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Jose Dzul

El que tiene cuidado de las almas

Luke 10:25
Jose Dzul April, 2 2023 Video & Audio
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Jose Dzul
Jose Dzul April, 2 2023

El sermón titulado "El que tiene cuidado de las almas" predicado por Jose Dzul centra su mensaje en la obra redentora de Jesucristo y la necesidad de la misericordia divina hacia la humanidad caída. Dzul argumenta que únicamente Dios tiene cuidado de las almas, contrastando la incapacidad del ser humano para salvarse a través de sus obras o esfuerzos religiosos. Utilizando Lucas 10:25-37, el predicador ilustra que la vida eterna no se adquiere mediante acciones, sino es un don gratuito de Dios recibido por la fe en Cristo, quien cumple con la ley y nos ofrece salvación. La implicación práctica de este mensaje es que la salvación es completamente por gracia, resaltando la total ruina espiritual del ser humano y la plenitud que se encuentra en Cristo.

Key Quotes

“El único que tiene cuidado, el único que cuida nuestras almas es el Señor, el Dios Todopoderoso, el Señor de las Escrituras.”

“La vida eterna es don de Dios. El don de Dios no se puede comprar.”

“La ley no fue dada para salvarnos. La ley fue dada por Dios para mostrar nuestros pecados.”

“Cristo vino a ser todo para todo aquel que cree en Él.”

