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Jose Dzul

El admirable

Isaiah 9:6-7
Jose Dzul April, 30 2023 Video & Audio
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Jose Dzul
Jose Dzul April, 30 2023

El sermón "El admirable" predicado por Jose Dzul se centra en la naturaleza y obra de Jesucristo, específicamente en Isaías 9:6-7, que profetiza la venida del Mesías. Dzul argumenta que la maravillosa dualidad de la persona de Cristo —su humanidad y divinidad— es fundamental para su papel como Salvador. Referencias clave incluyen Juan 1:14, que declara la encarnación del Verbo y su gloria, así como Hebreos 1:3, que subraya la culminación de su obra redentora. La importancia práctica de esta predicación radica en la afirmación de que solo en Cristo hay verdadera paz y salvación, siendo Él el refugio seguro para todos los pecadores que confían en Él.

Key Quotes

“Es hombre verdadero y Dios verdadero. Cuando Él fue hecho hombre, nunca dejó de ser Dios.”

“Cristo no vino para hacer posible la salvación de su pueblo. Él vino para asegurar la salvación de su pueblo.”

“La salvación es la gloria de Dios. Y esta gloria de Dios es para su misma alabanza.”

“Cristo es admirable. Cristo es maravilloso. ¿Es maravilloso para ti? Para mí sí.”

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vamos a anunciar el evangelio
de nuestro señor Jesucristo. En el libro de Isaías capítulo
nueve. Hoy quiero hablarles sobre el
título de este mensaje es el admirable. El admirable. En el libro de Isaías capítulo
nueve. Isaías es el profeta de Dios. Él habló por profecía de la primera
venida del Señor Jesucristo a este mundo. Y pasaron 700 años cuando vino
a cumplirse esta profecía. Dice en versículo 6 de capítulo
9. Dice, porque un niño nos es nacido,
hijo no es dado, el principado sobre su hombro y se llamará
su nombre admirable. Consejero, Dios fuerte, padre
eterno, príncipe de paz. El profeta de Dios está hablando
del Hijo de Dios, el Mesías, el ungido, el enviado de Dios. Él está profetizando de la primera
venida de Cristo a este mundo. Y pasó 700 años para que esta profecía
se cumpliera. Él está diciendo aquí, Un niño
nos es nacido. Cuando habla de este niño nacido,
el profeta nos está hablando. El profeta nos está diciendo
de la humanidad. Niño nos es nacido. Está hablando
de la humanidad del Hijo de Dios, de la humanidad del Señor Jesucristo. Cuando
habla, Un niño nos es nacido. Hijo nos es dado. Hijo nos es
dado. Está hablando de la deidad del
Señor Jesucristo. Está hablando de la humanidad
y de la deidad del Señor Jesucristo, el profeta aquí. Ahora, dos naturalezas. Dos naturalezas en una persona. Jesús es hombre verdadero, pero
a la vez Él es Dios verdadero. Es hombre verdadero y Dios verdadero. Cuando Él fue hecho hombre, nunca
dejó, jamás. Nunca dejó de ser Dios. Nunca perdió su deidad. En Él,
Pablo dice, en Él habita corporalmente toda la plenitud de la Deidad. Él es Dios sobre todas las cosas. Él es el creador. Él es sustentador
de este mundo. Él es Dios verdadero, el Señor
Jesucristo. Si Él no es Dios, estamos perdiendo
nuestro tiempo aquí. Si Él no es Dios, ¿de qué nos
sirve confiar en una persona como Él? De nada. Pero es digno de confianza, digno
de confiar en el Señor Jesucristo. porque él es Dios. Aún vale la pena dar la vida, morir por esta gran
verdad, porque es verdad, porque es la
verdad. Ahora, el profeta sigue hablando
aquí, diciendo, el principado sobre su hombro, él está hablando
del hijo de Dios, él es rey de reyes y señor de señores. Principado sobre su hombro, y
se llamará su nombre admirable, admirable, maravilloso. está hablando de la persona del
hijo de Dios y su obra, a que él vino a hacer la obra que el
padre le encomendó, la obra de salvar a su pueblo. Consejero, consejero, lleno de sabiduría,
