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Jose Dzul

Cristo es precioso

1 Peter 2:6-8
Jose Dzul March, 5 2023 Video & Audio
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Jose Dzul
Jose Dzul March, 5 2023

El sermón "Cristo es precioso" predicado por Jose Dzul se centra en la exaltación de Jesucristo como la "principal piedra del ángulo", basada en 1 Pedro 2:6-8. Dzul argumenta que Cristo es esencial tanto para judíos como para gentiles, quienes encuentran en Él su fundamento espiritual. Al referirse a las Escrituras del Antiguo Testamento, el predicador muestra que aquellos que no creen en Cristo tropiezan en la Palabra de Dios, mientras que para los creyentes, Cristo es descrito como el amor incondicional, eterno e inmutable de Dios. La predicación destaca la importancia de Jesús en la salvación, donde enfatiza que la justificación y la santificación son obras de la gracia de Dios, no consecuencia de las obras humanas. La revelación de Cristo como precioso se presenta no solo como una verdad doctrinal, sino como una realidad viva para el creyente.

Key Quotes

“El que creyere en él no será avergonzado.”

“Cristo es precioso para el alma de cada creyente verdadero en el Señor Jesucristo.”

“Dios nos ama con amor incondicional.”

“La salvación es de Jehová, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.”

Sermon Transcript

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100%
nuevamente adiós gracias por
estas bendiciones que nos concede hoy en esta mañana quiero que
que leamos en primera de pedro capítulo 2 en primera de pedro capítulo
2 voy a dar lectura podemos verlo con siguiendo con la vista en
capítulo 2 versículos 6 hasta 8 Versículos seis hasta ocho. El apóstol Pedro está hablando
del Señor Jesucristo y dice, por lo cual también contiene
la escritura. Lo que Pedro nos está diciendo
aquí viene del Antiguo Testamento. Él está citando las escrituras
del Antiguo Testamento, lo que Dios había dicho. a través del
profeta Isaías. Él dice, por lo cual también
contiene la escritura, y aquí pongo ención, la principal piedra
del ángulo, escogida y preciosa. Está hablando del Señor Jesucristo. La principal piedra del ángulo. Cristo es la piedra principal
que une, que une el pueblo judío que cree en Cristo
y el pueblo gentil que cree en el Señor Jesucristo. Estas dos
razas son unidas por el Señor Jesucristo. Por este ángulo. Escogida y preciosa,
el que creyere en él no será avergonzado. La persona que cree
en el Señor Jesucristo nunca será humillado. Para vosotros,
pues, Él está hablando a los gentiles. Para vosotros, pues,
los que creéis, Él es precioso. Para ustedes que creen en el
Señor Jesucristo, Él es precioso. Pero para los que no creen, la
piedra que los edificadores desecharon. Los edificadores son la gente,
la gente religiosa, los gobernantes de la religión. Son estos que
desecharon al Señor Jesucristo cuando Él vino a este mundo. Ellos no lo creyeron. Ellos tropezaron. tropezaron en la venida del Señor
Jesucristo porque ellos estaban esperando, los judíos estaban
esperando un Mesías rico, un Mesías rico, un Mesías poderoso
con mucha gente, un Mesías guerrero para vencer a los romanos y ser
librados de los romanos. Pero cuando ellos oyeron que
Jesús es el enviado de Dios y ellos vieron que no tiene donde poner
la cabeza. Ellos, cuando ellos vieron que
este es un pobre, humilde, ellos no creyeron esto, no creyeron
que este hombre sea el enviado de Dios, el Mesías de Dios, no
lo creyeron. No lo creyeron. Dice, la piedra
que los edificadores desecharon ha venido a ser la cabeza del
ángulo. Aunque ellos lo desecharon, Dios
dice, he puesto mi fundamento en Sion, la cual nadie lo puede
quitar. es el único fundamento no hay
otro fundamento y nadie puede poner otro fundamento cristo
es el fundamento de la iglesia verdadera Y piedra de tropiezo, Cristo
vino a hacer una piedra de tropiezo para los judíos, incrédulos,
que no creyeron en Jesús como el Mesías. Y roca que hace caer,