Sermon Transcript

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100%
gusto volverlos a ver y debemos recordar que estamos
los que creemos en el Señor Jesucristo estamos unidos a él. Somos una
familia en el Señor Jesucristo. Somos la familia de la fe en
el Señor Jesucristo. Todos estamos contentos, gozosos,
en estar en esta mañana. Yo ruego a Dios que Él me dé
la capacidad para anunciar el Evangelio. El Evangelio es el
Señor Jesucristo. La persona y la obra consumada
de Cristo es el Evangelio. Si una persona dice que predica
el Evangelio y no predica la persona y la obra consumada de
Cristo, no está predicando el Evangelio. No está predicando
el Evangelio. No está predicando las buenas
nuevas, las buenas noticias del Señor Jesucristo. Es mi deseo
en esta mañana proclamar, declarar al Hijo de Dios, dar testimonio
del Señor Jesucristo. Pablo dijo a los corintios yo
no vine a saber de ustedes la vida de ustedes no vino a no
vine a investigar la vida de ustedes lo que vine a hacer es
predicarles a cristo y a este crucificado a este crucificado. Él llegó a Corinto con el propósito
de anunciar a Cristo y su obra consumada en la cruz. En esta
mañana quiero que abramos nuestras Biblias y vamos a ver en el libro
de Lucas, en el Evangelio de San Lucas. en el Evangelio de San Lucas
en su capítulo 10. Hoy en esta mañana quiero traerles
este mensaje sobre el que tiene cuidado de las almas. El que
tiene cuidado de las almas. ¿Quién es el que tiene cuidado
de las almas? Solo Dios. Él tiene cuidado de
vuestras almas. El hombre pecador por naturaleza
no tiene cuidado por su alma. Se pierde el hombre porque no
tiene cuidado de su alma. No lo cuida. El hombre es condenado
porque no tiene cuidado por su alma. El único que tiene cuidado,
el único que cuida nuestras almas es el Señor, el Dios Todopoderoso,
el Señor de las Escrituras. En el libro de Lucas capítulo
10, comienzo a leer en versículo 25, Dice, he aquí un intérprete de
la ley, se levantó y dijo para probarle. Estos hombres siempre
hicieron preguntas a Jesús con un mal propósito. Con un mal propósito. Ellos querían
acusar a Jesús de algo, de alguna equivocación. Cristo nunca podía
equivocarse. Nunca. Él es Dios. En Él está oculta toda la sabiduría
de Dios. ¿Y cómo podía equivocarse? Nunca. nunca, el no es hombre
para que se equivoque, no es hombre para que mienta, el es
Dios, el Dios de las santas escrituras, dice se levantó y dijo para probarle
maestro, vemos a este hombre llamando a Jesús maestro, no
es malo es un respeto, maestro. Pero este hombre, intérprete
de la ley, solo pudo ver en Jesús como maestro. Ver a Cristo como
maestro, creer que Él es maestro, no tenemos ninguna esperanza
de salvación. No tenemos ninguna esperanza
de salvación. Hay que ver a Cristo. con ojos
de fe que él es el único señor y salvador. Él es Dios y Señor. Tenemos que verlo con ojos de
fe para que nosotros pudiéramos ser salvados. Y dijo este hombre,
haciendo, haciendo que cosa heredaré la vida eterna. Este es el pensamiento
que mucha gente tiene hoy en esta vida. Este hombre tenía
un pensamiento. ¿Qué debo hacer para tener la
vida eterna? Mucha gente piensa lo mismo hoy
en día. ¿Qué debo hacer para tener la
vida eterna? ¿O estoy haciendo esto para tener
la vida eterna? Este no es una vida física. Este no es una vida temporal. La vida que está mencionando
este hombre aquí es la vida eterna. La vida eterna es la vida de
Dios. Es la vida que no tiene fin.
Es la vida que Jesús vino a traernos, a darnos. Jesús dijo, he venido
para que tengan vida y que la tengan en abundancia. Esa es
la vida de Dios. La vida abundante es la vida
de Dios. Y este hombre está pensando hacer
algo para recibir la vida eterna. Hermanos y amigos, quiero decirles
esto. no se puede hacer nada ni se
puede dar algo para recibir la vida eterna. Una persona aquí
puede levantar la mano a la hora de la predicación y no recibir
la vida eterna. Una persona puede hacerse miembro
aquí en esta iglesia y no recibir la vida eterna. Una persona puede
caminar de rodillas de aquí hasta la salida sin recibir la vida
eterna. Una persona puede dar su dinero
aquí y no recibir la vida eterna. Es la vida eterna. ¿Qué es la
vida eterna? La vida eterna es don de Dios. es don de Dios. ¿Saben? El don de Dios no se puede comprar. El don de Dios es un regalo de
Él. Nadie compra un regalo. Por tanto,
Dios nos da la vida eterna como un regalo. Él no pide. Él no pide. Algo a cambio de
la vida eterna que nos da. Él no da condiciones. Tienes
que cumplir esto, esta regla. Tienes que cumplir esta ley para
que recibas la vida eterna. La vida eterna lo recibimos por
la gracia de Dios. La vida eterna lo recibimos en