Para gobernar. Para gobernar. Dios fuerte. Cristo es el Dios soberano y
todopoderoso. Padre eterno. Padre eterno. Que no tiene principio ni fin. Príncipe de paz. el que trae la paz, el que ha
hecho la paz entre Dios a favor de su pueblo. Príncipe de paz,
el que nos da paz a nuestra alma. Hay tiempos cuando nosotros pasamos
por tribulaciones, por pruebas en esta vida. Nuestro Señor Jesucristo
dijo a su pueblo, mi paz os doy, mi paz os debo. Yo no os la doy
como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón,
dijo el Señor. Cada creyente verdadero tiene
esta paz en su alma, en su corazón. Cada momento, cada día, gozamos
de esta paz. Ahora, nos está diciendo aquí,
se llamará su nombre admirable. Vamos a pensar algunas cosas
sobre este título, admirable. Admirable es el nombre de nuestro
señor Jesucristo. Y vamos a pensar algunas cosas
de él. Primero, Jesucristo, el Hijo
de Dios, es admirable en su gloria. Qué precioso. Qué precioso. El Hijo de Dios
es admirable en su gloria. en su gloria. Vamos a leer en
el libro de Juan capítulo uno, versículo catorce. En el evangelio
de Juan capítulo uno, versículo catorce. Juan dice y aquel aquel verbo
fue hecho carne. está hablando del Señor Jesucristo,
el verbo eterno de Dios. La palabra eterna fue hecho carne
para habitar con nosotros, para que a través de él podamos nosotros
acercarnos a Dios. y Dios también pueda acercarse
a nosotros a través de su Hijo, el Señor Jesucristo. Habitó entre nosotros, dice Juan,
vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno
de gracia y de verdad. La gloria de Dios el Padre es
la misma gloria de Dios el Hijo. No es otra gloria, sino es la
misma gloria, porque son uno. Cristo dijo, yo y el Padre uno
somos, uno somos. Y dice, lleno de gracia. En Cristo
tenemos la plenitud de gracia. La plenitud del favor de Dios
en el Señor Jesucristo. Y dice, y de verdad. El Señor
Jesucristo es la verdad completa. No hay más verdad. Cristo es
la única verdad. Él mismo lo dijo, yo soy el camino,
la verdad y la vida. Una autoridad le preguntó a Jesús
cuando habló de la verdad y este hombre dijo, ¿qué es la verdad? Él no pudo ver la persona que
estaba delante de él. Él no pudo verlo como la verdad. Él no pudo creer que ese hombre
que estaba enfrente de él es toda la verdad. Hermanos, debemos creer con todo
nuestro corazón que el Señor Jesucristo está, en él está toda la gracia
de Dios. Toda la gracia que nosotros necesitamos
está en el Hijo de Dios, el Señor Jesucristo. Toda la verdad que
necesitamos conocer está en el Señor Jesucristo. Él mismo es
la verdad. Él mismo es la verdad. Y Juan
dice, vimos su gloria. La gloria de Cristo es admirable,
es admirable. Vimos su gloria, la gloria de
su deidad, la gloria de sus atributos, la gloria de sus atributos, su
poder, su amor, su misericordia. su santidad, su inmutabilidad, su obra de salvación. Toda esta
gloria está en el Señor Jesucristo. Toda esta gloria está reflejado
en la persona del Señor Jesucristo. Moisés preguntó a Dios, Señor,
muéstrame tu gloria, yo quiero ver tu gloria, dijo Moisés a
Jehová. Y Jehová dijo a Moisés, mi gloria
es tener misericordia de quien yo tenga misericordia, mi gloria
es compadecerme de quien yo me compadezca. la salvación de pecadores
como nosotros. Ahí está manifestada la gloria
de Dios. La salvación es la gloria de
Dios. Y esta gloria de Dios es para
su misma alabanza. Para la misma alabanza de su
gracia. Juan está diciendo, vimos su
gloria. la gloria de su conducta. Este hombre vivió en este mundo
como 33 años. Tuvo una conducta perfecta, santa,
intachable. Nadie lo acusó de pecado. Nadie lo acusó de pecado. Él retó a sus enemigos, diciendo,
¿Quién de ustedes me redargulle de pecado? Nadie. Él es el santo Hijo de Dios,
el santo Hijo de Dios. La gloria del Señor Jesucristo