porque tropiezan en la Palabra, en la Palabra de Dios, son incrédulos
a la Palabra de Dios. Siendo desobedientes, ellos no
obedecieron lo que dijeron los profetas del Antiguo Testamento
del Señor Jesucristo, lo cual fueron también destinados. Cuando
una persona, cuando una persona, por naturaleza todo ser humano
tiene un corazón endurecido, o naturaleza. Pero el ser humano,
oyendo la verdad, voluntariamente endurece su corazón, rehúsa creer
en el Señor Jesucristo, es obediente, desobediente al Evangelio. Esa persona está mostrando, está
mostrando que no es del Señor. Dios nunca ha predestinado a
nadie para el infierno. El hombre mismo, él lleva, toma
ese camino del infierno. Y por su desobediencia a la Palabra
de Dios, al Evangelio, está mostrando que no es del Señor. No es del
Señor. Bueno, en esta mañana quiero
hablarles, hermanos, mis hermanos, si Dios me permite hablarles,
esta gran verdad. Cristo es precioso. Cristo es precioso. Dice el versículo
siete, para vosotros, para ustedes los creyentes, para ustedes los
creyentes, Cristo es precioso. Para ustedes que creen en el
Señor Jesucristo, Él es precioso. Es precioso. Para mí, Cristo
es precioso. Es precioso para mi alma. Es
precioso para mi esperanza. Él es mi única esperanza. Mi esperanza de gloria. Él es precioso porque es mi refugio. No tengo otro refugio, sino Cristo
únicamente. Cristo únicamente. Cristo es
precioso. Nosotros como seres humanos no,
no, no podemos, no podemos, es imposible para nosotros expresar,
expresar plenamente lo precioso que es Cristo. Yo no tengo palabras
para expresar, para decir la preciosidad del Señor Jesucristo. Yo sólo puedo decir que Cristo
es precioso. Es precioso. Es precioso para
el alma de cada creyente verdadero en el Señor Jesucristo. Cristo
es precioso ante los ojos del Padre. Y también es precioso
ante los ojos de aquellos que están confiando en el Señor Jesucristo. Cristo es el encanto. Cristo
es la delicia del creyente verdadero. Nos deleitamos en el Señor Jesucristo. Nuestra felicidad eterna, hermanos,
está en el Señor Jesucristo. No está en estas cosas de este
mundo. No. Nuestra felicidad eterna
no está en las cosas de esta vida. Nuestra felicidad eterna
es Cristo mismo. Cristo mismo es la felicidad
del creyente. Si queremos ser felices, debemos
confiar en el Señor Jesucristo, porque es la felicidad verdadera,
es la felicidad eterna. No es la felicidad como el mundo
dará. No. Eso es pasajero. Es cosa
pasajera. No es eterna. Pero lo que tenemos
en Cristo son cosas eternas y espirituales. El Señor Jesucristo, Él es Dios. Él es Dios. Y no hay nadie como
Él. No hay nadie como Él. Tenemos ojos. para ver, para
mirar que Cristo es inigualable? ¿Podemos ver que Cristo es incomparable? ¿Que no hay otro como Él? Si
es así, eso es por la revelación del Espíritu Santo. Eso es porque
Dios ha mostrado a nuestra alma esa gran verdad. Y lo creemos
con todo corazón. Este mundo siempre está mirando
las cosas de esta vida y dicen, esto es lo precioso. Esto es
lo precioso. Los hijos de Dios miramos a Cristo
como el único precioso. para nuestra vida aquí en este
mundo y para la vida que viene, para la vida que viene. Ahora,
hermanos, quiero hablarles sobre cuatro verdades, cuatro verdades. La primera verdad que quiero
hablarles es, Cristo es precioso en su amor. En segundo lugar,
Cristo es precioso en su poder omnipotente. En tercer lugar,
Cristo es precioso en su salvación. Y en cuarto lugar, Cristo es
precioso en su oficio. En su oficio. Número uno, Cristo
es precioso en su amor. en su amor. Hablando del amor
del Señor Jesucristo o del amor de Dios, nosotros debemos saber,
debemos saber y creer que Dios nos ama en el Señor Jesucristo. El amor que Dios nos tiene en
su Hijo, el Señor Jesucristo, primero es amor incondicional. El Señor no nos da una lista,
aquí en la Palabra de Dios, para decirnos, tú tienes que cumplir
esta lista para que yo te ame. Dios no nos habla así. Dios no
nos dice así. Dios no nos entrega una lista