el Señor Jesucristo. Juan dijo, el que tiene al Hijo
¿Qué tiene? Tiene la vida. El que no tiene
al hijo, no importa si es predicador. No importa si es un director
de servicio. No importa si camina de rodillas. No importa si cumple sus promesas. Si no tiene al Hijo de Dios,
no tiene la vida. Jesús, Él es la misma vida eterna. Él es la misma vida eterna. Si Cristo está en nosotros, hermanos,
ya tenemos la vida eterna. aquí estando en este mundo hemos
comenzado a vivir la vida eterna una vida de gozo no después de
la muerte aquí aquí mismo hemos comenzado a vivir esa vida eterna
y un día que estemos con el señor vamos a vamos a a continuar a
vivir esa vida eterna, esa vida eterna. Pero este hombre estaba
equivocado. Él estaba pensando, Señor, ¿qué
debo hacer para tener esa vida eterna? La vida eterna no es
por obras. Nadie se salva por las obras,
para que ninguna carne se gloríe. La salvación del Señor es por
la gracia. Por la gracia, soy salvos, dijo
el apóstol Pablo, y esto no es de ustedes. Esto es don de Dios. Esto es un regalo de Dios para
ustedes que han creído en el Señor Jesucristo. Bueno, continuamos. Jesús dijo, ¿qué está escrito
en la ley? Jesús le envió a este hombre
a la ley. Aquel hombre respondió, dijo,
amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma,
y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente, y a tu prójimo
como a ti mismo. Respondió este hombre, respondió
bien, dijo lo que está de acuerdo a la ley de Moisés. Jesús le dijo, bien has respondido,
haz esto y vivirás, cumple, con la ley y vivirás. No está diciendo
cumple esa ley y vas a tener la vida eterna. No, no, no es
por horas. Cumple y vivirás, seguirás viviendo
aquí en este mundo. Pero ¿quién puede cumplir esta
ley? ¿Quién puede amar a Dios como debe ser amado? ¿Quién entre
los hombres puede amar a Dios como debe ser amado? No, sólo
el Señor Jesucristo puede amar a Dios como debe ser amado. Nosotros como seres humanos somos
débiles, somos débiles y no podemos amar a Dios como es debido. Hay que reconocerlo. y a nuestro
prójimo. Eso quiere decir que nadie puede
cumplir la santa ley de Dios. El problema no está con la ley.
El problema no está con la ley. La ley es santa, justa y buena. El problema está conmigo. El
problema está conmigo porque la ley no me da el poder, no
me da la gracia para amar a Dios y amar a mi prójimo. El problema
está en mí porque yo no puedo. yo no puedo, no tengo fuerzas
para amar a Dios como es debido ahora dice versículo 29 pero
él, este hombre intérprete de la ley un intérprete de la ley
es un hombre que sabe de la ley de Moisés y sabe interpretarlo,
sabe explicarlo. Y este hombre, queriendo justificarse
a sí mismo, queriendo salir de la primera pregunta que dijo,
él preguntó, ¿Quién es mi prójimo? ¿Quién es mi prójimo? Él sabía
quién es, pero él estaba dando vuelta al asunto. Y él dijo,
¿quién es mi prójimo? Entre los judíos y entre los
gentiles no se llevaban. El judío y el gentil no se llevaban,
no se trataban. El judío no quería nada con el
gentil, Los gentiles eran considerados como basura por los judíos. Por eso no se llevaban. Ahora, vamos a leer en versículo 30. Aquí vamos a comenzar con este
tema. Respondiendo, Jesús dijo, un
hombre descendió, un hombre descendía de Jerusalén a Jericó y cayó
en manos de ladrones, los cuales le despojaron, heriéndole. Se fueron, dejándole medio muerto. Aconteció que descendió un sacerdote
por aquel camino. y viéndole pasó de largo. Asimismo un levita llegando cerca
de aquel lugar y viéndole pasó de largo. Pero un samaritano,
un samaritano que iba de camino vino cerca de él y viéndole fue
movido a misericordia. y acercándose vendó sus heridas
echándole aceite y vino y poniéndolo en su cabalgadura lo llevó al
mesón y cuidó de él. Otro día al partir sacó dos denarios
y los dio al mesonero y le dijo cuídame. y todo lo que gastes
de más yo te lo pagaré cuando regresa aquí tenemos un bello
una bella historia algo muy precioso algo muy precioso el señor está
enseñando aquí a este hombre como los judíos también menospreciaban
a los samaritanos tanto a los gentiles como los samaritanos
los samaritanos estaban mezclados la sangre estaba mezclada con
gentiles y judíos y los judíos ellos no se llevaban con los
samaritanos pero el señor nos está contando aquí algo muy precioso
algo muy precioso algo muy bonito Hablando acerca de este hombre,
de este hombre, un hombre descendía de Jerusalén
a Jericó, cayó en manos de ladrones, los cuales le despojaron, heriéndole,
se fueron, dejándole medio muerto. Hermanos, tenemos que recordar,
tenemos que recordar lo que pasó en el Antiguo Testamento. El primer hombre que fue creado