está manifestada también en sus enseñanzas. Los hombres se admiraban
de su doctrina, porque él enseñaba con autoridad, no como los escribas. No como los escribas. La gloria de Cristo se manifestó
en su poder. Cuando el viento, el mar se levantaba,
y él hablaba. a su propia creación, diciendo,
cálmate. Y su misma creación lo obedecía. Lo obedecía. No es admirable
esta gloria del Hijo de Dios. Aún los demonios se sujetaban
a él. Qué maravilla. ¡Qué maravilla! Todo y todos están bajo el control
de nuestro Dios Jesucristo. Ahora, la segunda cosa es, el
Señor Jesucristo, el Hijo de Dios, es admirable en su obra
de salvación. ¡Admirable en su obra de salvación! Jesús, estando en la cruz, ya
estaba para morir. Él dijo, consumado es. Consumado es. La salvación de
mi pueblo, está diciendo Jesús, ya está terminado. Ya está terminado,
ya está consumado. Cristo terminó la obra. que el padre le había encomendado. Miremos lo que dice Juan capítulo
diecisiete en su versículo cuatro. En el evangelio de Juan capítulo
diecisiete versículo cuatro. El Señor Jesucristo en su oración
como sumo sacerdote, él está hablando a su padre diciendo
Padre, yo te he glorificado en la tierra. ¿Cómo glorificó a
su padre en la tierra? Con su obediencia perfecta a
su padre. Con su vida santa en este mundo. Había glorificado a su padre. Padre, Yo te he glorificado en
la tierra, dice, he acabado la obra que me diste. Todavía no
estaba muerto, no había ido a la cruz, pero él está diciendo a
su padre, he acabado, padre, la obra que me distes, la obra
de salvar a tu pueblo escogido, la obra de salvar a las personas
que tú me distes en la eternidad, ya está terminado. Sólo Dios
puede decir esto. Sólo Dios puede decir hecho está,
aunque no ha sido hecho. Sólo Dios puede decir eso. Cristo
está diciendo la obra que me diste. Ya está terminada. Ya está terminada. Con eso el Señor Jesucristo nos
está diciendo cuando dijo consumado es todas, todas nuestras deudas
de pecado a Dios con su sacrificio, con su vida, con su sangre. Él había pagado todas nuestras
deudas de pecado. La justicia de Dios estaba satisfecha
con este pago que el Cordero de Dios había hecho a Dios su
Padre. Cuando Cristo dijo, consumado
es, el Señor está diciendo, todo
está pagado. Él no dejó nada a nosotros para
que paguemos. Él no dejó ninguna deuda a nosotros
para que paguemos. Todas nuestras deudas de culpabilidad,
Él lo pagó. Todo está pagado, está diciendo
el Señor Jesucristo. Miremos lo que Mateo dice hablando
del Señor Jesucristo. Mateo capítulo uno. En su versículo
veintiuno. Dice así. Y dará a luz un hijo
y llamará su nombre Jesús porque él salvará a su pueblo de sus
pecados. El Señor Jesucristo cuando él
vino a este mundo, él no vino, él no vino para hacer posible
la salvación de su pueblo. Él no vino para intentar salvar
a su pueblo. Él no vino para ver si podía
salvar a su pueblo. El ángel está diciendo aquí se
llamará su nombre porque él salvará a su pueblo de sus pecados él
lo salvará Cristo está diciendo consumado es con su sacrificio él había salvado
por completo el pueblo que Dios le había dado El pueblo del Señor
Jesucristo es por quienes él dio su vida. El pueblo de Dios,
el pueblo de Cristo, es por quien o por quienes él dio su vida. El buen pastor su vida da por
sus ovejas. Entonces, él vino para asegurar
la salvación de su pueblo, de sus ovejas, de su iglesia, de
todas aquellas personas que el Padre le dio en la eternidad. Consumado es. Todas las deudas de nuestros
pecados ya están pagados, hermanos. Hay hombres que dicen, bueno,
Cristo ya murió, pero Él dejó algo para que tú hagas. ¿Para
qué? Para complementar tu salvación. Eso es mentira. Eso es engaño. No te dejes engañar. No dejes que te engañen. Si Cristo pagó tu deuda, está
pagado. Si Cristo no pagó tu deuda, es
que no está pagado. Y nunca lo vas a poder pagar.
