos
conforme a la imagen de su Hijo. Ese es el bien. Todas las cosas
están obrando para hacernos cada vez más parecidos al Señor Jesucristo. ¿Y en qué vamos a estar ocupados
mientras Cristo viene? Amados, si somos hijos de Dios,
si hemos sido objetos del amor del Padre, de ese admirable y
maravilloso amor, cuando solamente merecíamos su condenación, Él
ha mostrado su gran amor. ¿Qué es lo que nos tenemos que
ocupar? ¿Cómo es que nos ocupamos de purificarnos así como Él es
puro? No es, pues, ponernos como los
fariseos y hacernos unas listas que cumplir y sentir que lo hemos
logrado. Lo que hay que hacer es, dice
en versículos anteriores, dice, si alguno dice que no tiene pecado,
hace a Dios mentiroso. Y la manera de limpiarnos es
por el Evangelio. Es viendo al Señor Jesucristo. Yo necesito ver al Señor Jesucristo. Por eso dice, mirad cuál amor
nos ha dado el Padre. Mira al Señor Jesucristo. Por
eso Hebreos dice, puesto los ojos en Jesús, el autor y consumador
de la fe. Por eso la Escritura dice, por
ejemplo, en 2 Corintios 3, 18, Por tanto, nosotros todos, mirando
a cara descubierta como un espejo la gloria del Señor, somos transformados
de gloria en gloria en la misma imagen como por el Espíritu del
Señor. Primera de Corintios 13, 12 dice,
ahora vemos por espejo, oscuramente, mas entonces veremos cara a cara.
Ahora conozco en parte, pero entonces conoceré como fui conocido. Y todo eso está hablando de conocer
al Señor, a Dios en el Señor Jesucristo. La necesidad nuestra
es conocer a Dios. Para ser transformado a la imagen
del Señor Jesucristo, necesito conocer al Señor Jesucristo.
Y no le puedo conocer si no le miro. Y nuestra necesidad, ¿cómo
nos purificamos? Hermano, pasamos situaciones
difíciles. De pronto se rompe el coche o
se rompe el clima cuando hay más calor y cuando hay demasiada
presión. Y la pregunta es, ¿quién es Cristo
en esta circunstancia? ¿Cuáles son sus promesas adecuadas
para este momento? Nosotros decimos Dios es Cristo,
es Señor. Pero, y decimos amén emocionados.
Pero eso tiene que funcionar también cuando estoy en medio
del tráfico a 45 grados en la calle 60, en medio de un congestionamiento
de hora y media, y el tráfico no se mueve, y ese es momento
de decir, Cristo es Señor. Eso no salió del control del
Señor Jesucristo. Él está sentado en su trono y
está gobernando. nosotros entramos en pánico porque
nosotros queremos gobernar, pero son las circunstancias que Dios
trae deliberadamente a nuestra vida y es momento ahí de clamar,
señor, recuérdame tus promesas, recuérdame quién eres tú cuando
viene lo duro de las circunstancias. ¿Quién es el señor? ¿Quién es
el señor cuando escasea la economía? ¿Quién es el señor cuando está
la enfermedad? ¿Quién es el señor cuando la
muerte contemplar al Señor. Hermanos,
necesitamos la palabra y necesitamos clamar al Señor que nos haga
constantemente predicarnos a nosotros mismos el Evangelio. Hermanos,
tenemos la oportunidad de escuchar predicación 45 minutos en la
mañana del domingo, 45 en la noche y 45 los miércoles. Pero
tenemos tantas otras horas donde hay un predicador que usted escucha,
y ese predicador es usted mismo. ¿Y qué evangelio se está predicando
cuando aprietan las circunstancias Es el tiempo de predicarnos el
Evangelio de que Cristo es Señor. El Evangelio de que Cristo es
proveedor. El Evangelio de que Cristo es mi santificación, mi
justificación, mi redención. Él es mi herencia. Él es todo
lo que yo requiero. Es el momento de ver al Señor
Jesucristo. Dice, Se purifica a sí mismo. ¿Y cómo nos purificamos? Viendo
al Señor Jesucristo. Si yo veo a los demás, yo voy
a terminar parándome y diciendo, Señor, yo te doy gracias porque
yo no soy como mi vecino. Su ojo de mi esposa nunca queda
morado. El del vecino sí le deja morado su ojo a la esposa. O
yo no le digo groserías o no le grito a mi esposa. Pero ¿sabe
qué? Si miro al Señor Jesucristo,
miro que como marido soy un fracaso. Porque el llamado no es a amar
a mi esposa como lo hace el vecino, no como lo hizo mi papá, porque
yo me voy a sentir mejor que mi papá. El llamado es a amar
a mi esposa como Cristo amó a la iglesia. ¿Y sabe qué? Estoy derrotado,
fracasado, y necesito venir corriendo. Y cuando veo a Cristo, veo lo
imperfecto que es como yo amo a mi esposa. Cuando veo a Cristo,
veo lo imperfecto que es como yo amo a los hermanos. Cuando
veo a Cristo, veo lo totalmente imperfecto como yo amo a mis
hijos. Cuando miramos a otro lado, nos
volvemos arrogantes. no nos parecemos en nada a Cristo,
menos al apóstol Pablo. El apóstol Pablo decía, no que
lo haya logrado ya. Él no se sentía que lo había
logrado. El apóstol Pablo no sentía que él era el creyente
modelo. Él decía, miserable de mí, ¿quién
me va a librar de este cuerpo de pecado? Y la manera de purificarnos
es viendo en la gloria de Cristo, porque eso va a mostrar nuestro
pecado y nos va a hacer venir corriendo, no a decir, señor,
te doy gracias, porque eso es decir que no tengo pecado. y
es venir y confesar mis pecados. y Él es fiel y justo para limpiar
mi pecado y limpiarnos de toda maldad. Purificarse a sí mismo
es necesario el Evangelio. Es algo en lo cual participamos,
pero es algo que es obra de la gracia de Dios que nos hace seguir
escuchando a Cristo, que nos sigue mostrando a Cristo, y cuando
vemos a Cristo vemos cuán lejos estamos y cuán necesitados de
la gracia. Esa es la ocupación del creyente.