por Dios, cuyo nombre es Adán. Este hombre, este hombre Adán,
él fue creado a la imagen y semejanza de Dios. Eso quiere decir que este hombre,
este hombre de Adán, fue creado por Dios con una justicia, con
una santidad y conocimiento. Es su origen de este hombre. Fue creado como un hombre justo. Adán no era pecador antes de
caer. Él era un hombre santo antes
de caer en el pecado. Él tenía conocimiento de Dios
antes de caer en el pecado. Dios lo creó con estos atributos
antes de la caída de este hombre. Pero vemos como en el caso de
este hombre está diciendo un hombre un hombre, este hombre
que Jesús está mencionando aquí puede ser un judío, puede ser
un judío que viajó de noche a Jerusalén, a Jericó y cayó en
manos de ladrones los cuales le despojaron, lo
hirieron y lo dejaron medio muerto, medio muerto. El hombre en su origen, vuelvo a decir, era justo, santo
y con conocimiento. Pero llegó un día cuando este
hombre al caer en el pecado, al desobedecer
a Dios en su mandato, este hombre, este hombre, el pecado lo despojó de su justicia, de su santidad,
y de su conocimiento con que él fue creado por Dios. En el
momento cuando Adán cayó en pecado, Él fue despojado por el pecado. Perdió este hombre Adán su justicia,
su santidad y su conocimiento con que Dios lo había creado.
El pecado lo despojó, le quitó esto y dice que este hombre fue
herido y quedó medio muerto. La palabra de Dios nos dice que
desde la cabeza hasta los pies, todo nuestro ser, no hay en él
cosa buena ni sana, sino herida. El pecado hirió nuestro ser,
nuestra alma, nuestra naturaleza, herido. como podrida y haga. Está nuestra naturaleza, nuestra
naturaleza. De tal manera que el primer hombre
cuando desobedeció a Dios quedó en ruina espiritual. Y todo, toda su descendencia quedó en la misma condición. Todos nosotros, por naturaleza,
como hijos de Adán, estamos arruinados. El pecado nos arruinó espiritualmente. Nacimos en este mundo totalmente
incapacitados. imposibilitados espiritualmente
para buscar a Dios. No hay quien busque a Dios, no
hay ni siquiera uno. No hay quien entienda, no hay
ni siquiera uno. No hay quien hagale bien, espiritual,
no hay ni siquiera uno. Esto quiere decir que todos los
hijos de Adán, los descendientes de Adán, todos fuimos arruinados
por el pecado. El pecado nos dejó ciegos espiritualmente. El pecado nos dejó sordos espiritualmente. El pecado nos mató de tal manera
que estamos muertos espiritualmente. Cuando un pecador está sin Cristo
en este mundo, está muerto espiritualmente. Eso significa el hombre o la
mujer está arruinado totalmente por el pecado. Por el pecado. Ahora, la palabra de Dios también
nos habla, no sólo del primer Adán, pero también del segundo
Adán, que es el Señor Jesucristo. El Señor Jesucristo, como el
segundo Adán, él vino, vino a este mundo para cumplir toda justicia. para cumplir toda justicia y darnos lo que perdimos en Adán. Cristo vino a este mundo, se
despojó de su gloria, tomó carne humana, fue hecho hombre verdadero. Con su pobreza nos hizo ricos
espiritualmente. vino para cumplir toda justicia
para que nosotros podamos recibir en él todo lo que perdimos en
nuestro padre Adán en nuestro padre Adán él fue hecho pecado por nuestros pecados para que
nosotros los que creemos en el Señor Jesucristo, fuésemos hechos
en el Señor Jesucristo, la justicia de Dios. La justicia de Dios, en la fe,
en la fe del Señor Jesucristo, somos contados por justos, no
por causa de nuestra fe. no por causa de nuestras obras,
sino por la fe del Señor Jesucristo. Dios, Dios, nos cuenta como justos
en la justicia de su Hijo, el Señor Jesucristo. En Cristo tenemos toda la plenitud,
en Cristo tenemos toda la plenitud de nuestra salvación. En Cristo
estamos completos. Usted que está confiando en Cristo,
usted debe saber que está completo. Hay muchos engañadores hoy en
día. Hay muchos engañadores hoy en
día. Y ese engañador puede venir a
ti y decir, ¿sabes qué? Necesitas hacer para que tu salvación esté completa. Necesitas hacer esto, cumplir
con esto, para que tu salvación esté completa. La palabra de Dios, que no nos
miente, que es veraz, nos dice que en Cristo está toda la plenitud
de la Deidad. Y nosotros, que estamos confiando
en Él, que estamos completos. Quiere decir que no te falta
nada. No te falta cumplir una promesa
para que tu salvación esté completa. No te falta caminar de rodillas
para que tu salvación esté completa. No te falta hacer ritos y ceremonias
para que tu salvación esté completa. Cristo es todo en todos. En Él
estamos completos. En Él estamos completos. En Él