Nunca. Ahora, ¿es verdad que Cristo
pagó todas nuestras deudas? Veamos. ¿Qué es lo que dice el
libro de Hebreos? Ya leímos este texto. Pero vamos
a volver a leerlo. Capítulo 1, en su versículo 3. Hebreos capítulo 1 en su versículo
3 dice, el cual el Señor Jesucristo es el resplandor de la gloria
y la imagen misma de su sustancia, de Dios mismo. y quien sustenta
todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado
la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó
a la diestra de la majestad en las alturas. Cristo no está, no está viendo
si puede pagar tu deuda. Él no tiene que ofrecerse otra
vez para pagar lo que no pudo pagar la primera vez. Dice, está
sentado. Quiere decir que su obra de redención
está consumada. Está terminada. La paga de nuestros
pecados ya está pagado completamente. Está sentado. Aarón, el sumo sacerdote, nunca
pudo sentarse en el tabernáculo porque nunca hubo una silla para
que él se sentara. Y los demás sacerdotes siempre
estaban ministrando, ofreciendo cada día sacrificios que no pudieron
quitar un solo pecado. Nunca pudieron sentarse. Siempre
estaban ofreciendo sacrificios. Pero el Señor Jesucristo, con
una sola ofrenda, y una vez para siempre, santificó a los santificados
de Dios. ¿No es admirable esto? Es admirable. la obra del Señor
Jesucristo que Él ha hecho para salvar a su pueblo. Cristo es
el mejor Cordero porque fue dado por Dios. El único Cordero que
podía quitar nuestros pecados es el Cordero de Dios. Su resurrección
de entre los muertos es la prueba que el pago que hizo es satisfactorio
a la santa justicia de Dios. Ahora, esta obra salvadora del
Señor Jesucristo está manifestada o manifestado en los pecadores
que creen. Quiero que se fijen de este hombre. que estaba al lado del Señor
Jesucristo. Le faltaba poco tiempo para morir
ese ladrón. Poco tiempo le faltaba para morir
e ir al infierno eterno. Pero Cristo había muerto por
este ladrón. que fue salvado. Cristo había
muerto por este hombre, por este delincuente, por este bandido,
por este asesino. Cristo había dado su vida, derramado
su alma por este hombre malvado. Y esta obra del Señor Jesucristo,
su obra redentora, se manifestó en este hombre malvado. Cuando el Señor lo iluminó con
su Santo Espíritu. Cuando el Señor lo habló con
su Santo Espíritu. Cuando el Señor le dio vida espiritual
a este hombre muerto en sus delitos y pecados. Cuando el Espíritu
Santo le dio ojos, vista espiritual para mirar al Hijo de Dios que
nunca había pecado. El Espíritu Santo le dio arrepentimiento
y fe a este hombre que volteó sus ojos al Señor
Jesucristo. Y le dijo, Señor, acuérdate de
mí cuando vengas de tu reino. Y el Señor le dijo, de cierto,
de cierto te digo que hoy mismo estarás conmigo en el paraíso. La obra salvadora de Cristo está
manifestada en los pecadores que creen. Ellos son justificados
por la gracia gratuitamente. Son santificados en la sangre
del Señor Jesucristo. Son perdonados mediante la redención
de Cristo y son hechos aceptos en los méritos del Señor Jesucristo. La tercera cosa. El Señor Jesucristo,
el Hijo de Dios, es admirable en salvar. Maravilloso en salvar. Mira lo que dice Hebreos capítulo
7, versículo 25. Dice, por lo cual puede también
salvar para siempre a los que por él se acercan a Dios viviendo
siempre para interceder por ellos. El hijo de Dios, el Señor Jesucristo,
es maravilloso en salvar. La pregunta es, ¿a quiénes salva
el Señor Jesucristo? ¿A quiénes salva? Él no vino para salvar a los que se creen justos. Él no vino para morir por ellos. Cristo no murió por las personas
que están confiando en sí mismo como justos, que están confiando
en sus obras. Cristo no murió por las personas
que están confiando en la religión. Cristo no murió por las personas
que se creen que son diferentes del vecino o del amigo. No, óyanlo. ¿Por quiénes Cristo murió? Cristo murió por pecadores, de
los cuales yo soy el primero. Cristo vino al mundo para salvar
a los pecadores. Es lo que Pablo está diciendo,
declarando en las escrituras. Él dijo, palabra fiel y digna
de ser recibida por todos que Cristo Jesús vino al mundo para
salvar a los pecadores, de los cuales yo soy el primero. Qué
precioso. Cristo vino a salvar a pecadores. pecadores que no se pueden salvar
a sí mismo. Pecadores que no pueden hacer