para cumplir, para que Él nos ame. Si es así, es condicional. Si es así, es por obras. Ya no
es por gracia. Pero debemos saber, usted debe
saber, que el amor de Dios, el amor del Señor Jesucristo, es
incondicional. Es amor incondicional. El Señor no dice, Él no dijo. Tienes que amarme primero, para
que yo te ame. Dios nunca dijo eso. Dios nunca
lo dice. Si es así, ¿cuándo vamos a amar
a Dios como debe ser amado? Nunca. El amor de Dios es incondicional,
dice. Juan dice, ahora lo amamos a
Él, ahora amamos a Cristo, amamos a Dios porque Él nos amó primero. Él nos amó primero. Incondicionalmente
nos amó primero. No hicimos nada, no dimos nada
para que Él nos amara. Él quiso amarnos. en su soberanía,
en su misericordia, Él quiso amarnos antes de que nosotros
lo hubiéramos amado. Ahora lo amamos como agradecimiento,
como gratitud, como efecto de su amor que está derramado a
nuestros corazones. Ahora amamos a Dios. Amamos a Dios. El apóstol Pablo,
él cita una escritura del Antiguo Testamento, donde Dios dijo,
a Jacob amé y a Esaú aborrecé. Dice, a Jacob amé. Es algo que sorprende a un ser
humano, ¿verdad? Porque, ¿quién es Jacob? ¿Quién
es este hombre que Dios amó? Un mentiroso. Un mentiroso. Un suplantador. Un hombre que
engañó a su propio padre. Y Dios dice, yo amé a Jacob. ¿Qué buenas obras había hecho
Jacob para que Dios lo amara? Ninguno. Dice, no habían aún
nacido. No habían hecho ni bien ni mal.
Y el Señor dice, yo quiero amar a Jacob para mostrar la abundancia
de su gracia, la abundancia de su misericordia, la abundancia
de su bondad. Dios es bueno para con su pueblo. Ese es amor incondicional, ¿verdad? Dios nos ama con amor incondicional. Cuando el Señor Jesucristo fue
prendido por los hombres y lo llevaron ante las autoridades,
todos aquellos que le seguían, sus discípulos, se fueron. Se
fueron. Tuvieron miedo. Y Juan el apóstol,
él dice, que el Señor Jesucristo, como él había amado desde el
principio a los suyos, los siguió amando de la misma forma. Así como el Señor te amó en la
eternidad, te sigue amando hoy. ¿Fallamos? Fallamos, es cierto. El Señor no deja de amarnos. Nunca dejará de amarnos. Nunca
dejará de amar a su pueblo escogido. Este amor es para el pueblo escogido
de Dios. No es para toda la humanidad,
sino para todos aquellos que están confiando en el Señor Jesucristo. voy a alargar un poco. Acuérdense,
cuando el hijo pródigo volvió a su casa, este joven salió de
su casa rico, rico, con buena vestidura, limpio, todo bien,
y volvió a su casa, este joven volvió enfermo, volvió sucio,
Su ropa, sucio. Sin calzado. Su padre casi no
lo reconocía. Pero de lejos, él vio que era
su hijo el que estaba viniendo. Y dice que él corrió hacia su
hijo y lo abrazó. Y lo besó. Y el hijo dijo, padre,
he pecado contra el cielo y contra ti. Ya no soy digno de ser llamado
tu hijo. Había otras palabras que el hijo
debía de decir, pero el padre lo detuvo. Y él dijo a sus siervos,
sacad el mejor vestido. Un vestido nuevo, el mejor vestido. bañenlo y pónganle ese vestido
nuevo a él. Traigan el mejor calzado, el
calzado nuevo, pónganle. Pónganle anillo en su mano. Vamos a hacer fiesta. porque
este, mi hijo, muerto era y ha revivido. Estaba perdido y fue
hallado. Ahora, el padre recibe a su hijo
de esta condición, sucio, enfermo, sin nada, pobre. El padre no
hizo una lista para decirles, ¿sabes qué? Tienes que cumplir
esta regla, estos mandamientos para que yo te reciba, para que
yo te ame. No. El padre amaba a su hijo. Se fue y volvió. Y lo siguió
amando como al principio. ¿Qué es esto? Esto es amor incondicional. Hermanos, Dios nos ama con un
amor incondicional. Él nos ama con amor incondicional. En segundo lugar, pensando del
amor de Dios. El amor de Dios es eterno. Dios nos ama con amor eterno,
dice Dios en el Antiguo Testamento. Le dice a Jeremías, con amor
eterno te he amado. Hermanos, si estás en Cristo,
Dios te ama con amor eterno. Eso quiere decir un amor que
no tiene fin. El amor de Dios es una cadena. Es una cadena que nadie ni nada