somos felices. En Él somos bienaventurados. en él, sólo en el Señor Jesucristo. Tenemos todas estas bendiciones
eternas y espirituales, y espirituales. Ahora, nos está diciendo aquí,
vamos a continuar. dice versículo 21 aconteció que
descendió un sacerdote por aquel camino y viéndole pasó de largo
asimismo un levita llegando cerca de aquel lugar y viéndole pasó
de largo el sacerdote y el levita representan el sacerdote representa
la ley el Evita representa la religión. La ley no fue dada
para salvarnos. La ley no fue dada para justificarnos. La ley no fue dada para perdonarnos. La ley fue dada por Dios para
mostrar nuestros pecados. La ley no dice que somos pecadores. y estamos condenados por la misma
ley porque no la hemos cumplido, porque no lo podemos cumplir.
El sacerdote representa la ley. El evita representa la religión. Entonces, la ley y la religión
no pueden hacer nada por nosotros para salvarnos. la ley y la religión
no puede ayudarnos para nuestra salvación eso quiere decir que
no tenemos esperanza de salvación en la religión ni en la ley porque
no podemos cumplir la ley algunas personas piensan que están cumpliendo
la ley cuando guardan el sábado cuando no comen cierta carne. Dicen, estamos cumpliendo la
ley. Cumplir la letra de la ley no
es todo. Si quieres cumplir la ley, tienes
que cumplir también el espíritu de la ley. Si quieres cumplir la ley, cumple
también el espíritu de la ley. aquellos religiosos en los días
de cristo ellos se creyeron justos y santos porque no cometían adulterio pero cristo les enseñó que el pecado no es solamente
practicarlo, el pecado también es pensarlo. Jesús dijo, cualquiera que mira
a una mujer, cualquiera que mira a una mujer y lo codice en su
corazón, ya pecó, ya pecó. Ese es el espíritu de la ley. ¿Y quién lo puede cumplir entre
los hijos de Adán? Nadie, sólo el Hijo Santo de
Dios. Él pudo cumplir, pudo cumplir
perfectamente y santamente la santa ley de Dios. Él no sólo
cumplió la letra de la ley, sino también el espíritu de la ley. ¿Por qué? Porque no hay pecado
en Él. Nunca pecó. Nunca conoció el
pecado. Es el santo Hijo de Dios y solamente
Él pudo cumplir la santa ley de Dios. Entonces, la ley y la
religión no nos puede ayudar para llegar a Dios. No debemos
confiar en la religión para nuestra salvación. No debemos confiar
en la ley para nuestra salvación, porque no la podemos cumplir.
No la podemos cumplir. Nos dice aquí, nos dice aquí
en versículo 33, pero un samaritano que iba de camino, un samaritano,
enemigo de los judíos, vino cerca de él, del hombre que había sido
robado, maltratado, herido, medio muerto vino cerca de él y viéndole
fue movido a misericordia y acercándose vendó sus heridas
echándoles aceite y vino poniéndole en su cabalgadura y lo llevó
al mesón y cuidó de él Cristo nos está hablando del
buen samaritano. Este hombre samaritano fue un
buen hombre, fue un hombre que auxilió a aquella persona que
estaba tirado en el suelo, que estaba allí sangrando, herido,
medio muerto. Este hombre fue movido a misericordia. Se acercó al hombre herido, curó
sus heridas, lo llevó a un lugar seguro, cuidó
de él y luego le dio provisión para que fuese protegido. Un
buen hombre. Un buen hombre. Este buen hombre,
¿de quién está hablando? Este buen hombre, ¿de quién está
hablando? Está hablando del Hijo de Dios.
Está hablando del Señor Jesucristo. Está hablando del Santo Hijo
de Dios que vino a este mundo. Ese hombre que fue asaltado,
golpeado, herido, medio muerto. Ese hombre es usted, es usted
y soy yo también. Y soy yo también. ¿Qué nos dejó así? El pecado. El pecado nos dejó así. Pero el Señor Jesucristo siendo tan bueno, tan misericordioso,
la misericordia de Dios son altos como el cielo. Son grandes, amplios, la misericordia
de Dios. La misericordia de Dios es eterna para los que están creyendo en
el Señor Jesucristo. El Señor nos vio. El Señor te
vio a ti cuando estabas postrado en tu miseria. El Señor me vio
cuando yo estaba postrado en mi miseria, en mi desgracia,
en mi ruina. El Señor me vio con ojos de gracia, con ojos de misericordia, con
ojos de favor. El Señor me vio en mi suciedad, en mi sangre, en mi miseria. Esta es mi condición antes. Esta es tu condición antes si
estás en Cristo. Esta es tu condición, hombre
y mujer, que estás en Cristo. Estás en una miseria espiritual.
estás arruinado, no puedes hacer nada por ti mismo, no te puedes
ayudar por ti mismo, no te puedes salvar, sólo la gracia de Dios puede
salvarnos, librarnos, rescatarnos de nuestra
miseria. Y dice que este buen hombre se
acercó al hombre herido, estando nosotros en nuestra miseria,
el Hijo de Dios se acercó a nosotros. Tú no podías acercarte a Él por