nada por sí mismo. Pecadores que no se pueden ayudar
a sí mismo para acercarse a Dios. Cristo vino a este mundo. Él
dio su vida por pecadores que sienten su necesidad de la gracia
de Dios. Él vino a este mundo para redimir
a pecador. Eres un pecador que no puedes
hacer nada por ti mismo, que no puedes salvarte a ti mismo,
que necesitas misericordia, gracia. Cristo vino a salvar a pecadores. No lo olvides. Ese hombre que
vino al templo y no quiso entrar dentro
del templo, se quedó ahí afuera. Él ni siquiera levantó sus ojos
al cielo porque se sentía indigno de hacerlo. Ese publicano se
sentía indigno levantar sus ojos y mirar el cielo. Solamente se golpeaba el pecho. Diciendo Dios o Dios se propicio
a mi pecador. O señor de misericordia de mí,
porque soy un pecador que no puede salvarse, no puede hacer
nada por sí mismo. ¿Saben? Esa oración breve llegó
a los oídos del Señor. Llegó a los oídos del Señor y
este hombre halló misericordia. Dice que descendió a su casa
justificado antes que el otro hombre que se vanaglorieba por
sus obras. Cristo murió, vino a este mundo
para morir y salvar a pecadores. Con su espíritu, el Señor Jesucristo
con su espíritu, él vivifica espiritualmente al pecador que
está muerto, esos delitos y pecados. El Señor Jesucristo con su espíritu,
él da oídos para oír, El Señor Jesucristo, Él es quien hace
creer en su persona y en su obra consumada en la Cruz del Calvario. El Señor con su Espíritu Santo,
Él hace obedecer el mandato del Evangelio de creer, arrepentirse
y venir al Señor Jesucristo. Toda la salvación es del Señor. No es de nosotros. No es del
hombre pecador. Y toda la gloria es para Dios. La gracia de Cristo o la gracia
de Dios y su misericordia se manifiesta a pecadores que están
condenados. Mira. Mira a esta pobre mujer
que fue sorprendida en el mismo momento de adulterio. Esta mujer fue traída a Jesús. Esta mujer quedó postrada en
la tierra. Esta mujer no quería levantar
sus ojos. Estaba avergonzada. Los religiosos, ellos vinieron
trayendo a esta mujer y le dijeron a Jesús, Señor, esta mujer ha
sido sorprendida en el mismo acto de adulterio. La ley de
Moisés nos manda a pedrear a tales mujeres como esta. Ahora, ¿qué
dices tú? Tú eres el maestro. ¿Qué dices
tú? La mujer estaba postrada en la
tierra, avergonzada, no podía defenderse, era culpable. La ley lo condenaba, no podía
hablar, estaba condenada. Y el Señor Jesucristo se identificó
con esta mujer. Y los hombres, insistían preguntarle
a Jesús, ¿tú qué dices? Ahora, danos una respuesta, ¿tú
qué dices? Hermanos, quiero que notemos
cómo nuestro fiador, el Señor Jesucristo, cómo nuestro mediador,
nuestro representante, él sale para defender a su pueblo. Su pueblo está condenado, ahí
está ya. Pero él sale. Este fiador eficaz,
poderoso, sale para defender a su oveja. Estos hombres insistían
y decían, tú qué dices, háblanos. Y Cristo le dijo, el que de ustedes
esté sin pecado, sea el primero en arrojar la piedra sobre esta
mujer. Todos quedaron callados. Todos
quedaron callados. Su misma conciencia los acusaba
de pecado también, porque eran pecadores. Ellos se sentían justos
y condenaban a los pecadores, a los publicanos, a las rameras. Ellos se sentían justos. Pero el Señor les habló a la
conciencia y ellos, su misma conciencia les acusaba diciendo,
ustedes también son pecadores y merecen castigo como esa mujer. Y uno por uno se fueron. Quedó
Jesús solo con la mujer. Y Cristo habló a esta mujer diciendo,
mujer, ¿dónde están tus acusadores? ¿Dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó? La mujer dijo, ninguno señor. Él dijo, ni yo te condeno. Ni yo te condeno. Cristo había
venido a este mundo para dar su vida por esta mujer. Cristo había venido a pagar la
deuda de sus pecados de esta mujer. Por quienes Cristo murió, están
libres de toda condenación. Ahora pues, ninguna condenación
hay para los que están en Cristo Jesús. Pablo pregunta, ¿Quién va a acusar
a los escogidos de Dios? Dios es quien los justificó. Y él pregunta otra vez, ¿Quién
condenará? Cristo ha sido condenado por
este pecador. Y Dios no puede condenar dos
veces a Eduardo. Su fiador ha sido condenado por
ti. Dios ha condenado tu fiador en
vez de que te condene a ti. Y Dios no puede condenarte porque
ya condenó a su propio hijo. Dios no puede. no puede condenar dos veces.