puede romperlo. El apóstol Pablo hace esta pregunta. ¿Quién nos separará del amor
de Dios. ¿Quién? Él hace una lista de cosas que
puede pasar en nuestra vida. En Romanos capítulo 8, no puedo
decirlo de memoria, pero vamos a leerlo. Capítulo 8 del libro
de Romanos, versículo 35. El apóstol Pablo pregunta, ¿Quién
nos separará? ¿Quién nos separará del amor
de Cristo? Él pone una lista, tribulación,
angustia, persecución, hambre, desnudez, peligro, muerte, ¿Estas
cosas podrán separarnos, apartarnos del amor de Dios? Estas cosas
pueden pasar en nuestra vida, hermanos. Podemos pasar por pruebas,
por aflicciones. Eso no quiere decir Dios ya se
olvidó de nosotros. Eso no significa Dios ya no me
ama. No. El amor de Dios nunca se
va a ir de nosotros. Nunca se va a ir de nosotros.
El amor de Dios nunca se va a alejar de nosotros. Él dice, yo te amo
con amor eterno. Podemos pasar por tribulaciones
en este mundo. No significa que Dios ya no me
quiere. Dios no me ama. Dios nos ama. Dios nos ama. Nunca dejará de
amarnos. Nunca. Él no es hombre para que
mienta ni se arrepienta de lo que Él está diciendo. Él es fiel,
Él es veraz en todo lo que Él dice, en todas sus promesas. Y sigue Pablo diciendo así estas
palabras, como está escrito, por causa de ti somos muertos
todo el tiempo, somos contados como ovejas de matadero, antes
en todas estas cosas, somos más que vencedores por medio de aquel
que nos amó, por lo cual estoy seguro, ¿estás seguro? Yo estoy
seguro que Dios nunca dejará de amarme. ¿Estás seguro de que
Dios nunca dejará de amarte? Debemos confiar en esto, hermanos. Debemos confiar que Dios nunca
dejará de amarnos. ¡Nunca! El cielo y la tierra
pueden pasar, pero lo que Dios dice de su amor nunca pasará. Él va a cumplir con lo que Él
nos está diciendo. Por lo cual estoy seguro de que
ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades,
ni lo presente, ni lo porvenir, ni lo alto, ni lo profundo, ni
ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios
que es en Cristo Jesús Señor nuestro. Ninguna cosa. nos podrá separar del amor de
Dios que es Cristo Jesús. El amor de Dios está en el Señor
Jesucristo, en ningún otro más. Ahora, Dios nos ama, primero
con amor incondicional, luego nos ama con amor eterno. Ahora, el amor del Cristo para
nosotros, para su pueblo, es amor inmutable. Dios nos ama con amor inmutable. Eso quiere decir que Dios que
Dios nunca va a cambiar su amor hacia nosotros. Dios no cambia,
Dios no varía y Él no va a cambiar con nosotros. Él dice, yo Jehová, yo Jehová no cambio. Por eso ustedes, hijos de Jacob,
hijos de Israel, no habéis sido destruidos. ¡Qué precio! Esa es la esperanza nuestra.
Esa es la esperanza que tú debes tener. Que Dios nunca va a cambiar contigo. Que Dios nunca va a cambiar contigo. Esa es la esperanza nuestra. El día que Dios cambie, deja
de ser el Dios de las Escrituras. Pero eso nunca va a pasar. Nunca
va a suceder. Dios es eterno e inmutable también. Dios Dios es inmutable en su
propósito. Él no va a cambiar su propósito. Él tiene un propósito de salvar
a su pueblo, de amar a su pueblo. Nunca va a cambiar ese propósito. Los hombres cada día están cambiando
sus pensamientos, sus ideas, sus planes, porque no les funciona
bien. Lo tienen que cambiar. Dios no
es así. Él tiene un propósito eterno
y su propósito para contigo es salvarte, llevarte a la gloria. tenerte ahí contigo. Y ese propósito
nunca va a cambiar. Nunca. Dios es inmutable en su
propósito. Dios no cambia. No cambia en sus promesas. Sus promesas son fieles y seguras. Sus promesas son sí y amén en
el Señor Jesucristo. Sus promesas no es tal vez o
quizás. No es la promesa de los políticos. Es la promesa del Dios verdadero,
del Dios veraz, del Dios inmutable, que Él va a cumplir con todo
su pueblo, todas sus promesas que están en el Señor Jesucristo. Dios no cambia en su misericordia. Él nunca va a cambiar su misericordia
para contigo. Dios no cambia en su palabra. Nunca va a cambiar su palabra. Dios nunca va a cambiar su fidelidad. Él es fiel para con nosotros.