ti mismo, yo tampoco, porque tú y yo éramos enemigos de Dios. Lo odiábamos en nuestro corazón,
no queríamos nada con Él, no, Él vino a ti. Él vino a ti. Él vino a mí. Eso es gracia. Eso es amor. Eso es misericordia. Cuando Dios viene a nosotros,
¿qué somos nosotros? pecadores, suciedad. Pero nos dice, se acercó a este
hombre, se acercó a este hombre, juró sus heridas, juró sus heridas. este hombre estaba llevando vino y con ese vino ellos curaban
y aliviaban la herida, el aceite y el vino
era como un medicamento que ellos usaban para limpiar la herida,
la herida. Cristo vino a nosotros cuando
estábamos muertos en nuestros delitos y pecados. Cristo vino
a nosotros cuando éramos ciegos espiritualmente. Cristo vino
a nosotros cuando éramos sordos espiritualmente. Cristo vino
a nosotros cuando estábamos inválidos espiritualmente. Él vino a nosotros. Él vino a buscarnos. Él vino
a hallarnos, a encontrarnos. Nosotros no podíamos encontrarlo,
buscarlo, no. Estábamos totalmente incapacitados
para buscarlo. Él no solamente nos vio, Él se
acercó a nosotros, pero Él también vino a nosotros para sanar o
curar las heridas de nuestra alma. A curar las heridas de
nuestra alma. La Biblia dice, por su llaga
somos curados. Por su llaga, por su sacrificio,
somos curados. de nuestros pecados. Cristo con
su sangre curó la herida de nuestra alma. Cristo con su sangre limpió todos
nuestros pecados. con la sangre del Señor Jesucristo. La sangre del Señor Jesucristo
nos limpia de todo pecado. No de unos cuantos, sino de todo
pecado. Pecado pasado, pecado presente,
pecado futuro. La sangre del Señor Jesucristo
nos limpia de todo pecado. Y dice Cuando este hombre limpió las heridas de este hombre
medio muerto, lo cargó y lo llevó a un lugar seguro. Lo llevó a
un lugar seguro, a un refugio, para que este hombre esté allí
asegurado. El Señor Jesucristo no solamente
nos vio en nuestra miseria, él se acercó a nosotros estando
nosotros muertos en nuestros delitos y pecados. Él, por su gran misericordia
y su amor hacia nosotros, él lavó todos nuestros pecados con
su sangre. Ahora, Él nos ha llevado a un
refugio. Seguro. Ese refugio es Él mismo. Cristo mismo es ese refugio. Cristo es nuestro refugio. Seguro. Seguro. Jesús dijo. Yo les doy vida eterna a mis
ovejas y ninguna de ellas perecerá. porque están en mis manos. Todo
creyente verdadero está en las manos del Señor Jesucristo. Las manos de Cristo son las manos
de Dios. Y de las manos de Dios está la seguridad. No hay otro
lugar seguro. No hay otro refugio seguro sino
la mano de Dios. Cristo es nuestra seguridad. Estamos en Él. Estamos confiados
en Él. Nos hemos refugiado en el Señor
Jesucristo en su obra consumada en la cruz. Ahí estamos refugiados. Ahí estamos guardados, ahí está
nuestra esperanza. Si allí nos encontramos, tenemos
buena esperanza. Cada persona que está sin Cristo, hoy en esta mañana, debe saber
que está sin refugio. que está sin refugio, está sin
seguridad, está sin esperanza, está sin Dios en este mundo. No puedes hacer nada por ti mismo. La religión no puede hacer nada
por ti. El sacerdote no puede hacer nada
por ti. Los sacrificios, los ritos, la
ceremonia no pueden hacer nada por ti. Cristo vino a ser todo para todo
aquel que cree en Él. Cristo vino a ser todo. para
toda persona que está confiando en él. Él no vino a ser una parte,
un poco, la mitad. Él vino a ser todo. Él dijo,
consumado es, consumado es, de tal manera La palabra de Dios
nos está diciendo que en Cristo estamos completos. Él es nuestra
justicia. Él es nuestra santificación. Él es nuestra redención. Él es nuestro perdón. Él es nuestra limpieza. Por sus
méritos somos hechos aceptos por Dios el Padre. no por nuestros
méritos, no por nuestras obras, sino por los méritos de la sangre
preciosa del Señor Jesucristo. Somos hechos aceptos en el Señor
Jesucristo. Pecador, si no crees en el Señor
Jesucristo, yo te ruego que mires con fe al
Señor Jesucristo. Arrepiéntate de tus pecados.
cree de todo corazón en el Señor Jesucristo. Y si Dios te ha dado
la fe, debes confesar esa fe que Dios te ha dado, confesarlo,
hablar con los hermanos, con hermano Joel, hablar con él. Dios me ha hecho creer Dios me
ha dado la fe. Ahora veo con ojos de fe a mi
Señor y Salvador Jesucristo y quiero confesarlo allá en el bautismo
de agua. El bautismo de agua es para confesar
nuestra fe. No es para nuestra justificación.
Es para confesar que Dios nos ha justificado. que Dios nos
ha santificado, que Dios nos ha perdonado. Es para confesar
la fe, confesar la obra que Dios ha hecho en nosotros, en nosotros. Bueno, que Dios les bendiga,
hermanos.

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