Él ya condenó la primera vez a su propio hijo por su pueblo
escogido. Su pueblo escogido son aquellos
que creen en el Señor Jesucristo. Son aquellos que se arrepienten
de sus pecados. Son aquellos que vienen a Cristo
confiando totalmente en Él. y declaran que Jesús es su Salvador
y Señor. Lo declaran allá en el bautismo. Que Cristo es su Señor y Salvador. ¿Ves? Cristo le preguntó a esta
mujer, ¿Dónde están tus acusadores? ¿Ninguno te condenó? La mujer
dijo, ninguno, señor, ni yo te condeno. Vete y no peques más. Vete y no peques más. Qué precioso. El Señor Jesucristo es admirable
en salvar. Él vino a este mundo para salvar
a pecadores no justos, sino a malvados como yo. Él vino a salvar a pecadores.
La última cosa. Cristo, el Hijo de Dios, es admirable como refugio seguro. Yo quiero estar en este refugio
para siempre. Quiero descansar en este refugio
porque es un refugio de seguridad eterna. ¿Quieres estar en este refugio? María no es un refugio. Échalo
de tu pensamiento. La religión no es un refugio. Quítalo de tu mente. Arrójalo. Los ritos, las ceremonias no
son refugios. para el pobre pecador, como yo
o como tú. Arrójalo de tu mente. No son. Cristo Jesús es el único
refugio seguro y eterno para todo aquel, para todo pecador
que confía en el Señor Jesucristo. Veamos lo que dijo el apóstol
Pablo. Según Timoteo capítulo 1, versículo
12. Según Timoteo capítulo 1, versículo 12. Pablo dice así, por lo cual asimismo
padezco esto. Pero no me avergüenzo, porque
yo sé a quién he creído. Yo sé a quién he creído. ¿Estás seguro de lo que tú crees? El asunto no es solamente creer. sino saber en quién estás creyendo. ¿En quién estás creyendo? No
me avergüenzo porque yo sé a quién he creído y estoy seguro que
es poderoso para guardar mi depósito para aquel día. Estoy seguro
que mi Señor me guardará en el día del juicio. ¿Tienes esta
seguridad? ¿Estás refugiado en el Señor
Jesucristo? ¿Estás refugiado en su justicia?
¿En su sangre? ¿Estás refugiado en la obra que
él terminó en la Cruz del Calvario? Si estás refugiado en Cristo,
tienes una seguridad eterna. Leemos en el libro de Juan, capítulo
10. Estamos terminando, hermanos. Capítulo 10, versículo 28. Dice así. Jesús está hablando y dice,
y yo les doy vida eterna y no perecerán jamás. Ni nadie las
arrebatará de mi mano. Dice, nadie arrebatará de mi
mano a mis ovejas. Las ovejas de Cristo que están
confiando en él están en un lugar seguro, en un refugio seguro,
un refugio eterno. Hermano, puedes cerrar los ojos
y abrir los ojos con esta misma seguridad. Puedes dormir tranquilo. Puedes andar tranquilo, puedes
trabajar tranquilo, puedes descansar tranquilo si estás en este refugio
seguro y eterno. Mira lo que dice Juan capítulo
17, versículo 12. Jesús está hablando, diciendo,
cuando estaba con ellos, Cuando estaba con ellos en el mundo,
yo los guardaba en tu nombre. A los que me diste, yo los guardé. Yo los guardé. Somos guardados
por el poder de Dios, por medio de la fe, para alcanzar lo que
Dios nos ha dado en su Hijo, el Señor Jesucristo. dice, yo los guardé y ninguno de ellos
se perdió, sino el hijo de perdición. Ninguno de ellos se perdió. Están en un lugar seguro. Los
que están en Cristo, ninguno de ellos se perderá. Nadie se
perderá de aquellos que están refugiados en la sangre del Señor
Jesucristo. Cristo es admirable. Cristo es
maravilloso. ¿Es maravilloso para ti? Para
mí sí. Porque ha tenido misericordia
de mí. Porque me ha salvado de la pena
de mis pecados. aún él es maravilloso, porque
en el cielo está intercediendo por ti, si estás confiando en
él. En el cielo tenemos un gran sumo
sacerdote que está haciendo intercesión por cada uno de aquellos que
estamos confiando en él. Que Dios les bendiga, hermanos.

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