El apóstol Pablo dice, si nosotros fuéramos infieles, ¿Cuántas veces
hemos sido infieles? Tenemos que reconocerlo, confesarlo. Él permanece fiel con nosotros. Nunca dejará de ser fiel con
nosotros porque es su misma naturaleza, su mismo atributo. Ahora, segundo
lugar. Cristo es precioso en su poder
omnipotente. Las Escrituras nos dicen que
todas las cosas que vemos y no vemos fueron creadas por el Señor
Jesucristo. Sin Él, nada de lo que fue creado
hubiera sido creado. Él es el Creador, es la sabiduría
de la creación, el Señor Jesucristo. Él creó, Él creó, creó al hombre,
Él creó al hombre de la tierra y lo puso en el huerto para que
este hombre lo cuidara y lo labrara. El Señor Jesucristo le dio mandamiento
a este hombre diciendo no comerás del árbol de la ciencia del bien
y del mal. Porque ciertamente el día que
tú lo hagas, tú vas a morir. Dios le dio este mandamiento
a este hombre ahí en el huerto de Adán, en el huerto de Edén. Ahora, este hombre no permaneció
en el mandato del Señor Jesucristo. Él desobedeció La palabra de
Dios. Él desobedeció y comió. Y comió. Desde el momento cuando este
Adán desobedeció a Dios, él murió espiritualmente. Y físicamente
comenzó también a morir. Cuando Adán murió espiritualmente,
también todos sus hijos. todos nosotros en Adan también
morimos espiritualmente. Cuando venimos en este mundo,
cuando nacemos en este mundo, nacemos como descendientes de
Adán. Y, por naturaleza, somos herederos
de nuestro padre Adán. Herederos de su pecado y de la
consecuencia de su pecado. Nacimos en este mundo muertos
espiritualmente. Sin vida, sin esperanza, sin
Dios en este mundo. pero qué precioso, Cristo es
precioso, Cristo es precioso, Él viene, Él viene a su pueblo y lo mira, ¿dónde lo mira? en la suciedad, en sus sangres,
ahí está su pueblo, en el basurero. Ahí está tirado su pueblo, muerto
espiritualmente. Cristo viene a ese lugar y mira
a aquel que le fue dado por Dios el Padre en la eternidad y le
dice, ¡Vive! ¡Vive! Hermano Eduardo, Dios te miró.