Está ocupado adorando. Hermanos, Cuando venimos al culto,
adoramos en todo lo que hacemos. No solo adoramos cuando oramos,
cuando leemos y cuando cantamos. Algunas personas piensan que...
La predicación es adoración. Ahora estamos adorando. Hermanos,
la manera de purificarnos es por el Evangelio, es por ver
al Señor Jesucristo, por contemplar a Cristo. Y nuestro clamor del
corazón debe ser, Señor, abre mis ojos, que pueda ver al Señor
Jesucristo. Cada vez que vaya a la Escritura,
abre mis ojos para ver a Cristo. sea en el Antiguo, sea en el
Nuevo Testamento, abre mis ojos para ver al Señor Jesucristo.
Que no veamos simplemente lo que vieron los fariseos, porque
ellos vieron muchas cosas. Ellos sabían cuántas veces estaba
el nombre de Dios, porque las contaban. Ellos sabían toda la
ley, sin embargo, no vieron a Cristo, y la Escritura está llena de
Cristo. Nuestro clamor es, Señor, concédeme
ver a Cristo. Cuando vengo al culto, Señor,
concédeme, dame ojos de fe para ver al Señor Jesucristo. Cristo,
ver a Cristo, es nuestra necesidad. Y si nos pasamos con el deseo
de ver a Cristo, entonces va a ser de emoción el esperar que
Él se manifieste. Porque le veremos tal como Él
es. Hermanos, la adoración nos transforma. El Salmo 115 en su
casa, léalo. Pero el Salmo 115 dice que nuestro
Dios está en los cielos y todo lo que quiso ha hecho. Pero después
habla de los ídolos, de las naciones que muchas veces son también
nuestros ídolos. Y dice una persona, decía, uno
de los ídolos que está más cercano y que engaña nuestro corazón
es el dinero. Nosotros tenemos dichos que dicen,
con dinero hasta el perro baila. Y en verdad que es un ídolo que
muchas veces engaña nuestro corazón. Porque te compras seguros y tienes
seguridad. Te puedes comprar comodidad,
te puedes comprar descanso. Pero todo eso es vano. Y no es
que esté mal tener un seguro y pasar unas vacaciones. El clamor
de nuestro corazón es que, en verdad, todo busquemos en el
Señor, y que allí esté nuestra confianza. Porque dice después
la Escritura, en el Salmo 115, los ídolos de las naciones, dice,
tienen ojos, pero no ven. Tienen boca pero no habla, tienen
oído pero no oyen. Dice, semejantes a ellos son
los que las hacen y cualquiera que en ellos confía. La adoración
transforma. Ya sea en el sentido incorrecto
o en el sentido correcto, la adoración nos transforma. Hermanos,
purificarse es Estar en adoración constante, en admiración constante
al Señor Jesucristo, clamando para que Él se nos rebele y estemos
maravillados con quién Él es. Y adorarle. Y adorarle es amarle. Adorarle es confiar en Él. Adorarle
es esperar en Él. Que nuestra esperanza está en
Él. Hermanos, que Dios nos guarde de confiar en nada que no sea
lo que Cristo ha hecho. Que no pretendamos venir con
nuestra justicia. Hermanos, si nos sentimos bien
en nosotros mismos, si estamos pensando que Dios ya debe aplaudirnos
y todos los demás están mal, y yo soy el único que está bien,
¡cuidado! Eso se parece al fariseo que
fue y le daba gracias a Dios porque no había otro como él
sobre la tierra. En cambio, el publicano, dice la Biblia, que
no levantaba la mirada y decía, Dios se propicio a mí, el pecador. Y el Señor Jesucristo dijo que
él descendió a su casa justificado. Justificados, pues, por la fe,
tenemos paz para con Dios. La ocupación es seguir viniendo
a Cristo por fe. La ocupación es seguir mirando
a Cristo para ver mi pecado y venir a la sangre de Jesucristo, su
Hijo, que es la que me limpia de todo pecado. Amados, ahora
somos hijos de Dios. Y si tenemos esa esperanza, estemos
ocupados en adorar a Dios, clamando al Señor que nos siga abriendo
nuestros ojos, y que cada vez que vayamos a la Escritura, sea
en la predicación, sea en el devocional familiar, sea en tu
lectura personal, sea de ver al Señor Jesucristo, y de poder
venir corriendo a Él, buscando la limpieza que da Su sangre.
Porque la sangre de Jesucristo, Su Hijo, nos limpia de todo pecado. Vamos a orar.

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Joshua

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