Dios me miró en nuestra suciedad. En la basura nos vio. Ustedes
que creen en el Señor Jesucristo, es lo mismo. Todos nosotros fuimos
mirados por el Hijo de Dios allá, en la suciedad. en el basurero. Y el Señor vino
a nosotros. No nosotros fuimos a Él, sino
que Él vino a nosotros y nos dijo, ¡Vive! ¡Vive! Pablo dice, Él os dio
vida a vosotros cuando estabais muertos en vuestros delitos y
pecados. Cristo es precioso. La vida que
Él da es preciosa. con el poder omnipotente de Su
Espíritu, Él vivifica a Su pueblo de la muerte espiritual, de la
muerte espiritual. El Señor Jesucristo una vez llegó
a Betaña cuando Lázaro ya estaba muerto, cuatro días, y él vino
a la tumba de Lázaro y se paró allá y habló y dijo, Lázaro,
ven fuera. Aquel que había muerto, aquel
que estaba muerto, salió vivo. salió vivo. Esta es una figura
de la resurrección espiritual que Dios hace con su pueblo que
él ama. Lázaro salió vivo. Cuando el
Señor nos llama de nuestra suciedad, Él nos saca, nos libra de ese
lugar horrible y nos pasa a un lugar de luz maravillosa. Nos libra de las tinieblas y
nos traslada al reino de su amado Hijo, el Señor Jesucristo. Cristo dijo, el que oye mi palabra
Y cree al que me envió tiene vida eterna, y no vendrá condenación,
mas ha pasado de la muerte a la vida. Cuando Lázaro resucitó,
él pasó de la muerte a la vida. Usted que tiene vida espiritual,
ha pasado de la muerte a la vida. Usted vive. Si Dios te ha dado
vida, las personas que reciben la vida espiritual, esas personas
oyen. Un muerto físico no oye. No oye. pero una persona viva físicamente
puede oír. Espiritualmente, cuando Dios
te da vida, tú puedes oír su voz, la voz de la Palabra de
Dios, la voz del Espíritu Santo, tú puedes oírlo en tu corazón,
en tu alma, tú puedes escucharlo. Puedes escucharlo. Y los que
son resucitados espiritualmente, ellos creen en el Señor Jesucristo. Un muerto espiritual no puede
creer ni puede arrepentirse, pero uno que ha recibido la vida
espiritual puede creer arrepentirse. Una persona que ha recibido la
vida espiritual, esta persona quiere confesar su fe públicamente. Si Dios te ha dado vida, confiésalo. Siga a Cristo en el bautismo.
Habla con algunos de estos hermanos. Hermano, yo creo con todo mi
corazón en el Señor Jesucristo, y yo quiero obedecerlo en su
mandato de ser bautizado. Los que reciben la vida espiritual
son las personas que permanecen en la fe del Señor Jesucristo. Número tres. Número tres. Cristo es precioso en su salvación. recordemos las palabras de este
hombre, de Jonás, él estaba en un lugar oscuro, oscuro, pero
él declaró esta gran verdad, esta verdad que este hombre declaró
es una verdad eterna, eterna, inmutable, Este hombre estando
en un lugar oscuro dijo, la salvación es de Jehová. La salvación es de Jehová. Es de Jehová el principio y el
fin. La salvación es de Jehová el
Padre. La salvación es de Jehová el
Hijo. La salvación es de Jehová el
Espíritu Santo. La salvación es de Jehová el
Padre, porque Él escogió a su pueblo. La salvación es de Jehová
el Hijo, porque Él redimió al pueblo escogido de Dios. La salvación
es de Jehová, el Espíritu Santo, porque Él es quien está aplicando
esta salvación en los escogidos de Dios. Él convence a los escogidos
de Dios de pecado. Él los llama, Él los trae al
Señor Jesucristo. Toda la gloria de la salvación
es del Señor. es del Señor. Cristo es precioso
en su salvación, el pecador, el pecador, como yo, como ustedes,
como pecadores, por la gracia, por la gracia del Señor Jesucristo. Somos justificados en la justicia
del Señor Jesucristo. Miremos, en el libro de Romanos
capítulo 3, Capítulo 3. Dice así en versículo 24. Siendo
pecador, escucha lo que Dios está diciendo. Siendo justificados
gratuitamente, por su gracia, mediante la redención que es
en Cristo Jesús. Dios no nos da una lista de cosas que tenemos que cumplir
para que Él nos justifique. Él dice, siendo justificados
gratuitamente, sin dar nada, sin pagar nada, sin traer nada,
no hay ningún mérito en nosotros, por lo cual sea la causa de ser
justificados delante de Dios. Siendo justificados gratuitamente
por su gracia. por su don inmerecido. ¿No es maravilloso esto? ¿No es maravilloso el Señor Jesucristo? ¿No es precioso en su salvación,
en su justificación? Siendo justificado gratuitamente
por su gracia. Por su gracia. El pecador que
cree en el Señor Jesucristo es declarado justo. inocente, como
si nunca hubiera pecado, porque está vestido con la justicia
del Señor Jesucristo. Dios no está mirando en nosotros
nuestras obras, él está mirando en nosotros la obra, la justicia
de su Hijo en nosotros. Por eso Dios nos acepta nos recibe
porque nos mira con la justicia de su Hijo, no con nuestra propia
justicia. Con nuestra propia justicia somos
echados fuera por el Señor, por el Señor. somos revestidos con la justicia
del Señor Jesucristo. Pablo dice, al que no conoció
pecado, hizo pecado por nosotros para que nosotros siendo los
pecadores, los miserables, los débiles, fuésemos hechos en Cristo
la justicia de Dios. Cristo mismo es nuestra justicia. Cristo mismo es nuestra justicia. Esta es la posición del pecador
justificado en Cristo. Dios nos mira en la justicia
de su Hijo, el Señor Jesucristo. Por la gracia, por la gracia
de Dios, por la gracia del Señor Jesucristo, Nosotros como pecadores
somos santificados en la ofrenda del Cuerpo del Señor Jesucristo,
hecha una vez para siempre. Cristo mismo es nuestra santificación. ¿No somos santificados por no
comer carne de cerdo? ¿No somos santificados por no
tomar coca? No somos santificados delante
de Dios por algo que no comamos aquí en este mundo. Dejamos de comer o beber algo
por nuestra salud, pero no para la salvación de nuestra alma.
Porque en Cristo Jesús ya somos santificados. Ya somos santificados. En Cristo Jesús tenemos la santidad
de Dios. Cristo es Dios. Y si Él es nuestra
santidad, entonces ya estamos listos para cualquier momento
que el Señor nos hable para estar con Él. ¿verdad? No, no hay tal
lugar como llaman los católicos, purgatorio, donde tú puedas ser
santificado. No, no. No, Cristo es la única,
el único lugar donde somos santificados, santificados delante de Dios. Cristo mismo es nuestra santificación. Más por Él, ustedes están en
Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría,
justificación, santificación y redención. Cristo es precioso, y su sangre
preciosa limpia todo nuestro pecado. Juan dice, la sangre
de Jesucristo, el Hijo de Dios, nos limpia de todo pecado. Todo pecado, así lo dice, ¿verdad? Todo pecado, pecado pasado, pecado
presente, y pecado futuro. no lo limpia la tradición, no
lo limpia los ritos, no lo limpia el agua del bautismo. La sangre
de Jesucristo nos limpia de todo pecado. De todo pecado. Cristo, por su gracia, por su
gracia preciosa, también perdona al pecador que confía en Él. Si confesamos nuestros pecados
a Él, a Dios o a Cristo, Él es fiel para perdonar todos nuestros
pecados. Pecados pasados, pecados presentes,
pecados futuros. Todo está perdonado mediante
la redención del Señor Jesucristo. ¿Saben cómo perdona Dios? Dios
perdona, olvidando nuestras ofensas, olvidando nuestras iniquidades. El Señor dice, nunca más me voy
a acordar de lo que tú me hiciste, dice Dios. Tú me ofendiste, tú
me pisoteaste, tú me blasfemaste, Yo te perdono, dice Dios. Y nunca
voy a recordar estas cosas que me hiciste, dice Dios. Tus pecados
lo he hecho al profundo del mar donde nunca vas a salir. ¿No es maravilloso eso? Cristo
es precioso para el creyente verdadero. La última cosa. Cristo es precioso Cristo es
precioso en su oficio. Primero, Él es profeta. Él vino
a este mundo para declararnos la voluntad de Dios el Padre. Cristo es el gran sumo sacerdote
según el orden de Melquisedec. Es nuestro sacerdote eterno e
inmutable. Y Cristo es nuestro Rey. Él está reinando en el cielo,
está reinando en la tierra. En todo lugar, Cristo es el Rey. Él está reinando en el corazón
de su pueblo. Allí está reinando Cristo. Allá vive en el corazón de su
pueblo. Su pueblo que cree en Él es su
reino. Y Él es el Rey de su pueblo. Él lo está gobernando. Él lo
está dirigiendo. ¿No es maravilloso esto? ¿No
es precioso? Dice Pedro, para ustedes que
creen, Cristo es precioso. Para los que no creen, Él no
es precioso. Él no es precioso. Mis hermanos,
si Dios nos ha dado ojos para ver con claridad Ver con fe quien
es Cristo. Lo vamos a amar con todo nuestro
corazón. No lo vamos a abandonar. No lo
vamos a dejar. Él nunca nos va a dejar. Ni tampoco
nosotros. No lo vamos a dejar. Porque Él
es fiel con nosotros. Debemos mirarlo cada día. cada hora, cada momento, que
Él es precioso para nuestra alma. No hay otra cosa preciosa que
Cristo mismo, Cristo mismo. Que Dios les bendiga.

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Joshua

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